Overblog Tous les blogs Top blogs Politique Tous les blogs Politique
Editer l'article Suivre ce blog Administration + Créer mon blog
MENU

BÚSqueda

Los Verdes

26 février 2026 4 26 /02 /février /2026 18:39

 

 

 

Plantear una vuelta a la escalera social ascendente y la expansión económica de hace 30 años en España es imposible al considerar el contexto actual material, climático, energético y geopolítico. En cambio, es probable que con el discurso de “la culpa es de los políticos” la anemia económica persistente por la escasez de materiales y energía a buen precio nos traiga unas nuevas versiones del fascismo político. Paradójicamente, hoy es prohibitivo decir la verdad sobre unos límites infranqueables a una nueva expansión material deseada por nuestro consumo insaciable. Las demandas consumistas, industriales y militares superan por creces lo que hoy pueden dar unos ecosistemas deteriorados, un clima cada vez más inestable y una geología desgastada de donde es más difícil y más cara para extraer minerales para las sociedades industriales. Pero, sorprendentemente, al mencionar estos límites físicos uno suele ser acusado dar “excusas políticas y ideológicas”.

 

 

Acierta la periodista Estefanía Molina al decir que “Criar a una generación entera en la frustración, la precariedad y el malestar, no nos va a salir gratis. Tenemos a los jóvenes que menos creen en la democracia”. También pronostica Molina que esto acabará con la extrema derecha en el poder. La solución, según ella, es “la vuelta a la clase media” mediante “reformas” económicas para facilitar mediante la construcción masiva el acceso a la compra o alquiler de viviendas para independizarse, tener un sueldo suficiente para ahorrar, irse de vacaciones largas y comprar un coche nuevo cada tantos años.

 

 

Ella y muchas otras personas piden el retorno a los felices años 80 y 90, hasta los años antes de la crisis del 2008. Si no lo conseguimos la culpa es de una clase política nutrida de personas mayores de ideas antiguas, sobretodo de la izquierda, que ha sustituido el continuo progreso y crecimiento de “la socialdemocracia” por “el ideal asistencial”. Da a entender, igual como gran parte de la derecha, que las políticas sociales y las regulaciones urbanas y ambientales frenan la movilidad social de la mayoría. Con una voluntad política pensando en los jóvenes la prosperidad estaría a la vuelta de la esquina. Por el camino se ha perdido todo análisis materialista.

 

 

Resulta que en casi ningun país de la Unión Europea, de diferentes colores políticos, se ve “una vuelta a la clase media” sino la misma frustración de las generaciones jovenes ante las dificultades económicas, laborales y habitacionales. En la gran mayoría de los países europeo “la clase media” se ha encogido(si lo definimos como las personas que viven en hogares con una renta familiar disponible equivalente mediana entre el 75 % y el 125 % de la renta media) mientras ha habido un claro aumento de la polarización de la renta entre las personas más ricas y una pobreza que crece.

 

En toda Europa y en gran parte del mundo no es casualidad que la carestía de los alimentos, la energía, la vivienda y la sanidad está agudizando muchos conflictos sociales y políticos. Las soluciones ofrecidas suelen ser las huidas hacía adelante de más crecimiento, mas extracción y más explotación humana por todos los medios posibles sin pensar en las consecuencias nefastas para el futuro próximo. El grito de guerra es “Clase media o muerte!”

 

 

En Alemania, la ataña locomotora de Europa, se encuentra en una rápida desindustrialización. En el 2025 se perdieron 100 mil empleos industriales y la economía sufre una fuerte recesión económica por el encarecimiento de la energía y de los materiales causado por la guerra de Ucrania y la consiguiente rotura de de la provisión de gas de Rusia. Ha sido muy traumática la rotura del matrimonio hecho en el cielo entre una industria alemana muy intensiva en energía y una Rusia con abundantes recursos energéticos, especialmente del gas natural que llegaba en un gasoducto que ya no existe. La industria alemana no es competitiva por tener que comprar gas frackeado de EE.UU. a tres veces que el precio del gas ruso. Esta sangría industrial alemana ha afectado a todo el continente y ha aumentado la dependencia crítica de productos chinos y estadounidenses.

 

 

Un país como España que tiene una economía que depende en gran parte de los servicios, el turismo y la construcción, a pesar de tener un PIB que crece más que otros países, no goza de estabilidad laboral ni unos precios asequibles comparado con los sueldos. España apenas tiene producción industrial pesada desde hace años y no posee los minerales ni la energía para alimentarla. La agricultura y la ganadería españolas solo subsisten en el mercado gracias a subvenciones europeas y a unas ingentes importaciones de fertilizantes y piensos con unos precios ascendentes al ser muy dependientes de la provisión del gas para su producción.

 

Las apuestas económicas de la Union Europea, supuestamente con un gran futuro, como la electrificación renovable, como placas solares o baterías, la revolución digital de la “inteligencia artificial” y la producción militar, dependen todas de prácticamente los mismos minerales y metales importados y de un gran consumo energético y de un gran deterioro ecosistémico. Hemos subcontratado todo lo importante para construir esta “nueva economía” a países fuera de Europa con la confianza en que el dinero puede controlar todo. Pero resulta que unas realidades geológicas, geopolíticas y climáticas muy tozudas han cambiado la ecuación en nuestra contra.

 

Vivimos con un mito de que el dinero, las finanzas y las deudas pueden sustituir a los ecosistemas y al control y la producción de las materias y las energías imprescindibles para subsistir y para el crecimiento de unos nuevos sectores industriales “pujantes” como los digitales, energéticos y militares. Los tres compiten por los mismos metales y minerales como el cobre, el titanio, la plata, el cadmio, el silicio… que cada día son más escasos, de menos calidad y más caros. ¿Qué tendrá prioridad, un dron militar o una placa solar? ¿La energía, agua y minerales irán para un centro de datos para la “inteligencia artificial” o para una comunidad energética y unos huertos agrícolas locales? Casi toda la producción industrial y agrícola sigue dependiendo de los combustibles fósiles y de unas cadenas de suministro globales complejas y muy vulnerables. Así toda Europa está condenada a un declive industrial y de una caída de un nivel de vida en términos de consumo material.

 

Sólo un reparto de riqueza y el fortalecimiento de los servicios colectivos, más riqueza compartida en lugar de tanta riqueza individual, pueden amortiguar algo esta abrupta caída. Pero se exige una fuerte dosis de realismo sobre los límites biofísicos

 

No hay motivos para el optimismo mientras se escribe la crónica de una muerte anunciada de una democracia occidental que no sabía existir sin un crecimiento material imposible en un mundo lleno que se encoge, en un clima en pleno caos con unos ecosistemas que nos sustentan que se colapsan.

Partager cet article
Repost0

commentaires