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Los Verdes

24 avril 2019 3 24 /04 /avril /2019 11:33
Del Botànic al Titànic: la política valenciana climática
Del Botànic al Titànic: la política valenciana climática

Del Botànic al Titànic: la política valenciana climática

Publicado en el diario Levante-EMV 03-06-2019

Los gobernantes del pacto del Botànic ni siquiera han comenzado a hacer los deberes climáticos y ecológicos. No han hecho prácticamente nada ante el colapso climático y los desastres socioecológicos asociados al mismo, que constituyen el desafío más grave al que se enfrenta la humanidad. La inacción del Consell respeto a la temible emergencia climática a largo de los últimos cuatro años ha sido continuista con los anteriores gobiernos del PP. Ante el cambio climático la actual campaña electoral revela el poco compromiso, la ausencia de prioridad política y la falta de concreción de los partidos del Pacte del Botanic.

 

Como ha dicho recientemente Joan Subirats, "No resulta fácil atender a las exigencias medioambientales cada vez más inaplazables y al mismo tiempo mantener tozudamente dinámicas desarrollistas de viejo cuño". La clase política valenciana como el Gobierno del Botànic usan malabarismos retóricos entre el desarrollismo y la defensa de los ecosistemas vivientes, algo destinado a ser una ilusión y un fracaso rotundo ante los crecientes daños ambientales provocados por el crecimiento material de la economía. No asumen ninguna responsabilidad política y moral ante la hecatombe ecológica que sin escapatoria posible se nos viene encima.

 

 

Para colmo de negacionismo el cuerpo político gobernante suele echar las culpas sobre la ciudadanía, por su nula o escasa consciencia ambiental. Este chocante letargo de los máximos responsables políticos valencianos significa que como gestores institucionales y legisladores se desentienden del interés colectivo y de las perturbadas condiciones del futuro próximo.

 

 

Lo que ha estado totalmente ausente en el Govern del Botanic es la pedagogía política práctica de contar la gravedad de la situación climática y poner encima de la mesa propuestas a la altura de la emergencia que ponen en entredicho la premisas sacrosantas del narcisismo consumista y el crecimiento ilimitado. Esta pedagogía política a través de las propuestas políticas es precisamente la forma más eficaz para propiciar una mayor concienciación responsable entre la ciudadanía a favor de la suficiencia y cierta frugalidad ante la emergencia climática. Se podría aprender del debate social abierto y la eventual prohibición legal de fumar en los lugares públicos que es un pequeño ejemplo a seguir.

 

 

Ninguna de las propuestas políticas valencianas en liza en estas elecciones afrontan ni remotamente las dimensiones de gravedad y urgencia del problema. Es aún peor. Al considerar los resultados de la gestión institucional del Botànic se percibe su apuesta central por más de la medicina del crecimiento económico a cualquier coste, o lo que es lo mismo: más empeoramiento de nuestra salud climática y ecológica causado por las pautas desarrollistas expansivas en un planeta finito en materiales y cada vez más esquilmado y contaminado. Los datos hablan muy claro en sectores de actividad como son el urbanismo, la agricultura, el turismo, el transporte y el consumo.

 

 

Ante el auge de una crisis climática acelerada y de dimensiones colosales, lo que realmente urge no es tanto hacer algunas cosas buenas en “verde” (que se ven anuladas por el contrapeso del las políticas crecentistas en consumo total de recursos materiales y energía fósil) sino que lo prioritario es reducir radicalmente las cosas malas. Por desgracia, las políticas públicas ambientales al uso, como es la colocación de unas placas solares, el aumento de la red de carriles bicis, o la tímida promoción de compras ecológicas, no reducen los volúmenes totales de las actividades “sucias” sino simplemente se suman a la escala creciente de la catástrofe ecológica.

 

Nuestros gobernantes practican la "política del avestruz” al no decirnos la verdad sobre nuestra decadente condición ecológica. La triste realidad es que las malas políticas valencianas anti-clima de la izquierda y la derecha, no solo no menguan sino que cronifican la guerra contra los ecosistemas y la estabilidad climática. Es muy poca consolación que el Botànic sea un poco mejor que el PP cuando ante los enormes retos climáticos no hay apenas diferencia. Carecen de credibilidad los partidos que han apoyado el pacto del Botànic durante cuatro años sin poner en marcha ninguna política de envergadura contra las crisis ecológicas, a pesar de que éstas convierten en irrealizables las metas de bienestar asociadas a la adicción del crecimiento económico inacabable. Esta izquierda “progresista" gobernante ha alentado unas viejas políticas públicas desarrollistas, ancladas como están en el urbanismo expansivo, el turismo de masas, el aumento del consumo de todo y el fomento del transporte por carretera. Ninguna medida de cambio tecnológico ni de mayor eficiencia por sí solas, pueden contrarrestar la espiral global de destrucción material y ambiental desencadenada por estas prioridades productivistas. Ya no es un secreto a voces que, globalmente y localmente, estamos perdiendo la lucha por la habitabilidad humana planetaria y el bienestar equitativo. La Comunitat Valenciana es todo un ejemplo.

 

 

Mientras los datos científicos nos alertan de la escalada de los daños y peligros medioambientales diseminados, y plantean la necesidad de unas reducciones drásticas de emisiones contaminantes , en cambio las emisiones contaminantes valencianas han seguido subiendo durante la pasada legislatura. Hay más emisiones de coches, aviones, camiones y cruceros. En lugar de reducir sustancialmente la generación de residuos de todo tipo, éstos no han dejado de aumentar mientras seguimos lejos de cumplir con la exigencias europeas de reciclaje, reducción y reutilización. En contra de las recomendaciones expertas, han crecido las ventas de productos fitosanitarios, antibióticos, pesticidas y herbicidas, que con sus cocteles químicos diezman dramáticamente la biodiversidad y contaminan los ecosistemas. En lugar de una defensa firme de la tierra fértil las últimas islas de huerta valenciana siguen esquilmándose por los cuatro costados. En vez de restringir drásticamente la circulación de vehículos contaminantes se amplían los carriles de autovías para hacer espacio a un mayor tráfico. Ni tan solo se ha podido poner en marcha un programa eficaz de proteger a nuestra zona húmeda más grande como la Albufera ni frenar la destrucción de las minería de áridos en la Serranía. A pesar de las canciones de cuna en favor de “un nuevo modelo productivo” en boca de nuestros gobernantes, se vuelve con fuerza a las andadas del ladrillo, el turismo y el consumismo globalizado desbocado de recursos naturales vitales y escasos. El modelo económico valenciano es tremendamente intensivo en el consumo de recursos y energía.

 

 

Resulta especialmente cuestionable el que las autoridades valencianas se excusen ante los propios votantes apelando a una previa “concienciación ambiental” que dicen cínicamente que “los votantes no están preparados” cuando sabemos que la ciudadanía es más preparada para unas políticas climáticas valientes que sus cargos políticos. Afirman que no es realista bajar radicalmente las emisiones y el consumo material. Para ellos es más realista aceptar como inevitable el colapso.

 

 

Después de cuatro años en el poder se puede afirmar que el Consell ha mantenido las inercias minimalistas del anterior gobierno valenciano del PP contra el cambio climático. Hay poco nuevo en este consenso biocida de las izquierda y la derecha política gobernante. Contrariamente, la Generalitat ha de salir del letargo cuanto antes estableciendo planes multisectoriales de reducción drástica de las emisiones contaminantes a la atmósfera, con regulaciones realistas, novedosas y ambiciosas en su cumplimiento, cuantificables y verificables, que amortigüen en lo posible las alteraciones climáticas y ecológicas en curso. Los compromisos de la Generalitat, con leyes e inversiones que abandonen las falsas ilusiones de reducir el problema a un asunto exclusivo del modelo de producción eléctrica y de algunos sectores industriales, han de ser transversales y vinculantes para todas las políticas sectoriales.

 

No es casualidad el Botanic no ha sacado adelante una Ley Valenciana del Cambio Climático ni un plan energético valenciano ni leyes para la reducción de la generación de residuos ni una fiscalidad ecológica propia.

 

Si la moralidad se mide en la brecha entre lo se dice y lo que se hace el Botànic ha sacado una nota muy baja.

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