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Los Verdes

12 novembre 2007 1 12 /11 /novembre /2007 15:29

El debate político español sobre la destrucción del clima es superficial y cosmético. Apenas toca la superficie de las urgentes medidas que necesitamos. Es falso que con unos cuantos retoques todo pueda seguir igual en la economía y en la sociedad. Si realmente queremos reducir nuestra dependencia del petróleo es imprescindible tomar algunas nuevas y atrevidas medidas para ecologizar la economía, nuestro marco fiscal y nuestros estilos de vida y de consumo. Aquí van algunas pocas de las propuestas incómodas. Algunas de estas han sido apoyadas en principio hasta por el mismo gobierno francés.   

 

Por un consumo responsable que no exporte contaminación. Se debe crear a escala europea una tasa económica contra el dumping ambiental de todo tipo de productos de países que no alcancen las normas ambientales de la UE. Se deben favorecer los productos más sostenibles mediante la aplicación de un IVA reducido, y con ello aliviar la presión destructiva contra el clima. Se podrían evitar, por ejemplo, la avalancha de productos chinos intensivamente contaminantes. Esta protección y arancel europeo a favor de la calidad ambiental del planeta podría revertir a proyectos de ecodesarrollo y de producción limpia en los países del Sur. Además,  España debe apoyar desde la UE la instauración de una tasa de CO2 sobre el comercio mundial para comenzar a domesticar la globalización. 

(Foto: Parlamento Europeo)

 

Dejemos de subvencionar la destrucción del planeta. Urge el dejar de dar subvenciones públicas a la extracción de carbón y otros minerales contaminantes. Es necesario suprimir todas las ayudas estatales directas e indirectas a las actividades intensivas en energías sucias y contaminantes, como son la agricultura química, la aviación comercial, o la industria petroquímica. El estado no debe sufragar coste alguno para mantener el empleo en actividades especialmente contaminantes. En caso de crisis laboral se debe fomentar la reconversión limpia de la actividad económica que también demanda empleo.  

 

Peajes urbanos contra el uso del coche en las ciudades. Hay que instaurar peajes urbanos para poder acceder en coche convencional particular a los centros de las ciudades. Las recaudaciones económicas han de revertir en la mejora del transporte público.   

 

Moratoria en la construcción de nuevas autovías y peaje para todos. Debe darse una absoluta prioridad a la ampliación de la financiación pública del tren y otros transportes públicos por encima de inversiones públicas en más autovías. Todas las autovías existentes deben ser de peaje para favorecer el transporte público, salvo los bypass de las ciudades y núcleos urbanos.  El transporte de mercancías por carretera debe ser gravado para estimular una transición hacía el ferrocarril.   

 

La construcción a favor del clima. Para el sector de la construcción son urgentes unas estrictas normas de consumo energético (50kwh/m2) antes del 2012, y aplicables en todos los edificios públicos y de nueva construcción. Hay que eliminar las numerosas exenciones a la aplicación del ya tímido código técnico de la edificación, y hay que legislar a favor de auditorias energéticas en los materiales de construcción con medidas fiscales de fomento para los biomateriales de baja energía acumulada. También necesitamos auditorías obligatorias y públicas sobre emisiones de CO2 en todos los edificios nuevos, centro comerciales, y sobre cada nueva urbanización. Es posible alcanzar el 25% en el reciclado de materiales de construcción y escombros en 5 años mediante el aumento progresivo de las tasas de vertidos de materiales inertes, y así ahorrar grandes cantidades de energía.  

 

Gastar más en investigación I+D sobre energías renovables y eficiencia energética. Es urgente dar la vuelta a las actuales prioridades inversoras que favorecen la investigación en energía atómica y en combustibles fósiles. Es necesario aumentar la investigación y transferencia tecnológica sobre la eficiencia energética y sobre la producción limpia.   

 

La energía solar empieza por el tejado. Es necesaria una fuerte modulación de las ayudas públicas a favor de la colocación de la energía solar térmica y fotovoltaica en edificios, naves y polígonos industriales, para superar la actual situación que prima la instalación en el suelo.  Han de darse ayudas especiales y con trámites simplificados a las comunidades de propietarios que decidan instalar energía solar en sus fincas. Con un gran plan de reconversión y descentralización energética se podría conseguir la instalación de placas solares en 2 millones de edificios durante los próximos 8 años.   

 

Que pague más quien más energía consume. Hacen falta nuevas tarifas eléctricas moduladas en precios para favorecer el ahorro energético y disuadir el sobre-consumo y el despilfarro.  Hay que eliminar de una vez el actual déficit tarifario (precios artificiales debajo del coste de la energía)  y el privilegio de dar tarifas más bajas al consumo energético de las industrias. Las bombillas incandescentes y otras tecnologías caducas de gran despilfarro energético deben ser prohibidas. 

 Dejemos de comer petróleo.  En cuatro años podríamos duplicar la superficie dedicada a la agricultura ecológica que consume la mitad de energía y triplicar el consumo de sus sanos productos, lo que supondría un ahorro ingente de los combustibles fósiles incorporados en los fertilizantes y pesticidas fabricados con derivados del petróleo. Si alcanzáramos más del 5% de consumo de alimentos ecológicos, bajaría los precios de estos y además se ahorraría mucho petróleo. Podríamos comenzar con conseguir una comida ecológica  a la semana en colegios públicos, hospitales y otras instituciones públicas. Además, todos los alimentos locales y regionales deben gozar de una a discriminación positiva mediante compras públicas, para reducir así los crecientes kilómetros alimentarios. Debemos adoptar  exigentes planes para la reducción progresiva de pesticidas y fertilizantes derivados del petróleo, en todo el sector agrícola.    

 

No existe una  solución mágica ni una panacea técnica para luchar contra el cambio climático. Solo unos cambios profundos en todas las facetas de la vida pueden frenar la rápida pérdida de la habitabilidad del planeta. 

David Hammerstein, eurodiputado de Los Verdes

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