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Los Verdes

7 décembre 2017 4 07 /12 /décembre /2017 11:09
El Parc Central contra la salud ambiental de València

 

David Hammerstein y Mara Cabrejas  LEVANTE 07.12.2017

 
 

¿Cómo un parque puede dañar el medio ambiente y el clima de la ciudad de València?

Aunque parezca paradójico, el actual proyecto del Parc Central deteriorará mucho la habitabilidad y salud de la ciudad de València. Es mucho más que un jardín en el corazón de la ciudad, incluye  también una operación inmobiliaria de crecimiento urbanístico con altas dosis de cemento, asfalto, coches, humos y polvo tóxico, rascacielos, centros comerciales, hoteles, equipamientos, aparcamientos, miles de nuevas viviendas y un grandioso túnel taladrando las entrañas de la ciudad. Su megalomanía desarrollista y neoliberal significará obras interminables con impacto ambiental de incalculables efectos dañinos.

 

Incalculables consecuencias

El aumento residencial implicará hasta 20.000 mil viviendas nuevas en el terreno del Parc Central. Muchas de ellas serán residencias de lujo y liberadas para la reventa especulativa inmediata. Cinco torres, una larga calle que funcionará como un bulevar y grandes bloques de hormigón afearán irreparablemente el paisaje urbano, a pesar de no existir demanda residencial que lo justifique, salvo el rápido y especulativo negocio de casino para grandes holdings internacionales. 

 

Más tráfico y más contaminación

 

Miles de nuevos aparcamientos residenciales, comerciales y rotatorios, atraerán a docenas de miles de coches particulares por el nuevo bulevar de García Lorca.

Todo ello significará un crónico empeoramiento de las emisiones contaminantes al aire, con un aumento de partículas corrosivas muy dañinas para salud PM2.5, PM10 y NO2, precisamente en una zona central de la ciudad que ya suele superar los máximos legales permitidos de contaminación.

El larguísimo periodo de obras implicará inevitablemente el paso de maquinaria pesada y de miles de viajes de enormes camiones, la gran mayoría movidos por los muy tóxicos motores diesel. Las consecuencias sinérgicas serán, por un lado, el aumento de la contaminación acústica y, por otro, la insalubridad del aire que respiramos. A esta espiral cancerosa se sumarán otras facilidades para el tráfico de vehículos, como es la ampliación de los viales de acceso a València, la autovía V21 y la V30, los nuevos y masivos aparcamientos rotatorios en el centro histórico y el acceso norte al Puerto de València.

Las temperaturas sofocantes y las «islas de calor» se cronificarán aún más con el aumento del suelo impermeable y las edificaciones. Alrededor de la mitad del suelo del Parc Central será urbanizado con edificios, viales, plazas, servicios e infraestructuras. Estudios recientes atestiguan que en determinadas zonas de Valencia la temperatura puede variar hasta 6 grados debido a este tórrido fenómeno. 

 

 

 

El grandioso «túnel pasante»,  más propio de los dioses del Olimpo, destruirá una gran área de Huerta periurbana

 

Debajo de las entrañas de la ciudad, esta titánica obra ferroviaria subterránea que quiere dar paso a los trenes de alta velocidad por el norte de la ciudad, atentará contra docenas de miles de metros cuadrados de la última huerta histórica, fértil y productiva que aún sobrevive. Esto se sumará a otras destrucciones de huerta que ya están en marcha, como en La Punta y en el acceso de la V21. El trazado del túnel pasará por debajo de centenares de edificios catalogados como patrimonio histórico en la zona de L'Eixample. Su complejidad técnica constructiva añadirá costes, incertidumbres, inseguridad, ruidos, partículas en el aire y desagradables molestias para más de una década. En suma, sabiendo que existen alternativas técnicas eficaces, menos despilfarradoras y mucho más sostenibles social y ecológicamente, la irracionalidad del túnel es tan grande como lo son su escala y costes económicos.

 

Espiral de deterioro ambiental

 

La creación de un nuevo barrio con más de 30.000 habitantes, comercios y alojamientos turísticos, también extraerá más volúmenes totales de todo tipo de recursos materiales cada vez más escasos y degradados, como por ejemplo son el agua, la electricidad, el gas natural y el petróleo. Se disparará la demanda de materiales de construcción y de cemento ejerciendo una mayor presión destructiva sobre comarcas ya muy castigadas por decenas de industrias extractivas mineras, como ocurre en la Serranía y en otras comarcas del interior. También crecerá la generación de residuos de todo tipo y aumentarán las aguas residuales y los detritos urbanos.

A su vez, este endemoniado "efecto dominó" de las obras, tendrá impactos ambientales desestabilizadores sobre la ya declinante biodiversidad y el conjunto del territorio valenciano, en lugares próximos y lejanos.

 

Un proyecto insostenible

 

El proyecto de Parc Central hará inevitable el fracaso valenciano en la lucha contra el cambio climático, hasta hoy se ha disimulado bajo la alfombra retórica de la «sostenibilidad» que tanto utiliza la clase política que gobierna en la actualidad.

Es imposible compatibilizar el proyecto de Parc Central con las aspiraciones ciudadanas de salud y bienestar, que exigen una radical reducción de las emisiones contaminantes de CO2 .

Ninguna instalación de placas solares, ninguna plantación de árboles, ninguna promoción de edificios eficientes y «sostenibles», podrá contrarrestar ni mitigar sustancialmente este añadido crecimiento exponencial del volumen total de emisiones venenosas al aire de la ciudad de València. Si a contra natura desaparece la arboleda histórica de la calle Bailén para levantar en su lugar un gran bloque de viviendas, será todo un aviso para navegantes del Titanic ambiental al que colectivamente nos dirigimos.   

 

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19 novembre 2017 7 19 /11 /novembre /2017 18:59
 El Nuevo Clima

Bruno Latour
https://harpers.org/archive/2017/05/the-new-climate/

Desde las elecciones estadounidenses de noviembre de 2016, las cosas se han aclarado. Europa está siendo desmembrada: cuenta menos que una avellana en un cascanueces. Y esta vez, ya no puede depender de los Estados Unidos para arreglar nada.

 

Tal vez sea el momento de reconstruir una Europa unida. No seria la misma que se inventó después de la guerra, una Europa basada en el hierro, el carbón y el acero, o la más recientemente construida sobre la ilusoria esperanza de escapar de la historia a través de la estandarización y la moneda única. No, si Europa debe reinventarse, es a causa de las graves amenazas a que se enfrenta: el declive de sus estados que inventaron la globalización, el cambio climático y la necesidad de albergar a millones de migrantes y refugiados.

 

Con mucho, el evento más significativo no es el Brexit ni la elección de Donald Trump, sino la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21) en París, donde el 12 de diciembre de 2015, los delegados finalmente llegaron a un acuerdo. Lo significativo no es lo que decidieron los delegados, ni siquiera el que este acuerdo pueda tener los efectos buscados (los que niegan el cambio climático en la Casa Blanca y el Senado harán todo lo que puedan para desbaratarlo). No, lo significativo es que todos los países que firmaron el acuerdo se dieron cuenta de que si seguían adelante con sus planes de modernización individual, este planeta simplemente no sería lo suficientemente grande.

 

Si ya no hay planeta, ni tierra, ni suelo, ni territorio para las necesidades de globalización económica ¿qué deberíamos hacer entonces? O negamos la existencia del problema ecológico global en el que nos encontramos o buscamos aterrizar y poner los pies en tierra. Esta elección es lo que ahora divide a las personas, mucho más que ser políticamente de derechas o de izquierdas.

 

Estados Unidos tenía dos opciones después de las elecciones. Podía reconocer el alcance del cambio de las circunstancias ecológicas globales y la enorme magnitud de su responsabilidad, y finalmente hacerse realista sacando al mundo del abismo, o bien podría hundirse aún más en el negacionismo. Trump parece haber decidido dejar que Estados Unidos siga soñando por unos años más y en el camino arrastrar a otros países hacia el abismo.

 

Nosotros los europeos no podemos permitirnos soñar. Aun cuando nos estamos dando cuenta de las muchas y diferentes amenazas, no estamos acogiendo en nuestro continente a millones de personas, que a causa del impacto combinado de la guerra, el fracaso de la globalización económica y el cambio climático, son arrojadas (como nosotros, contra nosotros, o con nosotros) a la desesperada búsqueda de una tierra donde ellos y sus hijos tengan alguna esperanza para vivir. Vamos a tener que vivir juntos con personas que hasta ahora no han compartido nuestras tradiciones y valores, ni nuestra forma de vida ni nuestros ideales, gente que aunque están cerca de nosotros son ajenos a nosotros: terriblemente cercanos y terriblemente extranjeros.

 

Lo que compartimos con estos pueblos migratorios es que como ellos, todos estamos privados de Tierra. Nosotros, los viejos europeos, estamos privados porque no hay un segundo planeta para las necesidades expansivas de la globalización económica y en consecuencia deberemos cambiar nuestros modos de vida. Ellos, los futuros europeos, se ven privados porque han tenido que abandonar sus viejas y devastadas tierras y tendrán que aprender a cambiar la forma en que viven.

 

Este es el nuevo universo en que hemos aterrizado. La alternativa única de pretender que nada ha cambiado es la de retirarse detrás de un muro y continuar promoviendo, con los ojos bien abiertos, el sueño del "estilo de vida estadounidense” (o europeo), sabiendo al mismo tiempo que miles de millones de seres humanos nunca podrán hacerlo.

 

La mayoría de nuestros conciudadanos niega lo que le está sucediendo a la Tierra, pero entienden perfectamente que la cuestión de los inmigrantes pondrá a prueba todos sus deseos de identidad. Por ahora, alentados por los llamados partidos populistas, tan solo han captado un aspecto de la realidad del daño ecológico: está enviando un gran número de personas no deseadas a través de sus fronteras. De ahí su respuesta: "debemos levantar fronteras firmes para que no nos inunden”. Pero hay otro aspecto de este mismo cambio, que no han percibido correctamente: durante mucho tiempo, la nueva situación del cambio climático ha estado barriendo todas las fronteras, exponiéndonos a cada tormenta. Contra tal invasión, no podemos construir muros. La migración y el clima son parte de la misma amenaza.

 

Si deseamos defender nuestras identidades, también vamos a tener que identificar a esas masas de migrantes sin estado, que son conocidos como: erosión, contaminación, agotamiento de recursos y destrucción del hábitat natural. Podemos sellar nuestras fronteras contra los refugiados humanos, pero nunca se podrá evitar que intenten salir adelante.

 

Es aquí es donde tenemos que introducir una ficción plausible. Las élites ilustradas (que sí que existen) se dieron cuenta después de la década de 1990, de que los peligros resumidos en la palabra "clima" estaban aumentando. Hasta entonces, las relaciones humanas con la Tierra habían sido bastante estables. Era posible tomar un pedazo de la Tierra, asegurar los derechos de propiedad sobre él, trabajarlos, usarlos y abusar de ellos. La Tierra en sí misma se mantuvo más o menos tranquila. Pero las elites ilustradas pronto comenzaron a acumular evidencias empíricas que sugerían que este estado de cosas no iba a durar mucho. Pero incluso una vez que las élites entendieron que las advertencias de los informes y datos del estado de los sistemas naturales eran correctas, no dedujeron de esta verdad innegable que todo ello les costaría pagarlo caro. En vez de eso, sacaron dos conclusiones, que ahora han llevado a la elección de un señor de desgobierno para la Casa Blanca: sí, esta catástrofe ecológica debe pagar a un alto precio, pero son los otros quienes pagarán, no nosotros. Nosotros continuaremos negando esta verdad innegable.

 

Si esta ficción plausible es correcta, nos permite captar la "desregulación" y el "desmantelamiento del estado de bienestar" de la década de 1980, la "negación del cambio climático" de la década de 2000 y, sobre todo, el aumento vertiginoso de la desigualdad en los últimos cuarenta años. Todas estas cosas son parte del mismo fenómeno: las élites se dieron cuenta de que no habría futuro para el mundo y de que necesitaban deshacerse de todas las cargas de la solidaridad lo más rápido posible (de ahí la desregulación). Necesitaban construir una especie de fortaleza dorada para el diminuto porcentaje de gente que lograría avanzar en la vida (lo que nos lleva a una creciente desigualdad) y, para ocultar el egoísmo craso de este vuelco del mundo común, negar completamente la existencia de la amenaza (es decir, negar el cambio climático). Sin esta ficción plausible, no podemos explicar la desigualdad, el escepticismo sobre el cambio climático o la furiosa desregulación.

 

Voy a recurrir a la metáfora raída del Titanic: las personas de las elites ilustradas ven que la proa se dirige directamente al iceberg, saben que el naufragio es inevitable, agarran los botes salvavidas y piden a la orquesta que toquen canciones de cuna para poder hacer una escapada limpia, antes de que las alertas de alarma despierten a las clases más humildes. Desde los rieles del barco, las clases bajas, que ahora están completamente despiertas, pueden ver cómo los botes salvavidas se alejan flotando en la distancia. La orquesta continúa tocando "Más cerca de ti, Dios mío", pero la música ya no es suficiente para cubrir los aullidos de ira.Y de hecho la "rabia" es la palabra para describir la incredulidad y desconcierto que despierta tal traición.

 

Cuando los analistas políticos intentan captar la situación actual, usan el término "populismo". Acusan a la "gente común" de complacerse en una visión estrecha, critican sus miedos, su ingenua desconfianza hacia las elites, su mal gusto en la cultura y sobre todo su pasión por la identidad, el folklore, el arcaísmo y las fronteras. Dicen que estas personas carecen de generosidad, de apertura de mente, de racionalidad, no tienen gusto por el riesgo. (¡Ah, ese gusto por el riesgo, predicado por aquellos que están seguros dondequiera que sus millas aéreas les permitan volar!). Esto es para olvidar que las "élites" traicionaron insensiblemente a la "gente común", que abandonaron la idea de modernizar el planeta para todos porque sabían, antes que los demás, mejor que los demás, que esta modernización era imposible. La originalidad de Trump radica en la forma en que reúne, en un solo movimiento: una loca carrera para obtener el máximo beneficio (los nuevos miembros de su equipo son multimillonarios) junto a una loca carrera de una nación hacia las divisiones étnicas y, finalmente, una negación explícita de la situación geológica y climática.

 

Igual que el fascismo logró combinar los extremos, para sorpresa de los políticos y comentaristas de la época, el Trumpismo combina los extremos y engaña al mundo con su esperpento truculento. En lugar de contrastar los dos movimientos, el de avanzar hacia la globalización y el de retrocede hacia al viejo terreno nacional, Trump actúa como si ambas tendencias pudieran fusionarse. Por supuesto, esta fusión solo es posible si se niega la existencia misma de un conflicto entre la modernización, por una parte, y las realidades ecológicas y materiales, por la otra. De ahí el destacado papel del escepticismo sobre el cambio climático, que no puede entenderse sin esta negación del conflicto con los límites de la Tierra. Y es fácil ver el por qué:  la total falta de realismo existente entre los que lideran y alientan a millones de miembros de las llamadas clases medias para volver a la ilusoria protección del pasado. Por ahora, este proceso contradictorio entre estado nación y la globalización modernizadora es una forma de permanecer completamente indiferente a la situación geopolítica en la Tierra. Por primera vez, todo un movimiento político ya no afirma que puede enfrentar seriamente a las realidades geopolíticas, contrariamente se coloca así mismo fuera de cualquier restricción externa y límite, por así decirlo. Lo que cuenta por encima de todo es que las élites saben que ya no deberán tener que compartir con las masas, un mundo que saben que ya nunca tendrán que compartir con la mayoría de la humanidad.

 

Es increíble que esta supuesta innovación provenga de un promotor inmobiliario endeudado que ha ido de bancarrota en bancarrota y que se convirtió en una celebridad gracias a los programas de reality TV (otra forma de escapismo). La completa indiferencia hacia los hechos marcaron la campaña electoral de Trump, algo que es simplemente una consecuencia de afirmar que puedes vivir sin haber aterrizado en la realidad. A aquellos que piensan que van a regresar al país que una vez conocieron les promete que reencontrarán su pasado (aunque en realidad los está arrastrando hacia un lugar imaginario sin existencia real). Entonces no puede ser muy exigente sobre las evidencias empíricas.

 

No tiene sentido enojarse porque los votantes de Trump no creen en los datos y los hechos, no son estúpidos. La situación es totalmente la contraria: es el hecho de la situación geopolítica general lo que hace que la indiferencia hacia los hechos se vuelva tan esencial. Si tuvieran que darse cuenta de la gran contradicción entre la esperanza de la vuelta a la modernización nacional y los límites de la Tierra, tendrían que comenzar a bajar y poner los pies en tierra. En este sentido, el Trumpismo define (por supuesto en negativo) el primer gobierno ecológico.

 

Y no hace falta decir que la "gente común" no debería tener demasiadas ilusiones acerca de cómo va a resultar esta aventura. No hace falta ser muy brillante para prever que todo terminará en una terrible conflagración. Este es el único paralelismo real con los otros fascismos. El desafío a cumplir está hecho a medida para Europa, ya que es Europa quien inventó la extraña historia de la globalización y luego se convirtió en una de sus víctimas. La historia pertenecerá a los primeros que vuelvan a poner sus pies en la tierra aterrizando en una Tierra que pueda ser habitable, a menos que los otros, los soñadores de la realpolitik antigua, finalmente consigan destruir la Tierra para siempre.


Por Bruno Latour, de The Great Regression, una colección de ensayos editados por Heinrich Geiselberger que Polity publicará el próximo mes.
Latour es filósofo y el autor de una reciente investigación sobre los modos de existencia.

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3 octobre 2017 2 03 /10 /octobre /2017 12:14
Una propuesta más verde para el Parque Central de València y el lío ferroviario por V.Torres, F. Gaja y J. Olmos
 

Una propuesta para el Parque Central y el lío ferroviario

La reciente decisión del Ministerio de Fomento de replantear la red abre nuevas perspectivas

03.10.2017 | 09:18

 

El entramado ferroviario de València, requisito imprescindible para construir el Parque Central en su totalidad, lleva treinta años sin resolverse. Estos días, el Ministerio de Fomento ha reconocido la necesidad de reiniciar el estudio de alternativas a la travesía ferroviaria y la propuesta de nuevas vías entre València y Castelló, al haber caducado la declaración de impacto ambiental.

Treinta años va a cumplir un proyecto promovido en 1988 por el Plan General de València, condicionado siempre por las distintas opciones ferroviarias, complicadas además por la llegada del AVE en 2010. En 2015, el Parque Central, fruto de un concurso internacional, inició las obras de una primera fase, hoy en marcha. Mientras tanto, la solución ferroviaria sigue sin resolverse para liberar el espacio completo del parque.

Estos días el Ministerio de Fomento ha reconocido la necesidad de reiniciar el estudio de alternativas a la travesía ferroviaria y de la propuesta de nuevas vías entre València y Castelló, al haber caducado la declaración de impacto ambiental. Es pues un buen momento para la reflexión y el debate de nuevas ideas, para replantear la red ferroviaria con realismo, audacia y visión metropolitana, como ya hemos propuesto en artículos anteriores, y que ahora vamos a recapitular y ampliar.

Proyectos asequibles

Damos por supuesto (sin demasiada convicción) que la era de los proyectos disparatados y megalómanos ha finalizado, aunque nos han dejado una herencia fatídica que todavía no sabemos cómo liquidar. Partimos de una situación de exceso en determinadas infraestructuras, lo que debería conducir (tampoco estamos convencidos de que así suceda) a ajustar muy bien las nuevas necesidades, rentabilizando y aprovechando el capital público ya construido, buscando soluciones más factibles técnica y financieramente, de menor impacto y de ejecución más rápida, olvidando las ya caducadas.

A favor del ferrocarril cotidiano de proximidad

Cercanías significa proximidad, y por ello nuestra flamante Estación del Norte, que cumple cien años, debería seguir acogiendo todos los servicios de cercanías, que llegarían por un canal de acceso. El proyecto de la estación del arquitecto Portela, alejada de la calle de Xàtiva, significaba penalizar a los viajeros de esos servicios (que representan casi un 90% del total de viajes de Renfe) pues les llevaba a una segunda planta del subsuelo para favorecer al AVE (que solo representa un 5% de los viajes). Son desplazamientos casi cotidianos para muchas personas, por trabajo, estudios o gestiones, lo que refuerza la necesidad de mantener su centralidad actual, con sus buenas conexiones con el resto del transporte público.

Pasando del pasante

Hasta ahora, las últimas propuestas de modificación de la red ferroviaria suponían atravesar la ciudad por el subsuelo, conectando el norte con el sur: el túnel pasante, para entendernos. Una cara y disparatada travesía de Ciutat Vella (trazado en curva por debajo de la Plaza de Toros y la Gran Vía) complicada, de larga ejecución y de impactos imprevisibles. En nuestra opinión, ese pasante se puede desechar definitivamente.

Proponemos aprovechar la parcela próxima a la actual estación de Fuente de San Luís (PAI Sector NPI-8) para una nueva estación intermodal, en el borde del núcleo urbano, que atendería todos los servicios ferroviarios de largo recorrido, AVE incluido.

Se podría construir la estación elevada sobre las vías, sin necesidad de enterramientos, que estaría conectada con la red de metro de la ciudad (prolongación de las líneas 1-2 por Ausiàs March), así como con la Estación del Norte mediante una lanzadera.

Infraestructuras que darían servicio, al mismo tiempo, al Hospital de Referencia de la Comunitat Valenciana, actualmente con grandes problemas de accesibilidad. Los espacios contiguos podrían acoger los servicios de la actual estación de autobuses interurbanos, bien conectada con la red viaria, además de aparcamientos para viajeros de fuera de la ciudad o los denominados aparcamientos de disuasión.

Hablamos de la periferia urbana, no de ubicaciones absurdas en medio de la nada, como son las estaciones de AVE de Tarragona, Villena, o Requena-Utiel. Y hablamos de una centralidad metropolitana, accesible de manera intermodal, sin recargar innecesariamente el centro urbano, y manteniendo los viajeros de Cercanías en la inmejorable situación actual.

Corredor València-Castelló

Descartamos además construir una nueva plataforma para alta velocidad entre València y Castelló, porque no tiene sentido gastar 1.200 millones para ganar unos pocos minutos de viaje, causando graves impactos sobre la mejor huerta protegida. La línea que ahora nos lleva a Barcelona se puede mejorar con poca inversión, como ya hemos explicado en otras ocasiones.

Más razonable sería aprovechar el pasillo del actual bypass carretero de la A-7 para un nuevo bypass ferroviario para las mercancías, enlazando Silla con Sagunt, y pasando por las áreas logísticas e industriales. Con ello se aliviaría el tráfico en la línea actual València-Castelló, para diversos tipos de trenes de viajeros. Una opción más realista que la ruinosa y exclusiva del «todo AVE». La ampliación de capacidad de esta línea podría hacerse de manera progresiva, sobre la plataforma actual, sin nuevas infraestructuras que fragmenten la huerta, y solucionando definitivamente algunas travesías urbanas.

Se completaría así una opción más razonable para el denominado Corredor Mediterráneo, evitando el paso de mercancías por la ciudad y por el túnel de Serrería. Una apuesta ferroviaria que por supuesto obligaría a abandonar nuevas ampliaciones de viario en los accesos a València (A-7, V-30, V-21).

El Parque Central y la ciudad

Planteado además como la oportunidad de eliminar la fractura en los barrios del sur, la operación Parc Central se basó sobre una hipótesis discriminatoria: la de su autofinanciación. Baste recordar que otras operaciones de nulo interés general (60.000 millones en el programa AVE) se han cargado íntegramente a los presupuestos generales.

La construcción de unos edificios de gran altura, en lo que está llamado a ser el pulmón central de València, rompería su perfil urbano, arrojando unas sombras inaceptables sobre un espacio verde. Además, en las actuales circunstancias financieras e inmobiliarias, la hipótesis de la autofinanciación es altamente inviable, baste recordar otras operaciones que siguen encalladas, como la construcción del Nuevo Mestalla.

El Parc Central no debe incorporar ninguna edificación lucrativa privada. Así parecen haberlo entendido las administraciones actuantes que están ejecutándolo parcialmente con cargo en su totalidad a los presupuestos públicos . También habría que revisar la trama viaria, excesiva a nuestro juicio.

Epílogo:abrir el debate

Las obras del Parc Central avanzan a una velocidad razonable. En el caso de que se deshiciera el 'nudo gordiano' ferroviario, en la línea que hemos apuntado o similar, la ejecución del parque también se vería beneficiada de manera sustancial.

En síntesis, pues, la situación exige la apertura de un amplio debate ciudadano, evitando los trágalas y los hechos consumados tan habituales en décadas pasadas. Es mucho lo que se juega la ciudad en este asunto.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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5 septembre 2017 2 05 /09 /septembre /2017 13:24

Árboles de redención

05.09.2017 | 04:15
 

Hasta hace poco, el Parque Central sólo era un asunto de técnicos, algunos muy sabios y capaces de elaborar una alternativa de conjunto al PAI del Parque Central que fue aprobado en el 2003. Fue esa época, que parece el siglo pasado, en la que andábamos ebrios de ladrillo y plusvalía (ninguna droga de dos componentes causó más estragos) lo que hace que contenga tantas alucinaciones como veinte pelis de Simbad el Marino y más pretensiones que el ajuar de una folclórica. Ahora hablan del Parque Central en los periódicos y en las asociaciones de vecinos y la pregunta no es por qué ahora, sino por qué no antes. Pues porque con el Cabanyal, el Botànic y todo eso, andábamos sobrados de tareas, no se puede salvar todo, Gotham es mucho Gotham.

Lo que sí ha ocurrido es que el detonante de la resistencia, aún sorda como la marea viva, ha sido un puñado de plátanos de la calle Bailén destinados en los planes al sacrificio prematuro. Nadie debería cortar un árbol más viejo que él mismo. Este principio no viene en ningún libro, consulten a su conciencia. La redención o a liberación se produjeron en/bajo un árbol y desde entonces, todas las religiones, incluido el ateísmo militante, están sedientas de su lado chamánico, animista: no casualmente el ecologismo político empezó en Alemania que es donde luteranismo y demás familia llegaron más lejos en los signos abstractos y descarnados.

Así pues, lean a Vicente Torres, Fernando Gaja, Joan Olmos y demás expertos y sabrán que se pueden hacer otras cosas más baratas y racionales y menos molestas, que es un vicio muy feo compararse con nadie (te volverás vanidoso o amargo) y que si el alcalde Joan Ribó está atado por compromisos anteriores firmados por la manirrota difunta Rita Barberá, cuya capacidad para los regalos principescos era conocida hasta en los foros judiciales, si le pasa eso, que lo destape, lo cuente y empiece a negociar. Lo hizo Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, donde, por cierto, la estación de Chamartín no está en el centro. ¿Con cuantos árboles nos conformaríamos? Con todos los que quepan.

 
 

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4 septembre 2017 1 04 /09 /septembre /2017 05:45
El Parc Central és nostre i el volem verd

Publicado en El Levante el 04/09/17 http://suscriptor.levante-emv.com/valencia/2017/09/04/parc-central-nostre-i-volem/1611255.htm

El Parc Central és nostre i el volem verd

 

Aunque el Plan General de Ordenación Urbana de Valencia de 1988 prevé la conversión de los suelos ferroviarios de l'Estació del Nord en espacio verde, el Parc Central, el actual Gobierno Municipal quiere dilapidar la mayoría de este valioso suelo público mediante un gran pelotazo urbanístico. De las 64 hectáreas liberadas de los terrenos de la RENFE sólo 23 serán parque. Se quiere convertir gran parte de este patrimonio común en parcelas edificables vendidas a empresas inmobiliarias, holdings e inversores financieros extranjeros, buscadores de suculentos beneficios mediante la especulación y reventa en escalada de precios tan propia de una economía casino.

El rimbombante nombre de «Parc Central» es sólo el buque insignia electoralista con el que los gobernantes valencianos quieren disimular la ignominiosa operación privatizadora y especulativa que hay detrás. El parque proyectado sólo será un raquítico jardín rodeado de calles con tráfico, grandes bloques de viviendas, comercios, hoteles y altos rascacielos. Esta perniciosa operación de enajenación del suelo público en favor de intereses privados de lucro ha contado con el consenso de todos los partidos políticos municipales y autonómicos. Las autoridades valencianas quieren llenar con cemento, asfalto y ladrillo más del doble del suelo destinado a jardín, árboles y tierra respirable, y aún será mucho mayor la densidad y volumen construido en altura. Las pérdidas ciudadanas de esta vieja y peligrosa distopía urbanizadora serían inmensas e incalculables.

De espaldas a la ciudadanía

Este crecimiento neoliberal y desarrollista de espaldas al debate social y la ciudadanía valenciana hipoteca gravemente el futuro de la ciudad. Quieren levantar un barrio elitista con 4.000 viviendas de lujo en el suelo público más valioso del centro político, comercial, financiero, histórico y monumental de la ciudad. En la primera fase 1A del PAI se amputarían 135.000 m²; de suelo público y se arrancarían los árboles centenarios de la calle Bailén, en vez de proteger y catalogar esta herencia viviente, y en las fases 1B y 2 se edificarían 353.958 m² y 139.883 m² respectivamente.

Ni la ciudad ni su ciudadanía necesitan esta pérdida colectiva para la monstruosidad de levantar miles de viviendas y cuatro rascacielos de más de 25 alturas en el mismo corazón de la ciudad. València sólo cuenta con 5,64 m² de superficie verde por habitante, una de las tasas más bajas de las grandes ciudades españolas. No cumple con las recomendaciones de la OMS (10-15 m²). Esta violencia urbanizadora, en una ciudad con grandes déficits en bienes ambientales y equipamientos en los barrios y con decenas de miles de viviendas vacías, hoy sería impensable en ciudades europeas de renombre.

El suelo público del Parc Central constituye una reserva estratégica de bien común, tan valioso y necesario como escaso y amenazado. El actual proyecto de Parc Central constituye una opaca contrareforma autoritaria, neodesarrollista y clasista de saqueo del menguante espacio colectivo y común de la ciudad. Poco parecen haber cambiado los partidos gobernantes después de la reciente crisis socioeconómica que nos trajo la burbuja inmobiliaria, el monocultivo del ladrillo, así como tantos casos de corrupción.


El «túnel pasante» contra el Parc Central verd


El proyecto de Parc Central incluye la construcción de nuevas infraestructuras ferroviarias: una nueva estación de AVE y un largo túnel subterráneo de 9 kilómetros atravesando Valencia por las Grandes Vías para los trenes de cercanías, el AVE y los trenes de largo recorrido de pasajeros y mercancías. Los disparatados costes de este faraónico «túnel pasante», previsto para dentro de diez años o más, si es que alguna vez se hace, tienen la función de ser el anzuelo y la excusa para consumar con éxito el pelotazo inmobiliario en las primeras fases de actuación y hacer imposible que el Parque Central pueda ser un gran pulmón verde. Detrás de las promesas electoralistas del alcalde, Joan Ribó, de plantar miles de árboles y arbustos se esconde esta operación especulativa de recortes que la jerga política justifica como medio de afrontar los costes astronómicos del túnel aunque este «aprovechamiento urbanístico» tan sólo pagaría el 13% de las obras. El megalómano túnel entra en conflicto frontal contra el mismo Parc Central, exige su sacrificio como gran parque verde.

Pero muchos técnicos cualificados ven innecesario este gigantesco túnel. Consideran mucho más sensato y eficaz crear una estación intermodal en superficie para el AVE y los trenes de largo recorrido en la Fonteta de Sant Lluís. Esta opción mucho más barata haría innecesaria la operación especuladora sobre el suelo público y aumentaría el espacio verde disponible cercano a la Estació del Nord y a la actual Estación Joaquín Sorolla. La utilización y mejora del trazado y vías ya existentes, como las del túnel de Serrería, y la construcción de una conexión subterránea de los viales de cercanías con la Estación del Norte, facilitaría los trayectos locales evitando los impactos destructivos de un nuevo trazado ferroviario sobre las tierras de huerta protegida. También se reducirían los riesgos para las fincas existentes causados por la gran envergadura del movimiento de tierras en el subsuelo.

No queremos volver a las políticas del pelotazo inmobiliario. Exigimos la paralización inmediata de la subasta de terrenos públicos y la modificación de los PAIs para un Parc Central verde, más democrático, justo y acorde con los intereses del bien común. Un gran parque a la altura de las necesidades colectivas de equidad, salud ambiental y transporte de la ciudad y su zona metropolitana. Queremos conectar los barrios del sur de la ciudad con arbolado y vías verdes, no con calles repletas de vehículos, ruidos y humos tóxicos.

No hay excusas si existen alternativas técnicas mejores, compatibles con el «Corredor Mediterráneo» y con el AVE hacia Barcelona. El alcalde Ribó y el gobierno municipal han de ponerse del lado de las necesidades y aspiraciones de la ciudadanía valenciana protegiendo el suelo público y haciendo del Parc Central un gran pulmón verde para el encuentro, la diversidad social, el tejido comunitario, el bienestar colectivo, la salud ambiental y la conexión con la naturaleza.

Cuando las luchas vecinales de los setenta palpitaban reclamando la protección del Saler y el cauce del Túria como gran zona verde frente a la amenaza de una autopista que conectara con Madrid, el cuerpo político de la época tuvo la sabiduría, la generosidad y la fuerza de hacer naufragar esta pesadilla desarrollista. Ahora también esperamos que los legisladores valencianos rectifiquen y estén a la misma altura de miras para salvar el Parc Central del hormigón y el despilfarro innecesario.

Hoy, cuatro décadas más tarde, seguimos defendiendo el bien común: «El Parc Central és nostre i el volem verd!».

 

Mónica Ibañez

monapika3@gmail.com

Mara Cabrejas

mara.cabrejas@uv.es

 

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18 juillet 2017 2 18 /07 /juillet /2017 12:45

Publicado en el diario Levante el 18 de julio, 2017 http://www.levante-emv.com/opinion/2017/07/18/malos-humos-alcalde-joan-ribo/1594545.html

 

Si la moralidad pública se puede medir por la distancia entre lo que se dice y lo que se hace el Alcalde de Valencia saca una nota muy baja.

Ha sentado muy mal al Sr. Alcalde el artículo publicado el 30-6-2017 en este diario: "El negacionismo climático de la clase política y el caso valenciano". El mayor mandatario de la ciudad de Valencia parece no aguantar algunas evidencias como son la ausencia de políticas climáticas dignas de tal nombre por parte del gobierno valenciano considerado “progresista” y de “izquierdas”. El mismo Joan Ribó ha respondido directamente al correo particular del coautor de dicho artículo con calificaciones despreciativas contra mi persona como coautora del mismo. Su reacción intolerante de "matar al mensajero" de las malas noticias pasa de los hechos y contenidos al ataque personal, algo que resulta escasamente honorable para un alto cargo institucional como es el de Alcalde de Valencia y es señal de gran debilidad política.

 

 

Pues bien, yo soy “la xica esta" que según escribe Joan Ribó "podria definir com una ‘enfant terrible’, amb més vocació de definir les coses filosòficament per damunt de qualsevol anàlisi i voluntat de canviar de veritat les coses". Este malestar del Sr. Alcalde ante las críticas de unos ciudadanos de a pie viene a decirnos que los contenidos del artículo aciertan de pleno y destapan verdades sobre la desidia política valenciana ante la catástrofe colectiva del cambio climático. Estas autoridades "del cambio" se colocan en la misma orilla que la derecha más cavernícola a pesar de las crecientes señales de la tragedia climática empujada por la locomotora del crecimiento de la economía crematística y la energía fósil. Al igual que la derecha Joan Ribó sólo ve “catastrofismo” donde hay defensa firme de bajar rápidamente la emisiones tóxicas a la atmósfera, algo contrario a lo que ocurre en la ciudad de Valencia, donde las políticas globales de tráfico y de grandes infraestructuras, el turismo de masas, la agricultura químico-intensiva con agrotóxicos, la espiral inflacionaria de residuos, la falta de producción de energías renovables, etc, etc, no solo imposibilitan la bajada de las emisiones contaminantes sino que los dineros ciudadanos revierten perversamente en políticas que incrementan las enfermedades ecológicas que padecemos.

 

Las pinceladas ambientales sectoriales, erráticas y marginales y los gestos discursivos no hacen las políticas climáticas. No son ni globales ni transversales ni reales. Seguimos sin indicadores y sin datos ambientales públicos, concretos y globales sobre las emisiones contaminantes de muchas actividades de competencia autonómica y municipal, como son la energía, el tráfico, la sanidad, la enseñanza, la vivienda, el urbanismo, la agricultura, los residuos … Brillan por su ausencia los objetivos concretos, ambiciosos, temporales, cuantitativos y evaluables de reducción de las emisiones contaminantes en la ciudad de Valencia y durante esta legislatura, que es el periodo de responsabilidad institucional y política. Cuando las prioridades prácticas locales y autonómicas siguen puestas en el crecimiento y el negocio de todo tipo de actores económicos particulares, al margen de los daños socioecológicos y climáticos de tales actividades, caen en saco roto las declaraciones grandilocuentes de apoyo a los distintos acuerdos europeos y de la ONU para la reducción de emisiones de CO2.

 

El Alcalde Ribó entiende su defensa de las políticas del "bien común" como lo hace el neoliberalismo: lo resultante de la simple agregación de los desiguales actores económicos del mercado movidos por los intereses particulares cortoplacistas del beneficio monetario. Esta ausencia de intervención política reguladora, que en realidad nada tiene que ver con el interés general, cede el poder a la competitividad económica y la "autoregulación" del mercado camuflada con pequeños y anecdóticos "ajustes" sociales y con los falsos lenguajes de la "gobernanza", la "concienciación", "la educación ambiental" o la "participación" ciudadana. Estas políticas neoliberales dinamitan activamente la salud ambiental de la ciudad y los bienes comunes climáticos y también hipotecan gravemente el futuro próximo y las oportunidades para los cambios necesarios y urgentes.

 

El Alcalde Ribó afirma estar contra el calentamiento climático aunque oculta los datos globales de emisiones de CO2 y otros gases contaminantes por sectores y actividades. Dice querer “reverdecer la ciudad” pero Valencia sigue sin una normativa de permeabilidad del suelo y crecen las islas de calor por falta de respiración y asfixie de los suelos. Dice querer salvar El Cabanyal pero se deshace de la vivienda pública y fomenta la rehabilitación mediante la especulación urbana y el turismo con capitales extranjeros que favorecen la gentrificación, escupen a los vecinos de rentas bajas, desmembran el tejido y la vivacidad de barrio y lo convierten en parque temático adaptado al monocultivo turístico. Defiende la universidad pública de calidad aunque está dispuesto a privatizar el uso de un gran solar municipal bajo la excusa de no perder el régimen de propiedad pública de dicho suelo, quiere cederlo nada menos que 75 años a una universidad norteamericana privada y elitista llamada Universidad Europea, que cotiza en bolsa y es campeona en mediocridad académica y en denuncias estudiantiles.

 

 

El Alcalde Ribó dice defender la huerta agrícola periurbana pero traiciona su compromiso electoral de recuperar la huerta de La Punta para cederla a la expansión portuaria de la ZAL y convertirla en suelo muerto para contenedores, macro-conciertos y macro-botellones. Dice proteger los barrios históricos pero promociona la turistrificación sin regulación legal, los no lugares, la atomización y anonimato de los lazos sociales y se niega aplicar una ecotasa turística que revirtiera en amortiguar los altos impactos medioambientales del turismo de masas en residuos, agua y energía. Dice estar por la peatonalización y limitar la penetración de vehículos privados al centro de la ciudad pero apuesta por gestionar y sacar beneficios monetarios de aparcamientos subterráneos como el de la Plaza de Brujas al lado del Mercado Central o el de la Plaza de la Reina, que actuarán como fuertes imanes atractores del tráfico hacia el mismo corazón monumental e histórico de la capital. Dice apoyar las energías renovables pero no se ve por ninguna parte el aumento de la energía solar, térmica o fotovoltaica, ni la ecoeficiencia ni la reducción sustancial del consumo total de todo tipo de energías. Dice defender el aire limpio pero se niega adoptar normativas regulatorias eficaces para reducir el tráfico de vehículos privados como respuesta a la grave contaminación atmosférica de distintos entornos urbanos de centros  de enseñanza valencianos, en los que como media se llegan a superar cuatro veces los límites máximos de peligrosidad y riesgo establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Dice mejorar la calidad del aire de la ciudad mediante un anillo ciclista y algunas calles peatonalizadas en el centro pero no baja el volumen total de coches con sucios motores de combustión. Anuncia falsamente en grandes paneles publicitarios costeados por el Ayuntamiento que con el carril bici hay menos contaminación pero se niega a instaurar una ecotasa por congestión y toxicidad para reducir el volumen total de tráfico rodado, sanear la respiración de la ciudad y financiar la mejora del transporte público.

 

 

El Alcalde Ribó dice cuidar los espacios verdes y jardines pero en vez de crear biotopos silvestres de refugio para especies autóctonas de fauna y flora como se está haciendo en muchas ciudades europeas, en Valencia avanzan los espacios "verdes" muertos, artificiales y plastificados, como son los campos deportivos en el cauce del Turia con un uso social privatizado y excluyente. También crece la toxicidad de los espacios verdes causada por los tratamientos rutinarios e indiscriminados con plaguicidas y herbicidas que practican las empresas subcontratadas de jardinería y mantenimiento, que son biocidas para la salud humana y la de nuestros parientes no humanos multidiversos, como son los productos comerciales con el venenoso glifosato. Dice apostar por la Agroecología pero ¿qué parte de esta palabra no entiende cuando la aplica engañosamente como nuevo mantra para promocionar la producción agrícola convencional químico-intensiva y los circuitos de energía y materiales muy largos y abiertos de los tratamientos agrotóxicos con "fitosanitarios"?. Es nula la ejemplaridad ecológica, pública e institucional, en los servicios de alimentos en comedores, cafeterías, bares y máquinas expendedoras de las instituciones de todo tipo, en las escuelas y centros sanitarios, brilla por su ausencia en las compras públicas y en las condiciones de las subcontratas a empresas privadas. Dice defender la producción local de los productos ecológicos de la huerta metropolitana pero no existen objetivos municipales concretos, temporales y medibles de aumento de la producción y el consumo interno de productos ecológicos ni prohibe los tratamientos agrotóxicos en la huerta del término municipal de la ciudad.

 

El Sr. Alcalde apuesta por el Parque Central pero lo condiciona a que sea un engendro incatalogable: un "no parque" que incluye calles y rascacielos para mil viviendas de lujo fruto de la venta, especulación y privatización del suelo público para obtener rápidas plusvalías monetarias. Una nueva extinción urbana anunciada es la de la arboleda centenaria de la calle Bailén, que además de ser memoria histórica viviente sigue donando valiosos servicios de frescura, protección y paisaje. Dice proteger los espacios naturales pero rehabilita el paseo marítimo de una urbanización costera ilegal CASBAH. Dice proteger la Albufera y el Saler pero desde sus competencias municipales no ha hecho nada para pacificar y reducir significativamente el tráfico infranqueable de la carretera CV-500 que disecciona el parque natural. ¿Cuantos años más quiere retrasar una normativa municipal para la separación en origen de las basuras domésticas?. Dice estar contra la tauromaquia y el maltrato animal pero permite este dantesco negocio económico poniendo por delante de los Derechos Animales los derechos individuales liberales de participación en los sangrientos espectáculos públicos de matadores que practican el "arte" cruel de la tortura y muerte de toros. Tampoco impide estas embrutecidas celebraciones festivas de sufrimiento animal en el término municipal de la ciudad ni usa su peso político en la Diputación Provincial de Valencia para evitar que se sigan financiando con dinero público estas inmorales actividades, cuando ocurre que una amplísima y creciente mayoría social de todo tipo y condición rechaza la horrenda "fiesta nacional". Prohibir los toros embolados en algunas pedanías no evita las corridas de toros en la feria de julio, ni las escuelas taurinas, ni la ignominia de los premios taurinos y certámenes que año tras año son promocionados activamente por cargos públicos e instituciones valencianas como la Diputación Provincial de Valencia.

 

Unas políticas municipales “verdes” y contra el cambio climático son algo más que las imágenes de marketing electoral de Joan Ribó en bicicleta. La ciudad de Valencia y la salud ciudadana merecen algo mejor que los malos humos del Alcalde y sus políticas.

 

Mara Cabrejas

Profesora de Sociología de la Universitat de València

 

 

 

 

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2 juillet 2017 7 02 /07 /juillet /2017 19:21


 

A pesar de lo irracional y nefasto del abandono de Trump del Acuerdo de Paris sobre el Clima lo cierto es que ha caído como maná del cielo para la mayoría de los líderes políticos europeos y para el deprimido proyecto europeo. Ha permitido sacar pecho a nuestros portavoces institucionales de todo tipo y color haciendo proclamas en "defensa" del clima. La irresponsable espantada de Trump del Acuerdo de Paris ha dado pie a una reacción con una curiosa escenografía de políticos y empresarios que enarbola "los valores europeos", también se han sumado actores sociales tan variopintos y distanciados como son las empresas campeonas en emisiones contaminantes y las organizaciones no gubernamentales ecologistas y defensoras de los derechos ambientales. Lo llamativo del discurso de este renovado brote de orgullo europeo es que se haga en nombre de un problema ecológico que afecta a la atmósfera planetaria, algo que alude a nuestra identidad común primordial, tan fundamental como despreciada: nuestra condición común de terrícolas radicalmente dependientes de los ecosistemas y el estado de salud de la Tierra.

 

Otro cantar es la irresponsabilidad generalizada, tanto de EE.UU, y de la UE, de no embarcarse en una lucha climática ambiciosa y eficaz a la altura de las enormes exigencias del problema civilizatorio a que nos enfrentamos. En ambos lados del atlántico las prioridades económicas del crecimiento y del extractivismo globalizado siguen vetando los profundos cambios estructurales necesarios para tomar en serio el cambio climático.

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30 juin 2017 5 30 /06 /juin /2017 20:43
El negacionismo climático de la clase política y el caso valenciano

Las crisis medioambientales aumentan por todos los lados y generan daños devastadores en los sistemas naturales con consecuencias recursivas que pueden ser terribles. Nuestro drama común como terrícolas radicalmente dependientes de los ecosistemas y la salud de la Tierra es que pueden perderse la mayoría de los refugios ambientales para grupos de especies, con o sin humanos, sin que puedan reconstituirse después de sufrir eventos ecológicos extremos. El temible cambio climático en curso refiere a una realidad socio-natural, ni social por separado ni natural por separado. Sus dimensiones físicas y biológicas de escala planetaria son complejas, están fuera del control humano y están intensamente mediadas en sus causas y consecuencias por nuestras actividades e inter-acciones físicas. El cambio climático no responde sólo a alteraciones en el clima y la atmósfera por tratarse también de la enorme carga de productos químico-tóxicos hijos de los laboratorios y la industria, de la minería, del agotamiento y simplificación de ecosistemas por debajo y por encima de los suelos, de grandes genocidios de humanos y otros seres etc., etc. El drama climático también nos enseña que las aspiraciones humanas de libertad y soberanía solo son posibles bajo las restrictivas exigencias del respeto a los ciclos bioproductivos de nuestro hogar terrestre, finito y maltrecho. Nunca, ni los antiguos ni los modernos, hemos dejado de depender de los limitados y frágiles recursos producidos por los sistemas naturales para nuestra existencia y condiciones de vida.

 

La naturaleza barata y abundante ha llegado a su fin a causa de la escala expansiva de la extracción de bienes materiales y naturales de todo tipo. Las reservas de la Tierra han sido drenadas, quemadas, agotadas, envenenadas, exterminadas, y de diversas formas extenuadas. El calentamiento climático nos avisa de que solo hay un horizonte posible: la crónica escasez de recursos ambientales básicos puesto que hemos rebasado numerosos límites naturales. En consecuencia nos esperan discontinuidades abruptas, tan inciertas como peligrosas: lo que viene después no será ya nunca como lo de antes. La deseable opción por la supervivencia, el disfrute de la vida y la ecojusticia para nosotros y nuestros muchos parientes terráqueos, presentes y futuros, es hacer que el caos climático sea lo más leve posible. Nuestro reto para ello es conservar y reconstituir los refugios para los humanos y los grupos de especies, animales y plantas. El reconocido biólogo E.O. Wilson en su último libro "Half-earth" nos recuerda que un primer frente de lucha contra el cambio climático es conservar y ampliar significativamente los espacios naturales protegidos.


 

Según las mejores informaciones científicas la concentración global de CO2 y de otros gases contaminantes vertidos a la atmósfera crece día tras día alcanzándose niveles no vistos en centenares de miles de años. Tendremos que preguntarnos si se están haciendo los cambios necesarios ante el reto de mitigar y adaptarnos con relativa flexibilidad a la elevación de temperaturas y a las pérdidas e incertidumbres que se abren para la humanidad con un clima inestable en un planeta cada vez más sobrepoblado y esquilmado. Son muchas las voces científicas que afirman que las tímidas políticas climáticas puestas en marcha hasta ahora están muy lejos de poder mitigar las consecuencias más catastróficas en las próximas décadas, aunque estos anuncios del desastre climático no alteran el alegre baile de declaraciones retóricas en defensa del medio ambiente ni el consenso productivista del crecimiento económico.

 

No existen diferencias destacables entre las políticas de los líderes "negacionistas" y las de los "creyentes" del cambio climático. La adhesión formal al tan "alabado" Acuerdo de Paris solo ha significado para los países firmantes unos modestos y voluntarios compromisos de reducción de CO2 al tiempo que paradójicamente sigue aumentando la escala global de las emisiones contaminantes. No es sorprendente que un acuerdo internacional tan descafeinado haya aglutinado a la casi totalidad de países y empresas dado que sus metas de reducción de emisiones no son vinculantes y no existen sanciones ante el incumplimiento de los compromisos. Aunque es muy mala noticia para nuestro hogar terrestre y nuestros parientes multidiversos la salida de Trump del Acuerdo de París, también lo es la falta de realismo y responsabilidad de nuestros gobernantes, de cualquier tinte político, para desengancharnos voluntariamente y con rapidez de la quema de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) y para salir del peligroso consenso del crecimiento económico y de la escala física de la economía.

 

El caso el Gobierno de la Generalitat Valenciana es un ejemplo de los nuevos gobernantes "del cambio" cuyas políticas reales se colocan del lado de los negacionistas climáticos a pesar de que alardean de sus compromisos climáticos, lo hacen hasta en actos públicos auspiciados por la publicidad "verde" de una de las empresas constructoras más contaminantes, como es la del proyecto Castor. En el caso valenciano se da un múltiple fracaso climático: la carencia de objetivos ambiciosos y concretos de reducción de emisiones, la inexistencia de indicadores sociales, físicos y biológicos, para la medición y evaluación de las actuaciones, la ausencia de transparencia e información abierta a la ciudadanía a pesar de tener competencias políticas en la gestión del transporte, la agricultura, los residuos, la vivienda, el comercio, la producción,... Las políticas climáticas valencianas no rebajan con fuerza las emisiones contaminantes a la atmósfera, no cumplen ni con los aguados compromisos del Acuerdo de Paris y no llegan ni de cerca a los compromisos de reducción de emisiones moralmente exigibles a un país europeo con un alto nivel de rentas y consumo de recursos ambientales de todo tipo y lugar. Es manifiesta la insolidaridad con nuestra común casa terrestre y con los pueblos del Sur que ya sufren directamente las peores consecuencias climáticas.

 

La Generalitat Valenciana ignora la urgente llamada de diciembre del 2015 en París para una acción ambiciosa y concertada antes del 2020 y sigue con el cosmético plan climático 2013-2020 heredado del PP. Para esta clase política gobernante el cambio climático se ha convertido en motivo para charlas y concienciación, en tema para emprender más estudios en una inacabable tarea de definir la problemática, como si fueran una ONG o un cuerpo académico-investigador. Todo parece valerles menos el ejercicio de los poderes reguladores de la ley por encima del mercado para forzar los cambios necesarios y urgentes. Desplazan así las actuaciones a un futuro siempre alejado, incierto e indeterminado desentendiéndose del presente y para ello usan lenguajes encubridores como el de la "transición" a otro modelo productivo o energético. Al tiempo, los posibles planes y programas concretos se sacan de la actual legislatura para décadas por delante, el 2030 o el 2050. Las políticas climáticas en el presente se reducen a un minimalismo errático, sectorial y marginal si se las compara con las prioridades puestas en el crecimiento económico de cualquier actividad y se endosan a alguna consejería o concejalía sin peso político, sin visibilidad pública ni financiación suficiente.


 

Nuestra penosa situación histórica de translimitación nos anuncia que ya hace mucho que hemos rebasado el tiempo de las medidas flojas y lo que podía haber sido una lenta transición ecológica mediante reajustes parciales (como son los propuestos por la receta ideológica del "desarrollo sostenible", algo tan optimista como contradictorio e imposible de realizarse). El colapso climático obliga a salir de las declaraciones de intenciones y la palabrería mediante leyes y regulación, con prioridades, financiación, fiscalidad y con datos e indicadores físicos, biológicos y sociales en la mano. Los cambios y las políticas han de ser transversales, locales y globales, buscando reducir y frenar los vertidos a la atmósfera de múltiples actividades que afectan a la producción, el comercio, el transporte, la vivienda y el consumo, ...


 

La transparencia informativa brilla por su ausencia para una ciudadanía valenciana rehén de la ignorancia ambiental organizada por los gestores públicos. No se puede saber si el CO2 emitido por los coches sube o baja globalmente en la ciudad de Valencia, un pequeño "anillo ciclista" no puede sustituir las mediciones globales ni los indicadores físicos de salud ambiental en la capital o en la Comunitat Valenciana. Los datos que nos avisan de que las emisiones totales a la atmósfera siguen subiendo se ocultan e ignoran premeditadamente. La ciudadanía no puede conocer las emisiones de cada sector económico, si el sector agroalimentario sube o baja sus emisiones, si las viviendas consumen más o menos energía contaminante en todo sus procesos, si hay más o menos suelo urbano permeable o bajo un palmo de asfalto. Por muy publicitadas que sean las medidas puntuales y anecdóticas son globalmente ineficaces. No se puede culpar de la falta de actuación política a los deficits de financiación autonómica por parte del gobierno central ni a unas legalidades estatales inadecuadas. No hay excusas para la ausencia de políticas climáticas ambiciosas dentro de las competencias autonómicas valencianas fiscales, urbanísticas, agrícolas, de contratación pública, de vivienda, de residuos, de energía y de transporte. Bajo las prioridades económicas del crecimiento y la competitividad desde la Generalitat se vetan las posibles iniciativas reguladoras que puedan perjudicar o frenar actividades económicas privadas generadoras de capital o "empleo". Tampoco sirve la coartada de buscar justificaciones interesadas en expertos e informes técnicos maquillados y mutilados para avalar cualquier política que se precie.


 

Han pasado ya dos años de legislatura para este nuevo gobierno autonómico "progresista" y nuestros mandatarios siguen durmiendo la siesta al borde del abismo. El bien común climático sigue abandonado a su mala suerte, sin leyes ni políticas concretas. Siguiendo la estela del Acuerdo de Paris el gobierno valenciano refuerza la falsa y reconfortante creencia de que son suficientes unos simples y paulatinos ajustes tecnológicos "verdes" que no alteren las prioridades de la expansiva maquinaria extractivista del crecimiento guiado por el afán de lucro. Pero esta gran ilusión de un "win-win" entre crecimiento económico y ecología solo puede abrirse paso en el reino de la ciencia-ficción. No hay posible matrimonio feliz entre la expansión económica y la ecología climática mediante algunos retoques parciales, como son las recetas de la innovación tecnológica en ecoeficiencia, las raquíticas políticas ambientales o la "economía verde". Tampoco es medicina salvadora la educación y la lenta e indeterminable concienciación ambiental, voluntarista e individualizante. Algunas de las preguntas climáticas a nuestros mandatarios autonómicos y municipales que no han obtenido respuesta para esta legislatura pueden ser estas: ¿Se protege y aumenta significativamente el suelo valenciano ambientalmente protegido sabiendo que necesitamos conservar la mitad del planeta, tal y como nos recuerda Edward O.Wilson? ¿Se aumentan radicalmente las fuentes renovables de materiales y energía para el uso residencial? ¿Se reduce globalmente el consumo de electricidad? ¿Se aumenta marcadamente la agricultura regenerativa del suelo y se reduce globalmente la agricultura intensiva con agrotóxicos químicos que degrada los ecosistemas y la salud? ¿Se reduce sustancialmente la generación de residuos de alta entropía de todo tipo? Resulta esperpéntico el proyecto "estrella" de los gestores ambientales valencianos, todo un modelo de actuación "final de tubería" que no afecta a la espiral de la producción de basuras, tan sólo al 1-2% de los residuos generados. ¿Se aumenta sustancialmente la reutilización de los desechos?.

 

Este silencio administrativo valenciano es más lamentable si cabe en manos de una clase política que se autodenomina progresista y de izquierdas al tiempo que fomenta la indefensión ciudadana ante el reto más importante que afronta la humanidad. La "solución" de la educación ambiental o de la concienciación en boca de los gestores públicos, no solo significa trasladar el problema y la responsabilidad sobre los hombros individuales de la gente carente de poder y medios, significa poner por delante de la tragedia climática el muy lento e incierto cambio mental y cultural, como si acaso tuviéramos todo el tiempo del mundo para actuar. La defensa en abstracto de los valores ambientales de nuestros gobernantes es toda una cortina de humo para disimular la renuncia a hacer regulaciones legales estrictas, a las concreciones prácticas, a los datos, a los compromisos con objetivos medíbles y evaluables. Esta desidia política ante el desastre climático nos lleva a un universo esquizoide de post-verdad, en él los cantos de sirena de los máximos líderes autonómicos manifiestan su preocupación climática a la vez que apuestan con fuerza por incrementar los daños climáticos bajo las prioridades economicistas y cortoplacistas del crecimiento: más turismo de masas (especialmente nocivo en emisiones, extracciones y residuos); más subvenciones públicas y éxito competitivo para "nuestras empresas" en el comercio globalizado; más infraestructuras logísticas locales para los mercados globales, como la ampliación de la Z.A.L. del Puerto de Valencia; más alas al urbanismo y el transporte motorizado basado en el dominio aplastante del vehículo privado, los ciclos abiertos y la larga distancia, donde la bicicleta y el transporte público siguen siendo anecdóticos; luz verde a los grandes centros comerciales, ... Todo parece valerles para atraer cualquier inversión dineraria, sea la que sea, climáticamente destructiva o no.

 

Contrariamente a estas políticas negacionistas, el objetivo central de reducir drásticamente las emisiones totales es bien opuesto a querer alargar indefinidamente nuestro modelo de vida extraterrestre, derrochador y desconectado de nuestro encarnamiento físico y biológico. Desacoplar algunos sectores de la economía del crecimiento de emisiones ambientalmente destructivas tampoco nos lleva a ninguna parte si a la vez siguen creciendo las emisiones totales, como ha ocurrido en España desde el 1990 ¡Alegrarse por el 50% de aumento del PIB y por "sólo" un aumento del 25% en las emisiones, carece de todo sentido en un contexto planetario y es suicida!. No podemos considerar "limpia" nuestra forma de vida sobredesarrollada si esta "limpieza climática" depende de una masiva "fuga de CO2" a la sombra y no contabilizada, como es la generada por la globalización de los mercados, la deslocalización de los procesos productivos y el desplazamiento de nuestras fábricas y extracciones más contaminantes a otros lugares alejados como son Asia, África y América Latina.

 

En suma, la acción política reguladora no se ha de centrar sólo en una pequeña parte de los contaminantes climáticos: los que proceden de la energía eléctrica que representa menos del 20% de la energía consumida. El cambio climático no puede combatirse sólo con unas placas solares (aunque tampoco se hace nada para fomentar su uso masivo). Resulta habitual encontrarnos con el engaño contable en las cifras: los cómputos de las emisiones de CO2 españolas sólo hacen referencia al 40% que provienen de algunos sectores industriales, como el energético, la industria pesada y la aviación, pero se dejan fuera de la contabilidad más del 60% de las emisiones derivadas de los "sectores difusos", como son el transporte, la vivienda, el urbanismo, los residuos y la agricultura. Esta mayoría de actividades con efectos contaminantes sobre la atmósfera son competencia directa de los gobiernos autonómicos.

 

La ecojusticia multiespecie y las exigencias de la sustentabilidad han de abordarse desde numerosas variables interdependientes para afrontar con relativa eficacia y márgenes de error los repetidos empobrecimientos, exterminios y extinciones actuales de la Tierra. Si optamos por cambios estructurales conscientes, voluntarios y relativamente suaves y benignos, ello exigirá un gran esfuerzo colectivo en medio de grandes tensiones y conflictos, pero también demandará esperanza y respuestas de todos los grupos y sectores de las sociedades humanas. Cada día que pasa la Tierra está más repleta de humanos y no humanos sin refugios. Tal vez mediante un intenso compromiso político, institucional y ciudadano, que incluya el luto por las pérdidas irreversibles, aunque habrá muchas más, podamos unir las fuerzas necesarias para reconstituir los refugios ecológicos y las condiciones ecosuficientes para el bienestar del conjunto de los seres humanos y el resto de la biodiversidad en una Tierra limitada y enferma.


 


 


 

MARA CABREJAS  y DAVID HAMMERSTEIN

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18 mai 2017 4 18 /05 /mai /2017 12:55
Bittersweet EU Marrakesh legislation: the struggle for access continues

Bittersweet EU Marrakesh legislation: the struggle for access continues

 

A personal comment

 

The very sweet part is that the EU will probably soon ratify the Marrakesh Treaty and cross-border exchange of accessible books will be legalized and facilitated both inside and outside the EU by means of a mandatory exception and limitation to copyright. The bitter part is that EU Marrakesh legislation has also includes the right of EU member states to impose a “tax on accessible books” or a “compensation right” despite the clear and nearly unanimous postion of the European Parliament and the European Commission against any kind of payment for the sharing and exchange of works accessible for millions of visually-impaired persons. (The final texts for the Directive and the Regulation can be seen below). Now the fight against this unfair but optional “tax on accessible books” must be taken to EU member states to prevent it from becoming part of national laws.

 

Throughout the last seven years of campaigning in the EU for a right-to-read binding Treaty we have learned that when we expressed our arguments within open, democratic and transparent processes as defenders of disability persons´rights we have almost always won. In contrast, when the discussions took place behind closed doors (like among EU member states in the Council or private conversations with publishers) without participatory debates nor the basic acountability of what positions were being taken by whom, we usually lost. In contrast, the generally open atmosphere and debates of the World Intellectual Property Organization have been important factors in enabling us to finally get a Treaty in Marrakesh in 2013.

 

Especially favourable for our right-to-read campaign has been the quite transparent and participatory processes of European Parliament. The European Parliament, especially its Petitions Committee and later the Legal Affairs Committee, have proven to be great allies over the years, first in successfully changing the initial EU position against a binding international treaty and then pushing for ratification and effective, rights-based EU legislation for its implementation. Sadly, just a few weeks of closed doors, opaque trialogue negotiations between the European Commission, the European Parliament and EU member states, degraded what could have been an optimum result for disability rights in the EU. Unfortunately, “smoke-filled rooms” packed with generally doctrinaire national copyright heads under the influence of publishers´ lobbies is not the best place to negotiate an agreement that should have been prodominantly based on international human rights law for persons with a disability instead of guided by paranoid, baseless and narrow stances on intellectual property rights.

 

How is it that the final agreement is not in accordance one of the key consensus elements approved by Europe´s democratic representatives and even proposed by the European Commission: the harmonised exclusion of economic compensation for sharing accessible works? The same political representatives of majority governing parties in EU member states supported this position strongly in the European Parliament but then quickly caved in to the pressure of publishers´ lobby in closed door negotiations. I must say that something is quite undemocratic about the final process for negotiating the texts of EU laws like these without sufficient accountability nor transparency. Moreover, what was the great hurry to reach an agreement if we have already waited years to get this far? Why didn´t the Commission or the Parliament persist and insist more on their democratically adopted postures by appealing to public opinion for a better agreement?

 

This said we must always recognise the great success of getting this far with even moderate success against great odds and powerful enemies. Although we had to drag  many along kicking and screaming, we have successfully forged consensus opinions, both internationally and in the EU. Now we have an international binding treaty, we have a mandatory, more or less harmonized, exception to copyright inside the EU and a legal mechanism for exchanging accessible books with the rest of the world. Even more importantly, we have consolidated a global network of disability activists, librarians, book providers, policy-makers and legal experts that will enthusiastically do the practical work inside and outside institutions to make Marrakesh Treaty objectives a reality on the ground.

 

It should be noted that ratification of the Treaty is a totally separate political process from the EU copyright legislation just agreed upon on the implementation of the Treaty´s content in EU member states. Over the past years our opponents in the EU Council such as Germany, Italy and the UK, have deceitfully and knowingly used false pretexts to block the ratification of the Marrakesh Treaty on the basis of a supposed lack of EU competence to ratify, an argument that was totally rejected by the European Court of Justice as well as by every institutional legal service that even considered this as a “non-issue”. Now that this “non-issue” has been clarified by theEU´s top court, we expect EU member states and the European Parliament to move swiftly toward EU ratification of the Treaty. There is no justification for further delays.

 

David Hammerstein

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16 février 2017 4 16 /02 /février /2017 07:58

 

 


Aparecido en Levante-EMV http://www.levante-emv.com/opinion/2017/02/16/cabanyal-universidad/1529496.html

 

Es escandaloso, incoherente y dañino para la ciudad que el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat premien con un apetecible y singular gran solar del Cabanyal a una gigante multinacional estadounidense de la enseñanza privada. Con la “operación Universidad Europea” disparan un tiro de gracia adicional a nuestra maltrecha universidad pública. Resulta incomprensible el apoyo de las fuerzas políticas “progresistas” y “nacionalistas” que recibe este nuevo ataque privatizador de saqueo de los bienes públicos y ciudadanos. La coartada de que sobre el papel se conservaría el régimen de propiedad pública sobre el suelo oculta la triste verdad de un uso y negocio privado y socialmente excluyente de dicho solar. En realidad se trata de una cesión privatizadora de unos terrenos de titularidad pública para fines lucrativos, socialmente elitistas y durante el escalofriante plazo de 75 años.


 

Lo cierto es que no hay necesidad de recurrir a este tipo de privatización de los menguantes bienes públicos cuando muchos pequeños y medianos inversores, más nobles y más enraizados, están dispuestos a apostar por el futuro del Cabanyal. Esta política neoliberal de ceder el suelo público del Cabanyal-Canyamelar para la instalación del campus de la llamada Universidad Europea tendría nefastas consecuencias educativas, urbanísticas, financieras y sociales. Este proyecto de extractivismo social y económico entregaría a precio de saldo un valioso capital público de suelo urbanizable a un conglomerado empresarial extranjero, cuyo compromiso principal es la generación de plusvalías para sus accionistas anónimos en la bolsa de Nueva York. Este proyecto amputador de los bienes comunes de la ciudad nada tiene que ver con las necesidades de regeneración vecinal, autóctona y propia de un barrio marítimo valenciano deteriorado y amenazado. Este innecesario y arriesgado “remedio-exprés” en manos de un gran capital foráneo choca con las posibilidades de una regeneración social y ambiental autocentrada y justa del Cabanyal.


 

La empresa que opera bajo el rimbombante nombre de “Universidad Europea” en realidad tiene poco de universidad y nada de europea. Es parte del conglomerado educativo privado más grande del mundo y también es uno de los más cuestionados: Laureate Education, cuya sede se encuentra en la muy europea ciudad de Baltimore, Maryland, USA. Este emporio empresarial es la institución de enseñanza privada más grande de Estados Unidos, aunque tiene el 90% de sus estudiantes fuera de ese país y el 85% en países que Laureate califica etnocéntricamente como "en vías de desarrollo". En cuanto a la calidad de la enseñanza y a su labor investigadora, la Universidad Europea está muy por debajo de la Universitat de València y de la Politécnica de Valencia según los rankings internacionales.


 

En su ceguera economicista, el consistorio valenciano parece querer reforzar una actividad lucrativa en su afán de fagocitar las universidades públicas. Este nuevo asalto sobre la Universidad pública sucede en el contexto de su progresivo desmantelamiento mediante su infra-financiación y su paulatina reconversión empresarial en “universidad-negocio”. La universidad pública también es golpeada desde dentro al poner por delante las metas productivistas de competitividad económica a toda costa. La reforma universitaria en curso (3+2) reducirá a tres los cuatro años de los actuales estudios de Grado y regalará un año más al gran negocio privado de los másters.


 

Las empresas universitarias del grupo Laureate actúan fuera del territorio USA en respuesta a las repetidas quejas judiciales y las denuncias ante los reguladores del fraude educativo de las universidades privadas estadounidenses. En respuesta Obama adoptó una legalidad mucho más restrictiva. La cadena informativa estadounidense CNBC decía en el 2016 de Laureate: “la empresa de educación privada busca blancos por todo el mundo. Con la reputación de las universidades privadas americanas por los suelos,una empresa ha encontrado la forma de esquivar las exigencias regulatorias de este país: operar principalmente en los mercados extranjeros”.http://www.cnbc.com/2015/12/15/a-controversial-education-model-us-is-exporting-to-the-world.htm


 

Las autoridades valencianas parecen obnubiladas por el síndrome de “Bienvenido Mr. Marshall” y no quieren enterarse de las críticas demoledoras de la calidad educativa y el modelo de negocio practicado por Laureate y sus engendros, como la Universidad Europea. En EE.UU, Brasil y Chile los campus de Laureate se han enfrentado a investigaciones gubernamentales, multas y procesos judiciales por fraude educativo. Numerosos ex-alumnos han denunciado la falsedad de su marketing publicitario y el hecho de que sus titulaciones carecen de valor credencialista para hacerse hueco en el mercado laboral. El aumento de las descalificaciones de sus universidades en EE.UU ha ido en paralelo a la sangría de matriculaciones. En el caso de Chile, a una de sus “universidades” se le ha retirado la acreditación. La ministra chilena socialista de Educación, Adriana Delpiano, ha apostado por destinar más fondos estatales a la educación superior sin que el dinero público acabe secuestrado por instituciones que no cumplen la ley o no den garantías de calidad educativa. http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-37158900


 

El negocio global de Laureate no es solvente: ingresó 4,3 mil millones de dólares en el 2016 pero tiene acumulada una deuda de 4,7 mil millones. En el 2015 sus pérdidas económicas eran más de 300 millones de dólares y hace unas semanas Laureate salió a bolsa con un “Initial Public Offering” de acciones lo que entraña bastantes riesgos. En suma, las condiciones del proyecto de la Universidad Europea en el Cabanyal son diabólicas: suelo público municipal a cambio de universidad-empresa socialmente excluyente y elitista, de dudosa calidad educativa y de alto riesgo financiero al vaivén de los mercados bursátiles, los tipos de cambio de moneda y las deudas astronómicas.


 

El modelo neo-liberal de negocios de Laureate sigue al pie de la letra “la Escuela de Chicago”. Se basa en una maquinaria agresiva de publicidad y marketing (con la contratación promocional de figuras como Bill Clinton a cambio de 16 millones de dólares), con cursos digitales y presenciales orientados estrechamente al empleo y con unas matrículas muy caras. La actividad de esta multinacional se orienta a la venta de servicios para sus universidades operando a través de personas jurídicas relacionadas. Una gran cantidad del dinero de estas contrataciones extractivas salen fuera del país donde opera.


 

¿Se opta por un barrio vivo y vibrante o solo se quiere estimular como sea la actividad económica a modo de parque temático hecho a la medida de visitantes ricos y no de su ciudadanía? ¿Quien puede desear una gran población flotante, un tejido económico de grandes empresas pero incapaz de favorecer una identidad comunitaria enraizada, que exprime y fagocita servicios públicos tan fundamentales como amenazados como es la enseñanza universitaria?.


 

Hasta ahora la recuperación del Cabanyal ha sido una de las historias más felices del “cambio valenciano”. Por favor, no lo estropeemos con “la operación Universidad Europea”.

DAVID HAMMERSTEIN

 

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