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Los Verdes

24 juin 2013 1 24 /06 /juin /2013 17:11

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Sobre la encarnizada lucha de la industria cultural y las leyes del copyright contra el bien común y los derechos de acceso a los bienes culturales por parte de las personas ciegas.

 

Comentarios sobre la conferencia diplomática de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual sobre el acceso a la lectura de las personas con discapacidad visual celebrada en Marrakech y su finalidad de establecer un tratado global que regule la excepción a los derechos del copyright para las personas invidentes.

 

Curiosamente, la palabra “equilibrio” está siendo una de las más utilizadas en las actuales discusiones sobre un Tratado para las Personas con Discapacidad Visual a pesar de su inutilidad para describir y comprender los problemas de acceso a la lectura que padecen las personas con diversidad de grados de ceguera. Este eufemístico lenguaje del deseable "equilibrio" entre los derechos y los beneficios económicos particulares, en realidad busca fomentar la confusión al servicio del dominio del negocio económico frente a los derechos básicos de minorías discriminadas como son los ciegos. Muchos de los delegados participantes hablan retóricamente en favor de conseguir un “equilibrio” entre las necesidades de millones de personas ciegas existentes en el mundo y los derechos de los propietarios privados de copyright. Se trata de toda una interesada orquestación para evitar la consecución de un digno y avanzado Tratado para la regulación mundial de derechos de las personas invidentes.

 

Lo que realmente está en juego en Marrakech no es alcanzar este falso “equilibrio” sino el corregir la multiplicada e inmoral discriminación que padecen las personas ciegas, quienes además de sufrir unas graves limitaciones físicas por su escasa o nula capacidad visual, también son marginadas socialmente en el acceso a la cultura y a los productos de una industria editorial que ya goza de muchas leyes para proteger sus  particulares beneficios económicos. Un injusto y desigual trato es el que se da por un lado a las personas videntes que sí pueden acceder a la lectura de millones de libros y por otro lado el que se da a los invidentes, quienes han sido privados de muchas de las facilidades y oportunidades para el acceso a la cultura obtenidas mediante la revolución de las tecnologías de la información.

 

El tratado de regulación mundial que se negocia en Marrakech debe apostar por reparar esta gran injusticia, algo que es bien opuesto a la palabrería del "equilibrio", que resulta ser todo un parloteo para instaurar por la puerta trasera nuevas normas restrictivas en favor de la propiedad intelectual. Contrariamente, el fundamento principal de este nuevo tratado que se está negociando es el de eliminar unas condiciones de intensa discriminación y de violación de los derechos humanos de las personas con disfunciones visuales, algo bien opuesto al intento de imponer bajo los argumentos del "equilibrio" nuevas medidas represivas en favor de los derechos privados de propiedad intelectual sobre los países empobrecidos del Sur.

 

Es una triste verdad el comprobar que los lobbistas de Hollywood y de la industria editorial están buscando al unísono la perversión del tratado que está a punto de nacer al querer convertirlo en un simple vehículo para levantar nuevas y más altas barreras contra la reforma del sistema mundial del copyright. Estos sectores económicos quieren imponer en la nueva regulación del tratado unas medidas draconianas de protección técnica (de gestión de derechos digitales) y buscan eliminar cualquier referencia legal al posible “uso justo” de las obras culturales. También quieren quitar cualquier referencia al derecho a la traducción y buscan consagrar la obligación de anteponer siempre el interés y la racionalidad económica bajo el rutinario lenguaje de la “disponibilidad comercial”, y con ello oponerse a cualquier tipo de excepción al copyright, queriendo hasta prohibir el envío de libros a individuos particulares. Por ello, en Marrakech se han aliado los lobbistas de la industria audio-visual y los lobbistas de los propietarios de derechos de copyright con el fin de forzar el avance de la dominación neocolonial en materia cultural.

 

La creación de nueva regulación con nuevas normas globales sobre excepciones al copyright para personas ciegas, no es solo un intento de inyectar una dosis de mínimo sentido común sobre las exigencias de la justicia en el contexto de un carcomido sistema legal que está gravemente inadaptado a la era digital actual. También se podría entender este tratado que se está negociando como una forma de ayudar a elevar la legitimación y el apoyo social de un marco legal de copyright que tiene un nivel bajísimo de aceptación ciudadana.

 

A lo largo de los últimos meses hemos oído repetidamente la misma cantinela en boca de los representantes industriales: que si se permite un fácil acceso a las producciones culturales por parte de las personas ciegas se “debilitaría gravemente el derecho internacional de copyright”. Algunos de estos portavoces europeos y estadounidenses llegan al extremo de dejarse llevar por una aguda paranoia persecutoria sobre una hipotética piratería por parte de las personas invidentes, aunque en realidad estas suposiciones nunca han estado respaldadas por evidencia empírica alguna.

 

Es especialmente tenebrosa la doble vara de medir empleada por parte de los gobiernos de la UE y de EE.UU. Resulta que mientras que los EE.UU y los estados nacionales miembros de la UE tienen unas sencillas y eficaces excepciones nacionales al copyright para las personas con discapacidad visual, ahora, cuando se trata de un marco normativo y legislativo de escala mundial, va y resulta que la UE y los EE.UU se niegan tajantemente a extender al resto del mundo estas reglas legales que ya son aplicadas en las propias políticas nacionales. ¿Como es que si han funcionado razonablemente bien unas leyes con excepciones al copyright en EE.UU y Europa, en cambio no resultan válidas a escala global para el conjunto de países?. Además, la alianza EU-USA en Marrakech ahora busca añadir al nuevo tratado internacional múltiples capas que ponen más obstáculos y complicaciones en favor de nuevas restricciones al libre acceso a los bienes culturales y el conocimiento, intentando ir mucho más allá de las propias leyes domésticas de sus respectivos países. Ni los Estados Unidos ni la Unión Europea quieren la inclusión en el tratado de excepciones como las del “uso justo” (fair use) y las de los “tratos razonables”, puesto que ambos son términos legales flexibles que amplían y facilitan el acceso a bienes culturales sin ánimo de lucro y que predominan en el marco legislativo del copyright estadounidense. A pesar de que no hay clausulas de “disponibilidad comercial” ni en EE.UU ni en la gran mayoría de países de la UE, cuando se trata de un nuevo tratado como este destinado a la regulación mundial impulsan una vil doble moral: ambos quieren meter la normativa de la "disponibilidad comercial" en la letra del Tratado para las Personas con Discapacidad Visual.

 

A lo largo de años de debate y discusiones previas también se ha dado un clamoroso déficit democrático y una falta de transparencia por parte de la Unión Europea. Las duras posiciones negociadoras defendidas por los representantes de la UE, no solo están en contra de las posiciones adoptadas por la Unión Mundial de Ciegos, sino que contrastan radicalmente con las declaraciones votadas por los representantes democráticamente elegidos en el Parlamento Europeo, que han apoyado activamente la necesidad de un tratado eficaz, simple y orientado fundamentalmente a los fines de una justicia humanitaria compensadora. Pero por desgracia, el mandato negociador de la UE ha hecho caso omiso del sentir democrático de la ciudadanía europea y de sus representantes europarlamentari@s al haberse forjado en la opacidad, el secretismo y en los patios traseros del Consejo Europeo de los estados miembros. Los negociadores de la UE han priorizado los estrechos intereses del beneficio económico para algunos sectores de la industria cultural por encima del bien común que supone el acceso a los bienes culturales por parte de muchas personas marginadas doblemente por sus limitaciones físicas y por las múltiples discriminaciones sociales que se les añaden. 

 

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Finalmente, esta semana en Marrakech las delegaciones de la UE y de los EE.UU están siendo arrastradas contra su propia voluntad para ir cediendo poco a poco en sus posiciones iniciales a consecuencia del peso de las profundas razones éticas, sociales y económicas de los numerosos países empobrecidos y de las numerosas organizaciones ciudadanas que defienden el acceso a la cultura por parte de las personas invidentes. Es de esperar que se llegue a un acuerdo de mínimos que saque adelante un digno texto para el tratado, aunque se haga a regañadientes, pataleando y protestando por la “erosión del copyright”, y aunque no parta de una profunda convicción en favor de unas exigencias de justicia para las minorías con discapacidad visual discriminadas en el acceso al conocimiento y la cultura.

 

David Hammerstein

Diálogo Transatlántico de Consumidores

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Published by Europa en Verde - dans Internet
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