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Los Verdes

15 août 2026 6 15 /08 /août /2026 17:18
RAZONES ECOLOGISTAS CONTRA EL PLAN DEL PLAN DEL GOBIERNO FRENTE A LA EMERGENCIA CLIMÁTICA

El acelerado sobrecalentamiento climático es un problema colectivo catastrófico en el presente y porvenir. Sin embargo, a pesar de décadas de evidencias científicas acumuladas y abundantes datos sobre la dramática situación ecológica de la humanidad son muy insuficientes los objetivos políticos planteados en el documento del "Pacto de Estado frente a la emergencia Climática”.

Dicho plan climático del Gobierno español desperdicia la ocasión de afrontar con mínimo realismo la lucha contra el caos climático. No persigue la reducción de las causas más inmediatas ni las distantes de los daños climáticos y peligros diseminados contra los sistemas naturales, las sociedades humanas y el mismo futuro, muchos de ellos irreversibles y sin segundas oportunidades. Socava los objetivos climáticos al favorecer la actuaciones contra la biodiversidad, a pesar de las aceleradas pérdidas de glaciares, suelos, acuíferos y ecosistemas y del extincionismo masivo de especies, que es para siempre.

 

1. No lucha contra el sobrecalentamiento climático y el declive acelerado de la biodiversidad

 

El documento justificativo de dicho plan del Gobierno español ignora la crucial necesidad de reducción global de la economía dependiente de las energías fósiles (petróleo, carbón, gas) y sus emisiones contaminantes de gases efecto invernadero en la atmósfera terrestre. Su visión reduccionista insiste en separar la lucha climática del sobreconsumo de recursos naturales y minerales de todo tipo y en favorecer a los sectores y actividades económicas de mayor consumo fósil a pesar de que siembran inmensos impactos en degradación ambiental e inhabitabilidad planetaria para la vida humana y el resto de seres vivos.

 

Resulta alarmante que sus previsiones incluyan más financiación y ventajas públicas sin condicionantes ambientales para sectores con intensivo consumo fósil y altamente contaminantes, y que se excluyan del plan de acción climática sectores de gran dependencia de los combustibles fósiles, como es la energía y el transporte.

 

Mediante el empleo de generalidades y la apelación retórica a la “sostenibilidad” y “la ciencia” las metas fundamentales de dicho plan de acción climática exacerbarán los dramas climáticos. Todo el documento justificativo constituye un lavado verde (greenwashing) que disfraza lo que constituye su principal apuesta: multiplicar los dramas climáticos mediante planes de “gestión” forestal ecológicamente devastadores financiados con abultados dineros públicos. En nombre de la ”gestión” y la “prevención” de los incendios forestales estas cirugías radicales persiguen la eutanasia de hábitats silvestres y biodiversidad para los fines lucrativos de determinados sectores industriales, a pesar ser bienes comunes vitales de valor inherente incalculable. No hay nada que pueda costarnos colectivamente más en el presente y futuro que la perpetuación de tal barbarie ecológica en los ecosistemas forestales.

 

Dicho programa de acción climática impulsa unas contraproducentes “soluciones” que incrementarán las catástrofes ecológicas y climáticas en curso. Su negacionismo climático reproduce los eslóganes de los sectores industriales económicamente favorecidos por los incendios forestales (madereros, agroalimentarios, energéticos, mineros, urbanísticos). Es un plan de acción climática hecho a medida de los intereses de negocio de la “economía del fuego”. No prioriza el impedir las quemas mediante medidas efectivas para la evitación de las igniciones humanas que causan la gran mayoría de los incendios, intencionales o accidentales, que incluyan sistemas de vigilancia y actuaciones rápidas en las primeras fases del fuego que impidan su propagación. Contrariamente, las motivaciones de este plan climático están en otorgar más influencia y recursos institucionales, políticos, legislativos y financiación pública a los intereses económicos beneficiados por los fuegos en el actual contexto de una sociedad con débil capacidad de reacción ante circunstancias desdichadas.

 

En contraposición, los datos científicos de mayor rigor y los especialistas técnicos independientes sin conflictos con los intereses políticos o económicos establecen la necesidad de emprender medidas urgentes para la adaptación y mitigación del sobrecalentamiento climático. Estas han de basarse en la conservación ecológica y la evitación de la degradación de los ecosistemas causada por los impactos de muchas actividades económicas dependientes de las energías fósiles. La conservación de los hábitats y la biodiversidad no sólo ha de ser eje principal y transversal irrenunciable de cualquier plan de prevención, gestión y restauración forestal, también constituye la primera línea de defensa y protección de los bienes naturales comunes contra el sobrecalentamiento climático. Esta imperiosa necesidad colectiva ha de obligar a dejar atrás la historia de gestión forestal del último siglo en España, que ha estado centrada en reforestaciones y cultivos forestales homogéneos de especies de crecimiento rápido para fines industriales que acarrean gigantescos daños ambientales y económicos.

 

Las apremiantes metas de la conservación ecológica han de prevalecer en los planes de evitación de las igniciones forestales. Estas no pueden afrontarse con las imágenes romantizadoras del “mundo rural vivo” que quieren hacernos creer que es como la fábula roussoniana del "buen salvaje”, a la vez que esconden sus prácticas ecológicas más despiadadas. La expansión de la llamada "ganadería extensiva” y el uso de los “fuegos prescritos” como herramientas técnicas “preventivas” contra los incendios forestales son respuestas perniciosas que incrementan los daños ecológicos y climáticos. Muy al contrario, precisamente los intereses ganaderos de mantenimiento y ampliación de pastos y las quemas agrícolas tradicionales están detrás de muchos incendios provocados. No obstante, el documento del plan climático ignora deliberadamente la escala descomunal de la devastación ambiental de la ganadería. Hace una apología de la "ganadería extensiva” como medio de lucha contra los incendios forestales y el cambio climático, a pesar de que constituye una de las principales fuentes globales de degradación de los ecosistemas y de sobrecalentamiento climático, causado sobre todo a las emisiones de metano de los rumiantes y el oxido nitroso del estiércol. 

 

La “ganadería extensiva” es en realidad semi-intensiva porque apenas tiene existencia en las explotaciones ganaderas del territorio español debido a las condiciones climáticas de escasa pluviosidad para el mantenimiento de los pastos. En gran parte del territorio español resulta casi imposible la ganadería alimentada exclusivamente de  hierba (“100% grass fed”), sobre todo para el ganado vacuno, hasta que los animales llegan al matadero después de haber pasado por los cebaderos. La mayoría de esta ganadería consume abundantes piensos, muchos importados, procedentes de monocultivos convencionales intensivos en consumo de combustibles fósiles, tratamientos agrotóxicos y fertilizantes sintéticos de producción industrial. Dichos piensos acumulan huellas de contaminación y destrucción ecológica y climática en todo el proceso de su producción (deforestación, cultivos agroquímicos intensivos, agrotóxicos pesticidas y herbicidas, energías fósiles, fertilizantes minerales industriales, transporte, procesamiento, comercialización).

 

El Gobiernos y gestores públicos han de abandonar la irresponsabilidad política y moral que esconde las grandiosas lesiones climáticas y ecológicas de la ganadería sobre los ecosistemas, la biodiversidad y la salud humana. No puede generalizarse aún más el modelo semi-intensivo de ganadería a causa de su gran devastación de hábitats y biodiversidad, no habrían suelos suficientes para alimentar el ganado “extensivo" y satisfacer la actual demanda de consumo de carne. La "ganadería extensiva" tampoco puede sustituir la producción industrial de la ganadería intensiva. Si crecieran las testimoniales explotaciones agroecológicas o “regenerativas” y suplantaran el conjunto de la "ganadería  extensiva" actual o incluso reemplazaran a la ganadería industrial más intensiva, sus impactos climáticos y ecológicos serían desoladores.

 

2. Un plan de masiva deforestación que no protege de la pérdida de la biodiversidad ni del cambio climático,

sino todo lo contrario

 

El plan de acción climática tiene como finalidad una guerra "preventiva" con masiva financiación pública en nombre de la "gestión” forestal y la "prevención" de los incendios forestales, persigue la eliminación, reducción y simplificación de los ecosistemas forestales mediante talas, clareos, desbroces, quemas prescritas, mezcla de actividades y cambios de uso de los suelos. Sus objetivos económicos están en desnudar los suelos de su tejido viviente para la extracción de "recursos” monetarizables y la obtención de ganancias comerciales madereras, ganaderas, energéticas, mineras y urbanísticas. Esta conversión de la vegetación en materia prima muerta para tales negocios implica la erradicación de árboles, bosques, sotobosque, y ecosistemas de matorrales.

 

Su concepción de "gestión" forestal y sus violentos fetiches criminalizan la propia biodiversidad y los ecosistemas de los montes como si fueran la causa de las igniciones y los incendios, a pesar de ser precisamente las grandes víctimas amenazadas e indefensas, a menudo sin oportunidad de nuevos comienzos. Sus falacias desprecian las formas de vida silvestre y sus capacidades bioproductivas reduciéndolas a simple materia física homogénea “biomasa”. Sus meta central es la eliminación del “combustible” vegetal considerado el causante de los incendios forestales y un simple recurso económico "desaprovechado" carente de valores intrínsecos.

 

No obstante, la mayoría de los incendios forestales actuales tienen causas humanas, no obedecen a las causas naturales de rayos y tormentas, tal y como confirman las cifras oficiales. Hoy día, la gran mayoría de incendios son deliberados o accidentales ocurren en hábitats forestales muy simplificados, homogéneos y empobrecidos de especies silvestres y capacidades naturales de amortiguación de los fuegos. Los fuegos de los incendios forestales no son como los de tiempos remotos, que cuando se iniciaban rara vez se propagaban a grandes distancias. Los paisajes estructurados por grandes herbívoros eran heterogéneos tanto vertical como horizontalmente: copas de árboles fragmentadas, combustibles irregulares, zonas húmedas, áreas de descomposición, claros pastoreados y una continuidad constantemente interrumpida. El fuego era episódico, localizado, se propagaba lentamente y se detenía con frecuencia.

 

Los incendios padecidos este mismo verano han evidenciado la ineficacia de tales actuaciones "preventivas" que biologizan las causas de los incendios y erradican el “combustible" de los ecosistemas y su biodiversidad. Demuestran que son falsos y contraproducentes “los consejos técnicos y científicos” ingenieriles, que suelen tener grandes conflictos de interés con los negocios de empresas madereras, energéticas y ganaderas. Estos desestiman las causas humanas, intencionales y accidentales, que están detrás de la gran mayoría de las igniciones e incendios forestales, y en vez de priorizar la protección de la biodiversidad la criminalizan, consideran que la propia naturaleza silvestre es la culpable de los incendios forestales. Ante los incendios forestales ponen el foco en la extinción y erradicación del “combustible” vegetal de los ecosistemas, no en la prevención basada en la vigilancia y las actuaciones rápidas y eficaces en los primeros estadios del fuego para evitar su propagación. El resultado no sólo son los incendios más intensos e incontrolables que amenazan a las personas y propiedades, también son nuevos porque los ecosistemas no pueden absorber las quemas frecuentes sin simplificarse y degradarse irreversiblemente en las actuales condiciones climáticas de altas temperaturas y sequedad.  

 

3. Las engañosas apologías de la “ganadería extensiva"

 

La defensa del sector agroganadero ante los desastres climáticos que adjudica unos supuestos beneficios heroicos de la "ganadería extensiva" ante todo tipo de problemas, como pueden ser el cambio climático, el éxodo rural, el “abandono” de los montes o los incendios forestales, oculta la gama de daños extraordinariamente amplios, intensos y perdurables. Junto al consumo de los combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas) la ganadería, especialmente especialmente de rumiantes como el ganado vacuno,  es una de las industrias ecológicamente más destructivas del clima y la ecología del planeta.

 

Resulta muy preocupante que el plan climático del Gobierno se sume a las campañas publicitarias y eslóganes de los negocios forestales y agroalimentarios disfrazados de “ciencia” y objetividad incuestionable. Estos ofrecen las falsas “soluciones” que favorecen los intereses comerciales ante las catástrofes ecológicas y climáticas. En este sentido dicho plan de emergencia climática satisface los intereses que persiguen estos poderosos grupos de interés económico: obtener ventajas y financiación pública mediante tácticas de presión política y manipulación social.  Sin embargo, los usos tradicionales del fuego para las quemas de restos agrícolas y pastos ganaderos están detrás de muchos incendios forestales, y precisamente las zonas húmedas de la Cordillera Cantábrica con más "ganadería extensiva” coinciden en las zonas con más incendios forestales intencionados.  

 

El término "ganadería extensiva” funciona como cajón de sastre y sirve de marketing publicitario para el conjunto del sector ganadero. Detrás de este letrero embellecedor convergen gran diversidad de prácticas respecto al número de animales, las ratios entre superficie de pastoreo/ animal, tiempo de pastoreo/ tiempo en establo, los tipos de suelos y clima, los cultivos agrícolas para piensos, sus tratamientos agrotóxicos, sus extensiones, orígenes e importación, las estancias en las salas de engorde, el tiempo de crianza, los mataderos, etc. La simple presencia del ganado pastando y ocupando suelos erradica sus ecosistemas y biodiversidad nativa. Existen diferencias insalvables entre el ganado y los herbívoros silvestres, no son equiparables sus servicios ecosistémicos ni el ganado extensivo reemplaza las complejas transacciones simbióticas verticales y horizontales entre las especies silvestres y su hábitat. Al contrario, existe un consenso científico sobre los inmensos daños ecológicos de la ganadería extensiva. Las políticas públicas que apuestan por el incremento de la "ganadería extensiva" son radicalmente contrarias a las urgentes necesidades climáticas de conservación de la biodiversidad y regeneración ecológica. 

 

La actual contrarreforma social y ambiental europea no es fruto exclusivo de las enérgicas protestas y movilizaciones promovidas por las organizaciones agroganaderas. Es enorme la influencia política de los principales grupos industriales que representan a las empresas cárnicas y lácteas. Sus grupos de presión son tan eficaces como los lobbies de la industria de combustibles fósiles a la hora de debilitar y frenar las políticas de la UE y de los Estados miembros destinadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de la ganadería y favorecer la transición hacia dietas vegetales más sostenibles. Los discursos estratégicos de las grandes empresas cárnicas y lácteas, además de querer orientar a los consumidores y a los responsables políticos buscan incidir activamente en las políticas europeas y de los Estados. 

 

Estos retrocesos en las embrionarias políticas ambientales enfatizan la importancia de la ganadería desvinculándola de sus emisiones de gases efecto invernadero y su alta contribución al cambio climático de la atmósfera del planeta. Sus relatos de oposición a la legislación ambiental penetran en las instituciones públicas, en la Comisión Europea y el Parlamento Europeo y los Gobiernos, y con frecuencia son adoptados por los partidos políticos de todo color ideológico en sus posicionamientos públicos. 

 

4. Retóricas de "restauración" de los ecosistemas en contradicción con los planes de masiva deforestación 

 

El propósito declarado del plan climático del Gobierno de "recuperar ecosistemas degradados o en peligro de desaparición, restaurar sus funciones ecosistémicas y velar para que todas las administraciones y políticas públicas actúen en favor de las metas de conservación de la naturaleza”, choca frontalmente con los planes forestales de priorizar las industrias madereras, la ganaderas y energéticas que reclaman la eliminación de vegetación mediante talas, clareos, desbroces masivos y quemas técnicas intencionales. Estos planes de "gestión" forestal resultan totalmente incompatibles con la protección y recuperación de ecosistemas degradados o en peligro de desaparición. 

 

Son muchas las generalidades vacías de contenidos concretos. En nombre de la "restauración" resultan muy incoherentes con las propuestas hídricas del plan climático por ser ajenas a las urgentes necesidades de mejorar los maltrechos y sobre-explotados ecosistemas fluviales y sus riberas, que constituyen los hábitats  de una gran parte de la biodiversidad.

 

La estrecha concepción sectorial de la  “conservación de la naturaleza” que vertebra el plan del acción climática evita cualquier concreción transversal que establezca limitaciones al conjunto y a cada uno de los sectores de producción económica y consumo. Emplea reiterados principios abstractos para ocultar los fracasos rotundos de los anteriores objetivos de conservación de la biodiversidad, establecidos por la Unión Europea para el 2010 y el 2020 e integrados en los planes de los Estados miembros y sus administraciones, que como ocurre en España no han frenado la actual caída libre de las formas de vida silvestre y contribuyen al extincionismo masivo y acelerado de especies por todo el continente.

 

Ha sido del todo incumplida la apuesta por "la aplicación efectiva del principio de no hacer un daño significativo al medio ambiente en las inversiones y subvenciones públicas, y en la contratación pública”. Contrariamente, la realidad de los pasados años demuestra que gran parte de las actuaciones y financiación pública se han dirigido precisamente hacia sectores económicos (agrícolas, ganaderos, industriales, energéticos), obras y proyectos de grandes infraestructuras, que provocan tremendos daños ambientales, a menudo irrecuperables.

 

5. Generalidades y desatención de los cauces fluviales y las aguas 

 

En gran contradicción con el apartado de “gestión forestal”, el documento justificativo de este plan de acción climática propone la “reforestación de cabeceras de ríos”.  Al mismo tiempo, carece de medidas de restauración fluvial que eviten la actual sobre-explotación de acuíferos y ríos causada por la expansión de regadíos, las urbanizaciones y la sobreregulación de los cauces naturales y riberas mediante infraestructuras físicas que actúan de barrera fluvial, geomorfológica y biológica.

 

Tampoco dice nada sobre el mal estado de la calidad de las aguas y sus efectos biocidas sobre las formas de vida acuáticas en gran parte de los ríos del territorio español a consecuencia de los vertidos tóxicos industriales, urbanos y ganaderos y de una crónica falta de saneamiento eficaz.

 

Una respuesta nacional que aumente la resiliencia hídrica de nuestros pueblos y ciudades ante inundaciones y sequías”  en realidad podría ser hasta un plan hidrológico nacional de trasvases entre cuencas hidrográficas y la construcción de nuevas presas y encauzamientos.

 

6. Declaraciones vacías sobre la protección de los sistemas costeros

 

Aunque en el texto justificativo del plan climático se declaran las metas generales de la “protección de sistemas costeros y marinos y los archipielagos” no hay ninguna propuesta concreta. Mientras tanto, la realidad de los últimos años ha sido de una expansión turística y urbanística desbocada, con grandes impactos destructivos y contaminantes sobre ecosistemas costeros, zonas húmedas y playas. 

 

Las políticas públicas siguen promocionando el destructivo crecimiento de puertos, como el de València, y de aeropuertos, como el de Barcelona, que tienen unos impactos devastadores sobre la biodiversidad y los humedales, las playas y los ecosistemas marinos, además de aumentar las emisiones fósiles climáticas. 

 

El hecho de que nada se haya hecho en los últimos años para frenar los terribles impactos ecológicos del turismo masivo en los archipiélagos Baleares y Canario, convierte las proclamas teóricas y el doblepensar de este plan climático en papel mojado  carente de toda credibilidad.

 

7. Fetiches romantizadores del “trabajo rural estable” ganadero, forestal y agrícola

 

El plan climático del Gobierno refuerza al sector ganadero enmascarado con el término “regenerativa”, que carece de definición precisa y regulación legal, a la vez que divulga un gran engaño social en la ciudadanía consumidora y erosiona la producción ecológica. Utiliza el término de “regenerativa” como panacea frente al caos climático y la hecatombe de la biodiversidad, a pesar de ser un marketing comercial de ecoblanqueo del sector agroganadero.

 

La insistencia en la "agricultura regenerativa” es parte de un maquillado verde basado de una supuesta “gestión holística” al igual que ocurre como la denominada "ganadería extensiva”. Además de ser un nuevo disfraz publicitario, asumido por grandes empresas como Nestlhé y McDonald o por el Gobierno de Donald Trump, constituye un arma ideológica contra la agricultura ecológica certificada y su producción de alimentos sin tratamientos agrotóxicos pesticidas y herbicidas.

 

A pesar de la abundante evidencia científica en contra, las apologías de la “ganadería regenerativa” defienden la magia de que el ganado puede ser neutro o negativo en emisiones de carbono CO2 a la atmósfera, favorecer la biodiversidad y frenar los incendios forestles, afirmando incluso que el consumo habitual de carne puede ser “ecológico”. Las proezas adjudicadas a la “ganadería regenerativa” han sido refutadas repetidamente por su falta de evidencias. Numerosas investigaciones independientes contradicen los eslóganes pseudocientíficos de que los sistemas de pastoreo suponen una reducción neta de carbono a la atmósfera, y concluyen que lejos de ayudar a mitigar el cambio climático el pastoreo contribuye a acelerarlo. Esta versión “regenerativa” de patrañas bucólicas sobre el pastoreo del ganado como “remedio" ante la crisis climática global fortalece los negocios del conjunto de la industria ganadera ya la vez que esconde que es una de las fuentes principales de las emisiones de gases de efecto invernadero y del declive ecológico de la biodiversidad. 

 

Los gases de efecto invernadero producidos por el ganado representan entre el 16,5% y el 28% de las emisiones totales mundiales (la cifra oficial de la ONU es del 14,5%). Estas estimaciones superan las emisiones combinadas de todo el transporte mundial. Un problema central añadido a las emisiones a la atmósfera del sector ganadero es el metano generado por los procesos digestivos del ganado rumiante, un gas que calienta 80 veces más que el carbono en sus primeros 20 años en la atmósfera. El ganado bovino representa alrededor de un tercio del metano de origen humano. También los productos del ganado de pastoreo son particularmente dañinos debido a que el ganado que pasta crece más lentamente y por ello produce más metano. Actualmente, alrededor del 26% de la tierra habitable del mundo se utiliza para el pastoreo de animales. La ganadería de pastoreo impulsa la destrucción ecológica y la deforestación a ritmos alarmantes, superando incluso a la industria del aceite de palma. El plan de acción climática del Gobierno desprecia las oportunidades de secuestro de carbono que ofrecen la conservación y recuperación de las tierras utilizadas para el pastoreo del ganado.

 

8. Financiación pública para sectores con grandes impactos ecológicos destructivos y gran dependencia fósil 

 

Para los sectores agrícolas, ganaderos y pesqueros el plan climático promete más financiación económica y ayudas publicas sin condicionantes climáticos y ecológicos comprobables. La inclusión en los mercados de carbón para conseguir más ayudas es un brindis al sol.

 

El empleo continuado del fetiche de la “modernización de regadíos” no supone en la práctica un ahorro real de consumo de agua sino todo lo contrario. La mayor eficiencia en las técnicas de regadío incentiva a la vez el sobreconsumo global y despilfarro de agua. Esta apelación al mantra de la "modernización" viene sirviendo de justificación y disimulo para la expansión inacabable de los regadíos y la sobre-explotación de acuíferos y ríos.

 

Cuando se habla de pesca “sostenible” ni una palabra se dice sobre la biocida pesca de arrastre y la necesidad de moratorias de pesca y reservas marinas para la conservación y restauración de los ecosistemas.

 

9. Declaraciones de mejora en salud pública y laboral y en respuestas rápidas

ante tragedias climáticas extremas

 

Hay algunas propuestas positivas en el plan climático pero la mayoría son competencias autonómicas y municipales. No obstante, en los últimos años apenas se han constatado avances en el terreno práctico ni en legislaciones concretas referentes al empleo, la sanidad, el urbanismo, el transporte, la enseñanza, la vivienda, el consumo.

 

Aunque las propuestas sobre las dotaciones públicas para poder responder a eventos climáticos extremos son razonables no van más allá de ser declaraciones de buenas intenciones. No resultan creíbles por carecer de presupuestos y legislaciones adecuadas. Se acomodan más a lo que es un programa político electoral, no a compromisos de rigor de un Gobierno. 

 

 10. Ausencia de realismo y grandes vacíos 

 

Son abrumadores los silencios de este plan de actuación climática del Gobierno. No propone nada para reducir la demanda energética ni el consumo de agua y materiales. No dejan de ser palabras vacías y una broma macabra las metas de "descarbonización" si no se acompañan de planes concretos de reducción del consumo fósil directo e indirecto en todos los sectores de actividad, y también en el consumo fósil de los abundantes y baratos productos importados. El consumo español de productos petrolíferos está en máximos históricos, como lo está el consumo de carbón a escala global. Una "descarbonización" que sólo esté centrada en el sistema eléctrico mediante las instalaciones de plantas renovables eólicas y fotovoltaicas, no puede ser una descarbonización real.

 

No tiene propuesta alguna sobre el transporte o el sector de producción energética y eléctrica. Carece de respuestas para frenar las actuaciones humanas que degradan, queman y contaminan la diversidad viva del planeta. A fin de cuentas, las metas reales que persigue este plan de acción climática no son actuaciones climáticas efectivas, sino un traspaso de ingente dinero público a manos privadas disfrazado de ropaje verde, que nada tiene de respuestas a la tragedia climática y ecológica en curso. Estos fines disimulados de mercantilización y privatización constituyen un oportunismo económico para intensificar una guerra "preventiva" contra la biodiversidad y los ecosistemas forestales al servicio de los intereses de negocio de las industrias madereras, ganaderas, energéticas y mineras, mediante el asalto a la financiación pública, las subvenciones y el trato de favor por parte del Gobierno central y los Gobiernos autonómicos y municipales.

 

Las medidas de "prevención" de los incendios forestales están centradas en destruir la vegetación y biodiversidad de los montes "abandonados" y sin "aprovechamiento”comercial, persiguen la meta principal de erradicación del “combustible” y no ofrecen ninguna garantía de prevenir los incendios forestales. Pero este mismo verano se ha evidenciado que muchas de las zonas quemadas, que sí habían tenido cortafuegos, clareos, desbroces de sotobosque y matorral, ganado extensivo, mosaicos, no han evitado la propagación de los fuegos. Esta "guerra preventiva" subvencionada contra los ecosistemas forestales y la biodiversidad, en nombre de la “gestión” forestal, arruinaría una biodiversidad de valor intrínseco incalculable en situación de intenso declive y sus bienes y servicios ecosistémicos más imprescindibles y vitales. Aniquilaría también sus capacidades de absorción de CO2 y retención de agua y humedad, que resultan necesarias para protegernos de los incendios y las temperaturas tórridas que nos aguardan.

 

En definitiva, este plan climático del Gobierno español en lo más fundamental constituye una malévola aplicación oportunista de la "doctrina del shock”, que ofrece milagrosas "soluciones" ante la tragedia sin paliativos de los incendios forestales de los últimos veranos aprovechándose de las conmociones sociales que causan.

 

Agosto, 2026

 

 

 

 

 

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