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Los Verdes

22 mai 2014 4 22 /05 /mai /2014 08:58

 

 toro-Europa.jpg

Dos momentos estelares recientes que han tenido un “carácter europeo” ante la opinión pública europea han sido las dos “Eurovisión”. Uno a partir de la celebración del festival Eurovisión de la canción, en media Europa se comentaba masivamente la transgresora imagen de la ganadora del festival: Conchita Wurtz. Días después se produjo otro momento europeista: el vibrante debate político en el hemiciclo de Bruselas entre los cinco principales candidatos a la presidencia de la Comisión Europea. Esta clara y ágil confrontación entre posiciones, junto a la participación del público, ha interesado a millones de europeos en 28 países distintos (lástima que la TVE lo marginara en el Canal 24 horas de una muy  reducida audiencia del 1%). En este caso, debatir públicamente sobre problemáticas candentes europeas, como son la austeridad, el clima, el papel de la religión o la crisis de Ucrania sí parece haber interesado a la ciudadanía europea.

 

Por desgracia, y en gran contraste con este debate en Bruselas, los dos partidos mayoritarios en suelo español han nacionalizado la campaña electoral europea con unos monólogos cansinos y retóricos encerrados en las controversias exclusivamente nacionales, bien ajenas al específico ámbito supraestatal y a las competencias adquiridas y capacidades de acción política de la UE. Así, las grandes fuerzas políticas han desaprovechado una vez más la oportunidad para implicar y motivar al electorado  en torno a verdaderos debates sobre el futuro común de Europa. El PP y el PSOE a pesar de autoproclamarse “europeístas”, lo cierto es que escasamente predican con el ejemplo.

 

Hay que decirlo claro: simplemente no quieren que la ciudadanía abra las puertas de Europa a un debate transparente e incluyente sobre los grandes retos europeos como son futuro comercial que queremos con EE.UU.,  el modelo energético necesario frente a la crisis climática, la política de innovación científica que falta para la salud y el medio ambiente, la política alimentaria más segura y sana, la política exterior europea más justa, la política de cooperación con el Sur más activa, los planes efectivos para acabar con los paraísos fiscales y crear una fiscalidad propia europea, o cómo aumentar el ridículo presupuesto europeo de menos del 1% del PIB para financiar la “Europa social” sobre que tanto hablan.  


bandera-europea-desgastada.jpg 

 

¿Porque tienen tanto miedo de hablar sobre Europa?

 

Para las élites de Bruselas, que incluyen a los partidos mayoritarios españoles, es mejor reservar el espacio europeo para la negociación opaca entre estados y para intentar sacar beneficio en el reparto de los recursos comunitarios (a menudo bajo la primacía de los intereses económicos de empresas “campeonas nacionales”). Algo bien opuesto es considerar la Unión Europea como un foro político unitario de decisión y derecho, orientado a la construcción de políticas en favor del bien común europeo y abierto a la participación ciudadana. Pero muchos gobiernos ven el fortalecimiento de la incipiente ciudadanía europea como una interferencia que estorba el “normal funcionamiento” de los intercambios entre los “intereses nacionales” de los Estados. Este es el techo de la cultura política que hoy domina el Consejo de Ministros Europeo. El Consejo actúa como un fuerte contra-poder poco transparente frente a al Parlamento Europeo constituido como ágora de decisión mediante los votos de la ciudadanía europea. Además, el creciente poder “de facto” de algunos grandes estados europeos nos coloca en la disyuntiva de elegir entre el retroceso intergubernamental y el avance hacia una Europa más política y ciudadana.

 

“Tú elegirás quien gobernará Europa” afirma la publicidad institucional en los autobuses de Bruselas mostrando las caras de ciudadanos europeos. Pero lo cierto es que, más allá del día de las votaciones europeas que se hacen cada cinco años, la gente de la calle carece de conocimiento actualizado y  de influencia destacable sobre las direcciones de la gobernanza de Europea. Se naturaliza y se esencializa la idea de Europa como si fuera un ser ya acabado: “Europa hace esto”, “Bruselas dice”, pero sin establecer distinción del color político de la fuerza política que “gobierna Europa”.  Esto hace posible que frente a la crisis económica muchas voces no echen la culpa ni a la izquierda ni a la derecha, ni a ningún mayoría política en particular, sino que como chivo expiatorio endosan la responsabilidad a un  alejado ente “en Bruselas”, de difícil comprensión y sin caras ni nombres reconocibles.

 

Para salir de este atolladero mucha ciudadanía de a pie demanda primacía de los poderes democráticos del Parlamento Europeo, más transparencia en la toma de decisiones y más participación mediante diversidad de fórmulas: peticiones, iniciativas ciudadanas, escrutinio público de todos los procesos europeos de toma de decisión, incluyendo la caverna del Consejo de los Estados Miembros que actúa sobre las leyes europeas como un Senado de patricios fuera de la vista de la ciudadanía.

Otro gran reto es el de reforzar la Europa ciudadana frente al poder asfixiante de los lobbies de las grandes empresas e instituciones financieras. Son urgentes las medidas eficaces para frenar este incalculable y opaco poder feroz de los más de 4000 lobbies privados existentes en Bruselas que secuestran muchas de las políticas orientadas al bien común.

 

A falta de más transparencia y más poder ciudadano, muchas de las leyes comunitarias se cuecen  mucho más en los bares ante unas cervezas o en los grandes bloques de oficinas que rodean a las instituciones europeas que dentro del propio Parlamento Europeo. Por desgracia muchos eurodiputad@s se limitan al “copiar y pegar”  las enmiendas de ley precocinadas por el lobby industrial de turno.

 

Pero a pesar del “lobby feroz”, de las trabas políticas, la opacidad y las dificultades linguísticas y burocráticas, la ciudadanía europea activa y organizada puede ganar importantes batallas europeas. Un gran ejemplo de ello ha sido la derrota de ACTA (Acuerdo comercial  anti-falsificación) a pesar del fuerte consenso político favorable entre los Estados europeos. Millones de europeas y europeos por todo el continente se movilizaron en defensa de derechos digitales fundamentales para forzar el rechazo final del Parlamento Europeo a ACTA. Asimismo, por encima de las fronteras nacionales, docenas de miles europeos presionan diariamente ante las instituciones comunitarias en favor del clima y las energías renovables; por unas exigentes normas de salud pública; por unas comunicaciones por internet neutrales, privadas y asequibles; en favor de la transparencia en la innovación médica; en contra del maltrato animal; en favor de la seguridad alimentaria; en defensa de los derechos de las minorías étnicas, l@s LGBT y los inmigrantes.

 

La ciudadanía europea va por delante, anuncia paso a paso la nueva Europa y fuerza la apertura de unas puertas institucionales pesadas y atascadas.

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15 mai 2014 4 15 /05 /mai /2014 15:02



¿Qué nos jugamos exactamente en las elecciones europeas de mayo?

Nos jugamos poder dar la vuelta al grave retroceso intergubernamental y paralización institucional que sufre la Unión Europea que la debilita para enfrentarse a las crisis sociales y ecológicas desde una perspectiva del bien común. O impulsamos las iniciativas europeas ciudadanas hacia una mayor responsabilidad compartida de la justicia social y la defensa ambiental   o la Union Europea continuará perdiendo credibilidad entre la ciudadanía. Aún peor: seguirá sirviendo como el chivo expiatorio de todos los males en los estados nacionales. También empeora el descrédito popular de la UE el creciente dominio del sistema opaco en la toma de decisiones de los estados en el Consejo que devalúa la democracia, desprecia el Parlamento Europeo elegido y refuerza una percepción ciudadana de una Europa movida por intereses nacionales y particularistas. Además, los electores deben exigir medidas claras para frenar el incalculable poder feroz de los lobbies industriales en Bruselas que intentan secuestrar muchas de las políticas importantes orientadas hacia el bien común.

El avance de la ultraderecha en Europa parece ser incuestionable. Se caracterizan además por ser euroescépticos, es decir, por poner en cuestión todo lo conseguido por la Unión Europea. Pero ciertos movimientos sociales de izquierdas, como el 15M en España, también dudaron en ocasiones de la UE (pidieron la salida de España del euro, por ejemplo). ¿Qué ocurre para que dos ideologías tan diferentes converjan en ese NO a Europa?

Sectores importantes de tanto la izquierda como la derecha están influídos por sentimientos nacionalistas en defensa de la "soberanía nacional" pero las explicaciones son distintas. Mientras una parte de la izquierda, armada con más ideología que con propuestas con viabilidad política,  defiende la supuesta  "soberanía nacional frente a los mercados"  ante el giro neo-liberal de la mayoría política europea, una cierta derecha anti-europea recupera los rancios discursos xenófobos y aislacionistas  para sabotear cualquier medida a favor de la solidaridad europea.

¿Cuáles son los riesgos de decirle NO a Europa? ¿Qué perdería España en concreto?


Fuera del Reino Unido la salida de la UE no está planteada seriamente en ningún país. Sin embargo, el NO a Europa "genérico"  de derechas o de izquierdas está siendo aprovechado por algunos mandatarios europeos conservadores  para alejar una Europa política y solidaria y para impulsar un modelo  de la UE como un mercado libre glorificado con cada vez menos capacidad financiera para la acción social y cada vez menos ambición política  a favor de la cohesión, la igualdad y la defensa ecológica.  De esta manera, tendremos una Europea cada vez más modesta, opaca, intergubernamental y comercial.


Josep Ramoneda decía que el el Estado de Bienestar será a escala europea o no será ('La Europa de las culturas', ciclo “Miradas a Europa”, Deusto). ¿Cierto? ¿Por qué?

Es cierto. Como estamos viendo, sin dedicar más recursos comunes para cerrar las enormes diferencias sociales entre y dentro de los estados miembros de la UE, no pararán de crecer los movimientos nacíonalistas y xenófobos, especialmente entre los países "contribuyentes netos" al presupuesto europeo. Es urgente que la Unión Europea tenga una base financiera propia importante basada en una fiscalidad común (o de los países que la aceptan) para promover políticas sociales y ambientales a favor del empleo y la igualdad. Sin un presupuesto propio bastante mayor y más competencias  "el modelo social europeo" proclamado por la UE se convertirá en pura demagogia. En cambio, la realidad penosa actual es una Unión Europea que impone políticas extremas de ajustes financieros, como en Grecia,  que excluye a franjas importantes de la población de la protección sanitaria y social sin proveer las contrapartidas suficientes para conservar el más mínimo "estado de bienestar". Así el proyecto federalista europeo pierde credibilidad a raudales.

Husserl: “El mayor peligro para Europa es el cansancio”. La curiosidad alerta, la perplejidad es conocimiento. El cansancio inmoviliza. Europa está cansada, angustiada, inmovilizada. ¿Qué deben hacer al respecto los movimientos pro-europeos?

Ojalá existiera una poción mágica para animar a los movimientos europeístas federalistas! Al mismo tiempo es natural que haya cansancio entre un movimiento utópico y muy minoritario como el europeísmo social.  Pero la realidad política y cultural de Europa es muy tozuda y diversa.   Nos duele ver que mientras los retos sociales y ecológicos globales son existenciales, la relación actual de poderes políticos no deja una UE a la altura de la circunstancias. No soy nada optimista.


Elias Canetti: “La humanidad solo está indefensa allí donde carece de experiencia y de memoria”. ¿Nos falta memoria?

Claro que nos falta memoria pero la memoria no se una hilera de ladrillos que dejamos detrás de nosotros; es algo que moldeamos según las realidades y conflictos actuales.  Nos falta memoria situada en la responsabilidad común del planeta y sus gentes. Nos sobra memoria al servicio de particularísimos étnicos, economicismos estrechos y el darwinismo social.


Tras la fragmentación de los partidos comunistas, la socialdemocracia se ha configurado como la única fuerza organizada de la izquierda (Jorge Semprún). Alguna vez he leído que fueron las políticas socialdemócratas las que pusieron en marcha el Estado de Bienestar europeo. Este escepticismo a Europa ¿está ligado a la crisis de la socialdemocracia (al hecho de que ni España ni Europa tengan un partido socialista fuerte)?

Con la globalización y la explosión de los mercados mundiales se ha roto definitivamente los distintos pactos sociales nacionales "fordistas" que posibilitaron los distintos grados del llamado "Estado de Bienestar Europeo" basado en un reparto estable de "los beneficios del crecimiento".  Los imperativos de la crisis ecológica y el contexto de la economía globalizada han superado a los estados nacionales europeos de la socialdemocracia y ahora demandan unas políticas europeas de proyección global que son a la vez socialmente justas y ecológicamente austeras.

¿Cuál debe ser la prioridad de la Unión Europea ahora mismo?

Impulsar las reformas democráticas y institucionales necesarias a favor de una Europea federal con objetivos sociales y ambientales ambiciosos.


¿Son posibles a medio plazo unos estados unidos de Europa?

No soy muy optimista pero la pedagogía de la catástrofe, real o inminente,  puede obrar milagros.


¿Qué se puede hacer para que la sociedad se vea mejor y más representada en Europa? (Tenemos la sensación de que todas las decisiones se toman en Bruselas)

Exigir más simplicidad democrática, más transparencia en la toma de decisiones (sobre todo por parte de los estados que tiran la piedra contra la UE y esconden la mano) y mucho más participación ciudadana mediante las peticiones, las iniciativas ciudadanas y la apertura de los partidos políticos y sus representantes.

Predicción personal para las próximas elecciones europeas de mayo.

Los dos grandes grupos, socialistas y populares, quedarán con unos 200 escaños cada uno. Subirá tanto la izquierda radical como la derecha anti-europea. Los liberales quedarán con unos 70 escaños. Muchos pequeños partidos centristas  conseguirán representación por la primera vez con la creación de algún nuevo grupo político.   La fragmentación puede forzar un pacto de "concentración" de los dos grandes formaciones para elegir los principales cargos de la Comisión y el Parlamento.

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31 mars 2013 7 31 /03 /mars /2013 17:28

¿Existen los lobbies “buenos” y los lobbies “malos”?

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A propósito del estelar papel que realizan los influyentes y opacos actores económico-políticos llamados lobbies, el pasado 17 de marzo se emitió “El Lobby Feroz” en el programa televisivo de “Salvados”. Su presentador Jordi Evole abordó el debate sobre las actuaciones de numerosos grupos de interés que influyen la política europea al margen de mínimos criterios de transparencia, y en medio de un gran desequilibrio de fuerzas entre los lobbies que defienden los intereses comunes de la ciudadanía y los que defienden otros intereses particulares de cualquier otro tipo. Lo cierto y real es que se da una fuerte presencia de la influencia de los lobbies en la política europea y en concreto en el Parlamento Europeo, inundado como está por un ejército de lobbistas defensores de intereses industriales y comerciales de todo color que ejercen su trabajo de presión mediante muchas fórmulas, a menudo tan variadas como exitosas.

 

Mi participación en dicho programa televisivo ha sido en el papel de portavoz de los “lobbies buenos”, que aunque habitualmente son muy minoritarios en presencia, recursos y fuerza, también existen, están ahí y trabajan en condiciones de leonina asimetría y marginalidad alrededor de la agenda de las decisiones políticas y legislativas. Participo en el trabajo de presión e influencia que ejercen las organizaciones cívicas y consumidores que hacen defensa de los bienes y servicios del “interés común” frente a los intereses sectoriales perseguidos por los “lobbies industriales o comerciales”. La falta de transparencia y el enorme desequilibrio de fuerzas entre los lobbies malos y los buenos daña enormemente la credibilidad y legitimidad democrática de las instituciones europeas.

 

¿Y el interés común?

 

La frontera existente entre los lobbies malos y buenos es crucial, y no ha de pasar desapercibida ni debe ser borrada, a no ser que queramos naufragar y perder toda brújula de orientación en la búsqueda de avances en bienestar y mejora colectiva. Aunque curiosamente, esto fue puesto en duda por alguna de las afirmaciones del eurodiputado socialista participante en el programa de Salvados, quien sentenció que “el interés común es muy diferente según desde donde se mire”. Esta actitud de negación de la existencia de una clara línea de demarcación entre ambos tipos de lobbistas solo puede contribuir a una mayor confusión y manipulación social. Contrariamente, es de necesidad y salud democrática el que exista una visibilidad y un re-equilibrio de fuerzas que haga posible la existencia de muchos más lobbistas en favor del interés colectivo.

 

Esto se contrapone radicalmente a la falsa idea de que en nuestras sociedades plurales, llenas como están de desigualdades y divisiones sociales, solo se dan intereses particulares en lucha y competencia para conseguir ventajas comparativas. Bienes comunes y colectivos tan fundamentales y básicos, como son la salud, los derechos humanos, la libertad de expresión, el acceso a la cultura, los derechos digitales, la biodiversidad, el bienestar animal, la igualdad social, la igualdad entre mujeres y hombres, la protección ecológica de los sistemas vivientes que mueren aceleradamente,... todos son ejemplos de problemáticas que dañan bienes y servicios colectivos. El “interés común” tiene su lugar y existencia propia, separada de otros intereses y aspiraciones particulares, y puede estar amenazado o lesionado por el predominio de los intereses sectoriales y particulares. No ha de ser suplantado por los intereses particulares, y frente a las políticas neoliberales extremas y las fuerzas económicas transnacionales se hace más urgente su reconocimiento y defensa.

 

Se hace necesaria la existencia de lobbies fuertes en favor del “interés común” como contrapeso y freno al dominio ejercido por los distintos lobbies de intereses comerciales, particularistas o nacionalistas. Es verdad que los debates y la construcción de las opiniones políticas en sociedades tan plurales y desiguales como las nuestras están atravesados por numerosos conflictos de intereses, poderes, valores y creencias en confrontación. Pero la consideración del “interés común” no puede eliminarse de tajo en nombre del “todo depende desde donde se mire” ni del fuerte relativismo propio de la cultura posmoderna reinante.

 

El lobby feroz

 

La tarea de poder discriminar entre lobbies buenos y malos se hace necesaria y urgente. La fuente de financiación de los lobbistas y la finalidad específicamente política buscada es determinante para saber quien es quien en el semioculto mundo de los lobbies.

 

Resulta central el hecho de que un lobby sea financiado por una empresa determinada o por sector industrial que realiza una influencia política con la exclusiva finalidad de incrementar las propias ganancias económicas o de reforzar su cuota y lugar predominante en el mercado. Los principales lobbies industriales representan los intereses económicos de las grandes empresas que copan gran parte del negocio actual en cada campo de actividad (como por ejemplo son: Microsoft, Telefónica, Gas Natural, Coca Cola, Nestlé, Shell, Bayer, Monsanto...). Estos lobbies industriales luchan ferozmente en contra del cualquier cambio en el estatus quo legal que pudiera afectar o perjudicar su modelo de negocio, o que permitiera la entrada de nuevos competidores en el sector propio.

 

El talonario, el cóctel y las puertas giratorias

 

Los lobbies de las grandes industrias ejercen un impacto enorme sobre las leyes europeas que rigen ámbitos fundamentales de las sociedades. Con un talonario muy generoso las grandes empresas organizan para los legisladores europeos eventos de todo tipo, como son los cócteles, las cenas, los seminarios, los viajes, las exposiciones, los libros y panfletos, las enmiendas y proposiciones de ley... Un ejercito de sus “expertos”, “oradores” y “representantes” inundan los pasillos, las comisiones y oficinas de las instituciones europeas. Además, también hay ejemplos de presiones ilícitas, sobornos y financiaciones políticas.

 

Ya se ha convertido en algo demasiado común el bochornoso espectáculo de “las puertas giratorias”, que consiste en que muchos eurodiputados y altos funcionarios de la Comisión Europea trabajan directamente como lobbistas industriales antes, durante y después de sus carreras institucionales y políticas. En confrontación con los los lobbies del interés común hay diversas tipologías de lobbies, como las señaladas a continuación.

 

Leyes de copiar y pegar

 

Puede que donde más se puede percibir la gran efectividad de la mano negra ejercida por los grandes lobbies empresariales es en las nuevas iniciativas legislativas y en las mismas enmiendas presentadas a las proposiciones de ley por parte de muchos eurodiputados. Mediante el simple ejercicio de “copiar y pegar” al pie de la letra lo ya previamente redactado por los lobbistas industriales, los eurodiputados firman enmiendas poniendo en su nombre lo que en su origen son propuestas legislativas e intereses empresariales. Y así ocurre a menudo que las formulaciones redactadas por la misma industria directamente acaban convirtiéndose en la misma letra de la ley finalmente aprobada, llegando así a formar parte del derecho y las decisiones comunitarias, sin que nunca pueda conocerse por parte de la ciudadanía europea el verdadero origen de los textos y la legislación que rige nuestras vidas.

 

El catastrofismo económico de las grandes empresas

 

Pero para enredar más y hacer más opacos los intereses sectoriales en juego, ocurre que los lobbies de las grandes multinacionales también buscan añadidos de legitimidad utilizando para su particulares intereses los argumentos retóricos de “interés común”. En este mar de confusión de discursos sobre los intereses generales servidos como si fueran evidentes resulta habitual escuchar la letanía de la defensa del crecimiento económico, la competitividad y el empleo. Estos cantos de sirena buscan dosis añadidas de dignidad y credibilidad haciendo apologías en nombre de valores adscritos al campo de los intereses generales, como son los de la seguridad en el suministro de servicios energéticos, alimentarios o de comunicación, o en nombre de la innovación, y en campos tan diversos como como son la salud o las tecnologías de la comunicación.

 

A pesar de tanta inflación retórica, la triste realidad es que las grandes empresas solo buscan construir altos muros alrededor de su forma de ganar dinero y sus cuotas de negocio. Muy a menudo pregonan futuros imaginarios de catastróficas consecuencias económicas ante la posible existencia de iniciativas para una mayor regulación europea en favor de los intereses comunes, como son los de la transparencia, la participación cívica, la salud, los consumidores, los derechos de protección ecológica, o las exigentes normas reguladoras que garanticen derechos sociales fundamentales.

 

Radicalmente diferente es la presión política ejercida por un grupo financiado por fuentes sin ánimo de lucro y sin un interés comercial directo o indirecto. Un lobby de “interés común”, como son la mayoría de las ONGs, defiende la extensión de derechos fundamentales y bienes comunes culturales, sociales y ambientales. Al mismo tiempo estos “lobbies buenos” también suelen incluir en su agenda unas metas económicas compatibles con el bienestar conjunto, la innovación tecnológica y la creación del empleo, pero siempre supeditadas a los valores e intereses generales, que nunca pueden reducirse ni equipararse al simple cálculo crematístico de ganancias económicas.

 

Los lobbies particularistas de la pesca, el tabaco o el carbón

 

También hay lobbies “nacionalistas” o “regionalistas” que se arrogan de representar y proteger los intereses específicos de un conjunto de población, por ejemplo, de Galicia, Canarias o Extremadura. Pero veremos que estos poco o nada tienen que ver con el interés común o público.

 

Es de lo más habitual el hechos de que se fraguen poderosas alianzas entre los lobbies nacionalistas y los lobbies industriales. Por ejemplo, mientras que los lobbies del “interés común”, que incluyen a ecologistas y pescadores artesanos, defienden unos límites estrictos mediante un legislación restrictiva que evite la sobre-pesca y la destrucción de los ecosistemas marinos, para con ello detener el avance hacia la escasez y esquilmación de recursos alimenticios vitales, a la contra se enfrenta una alianza de intereses entre el lobby de los grandes armadores como Pescanova y el “lobby gallego”, a la que se suman los partidos de todo color político que cuestionan sistemáticamente todas las iniciativas en legislación y normativa europea que avanzan en la restricción y control de la pesca. La alianza entre lobbistas industriales y nacionalistas convierte a lobbies muy localistas en férreos defensores de algunas actividades industriales, lo que a su vez empuja a casi todos los representantes políticos españoles a defender las subvenciones europeas al cultivos tan dañinos como so los del tabaco, en nombre de los “intereses nacionales”, mientras que las asociaciones ciudadanas en defensa de la salud pública, en su trabajo de influencia como lobbistas del interés común, contrariamente consideran que las subvenciones y el escaso dinero público no debe dirigirse a fomentar a un gran enemigo de nuestra salud. 

 

Otros ejemplos emblemáticos se pueden señalar. Algo muy similar ocurre con los potentes lobbies “regionalistas o nacionalistas” que luchan en favor de mantener las gigantescas subvenciones a la minería del carbón en zonas de León, Asturias y Aragón y a su quema en centrales térmicas para generar electricidad. Son muy dispares los actores sociales que se suman al unísono a este lobby en favor de un combustible fósil que nos trae la ruina colectiva y planetaria por sus efectos contaminantes sobre la atmósfera, la biodiversidad y nuestras propias condiciones de vida y futuro. Un gran conglomerado de actores sociales se pone al servicio de los lobbies industriales, formado por partidos de izquierdas y derechas, empresarios mineros, sindicatos, gobiernos regionales, gobierno nacional. Todos unen sus fuerzas dando forma al lobby malo: “pro-carbón”. 

 

Son numerosos los casos de problemáticas y alianzas de actores sociales que desembocan en poderosos lobbies contra el interés común, que como en el caso del carbón, dañan directamente los intereses colectivos y el bien común bajo el manto de los intereses regionales y del beneficio económico de empresas particulares pero ahora concebidas como “nacionales” o “de los nuestros”. Unos ejemplo actual es el lobby a favor del peligroso “Fracking” or fractura hidráulica que busca sacar el gas del subsuelo con cócteles de sustancias químicas que son una gran amenaza para los acuíferos. También resulta emblemática la variada argamasa de actores sociales, económicos y políticos que se une conformando los llobbies que buscan la aprobación y subvención europea a la construcción de muchas grandes infraestructuras, tan despilfarradoras de recursos escasos como innecesarias y dañinas, como son los grandes puertos de Granadilla o de Pasaia, o como son los aeropuertos de Ciudad Real o de Castellón), entre otros muchos ejemplos.

 

Los “campeones nacionales” españoles

 

En Bruselas, el llamado “interés español”, o esa abusada metafísica de la “marca España”, consigue adoptar la forma de lobbies de presión en favor de los “intereses nacionales”, aunque en la práctica real suele significar algo bien distinto a lo lo proclamado: una defensa a ultranza de los negocios de algunas cuantas empresas que son así consideradas como “campeonas nacionales” de todo un país y toda una sociedad, como son Telefónica, Endesa, Gas Natural, o el Banco BBVA. Algo parecido sucede con la defensa casi unánime de la bárbara y cruel “fiesta taurina” percibida perversamente como la “fiesta nacional” ante las muchas críticas de la ciudadanía europea. Esta malentendida idea del "nacionalismo español" es capaz de movilizar a toda una orquestada acción lobbista, pero difícilmente puede coincidir con el interés general, ni el de la sociedad nacional particular ni el de la sociedad europea.

 

¡Bienvenidos los lobbistas del interés común!

 

La defensa de la salud y supervivencia humana en el planeta nos ha de obligar a proteger y reparar los bienes comunes más valiosos y necesarios, como pueden ser el aire, el agua, el mar, las tierras fértiles, la biodiversidad. Ante la actual situación de dramática emergencia ecológica que nos afecta local y globalmente, y que genera numerosos riesgos y desigualdades en el acceso a recursos y servicios naturales básicos, la protección y defensa de la salud o de la ecología en un planeta limitado, frágil y cada vez más degradado, es hoy día parte inevitable del “interés general”.

 

Por tanto, se hace urgente y necesario el trabajo de presión y los “lobbistas buenos” defensores de estos bienes comunes tan amenazados. Sus campos de problemas y de posible actuación son numerosos y variados, como pueden ser: la defensa de fuertes normas restrictivas sobre las sustancias químicas tóxicas; la defensa de unos objetivos ambiciosos para la reducción de las emisiones contaminantes a la atmósfera, las que son producto de la combustión de la gasolina en los coches o las que salen de las chimeneas industriales; la defensa de un etiquetado claro sobre los componentes nocivos presentes en los alimentos y productos comerciales si realmente ponemos por delante los bienes de interés común, como son la defensa de la salud humana y de la Tierra; la defensa del acceso abierto de los datos de investigación médica y de los resultados científicos financiados con dinero público, y en contra de la privatización y ocultamiento de las investigaciones y datos científicos por parte de las multinacionales farmaceúticas …

 

La desproporción entre los lobbies feroces y los “lobbies buenos” 

Toda la acción de influencia y efectividad de los lobbies se mueve en un campo atravesado por una desigualdad fundamental: por cada lobbista del "interés común" se multiplican por cien los lobbistas que representan a los intereses particulares y comerciales, que son los que están cargados de recursos y medios para ejercer con éxito su trabajo de influencia.

 

Por tanto no son suficientes las medidas de más transparencia y control en el trabajo de presión que ejercen alrededor de las instituciones políticas. Sin un mayor protagonismo de los “lobbies buenos” con un reequilibrio de fuerzas entre los lobbies industriales y los lobbies ciudadanos del bien común, la Europa democrática, social y ecológica que queremos se alejará más y más de nuestro horizonte.

 

DAVID HAMMERSTEIN

 

 

 

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23 mars 2010 2 23 /03 /mars /2010 08:55
Unas preguntas al Comisario Joaquín Almunia acerca de la decisión europea sobre la legalidad de las ayudas al carbón


1.  ¿Como puede usted justificar la aprobación del Decreto español para subvencionar la quema del carbón español con las reglas europeas de competencia en la mano?

2.   ¿Al considerar usted unas nuevas ayudas al carbón español toma usted en cuenta el caso ante el Tribunal Europeo de Justicia de nueve minas a cielo abierto que son acusadas de vulnerar el derecho ambiental comunitario? ¿Es compatible con la política europea de coresponsabilidad ambiental transversal?  ¿Ha pedido un informe a la Dirección General de Medio Ambiente  de la Comisión Europea sobre el impacto ecológico de la actividad de las minas a cielo abierto en España que representan más del 30% de la producción de carbón español?

3. ¿Está informado de la reciente sentencia firme del Tribunal Supremo que condena al mayor empresario minero español Victorino Alonso de falsificar y manipular la calidad y la cantidad del carbón que vende a las térmicas españolas? ¿Puede tener una influencia sobre la decisión de aprobar unas subvenciones estatales al carbón español el hecho de que existen dudas razonables sobre los datos aportados para justificar las ayudas y sobre el destino final de las ayudas?

4. ¿Por su afiliación política y sindical considera que usted puede ser imparcial y libre de conflictos de intereses al tomar la decisión sobre estas ayudas estatales al carbón? ¿Debería dejar que esta decisión la tomara otro miembro de la Comisión Europea?
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10 juillet 2009 5 10 /07 /juillet /2009 18:04


    Una vez estuve en un bar cercano al Parlamento mirando un partido de futbol de la Eurocopa, y llegó a mi mesa un jarra de cerveza sin que yo la hubiera pedido. A los pocos minutos apareció un lobbyista de una gran empresa española de telefonía con una gran sonrisa. La verdad es que en Bruselas hay lobbyistas industriales hasta en la sopa. En mucha menor medida hay representantes ciudadanos, consumidores, ecologistas y sindicatos.  

  Los lobbyistas de las grandes empresas, son omnipresentes en las salas de reuniones parlamentarias, pululan por las sesiones de la Comisiones parlamentarias y por los pasillos. ¡Hay una plaga de más de quince mil! A menudo, son los mismos lobbyistas quienes escriben y corrigen gran parte de la enmiendas presentadas por los grupos políticos a las leyes que se aprueban el Parlamento Europeo. Es habitual que los eurodiputados simplemente firmen la propuestas de ley elaboradas por una empresa química concreta, por un laboratorio farmacéutico, o por un fabricante de coches o de juguetes.  La ciudadanía europea nunca llega a conocer a estos protagonistas ocultos que redactan las propuestas de texto para las nuevas leyes que se aprueban, y desconoce que su representante político puede estar siguiendo al pie de la letra los intereses de lucro de una empresa privada, en lugar de orientarse por las necesidades colectivas como suele estar escrito en los programas electorales y las declaraciones públicas. 

 

  Cuando se consideran unos paquetes legislativos europeos fundamentales, como son de Telecomunicaciones o el de Energía,  la mayoría de l@s diputad@s europeos de los grandes partidos defienden a capa y espada los intereses de las empresas consideradas "campeonas nacionales". Es decir, hacen una defensa infatigable de los intereses económicos de las grandes empresas que ocupan posiciones dominantes en sus propios países, como pueden ser: Deutche Telecom, Telefónica, EON, Iberdrola, Siemens o Nokia. Dejan entonces de importar loa ciudadanía consumidora, el medio ambiente, o los derechos y garantías sociales, y así se protegen los intereses de sus "estrellas" nacionales por encima de cualquier otra apuesta política europeísta o ideológica. 


   Los propios gobiernos de los estados miembros ejercen también una presión asfixiante que limita radicalmente la correcta aplicación del Derecho Comunitario. Cuando existe algún procedimiento de infracción abierto contra un país por vulnerar alguna Directiva europea, las embajadas, los ministerios y los propios eurodiputados, ponen en marcha una tromba de declaraciones y presiones para evitar que el incumplimiento de la ley europea llegue al Tribunal Europeo de Justicia. Hay numerosos casos de verdadero escándalo por el repetido incumplimiento legal, como pueden ser los casos denunciados de las minas a cielo abierto en montañas ambientalmente protegidas, los puertos industriales, las contaminaciones por actividades químico-industriales, las urbanizaciones con una contratación pública sin concurso o publicidad, la pesca ilegal, etc.  

  No es sorprendente de que haya presiones de todo tipo sobre la legislación europea. Lo que  de verdad es inadmisible en una cultura democrática es la total falta de transparencia sobre las actividades de los lobbies,  la ausencia de información pública sobre qué empresas están detrás de qué ley y cuales de las enmiendas presentadas a voto en el Parlamento Europeo llevan el puño y letra de unos intereses muy privados.

 

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22 juin 2009 1 22 /06 /juin /2009 06:37

 

  

       El proyecto de una Europa unida es aún una idea utópica. Como muestra, una pequeña apreciación: hoy resulta bastante atrevida la democrática idea de que la mayoría de la ciudadanía europea se pudiera identificar con unas instituciones y con un espacio políitco europeo al mismo nivel que su conexión con sus patrias nacionales. El sentimiento ciudadano de pertenencia a Europa es muy débil, y no solo por unos obvios motivos históricos, culturales o lingúísticos.  
    
 
    Los gobiernos de los estados miembros de la Unión Europea se resisten a soltar los amarres y la capacidad de gobernabilidad en favor de nuevas instituciones supranacionales, y con ello permitir los inicios de un marco político realmente europeo. Realmente no quieren que haya elecciones europeas transnacionales en las cuales se eligiera, por encima de los debates y candidaturas nacionales, al Presidente de la Comisión Europea y a un buen porcentaje de eurodiputad@s. Los gobiernos se aferran así al sistema actual "inter-gubernamental" de toma de decisiones en la UE, que prima a un Consejo de Ministros donde la transparencia de las decisiones importantes brilla por su ausencia. La armonización de los mercados culturales y ecconómicos dista mucho de ser una realidad, y también la  armonización social sigue siendo un sueño del futuro.  

Por ejemplo, los estados miembros de la UE se resisten cada vez más a que haya un mercado europeo de telecomunicaciones y audiovisual sin trabas, y que pudiera favorecer la creación de una opinión pública europea y una cultura ciudadana más integrada.  Son muy potentes las inercias que entienden la UE como un simple espacio de negociación y acuerdo entre los gobiernos de los estados miembros, que a puerta cerrada hacen la defensas numantinas de sus prioridades e intereses particulares.

El viejo mundo nacional que muere no deja emerger al nuevo mundo supranacional de la Unión Europea, que se resiste a nacer. Al colocar los metas europeas tan altas en los discursos y en las huecas retóricas a las que nos tienen acostumbrados los líderes políticos, la realidad en cambio aparece muy distante e insuficiente comparada con las ambiciosas proclamas de integración europea de bastantes portavoces políticos. Por el contrario, las posturas eurocríticas y nacionalistas de muchos de los líderes de Europa oriental debilitan gravemente todo el proyecto. En este purgatorio real, y tan alejado de la Europa política declarada, crece la frustración euroescéptica y aumentan los reflejos nacionalistas y xenófobos, para ellos Europa se convierte es un perfecto chivo expiatorio causante de todos los males. 

Pero a pesar de ser muy críticos con muchos de los derroteros de esta Europa insuficiente y embrionaria, no pueden despreciarse los logros actuales de la Unión Europea en el terreno de la democracia, la paz y solidaridad, la legislación compartida, y el diálogo permanente. La necesidad de una Europa unida, social y ecológica, puede parecer una utopía aún lejana, pero la misma persecución de este sueño ya ha dado unos frutos muy importantes que tendremos que defender con todas nuestras fuerzas.  

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24 mai 2009 7 24 /05 /mai /2009 19:32
LO QUE NO QUIEREN QUE SEPAS SOBRE LAS ELECCIONES EUROPEAS (2)




  
A lo largo de los últimos cinco años, ha sido muy chocante ver la actuación y el posicionamiento político del grupo europeo de IU en el Parlamento Europeo .

A pesar de contar con un número casi igual de eurodiputados que los pertenecientes el Grupo Verde del Parlamento Europeo, sin embargo el protagonismo e importancia del grupo Izquierda Unitaria (en el que se integran los partidos comunistas o post-comunistas de la Unión Europea) en el Parlamento Europeo, es bastante menos decisivo políticamente y mucho menos conocido por la opinión pública que el Grupo Verde.  

El grupo de Los Verdes actúa mucho más que IU como un grupo cohesivo y activo y tiene bastante más incidencia en mucha de la legislación europea adoptada. El papel de los parlamentarios de IU es más fragmentado en su actuación y asume un papel más ideológico y marginal ("no a todo") dentro las correlaciones de fuerza en el quehacer parlamentario cotidiano. Los Verdes mediamos en el detalle de las luchas prácticas por cada cláusula y por cada apartado de directivas en construcción, y con ello influimos en la letra de la ley y en el voto final de una parte significativa de la cámara. Contrariamente, IU carece un un peso específico en gran parte de los grandes debates y ni siquiera tiene un perfil reconocible en muchos campos. Evidentemente, hay que tener en cuenta también que hay bastante diferencias políticas entre IU y los Verdes de la Eurocámara.

En una de las Comisiones del Parlamento Europeo más potentes a nivel legislativo, la de Industria, Energía e Investigación (ITRE),  y como miembro titular de la misma, he tenido bastante contacto con las posiciones políticas de Izquierda Unitaria sobre muchas cuestiones de gran envergadura política.

+ IU son pro-nucleares en la Comisión de Industria (y muchas veces en el pleno).  La primera sorpresa que tuve fue al comprobar que la IU europea apoyaba la energía nuclear en general, y estaba a favor de dedicar grandes cantidades de dinero público para la extensión de las plantas atómicas y para la investigación nuclear, tanto para la fisión como para la fusión. En ITRE, IU  forma parte del bloque pronuclear mayoritario del Parlamento Europeo. Las posiciones pro-nucleares se han reflejado en sus votaciones legislativas sobre EURATOM, el Séptimo Programa Marco de Investigación, y en muchos elementos del Paquete Energía y Clima.

+ IU mantiene posiciones pro-industria química, a favor de los fabricantes de coches y de la minería de carbón. En las largas y difíciles discusiones sobre el Reglamento Reach en la Comisión de Industria, que buscaba controlar y  sustituir a miles de sustancias tóxicas peligrosas de origen industrial, los eurodiputados de Izquierda Unitaria apoyaban la gran mayoría de las enmiendas presentadas por la propia industria química (según afirma un estudio de ONGs ambientales), es decir, las mismas enmiendas que reducen la protección de la salud y el medio ambiente. Como en otros casos, IU daba preferencia a la protección de la industria y supuestamente al empleo, coloca cualquier actividad industrial por delante de otras consideraciones de salud y bienestar ciudadano. La pauta de las posiciones de IU debilitaban las iniciativas a favor de la reconversión industrial verde. En cuanto de la minería de carbón y su futuro, el apoyo de IU ha sido claro. Sus diputados han respaldado las subvenciones al sector tan destructivo con los ecosistemas y el clima, y sobretodo han apoyado la financiación de la UE en torno al proyecto faústico, muy dudoso y caro, del  "carbón limpio", que busca el almacenamiento del CO2 generado por las centrales térmicas en el subsuelo. Sobre los coches humeantes de gases tóxicos, más de los mismo: cuando se discutían las propuestas de la Comisión Europea de exigir unos objetivos ambiciosos para la reducción de la emisiones contaminantes de los coches, IU acababa apoyando muchas de las posiciones muy débiles y rebajadas en torno a las exigencias ambientales sobre las emisiones contaminantes defendidas por los fabricantes de coches, que se niegan a transformar el modelo vigente de automóvil.

"Ecologistas sectoriales". Muchas veces han sido mucho menos sensibles con el medio ambiente y su protección, con el cambio climático y la salud, que las posiciones de algunos eurodiputados socialistas y algunos liberales. Es verdad que los parlamentarios representantes de IU en la Comisión de Medio Ambiente, tenían mejores y más coherentes posiciones pro-ambientales, como suele ocurrir en todos los grupos políticos que solo se acuerdan del condicionante ecológico en los ámbitos sectoriales y específicamente definidos como ambientales. IU también integra la problemática ambiental de forma sectorial y desconectada del resto de políticas y prioridades. Se olvida de la ecología como prioridad en su actuación general en otros campos tan centrales como son el de la industria de ITRE. Algo que resulta paradójico e incomprensible para un grupo político como el de IU, que se autoproclama  como "ecologistas" ante la sociedad.


También resultan muy curiosas y chocantes las posiciones del grupo Izquierda Unitaria Europea sobre la política agraria europea, el bienestar animal, los derechos humanos, la construcción europea, las subvenciones, la política exterior, y otras problemáticas donde hay más de una sorpresa. Ya contaré más curiosidades políticas en una futura entrega.

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22 mai 2009 5 22 /05 /mai /2009 08:58



El presidente de la Comisión Europea, ya está pactado y tiene nombre antes de celebrarse las elecciones del 7 de junio. Votes a quien votes ganará el mismo: el conservador Durao Barroso.

Socialistas y Populares ya han anunciado que apoyan la misma persona para el puesto más poderoso de la administración europea. Zapatero y Rajoy respaldan el mismo candidato conservador para la presidencia de la Comisión Europea, es decir, la rama ejecutiva de la Unión Europea. 

Cualquier voto al PP o el PSOE servirá para la ratificación en el Parlamento Europeo de una Comisión Europea encabezada por Barroso.  Después de la nefasta gestión de Barroso ante la crisis económica, la ecológica y la institucional, es incomprensible que se quiera premiarle con una continuidad de cinco años más de mandato, quizás por ser tan débil ante las presiones de los grandes estados y de los lobbies industriales. Como constata hoy en El País Vidal-Folch: "Prefieren reelegir en conclave íntimo al hábil, maleable José Manuel Durao Barroso. Aunque sea a costa de minar el interés y la participación electoral. " 


Los grandes partidos PP y PSOE no quieren que se decida el futuro de la política europea en elecciones paneuropeas. Se oponen a que haya una auténtica elección en las elecciones europeas con una clara percepción social sobre los cabezas de lista comunes por cada familia política en todos países de la UE que serían los candidatos para presidir la Comisión Europea. Se trata de un potente consenso a favor de que no haya una verdadera capacidad ciudadana de decidir directamente sobre la nueva ejecutiva europea y en detrimento del actual y creciente dominio intergubernmental de la Unión Europea. Es decir, no quieren unas elecciones democráticas y un poder popular por encima de las poltronas y el club de los estados nacionales, algo que podría dar mucha más credibilidad y fuerza política al Parlamento Europeo. Los grandes partidos que votan a menudo al unísono en el Parlamento Europeo no quieren visualizar ni dramatizar una hipotética política Europea unitaria y común por encima de los habituales y oscuros trapicheos entre los líderes de los estados europeos.


En estas elecciones europeas tampoco tienen los votantes una alternativa real entre "la izquierda" y "la derecha" para dirigir el Parlamento Europeo. Los socialistas y los populares ya han pactado que votarán a favor del mismo candidato para ser Presidente del Parlamento Europeo. Se ha acordado de antemano la presidencia de la Eurocámara: dos años y medio para cada formación política europea. Tanto los eurodiputados del PP como los del PSOE votarán a favor de representante de Berlusconi Mauro o a favor del conservador polaco Buzek para el importante cargo de Presidente del Parlamento Europeo. Para la segunda parte de la legislatura recibirá los votos de los dos grandes partidos el socialista alemán Schultz. 

¡Este es el tipo de democracia europea que quieren  el PSOE y el PP. 
Antes de votar ya han repartido el pastel del poder! 

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25 avril 2009 6 25 /04 /avril /2009 14:47

 

       ¿Quien hace cumplir las leyes europeas?

 

 

    Los estados miembros hacen caso omiso de muchas de las leyes europeas, sobretodo las ambientales.  Ayer el Parlamento Europeo aprobó el informe Frassoni sobre la Aplicación del Derecho Comunitario.  El informe aprobado contiene una dura crítica a la Comisión Europea por abdicarse de su responsabilidad de velar por el cumplimiento de la legislación europea. Según el informe las directivas de la UE se quedan en papel mojado si no se trasladan correctamente a las leyes nacionales y si no se toman en serio por parte de sus autoridades locales y regionales. 

      

    En el debate en el pleno esta mañana los eurodiputados hemos denunciado que la Comisión Europea que tiene el papel de "garante del Tratado" se muestra cada vez menos incisiva y cada vez más apática en su labor de exigir el cumplimiento de la ley. Las decisiones sobre la aplicación o no del derecho suelen ser de índole político y  que la Comisión Europea está perdiendo su autonomía frente a una presión política asfixiante en contra de molestar a los estados miembros con procedimientos de infracción por la vulneración del derecho comunitario.

  

  El último invento de la Comisión Europea para marear el perdiz ante miles de denuncias ciudadanas, sobre todo ambientales, ha sido devolver la investigación del caso al propio estado miembro presuntamente culpable de la infracción!    Este nuevo proceso inútil prolonga aún más los tortuosos procesos administrativos y crea aún más frustración entre una ciudadanía que suele ver en el Derecho Comunitario el último recurso para recuperar sus derechos o para defender el medio ambiente. 


     Sin un respeto por la ley la Unión Europea quedará debilitada y desprestigiada.  El proyecto europeo representa un conjunto de valores y principios que se plasman en leyes. Si se aplican parcial o selectivamente, la UE perderá credibilidad. 

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15 avril 2009 3 15 /04 /avril /2009 08:54

 


    Sobre la esperanza utópica de una Europa política fuerte y unida: de la ilusión y la necesidad a la regresión nacionalista y al "club de estados" bajo el denominador común más bajo.

 

 A pesar de todas las contradicciones y retrocesos en el tortuoso camino de la construcción de la Europa política, yo me sigo considerando un europeísta convencido contra viento y marea. Creo que los graves problemas mundiales que atravesamos obligan con urgencia a superar la estrechez y los límites de gobernabilidad política de los estados-nación y de los acuerdos bilaterales o multilaterales entre estados.  El mundo actual necesita un fuerte liderazgo europeo frente a la enorme crisis socio-ecológica que nos amenaza.  Pero sin embargo,  durante los últimos años tengo que admitir que personalmente he recibido un fuerte correctivo y un baño de realidad que me ha hecho modificar en mucho mis posiciones idealistas sobre Europa. 
             
Cuando entré como eurodiputado en el 2004, se puede decir que el "sueño europeo" aún tenía algo en ebullición.  Era todavía posible, o al menos, entonces yo lo creía así, apostar con ilusión por la utopía de una Europa unida política y democrática que fuera capaz de hablar con una sola voz en el mundo a favor de la paz y los derechos humanos, y que actuara dentro del viejo continente dando el protagonismo que merecen a unos principios y valores sociales y ecológicos.  Se pensaba que con la simple extensión de las fronteras de Europea hacía el este se podría extender también las bases democráticas y los derechos más avanzados, además de repetir algo parecido al "milagro socioeconómico español" en países como Polonia y Rumania. Con la ampliación europea a los países de este, yo pensaba que se conseguiría sellar la paz, o al menos eliminar la tensión en los Balcanes, o en países como Chipre. Turquía dentro la Unión Europea también podría jugar un papel decisivo a favor de la paz en el Oriente Próximo. Todo ello afianzado además, con la esperada aceptación popular de una Europa institucional y legislativa con mayores competencias de regulación, y en medio un progresivo debilitamiento del nacionalismo de los estados. Con la integración europea se podía vislumbrar una armonización creciente de todas la políticas y de la economía, y al tiempo se construía paulatinamente una nueva ciudadanía supra-estatal capaz de asumir una identidad política cosmopolita y transeuropea.
          
Pero a día de hoy, en la primavera del 2009 tengo que admitir que aquella edulcorada aspiración europea está más lejos que nunca de cumplirse.  Hoy, cinco años después de entrar en el Parlamento Europeo, tenemos delante nosotros una realidad de la UE con 27 estados, pero que es bien distinta de lo que se pregonaba. Los 12 nuevos países miembros han resultado ser "la ampliación de las rebajas", puesto que han significado un fuerte retroceso en los objetivos de integración europea a cambio de alcanzar la nada desdeñable meta de estabilidad y paz.    


Pase lo que pase con la revisión de la Europa trazada por el Tratado de Lisboa, la triste  realidad es que tenemos una Europa mucho menos ambiciosa y mucho menos unida que aquello que nos ilusionaba hace unos años: el soñado "contrapoder frente a EE.UU".  En cambio, el dominio de los estados miembros es más fuerte que nunca frente a los poderes europeos institucionalizados como son la Comisión Europea y el Parlamento Europeo. También la desilusión y escepticismo de la mayoría de la población europea aumenta diariamente, y tampoco hay nuevos avances palpables hacía la "Europa social y ecológica" más allá de las huecas proclamas retóricas y sin respaldo financiero ni prioridades política reales.
         
Además, con el fracaso en el apoyo ciudadano al Tratado Constitucional, y con la gran incógnita actual sobre el Tratado de Lisboa, no se han puesto en práctica las mínimas reformas institucionales y democráticas necesarias para desatascar la toma de decisiones y la gestión diaria de la Unión Europea.
          
Hablaré más claramente. Tenemos una Europa más intergubernamental que nunca. Quien realmente corta el bacalao en casi todas las decisiones políticas es el Consejo de Ministros de los estados miembros, que a puerta cerrada suele defender con muy poca transparencia los estrechos intereses nacionales de cada estado y de sus grandes empresas "campeonas" frente a toda propuesta de una mayor regulación europea, y frente a las necesidades de una mayor un defensa europea de los consumidores y del planeta viviente tan amenazado. Esta situación de una Europa frágil y rehén de los estrechos intereses de los estados miembros, se ha visto muy claramente en las recientes decisiones adoptadas: el "Paquete Energético" y el "Paquete de Telecomunicaciones". Ya casi nadie defiende los intereses generales y conjuntos de la ciudadanía europea, y cada vez son menos los que apuestan por más competencias y control por parte de Bruselas. La dirección del viento ha cambiado hacía el nacionalismo de los estados.
       
La ampliación de la Unión Europea de 15 a 27 países ha desbaratado para muchos años la necesaria construcción de una  "Europa política" por encima de la simple coordinación inter-estatal que sigue dando el peso y el protagonismo a los intereses particulares de los estados. Hoy tenemos más de media docena de nuevos miembros de la UE, pero que no creen en absoluto en la construcción de una "Europa política" fuerte e integrada. Como mucho, estos países quizás pueden hacer hueco a la idea de un "mercado común glorificado", pero que dejando intactas casi todas las competencias de los estados actuales solo quieren cooperar en favor de un mercado libre interno y protegido. Aún más significativo es el cambio de actitud que ha tenido Alemania, que ha pasado de ser el motor de una Europa integrada a oponerse a cualquier propuesta de mayores competencias y regulación para la UE en campos como son los económicos y energéticos. Hoy, Alemania parece estar dispuesta a empujar el retroceso de una importante legislación y política ambiental conseguida (Directivas sobre el Hábitat, las emisiones de coches, contaminantes químicos REACH...).  Francia también ha pasado a ser un país encerrado en sí mismo, y con muy pocas ópticas europeas es proclive al regreso del viejo modelo de federalismo entre los estados europeos.

     

Otra gran desilusión es la de "la Europa social". Apenas existe ni voluntad política, ni leyes comunes, ni medios económicos para construir un marco europeo con unas normas sociales mínimas y comunes, exigentes y vinculantes. Mientras que sí se ha avanzado en la circulación de productos y servicios en el mercado europeo, no hay indicio alguno de que se darán progresos sustanciales en la armonización de los servicios públicos, en las normativas laborales, en la asistencia sanitaria, o en la creación de empleo. Incluso si hubiera una hipotética voluntad política a favor de iniciativas sociales, hoy por hoy, a nivel europeo no existe ninguna vía de financiación para ello. Las respuestas a la actual crisis económica son un claro botón de muestra de esta situación. Las cantidades económicas son ridículas y nadie propone seriamente una fiscalidad europea, bonos, o ecotasas, para poder generar unos recursos propios europeos dirigidos a exigentes políticas sociales o ecológicas.  El actual sistema basado en la negociación de las aportaciones económicas de los estados miembros a las arcas de la Unión Europea está más que caduco, y los países más ricos como es Alemania, ya no están dispuestos a tirar del carro después de décadas de ser el motor económico del reparto y la solidaridad europea hacia el resto de países miembros.

  

A pesar de este pesimista panorama europeo, conviene no olvidar que aunque insuficientes, son sustanciales los logros conseguidos hasta ahora por la Unión Europea, y no deben ser despreciados ni eliminados. De seguir los tiempos como van, seguramente tendremos que defenderlos con todas nuestras fuerzas ante la presión de los miopes intereses económicos de los estados y ante la ceguera particularista de sus forofos nacionalistas.
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