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Los Verdes

7 décembre 2014 7 07 /12 /décembre /2014 19:57

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Las posiciones y discursos de la izquierda española, incluyendo en ella gran parte de sus tonalidades y pluralidad, incluso en las nuevas fuerzas políticas como Podemos que recientemente han irrumpido en estas pasadas elecciones europeas, están dominadas por las prioridades economicistas, que a su vez tienden a favorecer la creciente destrucción de la naturaleza. Sus prioridades de desarrollo y crecimiento están generalmente definidas por unos parámetros macroeconómicos que suelen basarse en la continuación del sobre-consumo de un mundo biofísico limitado y esquilmado. Los escasos recursos retóricos a la “sostenibilidad” y el “equilibrio ambiental” no llegan a ocupar el centro de su quehacer político.

 

La ausencia de una fuerza política verde española fuerte sin complejos de inferioridad ni hipotecas fundacionales frente a la Izquierda real empeora las posibilidades de modificar las actuales prioridades economicistas y productivistas que lastran la oposición al PP. Además, existe la carencia de un liderazgo verde lúcido con capacidad comunicativa sobre el valor añadido distintivo de una fuerza política verde frente a la mayoría productivista de la izquierda. Por desgracia, lejos de ocupar el centro del debate político con propuestas socioecológicas transversales, las fuerzas ecologistas a menudo se convierten en un “complemento” marginal y estético para la Izquierda y, en general, solo consiguen teñir “las fuerzas progresistas” de un verde muy pálido. La realidad es una “ecología política” española que continua siendo fagocitada por partidos izquierdistas y nacionalistas.

 

Las metas dominantes de la izquierda en su pluralidad interna se orientan prioritariamente a la desigualdad social estatal y por mejoras en los procedimientos democráticos, los asuntos que se vinculan a debates sobre la forma de estado, la corrupción o la posible independencia nacional de algunas regiones. Ocurre que la mayoría de las cuestiones sociales y económicas que dominan el escenario político, y a pesar de ser intrínsecamente ecológicas, se obvian o se disfrazan sistemáticamente mediante el uso de un lenguaje exclusivamente social o economicista. Este es un característico rasgo negacionista de las prácticas políticas de la izquierda en relación a los imperativos de la sostenibilidad ecológica y social, lo que implica una peligrosa miopía en torno a los daños y peligros desencadenados por las actuales dinámicas globalizadas del crecimiento y el desarrollo. Pero ocurre que lejos de ser el medio ambiente un lujo en tiempos de crisis económica, ocurre más bien lo contrario: es imposible enfrentarse con mínimas posibilidades de éxito a las desigualdades e injusticias sociales sin abordar con igual atención y fuerza las múltiples crisis socioecológicas. Cuando se tienen en cuenta las variables ambientales del acceso a los recursos naturales y la distribución de daños y amenazas, nuevas y diferenciadas formas de estructuración y desigualdad social aparecen además de las desigualdades de clase y rentas económicas.

 

Resulta alarmante que las crisis ecológicas, que son siempre socio-ecológicas aunque no se reconozcan como tales, que hoy crecen sin control y tienen múltiples expresiones globales y locales, sean solo consideradas un asunto muy marginal o inexistente en el debate y las prioridades políticas de los partidos del cualquier orientación ideológica. Con la actual fase globalizada de la economía se empeoran aún más las cosas. Ante esta gran tragedia colectiva y común, el único futuro posible es el del freno, consciente y planificado o de colapso catastrófico de la civilización industrial, un futuro enraizado en el presente que en parte es inimaginable e indeterminable con exactitud dada la complejidad autoorganizativa de los sistemas vivientes, capaces de innovar sin seguir simples patrones lineales ni previsibles de comportamiento. Lo tristemente cierto es que crece el descuento y la reducción de oportunidades de disfrute de la vida y bienestar para el presente y futuro, para los seres humanos y para el resto de seres vivos y ecosistemas, y a menudo de forma irreversible. No es una visión catastrofista sino una visión realista con un gran respaldo empírico y científico.

 

A pesar de que las realidades socioecológicas continúan siendo ignoradas por parte del “encierro en lo social” de las políticas reales de la izquierda política y ciudadana, lo cierto es que las crisis ecológicas son también plenamente sociales. Nunca hemos vivido fuera del mundo natural, tal y como han ideado fantásticamente los modernos. Nunca hemos sido superiores por tener la capacidad de la razón, ni hemos tenido un origen diferente, divino o racional, al de nuestro humilde parentesco evolutivo con el resto de animales no humanos, no somos los dueños de la vida natural a la que pertenecemos, la que es parte y contexto de toda acción humana. Lo que olvida la izquierda española es que el entronar los abstractos y desencarnados ideales modernos de libertad, razón, inteligencia y tecnología humanas bajo el impulso del crecimiento económico y de la producción material, la competitividad y el desarrollo, nunca nos ha librado de nuestra condición y continuidad con el resto de animales y de nuestra inevitable dependencia del entorno natural y sus complejos procesos generativos.

 

 

A pesar de enfrentarnos a una situación ambiental de gravísima a escala planetaria y a nivel de la península ibérica, paradójicamente los problemas ecológicos y socioecológicos siguen siendo tratados políticamente como simples “temas sectoriales” o “fenómenos secundarios” que no cuestionan ni alteran significativamente las dinámicas y parámetros de las prioridades del peligroso desarrollo productivista. Para las grandes decisiones económicas que se toman por parte de las élites gobernantes, en todo caso son muy secundarios a las prioridades puestas en el crecimiento de la producción y el consumo, los derechos sociales, la corrupción y los procedimientos democráticos. En consecuencia, las principales problemáticas de habitabilidad, salud y supervivencia ecológicas globales y locales sufren una sonora y triste orfandad política: la izquierda sufre afonía cuando balbucea sobre el medio ambiente “sectorialmente” o en algunos excepcionales casos de “afectados” territoriales de proyectos de prospecciones, transvases, .. Las grandes cuestiones ecológicas como son el cambio climático, la energía, el agua o la contaminación química, no suelen merecer ni una sola palabra en las famosas tertulias políticas televisivas ni en los grandes mítines de las principales líderes de IU, Podemos, PSOE y distintos partidos nacionalistas de izquierdas.

 

A nivel programático la izquierda responde bastante más a las retos ambientales que la derecha pero la experiencia práctica política nos muestra que un posible cambio en la gobernanza hacia la izquierda no significa necesariamente un giro significativo a la altura de las transversales y prioritarias demandas de las múltiples crisis ecológicas, energéticas, climáticas, alimentarias, químicas.....

 

Examinemos algunos de los muchos relatos cargados de mitos y clichés propios la percepción política de la izquierda española de la crisis ecológica:

 

 

  1. 1.La lucha anti-capitalista no es necesariamente una lucha ecologista

Tanto el capitalismo como el llamado socialismo (desde la social-democracia hasta el comunismo), en sus distintas tonalidades y realidades históricas, han sido (y son) tremendamente destructivos con el entorno natural, el clima y la biodiversidad. Obviamente, la vigente globalización dominada por grandes empresas multinacionales empeora la escala de la destrucción ambiental pero muchas de las fuerzas izquierdistas anti-capitalistas comparten con el capitalismo neoliberal los objetivos del productivismo, “el progreso” y la consideración de la naturaleza como meros recursos, materias primas y fuentes de riqueza. No cuestionan que crezca la tarta biofísica (ni como se cocina); solo el reparto de la misma. Mientras unos centran el crecimiento en sus beneficios privados y la competitividad los otros ven el crecimiento como una oportunidad para financiar los servicios públicos y aumentar el reparto social del crecimiento de la tarta económica mediante los impuestos. Las consecuencias indeseadas “colaterales” sobre la viabilidad misma de los ecosistemas suelen ser consideradas meras “externalidades”que pueden exigir más o menos atención de reparación “al final de la tubería”. Al enfocar su atención a las grandes cuestiones económicas macro-estructurales de crecimiento, acumulación de capital y el reparto tanto la Derecha como la Izquierda suelen obviar los complejos procesos retro-alimentados de producción con impactos ambientales, las relaciones socioecológicas injustas y una ética ecológica global de los límites.

 

2. La superpoblación es un problema grave. Al dar absoluta prioridad a los medios de producción y a la división de clases la izquierda suele considerar que el crecimiento demográfico de “las clases populares” o de los pueblos del Sur no es preocupante frente a los problemas principales como como el consumo y control sobre el capital de los más ricos. Los hechos desmientan este punto de vista ideológico.

3. Lo público no es siempre más sostenible que lo privado.Ser una propiedad del Estado es un régimen legal de propiedad que no asegura en absoluto una práctica de gestión colectiva responsable de bienes comunes, como el agua, el suelo, la biodiversidad, el mar o el aire. La izquierda siempre insiste en el supuesto de que lo “Público” garantiza la sostenibilidad, cuando los hechos y experiencias históricas no suelen respaldar esta afirmación. Por desgracia, ser público o estatal, ni ser privado, no significa automáticamente una práctica de gestión ambientalmente sostenible. Muchas de las actividades más dañinas y peligrosas para el planeta como es la energía nuclear, los macro-embalses, las macro-infraestructuras, la agricultura intensiva o la extracción y quema del carbón, solo permanecen por ser operaciones públicas o apuntaladas masivamente con dinero público sin la cual no tendría viabilidad económica. La gestión pública real e histórica del suelo, del agua y de la energía muestra que no ha ofrecido en absoluto garantías de sostenibilidad ambiental. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que lo privado es mejor para el futuro ecológico sino que el factor de la propiedad no es siempre tan determinante como afirma la izquierda en sus alegatos en defensa de lo público. Además, el “acceso” a los bienes comunes naturales exigido por parte de la Izquierda no quiere decir necesariamente su adecuada conservación.

 

4.“Más honestidad y menos corrupción significa menos destrucción ambiental”. Esta es una verdad a medias que parte de la izquierda impulsa en sus discursos a favor de una “regeneración democrática” después de los múltiples casos de corrupción en España. Pero conviene saber que muchos de los “maldesarrollos” de los últimos años han estado empujados por políticos honestos y legales, por ser coherentes con su creencias en favor del crecimiento a toda costa como camino de bienestar conjunto. Esta es la cultura política hegemónica que domina el modelo económico y laboral dominante en la izquierda, muy similar a los principios y valores del crecimiento y desarrollo de la derecha. La izquierda es parte del consenso productivista fundado en la creciente devastación del mundo viviente al que también pertenecen las sociedades humanas. Los hechos históricos son demoledores: los grandes planes urbanísticos, turísticos y de infraestructuras de los años del boom fueron apoyados por los políticos, honestos o no, de todos los partidos principales. Achacar la destrucción ambiental a la corrupción puede servir de coartada para no enfrentarnos a los radicales cambios culturales, sociales y económicos que reclaman las crisis ecológicas. Al enfocar toda la atención sobre la corrupción se obvia la adicción económica, cultural y social a la expansión sin límites que atraviesa el quehacer político mayoritario y sus discursos sobre el empleo y el bienestar que suelen obviar la base ecológica que da soporte a la sociedad.

 

5. La izquierda carece de políticas específicas para las mujeres de las crisis ecológicas.

No integra las políticas ecológicas en ámbitos sociales donde las mujeres son protagonistas y desempeñan un papel sociológicamente relevante y singular, como en la alimentación, ropa, transporte, energía, enseñanza, limpieza, servicios asistenciales,salud, publicidad, ciencia, … La Izquierda no cree ningún puente político o cultural específico de justicia ambiental entre las mujeres y la crisis ecológica al no integrar políticas ambientales para ampliar y enriquecer con un feminismo diferenciador positivo en sus programas específicos de “igualdad de género” y paridad. Otro ejemplo más de la falta de transversalidad ambiental de la Izquierda.

 

6. Una justicia social encerrada en las ideas de lo “nacional”, “estatal” o “del pueblo” margina las crisis ecológicas y las necesidades urgentes de su realidad planetaria y ecosistémica

Al orientar sus discursos casi exclusivamente al marco estatal o “nacional” de la gobernanza y la desigualdad social, la izquierda suele ignorar totalmente que la gran mayoría de los empresarios, autónomos, empleados, trabajadores y estudiantes en España, son parte de la “clase rica y sobre-consumidora” de recursos naturales escasos y limitados a nivel planetario. Bajo los deformantes parámetros de estados nacionales(o nacionalismos periféricos) se invisibilizan su condición fundamental: su pertenencia a la clase consumidora dominadora global sobre la mayoría de seres humanos y la naturaleza por su explotación desproporcionada individual y social de los castigados ecosistemas del la Tierra.

A pesar de las fuertes desigualdades y recortes sociales actuales en España , la gran mayoría de la población, desde la óptica ampliada del análisis ecológico también sigue ubicada entre los “explotadores” que producen los grandes daños planetarios, un hecho identitario nunca mencionado por la Izquierda. Como una de las principales prioridades políticas de la Izquierda es la defensa del “poder adquisitivo” en rentas económicas de la “mayoría social” española, se ignora la desigualdad planetaria Norte-Sur que se basa en el saqueo ecológico del planeta y sus ecosistemas que no es sólo producto de las actividades de unas empresas multinacionales sino se fundamenta también en las demandas sociales de bienes de consumo de todo tipo a bajo precio. Mientras una injusta “austeridad” española es con razón el centro de críticas de la Izquierda, precisamente son unas políticas de una austera “suficiencia” lo que hacen falta en sociedades “sobre-consumistas” del Norte como la española para poder atender las necesidades sociales y ecológicas de resto del planeta, muy especialmente el Sur más empobrecido.

 

7. La izquierda que solo suele exigir aumentar los impuestos directos sobre la renta y no aumentar la presión fiscal indirecta para des-incentivar el consumo de productos dañinos para el planeta y la salud.Son globalmente social y ecológicamente justos los impuestos sobre el consumo de energía contaminante, el tráfico rodado, las sustancias peligrosas, el tabaco, las actividades degradantes del suelo, .. Nuestra sociedad necesitan tanto los impuestos directos como los indirectos para incentivar las prácticas y los procesos ecológicos el planeta. Hay que superar la óptica meramente estatal o europea de la fiscalidad.

 

8. Cuando unos puestos de trabajo están en juego la Izquierda suele olvidar de los principios ecológicos. Carbón, Coca cola, industria química, ….. Cuando la Izquierda se pone su “traje social” ante el peligro de pérdida de empleo se obvia el impacto socioecológica y sanitario de la actividad productiva o extractiva implicada. Cualquier transición rápida a otro modelo laboral y productivo es postergada por la Izquierda al futuro lejano y sólo considerada si antes se haya creado trabajo estable alternativo (lo que solo exige para estos sectores industriales). La defensa fuerte de parte de la izquierda del empleo en la “economía negra”(y su apoyo de las subvenciones públicas) contrasta frontalmente con las abiertas críticas de la izquierda radical de la “mercantilización” de los sectores de “la economía verde”.

 

9. La Izquierda no integra transversalmente la sostenibilidad ecológica en las urgencias sociales de la crisis. Lejos de integrar las cuestiones ambientales que están íntimamente relacionadas con las causas y consecuencias de la crisis económica española, la Izquierda solo promociona respuestas “puramente sociales”(muchas veces con un impacto ecológico negativo) ante los recortes, las “austeridad” y otras medidas provocadas por la crisis. La vivienda, la salud, la alimentación, el transporte, la educación, el bienestar animal y la investigación científica son algunos de los sectores que permitirían una fuerte integración socioecológica ante la crisis económica y financiera. Tristemente, la transversalidad ambiental real y activa brilla por su ausencia en la izquierda española.

 

10. “El agravio comparativo” de la izquierda nacionalista en Catalunya, Euskadi, Galicia, Valencia y otras regiones choca de lleno con las necesidades biogenerativas y los equilibrios ecológicos.Los nacionalistas suelen pregonar continuamente el agravio comparativo con “Madrid” para justificar mayores inversiones públicas en grandes infraestructuras (puertos, aeropuertos, autovías..) que son ambientalmente muy destructivos y sobre-demensionados. Ignoran su posición global de sobre-consumidores y ricos del Norte. Los valores ecologistas son universalistas.

 

11. La Izquierda política ignora la ética ecologista en sus políticas de las entidades financieras y la banca.En muchos países las políticas de inversiones de las entidades financieras como de las cajas de ahorros (donde la Izquierda y los sindicatos suelen estar representadas) o los planes de pensiones están politizadas para criticar y pedir la supresión de las inversiones en los combustibles fósiles, la energía nuclear, la industria agro-química, la minería destructiva o las actividades destructivas en el Sur. No así en España donde la Izquierda no posee una clara política bancaria y financiera ambientalista y ética.

 

12. La Izquierda, salvo algunas honrosas excepciones, no da ejemplo de lo que predica en sus programas y discursos retóricos y abstractos sobre “el medio ambiente”. No “ecologiza” las compras y gastos públicos de instituciones públicas como escuelas, universidades, hospitales, ayuntamientos, ministerios, diputaciones, .... Allí donde la Izquierda tiene capacidad de ejercer una influencia importante mediante representantes de partidos, sindicatos y asociaciones, apenás existen iniciativas coherentes y continuadas de exigencias y públicas ecológicas en múltiples campos, como pueden ser los de la alimentación y caterings, los productos de limpieza, la construcción y edificaciones, las energías renovables, los ciclos cerrados de materiales y residuos,...

 

Published by Europa en Verde - dans Política en España
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2 mai 2014 5 02 /05 /mai /2014 09:25

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Parece que las elecciones europeas en puertas están sirviendo para sacar del baúl algunas esencias ideológicas más puras y apasionadas.  Los candidatos de los grandes partidos nos sirven platos llenos de inflación retórica que sirve para ocultar las opciones principales que hoy día se juegan en la política europea. Paradójicamente ocurre que la política europea  se saca fuera de la actual campaña electoral aprovechando de la lejanía y del desconocimiento de gran parte del electorado, .

 

Una buena muestra de ello son las posiciones que son adoptadas durante esta campaña electoral por la candidata del PSOE: Elena Valenciano. Ella repite y repite que votando al PSOE es posible “ganar a la derecha” y conseguir un “cambio progresista en el gobernanza de Europa girando hacia una Europa social”. Pero Elena Valenciano sabe muy bien que ambos objetivos están muy alejados de la cruda realidad política e institucional que hoy existe en Bruselas, y están bien lejos hasta de las prioridades políticas de los partidos socialistas europeos.
Habrá que recordarle a la cabeza de lista del PSOE que la práctica política más palpable de los socialistas europeos liderados por Martín Schultz, y de su propio partido PSOE, bien poco tiene que ver con su machacona letanía electoral de “ganar a la derecha”. Conviene no olvidar que el actual Presidente de la Comisión Europea, el conservador portugués Durao Barroso, fue elegido con la mayoría de los votos de los eurodiputados socialistas, y de la gran mayoría de los votos del PSOE. Y no responde solo a un hecho trivial o coyuntural el que el partido socialista de Martin Schultz gobierne en una gran coalición con la abanderada del llamado “austericidio”: la mismísima Angela Merkel. Conviene tomar buena nota sobre el partido socialista de Schultz, el SPD, que no comparte en su programa electoral ninguna de las propuestas concretas sobre la llamada “Europa social” ni sobre una deseable gobernanza “solidaria y federal” sobre el conjunto de la economía financiera europea. Algo similar ocurre con los socialistas gobernantes en Francia e Italia.
Cuando se mira por debajo de la "charlatanería populista" practicada desde la oposición al gobierno del PP por parte los candidatos socialistas, las propuestas en favor de la Europa social frente a la Europa de los mercados y las empresas transnacionales carecen de existencia real y se desvanecen en el plano de la política practicada por los socialistas europeos. Además, también es de sobra conocido que la mayoría de las decisiones de la UE se consensuan y se pactan entre los populares y los socialistas europeos, sea en el Consejo de Ministros de la UE o en el Parlamento Europeo.

 

El candidato de la lista del PP Arias Cañete ya ha ganado las elecciones europeas porque será un comisario del próximo gobierno europeo, sean cuales sean los resultados electorales. Antes del proceso electoral del próximo 25 de mayo, ya se ha decidido que Cañete será un ministro de la próxima Comisión Europea. Es decir, ya se ha pactado que Cañete pertenecerá al brazo ejecutivo o gobierno” de la Unión Europea. De hecho, típicamente ocurre que casi todos los comisarios o “ministros europeos” ya están decididos de antemano mediante los acuerdos a los que han llegado los respectivos gobiernos de los 28 estados miembros de la UE. Esta anomalía democrática es un fiel reflejo de la fuerza que tiene la deriva inter-gubernamental: el dominio de la “Europa de los Estados” frente al proyecto de la “Europa de la ciudadanía”. 

 

Antes de que se dé el proceso electoral europeo, los comisarios o ministros europeos que propondrán la letra de las leyes europeas durante los próximos cinco años, ya están designados por sus respectivos Gobiernos estatales, y es a sus partidos a quienes deben gratitud, obediencia y lealtad. Aunque ciertamente el Parlamento Europeo tiene la posibilidad de cuestionar a cada comisario europeo propuesto y está encargado de ratificar a todo el conjunto de comisarios, lo cierto es que en su historia, el Parlamento Europeo actúa de comparsa ratificando los nombramientos conjuntos previamente pactados y repartidos entre los partidos de la derecha y los socialistas europeos. Aunque el partido más votado propondrá quien será el presidente de la Comisión Europea, en general todo el pescado de cargos políticos institucionales ya está vendido y repartido de antemano entre los dos grandes partidos. El hecho de que el Parlamento Europeo tenga ciertas competencias no anula el gran protagonismo y el poder determinante del Consejo Europeo, que no olvidemos que solo responde a las instancias de inter-gobernabilidad al estar compuesto por los gobiernos de los Estados miembros. Luego la dirección política de la Europa actual no está en el Parlamento Europeo sino en manos del Consejo Europeo compuesto por los gobiernos de los estados miembros. El Consejo Europeo suele fagocitar, apaciguar o contrariar las decisiones del poder legislativo democrático tomadas por el Parlamento Europeo, a pesar de que el Parlamento Europeo es la cámara democrática cuyos miembros eurodiputad@s han salido de las votaciones electorales y las urnas. 

En suma, quien tiene a Europa bien agarrada por los cuernos es el Consejo Europeo, un organismo de dirección política que se constituye por los estados miembros, ahora liderados por una Alemania que traslada unas políticas neoliberales al conjunto de Europa sin responder a la prioridad del interés común por estar muy influidas por la agenda del beneficio económico creciente para las grandes empresas. En consecuencia, resulta escasamente realista y es poco probable que ocurra el proclamado "giro a la izquierda" que la euro-candidata del PSOE Elena Valenciano pregona en cada mitin. Difícilmente podemos esperar que las grandes lineas económicas, sociales y ambientales de la UE vayan a cambiar significativamente en el caso de que los resultados electorales en las próximas elecciones europeas favorecieran a las candidaturas del partido socialista.

 

En todo caso, no debemos despreciar que la Unión Europea tiene en su haber algunos logros valiosos y representa una embrionaria alternativa histórica supra-estatal frente al anacrónico y fraticida reino de divisiones competitivas entre los estados nacionales. La actual crisis de confianza ciudadana en las instituciones europeas exige salir del actual modelo europeo de "club de estados" para iniciar cambios de rumbo hacia una Europa más democrática, social y ecológica. La participación y el voto en las elecciones europeas sigue siendo importante para sacudir y cuestionar el sistema actual de pactos entre las élites políticas y élites económicas en Bruselas, y para propiciar una Europa más política, democrática y transparente.

 

Las candidatas y candidatos europeos en plena campaña electoral habrían de mostrar más honestidad y respeto hacia la ciudadanía y al electorado respecto a las condiciones y la realidad actual de las instituciones y políticas comunitarias. La demagogia narcotizante en boca de los candidatos escenifica una inexistente confrontación entre populares y socialistas en torno al proyecto europeo. Pero este supuesto cruce de sables entre los socialistas y los conservadores europeos elimina la posibilidad de un debate esclarecedor sobre propuestas y contrapropuestas concretas y factibles para las futuras legislaturas europeas.  

Por favor, ¡dejen ya de engañar y de jugar con la ciudadanía mediante la puesta en escena de ideologías caducas en antagonismo pero bien alejadas de su práctica política!.
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9 février 2014 7 09 /02 /février /2014 21:19

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      En las próximas semanas el partido verde español EQUO deberá tomar una determinación decisiva sobre su futuro. Tendrá que decidir si acude a las elecciones europeas del próximo mes de mayo en una coalición liderada por un cabeza de lista de la coalición nacionalista valenciana Compromís, o por el contrario, si opta por acudir a los comicios en solitario por todo el Estado. En juego no solo está la posibilidad de conseguir representación parlamentaria europea, también están las posibilidades de avanzar en la implantación territorial de EQUO como fuerza política verde, autónoma, con valor añadido propio y distintivo, y capaz de obtener adhesiones y reconocimiento por parte de la percepción ciudadana.

1. De la “radicalidad democrática” y las primarias abiertas

a un cabeza de lista que “ha de ser valenciano”

Desde su fundación EQUO ha tenido en la apertura y democracia interna una de las piedras angulares de su construcción como partido. De hecho, la dirección de EQUO ha intentado distinguirse de otras fuerzas políticas de izquierdas por su programa de radical participación democrática, incluso primando éste importante aspecto procedimental por encima de buscar marcar claras diferencias de contenido político verde con otros partidos. Sin embargo, ahora esta estrategia choca frontalmente con las condiciones impuestas por sus coaligados electorales de Compromís ante las próximas elecciones europeas. Según la decisión ya tomada por Compromís: el cabeza de lista oficial para todo el Estado será un nacionalista valenciano designado por Compromís, y Equo ocupará el segundo lugar de la candidatura a las elecciones europeas.


Es decir, a partir de esta decisión unilateral de los nacionalistas valencianos de Compromís se hace imposible el cumplimiento de la exigencia democrática de hacer unas primarias abiertas por todo el Estado para decidir el cabeza de lista de la coalición. Esta ha sido la demanda de EQUO a Compromís, pero el partido de mayor peso político de Compromís: el Bloc Nacionalista Valencià, ya ha sentenciado públicamente que el primer candidato “ha de ser un valenciano” que “defienda los intereses valencianos”.

 

2. El único eurodiputado será un nacionalista valenciano

junto a una incierta promesa de dimitir y pasar el testigo a Equo.

Según todos los pronósticos y el cómputo de resultados electorales anteriores, es previsible que el máximo al que la coalición Compromís-EQUO puede aspirar es el conseguir un único eurodiputado, para lo que necesitará alrededor de 400.000 votos. La propuesta de Compromís es la de que el posible escaño europeo sea rotatorio y sea compartido durante un tiempo con EQUO en función de los votos conseguidos en cada territorio. Pero no hay que olvidar que las experiencias pasadas muestran que este tipo de arreglos a menudo no se llegan a cumplir nunca. De hecho, conviene recordar que recientemente la candidata “rotatoria” de La Confederación de Los Verdes, a pesar de las promesas y pactos previos, en realidad nunca entró a la eurocámara tal y como estaba estipulado en el acuerdo que hicieron con una coalición de nacionalistas en el 2009, en la que se encontraba el partido Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

 

El cumplimiento de este tipo de pactos en las coaliciones electorales está siempre sujeto a muchas incertidumbres y depende de la coyuntura política del momento y del juego de intereses políticos muy fluctuantes. En el caso de que Compromís decidiera romper su coalición con EQUO de cara a las próximas elecciones autonómicas y generales, no habría entonces ninguna razón política de calado que les empujara a cumplir con el acuerdo de cesión del escaño europeo a EQUO durante un periodo de legislatura. Incluso en el escenario mejor de que se le cediera a EQUO la posibilidad de ocupar un cierto tiempo el escaño de eurodiputado, en éste caso hipotético Equo accedería al escaño después del 2016 o en el 2017. Esto significa que antes y durante todo el ciclo electoral de las próximas elecciones autonómicas, municipales y generales, el escaño europeo estaría ocupado y aprovechado políticamente por un nacionalista de Compromís. Todo ello en su conjunto conllevaría una invisibilidad y una pérdida de presencia política para EQUO, algo más dañino si se tiene en cuenta que es un partido muy joven que se encuentra en un necesario proceso de consolidación política.

 

3. La doble vara de medir y la perversión democrática:

condiciones desiguales y asimétricas del “referendum” sobre la coalición

Una vez pactadas las condiciones electorales para concurrir a las elecciones europeas por parte de la coalición Compromís-EQUO, estas se van a someter a “referendum” para adoptar la decisión de aprobarlas o no definitivamente. Pero en este proceso se da una distopía preocupante que daña enormemente la autonomía y libertad de EQUO a la hora de decidir sobre su propio futuro electoral próximo. Lo que ocurrirá es así de sencillo: Compromís y su militancia tiene el derecho a participar y decidir sobre las condiciones de la coalición electoral en un “referendum” de EQUO, abierto a simpatizantes y militantes, pero en cambio EQUO en ningún momento ha tenido derecho a participar en la decisión unilateral tomada por Compromís sobre la persona “valenciana” que será la cabeza de la candidatura conjunta de la coalición Compromís-EQUO.

 

Conviene recordar aquí que precisamente este ejercicio de doble y triple militancia por parte de Compromís dentro del partido EQUO y la imposibilidad de crear una organización propia y autónoma de EQUO en territorio valenciano, es lo que en el 2011 llevó a la amputación de la posibilidad de una organización propia y autónoma de EQUO en todo el territorio Valenciano con la exclusión de centenares de socios de EQUO, entre ellos destacados líderes ecologistas y concejales verdes.

 

4. Un eurodiputado de la Alianza Libre Europea

no lo es del Partido Verde Europeo

A día de hoy, no hay seguridad de que se repita el actual pacto entre Los Verdes y ALE en el Parlamento Europeo. Hay muchos cambios y volatilidad en los pequeños grupos de la cámara europea. Pero hay que destacar que la Alianza Libre Europea (ALE) es el grupo europeo al que pertenece como miembro la fuerza mayoritaria de Compromís: el partido Bloc Nacionalista Valencià. 

 

Paradójicamente también ocurrirá que como Izquierda Unida se presentará a las europeas coaligada con IC-Verds, un partido integrado en el Partido Verde Europeo, esta coalición con IU que competirá electoralmente contra EQUO podrá poner en marcha una campaña electoral de confusión ante la ciudadanía haciendo bandera de un hecho bien cierto: que votando a IU y sus coaligados de IC-Verds hay mucha más seguridad de conseguir un eurodiputado verde (un candidato de IC-Verds con puesto de salida en la lista) que una vez elegido finalmente pertenezca al Grupo Verde del Parlamento Europeo. Algo similar a lo que ocurrió con la alianza electoral de Los Verdes con el PSOE en el 2004, con un pacto que se cumplió y que aseguraba: un puesto de salida para el candidato de Los Verdes dentro de la lista del PSOE, que el eurodiputado verde así conseguido no se sometería a disciplina del PSOE ni iría a parar al Grupo Socialista del Parlamento Europeo sino que con total autonomía en su trabajo y posiciones políticas iría al Grupo Verde del Parlamento Europeo.

 

Lamentablemente nada de esto podrá darse mediante la coalición de EQUO con Compromís, que de conseguir un escaño este iría a integrarse con el grupo nacionalista del Parlamento Europeo y no con el Grupo Verde. ALE es en todo caso una simple alianza táctica que se puede pactar o no al principio de cada legislatura, sus fines prioritarios son bien prácticos, como los de obtener más recursos europarlamentarios. El grupo ALE no mantiene una unidad ideológica fuerte ni una disciplina común en las posiciones políticas ni en las votaciones parlamentarias. Es decir, los Verdes/ALE no existe como fuerza política fuera de la vida organizativa de la cámara europea ni tampoco existe como grupo parlamentario estable. De hecho en casi toda Europa los partidos pertenecientes al grupo ALE compiten electoralmente contra Los Verdes.

 

5. Una gran confusión ideológica y de siglas:

los votantes verdes no son nada nacionalistas ni de la izquierda radical

 

En un análisis realista sobre los costes y beneficios políticos de la coalición de EQUO con los nacionalistas de Compromís se debería tener en cuenta al menos dos cosas centrales: que la gran mayoría de los votantes potenciales de EQUO no son nacionalistas y que la coalición puede dañar la capacidad electoral de EQUO en muchas partes del suelo español.

La gran mayoría los simpatizantes y votantes verdes tienen motivaciones que saltan las clásicos contenedores de la izquierda, como también ocurre en otros países europeos, por lo que no pueden encerrarse en el espacio y la base electoral de la izquierda radical. No toda coalición electoral suma los votos que potencialmente arrastran cada uno de los miembros de la misma. Ocurre incluso lo contrario: que algunas coaliciones vienen a ser “anti-naturales” porque restan votos y no obtienen una simple suma aritmética de los votantes de los partidos coaligados porque los potenciales votantes rechazan combinar “garbanzos con judías”. Típicamente ocurre esto en las coaliciones entre los partidos nacionalistas (guiados fundamentalmente por valores particularistas e identitarios) y los partidos verdes (guiados fundamentalmente por valores universalistas). Esta pérdida de votantes en una coalición con nacionalistas constituye un elemento a tener muy en cuenta porque sus consecuencias no se agotan solo en el presente. El proceso electoral europeo prepara y es parte de una trayectoria política más larga que llega a las próximas elecciones locales y autonómicas, donde se juega la progresiva consolidación social y electoral del proyecto de EQUO.


6. De “otra forma de hacer política”

al engaño en las papeletas para esconder el liderazgo nacionalista

Se ha publicitado la coalición bajo la idea de un compartido y equivalente “co-liderazgo” electoral entre Compromís y EQUO, y dando una falsa idea de simetría y equidad entre ambos. Pero lo cierto es que hasta los mismos procesos y condiciones de la negociación hablan bien claro: la coalición de Compromís-EQUO está fuertemente dominada por el polo nacionalista.

 

Además, en las papeletas electorales fuera de territorio valenciano el engaño a la ciudadanía sería mayúsculo, escasamente ético y poco acorde con los ideales de transparencia y radicalidad democrática tan proclamados por EQUO, puesto que en ellas se sustituiría con otros nombres la cabeza nacionalista de la candidatura Compromís-EQUO, la única candidatura real y oficial. A pesar de que pueda ser legal esta argucia de disimulo y ocultación según la ley electoral, podría ocurrir que los candidatos de EQUO aparecieran encabezando las papeletas electorales aunque el votante no se de cuenta de la trampa: que a quien está votando realmente es a un nacionalista valenciano. Pero también ocurriría que una ciudadanía mínimamente informada y altamente motivada por valores substantivos como los del potencial votante verde, no cae fácilmente presa de este engaño y acaba respondiendo con un “efecto rebote” de castigo y desafección electoral.

 

7. ¿Merece la ciudadanía una opción electoral verde, clara y sin complejos

en todo el suelo estatal como ocurre en otros países europeos? 

Hoy día las exigencias socio-ecológicas han de ponerse en el centro de toda política y actuación puesto que nos jugamos bienes tan básicos como son la tierra fértil, los alimentos, el aire limpio, el agua potable, la salud y el mismo futuro. Es prioritario salir del desdén institucionalizado que impulsa el sobrepasamiento de los límites físicos del planeta y la creciente degradación de bienes y servicios ambientales fundamentales para el bienestar. Los problemas ecológicos son sociales en sus causas y en sus consecuencias. Llegamos muy tarde porque muchos de ellos ya son irreversibles y carecen de soluciones adecuadas, lo que nos obliga a respuestas paliativas pero sin poder frenar sus nefastos daños. 

 

Hay que decirlo una y mil veces: las problemáticas ecológicas son en sí misma sociales y además son transversales, no tienen escapatoria por afectar a toda acción y proyecto humano. Es falsa la acusación de que el ecologismo político solo se preocupa por el medio ambiente y no por la sociedad. No hay separación entre lo social y lo ambiental. Las causas y las posibles soluciones a la crisis económica del empleo son también ecológicas. Pero contrariamente, la izquierda y la derecha están incapacitadas para comprender y dar respuestas eficaces ante los problemas socioambientales por están instaladas en la anacrónica ceguera de seguir creyendo que el medio ambiente constituye solo un tipo más de problemas sectoriales que han de ser tratados por separadoPor esta razón sufren gran marginalidad y silencio los grandes problemas ecológicos y se encuentran en orfandad política muchas de las luchas locales socioecológicas contra los daños y riesgos tóxicos que les afectan directamente. Por ello han emergido históricamente los partidos verdes en muchos países y por ello se hace necesaria la existencia del espacio verde en todo el territorio estatal y marcadamente distintivo. 

 

La posibilidad de presentarse en solitario a las elecciones europeas con la marca EQUO en todas las autonomías del Estado seria una valiente apuesta de construcción autónoma, nítida y supondría un empoderamiento de largo alcance. Esta posible opción estaría repleta de responsabilidad y coherencia al ponerse del lado de los problemas socio-ambientales que crecen sin control y que con urgencia necesitan salir de ostracismo para ser colocados en todos los debates y propuestas de cambio. Un camino propio, también duro y arriesgado, en respuesta a la imperiosa necesidad de construir  el singular espacio político de la ecología política con visibilidad y reconocimiento social y electoral.

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14 octobre 2012 7 14 /10 /octobre /2012 21:47


Ha habido un vuelco político en Catalunya. Dentro de unos días Catalunya tendrá una mayoría política más acorde con las medidas neoliberales de recortes sociales y austeridad extrema. Según los últimos sondeos electorales  la suma de los votos de Convergencia i Unió y el PP podría acumular entre 85 y 90 escaños de los 135 que se disputan en el Parlament Catalán.

Hace unos meses el fuerte malestar social catalán apuntaba hacia unas fuertes pérdidas electorales para Artur Más y para sus fieles aliados (y viceversa) en cuestiones socioeconómicas, el PP. Ahora Catalunya probablemente resultará ser el país "incipiente" más "pro-Merkel" de toda Europa. CIU sube como la espuma por liderar el empuje independentista mientras el PP se mantiene o sube al recoger el sentimiento españolista. Al mismo tiempo se juntan diariamente ambos para defender prácticamente la misma respuesta anti-social a la crisis..¡Vaya negocio más rentable!

Lo que está resultando ser una jugada maestra política es el actual "ping-pong" identitario y nacionalista entre el PP y el CiU. El diario rifirrafe PP-CiU entre "españolizar" y "la independencia" está beneficiando tanto a Más como a Rajoy para esquivar casi limpiamente unos fuertes castigos políticos por su gestión injusta de la crisis económica. El Gobierno del PP que hace unas semanas estaba casi agotado ahora de repente se siente repuesto y en su salsa al "defender la unidad de España" ¡Enhorabuena! ¡Sois unos magos!

Ahora me viene a la memoria los viejos y cansinos debates dentro de la izquierda sobre  si el nacionalismo era de derechas o no. Para contestar mejor esta pregunta, observemos los resultados de las elecciones catalanas de la semana que viene que serán todo un laboratorio de pruebas sobre la crisis económica y el nacionalismo.

Ya lo sé. Algunos de vosotros estáis pensando que no se trata de "derecha-izquierda" ni "cómo hacer invisible la crisis en un día" sino del "centralismo español frente al derecho a decidir del pueblo catalán".

Vamos a ver. No parece que la mayoría de los partidos que participaban en la manifestación del pasado 11 de septiembre lo tienen tan claro.

Si un partido quiere seriamente la independencia para Catalunya, debe exigir, cueste lo que cueste,  plantear un referéndum como en Escocia: "¿Quiere usted la independencia? Sí o No." 

Al contrario, el partido gobernante catalán y otros partidos  huyen como si fuera la plaga de una pregunta "net i clar" sobre el futuro de Catalunya. 

Al contrario, Artur Más sugiere una pregunta ambigua, hipotética e hasta infantil: "Quiere que Catalunya sea un nuevo estado miembro de la Unión Europea?"  ¿Pero no está colocando el carro por delante de los caballos o está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo? ¿Como se puede decidir ser miembro de la UE antes de tener un estado independiente? Supongo que los 27 miembros de la UE tendrían algo que decir.  ¿Como puede prometer en la misma pregunta un muy feliz futuro europeo obviando una probable larga travesía del desierto fuera del Euro y de la UE? Ya puesto a pedir, que añaden a la pregunta  también la entrada en la UEFA, la ONU y a Eurovisión! Además, Mas solo se compromete organizar el referéndum sobre esta pregunta vacía antes de 4 años! ¡ICV incluso se atreve plantear una pregunta con opciones A, B, C o D! Solo ERC mantiene una mínima coherencia independentista.

 Mientras tanto, Mas gozará de una cómoda mayoría en Catalunya durante 4 años mientras Rajoy cosechará cada vez más apoyo popular por el resto de España, dejando al PSOE totalmente al margen de las festividades "centro-periféricas". Todo un tour de force de unos nacionalismos conservadores retro-alimentados y complementarios.

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17 juin 2012 7 17 /06 /juin /2012 22:09

Reflexiones ante el próximo congreso constituyente           

Mara Cabrejas

Equo podría ser un intento de levantar un espacio verde embrionario y maltrecho, al menos esto es lo que quiere mucha de su militancia. Aunque no hay pócimas mágicas para hacerlo, lo que de ninguna manera puede valer es la falta de confianza y la renuncia a lo que da un mayor valor distintivo al propio proyecto político de Equo.

Un grave problema que tiene el proyecto Equo es el de no definir un espacio político propio y diferenciado de nacionalistas y de la izquierda tradicional, tal y como suelen hacer los partidos verdes en otros países europeos. La militancia de Equo habría de poder valorar críticamente el actual avance hacia el suicidio político de Equo, que de seguro se dará si después del su próximo congreso constituyente en el mes de julio continúa por el actual camino de descarrilamiento. Se trata de la muerte anunciada de un espacio verde que apenas ha acabado de nacer, aunque sin embargo era y es muy necesario en el mapa político español, y es una tremenda asignatura pendiente.

equo.jpg
El reconocimiento de que algo va mal

Las actas de reuniones y los acuerdos orgánicos adoptados no son equiparables ni pueden suplantar lo que son los informes políticos de un equipo de dirección que se precie de serlo. Aunque la actual dirección de Equo no tiene el saludable hábito de practicar la transparencia mediante la realización de informes políticos contextualizados sobre la situación y coyuntura política, conviene sin embargo reconocer que los resultados electorales obtenidos por Equo han sido muy bajos. Más si cabe en el contexto político de una crisis económica que favorece mucho a los pequeños partidos y desgasta a los grandes. Y ya no vale la vieja excusa de decir que se es un partido de nuevo cuño dado que existe una continuidad histórica y no una ruptura con la antigua confederal de Los Verdes. Mucha gente y muchas legalidades del proyecto Equo y del manifiesto aprobado el 4Junio del 2011, son las mismas que eran en el pasado de Los Verdes. No hay un punto y aparte con los antiguos Verdes cuando el espacio político e ideológico, que al menos de palabra se dice que se quiere construir, es el mismo.

Pero la más clara y peor muestra del gran fracaso anunciado de Equo son los muy pobres resultados obtenidos por Juantxo Uralde por Madrid en las pasadas elecciones generales, cuando el contexto político era tan favorable. Nunca en la historia de veinte años de Los Verdes se ha contado con tanto apoyo mediático y tantos recursos y visibilidad, teniendo hasta el mismo periódico de El País y los medios del PSOE empeñados en dirigir a los votantes quemados por el gobierno PSOE hacia Equo. Pero incomprensiblemente desde Equo no se ha hecho análisis en profundidad sobre las causas fundamentales de este descalabro por Madrid, lo que era en realidad la esperanza, la bandera y el buque insignia para la emergencia del proyecto de Equo en su conjunto.


El mimetismo con Izquierda Unida

Reconocer con urgencia la distintiva apuesta verde de Equo mejoraría sus posibilidades políticas y electorales, y esto no sería incompatible con un programa de acción política altamente ambicioso en derechos ciudadanos y justicia social, y en favor de mayores cuotas de equidad en todos los ámbitos. Mediante la errónea idea de encerrar Equo en las paredes de la izquierda y en muchas de sus anquilosadas propuestas, se elimina de tajo el apoyo de una potencial ciudadanía que sí se siente preocupada por los desmanes ecológicos, pero que en nada se sitúa en los clásicos parámetros de la izquierda. El que Equo no se definiera como un partido de izquierdas, sino verde, no quiere decir que apueste por ser de derechas o de centro.

Algo central para afinar y acertar en la difícil estrategia de construcción del espacio político verde es tener en cuenta como se construye la preocupación pro-ambiental en términos sociológicos y culturales. Esta sensibilidad ambiental se crea desde lugares sociales bien diferentes y plurales, y no solo desde el estrecho reducto de las ideologías de izquierda. Una prueba evidente de esto son los grupos ecologistas, los que con la simple palabra: ecologistas, les basta y sobra para existir y para movilizar adhesiones y socios. A pesar de que muchos de sus activistas y socios sean de izquierdas, no se les ocurre llamarse: "izquierda ecologista" puesto que también llenan sus organizaciones con gente variopinta y muy plural en valores, actividades, clase, edad, estudios, ... No cometen el enorme error de desechar alegremente la diversa base sociocultural en la que se asientan.

Hay numerosas fuentes de estudios y datos empíricos que confirman esta pluralidad sociológica y cultural existente bajo las preocupaciones medioambientales y bajo las actitudes prácticas proclives al cambio a favor de la protección ambiental. Estas conclusiones habrían de ser los supuestos de partida en cualquier política verde que pretenda ir realmente en serio. Si se quiere convertir Equo en un naufragio sin posibilidad de reflote, lo mejor es encerrar el espacio verde exclusivamente en la izquierda, lo que excluye automáticamente a muchísima gente que no se autodefine como de izquierdas.  El problema principal en el que se concreta esto no es el de la definición identitaria sino el de los contenidos de las propuestas y los mensajes públicos de Equo. No es un asunto de identidad, ni de pureza ideológica, ni de principios, sino de espacio político y de estrategia. Lo problemático no es que haya mucha gente dentro de Equo que se consideran de izquierdas, sino el que no sean capaces de convertirse en la “otra izquierda” en sus discursos y posiciones públicas, una tercera izquierda distintiva y llamada “verde”. Ni socialdemócrata ni poscomunista, y nítidamente diferenciada de Izquierda Unida (IU). Esto no quiere decir que toque solo hablar de problemáticas ecológicas, ya que se trata también de muchos problemas no directamente ambientales, y concebirlos desde otras ópticas alejadas de las anacrónicas ideas zombis de la izquierda: la no mecanicista, ni economicista, ni estatalista ni productivista. En algunos casos se trataría de ser más moderados.

Pero contrariamente a esto, la actual dirección de Equo opta por un proyecto que se declara por activa o por pasiva: de izquierdas. Esto se ve claramente en las consignas, los lemas, los panfletos, los comentarios en las redes sociales, las notas de prensa, en las entrevistas a J.Uralde y otros líderes. Es decir, esto significa en la práctica algo inaudito y casi esperpéntico (se quiera o no, se tenga o no consciencia y voluntad): significa llamar a votar a IU y no a EQUO. La razón es de ello es clara: no se aporta ninguna razón de peso para que los potenciales votantes den su confianza y voto a Equo, y no a IU. Significa solicitar el voto para un partido de izquierdas adversario. Implica el apostar por un espacio político ya ocupado, bien consolidado, y que ahora, en plena crisis económica, está en alza. Mediante este sinsentido practicado por parte de Equo se renuncia a todo un trabajo de distinción y diferenciación pública de IU. Insistir como se ha hecho en los lemas electorales con el: “no al bipartidismo”, en realidad también significa favorecer el voto hacia otras opciones políticas minoritarias que tienen más visibilidad y presencia política y parlamentaria que Equo.

Pero el espacio verde es en realidad ampliamente inclusivo y muy variado internamente. Socialmente cabe la izquierda verde en él, sí, pero también caben mucha más gente diversa y definida con otras escalas de valores políticos y ciudadanos. Esto es bien diferente al intento de meter y comprimir el espacio verde dentro del estrecho contenedor de la izquierda tradicional, lo que además de poner más piedras añadidas en el ya difícil camino, obliga a ser primero de izquierdas para a acercarse a Equo. Con ello se reduce y desecha su potencial para la vertebración y el enraizamiento social. Contrariamente, si Equo optara por dirigirse a toda una variedad sociológica y cultural, ampliaría su base electoral, tal y como hacen otros partidos verdes europeos con cierto éxito. Para poder realizarlo tendría que marcar fuertemente las distancias con IU buscando una neta diferenciación en sus propuestas e intervenciones públicas. Pero incomprensiblemente, Equo apenas hace nada de esto y desaprovecha con ello una gran cantidad de oportunidades políticas para diferenciarse de IU. Basta con darse un paseo por el portal público de su Web para comprobarlo. Cuando se suma a acciones unitarias junto a otras fuerzas políticas y sociales de la izquierda, Equo tampoco marca diferencias ni distancias, y con ello simplemente desaparece y se invisibiliza a percepción social.

Conviene recordar que cuando se reconoce la variable ambiental como la dimensión que inevitablemente constituye a toda acción humana y societal, no se la puede externalizar convirtiéndola en solo sectorial (tal y como hacen los partidos políticos productivistas). Se ha de colocar por tanto en el centro de toda acción política y todo problema, y no solo en los típicos apartados del “medio ambiente”, minorizados y desconectados del resto de problemáticas y prioridades. Por ello, son muchas las contradicciones que tienen las posiciones de IU con la filosofía verde y los partidos verdes europeos. No se trata de hacer destacar solo las diferencias ecológicas, sino también las que están en numerosos campos como son: la educación, la salud, los derechos digitales, los animales, la economía, la fiscalidad, el consumo, la producción, la ciencia, la tecnología, el europeismo, el modelo de estado, la política internacional. Alguna gente que ha votado a Rosa Diez o al PSOE, o incluso al PP, podría votar a EQUO si adoptara en sus intervenciones y propuestas otra orientación con un perfil propio y diferenciado, y no solo el ambiental. Este necesario empeño en diferenciarse de IU y en abrirse a la transversalidad y la pluralidad ciudadana con preocupación ambiental y social es la puerta que puede dar alguna esperanza política para Equo.

Pero nada de esto está ocurriendo en Equo a día de hoy, donde parece que se rechaza hasta la palabra "verde" ya consolidada social y políticamente. No aparece ni en la letra pequeña de los panfletos, ni en los textos y documentos orgánicos, y mucho menos en los titulares. Sus líderes vienen sustituyendo la simplicidad y nitidez de la palabra “verde”, ya acuñada y cuajada a percepción social, por eso que llaman la "ecología política”. Se trata de dar con ello todo un rodeo semántico que oculta la identidad central y distintiva: verde. Se renuncia así a la definición que comunica más y mejor mediante el uso de una abstracción no enraizada socialmente y apenas comprensible. ¡Todo un obstáculo añadido a la comunicación y a la visibilidad social de Equo!. Equo ganaría claridad comunicativa y reconocimiento ciudadano si optara sin reparos por definirse públicamente como lo hace el Partido Verde Europeo: “un partido verde". Sin más añadidos. Sin adjetivos ni aditivos que lo acoten. Dentro del espacio verde sí que cabe la izquierda reconvertida, pero también cabe más gente y más sensibilidades, no solo las provenientes de la izquierda. Existen otros ejes posibles de definición política que dan cabida en el espacio verde a planteamientos muy plurales, como pueden ser las ideas liberales sobre derechos individuales, los valores libertarios contra el estatalismo, la defensa de los derechos de los animales, el ecosocialismo, el pacifismo, el ecofeminismo, entre otros.

El hacer posible y realizable la esperanza de Equo obliga a crear un espacio verde con marcadas fronteras en el mapa político. Esto aconseja adoptar un perfil propio y netamente diferenciado de otros partidos que se dicen de izquierdas. Es todo lo contrario de convertir Equo en un simple clon o en un hermano gemelo de IU, pero carente de espacio político posible mediante la autodestructiva estrategia de la “izquierda verde”. Equo no puede competir y desbancar a IU en fuerza, presencia, visibilidad, distinción, recursos y consolidación. Además, IU tampoco va a renunciar al marketing y a unos discursos con pinceladas verdes que le son ventajosos para confundir y arrastrar votantes con sensibilidad ambiental. Para conseguirlo, IU se arropa de acuerdos y alianzas leoninas con algunos de los muchos partidos fantasmas y legalidades verdes existentes. Siempre tendrá a su puerta unos gestores de siglas verdes dispuestos a entregar el nombre y los logos verdes tan buscados por IU en los periodos electorales a cambio de recibir una miserable “pensión alimenticia” o un “plato de lentejas”.

Las amputaciones territoriales de Equo

Se da una anómala entrega del proyecto Equo en algunos territorios, como el valenciano y el balear, a otros partidos consolidados en ámbito autonómico, con definido perfil ideológico nacionalista y con base electoral propia y alejada del tejido social de los partidos verdes. Esta extraña situación también anuncia el descalabro político de Equo. Se trata de unos partidos foráneos que restan y no suman al proyecto estatal de Equo, y que en realidad ninguna intención tienen de que emerja un nuevo partido verde, unitario, fuerte y autónomo, y llamado Equo. Es la razón por la que más de un centenar de militantes verdes inicialmente ilusionados han abandonado Equo en suelo valenciano.

La programada desaparición de Equo en estos territorios no es poco, es muchísimo si se tiene en cuenta la base poblacional y electoral de los mismos. Desde la dirección de Equo esto se justifica como "excepciones" en comparación con el resto de territorios Equo. Pero realmente lo que se hace es satisfacer los particulares intereses electorales de estos partidos que quieren gestionar Equo "desde dentro y desde fuera a la vez" bajo la exigencia de unas condiciones muy dañinas para el conjunto de Equo, como son el abandono del uso del nombre Equo en la vida política; un modelo organizativo confederal con soberanía territorial; unos futuros convenios de colaboración con Equo, …. Para los millones de ciudadan@s y electores de la geografía catalana desaparecerá entonces el espacio verde unitario que en teoría se busca construir con Equo. Ni oportunidad tendrán de tener unas papeletas con la palabra Equo en las mesas electorales. Se trata además de un retroceso en toda regla si se compara con la anterior confederal de Los Verdes. Esta nunca partió en trozos territoriales el proyecto para ceder su gestión y control a otros partidos políticamente adversarios. A partir de los resultados en votos obtenidos por la colación nacionalista de partidos valencianos llamada Compromís, que ahora cuenta con un diputado nacional, se presupone equivocadamente que dan a Equo cierta credibilidad frente a los porcentajes de voto muy bajos o marginales obtenidos por las candidaturas de Equo en el resto estado.

Pero esto es dividir y romper, y nada tiene que ver con la unidad ni la unificación que inicialmente se proclamaba por todo lo alto. El diputado nacionalista obtenido es producto directo del apoyo electoral obtenido por los partidos de la coalición Compromís, cuyos votos son sobre todo los de uno de los partidos integrantes de dicha coalición: el Bloc Nacionalista Valencià (BNV), que no pertenece al proyecto Equo. No forma parte de los partidos que firmaron el manifiesto del 4J de Equo. El BNV es un partido decididamente nacionalista que viene rozando el 5% del voto en las elecciones autonómicas. La coalición de Compromís es sencillamente otro proyecto político en suelo valenciano, con otra base social y electoral, y con otro programa e ideología. El que por parte de la actual dirección de Equo se quieran apuntar estos votos y este diputado como parte de un supuesto éxito electoral de Equo es un engaño contable descomunal. Además, los partidos que representan a Equo en suelo valenciano insisten en autodefinirse como “ecosocialistas”, con lo que se hacen excluyentes y restan apoyo social al proyecto por las razones antes comentadas.

Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV) tutela en la sombra todo el proceso de Equo e impulsa su nefasta constitución como “izquierda verde” o “ecosocialista” desde el inicio y a través de la  Fundación Equo. Este partido catalán ICV es en la práctica el gran inspirador de la actual estrategia suicida de Equo: la de amputar territorios y embarcarse en la indistinción con la izquierda comunista. Hasta en la misma página principal de la Web oficial de Equo se da un tratamiento especial de hermandad a ICV y se anuncia la existencia de un convenio de colaboración con ICV. Se da un lugar estelar a ICV como si fuera un partido afín o en alianza electoral con Equo, cuando paradójicamente resulta que en la práctica real ICV ha sido un coaligado de IU en las elecciones generales y autonómicas, y con ello es un claro antagonista político-electoral de Equo a día de hoy. Así ha sido en las pasadas elecciones generales y muy probablemente así será en las próximas europeas. Aunque ICV se empeñe en ocultarlo ante el Grupo Verde del Parlamento Europeo y ante el Partido Verde Europeo afirmando que irán en coalición con Equo y que abandonaran su eterno matrimonio con IU a las próximas europeas.

En conclusión, el camino a seguir no es sencillo y no hay recetas fáciles ni atajos rápidos para colocar una opción verde en el mapa político español. La continuidad y el éxito de Equo dependerá de la construcción estratégica de un proyecto diferencialmente verde, abierto internamente a muchas sensibilidades y enraizado socialmente con las preocupaciones socioambientales. Esto a su vez exige un profundo debate interno y una redefinición del espacio político y la identidad de Equo para diferenciarla y alejarla de IU.



Mara Cabrejas
Mara.Cabrejas@uv.es




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23 novembre 2011 3 23 /11 /novembre /2011 16:04

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EQUO: Lecciones de un decepcionante resultado "verde" en el mejor escenario posible

       La esperanza de la plasmación de una nueva fuerza política verde en España ha sufrido una fuerte frustración.  El resultado electoral de EQUO ha sido decepcionante y pobre. Sobretodo, se ha quedado lejos del anhelado diputado por Madrid al quedarse por debajo del 2% del voto en esta provincia. El 3% era difícil pero no era un objetivo desorbitado y era realizable. En la mayoría del Estado los resultados electorales han sido solo algo por encima de los mejores momentos del voto verde de algunos anteriores comicios (incluso en Madrid) y, lo que es mucho más importante, se encuentran todavía lejos del número de votos capaces de conseguir representación política significativa a nivel local, autonómico o europeo.

     Es evidente que el sistema electoral podría ser más democrático pero EQUO tendrá que trabajar políticamente con la idea de que las posibilidades  de un cambio radical en la ley electoral, en el sentido totalmente proporcional y con una única circunscripción  electoral, en estos momentos son extremadamente remotas por la posiciones de la inmensa mayoría de las fuerzas políticas parlamentarias.

    Hay que agradecer el gran esfuerzo de tantas personas que han trabajado por Equo y el cierto grado de consolidación organizativa y unitaria, pero al mismo tiempo será necesario abrir un proceso de reflexión autocrítica sobre unos resultados electorales tan insuficientes.

      

1. El mejor escenario posible. Estas elecciones se han celebrado en el mejor contexto político posible para la emergencia de una nueva fuerza verde.  A causa de la crisis económica y la pérdida masiva de votos por el PSOE  todas la fuerzas políticas alternativas de centro-izquierda (IU, UPD y otros nacionalistas) han experimentado unas subidas sustanciales. Según la sociología electoral española las derrotas de los socialistas gobernantes siempre han propiciado los mejores resultados para los partidos minoritarios.

  

2. Más atención de la prensa que nunca.  EQUO ha gozado una cobertura mediática mucho más amplia en la prensa escrita, radiofónica y televisiva  estatal que cualquier opción verde anterior. La prensa de "centro-izquierda" como El Pais o El Público, las radios como la Ser o Radio Nacional y la televisiones com la Sexta, han dado el tratamiento más digno que jamás haya recibido un fuerza extraparlamentaria.

 Además, por la primera vez, gracias al sistema de avales, EQUO no tenía que competir contra otras siglas "verdes". De hecho era la primera vez que no había una papeleta que solo decía "Los Verdes". 

3. Un mensaje ambiguo y alejado de contenidos originales.   EQUO no ha sabido o no ha podido establecer ante el electorado una "identidad propia".  Muchos votantes no sabían cual era el valor añadido y el hecho diferenciador del EQUO.   Mientras otras fuerzas si tenían un carácter claro (IU como la fuerza más a la izquierda, Compromís como nacionalistas progresistas valencianos y UPD como un partido liberal, anti-nacionalista) el mensaje electoral de EQUO era equivoco y tendía a centrarse en los procedimientos democráticos y no en el quehacer político. Los lemas de la campaña, comenzando por Reinicia o Resetear, no delataban ningún hecho diferenciador de EQUO. Es muy difícil entrar en el Congreso si un partido depende simplemente de proclamas como "voces nuevas", "somos los más frescos",  "los más democráticos" o "empezar de nuevo".

 

4.  EQUO se negaba a diferenciarse nítidamente de IUcomo fuerza verde de igual manera que los partidos verdes europeos se diferencian de la izquierda pos-comunista en otros países.   No se trataba de buscar una confrontación pero los votantes potenciales nunca recibieron una respuesta clara a la pregunta: ¿Qué diferencias tenéis con Izquierda Unida? Teniendo en cuenta que hasta hace pocos meses 2 de los 3 principales líderes de EQUO en Madrid eran diputadas de Izquierda Unida esta pregunta tenía especial relevancia.

 

5. Confusión de siglas y de confusión ideológica.  En lugar de plantear una lucha por el voto ecologista y alternativa que es sociológicamente transversal (inter-clasista  e inter-ideológico) con sus propuestas verdes, que recogiera votos desencantados de personas de personas con diferentes posiciones ideológicas, EQUO ha preferido no hacer especial bandera de sus orígenes verdes y se ha encasillado en un muy estrecho y ocupado espacio electoral de izquierdas. En vez de situarse en un espacio nítidamente verde, contrariamente su opción ha sido el proclamar que es de izquierdas radical, "ecosocialista" o "anti-sistema" o pro-nacionalista.  Cuando Juantxo Uralde fue preguntado en El País contestó así: " P.Hablan de república, más impuestos, laicidad... ¿Por qué no optaron por ser solo ecologistas e ir a por un votante más trasversal?  R. El votante verde sabe que Equo es su voto, y no dar una respuesta a los cinco millones de parados habría sido irresponsable." 

No está nada claro que el votante verde supiera que EQUO era su voto dado que IU se presentaba también con la marca verde en gran parte del Estado, con una papeleta que decía "Izquierda Unida-Los Verdes".  Muchos pensaban que el voto verde era IU o que Equo estaba con IU. Obviamente no se trataba de haber hecho una campaña solo centrada en cuestiones ecológicas, como tampoco las hacen los partidos verdes europeos,  pero tampoco se trataba de ocultar la identidad central, singular y diferenciadora de ser un partido verde o de pedir casi perdón por la identidad verde de proyecto.  Pero incomprensiblemente la campaña electoral de EQUO ha tendido a huir de la palabra "verde" y ha hecho hincapié en los procedimientos y la renovación democrática, algo que podía decir igualmente cualquier otro partido minoritario de cualquier signo ideológico.



6.La confusión de los "aliados" que se acuestan con la competencia electoral. El referente parlamentario y "el modelo a seguir" para EQUO ha sido ICV, aunque este partido catalán no ha apoyado claramente a EQUO salvo en algunos actos aislados para satisfacer al Partido Verde Europeo. Como mucho ha sido una ambigüedad calculada. Si el modelo "ecosocialista" de ICV era el ejemplo ¿porque no se presenta EQUO con IU como ICV?.  La inmensa mayoría de la población española sigue identificando a ICV como parte activa de IU y, de hecho, ICV ha sido una parte legal y efectiva de la coalición electoral estatal de IU. La noche de las elecciones los votos de ICV fueron contados como los de IU.  Sus máximos representantes hicieron campaña pública fuera de Catalunya a favor de Gaspar Llamazares, el líder más conocido de IU, con un impacto mediático mucho más amplio que sus pequeños actos a favor EQUO. Huelga decir que el 99% del mensaje político de ICV ha sido dominado por el enfrentamiento "Izquierda-Derecha" y difícilmente ligaría su mensaje con la mayoría de los partidos verdes europeos. Como comentaba el diario La Vanguardia al alabar su cabeza de lista: "Fue mucho más rojo que verde". Es de sobra conocido que el objetivo de ICV es reformar al neo-comunista IU poco a poco hacia posiciones más nacionalistas (con "espacio plural") y no de ayudar fundar una nueva opción política verde en España.



7.  Otro problema de la campaña y pre-campaña deEQUO ha sido su alianza con un partido nacionalista en la Comunidad Valenciana, que es el partido que domina la coalición Compromís. Esta alianza ignoraba que la gran mayoría de votantes proclives a votar una opción "verde" se considera poco o nada nacionalistas.   Además, esta coalición se hizo con tal déficit de exigencias democráticas y de transparencia que la gran mayoría de verdes y ecologistas valencianos decidieron no trabajar activamente en la campaña de Compromís-EQUO.  De hecho, Compromís recibió un muy pobre resultado en dos pequeñas ciudades gobernadas por alcaldes verdes, Orihuela y Villena, mientras fue mucho mayor el apoyo a "IU-Los Verdes" a pesar de no contar IU con representación en estos municipios.



8. El hecho de no disfrutar de los espacios gratuitos de RTVEtambién ha sido grave para el conocimiento de una nueva marca.  No se puede achacar simplemente a una injusticia. Ha sido un error de la organización de EQUO de no recoger los ciento y pico firmas que hacia falta para presentarse en Teruel, por ejemplo. El motivo dado por los miembros de EQUO allí en Teruel era que Madrid no les dejaba recoger las firmas por no llegar a los 20 miembros exigidos para formar un colectivo! Posiblemente desde la dirección de EQUO es posible que no se supieran los imperativos del detalle electoral, el 75%.

9. Conseguir un resultado mucho mejor para una nueva fuerza política verde con un nombre nuevo y desconocido hubiera sido en todo caso difícil. Una participación de EQUO en las municipales de mayo hubiera sido de mucha utilidad para el conocimiento social del proyecto.

10. Lo importante ahora es aprender de los posibles errores y sentar las bases de un EQUO nítidamente verde, fuerte, autónomo, reconocible e implantado.



David Hammerstein

 

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15 novembre 2011 2 15 /11 /novembre /2011 19:04



1. EQUO es la única opción política estatal que prioriza universalmente la defensa del clima, la biodiversidad y la salud por encima de estrechos intereses  industriales, demandas nacionalistas o defensas sindicales numantinas de sectores contaminantes e inviables.

2. EQUO antepone la defensa de los derechos humanos a cualquier prejuicio ideológico sea a la derecha y a la izquierda.

3. EQUO  se opone a las subvenciones destructivas como las al carbón, al tabaco o a la ganadaría intensiva, apoyadas por los demás partidos.

4. EQUO dice lo mismo por todo el estado al oponerse a los trasvases intercomunitarios, los aeropuertos, puertos, autovias  y otras grandes obras innecesarias.. El "desagravio territorial" no se utiliza por EQUO para favorecer ni el despilfarro ni la destrucción ambiental.

5. EQUO pide la supresión legal de las prácticas de maltrato animal como las "fiestas taurinas".

6. EQUO es parte de la familia política europea más nueva, más  innovadora y más pujante: Los Verdes Europeos. Hasta que haya una partido verde fuerte y autónomo, España no habrá completado su tránsito hacia la normalidad política europea y las cuestiones ecológicas seguirán siendo temas marginales en la política.

7. EQUO dice las verdades incómodas al pedir una fiscalidad sobre el consumo contaminante, pagar el coste real del agua, tasar al carburante aéreo y cobrar peajes urbanos para reducir la contaminación.

8. EQUO se compromete a favor de una política de propiedad intelectual justa que favorece el acceso al conocimiento, los derechos digitales, la innovación médica asequible y pide la supresión de un canon digital injusto.

9.  EQUO defiende una salida europeísta, ecológica y solidaria a la crisis económica.  EQUO integra sus discurso social con su discurso ambiental. No habla como otros que solo hablan " por sectores".

10.  EQUO es la opción política que más lucha en contra de la energía nuclear, la contaminación del aire y el envenenamiento químico. Para EQUO  son cuestiones fundamentales y no simplemente "unos temas más".

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9 novembre 2011 3 09 /11 /novembre /2011 08:51

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7 juin 2011 2 07 /06 /juin /2011 21:17

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5 juin 2011 7 05 /06 /juin /2011 10:26

Por un nuevo proyecto político compartido y comprometido con la ciudadanía y nuestro Planeta
Suma y sigue... es el momento


Vivimos una profunda crisis económica y ecológica, social y política, en el mundo y en España. Es una crisis sistémica y una crisis de valores, que exige iniciar la transición hacia un sistema basado en la sostenibilidad ambiental, la equidad social y la participación política activa. Con ese objetivo las organizaciones abajo relacionadas nos reunimos en Madrid para unir nuestras fuerzas en un proyecto político nuevo para buscar respuestas y fórmulas alternativas desde la transformación ecológica, social, ética y democrática de la sociedad.
Este proyecto se llama EQUO.


En estos meses, EQUO ha movilizado a cientos de personas, organizaciones y partidos con el objetivo de construir un nuevo espacio socio-político capaz de dar respuesta a las crisis en las que vivimos, desde los planteamientos de la ecología política, la equidad social, la defensa de los derechos humanos y la regeneración democrática y ética. En cooperación con la ciudadanía y los movimientos sociales, proponemos civilizar la política y repolitizar la sociedad.
No hay un minuto que perder: es el momento de dar un paso decisivo y constituirnos en una organización política a la altura a los retos del siglo XXI y coherente con nuestros valores: radicalidad democrática, ética ciudadana, responsabilidad, autonomía y solidaridad. En este camino, utilizaremos medios organizativos acordes con nuestras finalidades emancipadoras, basados en la transparencia, la participación democrática, el trabajo en red y desde abajo. Asimismo, reconociendo la realidad territorial de España, se trata de construir una verdadera cooperativa política que sea capaz de vertebrar las diversas experiencias que hoy formamos el Proyecto EQUO y que sirva de impulso enriquecedor de la elaboración política colectiva y horizontal.


Este proyecto es homologable a nuestro referente, el Partido Verde Europeo, al que aspiramos a representar de forma unitaria en España. EQUO tiene una vocación europeísta y mediterránea porque creemos firmemente que Europa necesita de una voz potente que promueva la transformación ecológica de la economía, la revolución energética y ambiental, la biodiversidad, la justicia distributiva, el estado del bienestar, la protección social, los derechos civiles y laborales, la igualdad de oportunidades y la no discriminación, los derechos de los animales, la diversidad sociocultural y lingüística, y la paz entre los pueblos de nuestro planeta.


Las movilizaciones que durante estas semanas se están produciendo por toda la geografía española expresan el profundo malestar social y el descontento ciudadano con el funcionamiento del sistema político y económico, con el comportamiento de los poderes económicos y de los representantes políticos y con la corrupción. Esta situación debe ser combatida con propuestas de independencia de los poderes públicos respecto a los poderes económicos, de transparencia y de tolerancia cero con la corrupción, desde la ética, el compromiso político y el convencimiento de que son posibles otras soluciones desde las instituciones públicas y desde la sociedad civil.


Ese compromiso debe concretarse en una práctica política capaz de dar una respuesta de forma participativa a las demandas ciudadanas, recuperando la confianza de la población en la acción política y, por encima de todo, adoptando propuestas sólidas y novedosas dirigidas a la consecución de la justicia social y ambiental. Frente a las políticas de los partidos tradicionales, EQUO propone recuperar el sentido de la política como un instrumento de transformación y gestión pública colectiva que dé respuesta a las pequeñas necesidades y grandes aspiraciones de las personas y de la sociedad para hacer posible la felicidad cotidiana dentro de los límites ecológicos del Planeta.


Estamos convencidas y convencidos de que el pensamiento ecológico y social que representamos ha alcanzado ya un cierto grado de madurez y permeabilidad en la sociedad. Por ello asumimos la responsabilidad de hacer realidad un proyecto común en el que se integren o se reconozcan personas, entidades y organizaciones políticas diversas, que nos permita alcanzar una presencia política y una representación institucional decisiva, para
expresar una voz coherente en defensa de los intereses sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras. Aspiramos por ello a construir una nueva formación política significativa y vertebrada, capaz de contribuir de manera decisiva a la transformación de la sociedad hacia la sostenibilidad ambiental, la equidad social y la democracia real, en los términos planteados en el Manifiesto fundacional del Proyecto EQUO y en las propuestas políticas de las organizaciones que hoy confluyen.


Estamos decididas y decididos a impulsar con ilusión y entusiasmo este proyecto político en todo nuestro país, en nuestros pueblos y ciudades, provincias y comunidades autónomas, convencidos de que la existencia de EQUO es necesaria. Además sabemos que el total será mucho mayor que la suma de las partes que ahora representamos.


Ofrecemos EQUO como un proyecto abierto, en construcción, que será lo que las personas que se asocien a EQUO decidan democráticamente que sea. Con este objetivo, convocamos una Asamblea Constituyente para el próximo otoño abierta a todas las personas bienintencionadas que quieran participar incorporándose al proyecto y que apuesten por la transformación ecológica, social, ética y democrática de la sociedad.


Suma y sigue... es tiempo de acción y no solo de palabras.

Published by Europa en Verde - dans Política en España
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