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Los Verdes

4 décembre 2013 3 04 /12 /décembre /2013 21:27

 

 

La ciudad sustentable


Una Ciudad Justa es la que la justicia, el alimento, la vivienda, la educación, la salud y la esperanza estén distribuidas de manera justa.


Una Ciudad Bella, en la que el arte, la arquitectura y el paisaje prendan la imaginación y el espíritu.


Una Ciudad Creativa, en la que el pensamiento libre y la experimentación movilizan el potencial de sus recursos humanos al completo y permitan la respuesta rápida a los cambios.


Una Ciudad Ecológica, que minimice su impacto ecológico, en la que el paisaje y la forma construida estén en equilibrio, y en la que los edificios y las infraestructuras sean seguras y eficientes en el uso de recursos.


Una Ciudad de Fácil contacto y Movilidad, en la que se intercambie la información, tanto cara a cara como electrónicamente.


Una Ciudad Compacta y Policéntrica, que proteja el campo, para la que lo primordial sean les comunidades y su integración dentro de barrios y que maximice la proximidad.


Una Ciudad Diversa, en la que una amplia gama de actividades se solapan, crean animación, inspiración y fomentan una intensa vida pública.

 

H. Girardet 

 

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La ciudad como organismo vivo

De los flujos lineales a los ciclos circulares


La metáfora orgánica refleja mejor que la metáfora maquinística las condiciones reales de nuestra experiencia urbana. Los procesos y causalidades que concibe son holísticos y contextuales al reconocer la conectividad insalvable entre lo social y lo natural. La percepción organicista de la ciudad vincula el conjunto con las partes, el consumo de recursos con las excreciones y residuos, lo común con lo singular y propio, la estabilidad y continuidad con la contingencia y novedad, la salud con el peligro y la enfermedad, el conocimiento y la planificación con la incertidumbre y la ignorancia, lo visible y trascendente con lo inmanente y oculto.


Bajo la metáfora orgánica la materia no se concibe como inerte y libremente manipulable, sino complejamente organizada y con capacidades intrínsecas de sensibilidad e intelección. El mundo físico es visto como fundante y primordial a la vez que dotado de capacidades vivificadoras y creadoras. Desde estas concepciones los sistemas urbanos de vida pueden entenderse como organismos que para su continuidad dependen de la reproducción biológica, y se auto-organizan mediante procesos metabólicos complejos no reducibles a la simplificación ni a la parcelación mecánica y funcional. Bajo el modelo y la idea de organismo podemos identificar las dimensiones estructurales más explotativas de la ciudad moderna concebida estrechamente como una máquina o artefacto mecánico abierto a cualquier intención y libertad inventiva y manipuladora por parte de los humanos.


Una diferencia central entre los sistemas naturales y nuestras actuales megalópolis tecnológicas e industriales, es que estas dependen en gran medida de crecientes abastecimientos externos basados en numerosos flujos de recursos de todo tipo, un intenso tráfico de productos que atraviesan el sistema urbano y se destinan a sus poblaciones. Dada la gigantesca escala de la urbanización y sus tendencias colonizadoras y fagocitarias, desde una óptica organicista y verde las ciudades habrían de modelarse imitando la sabiduría y el funcionamiento de los sistemas naturales, como pueden ser los bosques, para mantener así una cierta estabilidad y viabilidad a largo término. 


La relación de las ciudades con la naturaleza puede comprenderse como una relación metabólica, siguiendo la analogía entre los asentamientos humanos y los organismos. Al igual que cualquier otro ser vivo, las comunidades urbanas sólo pueden subsistir y evolucionar en el tiempo si consiguen obtener suficiente energía y materiales útiles de su entorno o medio natural, y si además encuentran sumideros para re-absorber y eliminar con cierto éxito los residuos que producen. Al igual que les pasa a los organismos vivos, a medida que aumenten sus ordenes de organización y complejidad, los requerimientos materiales y energéticos del sistema urbano también aumentan. Hoy esta espiral creciente de demandas tiene rasgos autolesivos y cancerígenos.


El metabolismo de las ciudades comporta muchas entradas de recursos y servicios naturales a través del combustible, el oxigeno, el agua, los alimentos, la madera, los productos manufacturados, los minerales, etc. Estos materiales nos ofrecen muchos bienes y servicios vitales, y son procesados para reproducir y ampliar la población, los artefactos y el medio construido. Pero a la vez generan muchos tipos de residuos que se dispersan y acumulan colapsando las funciones digestivas de los ecosistemas (dióxido de carbono y otros gases dañinos, aguas fecales e industriales, basuras sólidas y detritos industriales, etc…).

Una de las características de les ciudades modernas es su insensata hipertrofia. Se muestra en el hecho de que sus metabolismos tienden a ser cada vez más grandes, más lineales y más omniabarcantes. Es decir, implican más y más presión y destrucción del territorio biofísico cercano y lejano. Irresponsablemente consumen más recursos naturales al tiempo que los residuos generados no se aprovechan y reutilizan de nuevo, violando con ello las pautas circulares propias de los ciclos de materiales presentes en la biosfera y en la vida en general.


Contrariamente, los ecosistemas vivos tienen un metabolismo circular y cíclico, lo que significa que cualquier emisión generada por un organismo se convierte en alimento y en un nuevo recurso que renueva y sostiene la continuidad reproductiva de todo el entorno viviente del que forma parte. Toda la red de la vida se mantiene así unida en un una delicada cadena de relaciones de cooperación y de beneficio mutuo mediante el constante flujo de nutrientes que pasa de un organismo a otro. Todo y todos se aprovechan creativamente. 


Pero el metabolismo de nuestras modernas ciudades es lineal e ilimitado. Se consumen, lesionan o agotan los recursos sin percibir ni tener en cuenta las afecciones que se generan en su origen y en su destino, ya que los residuos y las emisiones llevan consigo una enorme cantidad de productos y procesos biocidas que no pueden ser digeridos y eliminados por los ecosistemas.


En la gestión urbana de las ciudades en expansión ilimitada, los residuos y los recursos apenas se consideran conectados y en interdependencia holística. Les ciudades importan alimentos y productos que se consumen y se eliminan en forma de aguas residualesy basuras que van a parar a los ríos, al litoral, a las aguas subterráneas, a los ecosistemas y tierra de nadie. Es decir, las materias primas que vienen de la naturaleza y se combinan y procesan para a producir los productos de consumo, finalmente acaban degradadas y sin utilidad en forma de basuras dañinas que no pueden ser reabsorbidas por el mundo natural. Lo más habitual, es que los residuos acaben en algún vertedero que irradia por doquier lesiones socioambientales de todo tipo, y en el que los materiales orgánicos se mezclan indiscriminadamente con los metales, los plásticos, el vidrio y muchos residuos tóxicos. Este modelo lineal de consumo, de producción y de eliminación urbana socava la viabilidad ecológica general de nuestras ciudades porque tiende a romper los ciclos regenerativos y circulares de la naturaleza.


Mejorar el metabolismo urbano y reducir su huella ecológica obligará a cerrar los ciclos y los flujos. Los productos de desecho deberían de reconvertirse en nuevas materias primas valiosas para entrar en el sistema productivo mediante el reciclado cotidiano de materiales, como pueden ser el papel, los metales, el vidrio, el plástico. También será necesaria la conversión de la materia orgánica y de las aguas residuales en un compost que retorne los nutrientes de las plantas a las tierras de cultivo, y que a su vez alimentan las ciudades y a sus poblaciones humanas.


Por tanto, la gestión municipal y en coordinación con otras instituciones deberá hacer el tratamiento de los residuos urbanos dirigiéndose a las causas que los generan, a los procesos productivos y a los malos hábitos del sobre-consumo urbanita. Uno de los objetivos de la sustentabilidad general y de la ecología urbana en particular es evitar el bloqueo de la función asimiladora y de reabsorción que de formanatural está vitalmente presente en los ecosistemas. Es decir, que la cantidad, la cualidad y el ritmo de emisión y vertidos no lleguen a superar o colapsar la capacidad de los ecosistemas para absorberlos y metabolizarlos.

El mantenimiento de un máximo nivel de regeneración y de asimilación de los ecosistemas, es una buena guía para la transición hacia la sustentabilidad urbana. Ello exigirá un cambio radical de nuestras concepciones sobre los detritos urbanos, considerándolos como materias primas valiosas y no como a desechos inservibles.


Las ciudades de la actual era industrial y del petróleo generan una enorme y creciente huella ambiental que excede en mucho a su visibilidad directa, y a superficie de gestión y de administración. Sobrepasan los límites de su entorno inmediato mediante la obtención de recursos de lugares cada vez más alejados, hasta consumir y hacerse bulímicamente dependientes de los bienes y servicios naturales del conjunto del planeta.


La viabilidad o la sustentabilidad de nuestras ciudades podrá aumentarse si sus metabolismos se hacen circulares y si su huella ecológica destructiva se reduce. Por eso, es necesario y urgente que la cantidad de los recursos naturales consumidos se reduzca, y que nuestras necesidades y estilos de vida sean menos despilfarradores, más eficientes, y más circulares.


De la voracidad y desconexión ambiental

a la ecología urbana


Hoy día, nuestras alegres e irresponsables formas de vida urbana se acompañan con dormitivas y anacrónicas ideas sobre la naturaleza y la buena vida. Las representaciones sociales dominantes del mundo vivo pocas veces se ligan con nuestras realidades y experiencias cotidianas más inmediatas y palpables.

La urdimbre de vida que sustenta y convive con las sociedades humanas continúa siendo percibida socialmente como algo ajeno y alejado que no nos compromete directamente, aunque al mismo tiempo se reconozca su singularidad y valor. Desde estas mentalidades tan artificializadoras y trivializadoras como las nuestras, la naturaleza y sus 

frágiles procesos de interdependencia presentes hasta en nuestros propios cuerpos, se suelen invisibilizar, devaluar o reducir a lugares acotados, exteriores y desvinculados de las dinámicas e identidades sociales individuales y colectivas.

Nuestro estilo urbano de convivir, tiende a construir una extraña percepción sobre la naturaleza. Se concibe como algo exterior e independiente, o como rígidamente acotada y ajena. Pero paradójicamente también es vista como algo de gran de valor y estima. Este artificial extrañamiento para con la naturaleza se acompaña a la vez de cierto aprecio social.

Nuestras percepciones ambientales se apoyan en un doble nudo paradójico de devaluación y dignificación que está presente en las representaciones mayoritarias sobre un área rural, un bosque, una zona húmeda, un río singular o un parque natural.

Esta autocomplaciente desconexión con el mundo natural, desarrolla motivaciones y rutinas prácticas que realimentan el inmenso muro cultural y ideológico que separa y niega las relaciones y el constante diálogo entre nuestras actividades y los procesos naturales en nuestra experiencia cotidiana. Somos sordos habitantes de una misma casa compartida con innumerables criaturas y ecosistemas. Convivimos en la trama de la vida cómo urbanitas enraizados en una inmensidad de vida que palpita, aunque no se nos muestre fácilmente ni tengamos conciencia clara de ello.

Nuestra cultura y sentido común práctico tiende a invisibilizar las cualidades y necesidades de los sistemas naturales implicados en cualquier acción humana o en cualquier proyecto de desarrollo. Estas cegueras productivistas en sus versiones más neo-desarrollistas obvian que nuestras actividades urbano-industriales actúan como potentes agujeros negros destructores de todo tipo de recursos naturales valiosos que se consumen en el contexto de un planeta físicamente frágil y limitado. El gigantismo devorador de nuestras formas de vida urbana, aunque no tenga claros parámetros de contabilidad pública o institucional, está hoy en el origen de la mayoría de los problemas globales de supervivencia ecológica.

Las opiniones ambientales mayoritarias que declaran estar a favor del cuidado y de la protección ambiental tienen la peculiaridad de que participan de esta escisión fundamental, y esto señala un rasgo característico de las subjetividades modernas. Por un lado, valoran abstractamente la conservación de la riqueza natural y son capaces de concretar sus preferencias de cuidado ambiental sobre algún espacio natural cercano y reconocido por su flora, fauna o paisaje. Pero por otro lado, estas sensibilidades no acaban de concretarse en cambios prácticos y compromisos cotidianos. Desde este doble y auto-contradictorio sistema de valoración y normas: ambientalismo para los discursos y productivismo para las prácticas, las actitudes sociales mayoritarias acaban ignorando prácticamente o aceptando cómo víctimas pasivas las lesiones y peligros ambientales más destructivos.

Es decir, la gente desea la preservación general de un medio ambiente vivo y saludable, en algún lugar, de alguna forma abstracta e ideal como aspiración, pero no son tan firmes como para iniciar cambios y compromiso prácticos coherentes, individuales o colectivos. La conciencia ambiental mayoritaria está atrapada en este dilema que acaba siendo resuelto a favor de un productivismo práctico. Dada la imposibilidad de cumplir a la vez un doble mandato cultural y normativo con carácter antagónico e incompatible en el terreno práctico (conservar y consumir a la vez), como salida de esta paradoja optan por la inercia productivista y por la inhibición ambiental práctica.

Parece que las múltiples ofertas del mercado intercultural moderno y el fuerte apego a las necesidades del libre sobre-consumo refuerzan la construcción de subjetividades y de actitudes desconectadas del mundo vivo en nuestras experiencias cotidianas. Algo así como el querer defender a los animales y a las plantas junto a un entorno humano más íntegro, sano y conservado, pero a la vez sin querer moderar o renunciar al gran banquete diario de nuestras ricas ciudades del norte. Contrariamente, unas prácticas ambientalmente orientadas habrían de obligarnos a nuevos compromisos y eliminaciones de rutinas prácticas ecológicamente insensatas e inadaptadas.

Por tanto, la pasividad y la ambivalencia ecológica es la actitud social mayoritaria como salida dada a este dilema por parte de la sobre-consumidora ciudadanía rica mundial. Significará en lo práctico una opción biofísicamente autolesiva. Es decir, una insensatez pragmática que se guía principalmente por parámetros y motivaciones instrumentales y consumistas sobre el propio comportamiento, y sobre el bienestar, la mejora social y el futuro. 

 

¿Cómo podremos salir de este atolladero?...

La nueva política urbana

Supervivencia, suficiencia, equidad, diversidad, democracia

Seguramente, cualquier planteamiento futuro de cambio que busque compatibilizar la justicia y la sustentabilidad, tendrá que descansar sobre una nueva cultura y política verde de suficiencia que comporte una nueva actitud guía a favor de la convivencia con la vida.

Una cultura y moral práctica de preservación y cuidado de la Tierra tendrá que adoptar nuevos criterios de protección y respeto hacia los límites regenerativos y hacia la conectividad y el apoyo mutuo de los ecosistemas naturales. Una cultura ecológica basada en los principios de supervivencia, suficiencia, equidad, diversidad y cooperación, se enfrenta a la delirante desconexión que se da entre nuestra gran fiesta devoradora urbana y las mutaciones socio-ecológicas que hoy envenenan el aire, los suelos y los recursos vitales de la Tierra. Hoy la experiencia humana en el mundo abarca nuevos campos de peligros e incertidumbres fabricadas y desconocidos que amenazan la vida y bienestar de las gentes cercanas y lejanas.

En el origen de gran parte de los problemas ambientales que sufrimos está precisamente el voraz modelo de urbanismo, producción, consumo y excreción de nuestras ciudades, y sus tendencias de expansión y colonización ilimitadas. Sin embargo, la dominante y estrecha visión de la rentabilidad económica a corto plazo que habita bajo los motivos principales de todo tipo de proyectos de desarrollo, casi siempre arrincona estas cuestiones centrales que una verdadera opción por la habitabilidad urbana habría de tener en cuenta. La omnipresente obsesión por el crecimiento y la competitividad económica eclipsa constantemente el debate en torno a los fines, las consecuencias y peligros sociales y ambientales que acompañan a los proyectos de desarrollo urbano.

La mayoría de los municipios del territorio español han comenzado a desarrollar algo que podríamos llamar un ambientalismo desarrollista, aunque carecen de una estrategia global de carácter socioambiental que

pueda afrontar con mínimo realismo la insostenibilidad crónica de nuestros pueblos y ciudades.

Ponen en práctica tímidas políticas ambientales que se caracterizan por ser testimoniales, sectoriales, desconexas y cosméticas, aunque puedan servir de retóricas legitimadoras ante la opinión pública y los votantes. Sobre todo, este embrionario ambientalismo público dista mucho de poder responder a las necesidades de las crisis ecológicas locales y globales que padecemos. Actualmente, las concejalías de medio ambiente no suelen ser ni las áreas más determinantes ni las mejores dotadas. Si alguna vez llegan a realizarse actuaciones de más peso ambiental, suelen ceñirse a problemáticas muy sectoriales, aisladas y contradictorias con el resto de la gestión pública.

Muchas de las adhesiones a la Carta de las Ciudades y Pueblos europeos a favor de la sostenibilidad se acompañan de una total falta de voluntad política por parte de los gobiernos municipales en redactar y poner en marcha las Agendas 21 locales. La experiencia de implantación de las Agendas 21 muestra, que aunque a veces se hayan constituido interesantes foros de concienciación y participación ciudadana, en lo principal, no han servido para reorientar o redirigir significativamente las tendencias destructivas globales y locales. Los consejos locales de medio ambiente carecen de las competencias y los medios de intervención en el territorio si se comparan con los recursos que tienen otras áreas, como pueden ser las comisiones de urbanismo que en lo real son las que diseñan la expansión urbanizadora indiscriminada. La planificación urbanística municipal marca actuaciones y políticas que suelen ser ignorantes y hostiles hacia los problemas socioambientales. Los discursos públicos de políticos y técnicos, y las políticas económicas o urbanísticas de nuestras ciudades, continúan obviando las agresiones a la sustentabilidad urbana local y sus contribuciones a las mutaciones ecológicas de carácter gaiano.

Urge ampliar estas estrechas políticas ambientales para transversalizar y problematizar ecológicamente las decisiones municipales de todo tipo bajo las exigencias de la condición ambiental y de la integración de los indicadores económicos, sociales y ambientales. En lo macro y en lo micro, en lo social, en lo cultural y en lo económico, han de hacerse presentes las exigencias ambientales de salud y habitabilidad. Como por ejemplo podría ser la apertura de un Centro comercial; el trazado de una calle; las normas de construcción y diseño urbano; el mobiliario, el 

diseño arquitectónico y la intendencia del consumo ordinario de todo tipo de centros e instituciones; la toxicidad y tipo de materiales utilizados en la construcción, el mantenimiento y el uso de edificios públicos; el tipo de alimentación que se suministra a instituciones como pueden ser los colegios y centros sanitarios; la urbanización y ajardinado de espacio público ciudadano; la densificación motorizada del transporte y la movilidad; la ordenación del tráfico y los aparcamientos; el comercio local y los mercados municipales; la política fiscal, etc.

A diferencia de otros países europeos en donde actores colectivos, la ciudadanía afectada o los partidos verdes más fuertes han ido colocando la sostenibilidad urbana en el corazón de los debates públicos, el escenario de la política municipal de nuestros pueblos y ciudades ha carecido en general de sujetos colectivos fuertes y visibles capaces de situar la centralidad de la ecología urbana entre las opciones posibles y deseables.

Lamentablemente, el actual sectorialismo ambiental está muy lejos de convertirse en un proyecto posible de sustentabilidad. Es decir, estamos aún lejos de la necesaria transición hacia la modernidad ecológica mediante nuevas guías políticas verdes capaces de enmarcarar y de condicionar al resto de prioridades, y al conjunto de la actuación municipal.

Aquello que se entiende como el medio ambiente sigue siendo percibido de manera muy superficial y trivializada. Es decir, se suele añadir como un simple tema más o como un problemas a añadir a una larga lista de actuaciones sectoriales que se adicionan y suman al tiempo, pero de forma apilada y sin coherencia intersectorial entre cada una de las políticas y áreas de intervención. Esta concepción de medio ambiente sectorial carece de posibilidades de alterar o cuestionar significativamente las prioridades del resto de políticas, que son definidas exclusivamente bajo parámetros alejados de los datos o indicadores de salud ambiental.

Desde nuestra sensibilidad y opción a verde a favor de la vida apostamos por una vida ciudadana en paz con el planeta. Por ello, las propuestas de la sustentabilidad urbana y global tienen que ganar terreno y salir del gueto en el que han sido secuestradas. Han de colocarse al centro del debate social y político. Las principales 

preocupaciones ecológicas tendrían que ampliarse y resituarse para impulsar cambios en nuestro entorno más inmediato y en nuestros hábitos más cotidianos. Fijémonos en la vivienda, la calle, el barrio, la comida de cada día, el mercado y el comercio cercano, los parques y huertos interiores, la agricultura periurbana, o los núcleos históricos engullidos. Fijémonos en nuestros movimientos y actividades de cada día. La ecología actúa en la cotidianidad y conecta nuestros espíritus, mentes y cuerpos.

De la “limpieza final de tubería” y la eficiencia

a la suficiencia

La mayoría de las políticas urbanas que acaban definiendo y destruyendo irreparablemente las condiciones biofísicas del territorio aplican un sectorialismo ambiental que global y funcionalmente tiene consecuencias muy limitadas e insuficientes. Se limitan a combatir la contaminación destructiva sin acabar nunca con ella mediante un tipo de estrategias de “final de la tubería ”.

Este modelo parcelador y reduccionista afronta las consecuencias de la suciedad y destrucción originadas por las sociedades industriales, tan sólo mediante un poco de limpieza al final de los procesos de producción y consumo. No cuestiona los procesos, la escala ni las causas. No las ralentiza, disminuye o frena, debido a que no interviene en los orígenes y procesos globales que retroalimentan la degradación ambiental. Por tanto, apenas pueden incidir en la escala ni en la aceleración de la destrucción de los sistemas naturales con sus pérdidas cualitativas y cuantitativas de diversidad biológica y de servicios ambientales imprescindibles.

Con el paso del tiempo las limitaciones de éstas políticas se han hecho más que evidentes, ya que se muestran económicamente muy costosas y cada vez más ineficaces ante la creciente multitud de destrucciones y riesgos que se acumulan y amplían. Peor aún, ayudan a alimentar la ilusión del tecno-optimismo en la percepción y actitudes sociales mayoritarias: todo está bajo control y podemos seguir seguros con nuestra alegre vida de despreocupación y despilfarro.

Si realmente se optara por avanzar hacia la habitabilidad urbana sería preciso volver la atención desde el fin al comienzo, desde los vertidos y 

residuos a los procesos y los ciclos transformativos de la economía, la extracción, la producción, la distribución, la venta y el consumo. Tendríamos que enfocar nuestra mirada a las toneladas de energía, materiales y mundo vivo que continuamente se lesionan o se degradan a consecuencia de nuestro consumo y forma urbana de vida, y que además comportan huellas destructivas en otros lugares alejados. Hay que recordar que la mayoría de los problemas ambientales derivan de la mega-escala y del volumen total y creciente de recursos naturales consumidos. Lo que viene a ser una gigantesca máquina trituradora de cualidades y funciones vivas diversificadas que se debilitan, reducen o pierden a mucha velocidad en ciudades tan voraces como las nuestras.

Es decir, el ineficaz ambientalismo final de tubería se apoya en la ideología de la eficiencia tecnológica como panacea para dar soluciones y obtener credibilidad social. Según estas ideologías del optimismo tecnológico, todos los problemas se pueden resolver con el aumento de la mejora técnica o con la sustitución de los recursos ambientales por artefactos sustitutivos. Pero desgraciadamente, la mayoría de la mejora ambiental o del ahorro local de recursos naturales producido por éste modelo insuficiente de eco-eficiencia se elimina con creces debido al paralelo aumento global del consumo de los bienes biofísicos.

Hoy día, la posible viabilidad de las políticas ambientales ha de tener en cuenta las dimensiones y procesos implicados en el espacio y el tiempo singulares, sometidos a la aceleración y el gigantismo. De poco nos serviría hacer un coche más limpio, si el volumen total de motorización y los gases tóxicos de combustión se disparan. Estaría muy bien el instalar techos solares, pero si la demanda energética sigue creciendo tan rápidamente como ahora, poco o nada avanzamos frente al cambio climático. Eficiencia, sí. Pero, suficiencia, también.

La ecología no es una simple cuestión de ajuste técnico ni de limpieza higienista o jardinería de retoques, para que todo siga igual o peor globalmente. Es más bien una apuesta profunda y urgente de cambios locales y globales en todos los campos sociales.

De la ciudad global

a los derechos a la salud planetaria 

El modelo de ciudad global se apoya en su expansión inacabable e ilimitada territorialmente, con pautas de sobre-consumo fagocitario de recursos foráneos de todo tipo. La ciudad global funciona también como una potente y petrificada ideología a favor de las demandas de la globalización y desregulación económica. Este modelo de ciudad aumenta dramáticamente las presiones y la explotación sobre cada rincón físico y social del mundo.

La cada vez más pesada “huella ecológica” de nuestras ciudades constituye un yugo asfixiante sobre el capital natural del planeta y sobre las oportunidades humanas de futuro. Las inmensas demandas y sobre-consumo de recursos por parte de nuestras formas urbanas de vida provocan huellas sobre-explotadoras cada vez más profundas y anchas, ecológicas y sociales, cercanas y lejanas.

Uno de sus resultados históricos del sobre-consumo y estilos de vida urbana es la liquidación masiva de las sociedades agrarias tradicionales y su sustitución por megalópolis insaciables, y en constante crecimiento en muchos lugares del mundo. Parece que se cumple una regla de juego endemoniada: cuanto más parisitarias sean las ciudades, más estresadas y deterioradas estarán las zonas rurales y ecosistemas que se ocupan de satisfacer las necesidades primarias y la imprescindible regeneración de la vida urbana. Las modernas formas urbanas de ocupar y construir sobre el territorio están destripando montañas, secando ríos y esquilmando la biodiversidad a una escala y velocidad sin precedentes históricos.

Cada vez más se muestra como evidente la imposibilidad física de repetir con éxito la experiencia urbana del Norte a escala mundial. El actual modelo de ciudad actúa como un cáncer devorador al estar basado en el sobre-consumo y en la creciente separación y alargamiento de distancias entre los diferentes usos y actividades. Sus formas de intercambio dan prioridad a los ciclos abiertos y despilfarradores de materiales y energía en sus relaciones con los recursos y ecosistemas, y de los que extraen constantemente bienes y servicios que consumen. De seguir obviando las constricciones físicas infranqueables, el colapso de seguro estará garantizado en una Tierra limitada y frágil.

Una ciudad sólo puede ser llamada sustentable, democrática y justa, cuando las premisas en que se basa su comportamiento pueden ser 

copiadas y servir para la vida y continuidad de todas las ciudades del mundo. En cambio, el inmenso e inacabable consumo lineal de energía y recursos junto a la inflación de detritos producidos por parte de las ciudades de Norte, no se puede extender a todas las ciudades del mundo. Porque simplemente no hay recursos naturales suficientes para poder abastecer este desigual y lujoso despilfarro.

Hoy la defensa de derechos universales básicos ha de ser compatibilizada con los nuevos derechos a favor de la salud conjunta de nuestros cuerpos y el cuerpo del planeta, cuestionando con ello algunos de los supuestos centrales de la modernidad ilustrada e industrial. El mantenimiento de modelos urbanos de consumo ilimitado en el Norte imposibilita cualquier apuesta viable por la supervivencia y la igualdad de derechos universales de ciudadanía para el presente y para las futuras generaciones.

Esto debería sugerir que cualquier defensa de la supervivencia colectiva y de la justicia social y ambiental a escala planetaria, implicaría una seria transición hacia la moderación y la equidad.

En otras palabras: la actual globalización económica no es sólo criticable por ser injusta y desigual, sino que también es criticable porque es sencillamente imposible llevarla a término. Aunque hubiera un reparto social más equitativo de los frutos económicos que promete, igualmente nos llevaría a la humanidad hacia un callejón sin salida por su propio carácter radicalmente descontrolado, gigantesco y devorador del mundo físico planetario.

De la resistencia global a la localización

La inestabilidad y desigualdad generadas por la actual globalización económica ha parido a miles de resistentes ruidosos que insisten y repiten una y otra vez: “Otro mundo es posible”. No sólo es posible sino que ya se está haciendo.

Miles comunidades y grupos por todo el mundo están descubriendo alternativas propias para la revitalizar las economías locales que proporcionan más igualdad, más cohesión social, más democracia y más protección ambiental, algo que no pueden ofrecernos el reino de las multinacionales. Este enraizamiento en la proximidad de los flujos de 

dinero y los recursos para el tejido social y económico local, favorece el apego y enriquecimiento de los intercambios humanos adaptados a las necesidades propias, y al cuidado local de personas y naturaleza.

La localización significa cuestionar la hiper-competitividad y la lucha de todos contra todos. Supone optar contra la lógica del “mendigo tu vecino” y pasar a la lógica de “mejora tu vecino”, de forma tal que de preferencia a lo local y que a la vez fortalezca a las pequeñas empresas, la vida comunitaria, la naturaleza y las personas. Esta forma de indigenismo enraizado potencia las ideas del comercio justo y sustentable para promocionar una economía que integre los objetivos sociales y ambientales. Se trata de dar prioridad a la producción y venta local, fomentando su variedad y su diversificación. Favorece la creación de una nueva estima con lo propio y el lugar por parte de unos consumidores responsables que valoran la proximidad, la calidad ambiental, la diversidad y protección cultural como factores claves en sus decisiones de compra y estilos de vida.

De la aceleración a la parsimonia

Hoy las ciudades son templos de adoración de la velocidad. Una de las máximas incuestionables por parte de las políticas municipales es creer que es siempre deseable el incremento de la velocidad en cualquier forma de intercambio mediante el crecimiento imparable de las distancias y del espacio entre usos y actividades. Numerosas experiencias cotidianas son reguladas por ritmos urbanos que nos imponen una velocidad y rapidez extraña a nuestras necesidades básicas.

La tiranía de un único tiempo mecánico y productivo y de sus normas sociales de consumo atraviesa numerosas experiencias cotidianas, que van desde la autovía al fast food. La cultura consumista del usar y tirar acorta y acelera tiempo de vida de los objetos y nuestra relación anodina con ellos. Pero esta concepción uniformadora y homogénea del tiempo en la ciudad es realmente un abuso de poder al ser ciega e intolerante con los tiempos y ritmos pausados de nuestras experiencias y nuestros cuerpos. El imperialismo de los tiempos acelerados no se corresponde con los tiempos y ritmos plurales de la materia y la vida. El dominio de las prisas y de la rapidez ha reducido nuestras posibilidades de tener una conexión y comprensión visual, temporal, sensitiva, 

reflexiva y afectiva con los lugares y valores urbanos.

Así, es hoy difícil adquirir la experiencia y el aprendizaje parsimonioso que dan sentido e identidad a los espacios comunitarios e históricos de la ciudad. Con distancias más largas y velocidades más altas, prácticamente todo (la arquitectura, los edificios, los árboles, las plazas, las calles, la agricultura periurbana, los objetos de consumo) tiende a trivializarse y a padecer la desconexión natural y la insignificancia social. Todo el medio urbano parece estar llamado a convertirse en un no lugar y en un lugar de paso, efímero y mudo en sus posibilidades sociales de reconocimiento, estima y diversidad creativa.

Las zonas históricas y rurales de la ciudad que se mueven con otros significados y con pasos más lentos, son las que sin apenas capacidad de resistencia acaban siendo marginadas y deterioradas. La aceleración y las largas distancias fomentan un universo de insignificancia social lleno de extraños y de miedo. En cambio, la proximidad corporal y sensorial ayudan en la construcción del sentido y las subjetividades conectadas y responsables con la propia ciudad.

La parsimonia de los ritmos lentos y las distancias cortas reivindica otro modelo de ciudad. La velocidad más pausada, las distancias más reducidas, la alta conectividad, eliminan las crueldades y las insignificancias que caracterizan la vida cotidiana de muchas personas y colectivos.

Enraizar las relaciones sociales cotidianas en los ritmos propios del lugar, del barrio y el medio ambiente urbano local y cercano, nos puede ayudar a orientarnos. Algunos grupos sociales como pueden ser l@s niñ@s, los mayores, muchas mujeres con trabajo centrado en la vida doméstica reclaman e inventan otros tiempos más lentos acordes con la pacificación urbana, lo que conllevaría menos destrucción de la habitabilidad ambiental, menos peligros, más sociabilidad y enriquecimiento cultural, y un mayor bienestar y disfrute de la vida.

La necesidad de respeto y de tolerancia ecológica nos exige pasar del fast food al slow food como forma alternativa de vida ciudadana que incorpora otra valoración de los diversos tiempos de nuestra experiencia. 

De los “no-lugares”

a la ciudad sentida y con sentido

Muchas ciudades se han lanzado a la competitividad y a la construcción inacabable de más y más “no-lugares” homogenizados y carentes del sentido para la apropiación identitaria de los urbanitas. Son ideados como emblemas de modernidad que convierten en arcaicos y desechables los lugares históricos, renegando de sus hábitos culturales y de su propia historia retratada en las piedras y trazados de la ciudad antigua. En el monocultivo uniformado de los espacios comerciales, residenciales o de ocio, difícilmente se puede crear identidades singulares y convivencia ciudadana cuando sobre todo se ofrecen experiencias de soledad y similitud anodina. Parece que desde la mentalidad de políticos y técnicos se proyecta la ciudad como si fuera una variación más de las terminales de los aeropuertos, de las estaciones de trenes o de los parques temáticos.

Las políticas del neo-desarrollismo urbanizador impulsan el edificio Prima-dona alimentando una continuada sustitución y eliminación de los lugares urbanos significativos y multi-funcionales que fomentan una variedad de usos sociales interconectados y de relaciones sinfónicas capaces de establecer continuidad e identidad en lo diverso: conectando las dos orillas incomunicadas de lo social y lo natural.

Hoy, este estilo monumental y heroico en sus dimensiones físicas y simbólicas constituye un lujo despótico propio de faraones. Carece de posibilidades para hacer puentes y reconocimiento entre las identidades sociales y el medio físico-natural. Actúan como pozos negros y heridas incisivas en la ciudad con muchas variedades en sus formas urbanas, que demandan todo tipo de recursos públicos. Este urbanismo de desprecio basado en la cirugía del edificio singular es incapaz de facilitar cosmovisiones de arraigo y aprecio con el conjunto de la ciudad. Su fuerza simbólica está en la desconexión y pérdida de contacto con la urdimbre material y social de la ciudad, y con las posibilidades creativas de bienestar que nos ofrece la vida urbana.

Las relaciones urbanas de encuentro, reconocimiento y memoria son sepultadas bajo la voracidad de los grandes espacios monofuncionales y de los bloques asépticos y monocromáticos. Hoy, por muchas ciudades grandes emergen idénticos engendros arquitectónicos de carácter 

autoritario que obvian y maltratan sus contextos sociales y naturales. El gigantismo de los centros comerciales acampa por las afueras urbanas expandiendo desiertos de aparcamientos y de densa movilidad motorizada. Es la repetición monocorde de los mismos carteles luminosos de las tiendas de franquicias, de las oficinas que escupen a sus usuarios intermitentemente a horas fijas y los dirigen a las idénticas carreteras, túneles y autopistas urbanas que empobrecen imperativamente nuestra experiencia y vida cotidiana.

La preservación del patrimonio urbano cultural y natural, la mezcla de actividades variadas y la delicada mejora, paso a paso, del tejido ambiental urbanístico existente (donde la gran mayoría de los edificios deberían ser dignos miembros del coro en lugar de tener un único protagonista o edificio de autor) son algunos requisitos para la cohesión social y la sustentabilidad. Los valores y servicios ambientales suelen ser perceptibles social y culturalmente cuando son contextualizados y localizados en un marco de relaciones con sentido y utilidad para sus habitantes. Las políticas a favor de la vida y la ciudadanía evitan los sobre-consumos destructivos y socialmente estratificadores, y van en detrimento de lo pesado, lo compartimentado y lo homogéneo como normas de diseño y ordenación urbana. Significará huir de los confinamientos de todo tipo construidos a base de cemento, asfalto y largas distancias. El urbanismo ha de rechazar el totalitarismo de lo económico. No sólo ha de ser funcional y contemplativo, también ha de posibilitar la expansión de las posibilidades de bienestar, memoria y religación social.

Los políticos y planificadores urbanos habrían de comprender que junto al diseño y la ordenación urbana se traman posibilidades socializadoras y de reapropiación subjetiva por parte de las personas y grupos. El suelo de una ciudad no es un papel en blanco donde se trazan unas líneas formales y espacios inertes, sino que en ella pervive una trama vital ciudadana que respira y es el hogar de múltiples culturas humanas complejas y sensibles.

De la invisibilidad de los procesos vivos

al paisaje urbano complejo

Los problemas ecológicos suelen ser invisibles al ojo del urbanita. Cuando las patologías de salud ecológica suben a la superficie después de estar un tiempo inmanentes e incubadas, a menudo se llega tarde. Ante la amplitud e irreversibilidad de los daños resulta imposible hacerles frente de forma eficaz. Las ciudades con más “éxito” e incluso, las más “limpias y aseadas” pueden serlo sólo en apariencia, porque ocultan sus patios traseros. Externalizan sus indecentes residuos destructivos que vierten sobre Otros. Los pequeños pueblos, el mundo rural, otros países y ecosistemas próximos y lejanos son las víctimas de las políticas urbanas dominantes. Como consecuencia los peligros ecológicos siguen creciendo y acechando aunque no se vean, ni se huelan, ni se sientan inmediatamente.

En una vida urbana frenética orientada a aumentar las distancias se acaban invisibilizando los flujos y conectividades propias y singulares de los metabolismos vitales que nos unen al resto del mundo material. Se esconden los pausados ciclos de la naturaleza y su regeneración cíclica. ¿A donde va el agua y la basura ¿ ¿De donde provienes los vegetales y alimentos? ¿Qué hay debajo de la calle y del asfalto? ¿Qué efectos tienen los humos de los coches y sus miles de elementos químicos tóxicos?

Lo que no se ve directamente puede que sí exista. Esta máxima implica una sencilla sabiduría ambiental. Quizás necesitemos crear unas historias sociales y culturales para poder marcar con señales y ritos inteligibles el paso vivo del mundo biofísico que comparte nuestra casa urbana. Puede que tengamos que indagar y aprender relacionarnos con la huella vital invisible que palpita y se adhiere a nuestros intercambios cotidianos, a las mercancías y a nuestras compras, a los deshechos y al paisaje urbano, a las huertas y campos de las afueras urbanas, a los acuíferos que corren bajo nuestros pies, al aire que respiramos.

Necesitamos nuevas políticas culturales a favor de conexión ambiental y la sustentabilidad para dar forma y nombres con los que representar inteligible y plásticamente el continente de flujos naturales y de servicios valiosos que nos ofrecen.

Del monocultivo

a la multiculturalidad ecológica

Cómo podrían ser las ciudades sustentables? … 

Quizás podríamos pensar en una ciudad que aceptara la reducción de uso de recursos naturales como el marco de toda acción, motivación y sentido.

¿Pero como se puede concretar esta propuesta? ¿Porqué van a querer las personas y grupos limitarse en su alegre fiesta devoradora de suelo, agua y otros recursos ambientales valiosos y escasos?

¿Cómo se puede crear una nueva cultura ciudadana basada en la eficiencia, la moderación y la suficiencia ecológicas?

Hay una multitud de respuestas posibles para crear culturas urbanas sostenibles en sociedades complejas y multi-estructuradas. En nuestras ciudades, al igual que ocurre en la condición humana y natural, la diversidad y la singularidad son una fuente de abundancia y de riqueza constituyente e inevitable. No existe un punto único con capacidad totalizadora para la observación y la acción desde el cual se pudiera ver o determinar a toda la sociedad en su conjunto. No hay ni es democráticamente deseable un único centro de control institucional desde donde se pueda programar e intensificar los cambios profundos que necesitamos.

La política verde carecerá de eficacia y de aceptación social si no conlleva un proyecto cultural de sentido alternativo que favorezca una diversidad de estrategias y la construcción de nuevas subjetividades de religación con nuestras posibilidades y nuestro lugar en la naturaleza y en el cosmos.

Las verdaderas transformaciones sociales son moleculares y suceden diversamente cuando muchas personas establecen distintas prioridades en sus relaciones y en los campos sociales grandes y pequeños en los que actúan, estableciendo así nuevas rutinas y pautas de acción a pesar de los conflictos y contratiempos que surjan.

El multiculturalismo sostenible de nuestras ciudades aunque embrionario, es emergente y proteico. Puede tomar auténtico cuerpo con la potenciación social e institucional de iniciativas variadas a favor de nuevas éticas y estéticas de suficiencia ecológica que desarrollen formas de cuidado y estima alternativas y antagónicas al monocultivo cultural del la ideología maquinística. Estas nuevas energías sociales ya están presentes como semillas vivificadoras en muchas y diversas 

iniciativas individuales y colectivas que como luciérnagas nos pueden iluminar el camino.

De las limitaciones ecológicas

a las oportunidades de buena vida

Reconocemos que la tarea de soñar un estado de cuidado y renovación material óptimo es difícil y nos enfrenta a la no erradicable incertidumbre y complejidad de cualquier ideal político, urbanístico o tecnológico. Pero, la agenda verde y sus ideas pueden tener éxito y reconocimiento social aunque apuesten por la suficiencia y la moderación de la voracidad faústica de nuestras ciudades.

Las metas de la sustentabilidad asumen un saber más genuino sobre el mundo real y sobre nuestros campos sociales de experiencia. Sus ideas verdes son opuestas a la trivialidad y falsedad de los imperativos economicistas y de las nociones al uso de expertos y tecnócratas. Constituyen un saber más profundo y genuino sobre lo real, al tiempo que conforman nuevos campos culturales y se sentido que alumbran y comprenden mejor nuestra condición y experiencias. El pensamiento ecológico nos ayuda en la deliberación sobre el mejor camino y sobre las verdades útiles, pero sin olvidar nuestra inevitable participación en un orden cósmico y natural.

La ecología tiene la capacidad de revelación de nuestro lugar en el cosmos al recordar que la materia viva tiene un lugar central en nuestras formas de vida, y no es reducible a un mero recurso o producto a manipular o convertir en artefactos y objetos. No hay autonomía ni desconexión posible de las máquinas y objetos de consumo que fabricamos, por lo que nuestra responsabilidad y moral práctica habrá de tener en cuenta este gran continente vivo y negado, junto a las metáforas y discursos productivistas que lo impulsan. El fascinante modelo mecanicista de acción y ordenación de nuestras vidas y ciudades constituye una potente ideología que se autopropulsa, aunque carece de posibilidades da manifestar los rasgos centrales de nuestra condición humana en el mundo. Su poder de manipulación y engaño es tan grande como su poder de negación y obstrucción de posibilidades creativas y de otras formas de vida ciudadana. 22

Las aparentes limitaciones de la condición ambiental y la precaución que ha de incorporar toda política sustentable, son en realidad nuevas oportunidades para crear una mejor y sana vida. Es posible apostar por una ética ecológica junto a una estética a favor del placer y disfrute de la vida. Una estética que incorpore una manera nueva de organizar nuestras experiencias con el mundo construido de la ciudad alejándonos de las formas heroicas y guerreras. Una vida urbana realizada desde valores a favor de la vida y la búsqueda del bienestar, y basada en la convivencia y religación con el mundo sensible y con las necesidades de conexión emocional que habitan en nuestros cuerpos y en el cuerpo de la ciudad.

Los valores y prácticas ambientales pueden responder a valores sociales atractivos y buscados, como son los identificados con la salud y el disfrute, el placer, y la mejora social individual y colectiva. Buena vida y vida buena pueden ir juntas. La buena comida, la calle pacificada y sugerente, la conversación, el paseo, y el encuentro inesperado pueden guiarnos en esta búsqueda cotidiana. Los mercados pueden ofrecer una comida más variada, fresca y local, que además de ser más nutritiva y sana para los consumidores también es más justa con los productores. Unas calles más lentas, cómodas, seguras y sociables son más apreciadas por los urbanitas. Unos entornos urbanos esmeradamente cuidados y respetados en su singularidad y en sus valores rurales y ambientales pueden enganchar mejor con nuestras necesidades vitales..

Es posible hacer florecer una vida urbana vibrante y más enriquecida. Pero las cifras y las estadísticas sólo hasta cierto punto pueden ayudar al cambio. Los números no mueven corazones. No es muy probable que unos objetivos fundamentados exclusivamente en la reducción del consumo de recursos levanten mucho entusiasmo entre la gente. ¿Qué tipo de placer puede derivarse de los números y las estadísticas?

Numerosos aspectos sorprendentes de la naturaleza están en constante comunicación y diálogo con nuestras vidas, y no se dejan atrapar en cifras ni en datos objetivos. Son los sonidos, los colores, los olores, los sabores, los deseos se quedan fuera de los números y de los fríos datos producidos por los técnicos y economistas del maldesarrollo.

Además, sólo cuando las mutaciones ecológicas se comprenden como un proceso histórico y cultural que tiene que ver con nuestros deseos y necesidades más intimas, se puede comenzar a encontrar salidas para 23

nuestras sociedades ahogadas en la crisis del sobre-consumo. Así, mediante el instrumento cultural podemos convertir las metas cuantitativas de la sustentabilidad en objetivos cualitativos deseables y buscados por la mayoría de las personas.

Porqué sólo un movimiento social con alma y enraizado en cada lugar significativo incitará las mutaciones urbanas necesarias y urgentes. Hay que inventar nuevos cursos de acción verde y de cambio cultural en todos los sectores de la vida política, ciudadana, académica y económica. Es preciso comenzar a hablar de una nueva ética urbana pero también acompañada de una nueva estética del disfrute y la buena vida que pueda convivir con la suficiencia, precaución, responsabilidad, justicia, la protección y el cuidado.

También una estética a favor de la calidad local es necesariamente parte del desarrollo rural y urbano hacia la sustentabilidad. Nuevas experiencias basadas en una economía y bienestar verde, y enraizadas en el lugar, pueden apostar por la durabilidad regenerativa de objetos y territorios. Significaría optar por la preservación y el cuidado de ecosistemas y de variedades vegetales y animales locales, de los productos naturales y de las actividades artesanales, de una nueva economía y desarrollo local ajustado y respetuoso con la exigencia ambiental. Es posible avanzar hacia nuevas economías sociales y naturales basadas en la recuperación y la renovación mediante actividades culturales creativas que operen bajo los criterios prácticos verdes de reutilización y reparación.


Las personas se mueven por razones, pero también por gusto y goce. La sustentabilidad urbana debe motivar la mente y favorecer la autoreflexividad, pero también debe favorecer el flujo de nuestros sentidos y sensibilidad. Seguramente, con buenas dosis de imaginación podemos convertir la necesidad en valores apreciados, y convertir los limites en múltiples puertas a la buena vida común.


Una nueva urbanidad ecológica para nuestros pueblos y ciudades ha de cuestionar algunas de las premisas básicas de nuestro modelo urbano basado en la voracidad y la desconexión con el mundo natural y con el planeta interior que palpita en nuestras urbes. Es decir, algo que es tan compulsivamente seductor como insostenible. Esta necesaria ecología urbana nos sugiere las muchas posibilidades prácticas que darían un 

viraje profundo a nuestras culturas ciudadanas en la dirección de un futuro más vivo, verde y solidario.

 

David Hammerstein

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21 avril 2009 2 21 /04 /avril /2009 12:46

              

UNA ENMIENDA AL REGLAMENTO DEL PE BUSCA DEBILITAR A LA COMISIÓN DE PETICIONES CIUDADANAS

 


 

             Una enmienda al Informe Corbett de la Comisión de Asuntos Constitucionales que se votará esta semana en Estrasburgo busca acallar y debilitar a la Comisión de Peticiones mediante un cambio del reglamento de funcionamiento de Parlamento Europeo.   Propone obligar solo a la Comisión de Peticiones a tener que presentar sus informes conjuntamente y bajo la supervisión con otra Comisión del Parlamento con la automática aplicación de la regla de "cooperación reforzada" y que Peticiones no pudiera rechazar a ninguna de las propuestas de la otra comisión, que irían directamente al pleno. Así estaría en una camisa de fuerza política para poder presentar informes como el Informe Auken que responden a miles de peticiones ciudadanas.

Además, la enmienda propone que los informes de la Comisión de Peticiones no podrían gozar de un debate en el pleno del Parlamento Europeo! Así se cerraría la puerta al debate de los asuntos de iniciativa ciudadana y quitaría la razón de ser de los mismos informes de la Comisión de Peticiones que no son legislativos sino por naturaleza de opinión.

 

   

  Las peticiones ciudadanas molestan y mucho a los estados y a los poderes establecidos. Por esta razón los grandes partidos intentan cambiar las reglas de la Comisión de Peticiones para cerrar la puerta de las instituciones europeas con un doble condado a prueba de molestos conflictos ciudadanos.

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3 avril 2009 5 03 /04 /avril /2009 10:25



 Last week the European Parliament approved the Auken Report on real estate abuses in Spain. What should the Spanish and Valencian government do now to solve the problems? 

  La Generalitat Valenciana hauría de modificar la Llei Urbanística Valenciana segons les demandes de la Comissió Europea i el Sindic de Greuges Valencià pel que fa la definició del "interés públic" de les urbanitzacions, del manteniment  dels recursos hídrics d´acord amb la Directiva Marc de l´Aigua, de la transparència de les contratacions públiques i l´estricte retall dels poders de "l´urbanitzador" a favor de les competències públiques.

 Some of the complaints you report in your report have to do with the right of ownership of some foreigners living in the mediterranian coast. Some of those houses where built with the permission of the city council but where in an area that wasn't considered urbanizable. How should the administration solve those situation?  

Sovint la solució que es dona a les cases disperses a les zones rústiques és la masiva urbanització de la zona, empitjorant el context ambiental i vulnerant els drets dels xicotets propietaris. Allò que cal fer ès conservar les zones rústiques sense augmentar la densitat constructiva.


 In the report you say there is an "endemic corruption". What do you mean? 

Vol dir que el paper dominant dels urbanitzadors i els grans promotors, dins d´un context de manca de suficient finançament muncipal i la absència de responsabilitat supra-municipal, augmenta la temptació il.legalitats per part de molts ajuntaments.

 The Auken report also attacks the Ley de Costas, Coastal Law, which it says has to be urgently revised to protect the rights of the legitimate owners of property and those who own small plots of land on the coast which have no negative impact on the coastal environment. But this Law, that had the support of NGO like Greenpeace-Spain, wanted to preserve the coast from the constructions. What should we do then? What is more important, the preservation of the coast or rights of ownerships? 

Estic a favor de l´estricte compliment de la Llei de Costes que inclou enderrocaments; només es demana a l´informe una compensació adequada als propietaris que han comprat propietats de bona fe i, a voltes, enganyats per les autoritats locals.


Questions by Violeta Tena - Respostes per David Hammerstein
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22 mars 2009 7 22 /03 /mars /2009 22:06


Este jueves próximo 26 de marzo, se votará en el Parlamento Europeo el Informe redactado por la eurodiputada verde danesa Margrete Auken sobre el "frenesí urbanizador" en España
. El análisis y las conclusiones de dicho informe es tremendamente crítico con el urbanismo masivo y la especulación inmobiliaria en España. Es la culminación de más de cinco años de trabajo dentro de la institución europea empujado por docenas de miles de personas, de plataformas ciudadanas de denuncia, y de grupos de vecinos afectados por todo el territorio español. Se trata de movimientos y luchas locales en activa denuncia contra los abusos urbanísticos y de defensa de la democracia municipal. 
        
Si finalmente se llegara a aprobar el Informe Auken como es deseable, aunque no tenga efectos ejecutivos inmediatos, lo que es seguro es que sí enviará un claro mensaje político y jurídico a la sociedad y gobiernos centrales, autonómicos y municipales, ya que hace una llamada a las instituciones españolas y a las europeas para que se actúen con toda su fuerza y legitimidad contra la borrachera urbanística que ha sufrido España durante los últimos años, y que además resulta ser una de las causas principales de la dura crisis económica que sufrimos. Si se aprueba este informe, habrán de tomar buena nota del mismo los ayuntamientos, los juzgados, los gobernantes, los legisladores, y hasta la misma Comisión Europea y el Tribunal Europeo de Justicia. 

 

El PP y el PSOE están luchando juntos y a brazo partido en contra de la aprobación del Informe Auken, que ya fue aprobado con una amplia mayoría por la Comisión de Peticiones (por dos-tercios de los eurodiputados). Pero como el PP y el PSOE quieren impedir a toda costa su aprobación definitiva, ahora sacan un "artilugio procedimental" para intentar obstaculizar su votación y aprobación por parte de la cámara parlamentaria mediante la propuesta de una votación previa de unas propias resoluciones alternativas que rebajan y moderan sustancialmente las críticas del Informa Auken, y con ello también se intenta limitar la fuerza y el largo alcance político y jurídico-legal que contiene el texto original del Informe Auken.

¿Por qué el urbanismo español es un asunto europeo?

Aunque la planificación territorial no es en si misma una problemática incorporada en las competencias de la Unión Europea, en cambio si lo es la evaluación ambiental, las condiciones de contratación pública, las condiciones de libre competencia, el blanqueo de capitales, el agua, o la protección de los hábitats naturales. Todas estas son áreas de legislación europea que afectan de lleno al urbanismo de una manera o de otra. Son muchos los ciudadanos y ciudadanas que han acudido a la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo para denunciar la vulneración de diferentes normativas de la ley y del derecho europeo comunitario. Además, también el Derecho de Petición Ciudadana está reconocido en el Tratado de la Unión Europea, y precisamente han sido las muchas peticiones ciudadanas firmadas por miles de españoles europeos las que han servido de base informativa esencial para la elaboración del Informe Auken.
 



 ¿Por qué se afirma en el Informe Auken que se     viola el derecho humano fundamental de la propiedad privada?

El hecho de que un pequeño propietario se vea imperativamente obligado a participar en un proyecto de urbanización, lo quiera o no, o a pagar unas tasas de urbanización muy abusivas bajo el supuesto argumento de un "interés público" que realmente nunca se justifica, pone a la ciudadanía en situaciones de arbitraria indefensión en las que se limita radicalmente los derechos básicos a la propiedad reconocidos por las leyes. A pesar de que legalmente se establece que solo en caso de excepcionalidad pueden ser limitados estos derechos para someterse a otros fines y objetivos sociales considerados de primer orden, está claro que los campos de golf y el negocio de las urbanizaciones masivas no entran en esta categoría de objetivos sociales o de interés común. Como ha indicado José Antonio Tardio Pato, profesor de la Universidad Miguel Hernández, en su libro: "La Gestión Urbanística en el Derecho de la Unión Europea":

"... en relación con la garantía del derecho a la propiedad, creemos haber justificado argumentalmente que el sistema de agente urbanizador de la legislación valenciana, que sustituye forzosamente al propietario por el agente urbanizador en la gestión urbanística, lesiona del derecho fundamental de propiedad."

¿Por qué afirma el Informe Auken que hay muchos casos de corrupción y que la justicia española no ha respondido bien a los abusos urbanísticos?

   Es de sobra conocido para cualquier lector de la prensa diaria el hecho de que "la fiebre urbanizadora" se acompaña a menudo de la corrupción urbanística, una grave lacra presente en la gestión de los Ayuntamientos de muchas partes de España, y que afecta a centenares de municipios. 
 La justicia española, se ha mostrado hasta ahora incapaz de tratar con eficacia y premura la inmensa mayoría de los casos de las violaciones legales y de los abusos urbanísticos cometidos. Los trámites legales son lentísimos, carísimos, y tortuosos, y no suelen llegar a entrar en el fondo de las demandas y denuncias, quedándose tan solo en cuestiones secundarias y superficiales de forma y procedimiento. Los jueces casi nunca actúan con medidas cautelares de paralización de las obras antes del dictamen de las sentencias para con ello poder frenar o evitar la destrucción irreversible del territorio y los ecosistemas vivientes. Las sentencias judiciales condenatorias, si es que finalmente llegan, casi siempre lo hacen cuando el mal está hecho, es irreversible, y no tiene ya remedio.
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11 février 2009 3 11 /02 /février /2009 18:33

 

                                                   
     

PP Y el PSOE: "No es una cuestión de competencias europeas"

  Las opiniones del informe Auken se basan en la vulneración de distintas directivas de UE: Contratación Pública (ante el Tribunal Europeo), Agua (con un expediente abierto por la Comisión Europea por urbanizaciones sin agua), evaluación ambiental (distintos casos abiertos) y  el blanqueo de capitales (procedimiento de infracción abierto), entre otras directivas de la UE.



PP Y PSOE: "No hay vulneración del derecho a la propiedad". 

El hecho de que un pequeño propietario se ve obligado a participar en un proyecto de urbanización o pagar unas tasas muy abusivas bajo un supuesto "interés público", que no se justifica, limita radicalmente el derecho a la propiedad que solo debe ser limitado por objetivos sociales de primer orden y nunca para campos de golf y urbanizaciones masivas.
Como indica en el Profesor de la Universidad Miguel Hernández José AntonioTardio Pato en su libro - La gestión urbanística en el Derecho de la Unión Europea,  " en relación con la garantía del derecho a la propiedad, creemos haber justificado argumentalmente que el sistema de agente urbanizador de la legislación valenciana, que sustituye forzosamente al propietario por el agente urbanizador en la gestión urbanística, lesiona del derecho fundamental de propiedad."



PP Y PSOE: "La justicia española basta para resolver los problemas."

  La justicia española, que está al borde del colapso, se ha mostrado incapaz de tratar con eficacia y premura la inmensa mayoría de los casos de abusos urbanísticos. Los trámites son lentísimos, carísimos, tortuosos y no suelen llegar a entrar en el contenido de las demandas. Casi nunca se actúa con medidas cautelares para evitar la destrucción y las sentencias, si llegan,  casi siempre llegan cuando el mal está hecho.


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22 décembre 2008 1 22 /12 /décembre /2008 20:48

     

   Algo muy poco frecuente en los juzgados españoles ha ocurrido. Un juez ha aceptado la solicitud de una suspensión cautelar en contra de una expropiación de unos terrenos en el entorno de los restos arqueológico de la familia Marichalar donde el Ayuntamiento de Soria quiere construir una gran urbanización. El juez ha considerado que ha habido una indefensión en el proceso de expropiación y que el "interés público" y la "urgencia" de la expropiación no están demostrados. En el mes de febrero la petición sobre Numancia se considerará en el Parlamento Europeo con la presencia de expertos, historiadores y la familia Marichalar.   Tenemos algunos indicios de que la nueva "defensa numantina"  del patrimonio cultural y natural frente al ladrillo corra mejor suerte que la histórica derrota frente a los romanos hace dos mil años.

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19 décembre 2008 5 19 /12 /décembre /2008 10:53
Después de pasar una jornada en Marbella el viernes pasado no salgo mi asombro de como ha podido durar tantos años el salvaje oeste de la Costa del Sol en medio de una impunidad en todas las instituciones. Es difícil ser muy optimista sobre tendencias nobles humanos al aprender del casi consenso ciudadano a favor de régimen del "dictaladrillo". Incluso hoy, años después de la muerte física de Jesús Gil se constata de que no funciona bien el estado de derecho en Marbella. y de que la clase política no se despega fácilmente de las pautas gilistas. Un nuevo Plan General apoyado por el PP busca legalizar a más de 18 mil viviendas ilegales en forma de una "amnisita" encubierta para burlarse de docenas de sentencias judiciales que piden justicia y reparación después del colosal saqueo del patrimonio público y del Medio Ambiente.

Estamos hablando de edificios ilegales construidos en medio de jardines públicos, en el suelo de una oficina de correos, en una playa encima del mar, en los barrancos inundables, en los patios de los colegios... Tampoco se quiere esclarecer el blanqueo de capitales ha sido masivo como ha sido la entrada de dinero procedente de la droga, el tráfico de armas y la prostitución. Una "normalización" de todas las viviendas ilegales significaría una presión fuerte sobre los jueces que quieren que se cumplan unas sentencias judiciales que piden que haya una compensación justa por la pérdida de los valores públicos y naturales que son de todos. Se propone unas ridículas permutas y multas que llegan ni al 10% de valor de los bienes robados de la ciudadanía. Centenares de vecinos valientes de Marbella y una abogada excepcional, la ex-diputada andaluza Inmaculada Galvez, luchan en la calle y en los tribunales a favor de la justicia.

De mi parte, presentaré una serie de preguntas parlamentarias europeas sobre la vulneración de la Directiva Habitat, de Evaluación Ambiental, de la Directiva Marco del Agua y de la Directiva de Contratación Pública. Tanta destrucción ecológica, corrupción rampante y falta de transparencia no puede quedar impune.
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7 novembre 2008 5 07 /11 /novembre /2008 20:03

             Unos concejales ecologistas,  un Alcalde rabioso y una Comunidad de Madrid preocupada por unos negocios dudosos se dieron cita en la Comisión de Peticiones ayer por la tarde para considerar la construcción de una gran urbanización y un  campo de golf en un hermoso y protegido bosque de encinas..  Con datos científicos en la mano que atestiguan la destrucción, fotos de la transformación programada y una gran sensatez de argumentos los representantes de Torrenat de Torrelodones presentaron su caso en contra del proyecto. El alcalde popular de Torrelodones tomó la palabra para negar lo evidente y, además, para atacar personalmente al diputado europeo Carlos Carnero y  al servidor. 

            El PP europeo había llenado la Comisión de Peticiones con unos 15 diputados para tratar de provocar una votación que archivara la petición en contra de la urbanización pero el tiro salió por la culata. Cuando el debate estaba al rojo vivo la representante de la Comisión Europea cogió la palabra para dar la razón a los peticionarios al afirmar que había habido una recalificación de unos terrenos protegidos por la Directiva Hábitat e integrados dentro la Red Natura 2000.  Se pediría información al Gobierno Español para confirmar los datos para posiblemente iniciar un expediente de infracción.   

              A pesar de las evidencias el PPE, que tenía una mayoría en la sala, insistía en votar para dar carpetazo al asunto. El presidente de la Comisión, Marcin Libicki, polaco de un partido conservador católico, se plantó ante los diputados del PP y dijo que no se cerraba una petición mientras la Comisión Europea tenía un procedimiento abierto. Está  claro que para el PP, y en  otras ocasiones para el PSOE, el derecho a la petición y la participación ciudadana en la instituciones europeas solo depende de los cálculos electorales del momento y poco tiene que ver con velar por el cumplimiento de la ley o la defensa de la naturaleza.  Desgraciadamente del ping-pong Socialista-Popular a veces se acaba perdiendo de vista el fondo ambiental o social de las peticiones que tratamos. 

         Esta vez salimos airosos de embate de la presión de los lobbies del ladrillo.   Al final el PP no pudo parar la continuación de la investigación del ladrillazo en Torrelodones. 


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20 octobre 2008 1 20 /10 /octobre /2008 15:49
(A continuación hay un resumen en castellano)

    

    Es una clàsica operació especulativa i destructiva
d´ampliació portuària que es veu per tot arreu el litoral de l'estat espanyol.  Fem una escollera exterior, guanyem milers de metres quadrats construibles a l'interior del port i erosionem a les platges i a la biodiversitat marina al llarg de kilómetres de costa.   

   Es encara més greu en el cas de Xàbia ja que es vol fer malbé un paisatge singular i emblemátic del Parc Natural del Montgó. El projecte de l´Estat central i de la Generalitat tracta de crear uns 300 amarres nous i guanyar a la mar més de 10 mil metres de sol urbanitzables per a un gran centre comercial i aparcaments.  El creixement del ciment destrossaria un ric bosc marí, la poseidonia, i canviaria per sempre un dels racons més preciosos de la costa valenciana.  

   A més a més, és una obra antidemocràtica fomentada per la Autoritat Portuaria que depén de l´Estat Central i s'escapa de qualsevol control municipal.  El plé municipal de Xàbia s´ha posicionat en contra malgrat el fort recolçament al projecte del PP i del PSOE. La majoría dels veïns i veínes de Xàbia no volen encaixar més dolor i trencament en el ric ecosistema marí més proper a les seues cases. L´alcalde Monfort del Bloc porta més d´una década oposant-se a l´ampliació del port i, fins i tot, ha propossat unes alternatives de reordenació interior del port existent per augmentar la cabuda de vaixells si fera falta. 

   S´ha presentat una petició al Parlament Europeu en contra del projecte per vulnerar la Directiva Hàbitat perque la zona afectada és un Lloc d´Interés Comunitari integrat en la Xarxa Natura 2000 i per els greus impactes sobre les platges documentats pero experts de la Universitat d´Alacant.  També he presentat una pregunta parlamentaria a la Comisió Europea per a assabentar a la executiva europea sobre les possibles il.legalitats d'aquesta operació inecesaria e irracional. 

     Altra volta el litoral valencià prendrà protoganisme a Brusel.les. Amb la crisi o sense ella, el formigó avança sense pausa.

 

Es un clásico ejemplo de ampliación portuaria que se ve por todo el Estado Español. Hagamos un muelle exterior, ganemos miles de metros cuadrados edificables al mar y  deterioramos a las playas y a la biodiversidad a lo largo de muchos kilómetros de costa.

    Es aún más grave en el caso de Xàbia porque se quiere estropear un paisaje singular y emblemático del Parque Natural de Montgó. Este proyecto del Estado Central y de la Generalitat Valenciana trata de crear unos 300 metros de amarres nuevos y ganar al mar más de 10 mil metros cuadrados para un gran centro comercial y aparcamientos. El crecimiento del hormigón destruiría un rico bosque submarino, la posadonia, y cambiaría para siempre uno de los rincones más preciosos de la costa valenciana.  

  

      

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25 septembre 2008 4 25 /09 /septembre /2008 20:27
   
 
 
 

David Hammerstein, Ponente. − Señor Presidente, quisiera dar las gracias por todas las contribuciones, que he intentado integrar en el informe.

En cuanto a los comentarios sobre la lentitud de todo trámite, esa lentitud es cierta. Y una de sus causas es el registro de la petición: no hay razón para que un peticionario tenga que esperar tres o cuatro meses solamente para tener un número para su petición. Es este el motivo de trasladarlas a Bruselas, bajo la Presidencia, y con la ayuda de la Secretaría de la Comisión de Peticiones, registrar las peticiones aquí; no se trata en absoluto de rebajar el rango.

Sobre todo se ha comentado la baja aplicación, el no cumplimiento del Derecho comunitario en tantísimos casos. Nosotros, en la Comisión de Peticiones, mantenemos la vigilancia sobre esta falta de aplicación del Derecho comunitario. No concebimos nuestra labor como una labor de injerencia, en absoluto. Que vaya el presidente de la comisión, que es polaco, a España no es una injerencia, es algo de Derecho europeo.

La Comisión de Peticiones supone un recurso de los ciudadanos al Derecho comunitario cuando ya han recurrido en su país. No creo en absoluto que haya habido casos inducidos políticamente, en absoluto. Los casos importantes que han venido a la Comisión de Peticiones han sido casos donde ha habido una vulneración constante, a lo largo de muchos años, del Derecho comunitario, y por eso han venido al lugar correcto, que es la Comisión de Peticiones.

Y en cuanto a los recursos de la Secretaría de la Comisión de Peticiones, son importantes para mantener la autonomía y la independencia. Doy un ejemplo: si nosotros consideramos que la contratación de un servicio informático que no es interoperable por parte del Parlamento o del Consejo y la Comisión no es correcta, ¿cómo vamos a pedir opinión a la misma Comisión Europea sobre su forma de contratación, sin la posibilidad de hacer una investigación autónoma, independiente? No podemos en absoluto.

Por eso hace falta más capacidad, y es evidente para todos los miembros de la Comisión de Peticiones que la Secretaría está sobrecargada de trabajo y necesita más medios.

Intervención de Inés Ayala:

Inés Ayala Sender (PSE). – Señor Presidente, estamos ante un nuevo informe sobre la función y el funcionamiento habitual de la Comisión de Peticiones, y la verdad es que hay que reconocer que, informe a informe, esta Comisión de Peticiones junto con el Defensor del Pueblo Europeo se mantienen como excelentes instrumentos a disposición de los ciudadanos europeos para señalar y pedir soluciones a los casos de mala aplicación de la legislación europea. De ahí que sea y resulte esencial que nuestras propuestas mantengan y sigan manteniendo el protagonismo de los ciudadanos europeos, aunque a veces, en algún caso, nos hayamos encontrado con una cierta disfunción.

Algunas veces —y más últimamente—, el protagonismo de los diputados y diputadas —y ahí también entono un mea culpa, como los demás— y sus debates políticos, incluso a nivel nacional o local, se hace demasiado evidente a través de procesos inducidos que, no habiendo hecho todavía el recorrido nacional, pueden llegar a generar entre los ciudadanos falsas expectativas de que la Unión Europea puede resolverlo todo y, con ello, faltar a la necesaria pedagogía de que el principio de subsidiariedad es fundamental para que todos los ámbitos estatales, locales, regionales y también europeos hagan frente a todas sus responsabilidades.

Deseo, pues, que los ciudadanos recuperen ese protagonismo y que ello se haga mediante una mayor y más amplia información sobre todas las capacidades del derecho de petición —que las hay, y existen incluso más— y también sobre cómo funcionan los restantes recursos —locales, regionales y nacionales —, de modo que el recurso al Parlamento Europeo, a la petición, sea verdaderamente útil y eficaz y no resulte finalmente frustrante.

Y creo que en algunas de las propuestas del ponente hay alguna contradicción: faltan medios, se nos dice —ahí están los retrasos, las respuestas vagas, la duplicación de casos—, pero se propone, por ejemplo, trasladar el registro de peticiones a la Secretaría. Creo que con ello se rebaja el nivel de rango de las peticiones y del…

 
   
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