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Los Verdes

28 juin 2022 2 28 /06 /juin /2022 08:53
 
La emergencia climática es un problema global que exige soluciones globales, pero resulta que, oficialmente, se cuentan las emisiones de CO2 con una contabilidad nacionalista, sesgada y reduccionista que favorece la imagen “limpia” de los países más ricos, como los europeos, frente a los países “sucios” del Sur Global.
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5 juin 2022 7 05 /06 /juin /2022 17:55
¡Debajo del asfalto de miles de plazas de aparcamiento gratuitas están la tierra y la huerta!

 

COMENTARIO de Mara Cabrejas

En respuesta a la convocatoria  del I Congreso Internacional sobre Sostenibilidad Curricular y Objetivos del Desarrollo Sostenible en la Formación Universitaria.

Organizado por los Decanatos de Ciencias Sociales, Magisterio y Filosofía y Educación de la Universitat de València.

Se celebrará en el Jardí Botànic de Valencia los días 6 y 7 de octubre de 2022.

 

Considero que la agenda y el compromiso con la sostenibilidad ecológica y social ha de reflejarse en la propia casa, en las prácticas cotidianas asociadas al mundo físico-natural y energético que son parte inevitable de la vida universitaria.

Han de superarse las declaraciones ceremoniales de principios para hacer florecer unos cambios reales bien concretos, coherentes y ambiciosos, que abandonen el reino de la insignificancia y la anécdota, que sean medibles y evaluables.

Incomprensiblemente la Universitat de València está a la cola en estos deberes colectivos que hoy son prioritarios, está a la cabeza de las prácticas y hábitos más corrosivos contra los bienes comunes de preservar y cuidar la salud de la comunidad universitaria, la ciudad metropolitana y los ecosistemas.

Resulta lamentable y carente de todo rigor, el hecho de que al tiempo que la Universitat de València en sus prácticas cotidianas instituye y fomenta la indiferencia y destrucción ambiental, biocida e insalubre para la comunidad universitaria y la ciudad de Valencia, a la vez pretenda liderar el aprendizaje de la sostenibilidad encorsetándolo en los contenidos curriculares y la carrera meritocrática de artículos, publicaciones y congresos .

Hoy nos encontramos ante el abismo de la hecatombe de los sistemas naturales y la biodiversidad, que son la fuente última de toda vida, salud y riqueza. Sin embargo, más allá de las declaraciones retóricas de principios abstractos en nombre de la sostenibilidad, la Universitat de València suspende radicalmente en responsabilidad ecológica, a pesar de la tragedia colectiva anunciada desde hace décadas por el mejor conocimiento científico disponible.

Cuanto más distancia existe entre los discursos y las prácticas, más grande es la infamia moral. El violento y anacrónico analfabetismo ecológico de la Universitat de València resulta bochornoso.

Nuestra época de emergencia crónica ante el colapso irreversible de los equilibrios ecológicos relativamente benignos para la vida y las capacidades bioproductivas de la Tierra, reclama con urgencia la responsabilidad y ejemplaridad ecológica, sobre todo por parte de las instituciones públicas académicas y científico-investigadoras.

La ejemplaridad pública ha de ir por delante cuando se trata de instituciones financiadas con el dinero ciudadano, no el cinismo ni la irresponsabilidad organizada.

En la Universitat de València, como ocurre en el resto de universidades,  reina la desidia ecológica del cemento, el asfalto, el despilfarro energético, los residuos, y la producción intensiva de males socioecológicos; sin apenas espacio verde para los estudiantes, está sometida al imperio tóxico de los vehículos particulares y al efecto llamada de enormes extensiones de tierra tomadas como aparcamiento de acceso libre para coches y tubos de escape que contaminan el aire común y la tierra; edificios enfermos ajenos a la bioconstrucción, a los materiales naturales, a las obras y reparaciones no tóxicas de la construcción ecológica; grandes solares de asfalto sobre el suelo fértil para vehículos privados son ofertadas a estudiantes, técnicos y profesores como un bien "de calidad"; unas cafeterías, menús y máquinas expendedoras que son el reinado de la comida basura de pésima calidad cuyo origen es la agricultura químico-intensiva cargada de agrotóxicos que irradian enfermedad y muerte en humanos y no humanos (herbicidas, pesticidas, plaguicidas, nitratos, etc); inexistencia de menús ecológicos con alimentos locales, a pesar de la creciente producción ecológica de la agricultura valenciana; y un largo etcétera.

 

La simbiosis universidad-industria

y el sonambulismo científico/investigador

 

Hoy una tarea prioritaria de las universidades está en prestar nuevos servicios a los viejos socios industriales: investigar aquello que puede prometer beneficios económicos rápidos y suculentos mediante la autoridad del manto de “la ciencia”. Un nuevo aspecto de esta economía del conocimiento es la “asociación prescrita” entre la investigación pública del Estado y los particulares intereses de negocio y crecimiento económico. A esta férrea asociación entre las universidades y la industria no solo le interesan los investigadores, los proyectos de investigación y los candados privatizadores sobre los conocimientos fabricados, también captura equipos tecnológicos, laboratorios y financiación pública.

 

Las universidades y la investigación vienen sufriendo profundas redefiniciones de las antiguas funciones declaradas de ser lugares de “libre enseñanza e investigación”. Están en vía de extinción los lugares "protegidos" en los que podía florecer una relativa autonomía científico-investigadora. Los nuevos criterios de confiabilidad científica ponen en cuestión el hecho de que el logro científico dependa de la evaluación de los propios colegas científicos competentes en un surco intelectual específico. Se ha roto el antiguo ethos de una comunidad científica caracterizada por la lentitud del debate crítico abierto, la objeción racional y la interrogación sobre las proposiciones científicas puestas a discusión y falsación. Ahora triunfa la métrica acumulativa de publicaciones.

 

Llegar a ser investigador/a y hacer carrera obliga a someterse a esta simbiosis universidad-industria, nadie puede sustraerse a la gran movilización de medios que hace prevalecer este matrimonio. En todas partes se abren paso los valores economicistas, mecanicistas y productivistas de la flexibilidad, la excelencia, la innovación, la competencia, que tácitamente también quieren decir la eliminación de todos aquellos y aquellas que no se adaptan y no hacen lo necesario.

 

Este sonambulismo científico-investigador hoy refuerza un aspecto de la cultura científica heredada del siglo XIX que establece que si se cede a la “tentación” de prestar atención a aquello definido como el afuera de las prácticas científico-investigadoras, se condena la tarea investigadora. El científico sonámbulo es casto, evita la tentación de escuchar las cuestiones “subjetivas” y sociales del reino de las creencias y valores extra-científicos que desorientan sobre lo que es "verdaderamente" importante. Este sonambulismo ejerce un desprecio cultivado hacia los que enredan con interrogantes impertinentes que les hacen perder el tiempo y siembran la duda y la inquietud. Entregados como están en la prioridad de producir “huevos que resulten de oro” para los beneficios industriales cortoplacistas, no es esperable que este sonambulismo despierte en respuesta a los muchos estragos socioecológicos asociados a las propias prácticas científicas. Lo único que hasta ahora ha podido reunir a científicos/as de campos de conocimiento y paradigmas muy diferentes son los muros de separación levantados contra las opiniones, las creencias y los valores sociales y éticos que se definen como irracionales, subjetivos, influenciables, prisioneros de las ilusiones y apariencias.

 

Hoy el “verdadero" oficio investigador ha de ser sonámbulo. Los aprendices académicos e investigadores son formados para volverse sonámbulos que no deben despertar ante las controversias y los asuntos sociales que nos conciernen colectivamente. El tenaz entrenamiento que reciben les empuja a dedicar su tiempo a hacer avanzar la universidad en la carrera de la "excelencia y la innovación". Este sonambulismo científico-investigador exige asertividad para no vacilar a la hora de distinguir entre aquello que ha de importar y aquello que ha de ser desechado por considerarse ajeno, secundario o anecdótico.

 

Aunque los asuntos “sociales” incomodan mucho ya no son desterrados a la manera de las antiguas cuestiones teológicas y metafísicas, ahora se eliminan de forma oblicua y tácita. La demarcación de las cuestiones sociales “peligrosas” se ha ampliado con la creciente visibilidad de las maltrechas relaciones entre los metabolismos humanos y las entidades materiales y seres no-humanos, sus asociaciones y conflictos. Se tratan como “enemigos” a los que insisten en que los científicos/as se formulen preguntas incómodas sin tener el hábito fóbico de desecharlas automáticamente por verse inapropiadas. Se ven peligrosos los que les piden cuentas sobre aquellos asuntos colectivos que se definen en nombre de la racionalidad de la ciencia. Este ethos normativo del científico sonámbulo es fóbico porque separa y rechaza tajantemente aquellas cuestiones que define previamente como "no científicas". Este sonambulismo que necesita que lo que no puede contar no cuente, siempre está encaramado en un techo por el que deambula sin vértigo, sin miedo ni vacilación, sin hacerse preguntas que lo perturben y distraigan de las “nobles” tareas científicas.

 

Despertar al sonámbulo sería como matar al científico-investigador. La carrera meritocrática de la investigación sonámbula suele desechar los incómodos asuntos sociales mediante la pedagogía de las sonrisitas, las advertencias apenas veladas, o los rumores burlones a propósito de este o de aquel científico/a que “no tiene madera”. Ante la evocación de que los investigadores puedan hacer sus propias preguntas y tener el coraje de dejar de ser indiferentes ante los problemas más graves y las causas comunes, este sonambulismo conformista incrementa la rivalidad agresiva, el apego a ideales abstractos y la prostitución intelectual.

 

Virginia Woolf diagnosticaba como “prostitución intelectual” la docilidad de aquellos que, sin verse obligados como lo son otros asalariados, aceptan pensar y trabajar allí donde se les dice y como se les dice.

 



Mara Cabrejas

Profesora de Sociología de la Universidad de València

mara.cabrejas@uv.es

ovejascabrejas@gmail.com
 

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9 mars 2022 3 09 /03 /mars /2022 22:32

 

La añoranza de una grandeza imperial perdida está haciendo estragos. La versión trumpista del nacional-populismo del “Make America great again” ha irrumpido mucho más bestialmente con los anhelos expansionistas de Putin en Ucrania: “Make Russia great again”. Este mismo idealismo reaccionario alimenta también a distintos movimientos de extrema derecha por todo el mundo. El orgullo nacional herido, los valores “tradicionales” y la xenofobia se utilizan cínicamente para disfrazar y negar una verdad tozuda muy incomoda que nos anuncia que ya no volverán los tiempos de una pureza de “unidad nacional” ni tampoco volverán las economías pujantes de la abundancia de lo “bueno, bonito y barato”.

Esta “nostalgia tóxica”, tal y como la llama Naomi Klein, no solo busca una erosión de los derechos individuales con medidas estatales excluyentes y represivas. La nostalgia tóxica se fortalece demagógicamente por la creciente escasez y la carestía de unos recursos materiales claves. Esta negación populista reaccionaria explota políticamente la subida de precios de la energía, los alimentos y los minerales esenciales al achacarlo todo al estado de bienestar, al igualitarismo y al multiculturalismo. A la vez rechaza los claros avisos de los límites físico-naturales infranqueables del caos climático y el declive ecológico, unos límites ambientales que precisamente han sido visibilizados aún más por los impactos en las cadenas de suministros, empeorados por la terrible conflagración bélica en Ucrania. Esta derecha negacionista intenta aprovechar la inflación de precios de bienes básicos y el incipiente desabastecimiento para desandar los modestos frenos ambientales instituidos y los tímidos avances energéticos renovables existentes en nuestras políticas estatales y europeas.

Está condenada al fracaso esta nostalgia tóxica que se asienta en un nacionalismo excluyente como reacción ante los riesgos de caída de rentas para algunos sectores amenazados en el contexto de un imparable descenso energético. El imperio del crecimiento material que reivindica resulta cada vez más inviable en una tarta económica global menguante, carísima y materialmente deteriorada. En contraste, en nuestra reciente historia tanto la pandemia como la actual guerra de Ucrania han mostrado la extrema fragilidad de unas estructuras económicas globales que dependen del coctel explosivo de mercados financieros globales volátiles, un inacabable extractivismo insostenible y un sobreconsumo desbocado en un planeta materialmente finito y esquilmado.

Por desgracia, la nostalgia irrealizable de volver a la “normalidad” del crecimiento económico y comercio global de ataño no solo se ubica en la extrema derecha. La gran mayoría de nuestra clase política democrática, tanto de la izquierda como de la derecha, comparte una nostalgia que rechaza los cambios estructurales imprescindibles para aterrizar más humildemente dentro los límites biofísicos restrictivos con unas economías mucho más locales y redimensionadas. Un mínimo realismo exigiría que nuestros responsables públicos dijeran la verdad, que admitieran públicamente que ya no hay una vuelta atrás y que estamos condenados a unos cambios austeros, justos y verdes en toda la economia, como en la agricultura, el transporte y la industria. Mejor abandonar las controversias numantinas en defensa de los actuales sobreconsumos materialmente imposibles que están empeorando las desigualdades, los enfrentamientos militares y el colapso ecológico. Más que nunca necesitamos un estiramiento de la honestidad para cambiar el frustrante ADN crecentista y fósil que domina en el campo político, sembrando fracasos anunciados que alimentan a la extrema derecha de la nostalgia tóxica.

Frente a la nostalgia del expansionismo tanto territorial como material y sus "grandezas" infraestructurales, urbanísticas, turísticas y tecnológicas, puede erigirse un realismo más humilde, con los pies en la tierra, que anteponga los cuidados solidarios de los delicados bienes comunes biológicos y sociales que resultan esenciales para la humanidad y el futuro vivo del planeta.

 

 

DAVID HAMMERSTEIN

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17 décembre 2021 5 17 /12 /décembre /2021 19:28
Hay que abandonar las políticas extraterrestres en el transporte y el turismo.

Apuntes para una charla sobre Transporte, Turismo y medio ambiente

 

Seguimos confinados y no vamos a salir. Nuestro confinamiento es terrestre. Hay que abandonar las políticas extraterrestres en el transporte y el turismo.

 

Universitat de València, 3 de diciembre de 2021

 

 

 

Un aperitivo: UNA PODEROSA INVITACIÓN A DESCONFIARNOS DE CIERTAS IDEAS ARRAIGADAS.

 

Del filosofo francés Bruno Latour del libro ¿Donde Estoy? una guía para habitar el planeta:

 

Estas ideas de “entorno” o “hábitat” carecen de sentido para las mentalidades modernas porque en ellas nunca podemos trazar el límite que distinga a un organismo de lo que le rodea, porque en realidad no nos rodea nada, todo construye y contribuye a crear las condiciones de habitabilidad o no. Así es la historia de los seres vivos, son ellos los que han hecho que haya nichos confortables y habitables para muchos seres, algo que contradice la mirada antropocéntrica del astronauta moderno o del cosmonauta que separa lo de dentro de lo de fuera, el organismo de su medio.

 

Una nueva unidad divisoria está en llamar a lo de acá Tierra, con mayúscula, y a lo de allá Universo con mayúscula. A los que habitan acá, será mejor decir que residen y viven como “terrestres”, algo que se experimenta de cerca, aunque siempre estemos condenados a conocer mal ese aquí del engendramiento y el vivir de la Tierra al no poder superar el abismo entre las apariencias y lo real. El Universo de ahí arriba a menudo se conoce mucho mejor, aunque paradójicamente no tenemos una experiencia directa de él.

 

Estaría muy bien que nosotros los terrestres nos cambiemos de traje y renazcamos a lo largo de un devenir terrestres, viajando a un lado y otro de nuestro confinamiento terrestre infranqueable. De no ser así, no podríamos conocer aquellos y aquello de lo que dependemos, aquellos extraños agentes que nos permiten existir y gozar de nuestras vidas individuales y colectivas: los seres vivos que hacen la Tierra habitable.

 

No estamos condenados a que la continuidad del florecimiento de la vida se detenga en dos generaciones a causa de la hecatombe de la biodiversidad causada por los cursos de acción de los humanos y del cataclismo anunciado de las condiciones climáticas de la Tierra templadas y bondadosas para la vida.

 

En reconocimiento de nuestra condición primordial de ser terrestres en el confinamiento terrestre desestabiliza las antiguas coordenadas, ya no podemos localizarnos del mismo modo al cambiar la perspectiva y la manera de orientarnos por el mundo. El pensamiento y las mentalidades ecológicas se han desentendido de los viejos mapas hechos desde el afuera y el arriba, que hablaban del Universo, la Vía Láctea, el Sistema Solar, los planetas, el Progreso, el Desarrollo, hasta sobrevolar la tierra en Google, llegando finalmente a las localizaciones en los pixel digitales, una manera muy extraña de localizar.”

 

 

 

 

 

¿Es la “lucha contra el cambio clímático” una milonga?

 

Actualmente la politica valenciana habla de la lucha contra el cambio climático o la transición energética sin datos ni indicadores para medir el éxito o el fracaso. ¿Como sabemos si avanzamos o vamos hacia atrás si nunca se presentan datos claros relevantes al respeto? ¿Podríamos estar en una “transición al pleno empleo” si el desempleo no paraba de aumentar?

 

¿Si avanzara la transición energética el consumo de combustibles seria más o menos? ¿Habria más o menos coches y camiones en la carretera?

 

Según la gran mayoría de datos no hay actualmente ninguna transición energética ni mucho menos una ecológica ni en la Comunidad Valenciana ni en la Unión Europea ni globalmente.

 

Es bastante curioso que en general que se da por descontado en el ámbito político/mediático que hay un profundo cambio en marcha de “descarbonización”, una reducción de emisiones contaminantes y menos consumo de combustibles fósiles cuando los resultados reales en datos completos no respaldan tanta retórica.

 

Un ejemplo: ¿Movilidad Sostenible en la Comunidad Valenciana?

 

Total de km recorridos por coches y camiones en 2017, 15.576,000, 2018, 16.148,000

2019 16.395.000 en carreteras del Estado en la Comunidad Valenciana. Sube y sigue. ¿Donde está la sostenibilidad?

 

El consumo de gasolina 95 en Comunidad Valenciana se situó en 56,92 kilo toneladas (miles de toneladas) en julio de 2019, lo que supone una variación de un +8,74% respecto al mismo periodo del año anterior, según datos oficieales.

 

 

TONELADAS TRANSPORTADAS POR CARRETERA EN VEHÍCULOS PESADOS.

Las toneladas transportadas anualmente por los vehículos pesados de servicio

público crecieron un 74,2% del año 1999 al 2020.

 

 

¿Es la Unión Europea un líder climático?

 

Comentarios sobre el actual contexto europeo: Se quema ahora más carbón que nunca para la economía europea. Las emisiones, si se considera toda la economía material y el ciclo de vida de los productos de consumo, no bajan sino suben. La nueva Política Agraria Común(30% de las emisiones proceden directa o indirectamente del sector alimentario) va en contra de los objetivos climáticos europeos según una auditoria de la misma Unión Europea. Invertir en el gas y la energía nuclear serán consideradas “inversiones sostenibles” en una propuesta de la Comisión Europea. Los acuerdos comerciales como el acuerdo EU-Mercosur el crecimiento tienen más prioridad que objetivos climáticos y la preservación ecológica, el lema de protección social en la “transición energética”: “No dejar nadie atrás” para la protección social suele sirvir como excusa para dejar a todo el mundo atrás y evadir compromisos responsables ante la crisis ecológica en cualquier sector industrial. El comercio de emisiones hasta ahora ha sido un regalo del cielo para las empresas y no ha funcionado. La UE no es líder en la lucha contra el cambio climático por su consumo global y sus emisiones per capita. Las propuestas actuales de economía circular no serán un éxito: El consumo de materiales no baja y se recicla cada vez menos, el 8%, con unos materiales cada vez más inviables para un reciclaje viable por la creciente complejidad de los residuos como los electrónicos. La mayoría de las inversiones públicas europeas,como para las grandes infraestructuras energéticas y de transporte se orientan hacia el crecimiento del volumen de transporte y de viajeros de larga distancia: actúa para aumentar la oferta y no para la imprescindible gestión de la demanda a la baja. Al priorizar el crecimiento económico globalizado se confía todo en la mayoría de políticas europeas a la innovación tecnológica y una contabilidad climática muy creativa que descuenta gran parte de las emisiones.

 

Unos conceptos básicos

 

1. La sostenibilidad es menos: menos volumen material entrando y saliendo del metabolismo social y económico. Es más biodiversidad, especies, complejidad biológica de flora y fauna que actualmente se simplifica rápidamente por el extraccionismo global de nuestro consumo. En el transporte la sostenibilidad y la transición energética significan muchos menos vehículos circulando menos kilómetros, menos aviones volando, menos grandes buques surcando el mar. Esto se consigue compartiendo más y consumiendo menos.

 

2. Tenemos que guiarnos por indicadores climáticos y ambientales claros sin grandes sesgos ni nacionalismo metodológico ni impactos ambientales a la sombra. El humo de China e India, donde se fabrican muchos de nuestros productos, es nuestro humo también pero no lo contamos. Vivimos en una economía globalizada pero para engañarnos contamos las emisiones en contenedores nacionales. Es una contabilidad creativa muy sesgada. Es también una manipulación colonialista al no considerar nuestra huella real en las cadenas de suministro del comercio mundial. Tampoco es honesto utilizar unos datos muy selectivos o “cherry picking” para mostrar un supuesto progreso.

 

3. La tecnología sola no nos salvará: el simple cambio de una tecnología por otra sin cuestionar la escala biofísica de nuestro consumo, estilos de vida y la complejidad de ecosistemas globales es un engaño. La tecno-idolatria es una fe religiosa que no puede sustituir unas profundas mutaciones sociales imprescindibles para intentar crear más resiliencia frente a los terribles embates climáticos y ecológicos que se avecinan.

 

4. Las compensaciones de emisiones y daños no suelen compensar. “La neutralidad climática” no es neutral sino es utilizada por las grandes empresas para “greenwashing” y aplazar al futuro lejano el recorte de emisiones aquí y ahora. No hay vehículos “cero emisiones”. No hay “aviación con combustibles sostenibles” ni grandes buques “sostenibles”. Ninguna de estas afirmaciones resiste un mínimo análisis serio.

 

5. Estamos condenados a un descenso energético o sí o sí. Las renovables nuevas que ahora representan menos del 2% de la energía son imprescindibles pero no pueden reemplazar al actual consumo de los combustibles fósiles. Las nucleares tampoco representan más del 2% de la energía. Hay que volver a los años 70 en niveles de consumo de energía para que haya una transición energética de verdad. Otro gran problema con la transición energética es que nos hace falta mucho carbón para “descarbonizar” cuando la emergencia climática nos obliga dejar de quemar más carbón.

 

6. Sin consumir mucho menos no hay una transición a las renovables nuevas que hoy representan entre el 2% y el 5% de la energía.

 

7. La electricidad no es “la energía” sino solo el 20% de la energía y su parte del mix energético apenas se ha movido desde hace muchos años a pesar del aumento de producción de renovables. HASTA AHORA SOLO SUMAMOS ELECTRICIDAD con las renovables PERO APENAS QUITAMOS ENERGIA FÓSIL que sigue siendo 80% de nuestro mix energético.

 

8. Todo viene de alguna mina, algún bosque, algún río, mar o campo en algún lugar del mundo, No podemos seguir con una contabilidad ambiental que solo considera las emisiones y los considerables impactos locales  del transporte “al final de la tubería”. No free lunch. El Sur también existe.

 

9. No hay ninguna evidencia empírica de un desacoplamiento absoluto y suficiente entre el consumo de energía/emisiones y el crecimiento económico e hay ínfimas posibilidades de que esto suceda en el futuro. No hay desmaterialización: la huella material de nuestra economía no ha parado de crecer.

 

10. “La innovación” significa que se puede vender en el mercado y no que sea útil social o ecológicamente. Hay una excesiva confianza en unas invenciones futuras muy inciertas.

 

11. Hay que reducir sustancialmente la escala física de sector del transporte lo que afecta directamente al turismo, la agricultura, la construcción y el comercio entre otros. Está claro que la eficiencia técnica y los avances innovadores no bastan como muestra las últimas décadas. “La paradoja de Jevons”: a pesar de ser contra-intuitivo los avances en eficiencia suelen aumentar el volumen de consumo. Esto es muy evidente en un sector del transporte cada vez más eficiente por cada unidad pero más contaminante por un mayor volumen. Décadas de mejora en la eficiencia de vehículos han coincidido con una explosión de aumento de emisiones y otros impactos del transporte motorizado.

 

12. El transporte representa la quinta parte de las emisiones de CO2 en el mundo. La dependencia energética en España es absoluta: el transporte supone un 43% del gasto energético en España y es un 99% dependiente del petróleo.

 

13. No hay recambio tecnológico “limpio” en las próximas décadas para la aviación, los camiones de larga distancia, los buques de mercancías, la maquinaria agrícola…. No se puede fiar el futuro a unas tecnologías muy inmaduras, caras y, incluso, contraproducentes por su impacto energético/ecológico. También habrá un gran encarecimiento del diésel lo que puede abocar a una crisis sin salidas fáciles a la agricultura, el comercio mundial y la aviación.

 

14. Los coches eléctricos “limpios” o de “cero emisiones” no existen. Apostar tanto por el coche eléctrico es un verdadero paso en falso puesto que los coches eléctricos no están libres de grandes emisiones(ni localmente), tan solo las esconden en el patio trasero, deslocalizándolas y revertiendo sus efectos sobre otras regiones y comunidades mediante extracciones mineras, industrias muy carbonizadas y residuos de muy difícil recuperación ¡Sí al coche, furgoneta y autobuses eléctricos! Pero con muchos menos vehículos circulando y muchos menos kilómetros recorridos.

 

15. Según un informe de la Agencia Internacional de la Energía, si se quieren cumplir los objetivos climáticos, la demanda de minerales para tecnologías energéticas limpias se multiplicará por lo menos por cuatro en 2040 y mucho más aún en el caso de los minerales para el coche eléctrico, que necesita cobalto, grafito, litio, manganeso y tierras raras para sus baterías y motores. Estos minerales se extraen y se procesan con los combustibles fósiles más sucios. Hoy el coche eléctríco apenas representa el 1% del parque de automóviles pero antes de diez años puede representar el 15% de las ventas de automóviles. La AIE estima que en veinte años la demanda de litio se multiplicará por cincuenta y la de cobalto y grafito por treinta.

 

16. Invertir miles de millones en los trenes de alta velocidad no mueve más personas ni más mercancías. Ha habido 60 mil millones de pérdidas de la red española de alta velocidad. El AVE mueve menos del 4% de los viajeros frente a las cercanías que mueven más de 80%. Sin embargo, muchas de las nuevas inversiones públicas se destinan a la alta velocidad.

 

17. Los proyectos ferroviarios valencianos de no son generalmente sostenibles ni responden a necesidades sociales. Los grandes proyectos de “El túnel pasante” del centro de València, el AVE a Castellón y el Corredor Mediterráneo en general tienen grandes impactos ambientales y climáticos. En un un tramo de AVE tan corto y densamente poblado(entre Valencia y Castellón) no se podrán superar los 200 km/h, velocidad que ya alcanzaba el Euromed al mismo tramo y con las vías convencionales. Por tanto, el gasto estimado de entre 1.440 y 2.265 millones es absolutamente injustificado.

Las asociaciones cívicas y ecologistas valencianas piden “un replanteamiento claro de objetivos que no conduzca nuevamente a un desperdicio de recursos tal y como ocurrió con la línea de alta velocidad Valencia-Xàtiva por la que, recordemos, no ha pasado un solo tren pero nos ha costado 800M€”. Por ello solicitan “la retirada del proyecto de nueva línea de alta velocidad València-Castelló; replantear un proyecto ferroviario que dé respuesta a los objetivos de reducción de CO2 de calidad del aire y de adaptación del territorio a efectos del cambio climático de forma más realista; la mejora urgente de las redes de cercanías de València, Castelló y Alicante, así como de otras líneas pendientes de modernización, como la Xàtiva-Alcoi, dedicando los recursos necesarios de personal, unidades y gestión; el estudio de alternativas ferroviarias que, atendiendo a la crisis climática, mejoran el transporte de viajeros del área metropolitana como los sistemas de MetroValencia y TramAlicante y la conexión de las áreas industriales en el corredor mediterráneo de mercancías.

En el actual contexto de crisis climática necesitamos una revisión global de la estrategia de movilidad que implique paralizar los proyectos de ampliación de las carreteras de gran capacidad (V-21, A-7, V-30, V-31...), y redirigir los recursos al transferir las cargas de la carretera al ferrocarril. Reclaman “un posicionamiento del Gobierno del Botànic para pedir al gobierno de España la reasignación de la inversión a otros fines más útiles socialmente y con mayor retorno económico en un escenario de emergencia climática en la línea de los puntos anteriores y por que se respete la legislación valenciana impidiendo que ninguna alternativa pase por un espacio protegido como l’Horta de València”.

 

18. Las cercanías y los trenes regionales valencianos son un desastre y carecen de suficientes inversiones mientras se invierte masivamente fondos públicos en más autovías y trenes de alta velocidad. Hay límites en el volumen de inversiones públicas. Hay que elegir prioridades.

 

19. La ampliación del Puerto de València tiene enormes impactos ambientales, climáticos y económicos local y globalmente. Los buques del comercio internacional contaminan masiviamente pero sus emisiones no se cuentan en nuestra contabilidad climática. El comercio globalizado es uno de los primeras causas de destrucción ambiental.

 

20. La sostenibilidad no es solo CO2. La crisis de biodiversidad, agua, tierra fértil, sustancias químicas,...es igual o más de importante(y relacionado) que la emergéncia climática. La biodiversidad se encuentra en caída libre y esta merma de la vida amenaza el sustento de las sociedades humanas.

 

21. La movilidad “inteligente” no es inteligente ecologicamente. La digitalización “eficiente” o “intelegencia artificil” suele ir acompañadas por más volumen de consumo de materiales y energía. Paradoja de Jevons en acción.

 

22. Contexto: Descenso y escasez energético: la tasa de retorno energético (TROI) es cada vez menos favorable: extraer y procesar el gas, petróleo, diesel necesita cada vez más energía fósil y cada vez más inversión. Apenas se ha invertido apenas en nuevas explotaciones de gas y petroleo en la última década por la falta de rentabilidad. Habrá un decrecimiento energético o sí o sí por unos límites absolutos. Los yacimientos buenos, bonitos y baratos que se acaban.

 

23. Más importante es reducir lo malo que hacer lo bueno: más renovables no significa menos fósiles, más reciclaje no significa menos residuos, más bicis no significa menos coches, más producto ecológico no significa menos productos tóxicos. Es el volumen que importa.

 

24. Hay una explosión de más infraestructuras víarias en el entorno de València: Bypass (6 nuevos carriles), V21, V31, V30, …. en total contradicción con los objetivos climáticos y de "transporte sostenible". El nuevo bypass según el grupo “València per l´Aire”: “Otra vez el Ministerio de Fomento impone un proyecto viario destructivo anti-clima que la ciudadanía valenciana no ha demandado. Es un carísimo e irracional monumento a la movilidad insostenible y enferma. Añadir cuatro a seis carriles más al Bypass, que facilitará el tráfico motorizado, es un acto de criminalidad climática que disparará el uso de vehículos contaminantes, empeorará la calidad del aire y aumentará las emisiones tóxicas de todo tipo. Es un enorme despilfarro de dinero público que en el contexto de la actual emergencia climática debería dedicarse exclusivamente al transporte público y el traslado de las mercancías del camión al tren.”

 

25. El hidrógeno “verde”, gris y azul, que es un vector, tiene muchos problemas de eficiencia, seguridad y sotenibilidad ambiental. Necesita de una masiva cantidad de energía renovable.

 

26. Solución: lujo comunitario, austeridad privada. Compartir o morir. Podemos reducir la escala material del metabolismo material de nuestra sociedad sin perder calidad de vida ni cohesión social. Incluso podríamos vivir mejor y más sanamente

 

27. El turismo de masas tiene grandes impactos sobre las ciudades: TURISMO Y IMPACTOS AMBIENTALES. “El turismo sostenible” es un eslógan de marketing que no resiste ningún análisis biofísico serio.

 

La ciudad de Valencia supera por primera vez los cinco millones de turistas en 2019. La ciudad de Valencia ha cerrado 2019 superando, por primera vez, los cinco millones de pernoctaciones de turistas, con 5.276.710 visitantes, y un crecimiento del 5,4% en el número de viajeros recibidos, hasta llegar a los 2.182.132.

 

En cuanto al "Impacto ambiental y uso de recursos naturales: Se calcula que cada millón de turistas

que recibe España consume y genera 11 millones de litros de combustible, 300 millones de litros de

agua, 2 millones de kilos de alimento, 25 millones de kilos de CO

y toneladas de residuos, que ensucian playas y valiosos ecosistemas marinos y terrestres.

 

Se estima que el sector produce el 5% delas emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global. El 75% de estas emisiones se producen durante el viaje y el 20% durante la estancia. El resto están relacionadas con las actividades realizadas en el lugar de destino[3]. Por otra parte, el impacto del cambio climático es más que evidente en las regiones turísticas españolas: aumento del nivel del mar, más olas de calor y aumento de temperaturasmedias, más incendios y de mayor gravedad e incremento de lluvias torrenciales y otros fenómenosmeteorológicos extremos." Este es el modelo general. La OMT estima para España un techo de 100 millones de turistas. Representa más del 10% del PIB y el 14% del empleo.

 

Impactos sociales:

 

Inestabilidad como en la pandemia. Precariedad. Temporalidad.

 

El turismo de masas puede convertirse en un río desbordado que provoca impactos negativos sobre el entorno local: éxodo de la población local, ruidos, congestión de los servicios públicos, encarecimiento de los alquileres, cierre de comercios tradicionales,

 

El Turista destruye lo que busca y, a veces, crea “lo típico” artificialmente. Reproduce las mismas franquicias y cadenas globales, ….

 

El fuerte repunte de precios y la escasez de vivienda en las grandes ciudades se ha venido achacando, entre otros factores, al rápido auge de los pisos turísticos. Ahora, un estudio del Instituto de Economía de Barcelona, presentado en unas jornadas sobre el acceso a la vivienda recientemente celebradas en el Banco de España, revela que la presencia de Airbnb en Barcelona ha tenido un impacto directo en el mercado residencial encareciendo un 19% los precios de compraventa y un 7% los del alquiler entre 2012 y 2016 en las zonas con mayor presencia de esta plataforma. En ciertos barrios de Valencia, como el Carme o Russafa, el aumento de alquleres ha sido mayor y incluso hay muy poca oferta de pisos en alquiler para residentes permanentes.

 

“Las plataformas de alquiler a corto plazo como Airbnb empeoran el problema de asequibilidad de la vivienda en ciudades como Barcelona donde el turismo es muy importante y la diferencia de rentabilidad entre alquileres cortos y de larga duración es alta”.

 

 

Referencias:

 

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2211467X20300961

 

https://geeds.es/news/los-limites-de-la-transicion-energetica-del-transporte-resultados-del-modelo-medeas-world/

 

https://www.lavanguardia.com/natural/energia/20210707/7579886/alicia-valero-china-apoderado-recursos-minerales-estrategtico.htm

 

https://www.naiz.eus/eu/info/noticia/20211114/es-absurdo-pensar-en-sustituir-las-fuentes-de-energia-y-seguir-creciendo-1

 

https://www.eldiario.es/tecnologia/falta-materiales-esconde-crisis-chips-transicion-ecologica-digital-riesgo_1_8371507.html

 

http://www.eis.uva.es/energiasostenible/?p=3608

 

 

https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/territori-critic/lio-ferroviario-vista-capitulo-segundo-incertidumbres-parc-central_132_8490648.html 

 

https://www.aop.es/blog/2020/07/13/balance-energetico-2019-2/

 

https://www.csic.es/es/actualidad-del-csic/antonio-turiel-la-escasez-de-materiales-es-una-estaca-en-el-corazon-de-la

 

Escenarios de futuro

 

https://www.mdpi.com/2071-1050/13/21/11867?s=03

 

 

Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores).

 

 

“¿Donde Estoy? Bruno Latour, Taurus, 2021.

 

http://www.davidhammerstein.com/2021/10/esto-no-es-un-plan-valenciano-de-emergencia-climatica-el-plan-valenciano-del-cambio-climatico-y-energia-2020-30-no-toma-la-emerg.htm

 

http://www.davidhammerstein.com/2019/12/apuntes-para-una-charla-en-la-universitat-de-valencia-el-13-12-2019-los-grandes-mitos-de-la-lucha-contra-el-cambio-climatico-y-algun

 

http://www.davidhammerstein.com/2019/12/mitos-de-la-lucha-contra-el-cambio-climatico-y-lgunas-propuestas-verdes-2.html

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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5 novembre 2021 5 05 /11 /novembre /2021 09:11
Negacionismo terraplanista sin límtes

La ceguera de nuestra clase política resulta muy chocante. La explicación dominante de la actual crisis energética, que se expresa en los “atascos” en la cadena de suministros de materiales y componentes de las actividades productivas, ignora sistemáticamente las causas últimas más fundamentales: la despensa comienza a estar vacía. Esta verdad tan incomoda, que ya comienza a ser un secreto a voces para los expertos en energía y para las mismas empresas, nos anuncia las malas noticias de que la fiesta de la abundancia, el despilfarro y el usar y tirar de nuestras economías insaciables, está chocando contra límites biofisicos infranqueables en un planeta finito como es el nuestro. La Tierra carece de las fuentes materiales energéticas suficientes para poder satisfacer la creciente demanda de materiales y energías abundantes, fáciles de extraer y económicamente asequibles.

 

Escuchamos una melodía enrevesada de justificaciones  que entonan una fábula oficial que siembra la confusión alrededor de algunos datos parciales y superficiales con medio-verdades sobre lo que está sucediendo. Este negacionismo terraplanista quiere disimular los atolladeros estructurales irrebasables que se desencadenan cuando la demanda rebasa los límites críticos planetarios existentes de recursos tan vitales para nuestras sociedades industrializadas como son las fuentes energéticas fósiles (carbón, petróleo y gas). Las consecuencias de esta translimitación global son la escasez energética crónica y el agotamiento anunciado de dichos recursos, algo que será muy catastrófico para las economías fosilísticas guiada por las prioridades incuestionables del crecimiento económico y material. Sin embargo, las leyes del universo terrestre que habitamos nos recuerdan que nada material puede crecer indefinidamente en un planeta finito en materiales.

 

La actitud cínica terraplanista (del sí, pero no) une a la clase política de cualquier color ideológico. Los gestores públicos responsables desesperan buscando justificaciones tranquilizadoras debajo de las piedras para encontrar razones de la carestía y la lenta recuperación económica.  Este negacionismo terraplanista enarbola un particular tipo de populismo que evita el afrontar la verdad y se empeña en continuar con la cruzada climática y ecológica, en vez de apostar por un bienestar colectivo humilde, capaz de hacer las paces con el planeta mediante una austeridad material justa y equitativa.

 

Sin embargo, son urgentes los cambios sustanciales en nuestra forma de vida sobre-consumidora para reducir las dimensiones grandiosas de nuestro corrosivo modelo energético para apostar por una economía material de suficiencia privada y cuidados públicos, que paliara las peores consecuencias sociales del descenso energético que ya está en marcha. Cuanto más tarden las elites políticas y económicas en aceptar esta nueva realidad de sobrepasamiento de los límites planetarios, más dura y caótica será la caída. Un primer paso imprescindible para transitar este camino obligado, de la manera menos traumática posible, es afrontar la verdad.

 

El que haya una subida en la demanda del consumo energético después del parón de la pandemia del Covid19, el que se hayan roto algunos de los eslabones productivas por "fallos" técnicos en la cadena de suministros de materiales relativamente escasos y no renovables, el que la “transición energética” haya mermado las inversiones en los combustibles fósiles, que los rusos y los argelinos nos estén chantajeando, el que las grandes empresas eléctricas estén haciendo el agosto con precios disparados de la electricidad, etc., en realidad no son explicaciones convincentes y profundas sobre lo que está ocurriendo. Más bien son anuncios de Cassandra sobre el choque con un iceberg que ya está a la vista.

 

Es un tabú el decir la verdad de nuestra desmesura material y admitir que estamos condenados a un duro síndrome de abstinencia causado por un decreciente acceso a los combustibles fósiles (y otros materiales) abundantes, buenos, bonitos y baratos, algo que pone en entredicho los grandes planes de expansión, desarrollo y “innovación” de nuestros mandatarios terraplanistas. Este obligado descenso energético que lleva años en ciernes, no obedece a una elección voluntaria sino que responde al imperativo de los límites físicos planetarios. Ya hace muchos años que crece sin parar la cantidad de energía y dinero que hay que invertir para poder extraer la misma cantidad de gas y petróleo, y de otros muchos minerales imprescindibles para nuestras economías insaciables. El balance energético del difícil y caro extractivismo de minerales resulta cada vez más desfavorable para mantener nuestro desbocado tren de vida consumista. La mano mágica del libre mercado no solucionará este tipo de escasez crónica. De hecho, precisamente han sido los mecanismos del mercado especulativo, los que hace bastantes años dejaron de invertir en la exploración y la extracción de gas y petróleo porque se arruinaban.

 

La escasez actual de energía nada tiene que ver con “la lucha contra el cambio climático”, y mucho menos con la muy tímida subida de las energías renovables. El hecho es que el coste energético/económico de la extracción y del procesamiento de estas reservas restantes comienza superar el contenido energético o valor las mismas. Otra mala noticia que los negacionistas terraplanistas callan es que el incremento de la producción de energía renovable, aunque sea necesario y positivo, si no está monopolizados y si se distribuye socialmente, no puede sustituir a gran parte de las actuales actividades industriales, y al transporte movido por las energías fósiles.

 


Nuestra clase política, que ha interiorizado en su ADN las demandas terraplanistas de más y más consumo y crecimiento, sigue entonando la melodía dormitiva  de que la escasez y la carestía son una situación pasajera, y que todo se arreglará en pocos meses. Por todos los lados se escucha la misma melodía: no pasa nada, todo volverá a la normalidad.

 

 

 

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2 novembre 2021 2 02 /11 /novembre /2021 18:40

 

 

Davant la cimera climàtica de Glasgow s’escolten moltes crides per a “més acció climàtica” o “més ambició climàtica” quan no se sap molt bé el que volen dir. Allò realment urgent és reduir la dimensió i l’ambició en totes les activitats i polítiques que deterioren el clima. Actualment hi ha molta més acció climàtica en contra del clima que acció climàtica positiva. El fet aparentment senzill però políticament desafiant de no fer coses malament -no contribuir a l’empitjorament- esdevé en una ambició climàtica de caire realment transformador.

 

 

Segons l'ONU s'està fracassant estrepitosament en “la lluita contra el canvi climàtic”. Ja estem emetent més CO2 que abans de la pandèmia i estem en camí d'augmentar les emissions contaminants més del 16% abans del 2030 quan la comunitat científica i el mateix Acord de París exigeixen unes reduccions de més del 50%. És curiós que ningú demane una avaluació independent de les raons del fracàs.

 

 

No és una qüestió principalment de polítiques nacionals ni locals sinó dels volums de consum, producció i extracció en les cadenes d'aprovisionament i subministrament de l'economia global. Malgrat estar fent més coses “bones” estem fent encara més quantitat de coses “dolentes” per al clima. Pitjor que una bicicleta estàtica, no només no avancem, anem cap enrere molt de pressa. En els últims 20 anys, tot i l'augment exponencial de les energies renovables i avanços tecnològics, no hem reduït un àpex el nostre consum d'energia fòssil.

 

 

Encara més dramàtic, si cap, és la contínua caiguda lliure de l'estat i riquesa de la biodiversitat i els ecosistemes, que són la xarxa de la vida que ens manté. Per exemple, les últimes dues estratègies europees per a frenar la pèrdua de biodiversitat (2003 i 2010) han suspés la seua avaluació per la mateixa Unió Europea per la falta de regulació restrictiva d'activitats agrícoles, urbanístiques i comercials. Així mateix, any rere any fracassen les polítiques de residus i aigua per obviar totalment la R de reduir i concentrar les polítiques quasi exclusivament en la R de reciclar, tot focalitzant-se en unes fracassades polítiques de “final de la canonada”. A més a més, cada vegada hi ha més residus complexos més difícils de reciclar, reutilitzar i, en general, més perillosos.

 

 

Malgrat les abundants evidències de les últimes dècades, seguim amb una fe indestructible en unes estratègies ambientals basades en una tecno-idolatria predestinada al fracàs,, un simple canvi d'aparells en lloc del canvi de la forma de vida, cap a matisació d'una destrucció massiva “més sostenible” en lloc d'una substancial reducció de les escala física de la destrucció, sempre actuant al final dels processos productius en lloc d'evitar la mateixa generació de tanta porqueria. Una incessant propaganda mediàtica, comercial i política ens pica que l’imperant desenvolupisme i consumisme desbocat és compatible amb la “sostenibilitat”, la “neutralitat climàtica” i el “net zero”. Les dades i les pròpies lleis de la termodinàmica diuen tot el contrari. Mai s'ha utilitzat tan cínicament una paraula com la de “sostenible” per a anestesiar a la ciutadania enfront d'un probable futur dolorós i per a ajornar la presa de decisions difícils.

 

 

És xocant que enmig d'una creixent escassetat i carestia estructurals d'energia i materials, sense una possible substitució tècnica “neta” per a mantindre l'actual tren de vida sobreconsumidor de les societats opulentes, ningú en la classe política parla d'uns límits biofísics infranquejables ni de l'inevitable descens energètic en embrió per la falta d'energia barata abundant. Ningú proposa unes polítiques fiscals i regulacions per a reduir la grandària del nostre metabolisme material de la forma més justa i menys traumàtica possible. Tota la classe política embene una milonga: podem seguir com fins ara però amb “més ambició” i “més acció climàtica”. Com si córrer cap al precipici imbuïts d’una atractiva retòrica climàtica fora prou per lliurar-nos dels imperatius del realisme i la responsabilitat, i darrerament, de l’inevitable caiguda.

 

 

Fins hui, més plaques solars i molins eòlics no han significat menys crema de combustibles fòssils; en lloc de substituir o “descarbonitzar” només han afegit més energia elèctrica (que representa menys del 20% del nostre consum energètic total) a més de continuar (les noves renovables) sent una part ínfima del nostre mix energètic. Més “mobilitat elèctrica” no ha reduït les emissions totals de cotxes, camions, vaixells i avions que continuen creixent. Més carrils bici no han frenat la construcció i ampliació d'autovies, més reciclatge no ha reduït la generació de desfets, més aliments ecològics no ha reduït el consum massiu d’agro-tòxics…

 

 

Tots sabem que la nostra “comptabilitat creativa” d'emissions és bastament falsa i esbiaixada. No es compten gran part de les nostres emissions: s'exclouen el consum de productes i materials de fora, el comerç marítim, l'aviació… Vivim en una economia globalitzada, l'emergència climàtica és una crisi global però resulta que comptem les emissions de CO₂ en uns contenidors estancs d'estats nacionals que elimina gran part de la responsabilitat real de les emissions internacionals mantenint-les a l’ombra. El fum de Xangai també és el nostre fum. Amb les dades totals de l'impacte global del nostre consum a la mà, és evidentment fals que estiguem avançant en la transició energètica i la transició ecològica.

 

 

La millor i més efectiva acció climàtica valenciana seriosa seria la inacció. No fer més ampliacions d'autovies, abandonar l'actual projecte faraònic del túnel passant i el Parc Central per un altre més realista amb moltes menys emissions i sense destrucció d'horta, no construir milers de nous habitatges en lloc de focalitzar-se en la rehabilitació de les existents quan no creix la població fixa. No fer més centres comercials com el de l'entorn de l'Hospital La Fe. Deixar de donar un xec en blanc per a l'ús massiu d'agro-tòxics biocides, l'agro-indústria i a l'expansió de la ramaderia assumint com a vinculants els objectius europeus de reducció del programa “de la granja a la taula”. No donar llicència per a 100 hotels més sol·licitats a València i els seus voltants. No subvencionar les indústries intensives en energia fòssil. No permetre més regadius i augmentar radicalment els cabals ecològics per a rius i zones humides. Orientar les polítiques de residus a la reducció en el punt de producció i consum en lloc del reciclatge. No permetre l'expansió d’Amazon i altres plataformes digitals insostenibles i extractives….

 

 

Clar que hi ha moltes iniciatives positives que cal empènyer per a augmentar la resiliència social davant els embats que venen: les comunitats energètiques cooperatives, la agroecologia, les restriccions radicals del cotxe privat, la rewilding (resilvestració), la salut primària comunitària, una bateria de fiscalitat ecològica per a fins ecosocials, la recuperació per a residents de milers d'apartaments turístics, l'estricta defensa de la biodiversitat, el sòl fèrtil i el territori,...

 

 

Si ens prenem seriosament la crisi ecològica cal tindre un pla B valencià de localització, de manteniment social i d'aterratge econòmic. Després de més de sis anys i mig del Govern del Botànic no es veu per cap part el tan pregonat “canvi del model productiu” valencià. L'economia valenciana segueix tan dependent com sempre de la rajola, les grans obres públiques, el turisme i d'unes indústries intensives en energia com la ceràmica o l'automòbil. Sense uns girs importants cap a una economia valenciana molt menys dependent dels vaivens globals i dels combustibles fòssils la vulnerabilitat social i ecològica de la nostra societat continuarà sent extrema. La duresa de la caiguda en el context d'un descens energètic i l'encongiment del comerç global pot ser de conseqüències extremadament doloroses.

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1 novembre 2021 1 01 /11 /novembre /2021 21:39

 

Ante la cumbre climática de Glasgow se oyen muchas llamadas para “más acción climática” o “más ambición climática” cuando no se sabe muy bien lo que quieren decir. Lo realmente urgente es mucho menos acción y mucho menos ambición en todas las actividades y políticas que deterioran el clima. Actualmente hay mucha más acción climática en contra del clima que la acción climática positiva.

 

Según la ONU se está fracasando estrepitosamente “la lucha contra el cambio climático”. Ya estamos emitiendo más CO2 que antes de la pandemia de COVID y estamos en camino de aumentar las emisiones contaminantes más del 16% antes del 2030 cuando la comunidad científica y el mismo Acuerdo de Paris exigen unas reducciones de más del 50%. Es curioso que nadie pide una evaluación independiente de la razones del fracaso.

 

No es una cuestión principalmente de políticas nacionales ni locales sino de los volumenes de consumos, producciones y extracciones en las cadenas de aprovisionamientos y suministros de la economía global. A pesar de estar haciendo más cosas “buenas” estamos haciendo aún más cantidad cosas “malas” para el clima. Peor que una bicicleta estática, al no avanzar vamos hacía atrás de prisa. En los últimos 20 años incluso el aumento exponencial de las energías renovables y de todos los avances tecnológicos no hemos reducido en nada nuestro consumo de energía fósil.

 

Aún más dramático, si cabe, es la continua caída libre del estado y riqueza de la biodiversidad, los ecosistemas que son la red de la vida que nos dan sustento. Por ejemplo, las últimas dos estrategias europeas para frenar la pérdida de biodiversidad (2003 y 2010) han suspendido totalmente en su evaluación por la misma Unión Europea por la falta de regulación restrictiva de actividades agrícolas, urbanísticas y comerciales. Asimismo, año tras año fracasan las políticas de residuos y agua por obviar totalmente la R de reducir y concentrar las políticas casi exclusivamente en la R de reciclar en unas fracasadas políticas “al final de la tubería”. Cada vez hay más residuos complejos más difíciles de reciclar, reutilizar y, en general, más peligrosos.

 

A pesar de las abundantes evidencias de las últimas décadas, seguimos con una fe inquebrantable en unas estrategias ambientales basadas en la tecno-idolatría condenadas al fracaso de antemano, en el simple cambio de aparatos en lugar del cambio de la forma de vida, en la imposible búsqueda de una destrucción masiva “más sostenible” en lugar de una sustancial reducción de las escala física de la destrucciónm en actuar al final de la tubería en lugar de evitar la misma generación de tanta porquería. Una incesante propaganda mediática, comercial y política nos machaca de que el imperante desarrollismo y consumismo desbocado es compatible con la “sostenibilidad”, la “neutralidad climática” y el “net zero”. Los datos y las propias leyes de la termodinámica dicen todo el contrario. Nunca se ha utilizado tan cínicamente una palabra como la de “sostenible” para anestesiar a la ciudadanía frente a un probable futuro doloroso y para aplazar la toma de decisiones difíciles.

 

Es chocante de que en medio de una creciente escasez y carestía estructurales de energía y materiales, sin una posible sustitución técnica “limpia” para mantener el actual tren de vida sobreconsumidor de las sociedades opulentas, nadie en la clase política habla de unos límites biofísicos infranqueables ni del inevitable descenso energético en ciernes por la falta de energía barata abundante. Nadie propone unas políticas fiscales y regulaciones para reducir el tamaño de nuestro metabolismo material de la forma más justa y menos traumática posible. Toda la clase política vende una milonga: podemos seguir hasta ahora pero con “más ambición” y “más acción climática”. Así corremos hacía el precipicio sin un mínimo de realismo ni responsabilidad.

 

Hasta la fecha más placas solares y molinos eólicas no han significado menos quema de combustibles fósiles; en lugar de substituir o “descarbonizar” sólo han añadido más energía eléctrica(que es menos de 20% de nuestra energía) y las nuevas renovables siguen siendo una parte ínfima de nuestro mix energético. Más “movilidad eléctrica” no ha reducido las emisiones totales de coches, camiones, buques y aviones que siguen creciendo. Más carriles bicis no han frenado la construcción y ampliación de autovías, más reciclaje no ha reducido la generación de deshechos, más alimentos ecológicos no ha reducido el consumo masivo de agrotóxicos,…

 

A pesar de toda la retórica vacía de “neutralidad climática” el balance total, aquí y ahora, de las obras públicas y privadas valencianas anti-clima es infinitamente más potente que el de las actividades pro-clima.

 

Todos sabemos que nuestra “contabilidad creativa” de emisiones es burdamente falsa y sesgada. No se cuentan gran parte de nuestras emisiones: se excluyen el consumo de productos y materiales de fuera, el comercio maritimo, la aviación… Vivimos en una economía globalizada, la emergencia climática es una crisis global pero resulta que contamos las emisiones de CO2 en unos contenedores estancos de estados nacionales que elimina gran parte de la responsabilidad real de las emisiones internacionales a las sombra. El humo de Shanghai también es nuestro humo. Con los datos totales del impacto global de nuestro consumo en la mano es claramente falso que avanzamos en la transición energética y la transición ecológica.

 

La mejor acción climática valenciana seria la inacción. No hacer más ampliacones de autovías, abandonar el actual proyecto faraónico del túnel pasante y el Parque central por otro más realista con mucho menos emisiones y sin destrucción de huerta, no construir miles de nuevas viviendas en lugar de concentrar en la rehabilitación de las existentes cuando no crece la población fija, no hacer más centros comerciales como el del entorno del Hospital La Fe, dejar de dar un cheque en blanco para los masivos agro-toxicos biocidas la agro-industria y a la expansión de la ganadería asumiendo como vinculantes los objetivos europeos de reducción “de la granja a la mesa”, no dar licencia para 100 hoteles más solicitados en València y alrededores, No subvencionar a las industrías intensivas en energía fósil, no permitir más regadíos y aumentar radicalmente los caudales ecológicos para ríos y zonas húmedas, orientar las politicas de residuos a la reducción en el punto de prouducción y consumo en lugar del reciclaje, no permitir la expansión de Amazón y otras plataformas digitales insostenibles y extractivas…..

 

Claro que hay muchas iniciativas postivas que hay que dar empuje para aumentar la resiliencia social ante los embates que vienen: las comunidades energéticas cooperativas, la agroecologia, las restricciones radicales del coche privado, la rewilding (resilvestración), la salud primaria comunitaria, una batería de fiscalidad ecológica para fines ecosociales, la recuperación para residentes de miles de apartamentos turisticos, la estricta defensa de la biodiversidad, el suelo fértil y el territorio,...

 

Si tomamos en serio la crisis ecológica hay que tener un plan B valenciano de localización, de sustento social y de aterrizaje económico. Después de más de seis años y medio del Govern del Botànic no se ve por ninguna parte el tan acareado y prometido “cambio del modelo productivo” valenciano. La economía valenciana sigue tan dependiente como siempre del ladrillo, las grandes obras públicas, el turismo y de unas industrias intensivas en energía como la cerámica o el automóvil. Sin unos giros importantes hacia una economía valenciana mucho menos dependiente de los vaivenes globales y de los combustibles fósiles la vulnerabilidad social y ecológica de nuestra sociedad seguirá siendo extrema. La dureza de la caída en el contexto de un descenso energético y el encogimiento del comercio global puede ser brutal.

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31 octobre 2021 7 31 /10 /octobre /2021 15:36
Esto no es un plan valenciano de “emergencia climática”

“El Plan Valenciano del Cambio Climático y Energía 2020-30" no toma la emergencia climática en serio. No propone acciones ambiciosas concretas urgentes y fracasará en reducir sustancialmente los peligros y daños existentes en nuestra economía y en nuestro consumo. No mejorará la resiliencia ni la adaptación de los ecosistemas valencianos ante los embates climáticos. Es un plan conformista y continuista con planes ineficaces anteriores que no ayudará a la sociedad valenciana para enfrentarse con más garantías y seguridad frente a la grave crisis climática. Apuesta casi todo mediante medidas tecnológicas de eficiencia y “modernización” mientras hay una carencia de políticas fuertes de restricción, moderación y límites por medio de leyes, impuestos y planes territoriales.

La ley ignora la necesidad de reducir drásticamente el consumo de recursos mientras confía toda a la mejora tecnológica y la eficiencia ignorando que en las últimas décadas los sustanciales cambios técnicos no han reducido el impacto de nuestro creciente consumo sino todo el contrario.  No hay metas ni políticas concretas para reducir el transporte por carretera de coches y camiones ni reducir la producción y consumo de cemento ni el uso de plaguicidas ni la producción/consumo de carne, entre otras actividades intensivas en el extractivismo de materiales primarios y en impactos climáticos. Se resigna y no propone nada ante la explosión de la actividad turística que es una gran derrochadora de recursos de todo tipo y una gran productora de residuos. También acepta sin rechistar la ampliación de infraestructuras que empeoran la crisis climática como son los puertos, las carreteras y los aeropuertos. Ante la sobreexplotación de los menguantes caudales de los rios y el cheque en blanco dado para la muy destructiva extracción minera de áridos de los montes públicos la Generalitat no tiene nada que decir. Más allá de las competencias autonómicas la estrategia climática no plantea medida alguna ante la creciente contaminación y emisiones de la aviación, de cruceros y de buques de contenedores. No evalua los graves impactos climáticos de los tratados de comercio. Tampoco considera el consumo energético y el impacto ecológico cada vez más grande de los aparatos digitales y la actividad de las plataformas digitales. No establece criterios para limitar los regadíos y conservar los escasos recursos y ecosistemas hídricos. No plantea la imprescindible ampliación de los espacios naturales con más protección legal ni ninguna otra medida concreta para proteger una biodiversidad en peligro.

No es creíble esta ley. Es una ley retórica, no real. Es una ley para cumplir el expediente europeo y estatal de hacer una ley en lugar de realmente mitigar y adaptarse frente al cambio climático y el colapso ecológico.  Las relativamente ambiciosas cifras de reducción de C02 no corresponden en absoluto con las muy modestas medidas concretas propuestas para alcanzarlos. Tampoco posee suficientes objetivos concretos medibles con planes de etapas en el tiempo en los distintos campos para dar credibilidad al plan. No hay ningún hecho que hace pensar  que al final de esta legislatura en el 2023, después de 8 años de gobernanza climática y ecológica del Botanic, se habrá avanzado en reducir el impacto negativo climático y ecológico de la economia y sociedad valencianas. Solo habrá una serie de iniciativas desconexas, anecdóticas y marginales frente a las tendencias dominantes contrarias en la realidad biofísica valenciana.  Por ejemplo, los planes urbanísticos, de infraestructuras, de turismo y agricultura en desarrollo o planificados auguran una continuación de la destrucción valenciana del clima y de ecosistemas, tanto local como globalmente. El Plan prácticamente no dice nada de estas tendencias territoriales nefastas “en la tubería” y como remediarlas.

El texto del plan certifica que los resultados la anterior “Estrategia Valenciana ante el Cambio Climático 2013-2020” no han sido satisfactorios pero no se da explicación alguna de porque ha fracasado el anterior plan que ha sido gestionado por responsables políticos de los mismos partidos desde el 2015 hasta el verano de 2020. ¿Como se asegura que los resultados ahora serán mejores?  No hay razón para creer que este plan no siga el mismo camino del fracaso del anterior al no contener objetivos concretos medibles legalmente vinculantes en todos los distintos sectores.

Los objetivos climáticos de la ley se cancelan ampliamente si se hace un mínimo cálculo honesto del peso en emisiones(en materiales, obras, nuevas actividades y movilidades) de las futuras obras urbanísticas, varías y de infraestructuras de los próximos 5 a 10 años según la planificación territorial vigente.  La justificación de esta ley no considera en sus proyecciones los proyectos y planes existentes sobre el territorio valenciano que harán imposibles una sustancial reducción real de las emisiones de CO2 y un freno al deterioro ecológico valenciano. En los próximos años se proyectan docenas de miles de viviendas nuevas innecesarias sin demanda social,  Están en vías de desarrollo o  proyectadas una gran ampliación de autovías como el A-7, la V21, la V-31, el bypass,  la variante de La Sabor y varios más que incentivarán  el uso del vehículo particular. El impacto de la ampliación del Puerto de València, centenares de nuevos hoteles, nuevos centros comerciales como el al lado de La Fe,  la ocupación de suelo de la huerta en la ZAL y en Alboraia y las faraónicas obras contaminantes ferroviarias (túnel pasante) y urbanísticas del Parc Central no pueden ser compensados por ninguna medida de mitigación incluida en esta Ley. Solo un freno en seco de estos proyectos anti-clima irresponsables podrían desmontar un previsible espiral de destrucción ecológica y emisiones locales y globales.

Es un plan que confía casi todo al aumento de la eficiencia en lugar de establecer topes legales de consumo de recursos  cuando es evidente que el aumento de la eficiencia suele ir acompañado con el aumento del consumo de recursos de todo tipo. Por ejemplo, desde los años 90 el regadío valenciano se ha modernizado mucho pero el consumo de agua ha aumentado casi el 50% y la superficie agrícola alrededor del 20%. De forma similar la eficiencia energética buscada con la digitalización de los sectores productivos ha coincidido en los últimos 25 años con un aumento de las emisiones directas e indirectas en sectores como el transporte, las plataformas digitales, calefacción/aireacondicionado y los producto manufacturados. Más eficiencia técnica sin medidas claras de límite y suficiencia nunca conseguirán la sostenibilidad. Las propuestas de la ley ignoran totalmente “la paradoja de Jevons” que constata que más eficiencia por si sola suele significar más uso,  más consumo de recursos y más generación de residuos.

El plan no es solidaria globalmente. Ignora en sus indicadores concretos y medibles la huella valenciana sobre las minas, bosques, ríos y mares en cualquier punto del mundo.  ya que nuestro consumo de recursos y huella ecológica ultrapasan ampliamente la capacidad de carga del planeta. Sin embargo, la regulación concreta de los volúmenes de nuestro consumo de materiales, alimentos, productos energia procedentes de cualquier parte del planeta no se incluye en los indicadores y objetivos del plan. . La contabilidad de emisiones del borrador de Ley valenciana es garafalmente falsa.  Un estudio reciente de la ONU (https://rmr.fm/informes-especiales/informe-cientifico-de-panel-de-onu-alerta-sobre-devastacion-ambiental-historica/) ha confirmado que la mayoría de las actividades extractivas mineras, agrícolas y forestales se llevan a cabo en el Sur Global y representan el 50% de las emisiones globales de CO2, que a su vez son causantes de más del 80% de la pérdida de biodiversidad del planeta. El Plan Valenciano ignora totalmente en sus objetivos concretos estas emisiones y esta destrucción ambiental.  Precisamente utiliza en sus indicadores las estadísticas climáticas maquilladas y edulcoradas que esconden la realidad de los impactos acumulados procedentes de esta economía extractiva global. https://www.mdpi.com/2079-9276/4/1/25  Es un hecho profundamente insolidario no mirar más allá de nuestro patio trasero e ignorar “las emisiones a la sombra”. Quedamos con la perversa situación de que con los indicadores concretos(y no teóricos) de este plan, cuanto más se deslocaliza fuera de España la producción y los suministros de materiales, menos emisiones “valencianas” de CO2 se contabilizan. En el mismo sentido, la ley ignora las grandes emisiones de la aviación,  transporte maritimo internacionales y el ciclo de vida de productos de consumo importados. No incluye los recursos involucrados en la extracción, producción y transporte de los bienes importados. Debido a que países ricos como España han deslocalizado gran parte de su producción a los países más pobres, sobretodo Asia,  en los últimos 40 años, ese lado a la sombra del uso masivo de recursos y productos ha sido convenientemente retirado de sus libros de contabilidad de emisiones

Los economistas ecológicos han sido conscientes de este problema durante mucho tiempo. Para corregirlo, utilizan una métrica más holística llamada "consumo de materia prima", que representa completamente el comercio. Cuando miramos estos datos, que están fácilmente disponibles en las Naciones Unidas, la contabilidad cambia por completo. Vemos que el uso total de recursos en  la Comunitat Valenciana no se disminuye en absoluto; de hecho, ha estado aumentando más o menos exactamente en línea con el PIB. Lo mismo se aplica a todas las demás economías industriales.

 


 El engañoso y elástico camino de la “neutralidad climática” que deja la puerta abierta a seguir contaminando si se “repara” con algunas obras “buenas” como la plantación de árboles o la inversión en placas solars. Esta falsa “neutralidad”  se basa en una contabilidad muy creativa sin base científica para poder declarar “la neutralidad” cuando el complejo papel de los sumideros de C02 y “medidas compensatorias” es muy incierto y contestado. La ley permite de forma engañosa que las empresas “compensen” sus emisiones con medidas sin concretar cuando la experiencia de políticas climáticas de los últimos 30 años de políticas muestran que la contaminación “propia” no se compensa con “sumideros ajenos”.   Hecha la ley, hecha la trampa.  

El plan refleja una visión reduccionista energética centrada el fomento de las renovables y la movilidad eléctrica que no asegura una menor dependencia de los combustibles fósiles que incluye el gas natural ni mucho menos una “transición ecológica”. Juega todo a una carta: un aumento de la electrificación de la economía que actualmente se encuentra desde hace años estable alrededor del 20%.  Más producción de electricidad renovable puede simplemente ser una suma al mix actual y no sustituir, como hemos visto en los últimos 20 años, no reduce la dependencia del petróleo, gas y carbón que sigue siendo alrededor de 80% del mix energético, si no se acompaña el fomento de las renovables con una radical reducción de la demanda de estos combustibles fósiles, emisiones acumuladas en todos los materiales y productos que importamos de cualquier punto del mundo.   El plan también confunde el sector eléctrico con el sector energético. No contabiliza la enorme inversión en materiales, infraestructuras y emisiones necesaria para aumentar la electrificación del mix energético ni es realista sobre el papel de la energía solar y eólica que hoy representa menos del 5% de la energía que consumimos directa o indirectamente mediante la economía material. La filosofía engañosamente tecno-optimista de la ley pregona la idea de que con el fomento de las renovables vamos camino hacia un país “descarbonizado”. Nada más lejos de la verdad. Actualmente el  petróleo sigue significando globalmente(lo más importante en una economía globalizada) el 33% de la energía primaria, el gas el 24% y el carbón el 27%, frente a solo un 5% de las renovables, un 6% de la hidroeléctrica y un 4% de la nuclear, lo que muestra lo lejos que se está de un sector energético descarbonizado. En lugar de contar la dura realidad de una “transición energética” la ley da la simplista idea de “desenchufar lo fósil” y “enchufar lo renovable” sin considerar los imprescindibles cambios radicales en nuestra pautas de consumo, agricultura, alimentación, transporte y urbanismo. Aún peor: la ley valenciana fomenta más consumo  del combustible fósil del gas como “menos contaminante” cuando hay abundante literatura científica que afirma que el impacto climático del gas es muy grande y creciente. https://m.publico.es/redirect/blogs/ecologismo-de-emergencia/2018/11/02/gas-renovable//amp  Nadie dice que un cambio energético es fácil pero la ley dulcifica una realidad muy tozuda lo que es la mejor manera de no cambiar nada.


El borrador de ley tiene como “propuesta estrella” la promoción de coches eléctricos.

En el mismo sentido, conseguir que haya más coches eléctricos, hasta el 15% del parque móvil en el 2030, no es un logro muy positivo cuando para aquel fecha el número total de coches habrá crecido al menos 15% de los cuales 85% seguirán siendo de combustión. Tampoco toma en cuenta que el vehículo eléctrico solo reduce las emisiones en entre el 17 y el 30% al considerar las emisiones acumuladas en sus materiales y producción. Además un informe británico muy reciente (https://www.bbc.co.uk/news/amp/science-environment-53353258?__twitter_impression=true) afirma que 80% de la reducción en emisiones de los coches eléctricos será cancelada por la construcción de nuevas infraestructuras varias(muy presente con ampliaciones de autovías en la Comunidad Valenciana), aparcamientos y las sustunciales emisiones de frenos y neumáticos(cuyos residuos acaban en el mar).  La introducción paulatina de coches eléctricos no reducirá marcadamente las emisiones ni la contaminación urbana, si el volumen total de viajes y vehículos circulando no disminuye radicalmente. El plan de electrificación del transporte no es creíble según los propios cálculos del plan en el Anexo 2 . Así no se entiende como la promoción del coche eléctrico es una de las iniciativas estrellas del plan al ser un producto de consumo muy caro que exige la construcción de infraestructuras de recarga, grandes ayudas públicas e ingentes cantidad de espacio público robado al peatón, el ciclista y el usuario del transporte público. Tampoco aborda seriamente el crecimiento del transporte de mercancías en camiones y buques muy contaminantes ni las emisiones de la aviación, todo para el cual no hay un recambio tecnológico posible al menos a corto a medio plazo(precisamente cuando hay que actuar más climáticamente). No establece objetivos  concretos y vinculantes para trasladar el transporte de mercancías de la carretera al ferrocarril.  Ignora totalmente los datos recientes de que “la renovación del parque automovilístico” que muestran que los coches nuevos no reducen las emisiones totales al haber coches cada vez más pesados y más potentes incluso si son híbridos o más limpios. La misma definición de “coche eléctrico” no está clara en la propuesta ley:  un vehículo debe tener uno de sus motores que se puede enchufar a la red eléctrica. Quiere decir que la mayoría de su fuente de energía puede seguir siendo la gasolina o gasoil mediante coches híbridos.  En suma, es totalmente falso y engañoso referirse en el plan a los coches con motores eléctricos como vehículos “zero emisiones” o “libre de emisiones”.

No impone ningún objetivo concreto a la agricultura y la ganadería, de espalda a los objetivos europeos “de la granja a la mesa”, de reducción del uso de agrotoxicos, mientras este sector queda exento de obligaciones del uso de renovables, de la reducción radical del uso de tóxicos(como pide la Comisión Europea), nitratos y agua y mucho menos producción de carne cuando el sector agrícola y ganadero tiene un enorme impacto sobre el suelo, el agua y el aire de la Comunidad Valenciana y gobalmente sobre la biodiversidad.  Es un contrasentido la falta de objetivos concretos y medibles para un sector con unos impactos fundamentales para la resiliencia, adaptabilidad y mitigación frente a la emergencia climática y el sector clave para frenar la pérdida de biodiversidad. El silencio del plan es atronador.  Mientras la producción de carne representa el 14.5% de las emisiones de CO2 a nivel global, en todo su ciclo, este plan no incluye ningún objetivo concreto ni estrategia para reducir el volumen total de la ganadería valenciana ni las importaciones ni la reducción del consumo de carne por la ciudadanía valenciana. Incluso habla de aumentar la ganadería extensiva y el cultivo de regadío de piensos animales. Habla de evitar las macrogranjas pero de forma engañosa al no establecer límites del número de cabezas de ganado por comarcas o municipios. Ignora el hecho de que las macrogranjas operan por subcontrataciones a pequeñas explotaciones en la Serranía, por ejemplo, que sufre por la contaminación por nitratos de los acuíferos. De hecho, el plan no propone medidas concretas preventivas para los centenares de municipios valencianos que sufren desde hace muchos años la contaminación de los acuíferos por nitratos a causa de la ganadería/agricultura. Es una situación que no mejora.  La ley es insensible al hecho de que centenares de miles de valencianos no pueden beber el agua del grifo con seguridad.


La ley valenciana ignora totalmente las emisiones, grandes impactos ambientales del enorme extractivismo global y residuos peligrosos del sector digital que crece vertiginosamente (ya representa entre el 3% y el 10% de las emisiones de CO2 según la contabilidad utilizada y cuyos residuos muy difícilmente reutilizase solo se reciclan alrededor del 15%(aquí como en otros sectores la economía circular no funciona) por la complejidad de sus componentes. En los últimos cinco años ha habido un incremento del 21% en los residuos electrónicos y en el 2030 se espera que se duplican.  El consumo energético de sector digital crece exponencialmente sin que haya medida concreta alguna en el plan valenciano al respeto. Los componentes de los aparatos electrónicos se extraen y se fabrican con las energías más sucias y contaminantes con una enorme repercusión sobre la biodiversidad, el clima y la salud de las personas del Sur Global. El Plan Valenciano también ignora  totalmente que la generación digital del 5G puede significar hasta cinco veces más consumo energético del sector digital.  Mientras tanto el avance incesante de la “digitalización” se proyecta como una máxima prioridad política de la Generalitat. Cualquier consideración de las disparadas cifras de emisiones, consumo eléctrico, minería y residuos imposibles de reciclar/reutilizar evidencia que el “Screen New Deal”(Nuevo Trato Digital) no es nada compatible con un verdadero “Green New Deal” que aminora los peligros ecológicos. Lejos de “desmaterializar” la economía, la digitalización creciente mediante las distintas plataformas digitales, de Amazón-Uber-Deliveroo-Glovo-Lyft, aumentan las emisiones, los residuos y el extraccionismo. La ley valenciana ignora este hecho ambiental muy visible en lugar de establecer límites a la explosión digital.

La propuesta ley habla de la economía circular de forma genérica sin objetivos claros de reducción de la generación de residuos. Ignora el hecho de que según numerosos estudios científicos la gran mayoría de nuestros residuos no puede ser reciclada ni reutilizada de forma eficiente con un ahorro energético y material. La única forma de haber menos generación de residuos imposibles de reciclar y reutilizar es de reducir drásticamente la generación de residuos, es decir producir menos.  Por lo tanto, una verdadera economía circular exigiría que usemos mucho menos combustibles fósiles (que no es lo mismo que usar más energía renovable), y que acumulemos menos materias primas en los productos básicos y embalajes.  Lo más importante es que necesitamos hacer menos cosas: menos automóviles, menos microchips, menos edificios. Esto daría como resultado una doble ganancia: necesitaríamos menos extracción de recursos, mientras que el suministro de materiales descartados disponibles para su reutilización y reciclaje seguiría creciendo durante muchos años. No hay objetivos de reducción del consumo de recursos en la propuesta ley. El concepto de economía circular en esta ley se alinea la sostenibilidad con el crecimiento económico; en otras palabras, más automóviles, aunque sean eléctricos, más microchips, más edificios. Así piensa la ley que la economía circular fomentará "el crecimiento económico sostenible".  Incluso  el mayor reciclaje total de una fracción de los recursos, exige una condición adicional  de simplificación de los procesos industriales: que todo está hecho una vez más con madera y metales simples, sin utilizar materiales sintéticos, semiproductos. conductores, baterías de iones de litio o material compuesto.  En su actual forma “la economía circular” solo se aplica a una pequeña fracción de la economía material valenciana.  Solo podemos conseguir una sociedad de reparación, reutilización y reducción de materiales mediante unas leyes y fiscalidades contundentes no mencionadas en esta ley. Este plan valenciano, a pesar de muchas expresiones retóricas,  sigue orientado a medidas “final de la tubería” de reciclaje que nunca nos acercará a una verdadera economía circular con menos huella ecológica.

 

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30 octobre 2021 6 30 /10 /octobre /2021 12:01

 

 

La ceguera de nuestra clase política resulta muy chocante. La explicación dominante de la actual crisis energética, que se expresa en los “atascos” en la cadena de suministros de materiales y componentes de las actividades productivas, ignora sistemáticamente las causas últimas más fundamentales: la despensa comienza a estar vacía. Esta verdad tan incomoda, que ya comienza a ser un secreto a voces para los expertos en energía y para las mismas empresas, nos anuncia las malas noticias de que la fiesta de la abundancia, el despilfarro y el usar y tirar de nuestras economías insaciables, está chocando contra límites biofisicos infranqueables en un planeta finito como es el nuestro. La Tierra carece de las fuentes materiales energéticas suficientes para poder satisfacer la creciente demanda de materiales y energías abundantes, fáciles de extraer y económicamente asequibles.

Escuchamos una melodía enrevesada de justificaciones extraterrestres que entonan una fábula oficial que siembra la confusión alrededor de algunos datos parciales  sobre lo que está sucediendo. Este negacionismo terraplanista quiere disimular los atolladeros estructurales irrebasables que se desencadenan cuando la demanda rebasa los límites críticos planetarios existentes de recursos tan vitales para nuestras sociedades industrializadas como son las fuentes energéticas fósiles (carbón, petróleo y gas). Las consecuencias de esta translimitación global son la escasez energética crónica y el agotamiento anunciado de dichos recursos, algo que será muy catastrófico para las economías fosilísticas guiada por las prioridades incuestionables del crecimiento económico y material. Sin embargo, las leyes del universo terrestre que habitamos nos recuerdan que nada material puede crecer indefinidamente en un planeta finito en materiales.

La actitud cínica terraplanista (del sí, pero no) une a la clase política de cualquier color ideológico. Los gestores públicos responsables desesperan buscando justificaciones tranquilizadoras debajo de las piedras para encontrar razones de la carestía y la lenta recuperación económica. Este negacionismo terraplanista de los hechos y la verdad de los límites ecológicos planetarios busca estirar los plazos del negocio de la moribunda economía tóxica fosilística. Gobernantes, empresarios y sindicatos, al unísono parecen estar dispuestos a todo lo que haga falta, menos a internalizar la necesidad imperiosa de organizar el presente y el porvenir abandonando las fantasías endiosadas del crecimiento material inacabable de la producción y el consumo, quemando oportunidades y recursos en el presente para dirigirnos más deprisa al cataclismo ecológico y social. Este negacionismo terraplanista enarbola un particular tipo de populismo que evita el afrontar la verdad y se empeña en continuar con la cruzada climática y ecológica, en vez de apostar por un bienestar humilde, capaz de hacer las paces con el planeta mediante una austeridad material justa y equitativa.

 

Sin embargo, son urgentes los cambios sustanciales en nuestra forma de vida sobre-consumidora para reducir las dimensiones grandiosas de nuestro corrosivo modelo energético para apostar por una economía material de “suficiencia privada y pública”, que paliara las peores consecuencias sociales del descenso energético que ya está en marcha. Cuanto más tarden las elites políticas y económicas en aceptar esta nueva realidad de sobrepasamiento de los límites planetarios, más dura y caótica será la caída. Un primer paso imprescindible para transitar este camino obligado, de la manera menos traumática posible, es afrontar la verdad.

El que haya una subida en la demanda del consumo energético después del parón de la pandemia del Covid19, el que se hayan roto algunos de los eslabones productivas por "fallos" técnicos en la cadena de suministros de materiales escasos y no renovables, el que la “transición energética” haya mermado las inversiones en los combustibles fósiles, que los rusos y los argelinos estén chantajeando, el que las grandes empresas eléctricas estén haciendo el agosto con precios disparados en el consumo de electricidad, etc., en realidad no son explicaciones sobre lo que está ocurriendo. Más bien de anuncios de Cassandra sobre el choque con un iceberg que ya está a la vista.

Es un tabú el decir la verdad de nuestra desmesura material y admitir que estamos condenados a un duro síndrome de abstinencia causado por un decreciente acceso a los combustibles fósiles abundantes, buenos, bonitos y baratos, algo que pone en entredicho los grandes planes de expansión, desarrollo y “innovación” de nuestros mandatarios terraplanistas. Este obligado descenso energético que lleva años en ciernes, no obedece a una elección voluntaria sino que responde al imperativo de los límites físicos planetarios. Ya hace muchos años que crece sin parar la cantidad de energía y dinero que hay que invertir para poder extraer la misma cantidad de gas y petróleo, y de otros muchos minerales imprescindibles para nuestras economías insaciables. El balance energético de difícil y caro extractivismo de minerales resulta cada vez más desfavorable para mantener nuestro desbocado tren de vida sin límites al consumo. La mano mágica del libre mercado no solucionará este tipo de escasez crónica causada por estos límites absolutos. De hecho, precisamente han sido los mecanismos del mercado especulativo, los que hace bastantes años dejaron de invertir en la exploración y la extracción de gas y petróleo porque se arruinaban.

La escasez actual de energía es el resultado de muchos años de ceguera ante la clara inviabilidad económica de fuentes energéticas escasas, agotables y tóxicas, que nada tiene que ver con “la lucha contra el cambio climático”, y mucho menos tiene que ver con la muy tímida subida de las energías renovables. No solo es que se agotan las reservas accesibles de gas, petróleo y otros materiales, también el coste energético/económico de la extracción y del procesamiento de estas reservas restantes comienza superar el contenido energético o valor las mismas. Otra mala noticia que los negacionistas terraplanistas callan es que el incremento de la producción de energía renovable, aunque sea necesario y positivo si no está monopolizados y si se distribuye socialmente, no puede sustituir a gran parte de las actualaes actividades industriales, y al transporte movido por las energías fósiles.


Nuestra clase política, que ha interiorizado en su ADN las demandas terraplanistas de más y más consumo y crecimiento, sigue entonando la melodía dormitiva  de que la escasez y la carestía son una situación pasajera, y que todo se arreglará en pocos meses. Por todos los lados se escucha la misma melodía: no pasa nada, todo volverá a la normalidad.

 

 

 

 

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3 avril 2021 6 03 /04 /avril /2021 18:35
La estrategia europea de adaptación al cambio climático o la estrategia del avestruz

 

 
Al mismo tiempo que intentamos hacer todo lo que podemos para mitigar y evitar los peores impactos del colapso climático en curso, también debemos estar más preparados para enfrentarnos a unas duras consecuencias climáticas que ya son inevitables e irreversibles.  En este sentido hace unas semanas se presentó la nueva “Estrategia de Adaptación al Cambio Climático de la Unión Europea.” https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/qanda_21_664

 

Hay que dar la bienvenida a la nueva Estrategia de Adaptación de la UE por contener un  enfoque orientado a soluciones basadas en la naturaleza al resaltar la importancia de la conservación de la biodiversidad y la restauración de la naturaleza.   En teoría la estrategia se asemeja al pensamiento del gran biólogo Edward.O. Wilson en su libro Medio Planeta: la lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinción. que apuesta por el aumento de la protección de la biosfera y su biodiversidad como la mejor forma de protegernos y tener resiliencia frente  los embates climáticos  También parece positivo el hecho de que la adaptación es reconocida como una prioridad en los planes de recuperación económica de Covid-19. Sin embargo, lo que es realmente decepcionante e irresponsable es que la nueva Estrategia de Adaptación no establezca objetivos legales concretos y medibles con plazos determinados para que la UE y sus Estados miembros se vuelavan más resistentes al desorden climático.

 

El texto de la Estrategia está lleno de palabras vagas y vacías como “estimular”, “fomentar” e “incentivar” mientras no establece instrumentos, objetivos y fechas topes que son  legalmente vinculantes. Desgraciamente, la estrategia puede correr la misma suerte que la mayoría de los grandes planes ambientales fracasados de la UE que tienen un nivel bajo de cumplimiento como atestigua un informe reciente de la Agencia Ambiental Europea que lamenta el pobre estado los ríos, la continua pérdida de hábitats y especies y un modelo agrícola subvencionado muy contaminante y biocida. https://www.eea.europa.eu/publications/state-of-nature-in-the-eu-2020/.  Como botón de muestra la recientemente aprobada Política Agraria Común ha eliminado de su texto legal las obligaciones de reducir radicalmente el uso de agrotoxicos (presentes en la estrategia “de la granja a la mesa”) y de respetar la biodiversidad como condiciones para recibir las ayudas públicas de miles de millones de euros. Sin medidas obligatorias no puede haber ni un Nuevo Trato Verde (Green New Deal)  ni una Estratega de Adaptación mínimamente creíbles y eficaces.

 

Tampoco hay objetivos concretos asociados con las promesas lograr fuertes sinergías con la importante Estrategia de Biodiversidad de la UE para el 2030 cuando más del 80% de los habitats europeos se encuentran deteriorados o muy deteriorados según la Agencia Ambiental Europea que también ha documentado el fracaso del anterior plan de biodiversidad de 2013-2020.  Por ejemplo, solamente se conseguirá una gestión del agua más resistente al clima mediante la reducción de consumos de agua y una aplicación estricta de la Directiva Marco del Agua (DMA) para la regeneración de los ríos y las zonas húmedas lo que actualmente brilla por su ausencia en países como España ante la pasividad de la Comisión Europea que debe velar por su cumplimiento.


 También  la Estrategia de Biodiversidad 2030 plantea la liberación de las barreras de hormigón y la recuperación del caudal natural en 25.000 kilómetros de ríos europeos lo que sería un avance fundamental para la estrategia de adaptación.

 

 Mientras la UE reconoce la adaptación climática como una prioridad para la recuperación económica verde posterior al Covid-19 el contenido concreto de la financiación no es muy prometedor. Hay una mención específica de la adaptación para el 37% de la financiación de los Planes de Recuperación y Resiliencia  pero muchos de los proyectos considerados para la financiación (que incluyen iniciativas energéticas de macro-proyectos de las grandes eléctricas) no serán positivos para una adaptación climática basada en la naturaleza y una protección de la biodiversidad.

Mientras la retórica política y empresarial de “mitigación”, “adaptación” y “sostenibilidad” se oyen por todas partes la tozuda realidad es de un negacionismo práctico y una irresponsabilidad institucionalizada que no corresponden en absoluto con la creciente preocupación ciudadana por el devenir de nuestro planeta vivo. Si no se remedia en su tramitación legislativa “La Estrategia Europea para la Adaptación al Cambio Climático” será otro brindis al sol “verde” basado en medidas voluntarias, “buenas prácticas” y planes vagos que no toman en serio una emergencia climática que reclama unas medidas excepcionales y urgentes que no se ven por ninguna parte.

 

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