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Los Verdes

20 février 2020 4 20 /02 /février /2020 23:06
La implacable intrusión de Gaia

Somos seres terrícolas y siempre lo hemos sido, nunca hemos estado separados e independientes de la naturaleza, tal como idearon los modernos. Gaia no es solo una metáfora, es un nombre que refiere a las realidades materiales en las que los humanos estamos necesariamente insertos. Gaia es lo que hay detrás de eso que llamamos sobrecalentamiento climático y emergencia climática y ecológica.

 

Gaia no es solo un término para dar nombre a la Tierra, ni tampoco refiere solo a una Tierra nutricia, a una Madre Tierra, como la que honran algunos pueblos humanos que reclaman que tenga derechos y protección. Aunque Gaia no contradice estas imágenes benefactoras para los humanos también responde otras figuraciones pertinentes que no se reducen a estos imaginarios y creencias culturales. Gaia también es el nombre para una divinidad más antigua que los dioses griegos, que podría ser la figura de una madre, pero no la madre buena y amorosa sino la madre indiferente y quisquillosa que no hay que ofender.

 

La realidad aludida con el término Gaia a comienzos de los 70 del siglo XX fue bautizada así por James Lovelock y Lynn Margulis a partir de investigaciones de disciplinas científicas separadas que convergieron y ponían de manifiesto el denso conjunto de relaciones que se acoplan: los seres vivos, los océanos, la atmósfera, el clima, los suelos. Gaia refiere al planeta viviente, que ha de ser reconocido como un “ser” no reducible a una simple suma de procesos y partes por ser el producto de una intrincada historia de co-evolución, cuyos primeros artesanos y autores fueron innumerables comunidades de microorganismos. Gaia es el nombre dado a esa disposición de relaciones materiales, aquello de lo que irremediablemente dependemos los humanos y que ha sido el marco global estable de nuestras historias y aspiraciones.

 

La idea de Gaia refiere a los procesos naturales de la Tierra que no están dotados de elementos intencionales ni de conciencia. Gaia es un sistema autorregulador fruto de la casualidad y de la necesidad, es la Tierra regulada mediante procesos mecanicistas y estocásticos y cuyos comportamientos se asemejan a los de un organismo. El funcionamiento de Gaia no es estable por ser el resultado de múltiples acoplamientos no lineales entre los procesos que la componen y por ello es susceptible de abruptas mutaciones. Esa disposición procesual y dinámica es algo asemejable a ser "uno", puesto que es así como responde Gaia ante lo que le perturba: con una coherencia compleja irreductible a una simple suma de modificaciones de sus partes. Gaia está dotada de una historia y de un régimen de actividad propia, constituye un "todo" que surge de la manera en que los procesos que la constituyen se acoplan de formas múltiples y entrelazadas, en los que la variación de unos tiene efectos múltiples en los otros y puede dar lugar a cambios inesperados en el conjunto. Parecía que tales acoplamientos daban garantías de un tipo de estabilidad asociada un organismo vivo con buena salud, entonces Gaia podía ser percibida como una madre nutricia y buena que debía ser protegida.

 

A partir de ahora nuestra comprensión de que Gaia es menos tranquilizadora, más que nunca asoma el rostro de la temible Gaia. El avance de las sociedades del desarrollo y la modernización tecno-industrial ha franqueado muchos márgenes de tolerancia rebasando muchas limitaciones ecológicas. A consecuencia a las alteraciones que los humanos le han infringido las respuestas que Gaia pueda dar tienen el peligro de que sean brutales y excesivas para nosotros y el resto de criaturas.

 

En nuestra época han cambiado de forma alarmante los metabolismos de la Tierra, según anuncian muchas evidencias científicas en las últimas décadas sobre el estado de los sistemas naturales y los seres que los habitan. Al mismo tiempo el dominio neoliberal del mercado y su fusión con la política ha restringido el espacio de las elecciones efectivas durante las últimas tres décadas: no se pueden tocar ni las leyes del mercado ni los beneficios de las industrias, por tanto solo se trata de adaptarse. Si hace medio siglo las grandes perspectivas de innovación científico-técnica eran percibidas como sinónimo de progreso, en adelante esta confianza se ha deteriorado mucho ante la proliferación de daños y peligros ambientales monstruosos.


 
Ahora que sabemos de la grandiosa e intrincada existencia de Gaia, una discusión fundamental está en si la Tierra debe seguir definiéndose reduciéndola a simples recursos materiales disponibles para los fines humanos, o si bien hemos de conservarla y protegerla con urgencia. Estamos mal preparados para dar respuestas acordes con las situaciones que hemos desencadenado en Gaia. Las ciencias no están equipadas para dar respuestas a las amenazas del porvenir, tampoco lo están las élites políticas y económicas.

 

No hay gran cosa nueva que podamos esperar de “nuestros responsables”, afanados como están en la gestión de un “pánico frío” que ellos también comparten mediante los mandatos contradictorios de un doble imperativo: la competitividad económica y a su vez el desafío ecológico que cataloga de irresponsable las metas del crecimiento económico material. ¡Consuman! puesto que de ello depende el crecimiento, aunque la huella ecológica destructiva de los estilos de vidas debe cambiar y reducirse por el carácter egoísta e irresponsable de este modo de consumo.

 

La implacable intrusión de Gaia

 

Hemos devenido actores globales con impactos destructivos globales y como contrapartida la Tierra responde a nuestros actos con la implacable intrusión de Gaia. ¿Es combate, diálogo o acuerdo? Ante el riesgo atroz de muerte para multitudes humanas y no humanas, la tarea pendiente es la fabricación de un contrato natural que pueda alimentar la esperanza de una digna vida común.

 

La teoría Gaia establece un vínculo inevitable entre los seres humanos y la naturaleza al afirmar algo que ya decían algunas religiones primordiales, como el animismo. Si en los cultos monoteístas Dios es el garante final del sentido de la vida humana, para la teoría Gaia el mundo no tiene más sentido que la vida de las amebas. Gaia, que es el nombre de la antigua diosa griega de la Tierra, fue anticipada hace miles de años en el verso de Te Ching, que a su vez recoge un texto taoista más antiguo sobre los ritos de la antigua China que empleaban como ofrenda a los dioses unos “perros de paja”, estos eran pisoteados y abandonados una vez acabado el ritual (…” El Sol y la Tierra son implacables, los seres de la creación son para ellos meros perros de paja”). Si los humanos continúan perturbando los equilibrios de Gaia ellos también serán pisoteados, nunca podremos ser otra cosa que perros de paja.

 

Ahora que sabemos de la grandiosa e intrincada existencia de Gaia y de nuestra irrebasable dependencia de ella. Gaia hoy está asociada a lo nunca visto, a un sentimiento de verdad incómoda que constituye una radical novedad para nosotros los humanos modernos, los que afirmamos la grandeza de los pueblos en función de la manera de idear creencias de separación, dominio y conquista sobre la naturaleza, sobre "nosotros" y sobre el "uno" anónimo que es Gaia. La sorda y ciega intrusión de Gaia no responde a la imagen benefactora invocada cuando se alude a nuestras conexiones y pertenencia a la Tierra. A partir de ahora se trata de Gaia la indiferente, la que no nos pregunta ni exige nada, esto traduce la especificidad de lo que está ocurriendo con Gaia:  el acontecimiento de una intrusión unilateral.

 

La intrusión de Gaia ha llegado para quedarse y ser parte irremediable de nuestro futuro, no responde a un mal momento que pueda tener arreglo y que pasará. No es una crisis más entre otras que podamos dejar para después y encarar más tarde o mañana, puesto que de ello depende nuestro futuro. ¿Acaso este podrá ser digno de ser vivido?. Dependerá de lo que hagamos frente a este “ser” implacable y sordo.

 

En todas partes viene ocurriendo el mismo proceso de destrucción ecológica que permite el obrar unos con otros y conduce al triple estrago medioambiental: devastar la Tierra, devastar las capacidades inventivas colectivas, devastar las capacidades individuales para escapar mediante la conformidad con los negocios y el mercado. La magnitud de las alteraciones infringidas a Gaia por el desarrollo tecno-industrial están documentadas por los mejores conocimientos científicos disponibles. De sobra sabemos que la temible intrusión de Gaia es causada por la creciente destrucción de las bases materiales y ecológicas de la existencia humana y no humana que nosotros provocamos.

 

Aunque los poderes de Gaia son grandiosos, sin intención y con respuestas ciegas ante las muchas provocaciones irresponsables de lo que hemos llamado progreso, desarrollo y modernización, la misma Gaia no está amenazada, en cambio sí lo están las numerosas especies vivas que serán  barridas a una velocidad sin precedentes por los cambios ambientales que los humanos  están ejerciendo sobre la Tierra.

 

En nombre de desterrar de nuestro mundo modernizado toda idea de trascendencia hemos sido poseídos por una endiosada y peligrosa trascendencia: la de creernos que somos los únicos y principales actores de las historias y del mundo. La necesidad de frenos de emergencia es parte de la prueba a la que nos somete la intrusión de Gaia a nosotros los humanos modernos, a pesar de que estamos muy mal equipados para transigir con las realidades y limitaciones que impone Gaia.

 

Las crecientes alteraciones infringidas a Gaia nos interrogan sobre los procesos humanos desencadenados por el rebasamiento de los límites ambientales del sistema Tierra y sobre nuestra actual condición global de altísimo riesgo de perderlo todo y de altísima incertidumbre sobre la evolución del sistema sociedad humana-naturaleza (podemos diferenciar entre catástrofes y cataclismo, como sería la subida de 6ºC de la temperatura media de la Tierra). Nuestra funesta situación colectiva de emergencia climática exige pensar con los propios recursos imaginativos, políticos y científicos, pero sin el peligro de dejar de lado la situación de urgencia. Este mundo podrá ser digno de ser vivido dependiendo de las respuestas que demos a las furias desatadas de Gaia.

 

En adelante Gaia es el nombre de una realidad inédita, poderosa y ciega desprovista de cualidades que podamos invocar. Nombrar la intrusión de Gaia responde a una disposición irritable de las fuerzas materiales indiferentes a nuestras motivaciones y proyectos humanos. La irrupción de Gaia refiere a la desestabilización de procesos materiales ensamblados, Gaia no requiere ser amada ni ser protegida, tampoco puede ser doblegada. No puede haber porvenir previsible que pueda ignorarla.

 

Gaia es irascible y debe ser nombrada como "un ser", ya no se trata de enfrentarnos a la naturaleza salvaje y amenazadora, ni a la naturaleza frágil que hay que proteger, ni a la naturaleza que puede ser explotada a voluntad. La nueva situación creada por la intrusión de Gaia no nos pide nada, no es vengativa, ni siquiera solicita una respuesta.

 

La intrusión de la Gaia indiferente y ofendida junto a los desastres socioecológicos que anuncia constituye un acontecimiento que cuestiona radicalmente nuestro mundo humano. La Gaia furiosa que irrumpe también fue honrada en un pasado anterior al de los antropomórficos mitos griegos sobre los dioses. Los pueblos campesinos sabían que los humanos dependen de algo mucho más grande que los tolera, una madre quizá, pero una madre irritable a la que no hay que ofender prestando atención y no abusando de su tolerancia. La ciega la manera de responder de Gaia no es una venganza ante los daños que le hemos causados, la respuesta que hemos de dar ha de ser tanto a lo que la provocó como a las consecuencias de dicha intrusión.

 

En adelante la intrusión de Gaia no trata de justicia ni de castigo puesto que no apunta específicamente a los que le ofendieron, no se detiene ante fronteras administrativas, políticas o militares. Gaia hoy cuestiona el porvenir conjunto de todos los habitantes del planeta, humanos y no humanos, salvo el de los microorganismos que son coautores inmemoriales de la existencia y coevolución de los seres vivos y la biodiversidad. Gaia no necesariamente pide amor o protección, sino que reclama un tipo de “atención adecuada” para una entidad muy poderosa, compleja e irascible. Exige un abordaje constructivista, especulativo y pragmático sobre los acoplamientos mutuos entre las sociedades humanas y Gaia y sobre los intrincados procesos puramente materiales de Gaia en los que se integran.

 


Tomar en serio la precariedad del vivir en las ruinas del progreso y la irrupción de Gaia es un desafío para la capacidad de producir seguridad y medios ante situaciones conflictivas diversas e inciertas. Aprender a vivir en las ruinas exige es precisamente lo que Donna Haraway llama: "Permanecer con el problema", es decir exige abrir los ojos y despertar de la “modernidad” que nos dice que los problemas pueden y deben ser resueltos.
 
Los poderes políticos y económicos han optado por seguir como de costumbre en la guerra del crecimiento material que enferma y mata las capacidades biogenerativas de Gaia en nombre de una concepción de progreso. Los poderosos desatienden las mínimas exigencias de continuidad humana, como si acaso el futuro se las arreglara solo, persisten en mantener el mismo rumbo empujado por las metas del crecimiento económico competitivo, que ahora a veces es llamado “sostenible”. Los cambios parciales y los barnices del “capitalismo verde” no ponen en cuestión la maquinaria expansiva del desarrollo y su guerra contra la Tierra. Es decir, la crisis de Gaia quiere ser convertida en oportunidades de negocio para el capitalismo, lo que a su vez nos empujará más y más al desastre ecosocial y al exterminio autoinfringido.

 


Encarar el porvenir en las ruinas del progreso

 

La amenazante intrusión de Gaia en nuestro presente es respuesta a los muchos daños y alteraciones que recibe a causa de los impactos humanos, de ella depende nuestro futuro. La intrusión de Gaia tiene rasgos de opción verdadera que en conjunto nos compromete, de la que no podemos escapar puesto que no existe opción neutra ni es posible el abstenerse de escoger. El que neguemos la pregunta de los humanos del futuro no evitará el que tengamos que dar respuestas a los humanos sin voz ni voto que heredarán este mundo devastado. Nos interpelarán afirmando que sabíamos lo que había que hacer, que teníamos los medios y los conocimientos suficientes, pero sin embargo no lo hicimos.

 

La intrusión de Gaia no trata de justicia ni de castigo puesto que no apunta específicamente a los que le ofendieron. Gaia no se detiene ante fronteras administrativas, políticas o militares, cuestiona el porvenir de todos los habitantes del planeta, humanos y no humanos, salvo el de los microorganismos que son coautores inmemoriales de la existencia y coevolución de los seres vivos y la biodiversidad. Gaia no necesariamente pide amor o protección, sino que reclama un tipo de atención adecuada para una entidad muy poderosa, compleja y quisquillosa. Exige un abordaje constructivista, especulativo y pragmático, sobre los acoplamientos mutuos e intrincados procesos puramente materiales, que constituyen poderes grandiosos sin intención con respuestas ciegas a las muchas provocaciones irresponsables de lo que hemos llamado progreso y modernización.

 

Un “déjà vu” es la manera habitual en que este conocimiento sobre las imparables lesiones infringidas a Gaia incómoda a las mentalidades modernas: "sí, uno ya sabe". Pero los humanos responsables de la intrusión de Gaia también han creado medios de comprender y anticipar algunas de sus consecuencias. Esto da pie a nuevas disputas en común y también cambia el sentido habitual de la palabra responsabilidad: ya no tenemos que mostrar e imponer el camino a otros pueblos sino que somos responsables ante ellos. Si ante el atolladero colectivo al que nos ha dirigido nuestra particular forma de existencia en guerra contra Gaia optamos por la supervivencia digna junto al resto de especies y seres multidiversos, de ello se deriva el imperativo de aprender a eliminar lo que puede ser devastador y hace más terrorífica la intrusión en nuestras historias y biografías.

 

Siguen acumulándose las víctimas humanas del crecimiento económico que se suman a las múltiples y entrelazadas amenazas ecológicas globales, en las que muy  a pesar nuestro estamos todos embarcados, humanos y no humanos. A partir de esta comprobación estamos obligados a pensar lo que requiere la posibilidad de un porvenir que no sea la barbarie que se anuncia. La inédita y trágica intrusión de Gaia ha de poder hacernos pensar, sentir, imaginar y actuar de otra manera. No podemos seguir anestesiados en manos de los responsables de los desastres socioambientales que a su vez anuncian la tarea de darles respuesta.

 

Hemos devenido actores globales con impactos destructivos globales, y como contrapartida la Tierra responde a nuestros actos con la intrusión de Gaia. ¿Es combate, diálogo o acuerdo? Ante el riesgo atroz de una lucha a muerte la tarea pendiente es la fabricación de un contrato natural que pueda alimentar la esperanza de una vida común. La intrusión de Gaia nadie la ha querido, ocurre sin premeditación a pesar de ser aquello ante lo que debemos crear una respuesta con urgencia. A nosotros nos corresponde inventar las maneras efectivas de responder, para nosotros y para las innumerables especies vivas que arrastramos en la catástrofe. Este virtual y deseable “nosotros” es el requerido por la gran magnitud de los cambios y respuestas que hay que dar.

 

Nombrar hoy a Gaia es una operación de imaginación y pragmática que atañe a todos los humanos y se dirige al "nosotros", los que padecemos las consecuencias diseminadas en el espacio y el tiempo de las crecientes destrucciones medioambientales causadas por el avance del desarrollo modernizador. La imaginación es una manera de tomar en serio lo que nos espera con la intrusión de Gaia, aunque desafíe nuestra profunda convicción moderna de que prevalezca el camino que asociamos con el “progreso”.

 

Sea cual sea el futuro, sabemos que nuestros hijos están obligados a vivir en una tierra social y ecológicamente devastada, es decir, en las ruinas de lo que llamamos “progreso”, en las ruinas de aquello que pretendía defendernos de la vulnerabilidad. Nombrar hoy a Gaia es nombrar el futuro, algo que podría reconciliar muchas contradicciones y divisiones enquistadas abriendo la posibilidad de que pueda unir a todos los grupos humanos a la hora de cuestionar las historias y la misma historia moderna. Si los procesos naturales actúan intrincados en las relaciones de las historias humanas y no humanas ¿cómo regenerar la política ante la intrusión de Gaia que amenaza a todos?.

 

Todas las sociedades y grupos humanos se caracterizan por tener un solo mundo, que Gaia pone en peligro, por ello han de reconocer que están en el mismo bando y que estamos obligados a aprender a transigir y contemporizar muchas de nuestras diferencias internas a la hora de dar respuestas a los males socioecológicos,. Si hay futuro humano en una Tierra esquilmada, este devenir común ha de estar destinado a poder reunir a la humanidad en su conjunto.

 

Resulta gigantesco el problema de cambiar las trayectorias históricas a escala planetaria en el tiempo que nos queda. Esto es difícil de imaginar en el mundo imperante y con gobernantes empeñados en alargar indefinidamente el desarrollo y seguir aplazando el momento en el que estemos forzados a actuar con coraje creativo. Es muy errónea y peligrosa la actitud del “esperar a ver” ante el incendio catastrófico desatado en nuestra casa terrestre, que para poder sofocarlo reclama cambios de rumbo radicales. La criminal estrategia de “nuestros responsables” es seguir echando más gasolina al incendio desatado, esto significará la obligación de aceptar sin otra opción posible la multiplicación de los males ecológicos y la pérdida de muchos refugios. Es todo un anticipo de lo que social y ecológicamente nos espera a la vuelta de la esquina.


 
Nuestro mundo no es una obra consumada o escrita, requiere acción sin certezas ni garantías. Solo sabemos que lo que hacemos o no forma parte de la fabricación del futuro.  La intrusión de Gaia se dirige a cada uno y a todos, allí donde participamos en la fabricación del mundo, allí donde se impone la elección entre el cinismo, la desesperación o la lucha. Aunque en todas partes se alza la actitud conformista del "bien sabemos” sobre la manera en que participamos en dicha fabricación, que a partir de ahora estará sometida a numerosas coerciones. Muchos de nosotros vivimos el malestar del "era previsible", no solo sobre ellos, los responsables, también sobre nosotros, sobre nuestros estilos de vida derrochadores y sobre lo que hacemos o dejamos de hacer.


 
Sabemos que las respuestas de adecuación a las condiciones de habitabilidad de Gaia pasan por la movilización de nuestras capacidades de pensar, imaginar, y encarar. Podemos tener compromiso ciudadano en las calles y las movilizaciones, podemos participar en la desobediencia civil, pero para “curarse” no basta con renegarnos de ideas que nos incapacitaron y mutilaron, ya que su saldo puede ser la ironía, la culpabilidad reflexiva, o el gusto por el relativismo postmoderno. Hoy las luchas que puedan ser alternativas efectivas al conformismo de la queja y el cinismo reclaman, no solo recuperar lo robado, puesto que esto nos mutiló, sino recuperar el volver a ser capaces de aquello de lo que fuimos separados. Se trata de un reclamo y una cura al mismo tiempo, algo que exige una reapropiación y un proceso de aprendizaje rehabilitador que no solo ha de responder a un proyecto, sino a un trayecto a partir de la experiencia de mutilación y humillación que nos separa violentamente de lo que éramos capaces.


 
Los resurgentes comunes son importantes cuando la perspectiva es la de vivir en las ruinas del desarrollo y en la escasez de recursos. Esta situación precaria y abierta demanda aprendizajes nuevos: aceptar la necesidad de otros, humanos y no humanos, asociarse y compartir, estar en riesgo con y por otros. La capacidad de generatividad es la razón por la cual los comunes son plurales. Son cuestiones generativas abiertas aquellas referidas al qué, al cómo y al quienes, al cómo relacionarnos con los entornos biofísicos, que dependerá de la generatividad, de las maneras de compartir y prestar atención. Se trata en suma de aprender a situarse “con” Gaia a partir de lo que hoy sabemos para ser capaces de conectarnos con otros procesos situándonos de otro modo. Ante la pregunta de los humanos del porvenir esta reeducación ha de obligarnos a aprender a descubrir modos de lucha y cooperación, aceptando "sentir" que la experiencia nos afecte: cambiando las formas de imaginar, pensar y actuar en un mundo en ruinas.

Mara Cabrejas
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Materiales docentes
Departamento de Sociología y Antropología Social
Universitat de València
 

J. Lovelock: Las edades de Gaia. Una biografía de nuestro planeta vivo. Barcelona, Tusquets, 1993.
 ¿Cómo expresar hoy en día la belleza y la fragilidad del mundo que Gaia hace posible?  Michel Serres: El contrato natural. Valencia, Pre-textos, 2004.

 No somos mejores que las demás especies animales. No estamos por encima ni constituimos la cúspide de nada. Durante siglos, el pensamiento occidental ha ido construyendo mitos sobre la superioridad del ser humano, su poderosa espiritualidad y su destino manifiesto. Simples fábulas de salvación que nos consuelan.
Ver en John Grey: Perros de paja. Reflexiones sobre los humanos y otros animales. Barcelona, Paidós, 2003.

 Isabelle Stengers: En tiempos de catástrofes. Cómo resistir a la barbarie que viene. Barcelona, Ediciones NED, 2017.

 Donna J. Haraway: Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno, Bilbao, Ed. Consonni, 2019.

D. Haraway formula la pregunta de cómo pensar-con, vivir-con y ser-con otros organismos planetarios en un mundo que no olvida la magnitud del problema ecológico en el que se encuentra. Esto no significa lamentarse ante la destrucción del mundo, sino volver a ver cuáles han sido las posibilidades de vida desde siempre. Donna Haraway prefiere llamar a Chthuluceno al Antropoceno, en honor al nombre de un monstruo destilado por los relatos de ciencia ficción, ya que describe más y mejor nuestra época como aquella en la que humanos y no humanos se encuentran inextricablemente ligados en prácticas tentaculares. El Chthuluceno, explica Haraway, requiere sim-poiesis, o hacer-con, en lugar de auto-poiesis, o au-to-creación. Aprender a seguir con el problema de vivir y morir juntos en una Tierra herida favorecerá un tipo de pensamiento que favorecerá los medios para construir futuros más vivibles.

 

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18 février 2020 2 18 /02 /février /2020 17:34
La ampliación del bypass de València: otro atentado contra el clima, el aire y la "movilidad sostenible"

NOTA DE PRENSA DE “VALÈNCIA PER L´AIRE”

 

18 de febrero , 2020

 

El nuevo “mega-bypass”: un atentado contra la salud, el aire y el clima

 

Otra vez el Ministerio de Fomento impone un proyecto viario destructivo anti-clima que la ciudadanía valenciana no ha demandado. Es un carísimo e irracional monumento a la movilidad insostenible y enferma. Añadir cuatro a seis carriles más al Bypass, que facilitará el tráfico motorizado, es un acto de criminalidad climática que disparará el uso de vehículos contaminantes, empeorará la calidad del aire y aumentará las emisiones tóxicas de todo tipo. Es un enorme despilfarro de dinero público que en el contexto de la actual emergencia climática debería dedicarse exclusivamente al transporte público y el traslado de las mercancias del camión al tren.”

 

 

La organización cívica que vela por la calidad del aire, València per l´Aire, considera que es un grave error ambiental y de salud pública dedicar más de 300 millones de euros de dinero público a la ampliación del Bypass, lo que aumentará el tráfico privado en lugar de gastar este dinero en mejorar el transporte público y fomentar el tráfico de mercancías por ferrocarril. El principal impacto negativo del proyecto del Ministerio de Fomento será un empeoramiento de la ya castigada calidad el aire de la zona metropolitana de València y una seria hipoteca de la lucha valenciana contra el cambio climático que demanda una reducción drástica de las emisiones del transporte motorizado particular que representa más del 25% de las emisiones de CO2 de la Comunidad Valenciana. Si este proyecto no es una prioridad para la Generalitat Valenciana no entendemos porque Fomento insiste en ejecutar esta obra anacrónica consagrada al dominio del tráfico motorizado y contaminante.

 

Además, las mismas obras significará un masivo empleo de cemento y otros materiales, la extracción y produccion de los cuales tiene un enorme impacto ambiental sobre el aire , la salud y la biodiversidad

 

El actual tráfico por el bypass ya es insostenible para la salud ambiental y para la responsabilidad climática. Cada día 100.000 vehículos al día- con una elevada proporción de vehículos pesados altamente contaminantes (entre el 20 y 25% )- circulan por el bypass. Una política de transporte europea del siglo XXI exigiría invertir el dinero de los contribuyentes en medidas que reducirían las emisiones insalubres y contaminantes. Significaría aumentar radicalmente los recursos dedicados a la mejora de la oferta de transporte público con la coordinación de los trenes del cercanía, del metro, de los autobuses de pasajeros y de un transporte intermodal de mercancías con mucho menos circulación de camiones por nuestras carreteras. Ampliar los carriles del Bypass perpetua en el tiempo indefinido un modo de transporte de personas y mercancias totalmente caduco y en contra de todas las recomendaciones de sostenibilidad de la Unión Europea.

 

La ampliación del bypass afectará negativamente la calidad del aire y la salud ambiental de toda la zona metropolitana por la densidad del tráfico pesado que emite una gran cantidad de partículas en suspensión NO2, entre otras sustancias dañinas para la salud y el medio ambiente. En cambio, se urge una gran iniciativa con ayuda del Estado para un nuevo plan de transporte público de la zona metropolitana de Valencia, similar a las inversiones que reciben Madrid y Barcelona. La ausencia de alternativas públicas para el transporte de personas y mercancías desde los municipios que se encuentran alrededor de València condena a la ciudadanía a un futuro más insostenible, insalubre e insolidario.

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8 février 2020 6 08 /02 /février /2020 19:37

Peter  Gøtzsche has been an indispensable person in the field of medical science. When there is silence and fear of dissent, Peter sparks an open debate  with citizens through his uncanny talent of  translating complex scientific arguments into straight forward language for wide audiences. When “commercial confidentaility” is used to hide potential harms to patients, Peter fights on all levels for the sun to shine in on mountains of hidden medical research outcomes. On personal and professional levels, his fearlessness in defending the weak and confronting the powerful has cost him dearly.  But despite all his giant foes,  Peter insists on holding the high moral ground of democratic accountability, scientific sharing and independence.

Peter is outrageously hard-working and diligent in his research.  He has tirelessly produced  dozens of ground-breaking articles and paradigm-shifting books that have questioned many established premises of the medical-industrial complex. This has evidently garnered him many enemies and critics.

For many years the prestigious activity and publications of Dr.  Gøtzsche have played a pivotal role in favour of the transparency of clinical data, the priority of public health needs over industry profits and the defence of rigorous medical research carried out independently of conflicts of interest.  He is one of the few recognized medical researchers that is at the same time a public advocate for the total transparency of clinical trial data and, in general, in favor of a new model of affordable biomedical innovation based on patients needs instead exclusive private patents.  

Courage is Peter´s middle name. For many, many years he has not been afraid of challenging the gross manipulation of science by the pharmaceutical industry in favor of their commercial interests. He has dared to present ample scientific data that reveals the tremendous harms done by over-diagnosis, overmedication and the related aggressive marketing of pharmaceutical products. He has challenged the established dogmas on mammography screening, psychiatric drugs, statins, flu vaccines and many other excesses of pharmaceutical lobbying that forwards the belief that “there is a pill for every ill” or, in other words,  that there will be new illnesses invented and new pills developed by industry at the same time.


He is a doctor who rigorously applies de Hippocratic Oath with reference to “do no harm”.  He has consistently defended the human rights of patients from the harmful effects of dangerous treatments, addictive medicines and harmful secondary impacts.

Peter changes the world by getting his hands dirty in tough political debates.   He believes in open, responsible medical science and he makes it happen as he has in the European Union by helping to establish new openness rules on sharing the scientific information on the safety and efficacy of new  medicines.

Peter challenges established dogmas that have been taken for granted and opens the door for fierce public debate among both experts and citizens in general, which is an essential step toward building a rigorous, democratic medical science.  It is true that his direct, brutally honest style often ruffles many feathers and even causes discomfort among some of his fellow doctors. But his work inevitably ends up broadening public debate and bringing into the mainstream media key controversial decisions that often had been left in the hands of a handful of powerful experts with industry biases.  

We are very fortunate that Peter exists because the world is a little better place because of his courageous work.

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27 janvier 2020 1 27 /01 /janvier /2020 12:09
El engaño de la "transición ecológica justa"

Por Mara Cabrejas y David Hammerstein

 

La "transición ecológica justa" es el nuevo término usado por el gobierno, los sindicatos, los sectores empresariales, los partidos políticos y algunos grupos ecologistas, que refiere a los cambios que han de darse a favor de las políticas de protección ecológica y al abandono de las ayudas públicas estatales y europeas que siguen recibiendo las actividades y sectores económicos ecológicamente más destructivos.

 

Pero el mantra de la "transición ecológica justa" se utiliza en realidad para todo lo contrario de lo que en apariencia parece querer decir. La denominada transición justa es un discurso muy cínico empleado con los fines prácticos de bloquear cualquier avance de la responsabilidad pública ante la tragedia climática y ecológica que ha llegado para quedarse. Además, poco o nada tiene que ver con la justicia social el seguir apuntalando con el dinero ciudadano a grandes empresas anacrónicas y sucias.

 

En realidad la idea de transición justa persigue seguir alargando los plazos temporales y las subvenciones masivas a los sectores industriales de la economía fósil más contaminante que destruye aceleradamente los equilibrios climáticos de la Tierra, los ecosistemas, la biodiversidad y muchos de los recursos naturales y servicios vitales para el bienestar, la supervivencia y la habitabilidad de la Tierra, para los seres humanos y el resto de vida multidiversa no humana.

 

Condicionar la sostenibilidad ecológica a la supuesta justicia para los sectores económicos contaminantes afectados, en realidad significa renunciar a actuar ecológicamente en el presente para continuar apostando por los sectores económicos centralizados, injustos y muy intensivos en capital financiero. La "transición justa" sirve entonces para postergar las políticas de emergencia climática a un futuro incierto e indeterminado.

 

La idea de justicia es tomada aquí como condición previa para que puedan emerger las políticas acordes a nuestra temible situación colectiva de translimitación ecológica. Esta formulación de la justicia como principio general sin concreción alguna, opera para impedir que en el presente puedan darse cambios estructurales en favor del interés común de acabar con la economía tóxica de sectores que nos están empujando sin frenos de emergencia a la ruina social y ecológica planetaria. Debajo de la llamada transición justa se oculta la apuesta por más y más economía neoliberal del crecimiento económico y consumo material inacabable, en un planeta finito y cerrado en materiales y cada vez más esquilmado y enfermo.

 

Este término tan engañoso es parte de toda una disimulada estrategia cultural y política disimulada para la continuidad de la economía ecológicamente más lesiva. La bandera de la transición justa y el que "no se deje nadie atrás" es el nuevo lenguaje para el trato privilegiado que reciben las empresas y sectores económicos más contaminantes, mientras que otros sectores de actividad económica no disfrutan de inyecciones públicas para mantener sus negocios y ventas.

En realidad el término conlleva su propia negación, vendría a decir "transición ecológica sí, pero no ahora". Es decir, las necesarias respuestas de ajuste verde se desestiman indefinidamente sin abrirse paso en el presente para no perjudicar a las empresas y beneficios economicos de la economía tóxica y el empleo privilegiado de la misma.

 

Además, la transición justa también sugiere la falsa idea de que ya se ha puesto en marcha dicha "transición" y que los cambios estructurales asociados a la misma son socialmente "injustos" comparados con la situación actual. Sin embargo, una nueva economía ecológica que fuera decentralizada, localizada y comunitaria, crearía mucho más empleo y más estable, por exigir más mano de obra intensiva al estar participada por la ciudadanía y no por los riesgos del vaivén de la economía globalizada.

 

La estrategia oculta perseguida por esta nueva retórica para el lavado verde es la continuidad indefinida de la economía más tóxica. Las declaraciones en cadena de emergencia climática por toda institución y gobierno se acompañan a la vez del discurso neoliberal de la transición justa. Es todo un ropaje que encubre la negativa a adoptar las políticas acordes con tales declaraciones de emergencia, en nombre de evitar que importantes empresas e intereses económicos dominantes se vieran dañados "injustamente" por las regulaciones ambientales restrictivas y prohibitivas.

 

Por ejemplo, la Ministra de Exteriores Arancha González del nuevo gobierno de Pedro Sánchez que ha declarado recientemente la emergencia climática, en Bruselas y ante la Comisión Europea y el Consejo Europeo, al dictado de la industria y las grandes empresas defiende en nombre de "la transición justa" el mantenimiento de las ingentes subvenciones públicas de los estados miembros de la UE a los sectores de economía más cancerígena contra el clima y la Tierra.

 

La Ministra Arancha, en nombre del gobierno español de PSOE y PODEMOS tira dardos envenenados en las reuniones en Bruselas contra las tímidas reformas y el paquete de medidas del New Green Deal, contra la eliminación de subvenciones a actividades ecológicamente más destructivas. La Ministra dice que el "Green New Deal" europeo (https://ec.europa.eu/info/strategy/priorities-2019-2024/european-green-deal_es) es "muy verde pero poco justo". Estas embrionarias intenciones de reforma en políticas y leyes afectarían entre otros, a sectores como el  transporte aéreo y el marítimo de mercancías, la pesca, la ganadería intensiva, la producción agrícola intensiva en agrotóxicos contra la biodiversidad, la salud, las aguas y las tierras fértiles. El recién estrenado gobierno español se opone a una reforma profunda de la Política Agraria Común para reducir drásticamente las subvenciones a la producción industrial, concentrar las ayudas en la mano de obra profesional y obligar una reducción en el 50% del uso de agrotóxicos como son los pesticidas, entre otras medidas de responsabilidad socioambiental. También se opone a quitar las subvencones a los grandes barcos de pesca que esquilman la biodiversidad marina (aquí las posiciones "justas" del Gobierno frente al Pacto Verde Europeo https://www.politico.eu/article/timmermans-spanish-socialists-democrats/).

 

En suma, el término "transición ecológica justa", usado ya por los poderes políticos de gobiernos y los poderes económicos, también por algunos movimientos sociales, en realidad es un bote de humo que sirve de coartada para la no acción en el presente, nada menos que bajo la exigencia del principio de "justicia" para unas grandes  empresas nada justas y para la economía productivista más contaminante. El discurso de la transición justa paradójicamente busca impedir el avance de regulaciones y políticas ambiciosas (como las propuestas del Grupo Verde en el Parlamento Europeo https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/B-9-2020-0040_ES.html), que en tiempos de emergencia climática pusieran restricciones y prohibiciones a la economía ecológicamente  más necrófita y suicida.

 

Pero si nos atenemos a lo que exigiría la justicia en nuestra época de emergencia climática y ecológica, lo socialmente más justo y equitativo globalmente es adoptar regulaciones y políticas públicas ecosociales profundas, que defiendan la conservación y protección de las condiciones de habitabilidad del planeta para la vida multidiversa, humana y no humana, y el futuro.

Lo que realmente necesitamos con urgencia es la "adaptación ecológica profunda", tal y como la ha llamado el reconocido pensador ecológico Antonio Turiel. Como apunta Turiel:

"La Adaptación Profunda implica mirar al problema del Cambio Climático de manera adulta, aceptando que los sacrificios son inevitables .......no es la Adaptación Profunda un discurso amable y edulcorado, para todos los públicos, con final feliz; pero es lo que hay. Quien pretenda hacer creer que podemos hacer otra cosa está engañando a los demás o engañándose a sí mismo". http://crashoil.blogspot.com/2020/01/temporal-y-permanente.html

 

Esta adaptación ecológica profunda comportaría en sí misma la exigencia de más justicia y equidad social a la hora de afrontar con realismo y ciertas garantías de resiliencia el inevitable colapso ecológico en curso. 

 

 

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13 janvier 2020 1 13 /01 /janvier /2020 17:03
PROPUESTAS POLÍTICAS PARA TOMAR EN SERIO LA EMERGENCIA CLIMÁTICA
1. No a las subvenciones y ayudas públicas al colapso.
Dejemos de subvencionar al colapso climático en subvenciones a los combustibles fósiles, nuevas carreteras, puertos, aeropuertos y la agricultura y ganadería intensivas (de la Política Agraria Común).
Cada año la economía fosil recibe más 55 mil millones, directa o indirectamente, de subsidios directos o indirectos de UE y sus estados miembros. Todos los estados miembros de la UE subvencionan al carbón, gas o petróleo. Se gasta mucho mas dinero en acelerar la castastrofe que frenarla.
 
2. La UE y sus estados miembros como España deben dejar de invertir en el gas.  Actualmente la Comisión Europea financia terminales e regasificadoras en puertos europeos para el gas del fracking de EE.UU. El Banco Europeo de Inversiones tiene 150 proyectos de combustibles fósiles en marcha y dejará de financiar nuevos proyectos a finales de 2021 con algunas excepciones. Por ejemplo, la Generalitat Valenciana quiere aumentar la producción de electricidad en los ciclo combinados de Sagunto.
 
3. Ante la emergencia climática la UE y otras instituciones públicas deben dejar de financiar carreteras, puertos y aeropuertos. Cada euro público debe tener garantias de sostenibildad cara al futuro.
 
4. Hay que poner un precio justo al CO2 y cobrar en las fronteras las emisiones importadas (acumuladas en los productos de consumo y materiales) para evitar la “fuga de CO2”. Esto podría generar para las arcas de las UE más del 30 mil millones al año para una transición ecológica justa y ayudar a los países más pobres hacer “el salto de la rana ecológico”.
 
5. Hay que aumentar radicalmente la fiscalidad sobre los sectores que más contaminan que actualmente pagan muy pocos impuestos como la aviación, los buques de contenedores, los cruceros, los grandes productores de energía, a la comida basura, a los Amazon, el Google, los uber, el Abnb, los fabricantes de residuos peligrosos (como el plástico – coca-cola – y agrotoxicos, medicamentos..) y las empresas de internet, telefonía .. La recaudación debe ser finalista para fines ambientales y socialmente justos.
 
4. Justicia ambiental y fiscal. Tranferir la carga fiscal de la mano de obra a los contaminadores y destinar los ingresos a mejorar el transporte público, facilitar la energía comunitaria y la alimentación próxima y ecológica. Hay que cerrar los paraisos fiscales para aumentar la financiación de los servicios públicos y los sectores sostenibles.
 
5. La recaudación de impuestos sobre el CO2 han de ser finalistas para apoyar a las personas afectadas negativamente por la transición ecológica y para apoyar las regiones más vulnerables.
 
6.  Prohibir la fabricación de motores de combustión a partir del 2030. Acabar con la exención de impuestos sobre el keroseno de la aviación comercial e introducir un IVA de 18% en todos los vuelos.  Prohibir los vuelos domésticos cuando existe un servicio de tren. Poner un tope en el número de vuelos al año por cada habitante.  Poner un numerus clausus en el número de turistas y actividad en cada aeropuerto y puerto en zonas turísticas. Trasladar las mercancías de los camiones al ferrocarril mediante la presión fiscal, las inversiones públicas y los peajes.  Obligar un reparto urbano y a domicilio de mercancias  compartido por medios sostenibles a Amazon y otras empresas.
 
7. Crear un area de Cero Emisiones en Unión Europea para buques y cruceros. Pasar del máximo O.5 %Sulfurico actual a 0.1% para buques de contenedores y cruceros.
 
8. Promover una revolución de energía renovable comunitaria decentralizada para que la ciudadanía pueda producir, almacenar, compartir y vender energia con facilidad legal y burócrata. Invertir los fondos públicos en microredes en lugar de grandes lineas de alta tensión y gasoductos. Cambiar las actuales inversiones de la UE en grandes proyectos, lineas de alta tensión y gasoductos hacia el control comunitario de energía mediante micro-redes y la obligación de que al menos 50% de la propiedad de las empresas de energía renovable sea de propiedad de los usuarios. Aumentar las ayudas a cooperativas energéticas. Cambiar las normas de competencia de la UE para permitir más propiedad municipal de la energía. Aumentar la eficiencia energética en 3% cada año.
 
8. Ayudar a la agricultura, no a la agro-industria intensiva. Prohibir las pesticidas más peligrosas (como las que se utilizan en las naranjas valencianas) y reducir su uso en genral en más del 50% antes del 2030. Reducir radicalmente la cantidad de ganado y producción de carne. Prohibir a las macro-granjas. No importar la UE soja y aceite de palma que destruye los bosques tropicales.
 
9. Impulsar unas nuevas leyes de biodiversidad s estrictas y aumentaro los espacios protegidos (Natura 2000) para cubrir el 50% del territorio de la UE.
 
10. Aprobar legislación en contra de la obsolescencia programada con leyes para garantizar la durabilidad, re-utilización y el derecho a la reparación de productos. Legislar la responsabildad civil de todo el ciclo de vida de un producto por los fabricantes. Legislar la prohibición de productos que duran menos de 2 años y adoptar la obligación legal de los mejores diseños ecológicos.  Eliminar el IVA sobre la reparación de productos de todo tipo.
 
11. Hacer que los acuerdos de comercio cumplan con los objetivos climáticos y las leyes ambientales de la UE. Rechazar el acuerdo comercial UE-Mercosur.  La UE debe dejar de importar cualquier producto que empeore la crisis climática y ecológica. Los programas de cooperación, desarrollo y política exterior tienen que tener fuertes condiciones ambientales obligatorios. Prohibir la exportación de residuos fuera de la UE y prohibir el desguace de barcos y otros aparatos peligrosos fuera de la UE.
 
12. La UE debe luchar por unas reglas ambientales globales con el establecimiento de una Organización Mundial del Medio Ambiente con normas vinculantes y sanciones por encima de la Organización Mundial del Comercio.
 
13. Hay que cambiar y flexibilizar la normas de la UE de la propiedad intelectual y del copyright para poder compartir con los países más pobres las tecnologias y el conocimiento utiles para ayudar enfrentarse al colapso ecológico/climático.
 
 
14. Una iniciativa de la UE y sus estados miembros para trasladar la presión fiscal del trabajo a la contaminación para fomentar el empleo mano de obra intensiva en lugar del empleo capital intensivo
 
15. Establecer unos impuestos de CO2 en las fronteras de la UE (Border Carbon Adjustment) para desanimar la importación de productos y materiales con un importantes impactos ambientales que no cumplen con la legislación de la UE o que no cumple con una fiscalidad de C02 com el impuesto de C02 propuesto. Ayudaría a evitar la fuga de CO2.
 
16. En lugar del actual sistema de comercio internacional de emisiones de CO2 hace falta  un sistema de “Límite y Dividendo” (Cap and Dividend) sobre las extracciones de combustibles y materiales. Esto significa poner unos topes a los volumenes de extracciones, encarecer los proyectos de extracción y restaurar social y ambientalmente a las zonas afectadas por el extraccionismo dañino en el pasado con los fondos recaudados. Significa compensar a las comunidades locales afectadas por extracciones europeas pasadas, o la "deuda ecológica".
 
17.. No utilzar las normas de "la austeridad fiscal" de la UE contra programas ecológicos. Flexibilizar el pacto de la EU de estabilidad presupuestaria para permitir la deuda estatal por encima del 3% del PIB si es un gasto de claro destino interés público ecológico.
 
18. Una iniciativa de la UE para reducir las horas laborales semanales y repartir el trabajo asalariado para reducir el consumo material. Menos horas de trabajo significan menos emisiones.
 
19. Re-orientar, re-localizar y descentralizar a todas las inversiones de la UE hacia al creación de bienes públicos ambientales como las renovables comunitarias, las pequeñas empresas ecológicas y las iniciativas públicas municipales sobre transporte, alimentación y vivienda.
 
20. Crear un marco legislativo y financiero de la UE para crear nuevos empleos intensivos en mano de obra enfocadas a los cuidados en lugar de inversiones solo intensivas en capital y tecnologia que suelen tener más huella ecológica. Ejemplos: la agroecologia, la artesania, la reparación, reutilización y mantenimiento de aparatos y objetos y los empleos de cuidado social, sanitario y educativos.
 
21. Endurecer el muy flojo cumplimiento de la legislación ambiental europea de protección de la zonas Natura 2000, la calidad del aire (integrando las normas de la OMS) y la Directiva Marco del Agua.
 
22. Crear una tarjeta de crédito de CO2 para toda la ciudadanía europea que contabiliza el coste energético y material acumulado en cada compra.  Eventualmente se podría crear un límite de generación de C02 de cada persona europea o simplemente serviría como un indicador pedagógico de la huella ambiental del consumo.

 

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13 décembre 2019 5 13 /12 /décembre /2019 18:06

Las “emisiones netas cero” o “la neutralidad climática”

 

"Cero emisiones netas" o "neutralidad climática" son los nuevos términos zombies de la COP25 y las grandes empresas.

 

 


Es una trampa para confundirnos: no se trata de bajar emisiones, mucho menos de “cero emisiones”, al contrario, al agregarle la palabra “netas”, quieren ocultar que pese a la gravísima situación de calentamiento global, las empresas seguirán aumentando la emisión de gases con sus actividades contaminantes, pero presentarán una contabilidad –no una realidad- que muestre que esas emisiones serán supuestamente absorbidas o “compensadas” en otra parte y el resultado dará, por magia contable cero, por lo que no hay de qué preocuparse. Es el llamado “comercio de emisiones” o “mercado de CO2”. El comercio de emisiones no solo ha fracasado en reducir sustancialmente las emisiones sino ha sido origen de muchas corruptelas, engaños y grandes beneficios para algunas multinacionales.

 

La alternativa sería tener límites en términos absolutos de volúmenes de la extracción de materiales con penalizaciones para los infractores y compensaciones para las poblaciones locales afectadas. 1


 

¿Un Plan Verde que aumenta las emisiones?


 

Para la “transición energética” hay que aumentar el consumo de energías y materiales durante 20 o 30 años cuando urge reducir el consumo drásticamente.

 

¿Puede haber una rápida transición a una sociedad de cero emisiones? 2

 

Nick Humphrey, climatógo y geocientíffico.

No creo que sea posible hacer la transición a una civilización con cero emisiones de carbono dentro de una década. La idea en sí es simplemente absurda porque requeriría básicamente regresar a una sociedad preindustrial sin ninguno de los beneficios derivados de la construcción de la sociedad proporcionada por los combustibles fósiles. Hay algunos economistas y ecologistas que creen que puede tener un "crecimiento verde", pero ese crecimiento conduce a una mayor destrucción del medio ambiente a medida que la población y las demandas de energía continúan creciendo de manera exponencial. Para ir a una civilización de carbono neta cero, primero debe, irónicamente, aumentar el uso de carbono.Más construcción de paneles solares en todo el mundo, más construcción de parques eólicos, más construcción de automóviles eléctricos, más hormigón, más manufactura de metales, más minería altamente contaminante, no solo de la tierra, pero se necesitarán metales terrestres más raros de los mares, dañando los ecosistemas y contaminando los océanos. Mientras tanto, nada de esto detiene el cambio climático porque, como mencionas, ya hay mucho daño en la tubería.

 

Con 500 partes por millón de concentración equivalente de dióxido de carbono, actualmente hay suficientes gases de efecto invernadero en la atmósfera para finalmente calentar el planeta 4-5 grados C / 7-9 F por encima de las temperaturas de 1700, elevar el nivel del mar en 220 pies/67 metros (suponiendo 1 ppm de CO2 equivalente = 1 pie de aumento del nivel del mar, basado en la respuesta de cambio del paleoclima pasado a largo plazo), elimina cantidades significativas de humedad del suelo, lo que lleva a la destrucción de la agricultura. Y esto es sin ningúna otra emisión de carbono u otras retroalimentaciones. Construir más en un intento por mantener una sociedad civilizada con un alto consumo de energía empeora todo esto.”


 


 

El Modelo Dinamarca y el efecto "rebote"

 

El mejor ejemplo europeo de “crecimiento verde” de una sociedad “limpia”, eficiente y de “cero emisiones” es Dinamarca. Es verdad que Dinamarca necesita menos producción y menos emisiones de CO2 para mantener el mismo crecimiento del PIB. Sin embargo, aparece un efecto “rebote” (rebound) que aumenta la demanda final de los consumidores daneses de productos y materiales de cualquier punto del planetq que erosiona parcialmente las ganancias en eficiencia y acaban aumentando las necesidades de energía final en al menos 10% para el 2030.


 

PROPUESTAS POLÍTICAS VERDES PARA LA UNIÓN EUROPEA
 
 
1. No a subvenciones y ayudas al colapso.
Dejemos de subvencionar al colapso climático en subvenciones a los combustibles fósiles, nuevas carreteras, puertos, aeropuertos y la agricultura y ganadería intensivas (de la Política Agraria Común).
Cada año la economía fosil recibe más 55 mil millones, directa o indirectamente, de subsidios directos o indirectos de UE y sus estados miembros. Todos los estados miembros de la UE subvencionan al carbón, gas o petróleo. Se gasta mucho mas dinero en acelerar la castastrofe que frenarla.
 
2. La UE debe dejar de invertir in Gas y Fracking. Actualmente la Comisión Europea financia terminales e regasificadoras en puertos europeos para el gas del fracking de EE.UU. El Banco Europeo de Inversiones tiene 150 proyectos de combustibles fósiles en marcha y dejará de financiar nuevos proyectos a finales de 2021 con algunas excepciones. Por ejempblo, la Generalitat Valenciana quiere aumentar la producción de electricidad en los ciclo combinados de Sagunto.
 
3. Ante la emergencia climática la UE y otras instituciones públicas deben dejar de financiar carreteras, puertos y aeropuertos. Cada euro público debe tener garantias de sostenibildad cara al futuro.
 
4. Hay que poner un precio justo al CO2 y cobrar en las fronteras las emisiones importadas (acumuladas en los productos de consumo y materiales) para evitar la “fuga de CO2”. Esto podría generar para las arcas de las UE más del 30 mil millones al año para una transición ecológica justa y ayudar a los países más pobres hacer “el salto de la rana ecológico”.
 
5. Hay que aumentar radicalmente la fiscalidad sobre los sectores que más contaminan que actualmente pagan muy pocos impuestos como la aviación, los buques de contenedores, los cruceros, los grandes productores de energía, a la comida basura, a los Amazon, el Google, los uber, el Abnb, los fabricantes de residuos peligrosos (como el plástico – coca-cola – y agrotoxicos, medicamentos..) y las empresas de internet, telefonía .. La recaudación debe ser finalista para fines ambientales y socialmente justos.
 
4. Justicia ambiental y fiscal. Tranferir la carga fiscal de la mano de obra a los contaminadores y destinar los ingresos a mejorar el transporte público, facilitar la energía comunitaria y la alimentación próxima y ecológica. Hay que cerrar los paraisos fiscales para aumentar la financiación de los servicios públicos y los sectores sostenibles.
 
5. La recaudación de impuestos sobre el CO2 han de ser finalistas para apoyar a las personas afectadas negativamente por la transición ecológica y para apoyar las regiones más vulnerables.
 
6.  Prohibir la fabricación de motores de combustión a partir del 2030. Acabar con la exención de impuestos sobre el keroseno de la aviación comercial e introducir un IVA de 18% en todos los vuelos.  Prohibir los vuelos domésticos cuando existe un servicio de tren. Poner un tope en el número de vuelos al año por cada habitante.  Poner un numerus clausus en el número de turistas y actividad en cada aeropuerto y puerto en zonas turísticas. Trasladar las mercancías de los camiones al ferrocarril mediante la presión fiscal, las inversiones públicas y los peajes.  Obligar un reparto urbano y a domicilio de mercancias  compartido por medios sostenibles a Amazon y otras empresas.
 
7. Crear un area de Cero Emisiones en Unión Europea para buques y cruceros. Pasar del máximo O.5 %Sulfurico actual a 0.1% para buques de contenedores y cruceros.
 
8. Promover una revolución de energía renovable comunitaria decentralizada para que la ciudadanía pueda producir, almacenar, compartir y vender energia con facilidad legal y burócrata. Invertir los fondos públicos en microredes en lugar de grandes lineas de alta tensión y gasoductos. Cambiar las actuales inversiones de la UE en grandes proyectos, lineas de alta tensión y gasoductos hacia el control comunitario de energía mediante micro-redes y la obligación de que al menos 50% de la propiedad de las empresas de energía renovable sea de propiedad de los usuarios. Aumentar las ayudas a cooperativas energéticas. Cambiar las normas de competencia de la UE para permitir más propiedad municipal de la energía. Aumentar la eficiencia energética en 3% cada año.
 
8. Ayudar a la agricultura, no a la agro-industria intensiva. Prohibir las pesticidas más peligrosas (como las que se utilizan en las naranjas valencianas) y reducir su uso en genral en más del 50% antes del 2030. Reducir radicalmente la cantidad de ganado y producción de carne. Prohibir a las macro-granjas. No importar la UE soja y aceite de palma que destruye los bosques tropicales.
 
9. Impulsar unas nuevas leyes de biodiversidad s estrictas y aumentaro los espacios protegidos (Natura 2000) para cubrir el 50% del territorio de la UE.
 
10. Aprobar legislación en contra de la obsolescencia programada con leyes para garantizar la durabilidad, re-utilización y el derecho a la reparación de productos. Legislar la responsabildad civil de todo el ciclo de vida de un producto por los fabricantes. Legislar la prohibición de productos que duran menos de 2 años y adoptar la obligación legal de los mejores diseños ecológicos.  Eliminar el IVA sobre la reparación de productos de todo tipo.
 
11. Hacer que los acuerdos de comercio cumplan con los objetivos climáticos y las leyes ambientales de la UE. Rechazar el acuerdo comercial UE-Mercosur.  La UE debe dejar de importar cualquier producto que empeore la crisis climática y ecológica. Los programas de cooperación, desarrollo y política exterior tienen que tener fuertes condiciones ambientales obligatorios. Prohibir la exportación de residuos fuera de la UE y prohibir el desguace de barcos y otros aparatos peligrosos fuera de la UE.
 
12. La UE debe luchar por unas reglas ambientales globales con el establecimiento de una Organización Mundial del Medio Ambiente con normas vinculantes y sanciones por encima de la Organización Mundial del Comercio.
 
13. Hay que cambiar y flexibilizar la normas de la UE de la propiedad intelectual y del copyright para poder compartir con los países más pobres las tecnologias y el conocimiento utiles para ayudar enfrentarse al colapso ecológico/climático.
 
 
14. Una iniciativa de la UE y sus estados miembros para trasladar la presión fiscal del trabajo a la contaminación para fomentar el empleo mano de obra intensiva en lugar del empleo capital intensivo
 
15. Establecer unos impuestos de CO2 en las fronteras de la UE (Border Carbon Adjustment) para desanimar la importación de productos y materiales con un importantes impactos ambientales que no cumplen con la legislación de la UE o que no cumple con una fiscalidad de C02 com el impuesto de C02 propuesto. Ayudaría a evitar la fuga de CO2.
 
16. En lugar del actual sistema de comercio internacional de emisiones de CO2 hace falta  un sistema de “Límite y Dividendo” (Cap and Dividend) sobre las extracciones de combustibles y materiales. Esto significa poner unos topes a los volumenes de extracciones, encarecer los proyectos de extracción y restaurar social y ambientalmente a las zonas afectadas por el extraccionismo dañino en el pasado con los fondos recaudados. Significa compensar a las comunidades locales afectadas por extracciones europeas pasadas, o la "deuda ecológica".
 
17.. No utilzar las normas de "la austeridad fiscal" de la UE contra programas ecológicos. Flexibilizar el pacto de la EU de estabilidad presupuestaria para permitir la deuda estatal por encima del 3% del PIB si es un gasto de claro destino interés público ecológico.
 
18. Una iniciativa de la UE para reducir las horas laborales semanales y repartir el trabajo asalariado para reducir el consumo material. Menos horas de trabajo significan menos emisiones.
 
19. Re-orientar, re-localizar y descentralizar a todas las inversiones de la UE hacia al creación de bienes públicos ambientales como las renovables comunitarias, las pequeñas empresas ecológicas y las iniciativas públicas municipales sobre transporte, alimentación y vivienda.
 
20. Crear un marco legislativo y financiero de la UE para crear nuevos empleos intensivos en mano de obra enfocadas a los cuidados en lugar de inversiones solo intensivas en capital y tecnologia que suelen tener más huella ecológica. Ejemplos: la agroecologia, la artesania, la reparación, reutilización y mantenimiento de aparatos y objetos y los empleos de cuidado social, sanitario y educativos.
 
21. Endurecer el muy flojo cumplimiento de la legislación ambiental europea de protección de la zonas Natura 2000, la calidad del aire (integrando las normas de la OMS) y la Directiva Marco del Agua.
 
22. Crear una tarjeta de crédito de CO2 para toda la ciudadanía europea que contabiliza el coste energético y material acumulado en cada compra.  Eventualmente se podría crear un límite de generación de C02 de cada persona europea o simplemente serviría como un indicador pedagógico de la huella ambiental del consumo.

 

 

 

Teniendo en cuenta que los niveles de consumo

occidentales son insostenibles y no llegan a todo el mundo,

es necesario sustituir el concepto de riqueza material, el que

vamos a ser más felices por tener más cosas, por tener más

tiempo libre. Crear un concepto de riqueza comunitario y vi-

vencia!: no puedes comprar tantas cosas, pero tienes mucho

más tiempo libre, porque se reduce la jornada de trabajo, por-

que puedes estar más tiempo con los tuyos. con tu familia,

disfrutar del deporte, de la música, del arte, de actividades

que son más sostenibles ecológicamente". Hector Tejero en “Qué hacer en un caso de incendio”.

 

 

 

1https://www.alainet.org/es/articulo/170440?fbclid=IwAR1PzNUxjkdyUUecNmyzBusYtv4Ry3tXXMLvwK1wEzsW95VENYtsouF9Yy4

2https://telegra.ph/Sobre-el-futuro-de-la-humanidad-entrevista-con-Nick-Humphrey-climatologo-y-geocientifico-04-01

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13 décembre 2019 5 13 /12 /décembre /2019 10:42
LOS GRANDES MITOS DE LA LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO Y ALGUNAS PROPUESTAS VERDES (1)

Apuntes para una charla en la Universitat de València el 13/12/2019

 

LOS GRANDES MITOS DE LA LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO Y ALGUNAS PROPUESTAS VERDES (1)

 

La política que nos hace falta hoy no existe a pesar de todas la palabras bonitas de los líderes mundiales.”

 

Greta Thunberg, ayer en la COP25

 

DONT WORRY, BE HAPPY!

 

Según cuentan muchas personas solo nos hace falta deshacernos de políticos como Trump, Bolsanaro y otros negacionistas como Vox, para poder apoyar masivamente a las industrias emergentes de energía solar, vehículos eléctricos, alimentos ecológicos y ropa sostenible, alguna hamburguesa vegetal...etc. Estaríamos en el mejor de los mundos posibles de una situación Win-Win: podríamos reverdecer gradualmente a nuestras sociedades, hacer la “transición energética” a las renovables y, a la vez, seguir consumiendo, yendo de compras “sostenibles” en Black Friday, el fin de semana en Londres y un crucero en el verano. Esto es el “crecimiento verde” defendido por la UE, la ONU y todas las élites globales.

 

The European Green Deal(Trato Europeo Verde)” de la UE se basa en el crecimiento , el mantenimiento del consumo y la globalización comercial. También tiene elementos positivos que podrían desarrollarse de forma consecuente o no con la preservación de ecosistemas pero en su conjunto el Plan prioriza intereses económicos expansivos, consumistas y extractivos poco compatibles con reducir la huella ecológica sobre el planeta. 1

 

Según la ONG ambiental Friends of the Earth – Europe La presidenta de la Comisión Europea Von Der Leyen todavía se aferra a la vieja economía obsesionada con el consumo y el crecimiento. Su Comisión seguirá promoviendo el gas fósil que mata el clima, el fallido comercio de emisiones, el consumo excesivo y potencialmente permitirá nuevos cosechas transgénicas en nuestros alimentos; esto no es una transformación.”
2

 

Según la misma Agencia Ambiental Europea “la UE no conseguirá la sostenibilidad si sigue promocionando el crecimiento económico y intenta gestionar los impactos ambientales y sociales después.” Según esta institución europea oficial “no se trata de solo tecnologías y procesos de producción sino las pautas del consumo y las formas de vivir.”

 

 

València: ¿referente verde?

 

 

València es una ejemplo emblemático del abismo entre la retórica ambiental y los hechos donde se prioriza el crecimiento. 3 La moralidad política se debe medir en la brecha entre lo que uno dice y lo que uno hace.

 

En Valencia la mayoría de los políticos piensan que podemos luchar contra la crisis climática y ecológica y al mismo tiempo ampliar autovías, asfaltar la huerta, dejar que se muera la Albufera, construir un macro-puerto para doblar el número de cruceros, buques y camiones, levantar nuevas urbanizaciones especulativas con docenas de miles de viviendas nuevas en Benimaclet, el Grau, Malilla y el Parc Central, aumentar el turismo masivo con nuevos hoteles por doquier y instalar un enorme centro comercial en un espacio natural. Precisamente, la primera linea de la lucha climática aquí es tratar de frenar el mal-desarrollo valenciano que constituye un ejemplo de criminalidad climática e hipocresía política. En general, ante la emergencia climática es incluso más urgente parar las cosas malas que hacer las cosas buenas. La propuesta Estrategia Valenciana del Cambio Climático y Energía también refleja las pocas ganas políticas actuales de reducir sustancialmente las actividades destructivas y una muy modesta ambición climática en general. 4

 

 

El “crecimiento verde” no existe y es una contradicción en términos.

 

Según la comunidad científica tenemos que eliminar la gran mayoría de nuestras emisiones contaminantes y parar la pérdida de la biodiversidad en los próximos 20 años, reduciendo las emisiones de CO2 más del 70% antes del 2030(y crecieron más que nunca el año pasado), o enfrentarnos a un futuro dantesco lleno de sufrimiento humano. La cruda realidad es que tenemos que elegir entre ser verdes o apoyar el crecimiento económico ilimitado; no podemos tener los dos. O consumimos mucho menos o aumentamos la envergadura de la catástrofe. Los líderes políticos y las élites empresariales han elegido la segunda opción.

 

 

Lo que discutieron los lideres de los países en la COP25 estos días en Madrid muy poco tiene que ver con soluciones reales a la emergencia climática: oportunidades de negocios “sostenibles”, el comercio internacionales de emisiones para “compensar” la contaminación, un “fondo verde” para financiar tecnologías verdes, objetivos voluntarios de reducción de emisiones, … Hay un abismo entre la magnitud del problema y las patéticas y contradictorias soluciones que proponen la UE, la ONU y los grandes países que se niegan considerar cualquier solución que pone coto a la extracción de recursos, el crecimiento y el consumo.

 

 

El año pasado el PIB per capita creció el 2% mientras la cantidad de CO2 para producir 1 dollar más de PIB se redujo el 0.4%. En otras palabras el crecimiento es más eficiente por cada dolar pero las emisiones globales crecieron 0.6% globalmente. Como veremos mas eficiencia no reduce las emisiones. Cada 1% de crecimiento global significa casi O.4% más de CO2 según la FMI y la ONU. El año pasado aumentaron el 0.6% las emisiones de C02 cuando según la comunidad científica deberían estar bajando más del 7% cada año. No es casualidad que solo se redujeron las emisiones globales de CO2 en el 2008 por la crisis financiera mundial.

 

 

¿Por qué no han bajado las emisiones si llevamos 50 años aumentando la eficiencia tecnológica? ¿Por qué en los últimos 40 años solo bajaron las emisiones de CO2 globalmente en la crisis financiera y recesión económica del 2008?

 

 

Mejor el fin del mundo que el fin del crecimiento

 

Las propuestas de la mayoría política de la Unión Europea suelen descansar sobre la idea de que la tecnología y el “crecimiento verde” pueden resolver la crisis climática. Es una idea falsa y, incluso, peligrosa. Su pensamiento dominante subyacente es que los limites de los sistemas físicos del planeta son flexibles y se pueden forzar más mientras las estructuras expansivas de nuestras economías de mercado son sagradas y no se pueden tocar. Es el mundo al revés. Son las leyes de la física que son rigidamente infranqueables y es la política que es muy flexible y moldeable para las necesidades humanas. Refleja mucho más como determinan las soluciones “posibles y realistas” unas instituciones políticas dominadas por grandes poderes económicos y el consumismo que cualquier consideración de la realidad biofísica de la crisis climática y ecológica.

 

 

Hace 50 años Dennis y Donella Meadows predijeron el actual colapso con bastante precisión. Sus graves advertencias sobre “los límites al crecimiento” fueron ignoradas e incluso ridiculizadas.

 

 

El “realismo” político no es nada realista para la salud del planeta

 

 

Lo que hoy es “realista” políticamente es suicida para la salud del planeta y sus habitantes. Son ideas que descansan sobre un fraude. Existe un fraude estadístico que esconde gran parte de las emisiones, un tecno-optimismo desbocado que cree en soluciones milagrosas aún no inventadas y una ignorancia deliberada de la física y las matemáticas. Estamos ante una colosal irresponsabilidad institucionalizada que niega asumir los límites de un planeta finito.

 

Actualmente la Unión Europea y las instituciones globales como la ONU, la FMI y la OMC están promocionando el “crecimiento verde” como la único camino frente a la crisis climática. ¿Se lo creen de verdad o simplemente piensan que no es políticamente viable pensar en alternativas? Parece que para ellos es más fácil imaginar el fin el mundo que el fin del crecimiento material global que es imprescindible para nuestro modelo económico vigente.

 

Lo llaman “crecimiento sostenible” con la falsa asunción de que se puede desasociar (o desacoplar) la presiones ambientales del crecimiento del Producto Interior Bruto. El “European Green Deal” presentado la semana pasada y los objetivos del desarrollo sostenible del ONU plantean la meta para todos los países “el crecimiento sostenido, sostenible e inclusivo ...eficiente en uso de recursos y competitivo” al mismo tiempo. Pero sabemos de los datos empíricos no es posible. Además, es insistir en el mismo error de los últimos 30 años. No ha habido un desacoplamiento en términos absolutos en ninguna parte.

 

El informe del European Environmental Bureau ‘Decoupling debunked: Evidence and arguments against green growth as a sole strategy for sustainability’ 5(Desmontando el desacoplamiento: Evidencia y argumentos en contra del crecimiento verde como la única estrategia para la sostenibildad) presenta unas pruebas muy convincentes de que el desacoplamiento es un mito y que la estrategia política basado en el crecimiento está condenada al fracaso. Las ganancias durante décadas de eficiencia en energía y materiales por cada unidad producida siempre tienen unos “efectos rebote” que resulta en un incremento de volumen de consumo en un campo o otro, posibilitado por los ahorros en otro sector. La eficiencia solo es efectiva si es parte de una estrategia más amplia de suficiencia, de límites en volúmenes totales. “La suficiencia” significa definir lo que es “bastante”. Por ejemplo, ¿cuantos aparatos, cuanta ropa y cuanto carne nos hace falta para ser felices y sanos? Se trata de límites. La sostenibilidad para las sociedades europeas es en una palabra: menos.


 

MÁS COCHES ELÉCTRICOS NO SIGNIFICA MENOS EMISIONES

 

 

Hoy hay 24 millones de coches en España de los cuales menos del 1% son coches eléctricos. Según los pronósticos oficiales en España en el año 2030 habrán 30 millones de coches en España de los cuales 5 millones de serán eléctricos (una sexta parte). ¿Significará esto que habrá un gran descenso de emisiones contaminación del transporte por carretera? No. Habrá aún más cantidad total de coches térmicos de combustión que ahora, probablemente más pesados, y no habrá bajadas significativas en las emisiones gobales. A nivel internacional pasa lo mismo según la Organización Mundial de la Energía. En el año 2040 habrá 300 millones de coches eléctricos pero la demanda de petróleo del transporte se mantendrá en su alto nivel actual hasta por lo menos hasta el año 2040 porque habrá aún mas vehículos que seguirán moviéndose con gasolina y diesel.


 

La Escala y los volúmenes totales de las actividades humanas superan los límites del planeta

 

Nuestro mayor problema es la escala. Los seres humanos y su ganado representan actualmente el 96% de toda la biomasa de mamíferos de la Tierra. Es un problema de escala, de volumenes totales que superan la capacidad de carga del planeta. Y los volumenes totales de extracción de recursos sigue creciendo con fuerza. Nuestra crisis climática, nuestra crisis de biodiversidad, nuestros suelos agotados y las crisis humanitarias son todos síntomas de la escala poco realista de la empresa humana y de unas politicas totalmente irresponsables y suicidas.

 

El crecimiento continuo hace fracasar la eficiencia y más eficiencia alimenta aún más destrucción del mundo biofísico y natural

 

 

La idea de que podemos "disociar" o “desacoplar” el crecimiento económico de la producción material es, es una falsedad rotonda. La historia muestra que cuando la economía se vuelve más eficiente con un recurso, usamos más de ese recurso, no menos; un fenómeno conocido como el "efecto rebote" en economía o la "paradoja de Jevons."6 Solo ayuda la eficiencia si hay límites absolutos en el volumen de producción y consumo.

 

 

En el siglo XIX, las máquinas más eficientes no redujeron el consumo de carbón, sino que lo aumentaron. En el siglo XX y el el XXI los ordenadores no solo no ahorraron recursos, como predijeron algunos tecno-optimistas, sino que aceleraron la economía, lo que llevó a una mayor extracción de recursos y un efecto rebote de mucho más emisiones (y la tecnología 5G amenaza con empeorar la situación). El enorme aumento de eficiencia técnica de los últimos 40 años ha coincidido con la “gran aceleración” de destrucción del clima, la biodiversidad, el suelo fértil y el agua. Hace 40 años, en Europa occidental con un nivel de vida bastante aceptable, el nivel de destrucción ambiental y climática era menos de la mitad que ahora con mucho menos tecnologías y, incluso, menos leyes ambientales.

 

 

Cada vez nos hace falta gastar más energía para extraer la misma cantidad de minerales/combustibles de peor calidad

 

 

Hemos quemado las reservas de carbón y petróleo de la más alta calidad, y ahora estamos excavando en el sucio petróleo de esquisto y las arenas bituminosas de baja calidad con un enorme impacto ambiental, productos que se importaran a la UE. Cuando los europeos llegaron por primera vez a Norteamérica, podían recoger pepitas de cobre del tamaño de sandías de los lechos de los arroyos. Ahora, para abastecer a la electrónica moderna y la electrificación , tenemos que excavar pozos gigantescos - 4 km de ancho, 1 km de profundidad - para raspar el mineral de baja ley que contiene 0.2% de cobre. Los límites no significan necesariamente que nos "quedemos sin" un recurso, sino que la calidad disminuye a medida que aumentan los costes y el impacto ecológico. Cada vez hace falta más energía, recursos y emisiones para sacar la misma cantidad de petroleo, gas, minerales y otros materiales(incluso los minerales imprescindibles para la “transición energética”)7

¿Qué dicen los científicos?

11.258 investigadores científicos de 153 países proponen seis grupos de medidas para cambiar el sombrío panorama que enfrenta el planeta.

 

Resumen: Lo más urgente es reducir las cosas malas, más que hacer las cosas buenas. Hacer lo bueno hoy en día no sustituye sino SUMA a lo malo. Mientras crecen los volumenes totales los esfuerzos en tecnologías verdes, renovables, coches eléctricos, productos ecológicos, reciclaje,.. sirven para bien poco frente a los problemas climáticos globales que crecen en una economía global sin límites ni frenos. Los límites biofísicos impondrán un parón económico con efectos catastróficos si no frenamos el crecimiento y creamos unas estructuras sociales más justas y verdes.

 

Energía

Implementar masivamente prácticas de conservación: Es mucho más importante reducir la demanda energética que fomentar las renovables.
Reemplazar los combustibles fósiles con energías renovables limpias
Dejar las reservas restantes de combustibles fósiles bajo tierra.
Eliminar los subsidios a las compañías de combustibles fósiles (55 mil millones cada año).
Imponer tarifas/impuestos de carbono suficientemente altos como para restringir el uso de combustibles fósiles. “

(Pero lo que pasa ahora: más extracción, consumo y emisiones de los combustibles fósiles que nunca. 2018 ha sido un récord de emisiones de CO2 y extracciones de recursos de todo tipo.)

Contaminantes de corta duración
Reducir las emisiones de metano(del gas natural), hidrofluorocarbonos, hollín y otros contaminantes climáticos de corta duración. Esto tiene como objetivo reducir la tendencia al calentamiento a corto plazo en más del 50% en las próximas décadas.

Naturaleza
Restringir la roturación masiva de tierras. (Se aumenta.)
Restaurar y proteger ecosistemas como bosques, praderas y manglares, lo que contribuiría a la disminución del dióxido de carbono atmosférico, gas clave del efecto invernadero

Comida
Comer principalmente plantas y consumir menos productos animales (se aumenta), lo que reduciría significativamente las emisiones de metano y otros gases de efecto invernadero, liberando tierras agrícolas para el cultivo de alimentos humanos en lugar de alimentos para el ganado. (Se aumenta masivamente el cultivo de soja, sobretodo en las amazonas)
La reducción del desperdicio de alimentos también es crítica: según los investigadores, al menos un tercio de todos los alimentos producidos terminan como basura

Economía
Reducir la extracción de materiales y la explotación de los ecosistemas (imposible incluso con crecimiento verde) para mantener la sostenibilidad de la biósfera a largo plazo, así como eliminar la dependencia de la economía en los combustibles de carbono y alejar los objetivos del crecimiento del producto interno bruto y la búsqueda de la riqueza. (el contrario de lo que piden la UE, la ONU, la OCDE y todos los partidos españoles de izquierda y derecha).

Población
Estabilizar la población mundial, que aumenta en más de 200 mil personas diarias, utilizando enfoques que garanticen la justicia social y económica.


 


 

Los mitos de la “Des-carbonización” y “100% renovables”: la energía no es electricidad

Hoy la energía solar y eólica solo representa entre el 2% y 3% de la energía total que consumimos. Más del 80% de la energía se produce con los combustibles fósiles. La casi totalidad de la energía que produce las renovables es electricidad. La electricidad representa menos del 20% de la energía que consumimos. La más del 80% de la energía que no es electricidad no es fácilmente reemplazada por las energías renovables y para expandir la electrificación de las renovables hay que construir enormes infraestructuras, plantas y conexiones. Además, las renovables tienen serios problemas de almacenamiento, intermitencia y materias primas. Hay sectores enteros donde la llamada “des-carbonización” ni siquiera está en el horizonte tecnológico y económico como la aviación, la siderurgia, la cerámica, la industria automovilística, la minería, los grandes camiones, los grandes buques de contenedores, los cruceros y la calefacción, entre muchos otros. Es un engaño sin fundamento empírico decir que vamos a “des-carbonizar” a la sociedad o tener un sistema energético “100% renovable” en unas décadas sin reducir radicalmente (a menos de la mitad) nuestro consumo de energía y de materiales en general.

80% de la energía mundial procede de los combustibles fósiles, 10% de biocombustibles, 5% de las nucleares y 5% de las fuentes renovables (hidroeléctrica, eólica, solar, geotérmica). Solo el 18% de la energía es en forma de electricidad. La mayoría del otro 82% se utiliza par el transporte, la calefacción y la industria.

 

La ciudadania va por delante de las instituciones y los políticos: ¡la gente está más concienciada que los políticos!

 

Resulta errónea o malintencionada la idea de que el cambio climático no es percibido por las sociedades como un problema preocupante, urgente y prioritario. Este supuesto de partida, que un legitimador de la falta de acción política climática , contradice los conocimientos sociales acumulados desde hace más de tres décadas por el pensamiento científico-social más solvente, como es el proveniente del cuerpo de conocimientos académicos e investigadores de la sociología ecológica. Todos los sondeos recientes atestiguan que la ciudadanía quiere medidas urgentes y valientes frente a la crisis climática.

Quien no las quiere son las élites económicas y políticas.

 

Resulta evidente que muchos líderes políticos y otras élites quieren buscar coartadas pseudo-científicas mediante la supuesta “indiferencia o escasa concienciación” ambiental presente en las opiniones y mentalidades ciudadanas, para poder justificar la continuidad de las actuales políticas autonómicas de gobierno, orientadas como están por las prioridades del crecimiento económico-material y la competitividad comercial de las élites económicas. Contrariamente a este activo negacionismo práctico institucional, los daños climáticos y ecológicos desde hace décadas son entendidos por la gente como graves o muy graves y son asunto de preocupación social, tal y como confirman numerosos estudios científicos-sociales de opinión realizados desde diferentes perspectivas metodológicas.

 

Estas amplias adhesiones a los valores ambientales que se han venido a denominar consenso ambiental, abren la posibilidad de acciones y políticas públicas más contundentes que avancen en soluciones eficaces en la protección, conservación y restauración ecológicas. Se trata por tanto de creencias y valores muy difundidos a favor de acciones decididas frente a los desastres climáticos y ecológicos cada vez más presentes y percibidos, que incluso se ponen por delante de las metas declaradas a favor del crecimiento económico.

 

Culpar a la ciudadanía por su supuesto “rechazo” a posibles políticas ecológicas más ambiciosas,realistas y responsables debido a que no está suficientemente preocupada ni concienciada, resulta infundado, deshonesto y manipulador. La gran debilidad de los comportamientos sociales responsables frente los dramas ecológicos y climáticos no responde exclusivamente a los factores culturales de falta de sensibilización, también es efecto de las imposibilidades que encuentra la ciudadanía para poder llevar a la práctica las opciones pro-ecológicas alternativas. Este bloqueo ejercido por parte de las instituciones y políticas públicas de todo tipo a menudo imposibilita estas prácticas. Las explicaciones incongruentes que cargan sobre la gente la responsabilidad de los escasos cambios en valores y comportamientos, se utilizan como argumento legitimador de la fuerte orientación culturalista, pedagogizante, concienciadora, individualista y voluntarista de la vigente estrategia climática. Pero conviene no olvidar que un factor determinante de la pasividad en los frágiles comportamientos pro-ambientales de la ciudadanía, individuales y colectivos, está en las propias instituciones públicas y sus políticas, que impiden, dificultan o castigan los cambios de actitud a favor de responsabilidad ecológica y climática. La ciudadania se encuentra rehén de unas únicas respuestas individualistas, consumistas y anti-clima porque no las instituciones públicas no emprenden los grandes cambios estructurales en la economía y la cultural a favor de soluciones colectivas, públicas y cooperativas a los retos climáticos y ecológicos en el transporte, la alimentación, la vivienda, el comercio y el urbanismo. La urgente transición de la riqueza individual consumista a la riqueza compartida, cooperativa y comunitaria ni siquiera ha comenzado. La única respuesta racional frente al colapso es substituir la obsesiva busqueda de riqueza individual por el lujo colectivo.

 

 

 

NO ES SOLO UNA CUESTIÓN DE LAS EMISIONES: NO NOS SALVAMOS CON “EMISIONES CERO”

 

Según la Agencia Ambiental Europea la Unión Europea no ha alcanzado 29 de sus 35 sus objetivos ambientales para 2020 en campos de aire, suelo, sustancias químicas, biodiversidad, agua y muchos más. 8 Esto es principalmente por priorizar los intereses comerciales de la globalización y el consumo en sus políticas y no castigar estrictamente los masivas incumplimientos de la legislación europea.9

 

Cuando hablamos de la emergencia climática no hablamos solo de emisiones de CO2. Incluso no es el más importante. Son los recursos naturales que soportan la vida y la economía: las biodiversidad, los insectos, la fertilidad del suelo, la pureza y cantidad de agua, la riqueza diversa de los bosques, los ríos y el mar. Sin el suporte de ecosistemas naturales nuestras sociedades no pueden funcionar. Y según las mejores informaciones científicas la mayoría de estos sistemas naturales vitales se están en proceso de fuerte deterioro o hay una fuerte translimitación de su capacidad de carga(la capacidad de mantenerse, reproducirse y rellenarse sin grandes deterioros).

 

Incluso si tuviéramos una energía ilimitada limpia y barata no estaríamos a salvo de la crisis ecológica. Seguiríamos en situación de colapso de la gran mayoría de los sistemas de soporte ecológico imprescindibles para el mantenimiento de nuestras sociedades.

 

 

Los gráficos representan “La gran aceleración del Antropoceno” de los últimos 50 años

 

Esto está sucediendo debido al crecimiento del extraccionismo global empujado por el crecimiento. Paradojicamente, el aumento de las energías renovables y la electrificación de la economía aumentará las emisiones de combustibles fósiles por la necesidad de más minería de recursos cada vez más escasos, la necesidad de energía de respaldo, la construcción de redes eléctricas, el almacenamiento de energía y la producción masiva de baterías. Además, habrá que dedicar muchos recursos energéticos para responder y adaptarse a los inevitables impactos del cambio climático. Hay que recordar que mucha maquinaría pesada y industrias no pueden funcionar con renovables y probablemente no lo harán en los próximos 20 años.

 

NO HAY DESACOPLAMIENTO: CADA VEZ CONSUMIMOS MÁS Y CON MÁS EFICIENCIA CONSUMIMOS AÚN MÁS.

 

Un desacoplamiento del aumento del PIB del uso de los recursos globales no ha ocurrido y no ocurrirá. Si bien 50.000 millones de toneladas de recursos (la economía extractiva) utilizados al año es aproximadamente el límite que pueden tolerar los sistemas de la Tierra, el mundo ya consume 70.000 millones de toneladas. A las tasas actuales de crecimiento económico, esto aumentará a 180 mil millones de toneladas para 2050 . La máxima eficiencia de los recursos, junto con los impuestos masivos al carbono (la fiscalidad ecológica), reducirían esto en el mejor de los casos a 95 mil millones de toneladas : aún más allá de los límites ambientales. Casi el doble. El crecimiento verde es físicamente imposible. Cada 1% del incremento del PIB mundial significa alrededor de 0.3% más emisiones según el FMI.

 

Los Aviones, Cruceros y Buques de Contenedores invisibles que no cuentan ni pagan

 

Los miles de vuelos de turistas que vienen a España no están contabilizados en las emisiones de CO2 nacionales. La aviación comercial cuya contaminación se dispara no paga impuestos sobre su keroseno y incluso la aerolinea más grande, Ryanair, recibe ayudas estatales y ventajas laborales. Los enormes buques de contenedores  emiten más CO2 que centenares de miles de coches humeantes(sin contar las emisiones acumuladas en los productos que llevan) y utilizan un “bunker fuel” que es muchas veces más contaminante que el diesel. Sus emisiones tampoco se cuentan en los números oficiales de España y la presión fiscal y control ambiental sobre estos buques es irrisorio. Los cruceros son otro ejemplo de dumping ambiental de lujo que trae muchos más prejuicios que beneficios a las comunidades portuarias. ¿Hablamos de ampliaciones portuarias y aeroportuarias en València? ¿Hablamos de los impactos ecosociales de la turistificación de nuestras ciudades, como este mismo centro histórico?

 

 

 

 

LAS CIFRAS DE EMISIONES NACIONALES SON ROTUNDAMENTE FALSAS EN EUROPA

 

En el informe de la ONU de este año Panorama de Los Recursos Globales se revela que el 90% de la pérdida de diversidad biológica y del estrés hídrico se debe a la extracción y la transformación de los recursos naturales. Dichas actividades producen aproximadamente la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo pero no están incluidos en nuestros cómputos nacionales de emisiones ni en nuestras políticas ambientales que solo se fijan en nuestros propios patios traseros y ignoran el impacto de nuestro consumo globalmente. , en la cantidad de materiales que deben movilizarse cambio climático, la eliminación del dióxido de carbono y la formulación de políticas de protección de la biodiversidad. Las conclusiones científicas del Panel Internacional de Recursos y de otras evaluaciones realizadas en el plano mundial que se presentarán en la Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente de 2019 La huella material per cápita en los países de ingresos altos es un 60% más elevada que en los países de ingresos medianos y 13 veces mayor que en los países de bajos ingresos. El crecimiento económico se consigue a expensas de nuestro planeta y es sencillamente insostenible. Los cálculos nacionales omiten por lo menos 19% de las emisiones de CO2 y las grandes ciudades más del 60% según el grupo de científicos el Global Carbon Project. 10

 

Alrededor de un cuarto de las emisiones de CO2 vienen del comercio internacional. Una contabilidad honesta y creíble de CO2 basada en el consumo de CO2 del ciclo de vida de los productos y materiales seria mucho más justa socialmente y más eficaz para calibrar el volumen de extracción que hace falta reducir.

Externalización: la UE no es líder en la lucha contra el cambio climático

Una naranja sudafricana importada y nuestro teléfono móvil no tienen emisiones de CO2; Una naranja y un móvil hecho aquí sí. Cuanto más des-localizamos y cuanto más globalizamos la producción y el consumo, menos contaminamos en los cómputos oficiales pero más contaminamos en realidad. Una prenda de ropa producida en Paquistan no contamina nuestros ríos. La soja de Brasil que alimenta a nuestras vacas para nuestras hamburguesas no diezman nuestros bosques, destruyendo unos enorme sumideros de CO2.

 

La gran mayoría de esta huella material, el impacto sobre bosques, agua, animales, insectos, mares y suelos no se reflejan, no se computan en la contabilidad climática y ambiental de los países de la UE. Estamos ante una masiva “fuga de CO2” o “CO2 a la sombra”, una colosal externalización de la pérdida del sustento de la vida y del colapso del clima, sobre el cual se basa nuestra sociedad de consumo. El acceso de los europeos de productos de consumo baratos, materiales mineros de todo tipo como para las baterías nuestros moviles o coches eléctricos o los piensos de soja para nuestras hamburguesas, tiene un coste impagable.

 

Si la UE aumenta su ambición de reducción de emisiones sin unos cálculos honestos, avanzaremos poco en reducir las emisiones a nivel global y precisamente es la concentración global de CO2 en la atmósfera que importa para el futuro del planeta.

 

 

 

El solucionismo tecnológico no es la solución: la paradoja de Jevons

 

No mejoramos el mundo con hacer un poco más limpia cada unidad de producción o consumo. ¡Son los volúmenes totales que importan! La economia siempre ha mejorado la eficiencia de producción por cada producto fabricado pero esto no es eficiencia ecológica. Esta misma eficiencia facilita y fomenta aún más cantidad de extracción, producción y consumo. Es decir: la eficiencia sin suficiencia no sirve de nada contra el cambio climático/ecológico. Incluso empeora las cosas al abaratar los costes de cada unidad, aumentar las ventas y, lo más importante, disparar la extracción de materiales biológicos e minerales de cualquier punto del planeta. 11

 

El crecimiento verde”, “El desarrollo sostenible”, “El crecimiento sostenible” son las estrategías de las grandes instituciones como la UE, la ONU y los grandes estados como España. Han fracasado y continuarán fracasando porque vulneran las leyes de la física y de las matemáticas. La estrategia de compatibilidad entre el aumento del volúmen físico de la economía y la sostenibilidad ambiental, ha fracasado estrepitosamente y ha servido de cobertura ideológica y para tranquilizar a población, durante la “Gran acceleración” de destrucción ambiental y explosión de emisioens de los últimos 40 años que ha coincidido con la expansión de la económía global, o la globalización económica neoliberal. El llamado “libre comercio” ha sido devastador para los ecosistemas del planeta y la mayoría política de la UE propone más de los mismo con grandes acuerdos comerciales que aumentan el extractivismo como el acuerdo UE-Mercosur.

 

 

 

 

La falsa eficiencia energética de la agricultura industrial intensiva

 

La agricultura industrial ha provocado una enorme pérdida de tierra fértil, la destrucción de bosques y la muerte de la biodiversidad como los insectos necesarios para la polinización. Además, no es nada eficiente. Produce 10 veces más rendimiento que hace 100 años pero necesita 90 veces más insumos y otros inputs – fertilizantes, pesticidas, electricidad para el regadío, maquinaria, refrigeración, embalajes y transporte. La ganadería industrial es el sector menos eficiente a nivel energético, más destructiva de la natureleza y más cruel con los animales no humanos.

 

En otras palabras, necesitamos mucho más energía fósil ahora por cada unidad de de alimento que producimos y vendemos. Y actualmente el tecno-optimismo del agribusiness promete más de lo mismo mediante nuevos productos tecnológicos y más agrotoxicos. Siempre propone otra vuelta de la misma tuerca para tratar a resolver a los problemas creados con su ciencia reduccionista, que trágicamente ha ignorado el complejo equilibrio de los mundos de vida del suelo, de las plantas y los insectos.

 

El final de la tubería”:

tratar de limpiar después del desastre

 

El tecno-optimismo dominante siempre nos dice que podemos arreglar los desastre después. Reciclaje frente a la explosión de residuos, limpiar el mar de plásticos con grandes redes, enterrar el CO2 en minas subterráneas, una nueva semilla transgénica que es resistente a las herbicidas, un filtro para el aire contaminado en casa, construir muchas nucleares para reducir el C02, clonar animales en peligro de extinción,…..

 

Misteriosamente, lo que no suele estar en la agenda política es tratar los problemas de raíz: reducir radicalmente la generación de residuos y el consumo de energía, prohibir el plástico en los procesos industriales y comerciales, imponer una alta presión fiscal a los embalajes, prohibir los agrotoxicos, ...

La falsa “economía circular” que promete crecimiento sin destrucción ni desperdicio

 

Basada en ideas pseudo-científicas que la Unión Europea pretende conseguir un “crecimiento económico sostenible” con más coches, más aviones, más compras, y más de todo.

 

Una “economía circular”, que aspira a reciclar solo el 10% de los materiales, ni es circular ni incluye la gran mayoría de materiales y energía utilizados en la economía ni tiene en cuenta las leyes físicas de la termodinámica. No se puede reciclar ni reutilizar la gran mayoría de lo que está dentro o lo que está acumulado en nuestros productos de consumo. No se puede dar la vuelta a la ley de la entropia. Lo que se mata no vuelve a la vida. La madera que se quema no vuelve a ser árbol. La flecha del tiempo y la vida solo van en una dirección.

 

La economía circular” – la nueva palabra mágica del vocabulario del “desarrollo sostenible” promete la continuación del crecimiento económico sin destrucción ni desperdicio. Pero este concepto solo afecta a una pequeña parte de los recursos que utilizamos.

Muchos objetos son demasiados complejos para reciclar o re-utilizar. Por ejempolo el Teléfono movil, solo el 30% de los elementos se pueden reciclar. Las luces LEDs lo mismo y así la mayoría de los aparatos eléctricos: los microchips, las baterías, los materiales sintéticos, y un sinfín de materiales donde es imposible “cerrar el círculo” como promete la economía circular. Los recursos energéticos fósiles o biomasa o biogas no se reciclan ya que se queman.

El Foro Económico Mundial estima que la suma global generada en 2018 alcanzó los 48,5 millones de toneladas de residuos electrónicos, cantidad que valora en unos 55.000 millones de euros. ¿Lo más desmoralizador del asunto? Solo el 20% se recicló debidamente. Es decir, casi 40 millones de toneladas terminaron en vertederos como el de Agbogbloshie, Ghana, donde el tratamiento irresponsable de la basura tecnológica provoca daños irreparables en la salud de las personas y en el medio ambiente.


 

Incluso los TetraBriks: En esta categoría de imposible reciclaje eficaz entraría un tetrabrik. Estos envases son complicados de reciclar porque están formados por distintas capas de cartón, plástico y aluminio. Teóricamente, se suele considerar que estos envases se reciclan en un 75%, la parte correspondiente al cartón. Sin embargo, con la metodología de Dríade SM el porcentaje estimado resulta bastante más bajo. Parte de las fibras de papel de un tetrabrik se quedan con el aluminio y además las fibras se acortan en el proceso de reciclado, toda esa pérdida de material la cuantificamos, por eso sale muy bajo.


 

Además, el reciclaje no tiene en cuenta la enorme acumulación de recursos y energía invertida todo el proceso de un producto desde la extracción, la producción y venta. Ignora el proceso que empieza en una mina, un bosque, un campo o del fondo del un pozo o el mar. Cuanto más complejo es un producto o componente, más intensivo es en materiales y energía. Cuanto más complejo, menos posible es su reciclaje y reutlización. Y más difícil y/o costoso energéticamente y económicamente es su tratamiento como residuo.


 

El volumen de materiales que consumimos y la pequeña parte que se puede reciclar


 

El consumo de recursos mundiales era 7 gigatoneladas en el 1900, 62 Gt en 2005 y 78 Gt en el 2010 y sigue creciendo el 3% cada año, el doble que el crecimiento de la población. Incluso si pudiéramos reciclar el 100% de los materiales de forma eficiente (algo totalmente imposible), la cantidad de materiales necesitados para el crecimiento seria siempre mucho mayor por la diferencia entre la oferta y la demanda.

De los 62 Gt utilizados globalmente en el 2005 (más de 30% más en el 2019) después de restar los combustibles energéticos quemados y residuos mineros, los 30 Gt restantes se utilizaron para hacer productos materiales. De estos productos, 4 Gt de materiales se utilizaron para producir productos de consumo cuyo uso que que duran menos que un año. Un tercio de todos recursos materiales ni son reciclados ni vertidos ni incinerados: están acumulados en edificios, infraestructuras y productos de consumo. Solo 9 Gt de 62 Gt se convierten en residuos que van a vertederos, a la incineración o el reciclaje. La economía circular enfoca su atención exclusivamente en este 16% de los materiales. Y, por ejemplo, metales reciclados (que son altamente reciclables) solo pueden satisfacer un máximo de 36% de la demanda de una economía extractiva expansiva como la actual.

Como el 71% de los recursos nunca pueden ser ni reciclados ni reutilizados (44% de los cuales son recursos energéticos) solo puedes mejorar la situación ambiental con una reducción sustancial del consumo de todo tipo de recursos.

 

 

 

 

 

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4 décembre 2019 3 04 /12 /décembre /2019 21:28
La Generalitat Valenciana no toma en serio la emergencia climática

Resumen de la enmienda a la totalidad a la

"Estrategia Valenciana del Cambio Climático y Energia 2020-30"

 

"La Estrategia Valenciana del Cambio Climático y Energía 2020-30" no toma la emergencia climática en serio. No propone acciones ambiciosas urgentes y fracasará en reducir sustancialmente los peligros y daños existentes en nuestra economía y en nuestro consumo. Es un plan conformista y continuista con planes ineficaces anteriores que no ayudará a la sociedad valenciana para enfrentarse con más garantías y seguridad frente a los embates climáticos y ecológicos. Apuesta todo mediante voluntarias medidas tecnológicas de eficiencia mientras hay una casi total ausencia de políticas de restricción, moderación y límites por medio de leyes, impuestos y planes territoriales.

 

El enorme reto de una rápida transición energética valenciana hacia fuentes renovables de energía con una radical reducción de emisiones de CO2 se hace prácticamente imposible porque la estrategia climática valenciana proyecta una aumento de la demanda eléctrica de 25% en el 2030 y un aumento del consumo de energía final de 12%. Con esta resignación política ante la escalada de consumos energéticos, la substitución de los combustibles fósiles por las energías renovables se hace inviable y lo más probable es que las fuentes renovables simplemente se añadan a las fuentes contaminantes existentes en lugar de reemplazarlas. Solo serán una suma a lo que hay y un aumento global de la escala material. Además, en total contradicción con el objetivo de reducir las emisiones de CO2 y metano, la estrategia valenciana planea potenciar la quema de gas en las centrales de ciclo combinado.

 

La Estrategia Valenciana no establece planes concretos ni objetivos claros para reducir las actividades más nocivas para el clima y los ecosistemas. Ignora la necesidad de reducir el consumo de recursos. No hay metas ni políticas concretas para reducir el transporte por carretera de coches y camiones ni reducir la producción y consumo de cemento ni el uso de plaguicidas ni la producción/consumo de carne, entre otras actividades intensivas en el extractivismo de materiales primarios y en impactos climáticos. Se resigna y no propone nada ante la explosión de la actividad turística que es una gran derrochadora de recursos de todo tipo y una gran productora de residuos. También acepta sin rechistar la ampliación de infraestructuras que empeoran la crisis climática como son los puertos, las carreteras y los aeropuertos. Ante la sobreexplotación de los menguantes caudales de los rios y el cheque en blanco dado para la muy destructiva extracción minera de áridos de los montes públicos la Generalitat no tiene nada que decir. Más allá de las competencias autonómicas la estrategia climática no plantea medida alguna ante la creciente contaminación y emisiones de la aviación, de cruceros y de buques de contenedores. Tampoco considera el consumo energético y el impacto ecológico cada vez más grande de los aparatos digitales y su actividad. No establece criterios para limitar los regadíos y conservar los escasos recursos y ecosistemas hídricos. No plantean la ampliación de los espacios naturales con más protección legal ni ninguna otra medida concreta para proteger una biodiversidad en peligro. Ni siquiera considera alguna medida de urgencia para salvar a grandes zona húmedas como la Albufera.

 

En suma, estamos ante un plan que en el contexto de prioridades puestas en el crecimiento económico, deposita toda su confianza casi exclusivamente en el empuje a las energías renovables y en los avances tecnológicos en eficiencia, que no minimizarán sustancialmente los volúmenes totales de emisiones de gases efecto invernadero y otros daños ambientales. En general la Generalitat Valenciana dimite de su responsabilidad de establecer con urgencia regulaciones legales, más allá de los códigos de buenas prácticas voluntarias a las empresas, la formación profesional y la "auto-regulación".

 

En contraste con las actuaciones y medidas propuestas en la estrategia climática valenciana, lo que son urgentes son nuevas normativas legales, límites regulatorios y fiscalidades restrictivas para reducir los volúmenes totales de los consumos, residuos y emisiones que ultrapasan la capacidad de carga del territorio valenciano y del planeta. 

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29 novembre 2019 5 29 /11 /novembre /2019 08:56
ENMIENDA A LA TOTALIDAD A LA ESTRATEGIA VALENCIANA DEL CAMBIO CLIMÁTICO (SEGUNDA PARTE)

8.  Inflación de estudios para el diagnóstico

No resulta nada comprensible el papel estelar que la estrategia climática valenciana otorga a incentivar la investigación para el diagnóstico de los problemas socioambientales ligados a las alteraciones climáticas, cuando a la vez se desatienden las recomendaciones y alarmas que desde hace cinco décadas se vienen dando desde el campo científico investigador más competente.

Un ejemplo reciente es la carta de advertencia a la humanidad de más de 11 mil científicos solicitando seis medidas imprescindibles para favorecer la adaptación de las sociedades humanas ante la emergencia climática. Los científicos firmantes señalan que tienen la obligación moral de advertir claramente a la humanidad de cualquier amenaza catastrófica y 'decirlo como es'. Estos signatarios científicos de todo el mundo afirman claramente e inequívocamente que el planeta Tierra se enfrenta a una emergencia climática. La crisis climática ha llegado y se está acelerando más rápido de lo que la mayoría de los científicos esperaban", advierten. Es más severa de lo previsto, amenaza los ecosistemas naturales y el destino de la humanidad. Especialmente preocupante, son los puntos de inflexión climáticos irreversibles potenciales y los refuerzos de la naturaleza que podrían conducir a una catastrófica ‘Tierra de invernadero’, más allá del control de los humanos. Estas reacciones en cadena climática podrían causar interrupciones significativas en los ecosistemas, la sociedad y las economías, lo que podría hacer que grandes áreas de la Tierra sean inhabitables. También los autores enfatizan seis objetivos de cambio y expresan su esperanza de que estas “señales vitales” orienten a los gobiernos, el sector privado y el público en general a “comprender la magnitud de esta crisis, vigilar los progresos que se logren y reacomodar las prioridades para paliar el cambio climático”. Afirman que estas metas “requerirán transformaciones enormes en la forma en que funciona nuestra sociedad global y su interacción con los ecosistemas naturales”.

Tampoco resulta creíble este gran protagonismo de los estudios e informes científicos cuando estos se emplean a su vez como condición y antesala del minúsculo o nulo papel que se dan a actuaciones decididas con compromisos y metas concretas ambiciosas para el freno y la fuerte regulación pública sobre la economía y actividades más sucias y climáticamente nocivas. Carece de toda coherencia y racionalidad acompañar la apuesta por los estudios con la paralela renuncia a actuaciones imperiosas, que de darse, en sí mismas se constituirían en una fuerza educativa socializadora y sensibilizadora de primer orden. En las anteriores dos estrategias climáticas rotundamente fracasadas (periodos 2008-2012 y 2013-2020), ya estaban presentes las actuaciones centradas en la sensibilización y educación ambiental voluntaria junto al supuesto erróneo de la “falta de concienciación social” usado para justificar la gran parálisis y timidez de las políticas climáticas actuales.

Esta inflacionaria apuesta por la investigación y los estudios suplanta las políticas posibles de regulación firme, des-inversión, prohibición y limitación de las actividades y economía climáticamente más lesivas. Las metas culturalistas de tinte liberal individualizante puestas en la “educación ambiental” no cuestionan ni ponen obstáculos destacables a las actuales políticas económicas neoliberales y a sus tendencias exterministas sobre recursos naturales básicos para la supervivencia y bienestar. También resultan radicalmente ineficaces en relación a las finalidades que dicen perseguir de cambios en valores y hábitos de consumo de la sociedad valenciana, si se tiene en cuenta que las dinámicas complejas del mundo de las creencias y valores no se dejan dirigir de forma determinista como si fueran una máquina. En lo fundamental los cambios culturales y de mentalidades son muy lentos, no se dejan determinar y suelen estar radicalmente desajustados en sus ritmos y temporalidades con las necesidades y novedades que operan en los contextos sociales, materiales o ecológicos.

En suma, este desequilibrio de la estrategia climática entre nuevos estudios y actuaciones previstas, no pone frenos de emergencia a las actividades climáticamente más dañinas y con ello hace imposible el cumplimiento de los objetivos climáticos de “adaptación” y “mitigación” tan pregonados en la propia estrategia valenciana. La explicación oculta de este disparatado irracionalismo es que se acopla sin grandes tensiones con la continuidad y el alargamiento de los plazos de las políticas del crecimiento de la economía material más cancerosa con el clima, los metabolismos del sistema Tierra y los sistemas naturales del territorio valenciano.

 

9. Jardineros de “buenas prácticas” junto a corrosivas actividades anticlimáticas


La estrategia valenciana se presta mucho al engaño al confundir “la lucha contra el cambio climático” con la presentación de una larga lista de medidas liberales de fomento y subvención de “buenas prácticas” voluntarias, como por ejemplo son las ayudas y financiación a nuevos sectores económicos considerados “limpios” y a estudios técnico-científicos para la descripción y diagnóstico de realidades y problemas.

 


No es lo mismo promocionar las buenas prácticas de las energías renovables EERR que el reducir el consumo global de combustibles fósiles y su huella ecológica. Tampoco es lo mismo el fomento de la agricultura ecológica que el reducir la agricultura tóxica-intensiva convencional mayoritaria. Ni es lo mismo el favorecer la compra y el uso de coches eléctricos que el reducir la cantidad de vehículos movidos por combustibles fósiles, la contaminación del aire y el CO2 del transporte.


Una regla de oro que ha de ser prioridad de cualquier política climática que merezca tal nombre y quiera ser relativamente eficaz, es reducir las actividades ambientalmente destructivas. No es suficiente el hacer algunas buenas cosas si las malas siguen creciendo. No se trata de solo sumar algunas cosas buenas en “verde”. Las políticas de “buenas prácticas” voluntaristas han de acompañarse del abandono de las actividades y cosas ecológicamente más dañinas. De lo contrario las acciones de “buenas prácticas” en positivo en realidad son anuladas y contrarestadas por la continuidad y el crecimiento de las políticas y actividades ambientalmente sucias y ecocidas.


En cambio la estrategia climática valenciana da a entender falsamente que con más eficiencia tecnológica, con más educación ambiental y “buenas prácticas” y con el fomento de las energías renovables, se podrá hacer frente a la emergencia climática. Se silencian entonces los aspectos centrales del problema: que las medidas “verdes” del “solucionismo tecnológico” vienen fracasando rotundamente a lo largo de los últimos 50 años. Décadas de innovaciones en eficiencia no han frenado de aumento global de las emisiones tóxicas a la atmósfera GEI, la pérdida de biodiversidad y la extracción de materiales del subsuelo terrestre. La tecno-eficiencia por sí sola no bajará las emisiones contaminantes a la atmósfera, no puede frenar la creciente destrucción ambiental y climática que está minando la estabilidad de los delicados procesos biofísicos y con ello las condiciones físicas de habitabilidad, supervivencia, bienestar y prosperidad de las sociedades humanas y la biodiversidad multiespecie.

 

10. Inexistente regulación institucional vinculante y externalización de los daños medioambientales


En el dramático contexto ecológico planetario en el que nos encontramos, además de los ajustes tecnológicos de la eficiencia se hacen necesarias las fuertes medidas de regulación institucional a favor de la reducción de la escala material de la economía y su huella ambiental. Esto exige un decrecimiento significativo de los volúmenes totales del consumo de recursos ambientales, de la producción de bienes materiales superfluos y de la generación de residuos a lo largo de todo el ciclo de vida de los productos.


La estrategia valenciana parece humor negro al ignorar olímpicamente la base material, biofísica y ecológica del problema climático: el continuado crecimiento material de la economía valenciana. No establece limitaciones al crecimiento de dicha economía en ningún campo ni sector de actividad. Renuncia a actuar sobre las fuentes económicas del problema climático en el presente desplazando las actuaciones de raíz a un futuro incierto e indeterminado. No integra el temible desajuste de temporalidades entre las actuaciones previstas y los ritmos acelerados, indeterminados e irreversibles de las alteraciones climáticas y ecológicas.


En este sentido, la carencia de limitaciones y frenos a la economía climáticamente más tóxica pervierte los objetivos de adaptación y mitigación que establece la estrategia climática 2020-2030, y en contradicción con los mismos se pone al servicio de impulsar más la destrucción socioecológica y el sobrecalentamiento climático.

 


Según los cómputos científicos más solventes la reducción de las emisiones de CO2 ha de tener una bajada drástica en paralelo a una radical subida de las energías renovables EERR. Pero en cambio la Generalitat Valenciana solo prevé la mitad de reducciones de las emisiones de CO2 que demanda la comunidad científica, a lo que se suma el aumento del consumo previsto. Es decir, a no ser que sean fruto del arte de la prestidigitación, las energías renovables están muy lejos de poder responder a más crecimiento de la demanda.


En resumen, si lo que ha de importar es una reducción voluminosa de la contribución de la Comunidad Valenciana a las destrucciones climáticas y ecológicas, esto no está previsto ni de lejos en la letra de la estrategia climática valenciana, sino todo lo contrario. Excluye en su contabilidad y en sus metas declaradas una gran parte de las emisiones de gases GEI a la atmósfera, muchos de los impactos ecológicos y emisiones son sistemáticamente externalizados y negados. No reciben registro ni contabilidad las muchas emisiones implicadas en los procesos extractivos de recursos y en los impactos de la economía globalizada del comercio valenciano, que operan en otros territorios y países mediante deslocalizaciones de empresas e importaciones masivas de productos mercantiles.

 

11. Contabilidades irreales y cálculos engañosos que subestiman los daños climáticos y ecológicos


El cálculo de las emisiones valencianas de CO2 es muy engañoso y sesgado por excluir todo el CO2 acumulado en los productos de consumo, en la producción de la deslocalización territorial de las empresas y en los procesos materiales a la sombra que están implicados en las importaciones de la Comunidad Valenciana. La estrategia climática valenciana se desentiende de muchos impactos climáticos de las prioridades del crecimiento continuado de la economía material valenciana y del PIB. La estrategia tampoco tiene en cuenta la espiral de los negativos impactos climáticos del turismo. No considera en sus cómputos los vuelos internacionales ni las muchas afecciones del comercio internacional. Se excluyen también las emisiones atmosféricas y otros impactos ecocidas de los buques y el transporte interoceánico que desplaza contenedores y abundantes materiales.

 


El engaño premeditado del maquillado contable es la pauta de la estrategia climática valenciana 2020-2030. Se da una enorme contradicción e imposibilidad en relación a los indicadores empleados y al registro cuantitativo de las emisiones de CO2 a la atmósfera: cuanto más se globaliza y se deslocaliza la producción masiva de artículos de consumo baratos y la extracción de materiales, incomprensiblemente resulta que “menos” CO2 se emite, según se desprende de las estadísticas y los datos que maneja el texto de la estrategia climática. Es decir, como por arte de magia la Comunidad Valenciana aparece entonces convertida en una “tierra limpia de bajas emisiones de CO2”, cuando ocurre que la realidad de las emisiones valencianas es diametralmente la contraria.

 


El grupo científico “Global Carbon Watch” recuerda que los países europeos subestiman sistemáticamente los cómputos de sus emisiones a la atmósfera entre el 19% y el 60% de sus emisiones reales de CO2 . No computan la externalización de sus emisiones hacia los países del Sur Global. Esta “fuga de CO2” o de “CO2 a las sombra” da una idea engañosa de expansión económica “sostenible” y de “desacoplamiento” entre el crecimiento económico y el crecimiento de las emisiones de CO2. Además, esta invisibilización y exportación valenciana de la destrucción ambiental sobre otros territorios constituye una flagrante contradicción con los objetivos establecidos por la Agenda del Desarrollo Sostenible por parte de la ONU, que la estrategia valenciana de cambio climático dice integrar.

 


La estrategia climática excluye del registro y la contabilidad todas las emisiones “indirectas” externalizadas a otros países y orienta casi toda la atención a la eficiencia “por unidad”, deja sin abordar lo prioritario: limitar los volúmenes totales de las emisiones tóxicas a la atmósfera. Son muchas las evidencias de la “paradoja de Jevons”, que afirma que el aumento de eficiencia técnica no necesariamente reduce el consumo global de recursos ni los impactos climáticos y ecológicos. En una economía material creciente con cada vez más demandas de consumo de materiales de todo tipo, las repercusiones ecológicamente negativas pueden superar por creces los avances tecnológicos en eficiencia. Aunque estos sirvan para abaratar los costes de producción, a la vez pueden acompañarse de aumentos en las cantidades globales de materiales y artículos consumidos y de incrementos en daños climáticos y ecológicos.

 

Sin embargo brillan por su ausencia en la estrategia valenciana las limitaciones y restricciones vinculantes al consumo total de volúmenes de energía, de agrotóxicos, carne, coches, agua, cemento, artículos importados como pueden ser la ropa, piensos, y otros materiales, etc. Tampoco hay objetivos concretos, vinculantes y des-inversores para la reducción de las actividades más nocivas para el clima, la biodiversidad y la salud humana, como son la agricultura química intensiva, el transporte de mercancías por carretera, las grandes urbanizaciones, los grandes puertos, las ampliaciones de las carreteras y autovías, los nuevos centros comerciales, el turismo de masas, la aviación, la minería extractiva …
 

Esta incoherente subestimación de las emisiones de CO2 y de los impactos negativos sobre la atmósfera y el clima terrestre se percibe claramente en la promoción que realiza el plan estratégico valenciano de los coches eléctricos. Esta apuesta por los vehículos eléctricos ignora y externaliza radicalmente la extracción de materiales implicados en los procesos de su producción y transporte en los territorios de países lejanos, con un gran impacto sobre el clima y la biodiversidad, que contradicen en gran parte las afirmaciones sobre grandes reducciones de CO2 en el transporte. Es decir, no se considera el impacto climático y ecológico de esta electrificación en infraestructuras, minería, o en la importación de elementos indispensables, como son las baterías necesarias para construir coches eléctricos. El plan estratégico valenciano prevé la elevada electrificación del sector transporte, pero esto es inviable debido a la continuidad del muy contaminante transporte de mercancías por carretera e inter-oceánico de los buques de contendores.

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29 novembre 2019 5 29 /11 /novembre /2019 07:47
Enmienda a la totalidad a La Estrategia Valenciana del Cambio Climática y Energía de la Generalitat Valenciana (Primera parte)

“Estrategia Valenciana de Cambio Climático y Energía 2020-2030”
 "http://www.agroambient.gva.es/es/web/cambio-climatico/estrategia-valenciana-de-cambio-climatico" http://www.agroambient.gva.es/es/web/cambio-climatico/estrategia-valenciana-de-cambio-climatico

ENMIENDA A LA TOTALIDAD A LA ESTRATEGIA VALENCIANA

Observaciones generales

Las actuaciones de la Estrategia Valenciana de Cambio Climático y Energía 2020-2030 de la Generalitat Valenciana carecen de mínimo realismo y coherencia para poder afrontar con relativa eficacia la extensión y profundidad de los fenómenos y problemas climáticos y ecológicos, en sus causas humanas y en las consecuencias socioecológicas de los mismos asociadas a la desestabilización climática planetaria, regional y local. La estrategia climática valenciana no responde a la emergencia climática sino que apuesta por seguir prolongando en el tiempo las políticas actuales y las lúgubres repercusiones socioambientales del incremento de las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera y la biosfera de la Tierra.

 

La estrategia climática intenta disfrazar que el cumplimiento de sus objetivos generales de “adaptación” y “mitigación” ante el cambio climático exigiría un cambio de 180 grados en las actuales prioridades políticas e institucionales, basadas como están en el crecimiento de la economía material y de los daños ecológicos. Un punto ciego fundamental de la estrategia climática valenciana refiere a su desentendimiento de las soluciones genuinas con compromisos concretos vinculantes ante las afecciones climáticas y ecológicas, que pasan por contraer nuestras economías, consumir menos materiales y energía y disminuir con ello la huella ambiental y climática, cambiando nuestros estilos de vida y nuestro sistema económico.

 

Las entretejidas crisis ecológicas y climáticas son síntomas de nuestra adicción al crecimiento y de que la escala material desmesurada choca con los límites de la capacidad de sustentación de la Tierra. La estrategia climática valenciana no asume los límites del crecimiento y da la espalda al conflicto irreconciliable entre un crecimiento económico continuado y las capacidades de sustentación de la biosfera. Sin fundamento alguno la estrategia disocia los daños ecológicos y climáticos del crecimiento económico de la producción material y el consumo valencianos. Olvida el grave problema de escala: no pueden reconciliarse la fuerte reducción de las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera y de la huella ecológica con las aspiraciones de continuar con el crecimiento inacabable.

 

En la estrategia climática se da una inadecuación abismal entre los objetivos generales declarados y los medios y actuaciones previstas. No se pueden afrontar la cronificación de los desastres climáticos, ecológicos, sociales y humanitarios con la continuidad de las prioridades puestas en el crecimiento económico, la mayor eficiencia y el aumento de las energías renovables (EERR), sin cambiar nada más y evitando el problema de raíz: el rebasamiento de los límites ecológicos que lleva a la disminución o extinción de recursos vitales y al aumento de los costes económicos y de los impactos en destrucción ecológica.

 

El documento de la Estrategia Valenciana de Cambio y Energía 2020-2030 se limita a ordenar y apilar sin coherencia interna las actuaciones marginales, erráticas y dispersas, que ya se realizan por parte de las diferentes instituciones valencianas y Consellerias. La estrategia climática valenciana no ofrece ninguna novedad significativa en relación a las políticas públicas valencianas ya existentes o iniciadas. Más allá de algunas vaguedades ininteligibles la nueva estrategia climática valenciana 2020-2030 tampoco realiza la evaluación pertinente de las anteriores dos estrategias de la Generalitat Valenciana sobre el grado de cumplimiento o fracaso de sus objetivos mediante políticas concretas de actuación (p.1).

 

No solo la estrategia climática valenciana carece de toda solidez ante las realidades sociales y ecológicas a las que aludimos como cambio climático, también está a años luz de las necesidades asociadas a la condición de “emergencia climática”, que ha sido declarada por la propia Generalitat Valenciana y por otras destacadas instituciones valencianas. La estrategia despilfarra márgenes de actuación y renuncia a impulsar cambios y ajustes sin precedentes para dejar de desperdiciar energía, materiales y alimentos, como por ejemplo hace el sistema agrícola industrial que provoca la disrupción de los ciclos de nutrientes en la Tierra. La parsimonia y los desatinos implicados en las actuaciones previstas en la estrategia climática junto a la gran discrepancia existente entre las laxas temporalidades de las mismas y los ritmos acelerados de la degradación climática y ecológica, hacen de la declaración de “emergencia climática” un despropósito retórico vacío de contenido y arraigo. La estrategia climática valenciana convierte en extravagantes y grotescas dichas declaraciones de emergencia.

 

Frente a las colosales alteraciones climáticas del sistema Tierra una carencia fundamental de la estrategia climática valenciana está en su renuncia a que las políticas públicas valencianas ejerzan un destacado y activo papel de regulación restrictiva y vinculante, en el contexto valenciano, español y europeo, ejerciendo unos poderes y funciones que son las propias del derecho, la legislación y la acción de gobierno. Esta manifiesta indiferencia y pasividad político-institucional es antagónica con los objetivos generales que declara la estrategia climática, los de “adaptación” y “mitigación”. En este sentido se puede afirmar con contundencia que la Generalitat Valenciana carece de estrategia climática para los años venideros por renunciar a afrontar con mínimo realismo y eficacia los cambios que demanda la desestabilización del clima de la Tierra.

 


Siguiendo la letra escrita de la estrategia climática valenciana, los objetivos generales de “adaptación” y “mitigación” establecidos están guiados por unos principios básicos que definen actuaciones para impulsar una “economía baja en carbono”.

 

Siguiendo los principios de “reducción de los consumos energéticos, el fomento de EERR (energías renovables), el autoconsumo energético, el uso de transporte más limpio, el impulso territorial y el papel de los sumideros de carbono para la reducción de la concentración de las emisiones de GEI (p. 8).

 

Resulta especialmente chocante y paradójico que la estrategia valenciana (p.36) acepte sin rechistar el aumento de la demanda energética final valenciana en 1.2 % anualmente y el aumento de un 2.5% de la demanda eléctrica anual en el periodo 2020-2030. Esta previsión energética representa una política pública de incremento irresponsable de la demanda energética en un 12% y del 25% respectivamente en los próximos 10 años.


El crecimiento de la demanda energética convierte en inútil y en papel mojado las metas declaradas de cambios ante la emergencia climática, haciendo totalmente inviables los propósitos de “adaptación y mitigación” mediante la “sustitución” de los combustibles fósiles por las energías renovables. Muy contrariamente, debido a los entretejidos impactos climáticos y ecológicos s asociados a la producción eléctrica, la demanda energética no debería crecer sino que tendría que decrecer imperiosamente.


También es inconsistente y contradictoria la previsión que realiza la estrategia climática valenciana de un aumento sustancial del consumo de gas hasta 2030, a pesar de ser un combustible fósil de fuertes impactos de efecto invernadero. En consecuencia, la estrategia apuesta por el aumento del funcionamiento de los centrales de ciclos combinados de Sagunt a partir del 2020, en lugar de plantear la imprescindible reducción de la demanda energética.


Resulta inaceptable el apoyo que la estrategia climática da al incremento de la quema del gas, algo que no es compatible con la lucha contra el cambio climático. Este aplazamiento de décadas de la urgente y rápida transición hacia las energías renovables y descentralizadas hipoteca y empeorará gravemente los daños ambientales que padecerá la sociedad valenciana.


El esfuerzo económico y técnico de fomentar las energías renovables EERR no servirá entonces para sustituir las energías contaminantes, tal y como viene ocurriendo durante los últimos años, porque el incremento de estas será muy insuficiente debido principalmente a la continuación de la dependencia valenciana de los combustibles fósiles, de forma directa e indirecta. Todo ello empeorará por el contexto general de economía globalizada expansiva, el crecimiento de la demanda energética global interna y la externalización y deslocalización de los ciclos productivos y extractivistas.


La estrategia climática huye de poner limitaciones a una economía valenciana vista desde parámetros físicos, no solo economicistas, que es especialmente devoradora en energía, recursos materiales y biodiversidad, por su gran dependencia de sectores económicos como son el turismo y los servicios. En esta tercera estrategia climática no se ve por ningún lado el “cambio del modelo productivo” tan pregonado por el actual tripartito del gobierno valenciano.


Resulta muy manipulador, engañoso y deshonesto el hablar de “una reducción del consumo de energía primaria sobre la proyección del año 2007 de un 9%”, cuando en términos absolutos las metas de éste plan estratégico están en continuar con el aumento del consumo de energía primaria en el 2030. La prometida reducción del consumo de energía primaria comparada con la proyección del Gobierno Valenciano del PP del año 2007 del 35,4%, es una tendenciosa y engañosa trampa contable, que establece la comparación con la proyección de crecimiento hecho por el gobierno valenciano del Partido Popular PP, realizada antes de la crisis de recesión económica del 2008. Esto quiere decir que la actual estrategia valenciana 2020-2030 de cambio climático sigue aceptando un gran crecimiento de demanda energética. De ello resultará del todo imposible que cuadren las cifras y la posibilidad de responder de forma responsable a las dimensiones titánicas de la tragedia climática en curso, tal y como afirma la retórica habitual de las autoridades valencianas que hace defensa de una rápida “transición” hacia las fuentes renovables de energía.

 

Resulta inaudito y carente de mínima racionalidad que dichos objetivos no se acompañen de rotundas actuaciones para el impedimento, la contención y la reducción de la escala material y el crecimiento de la economía sucia y las actividades fosilísticas, que son fuertemente contaminantes y emisoras de gases de efecto invernadero GEI. A consecuencia de esta inconcebible negligencia la nueva estrategia valenciana, como las dos anteriores, carece de mínimo realismo y proporcionalidad, no podrá ser factible y está condenada al fracaso desde su inicio. Será papel mojado a la hora de reducir significativamente las actividades más causantes de las alteraciones climáticas. En respuesta a los múltiples retos de cambio necesariamente co-implicados, económicos, sociales e institucionales, que están bajo la competencias autonómicas de la Generalitat Valenciana, la estrategia climática 2020-2030 resulta insustancial, esquiva, errática, contradictoria, equívoca y engañosa. También resultará muy ineficaz por carecer de objetivos concretos vinculantes en las actuaciones que prevé, que sean mínimamente coherentes, ambiciosos, registrables, medibles y evaluables en su evolución y cumplimiento temporal.

 

En la Estrategia Valenciana de Cambio Climático y Energía 2020-2030 se da una inadecuación abismal ente las políticas de actuación previstas y las dimensiones objetivas de los fenómenos y problemas socioecológicos siguiendo las metas generales de “mitigación” y “adaptación”, que constituyen el eje de esta tercera estrategia climática valenciana.

 

La sociedad mundial tiene el reto de impulsar y acelerar la transición hacia una economía baja en carbono. Esta transición exigirá cambios en los comportamientos sociales y empresariales en todo el mundo con el compromiso de todo el espectro político. Con este fin, las administraciones públicas deben establecer estrategias y políticas que impulsen la economía hipocarbónica en todos los sectores a través de sistemas de gobernanza eficaces. Para avanzar, hacia un futuro basado en un bajo nivel de emisiones, es imprescindible el integrar el respeto al medio ambiente en todas la áreas de actividad y en todos los ámbitos de conocimiento actuales, así como mejorar las competencias  en materia de sostenibilidad y cambio climático en todos los sectores (p.8).

 

No puede haber realismo, ni coherencia, ni ajuste, ni viabilidad, si se da una aberrante distancia entre los objetivos explicitados de adaptación y mitigación y los medios y planes de actuación previstos en esta nueva estrategia climática. Resultan irrealizables los fines generales manifestados de “mitigación” de las emisiones de gases efecto invernadero GEI, enfocados a la reducción de tales emisiones a la atmósfera y a sus consecuencias en el sistema climático de la Tierra. También son incongruentes y escasamente creíbles los objetivos generales la “adaptación” coordinada y transversal llevados adelante mediante actuaciones parciales, incompetentes, incompatibles o contrarias a dichos objetivos generales. A pesar de que en la misma estrategia valenciana se parte de que dos tercios de las emisiones de gases a la atmósfera GEI tienen su origen en la producción y el consumo de energía, sin embargo en las actuaciones previstas solo se conciben cambios centrados en “la gestión adecuada de la misma” y no en la imperativa reducción de sus magnitudes y demanda global.

 


Desde hace décadas, las mejores informaciones científicas disponibles vienen advirtiendo de las crecientes alteraciones climáticas en curso y venideras, y de sus temibles consecuencias, causadas por múltiples procesos sociales retroalimentados que a menudo son reforzados por las políticas públicas productivistas y fosilísticas que los estimulan. Para poder mantener unas condiciones materiales y ecológicas de habitabilidad humana y de sostenibilidad es urgente la reducción radical de las emisiones de gases contaminantes de origen antropogénico sobre la atmósfera, que generan el consecuente sobrecalentamiento climático y la multiplicación encabalgada de tensiones y destrucciones ecológicas. Las crecientes emisiones tóxicas a la atmósfera de origen tecno-industrial y sus retroalimentaciones positivas constituyen un factor causal multiplicador de crisis y degradaciones ecológicas, globales, regionales y locales, generadas por la creciente esquilmación y contaminación de los recursos naturales de la Tierra. La sociedad y el territorio valenciano no son una excepción.

 

Muchos de los recursos naturales, renovables y no renovables en declive, están sometidos a unas tasas inflacionarias de presión entrópica degradadora de origen humano que es intensamente extractiva de recursos materiales de baja entropía y excretora de residuos y calor de alta entropía. Estas relaciones socionaturales instituidas dañan a menudo de forma irreversible los procesos naturales de bioregeneración y bioproductividad de la Tierra y de sus ecosistemas y territorios. Nuestra condición colectiva de translimitación o de superación de la capacidad de sustentación ecológica de las sociedades y grupos humanos en general, y de la sociedad valenciana en particular, nos empuja aceleradamente a unas condiciones traumáticas de creciente escasez, agotamiento, degradación y desaparición de recursos naturales vitales y de metabolismos bioproductivos de los ecosistemas globales y locales, afectando de lleno a todos los recursos naturales, a los renovables y a los no renovables.

 

Numerosos recursos naturales que son necesarios para el abastecimiento humano y las metas de supervivencia y de bienestar, humano y no humano, se encuentran en progresiva decadencia, causada por la imparable presión destructiva que reciben por parte de las sociedades humanas, a pesar de que estas no pueden sustituirlos ni crearlos. Dichos recursos materiales de la Tierra, radicalmente finitos y frágiles, están siendo degradados y esquilmados a marchas forzadas, a pesar de que gran parte de los mismos constituyen las fuentes biofísicas primarias y el sustento inevitable de toda riqueza, economía y prosperidad humana y no humana.

 

Esta tercera estrategia climática valenciana 2020-2030 evidencia un “negacionismo práctico” y una escasa o nula responsabilidad institucional y política sobre las múltiples realidades y problemas entrelazados (poblacionales, sociales, económicos, culturales, físicos, energéticos, biológicos y ecológicos) asociados a la desestabilización climática y a las causas humanas y afecciones socioecológícas de la mismas. Estas problemáticas están sobradamente constatadas mediante observaciones y datos empíricos abrumadores procedentes de informes científicos, han irrumpido para quedarse y hoy amenazan las aspiraciones de bienestar y prosperidad valencianas y del resto de países, territorios, ecosistemas y especies.

 

Contrariamente y en total contradicción con los fines y principios declarados de adaptación y mitigación frente a las alteraciones del sobrecalentamiento climático, la estrategia climática valenciana fortalece las dinámicas estructurales del crecimiento de los sectores económicos y las actividades de la economía fosilística climáticamente más contaminante. Renuncia con ello a las necesarias des-inversiones directas o indirectas de las políticas públicas en dichos sectores y en consecuencia empuja a la sociedad valenciana a penurias y un futuro atroz.


Es todo un contrasentido el que la nueva estrategia climática valenciana siga férreamente encajonada en deseables actuaciones no vinculantes, voluntaristas y guiadas por el mercado, el lucro y la constrictiva racionalidad economicista del coste/beneficio, a la hora de cumplir sus objetivos mediante ceñidos a tres ejes de actuación: las innovaciones técnicas de la eficiencia, el incremento de las energías renovables y la concienciación ambiental de la población. Con ello la estrategia climática pervierte los fines generales que declara al colocar las políticas públicas valencianas bajo las prioridades neoliberales del crecimiento económico en todos los sectores, que derivarán en mayores padecimientos climáticos y socioambientales. Para colmo este disparate lo realiza en nombre de la “emergencia climática”.

 

Sus propuestas de actuación de hecho constituyen un gran despilfarro de los limitados recursos públicos institucionales, siguen alimentando las dinámicas del crecimiento en los sectores y actividades más amenazantes y nocivos con el clima. La estrategia climática no pone limitaciones ni estorbos a la adicción al crecimiento material de tales sectores en la economía valenciana. Es continuista con las anteriores dos estrategias impulsadas por el gobierno valenciano en manos del Partido Popular (PP). Aunque los términos empleados de la “adaptación” y “mitigación” constituyen la columna vertebral de los principios y fines generales establecidos por la estrategia, en la concreción de sus objetivos y actuaciones se pone al servicio de favorecer realidades socioambientales contrarias a dichos principios y contraindicadas. Estos objetivos generales se apoyan disimuladamente en la continuidad expansiva de la escala material de la economía más contaminante y del consumo de bienes y servicios naturales de todo tipo. En consecuencia, las actuaciones de las políticas públicas valencianas perversamente se ponen al servicio de más desastres climáticos y ecológicos por favorecer activamente el aumento de la presión destructiva ecológica y climática sobre la Tierra en general, y sobre el territorio valenciano en particular (p.43).

 

La estrategia climática 2020-2030 no pretende forzar cambios reales, rápidos y en profundidad en la sociedad y economía valencianas, que estuvieran relativamente adaptados a las dimensiones y ritmos de los problemas climáticos. Sus techos máximos de aspiración se supeditan al “solucionismo tecnológico” y al mercado económico, optando con ello por las ineficaces pautas de ajuste ya presentes en las actuales tendencias productivistas del tejido económico, como son las relacionadas con los cambios introducidos por las innovaciones técnicas en eficiencia. Desde esta quimera tecno-optimista voluntarista, guiada por el empuje y las ataduras del negocio mercantil, solo se apuesta por simples ajustes tecnológicos parciales para alcanzar una mayor eficiencia en el consumo de recursos naturales, dejando intocable el aumento global del consumo de los recursos. Pero la historia muestra que a menudo las ganancias en eficiencia con un recurso se acompañan del efecto rebote de que solemos usar más cantidades de tal recurso, no menos.

 

Las metas puestas en estos superficiales y muy insuficientes ajustes técnicos de mejora en eficiencia desatienden la estructura económica valenciana y el gran protagonismo del sector servicios en la misma. El modelo y la estructura de la economía valenciana es especialmente extractivo de recursos, alto en emisiones de gases GEI, deslocalizado y globalizado en su modelo productivo. Esto implica que por cada unidad de crecimiento económico la economía valenciana genera altas dosis de emisiones de gases GEI contaminadores y desestabilizadores climáticos y ecológicos.


Los objetivos de la UE para 2021-2030 con respecto a 1990 son alcanzar al menos un 40% de reducción de las emisiones GEI, llegar al menos al 32% de cuota de las energías renovables EERR y al menos un 32,5% de mejora de la eficiencia energética. En consecuencia, esta próxima década han de hacerse transformaciones sociales y económicas de gran envergadura y trascendencia para compensar la inacción del pasado y la parálisis del presente, incluyendo la descarbonización de la energía y de  sectores como son la construcción, el transporte, el modelo agroalimentario, el consumo y los estilos de vida derrochadores de la cultura del “usar y tirar”. Los países europeos ni la Comunidad Valenciana no pueden esperar más tiempo a multiplicar sus acciones, han de comenzar a actuar ya en cada país, cada región, en cada negocio y actividad, si no se hace esto antes del 2030 se habrá agotado toda oportunidad de limitar el calentamiento a 1,5 grados este siglo. Hasta el mismo Acuerdo de Paris del 2015 ya reconocía que los planes de recortes de las emisiones de gases GEI de casi 200 países eran insuficientes para el cumplimiento del objetivo marcado de que el aumento de temperatura a final del siglo XXI quede muy por debajo de los 2º C de media respecto a los niveles preindustriales.

 

El décimo informe anual del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) o la “ONU Medio Ambiente” sobre la “disparidad de las emisiones”, se dio a conocer unos días antes del inicio de la 25 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas el Climático (COP25 o Cumbre del Clima) celebrada en Madrid del 2 al 13 de diciembre de 2019. Este último Informe de Emisiones del 2019 del PNUMA advierte que aunque se cumplieran todos los compromisos alcanzados en Paris en diciembre del 2015, las temperaturas se incrementarían este siglo al menos 3,2 grados, con impactos climáticos más extensos y destructivos, más del doble del objetivo de 1,5 grados fijado por el Acuerdo de Paris. El Informe estima que es necesario actuar urgentemente y de forma contundente para recortar las emisiones de CO2 un 7,6 % anual entre 2020 y 2030,  y cuestiona que las emisiones de gases GEI hayan aumentado esta década un 1,5 % cada año y que no hayan comenzado su reducción en el 2010, estos retrasos exigen acometer unas mayores reducciones anuales para poder cumplir los objetivos comprometidos para el 2030.

 

Desatendiendo estas recomendaciones, la estrategia climática valenciana renuncia a la oportunidad de liderar con respuestas ambiciosas las transformaciones necesarias en el ámbito europeo. A pesar de que el territorio valenciano es muy vulnerable ante los cambios en los procesos físicos, biológicos y ecológicos asociados al sobrecalentamiento climático, la nueva estrategia climática tan solo se conforma con cumplir con el mínimo común denominador más bajo de la ya muy débil e insuficiente legalidad europea, que además a menudo está lejos de ser cumplida por parte de los Estados miembros y los gobiernos regionales, como ocurre en el caso de España y de la Comunidad Valenciana.

 

La estrategia climática valenciana se lava las manos ante las realidades y ámbitos de legalidad y gobernanza que no tiene competencias legales directas, a pesar de que los consejeros autonómicos valencianos participan en órganos de coordinación a nivel estatal que conocen y revisan las propuestas legislativas europeas, y pueden jugar un papel determinante a la hora de que el Gobierno adopte unas u otras tomas de posición ante cuestiones tratadas por el Consejo Europeo, que reúne a los Ministros de los estados miembros. A pesar de que la Generalitat Valenciana tiene canales institucionales importantes para influir en las posiciones estatales e incluso europeas, la estrategia climática silencia estos ámbitos de posible actuación y no establece ningún plan ni aspiración sobre los mismos. La estrategia climática valenciana esquiva la posibilidad de ejercer un peso y capacidad de influencia política sobre las competencias estatales que pueden incidir directamente en el territorio y los sistemas naturales valencianos, como son las referidas a las políticas, planes, proyectos y concesiones a la explotación económica privada que inciden sobre costas, puertos, transporte, energía, cuencas hidrográficas y ríos, minas.

 

Muy contrariamente a esta gran debilidad manifiesta de la estrategia climática valenciana, las reivindicaciones de otras fuerzas políticas europeas, como son las del Grupo Verde del Parlamento Europeo, están por que la Unión Europea (UE) amplíe sus compromisos con metas de reducción de emisiones de gases efecto invernadero GEI en al menos un 65% respecto a 1990, acabando de inmediato con toda la financiación directa o indirecta para los combustibles fósiles en el marco financiero multianual de la UE (MFF), como son ayudas a las infraestructuras del gas, y como es reformar la PAC (Política Agraria Comunitaria) retirando las subvenciones a la ganadería industrial y a otras actividades agrícolas intensivas en consumo de combustibles fósiles y en tratamientos agrotóxicos, como son los pesticidas que esquilman la biodiversidad, además de imponer fiscalidades fuertes a la aviación, a los buques de contenedores, a los cruceros y otras actividades contaminantes.

 

La estrategia climática valenciana también huye de hacer referencia alguna sobre las emisiones a la atmósfera de gases GEI que exporta a otros países y territorios, no contabiliza las emisiones de CO2 del consumo y la producción deslocalizada en la economía globalizada y no plantea medidas para reducir estas emisiones que externaliza del registro y la contabilidad. La estrategia no reconoce ni cataloga la exportación de CO2 de la economía valenciana. Sin embrago, ante la emergencia climática, las cifras que importan son las globales, no solo las nacionales o las regionales, por ello conviene delimitar la contribución valenciana real a estas cifras globales, debido en gran parte al comercio internacional y a las exportaciones.

 

En definitiva, son muy aguadas las aspiraciones y compromisos que guían toda la estrategia climática valenciana por renunciar a establecer limitaciones y prohibiciones estrictas, que pudieran obstaculizar el crecimiento global de los volúmenes físicos del consumo de recursos materiales y de emisiones a la atmósfera de gases efecto invernadero GEI asociados a las dinámicas de la economía globalizada, al comercio nacional e internacional.

 

A pesar de todas estas graves deficiencias, sin embargo llama mucho la atención que el texto de la estrategia climática movilice un relato discursivo “ecologizante” con conceptos muy retóricos, cínicos y socialmente manipuladores, que quieren camuflar las muchas inconsistencias, imposibilidades y direcciones prohibidas escondidas bajo los objetivos generales y abstractos de “mitigación”, “adaptación” e “investigación, sensibilización y cooperación”(p.38). Estos lenguajes se ponen al servicio de la parálisis y la confusión social por no acompañarse de actuaciones contundentes en el presente sobre la economía climáticamente más tóxica. Mediante las fábulas de la “eficiencia”, la “descarbonización” o los “coches eléctricos”, la estrategia valenciana disfraza su apuesta por seguir incentivando sin obstáculos el crecimiento de las actividades más nocivas con el clima y los ecosistemas.

 

La marginalidad y escasa relevancia política de la estrategia climática valenciana inmola oportunidades y medios de todo tipo, que hoy son necesarios y más urgentes para la reducción y el establecimiento de limitaciones estrictas sobre las actividades más lesivas con el sistema climático de la Tierra, sus dinámicas y componentes. La estrategia valenciana posterga a un futuro incierto e indeterminado estas actuaciones de gobernanza política e institucional y de movilización social. La debilidad, superficialidad e insignificancia de las medidas que prevé, sin compromisos concretos de cambio que puedan evaluarse en su cumplimiento temporal, renuncia a que las transformaciones económicas y sociales se adecuen a los compromisos adquiridos en la Cumbre del Clima de Paris del 2015 y a la colosal envergadura de los daños climáticos, cuya intrusión ha llegado para quedarse.

 


A continuación se aporta un breve argumentario con 20 valoraciones de los ejes de actuación previstos en la “Estrategia Valenciana de Cambio Climático y Energía 2020-2030”

 

1. La prioridad del crecimiento de la economía material más contaminante

La prioridad absoluta de la estrategia climática valenciana sigue siendo el crecimiento económico a toda costa de cualquier sector de actividad y la competitividad en el mercado. La estrategia parece olvidar los motivos declarados que centralmente las impulsan: adaptación y mitigación contra el colapso climático en curso.

Su enfoque es fuertemente economicista, productivista, antropocéntrico, mecanicista y reduccionista. La estrategia climática valenciana subestima drásticamente los factores causales, externaliza de la percepción, registro y contabilidad de muchos de los daños climáticos, biofísicos y ecológicos que comprometen e hipotecan en el presente y futuro a la sociedad valenciana, a su economía, florecimiento y prosperidad. Utiliza estratagemas de reduccionismo metodológico y trampas contables para disfrazar su inadecuación fundamental con los objetivos climáticos que declara y con la amplitud de las afecciones climáticas y ecológicas.

Resulta inconcebible su fanática e intransigente evitación de cualquier tipo de restricciones, límites, prohibiciones vinculantes y des-inversiones públicas, en los sectores climáticamente y ecológicamente más contaminantes de la economía valenciana.

 

2. La ineficacia climática de los ajustes tecnológicos a favor de la eficiencia

 

La centralidad del enfoque economicista y su estrecha racionalidad coste/beneficio es causa central de muchas de las destrucciones climáticas y ecológicas, por ello no puede en ningún caso ser la estrategia principal para afrontarlos.

 

La estrategia climática valenciana establece unos techos infinitamente bajos en sus políticas de actuación al renunciar a regulaciones restrictivas de las actividades económicas de mayor huella destructiva, y en sustitución de ello da prioridad a las innovaciones técnicas en mayor eficiencia y a un modelo liberal de educación ambiental y sensibilización social que fomente cambios voluntarios e individualizados en los hábitos de consumo y las actividades de producción.

 

Los estudios e investigaciones que la estrategia promueve para el diagnóstico y los cambios basados en la eficiencia técnica y la sustitución de tecnologías bajo el empuje de los intereses comerciales y las  ganancias económicas, a su vez están asociados al crecimiento imparable de la tarta de la oferta y consumo de recursos materiales de todo tipo. Esta insuficiente e ineficaz orientación hacia la eficiencia, el ahorro y las “buenas prácticas” voluntarias, no regulatorias ni impositivas, no pone en cuestión la escala y los volúmenes materiales, ni los intereses del lucro y el negocio económico que motivan dichas innovaciones.

 

Las “soluciones” centradas en las innovaciones en eficiencia suelen acompañarse del efecto rebote de incremento global de los recursos consumidos, algo que desde el inicio de su historia caracteriza a la economía capitalista por favorecer la obtención de mayores plusvalías y ganancias económicas. Los cambios solo centrados en la eficiencia no necesariamente inciden en la reducción de los volúmenes del consumo de recursos naturales y de la huella destructiva climática y ecológica, sino que pueden favorecer todo lo contrario. Es decir pueden favorecer la espiral suicida del aumento del consumo global de recursos y de la huella ecológica destructiva, tal y como señala la paradoja de Jevons desde el pensamiento económico.

 

Las “soluciones” tecnológicas solo puestas en la eficiencia aplicadas a la extracción, la producción, la distribución, el consumo y el tratamiento de residuos, paradójicamente suelen acompañarse de efectos opuestos muy contraproducentes que contrarrestan con creces los ahorros conseguidos: el incremento del consumo de recursos naturales y de la oferta y demanda de mercancías, multiplicando con todo ello la huella destructiva sobre el clima, los ecosistemas, la biodiversidad y el territorio.

 

3. Indiferencia y negacionismo ante el incremento de la escala física de actividades contaminantes

La estrategia climática valenciana se desentiende radicalmente de la necesidad de cambios estructurales urgentes que estén dirigidos a reducir significativamente la escala material y la huella destructiva de sectores, actividades y proyectos que inciden directamente en el aumento de emisiones tóxicas a la atmósfera y cronifican los desastres climáticos y ecológicos. Están ausentes las medidas reguladoras coercitivas, vinculantes y de des-inversión económica de las políticas públicas a favor de la suficiencia, la equidad y redistribución social y el buen vivir, que busquen el freno de proyectos intensivos en daños y riesgos socioecológicos para la atmósfera, el clima, los sistemas naturales, la biodiversidad, la salud, el bienestar humano y el futuro.

Los contenidos de la estrategia climática se caracterizan por la negligente ausencia de regulaciones vinculantes y obligatorias para la reducción del volúmenes totales de las actividades ecocidas, anticlima y ecológicamente más destructivas. El que no se establezcan objetivos concretos vinculantes y temporales en su cumplimiento para la reducción de las actividades con intensivos y crecientes daños climáticos y ecológicos, está en franca contradicción con los fines generales declarados en el texto de la estrategia climática.

Por ejemplo, ante las actividades del actual modelo de transporte de mercancías y pasajeros, un plan mínimamente acoplado a sus enormes consecuencias de desastre ecológico y climático, habría de comportar la reducción significativa de la escala y el número de vehículos con motores de combustión que emplean combustibles fósiles emisores de gases tóxicos insalubres de efecto climático invernadero. Sin embargo la estrategia climática no integra actuaciones concretas de menor circulación de vehículos, que pongan el acento en las metas ambiciosas de menos coches, menos cruceros, menos aviones, menos camiones y menos buques de contenedores. La estrategia climática no apuesta por des-inversiones ni por medidas fiscales y políticas penalizadoras, que prohíban, desincentiven, restrinjan y pongan limitaciones o frenos a dichas actividades y a las  viejas y nuevas infraestructuras y maquinarias fosilísticas del transporte.

Otro ejemplo similar se da con la carencia absoluta de medidas y des-inversiones para la reducción de las actividades, las tecnologías y la economía anticlimática implicada en el actual modelo agroalimentario y la agricultura y ganadería. Resulta inadmisible que la estrategia valenciana de cambio climático se desentienda radicalmente de establecer medidas concretas con objetivos vinculantes, para la reducción radical del uso de productos industriales agroquímicos “fitosanitarios” y de fertilizantes minerales de origen extractivo e industrial, que son masivamente utilizados en la producción agrícola convencional valenciana. La estrategia climática no establece metas para la reducción significativa de estos agrotóxicos hijos de los laboratorios industriales en la agricultura valenciana, que contaminan, dañan y esquilman el territorio, los ecosistemas, las aguas superficiales y subterráneas, los ecosistemas marinos, las tierras fértiles, el aire, los cultivos, la biodiversidad, los alimentos y la salud humana. Los tratamientos agrotóxicos de la agricultura químico intensiva convencional incorporan una tremenda huella ambiental destructiva en su historia de trazabilidad, con larguísimas trayectorias de movilidad lineal que tienen altos consumos de materiales y energía fósil y las muchas excreciones de residuos y contaminaciones de todo tipo.

A esta indiferencia ecológica de la estrategia valenciana de cambio climático ante los daños y riesgos socioambientales implicados en los tratamientos agrícolas de origen industrial, como son los pesticidas, herbicidas, plaguicidas, fertilizantes sintéticos, también se suma la desatención que recibe la creciente demanda de agua para regadíos y las transformaciones del secano a regadío, favorecidas históricamente por las políticas agrarias valencianas.

Resulta incomprensible y muy contraproducente que la estrategia valenciana de cambio climático no quiera asumir las imperiosas necesidades de adaptación flexible a las actuales y venideras condiciones climáticas de baja pluviosidad en el territorio valenciano. Las políticas agrícolas valencianas actuales reman en dirección contraria, no solo no intervienen en el factor central del crecimiento de la demanda de agua para regadíos sino que favorecen las reconversiones en regadío incluso en nombre de la “sostenibilidad”. Mediante la implantación de técnicas de “ahorro” y “eficiencia” en riegos las políticas agrarias valencianas paradójicamente vienen impulsando el incremento de los regadíos y de la demanda de más agua, aumentando con todo ello la presión y sobreexplotación ambientalmente esquilmadora y degradadora sobre las cuencas naturales hidrográficas, como son las de los ríos Turia, Segura y Júcar.

En suma, en la estrategia valenciana de cambio climático brillan por su ausencia las metas de cambio que incidan estructuralmente en el actual modelo agrícola. Se continúa con las políticas agrarias de irresponsable derroche en el consumo de un recurso tan vital y escaso como es el agua por parte de la agricultura convencional y el regadío valencianos. Estas inauditas ausencias fortalecen la continuidad de las actuales políticas públicas agrícolas en sus aspectos más biocidas e insalubres. Estas políticas carecen de porvenir y viabilidad futura por estar casi exclusivamente guiadas por los intereses economicistas del incremento de la competitividad, la productividad y las rentabilidades del sector y de los productores económicos de la agricultura valenciana, en mercados globales de exportación y en el mercado interior. No aparece en el texto de la estrategia climática 2020-2030 ni una palabra, ni una descripción, y mucho menos unas metas concretas evaluables en su cumplimiento, que afronten la imperativa reducción de los regadíos y de la demanda de agua en la agricultura valenciana.

Algo muy parecido ocurre cuando se trata del sector económico de producción de carne para alimento humano. No se plantean las metas climáticas y ecológicas de una reducción sustancial de la producción y el consumo de carne industrial ni de los cultivos para pienso animal. Los objetivos declarados simplemente ignoran la problemática de las emisiones directas a la atmósfera causada por la ganadería y los daños climáticos, ecológicos y de salud generados por este modelo agroalimentario de producción de carne para el consumo humano.

Es muy semejante lo que ocurre con las políticas de actuación territorial. Una estrategia creíble y relativamente eficaz ante la emergencia climática habría de establecer des-inversiones y unas limitaciones nítidas al consumo y las actividades que comportan fuertes demandas de materiales minerales extractivos, no basta con las “buenas prácticas” voluntaristas de ahorro, eficiencia, reutilización y reciclado. Pero nada de esto se contempla en la estrategia climática, a pesar de las abultadas cifras valencianas en el consumo de cemento y de la masiva ocupación del suelo por edificaciones e infraestructuras de todo tipo.

Tampoco reciben atención los nuevos proyectos de infraestructuras, como por ejemplo es la ampliación del Puerto de Valencia. Los nuevos proyectos de reforma y ampliación de aeropuertos, autovías y carreteras, alojamientos turísticos y hoteles, de grandes centros comerciales, implican dramáticas pérdidas de bienes y servicios naturales, ecosistemas, espacios naturales y tierras fértiles, que a su vez constituyen retroalimentaciones negativas sobre los metabolismos climáticos.


La estrategia valenciana tampoco establece medidas legales de fiscalidad, contratación pública ni prohibiciones para reducir sustancialmente en origen los volúmenes de la producción de residuos, como por ejemplo son los plásticos y embalajes de alto impacto energético y ambiental.

 

4. La asignatura pendiente de la conservación y protección de la biodiversidad y los ecosistemas

La estrategia climática valenciana se desentiende radicalmente del importante papel que tienen nuestras relaciones con otros seres no humanos, animales y vegetales, a la hora de enfrentarnos con un relativo éxito a la tragedia climática y ecológica.

Contrariamente, son prioritarias las acciones de conservación y protección ambiental de ríos, bosques de ribera, zonas húmedas, montañas y zonas forestales, playas, litoral, ecosistemas terrestres y marinos, que son guardianes de la biodiversidad y sumideros naturales de los gases efecto invernadero. Sin embargo estos refugios naturales padecen los crecientes impactos humanos de contaminación y destrucción, causados por las retroalimentaciones de las malas prácticas, la sobreexplotación, las edificaciones e infraestructuras físicas de todo tipo, la agricultura químico intensiva convencional, la minería, etc. Estas perturbaciones inciden en la creciente degradación y pérdida de la calidad de tierras, aguas y aire, y en la consecuente reducción y desaparición de la flora y fauna terrestre y acuática, que afecta de lleno a especies de invertebrados, insectos, anfibios, aves, peces, reptiles y mamíferos.

Cualquier estrategia valenciana de cambio climático que quiera ser mínimamente efectiva tendría que tomar en serio la acelerada pérdida de biodiversidad y de ecosistemas valiosos en el territorio, mediante una significativa ampliación de los espacios naturales que reciben una especial protección legal y recursos para su cuidado y recuperación.

Se hace necesario y urgente el freno y retroceso urbanizador en el territorio valenciano, mediante una política de des-inversiones urbanizadoras y una paralela resilvestración, que además afronten la prohibición tajante de más urbanizaciones e infraestructuras en el litoral y en otras zonas que son habitats y refugio de una valiosa y singular biodiversidad.

También resulta indispensable la prohibición del uso de agrotoxicos “fitosanitarios” de la agricultura químico intensiva convencional, que no solo es gran consumidora de aguas y de energía fósil, también de especies y biodiversidad. Los habitats de valor ambiental y protegidos han de estar libres de agrotóxicos, al igual que los entornos humanos, urbanos y rurales. Por ejemplo, es alarmante lo que viene ocurriendo con el herbicida glifosato, que a pesar de ser un biocida de efectos indiscriminados muy peligrosos es comúnmente utilizado en “limpiezas” de “malas hierbas” en jardines, campos agrícolas o carreteras.

Siguiendo los diagnósticos y las recomendaciones de numerosos informes científicos, es urgente un plan de choque que se dote de los medios y recursos efectivos para la ampliación de las protecciones y la recuperación de los parajes naturales de valor ecológico y de los ecosistemas que ya reciben reconocimiento y protección legal en el territorio valenciano. Han de frenarse con urgencia los vertidos tóxicos en ecosistemas valiosos y en espacios naturales legalmente protegidos, como ocurre en el caso emblemático del Parque Natural de la Albufera de Valencia, que padece un crónico abandono por parte de las políticas públicas valencianas. A los muchos males ambientales asociados a la fuerte presión antropogénica metropolitana, en la Albufera se agrega la presión de los vertidos urbanos, agrícolas e industriales que directamente recibe con insuficiente o nula depuración. A estos afecciones ambientales sobre la Albufera de Valencia se suma la insuficiencia de aportes de agua dulce y la consecuente perdida de la calidad de sus aguas, todo ello en su conjunto tiene multiplicativos efectos dramáticos en su única y singular biodiversidad.

5. Indiferencia y negación de la percepción y preocupación social ante los problemas ecológicos y climáticos

Toda la estrategia valenciana de cambio climático se asienta sobre una premisa indocumentada, absolutamente falsa y carente de todo respaldo empírico, sobre la percepción social de los problemas climáticos y ecológicos (p.23). Resulta muy escandaloso y tendencioso el hecho de que todo el texto de la estrategia se apoye en el falso supuesto sobre la “escasa” o “nula” percepción social sobre los problemas ecológicos y climáticos.

Resulta errónea o malintencionada la idea de que el cambio climático no es percibido por la sociedad valenciana como un problema preocupante, urgente y prioritario. Este supuesto de partida, que es eje legitimador de todo el borrador de la estrategia climática valenciana, contradice los conocimientos sociales acumulados desde hace más de tres décadas por el pensamiento científico social más solvente, como es el proveniente del cuerpo de conocimientos académicos e investigadores de la sociología ecológica.

Resulta evidente que la misma estrategia valenciana de cambio climático quiere buscar coartadas pseudo-científicas mediante la supuesta “indiferencia o escasa concienciación” ambiental presente en las opiniones y mentalidades ciudadanas, para poder justificar la continuidad de las actuales políticas autonómicas de gobierno, orientadas como están por las prioridades del crecimiento económico-material y la competitividad comercial. Contrariamente a este activo negacionismo institucional, los daños climáticos y ecológicos desde hace décadas son entendidos como graves o muy graves y son asunto de preocupación social, tal y como confirman numerosos estudios científicos-sociales de opinión realizados desde diferentes perspectivas metodológicas en la sociedad valenciana y en el resto de regiones y países. Se afirma en el texto borrador (p.21):

“En ella se dibuja un panorama en el que la sociedad en general, vislumbra el problema como lejano, tanto en el tiempo como en el espacio, mantiene un comportamiento como si el problema del cambio climático no existiese y confía en que la solución al problema pase exclusivamente por soluciones tecnocientíficas. En lo que respecta al plano individual, de estos estudios se infiere, que la ciudadanía percibe el cambio climático como un tema que no es ni prioritario ni relevante.”


Sin embargo, los resultados comparados de las encuestas y estudios de opinión, cualitativos y cuantitativos, realizados en los diferentes los países vienen estableciendo el mismo diagnóstico: la gran preocupación social existente y la valoración de gravedad de los mismos. Además, estas opiniones se distribuyen transversalmente en la población, es decir no se acumulan en ningún sector de actividad, colectivo o grupo específico. También afectan muy similarmente a países desarrollados del Norte Global y a los menos desarrollados del Sur Global, sin grandes diferencias significativas. Se puede decir que la preocupación social y la gravedad percibida es inter-clasista, inter-ideológica, inter-género, inter-cultural, inter-étnica, ...

Esta preocupación masivamente extendida pone en valor las necesidades y urgencias de protección y cuidado de las realidades socioambientales dañadas y amenazadas que denominamos naturaleza, especies, ecosistemas … Estas creencias a favor de los valores ecológicos, cuando el bien, la actividad o el problema ambiental no afecte directamente a los propios intereses particulares, vienen siendo registradas una y otra vez por los dispositivos de indagación científico-social, y adoptan diferentes grados de intensidad dependiendo de la realidad y problemática concreta y de los costes y sacrificios en juego. Estas amplias adhesiones a los valores ambientales que se han venido a denominar consenso ambiental, abren la posibilidad de acciones y políticas públicas más contundentes que avancen en soluciones eficaces en la protección, conservación y restauración ecológicas. Se trata por tanto de creencias y valores muy difundidos a favor de acciones decididas frente a los desastres climáticos y ecológicos cada vez más presentes y percibidos, que incluso se ponen por delante de las metas declaradas a favor del crecimiento económico.

La sociología con fundamentos ecológicos ha desarrollado un cuerpo de conocimientos de gran consenso académico y muy fundado en datos empíricos comparativos desde hace 30 años. Se constata una y otra vez la existencia de muy amplias mayorías sociales con percepciones y creencias pro-ecológicas, sin diferencias significativas en relación a variables estructurales de desigualdad, como son el sexo, la clase económica, los estudios, las ideologías políticas, la profesión, las diferencias étnicas, territoriales, de desarrollo, etc. Esta amplia preocupación social que es objeto de reflexión y análisis en numerosos estudios científicos y divulgativos, también se expresa diariamente en los titulares y las noticias sobre los accidentes y las catástrofes ecológicas que se registran y divulgan en los medios de comunicación de masas. Este cuerpo de conocimientos especializados hoy se viene transmitiendo en las distintas Universidades españolas y valencianas, está presente en planes de estudio de Grados, Másters, cursos y seminarios, mediante los que se forman y entrenan a los estudiantes en estos conocimientos científicos socioecológicos.

La gente declara estar preocupada o muy preocupada por concebir como graves o muy graves las problemáticas ambientales, y quieren soluciones eficaces al respecto, aunque no sepan bien cuales han de ser las mismas, ni quienes han de ser los actores sociales que han de encargarse de ello. Las informaciones científicas más solventes apuntan a que las percepciones sociales sobre la gravedad de los problemas ecológicos y las preocupaciones sobre los mismos por parte de la población en general, y la valenciana en particular, van muy por delante de los discursos y de las tímidas políticas públicas ambientales.

En definitiva, el cambio cultural de mentalidades que se expresa en opiniones y creencias rastreadas por el conocimiento científico-social es radicalmente antagónico con los supuestos centrales que organizan el conjunto de políticas públicas y acciones previstas en la estrategia valenciana de cambio climático.

6. Inacción institucional y la culpabilización de la ciudadanía

La culpabilización ciudadana es la otra cara del falso supuesto de la escasa o nula sensibilización social en relación a los problemas ecológicos y climáticos. Pero ocurre que esta supuesta indiferencia ecológica en la conciencia ciudadana es activamente alimentada por parte de las políticas públicas, a modo de profecía autocumplidora. Las prioridades neoliberales de crecimiento de la economía material asumidas por las políticas públicas valenciana colocan a la ciudadanía en una posición de rehén y obstaculizan las iniciativas ciudadanas de responsabilidad ecológica, individuales o colectivas. Esta radical inadecuación de las instituciones y las políticas públicas invita activamente a la inacción y al pasotismo ciudadano a la hora de afrontar cambios individuales y colectivos que hagan las paces con el planeta y el clima.

Culpar a la ciudadanía por su supuesto “rechazo” a posibles políticas ecológicas más ambiciosas, realistas y responsables debido a que no está suficientemente preocupada ni concienciada, resulta infundado, deshonesto y manipulador. La gran debilidad de los comportamientos sociales responsables frente los dramas ecológicos y climáticos no responde exclusivamente a los factores culturales de falta de sensibilización, también es efecto de las imposibilidades que encuentra la ciudadanía para poder llevar a la práctica las opciones pro-ecológicas alternativas. Este bloqueo ejercido por parte de las instituciones y políticas públicas de todo tipo a menudo imposibilita estas prácticas. Las explicaciones incongruentes que cargan sobre la gente la responsabilidad de los escasos cambios en valores y comportamientos, se utilizan como argumento legitimador de la fuerte orientación culturalista, pedagogizante, concienciadora, individualista y voluntarista de la estrategia climática valenciana.

Pero conviene no olvidar que un factor determinante de la pasividad en los frágiles comportamientos pro-ambientales de la ciudadanía valenciana, individuales y colectivos, está en las propias instituciones públicas y sus políticas, que impiden, dificultan o castigan los cambios de actitud a favor de responsabilidad ecológica y climática. Esta indiferencia ecológica institucional impide y hace imposible los cambios sociales a favor de unos estilos de vida y hábitos de consumo ambientalmente menos agresivos y con menor huella ambiental destructiva. La ciudadanía está sometida a la fuerte presión de unas políticas públicas y unos discursos y valores que entronan continuadamente las prioridades del crecimiento económico y el desarrollo sin final, que al unísono es concebido como incuestionable, imparable y sin alternativas por parte de los actores económicos y las grandes empresas.

Se trata por tanto de un negacionismo instituido a la hora de decir la verdad y de acometer mediante las políticas públicas los cambios imprescindibles en comportamientos prácticos individuales y colectivos. En este sentido se puede decir que la población está institucionalmente forzada a mantener unos agresivos estilos de vida con alto grado de destrucción ambiental, tal y como se expresa en la aparente paradoja de que sectores sociales con menos rentas económicas o mileuristas, consumen aproximadamente 2,3 planetas y no están demasiado alejados de 2,7 planetas que consumen las clases medias altas. La razón de este aparente contrasentido refiere al gran daño ambiental incorporado en la oferta de los servicios, infraestructuras y bienes materiales que son ofertados por parte del Estado y organizan centralmente nuestras sociedades. Ni la población valenciana, ni la ciudadanía en general, pueden “reaccionar” con relativo realismo y responsabilidad a favor de la autocontención en el consumo de recursos ecológicos y energéticos en los comportamientos más derrochadores, porque los valores antagónicos del crecimiento inacabable constituyen las pautas y valores culturales dominantes reproducidas activamente por las políticas públicas, la legislación y los imperativos económicos y laborales.

Los valores y comportamientos a favor de más destrucción ecológica y climática son activamente defendidos y difundidos machaconamente por los principales poderes y actores políticos instituidos, por las políticas públicas de cualquier tinte ideológico-político, de izquierdas y de derechas, por los actores económicos, todos al unísono siguen priorizando los anacrónicos y peligrosos valores del crecimiento material inacabable, el tecno-optimismo y el consumismo ilimitado. Este negacionismo instituido, político, económico, cultural y práctico, está muy por detrás de la percepción ciudadana sobre el colapso climático y ecológico en curso.

Los objetivos vertebradores de la estrategia valenciana de cambio climático son paternalistas por centrarse en educar, concienciar, informar y formar a una población supuestamente indiferente o escasamente concienciada, para que comprenda y haga propios los problemas ecológicos y climáticos, y para que finalmente “reaccione” de forma individual, voluntaria y responsable. En definitiva, estas metas culturales de educación y concienciación social reflejan en todo caso una mala fe o una gran ignorancia e incomprensión sobre los cambios culturales y mentales que se están produciendo desde hace décadas.

7. Indicadores reduccionistas e insuficientes
que subestiman las emisiones y los daños climáticos

La inmensa mayoría de los indicadores presentados en la estrategia valenciana de cambio climático se orientan a la medida del aumento de la eficiencia energética y, en parte, ecológica, por cada unidad de producción, por cada vehículo, por cada hectárea, etc. Pero apenas hay indicadores ni objetivos evaluables, para poder registrar y establecer limitaciones claras sobre los volúmenes totales del consumo de recursos naturales.

Los indicadores empleados se centran casi exclusivamente en las emisiones de CO2, al tiempo se presta muy poca o ninguna atención a las emisiones tóxicas que se incorporan a los múltiples acoplamientos sinérgicos y metabolismos asociados al sobrecalentamiento climático, como por ejemplo es el metano que procede de la quema industrial de gas. De hecho, resulta inconcebible que la estrategia climática valenciana 2020-2030 incluso apueste explícitamente por fomentar las políticas anti-ecológicas y anti-climáticas de aumento de la quema de este combustible fósil en el periodo 2020-2030. Tampoco se plantean soluciones al grave problema del ozono O3 troposférico, que afecta muy gravemente a las comarcas del interior, a pesar de que las causas en su origen está en las zonas urbanas e industrializadas: en la quema de combustibles fósiles de chimeneas industriales y tubos de escape.

 


 

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