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Los Verdes

15 janvier 2016 5 15 /01 /janvier /2016 22:49
30 argumentos por la huerta ecológica de Valencia
30 argumentos por la huerta ecológica de Valencia

 

30 argumentos por la huerta ecológica de Valencia

Razones para un Plan Municipal de Acción Integral por la huerta ecológica

 

1. Las tierras fértiles de la huerta metropolitana son cada vez más escasas y por ello se hace prioritario su cuidado, conservación y regeneración.

 

Valencia se alza sobre unas tierras sedimentarias milenarias de mucha fertilidad y productividad agrícola. La inacabable expansión urbana del desarrollo en los años sesenta del siglo XX sobre estos singulares ecosistemas de tierras fértiles todavía no se ha frenado. Este desarrollismo metropolitano ha avanzando como una mancha de aceite y ha ido comiendo la huerta bajo la presión de viviendas, carreteras, autovías, equipamientos industriales, áreas comerciales, ampliación del puerto y universidades. Las tierras de huerta deben dejar de ser un espacio de reserva para la especulación urbanizadora y la ubicación de infraestructuras de todo tipo, frecuentemente innecesarias y sobredimensionadas, que rompen, merman, degradan y hacen inviables los agroecosistemas de la huerta y sus capacidades bioproductivas y económicas. Sabemos que el gigantismo del cemento y el asfalto junto al vigente sistema agroindustrial basado en el uso de productos químicos "fitosanitarios" no son viables porque nos roban la salud y las posibilidades de vida en el planeta. La única alternativa concreta aquí y ahora ante las muchas agresiones ecológicas que padecemos -globales y locales- es el establecimiento de las nuevas pautas de la agrícultura local ecológica. La agricultura orgánica sin tratamientos agrotóxicos de origen químico-industrial en el espacio metropolitano ha de ser activamente impulsada por las instituciones públicas, fomentando con ello de la proximidad y los intercambios circulares en la producción, distribución e intercambio de materiales, energía, residuos y mercancías.

 

 

2. Si desaparece la huerta muere también una fuente de nuestro sustento, bienestar y futuro.

 

A pesar de que no somos extraterrestres y de que los sistemas vivos no pertenecen a un espacio exterior ni están separados de los seres humanos, en todo el mundo aumentan como un cáncer las destrucciones ecológicas causadas por la acción humana. La expansión del asfalto, el cemento y las prácticas agrotóxicas de la pequeña agricultura convencional degenera y contamina suelos, plantas y alimentos, y es la sepultura de los delicados ecosistemas vivos de las tierras fértiles de la huerta. Con la desaparición progresiva de las tierras agrícolas de la huerta que aún persiste, los pueblos metropolitanos y la ciudad de Valencia se habrán desecho de la fuente primordial que les ha permitido la subsistencia a lo largo de dos mil años. Si muere la huerta ganaremos muchas incertidumbres en el presente y futuro y habremos socavado oportunidades de continuidad, salud y vida. Si continuamos contaminando la huerta con una agricultura intensiva llena de insumos tóxico-industriales desperdiciaremos las posibilidades de hacer una verdadera agricultura local y cercana con productos de calidad, sanos y ecológicos. Si la pequeña agricultura intensiva de la huerta de Valencia continúa marginando la producción ecológica, actualmente muy minoritaria, perderemos la posibilidad de una soberanía alimentaria con precios socialmente accesibles y encarnada en circuitos cortos de producción, distribución y abastecimiento de productos, materiales y energía, y en circuitos cerrados de materiales y residuos. Si la huerta no se hace ecológica rápidamente, nos haremos colectivamente más débiles y dependientes de los múltiples peligros implicados en los mercados globales externos y de los intereses particulares del beneficio económico de las grandes empresas agroalimentarias.

 

 

3. Ante el Cambio Climático y las muchas incertidumbres y riesgos socioambientales las ciudades que conserven las tierras fértiles y hagan una viable agricultura ecológica periurbana tienen una sólida ventaja que sería estúpido desperdiciar.

 

La preservación y recuperación de la huerta es clave para hacer posible la urgente transición de pueblos y ciudades hacia la sostenibilidad ecológica y social. Es la única opción sensata y responsable. Es el único futuro posible porque no socaba la vitalidad de las tierras fértiles ni los mermados recursos del planeta. Son muchos los indicios e informaciones científicas que nos avisan de que el desarrollo tecno-industrial y su continua expansión ha sobrepasado los límites físicos de nuestro planeta finito en materiales. Hemos descubierto la trágica y obligada transitoriedad y decadencia de nuestra forma de producir y consumir si continuamos con las actuales tendencias del crecimiento inacabable. La continuidad y futuro de nuestro estilo de vida sobre-consumidor está radicalmente amenazada. La huerta ecológica es la deseable opción para la mejora en bienestar colectivo y el disfrute de la vida. Su preservación será imposible si no respetamos y reparamos la compleja red de interacciones y componentes de la comunidad natural que sostiene y vivifica su productividad: tierras fértiles, aguas, minerales, micro-organismos y biodiversidad en vegetación, mamíferos, insectos y aves. La huerta no se puede conservar y regenerar si solo se percibe como una actividad económica y no atendemos a sus necesidades biofísicas y bioregenerativas.

 

 

4. Por la preservación de la singular simbiosis orgánica entre la ciudad y la huerta sin agrotóxicos.

 

Quien pierde los orígenes pierde la capacidad de aprender discerniendo las innovaciones nocivas y mitigando los daños y peligros. La mejora social con buen vivir, equidad y futuro no se apoya en la reproducción de una tradición fosilizada inmutable ni tampoco en el absoluto desarraigo, sino en la reelaboración continua y la adaptación de las propias capacidades a las condiciones, oportunidades y límites sociales, físicos y ecosistémicos mediante nuevas actitudes y hábitos prácticos. La historia de una ciudad parte del caudal de experiencias y de su patrimonio acumulado a lo largo de los tiempos. Hoy la evolución de la huerta de Valencia ha de cuestionar las prácticas de décadas de agricultura químico-industrial basada en componentes no orgánicos de síntesis, hijos del laboratorio científico y de una arrogante y violenta concepción mecanicista y reduccionista sobre la complejidad interdependiente del mundo vivo, como son los nitratos, los pesticidas, los herbicidas, los fungicidas y los plaguicidas. Esta agricultura con agrotóxicos está basada en técnicas que "desnudan y limpian" las tierras mediante trazados de líneas y filas rectas de plantas que en realidad producen muchos males que se externalizan fuera de los precios y la economía contable: contaminación, enfermedades y muerte de la vitalidad de las tierras, las aguas, la biodiversidad, los alimentos y la salud humana. Hemos de rehabilitar creativamente la antigua mezcla orgánica de la ciudad y la huerta, uno de los elementos heredados de originalidad distintiva, paisaje, riqueza y potencialidad que tiene la ciudad de Valencia. Una huerta ecológica mitigaría la monstruosidad urbana que devora insanos insumos procedentes de lugares remotos y nos ayudaría en la construcción de unos modos de vida agroecológicos del urbanita.

 

 

5. La defensa de la huerta ecológica es parte de la lucha contra el Cambio Climático.

 

En las tierras de la huerta se juega el actual dilema ecológico de la humanidad a inicios del tercer milenio. Ante el reciente fracaso de la Cumbre de la ONU en Paris (COP21) por la falta de compromisos concretos y vinculantes de freno a la extracción y quema de combustibles fósiles que contaminan la atmósfera con carbono, no debemos hacer caso de las dietas de pasividad edulcoradas con mensajes optimistas anestesiantes. Nuestra situación colectiva es de grave emergencia y tenemos poco tiempo por delante. Son necesarias y urgentes las alianzas entre la diversidad de esfuerzos ciudadanos para avanzar conjuntamente hacia la descarbonización de nuestras maneras de producir y consumir. Debemos reconocer y difundir la gran verdad fundada en la mejor información científica disponible: que sólo la agricultura orgánica que no añade agrotóxicos químico-industriales y que acorta y cierra los circuitos de materiales, detritos y energía, puede ser compatible con la sostenibilidad ecológica y social y nuestra salud. Solo la agricultura ecológica puede ser hacer viable un futuro post-fosilístic respetuoso con la reproducción de los metabolismos de la biosfera terrestre y tolerante con los límites naturales que se imponen como constricciones a las actuaciones humanas. En consecuencia, se hace inevitable la evolución de la huerta metropolitana hacia formas de agricultura orgánica, baja en emisiones de carbono y con ciclos cortos y cerrados de materiales, energía y residuos en la producción, distribución y comercialización. Debemos salir de la ceguera mental negacionista y actuar ahora, no tenemos tiempo para una larga transición.

 

 

6. La huerta ecológica es la opción por la flexibilidad y resiliencia ante los eventos climáticos extremos.

 

Para enfrentarnos a la actual crisis climática colectiva necesitamos una nueva eco-urbanidad cívica realista y adaptada a las amenazas socioambientales y a la escasez de bienes y servicios naturales y físicos, capaz de integrar a la vez las metas del bienestar, la equidad, la suficiencia y el buen vivir. Es urgente hacer las paces con la Tierra, nuestra única, frágil y común casa terrestre que está naufragando como el Titanic. La huerta ecológica fortalece nuestra capacidad de resistencia ante los fenómenos socioambientales abruptos e imprevisibles que aumentarán con el Cambio Climático y agudizarán las luchas y tensiones sociales.

 

 

7. La preservación y cuidado de la huerta es parte de la rehabilitación ecológica de la ciudad de Valencia y su entorno metropolitano.

 

Los suelos fértiles de la huerta periurbana de Valencia, su productividad y regeneración orgánica y saludable con la Tierra, la biodiversidad local y la salud de la ciudadanía metropolitana no pueden continuar supeditándose a la producción agroquímica intensiva en tóxicos biocidas. Ante las múltiples agresiones ambientales presentes en la cadena agroalimentaria y en el espacio metropolitano densamente urbanizado hoy el bienestar colectivo y la calidad de vida es radicalmente incompatible con la continuidad de las prácticas de la agricultura convencional intensiva en agrotóxicos. La salud pública y la habitabilidad urbana de Valencia exige la eliminación de los impactos de los fitosanitarios tóxicos y peligrosos. Valencia y su entorno metropolitano sufre niveles preocupantes de contaminación directa y difusa que actúa sinérgicamente y proviene de fuentes diversas, como son los tratamientos tóxicos de las prácticas agrícolas o como son las emisiones de partículas y metales pesados producto de la combustión de los derivados del petróleo del tráfico rodado. La erradicación de estas agresiones contaminantes y la emergencia de la agricultura ecológica hoy constituyen un imperativo para la ciudad de Valencia y su entorno metropolitano.

 

8. La agricultura regenerativa de la huerta ecológica ayuda a la recuperación de la biodiversidad en el espacio metropolitano.

 

En la mayoría de áreas de cultivo los tratamientos de la agricultura intensiva guiados por la mentalidad despreciativa de las "malas hierbas" sobre el propio espacio natural son agentes agresivos que generan contaminación y eliminan la trama de complejas comunidades de especies de animales y plantas. La vegetación natural es prácticamente inexistente por ser un territorio cultivado buscando el máximo aprovechamiento crematístico de los suelos agrícolas mediante el uso de insumos fitosanitarios de origen industrial como son los insecticidas y herbicidas, y mediante el uso de técnicas que "limpian" y eliminan la cubierta vegetal dejando desnudas las tierras cultivadas. Estas técnicas de simplificación, artificialización y empobrecimiento lesionan los metabolismos de los agroecosistemas y dañan sus funciones vitales como son la retención de agua y humedad. En consecuencia se hace necesario la regeneración del manto vegetal en la huerta para la recuperación de la vitalidad de las tierras y de las poblaciones animales y vegetales que hacen un trabajo auxiliar de colaboración con la producción agrícola. Pero también como resultado de la explotación agrícola en la comarca de l'Horta con el predominio del monocultivo de cítricos, cultivos frutícolas y una horticultura normalmente rotacional de temporada con varias cosechas al año, se ha dado una vegetación asociada nitrófila y en consecuencia una variedad de biotopos y de fauna adaptada. Destacan las comunidades palustres con carrizos, eneas y juncos que forman los marjales. Los árboles y arbustos más típicos suelen encontrarse aislados o en hileras asociadas a los bordes o acequias de las marjales. Murciélagos y especies protegidas de rapaces nocturnas como son las lechuzas, los búhos y los mochuelos, que cooperan muy eficazmente con el trabajo agrícola eliminando animales competidores, han sufrido una fuerte regresión. Han ido perdiendo sus habitats naturales y lugares de nidificación a efecto de las múltiples presiones antrópicas del desarrollo en el territorio comarcal, como son los agrotóxicos empleados en los campos de cultivo, poniéndolas en muchos casos al borde de la extinción. La presencia de zonas húmedas costeras y entre ellas la Albufera hace que comunidades de aves colonizen los espacios cercanos como es la huerta, dominando las especies adaptadas a entornos rurales-urbanos. La diversidad biológica en el caso de las aves se debe a que encuentran en las áreas agrícolas un "refugio" frente a la destrucción de sus ecosistemas naturales originales. Estudios realizados en la huerta han encontrado decenas de especies de aves, entre las que coexisten aves urbanas, esteparias, palustres, de matorral y estrictamente aéreas, y en relación a la alimentación hay especies granívoras, insectívoras, piscícolas y frugívoras. Han de prohibirse los insecticidas neonicotinoides por parte de las autoridades municipales y autonómicas porque devastan las poblaciones de insectos polinizadores como son los abejorros y las abejas y arruinan la apicultura.

 

 

9. La lucha por la huerta ecológica es una lucha por el bien común.

 

Necesitamos un modelo de ciudad y de agricultura alternativo para el buen vivir que no esté prisionero de los estrechos intereses económicos de especuladores y de las cegueras asfaltadoras de partidos de cualquier tinte ideológico, de gestores públicos y técnicos planificadores. Queremos la seguridad y la protección en el abastecimiento de los recursos básicos y locales, como son los alimentos cultivados en la huerta, con derechos comunales y con participación y decisión ciudadana, y esto exige el freno del crecimiento interminable de la ciudad, la regeneración de los barrios y de la ciudad histórica y la rehabilitación de las zonas urbanas degradadas. Esta opción por un modelo de vida menos maquinístico y más orgánico exige más huerta ecológica, más bioconstrucción y bioclimatismo, más espacio público, más árboles y menos coches privados junto a la minimización del volumen y la toxicidad de los materiales y residuos.

 

 

10. La recuperación de la huerta ecológica es de interés general y los gobernantes han de escuchar.

 

La mayoría ciudadana sabe que la pérdida de suelos agrícolas es un grave problema medioambiental y desea la conservación de la huerta. Este amplísimo consenso social conservacionista existente tiene motivaciones diversas, como son los valores rurales y tradicionales, la calidad de vida y la necesidad de poner límites a la bulimia del capital económico de algunos pocos, los valores de la sostenibilidad ecológica y social. Esta opinión general a favor de la protección de la huerta debe transformarse con urgencia en una acción colectiva institucional y legal impulsada por el gobierno autonómico y los ayuntamientos para la reorientación del desarrollo metropolitano a partir de la comprensión de que la mejora de la vida colectiva no pasa por poner más coches, más cemento y más asfalto.

 

 

11. La huerta ecológica es una apuesta por el consumo informado y responsable con la salud de la gente y la Tierra.

 

La huerta ecológica es contraria al reduccionismo del paradigma productivista y economicista y a sus prácticas y conocimientos que no supeditan los beneficios económicos privados a las necesidades colectivas: ecológicas, sociales, culturales y comunitarias. Los pequeños productores agroecológicos establecen fuertes alianzas con las necesidades individuales y colectivas de salud ciudadana y con los consumidores mediante la transparencia, la claridad informativa y comunicativa sobre sus procesos, componentes y productos alimenticios: más nutritivos y sin tóxicos agroindustriales. Los consumidores deben tener clara información sobre la trazabilidad y los procesos de producción de los alimentos de la huerta.

 

 

12. La huerta ecológica es parte de la lucha social y cultural por los valores de la suficiencia y el buen vivir.

 

Para hacer frente a los destructivos valores de abundancia y derroche de los recursos escasos y frágiles y cuestionar las mitologías modernas del crecimiento indefinido son muchos los valores socializadores de la huerta de Valencia. Esta constituye un valioso recurso para la educación socioambiental sobre las realidades físicas y biológicas con las que necesariamente nos relacionamos, como son los ciclos del agua, los materiales y tierras, las estaciones y el clima, la biodiversidad de plantas y animales, la microfauna y los nutrientes, los desechos, el compostaje, los hábitos agroantropológicos heredados, la historia natural ... La agricultura ecológica es guardiana y productora de bienes y servicios naturales vitales. Sus valores y conocimiento deben integrarse en las escuelas de capacitación agraria, en los centros educativos y en las experiencias educativas informales mediante huertos, granjas y comedores escolares.

 

 

13. Las numerosas funciones ecológicas, sociales y culturales de la huerta no pueden reducirse a los intereses de la rentabilidad económica del pequeño productor-agricultor/a.

 

Es fundamental reconocer que la agricultura es parte inevitable del carácter sistémico e interdependiente de la vida. Se hace prioritaria la conservación y regeneración de las tierras de la huerta ante el desgaste de su explotación con agrotóxicos. La huerta ecológica puede convertirse en una actividad económica viable productora de gran riqueza local. La accesibilidad y los precios de los productos ecológicos de la huerta no deben convertirse excluyentes para la mayoría de la gente y los consumidores de bajas rentas económicas. Son necesarias nuevas iniciativas individuales y colectivas en favor de actividades y redes de economía social y comunitaria en la huerta. Las tierras de la huerta son recursos vitales con capacidades de acoger, integrar, socializar y profesionalizar a personas y grupos sociales muy diversos, como pueden ser los estudiantes, los jóvenes, los parados, los marginados sociales, los jubilados,... Son muy variadas las actividades y utilidades sociales vinculadas a la huerta ecológica, como pueden ser el autoconsumo, el ocio y tiempo recreativo, la creación cultural, la formación profesional y el aprendizaje, la espiritualidad estética, la jardinería, los viveros, también la producción agrícola para los mercados locales y para la exportación.

 

 

14. Lo primero en la huerta es conservar las tierras creando un marco legal de protección blindada frente a las presiones urbanizadoras y la sustracción de las tierras fértiles para otros usos.

 

Una vez frenado el peligro de urbanización con un fuerte marco legal autonómico y municipal de protección del uso agrícola, las tierras fértiles de la huerta, de propiedad privada o pública, han de preservarse mediante objetivos y normativas reguladoras ambientales para la producción agrícola. Lo que es valioso y de interés común se conserva mediante los instrumentos de la ley y la regulación pública poniendo limitaciones al libre mercado y a la propiedad privada. Esto es bien contrario a las políticas agrícolas que incentivan y subvencionan las dinámicas del mercado globalizado y la competitividad, los beneficios económicos de productores particulares y el libre uso de técnicas y tratamientos agrotóxicos. Por parte de las políticas públicas en el caso de la huerta, no se deben seguir poniendo por delante los beneficios y las rentas agrícolas para los pequeños productores-empresarios al tiempo que se externalizan los riesgos y las enfermedades  generados en los consumidores, los ciudadanos, la biodiversidad, las tierras y las aguas.

 

15. Hay que actuar ahora: Plan autonómico supra-municipal de protección de las tierras de la huerta metropolitana y planes municipales.

 

No es del pasado nostálgico del que hablamos, sino del presente y del futuro. Los efectos de los daños y peligros producidos por los monocultivos del desarrollo urbanístico y agroindustrial, que amenazan desde hace décadas la huerta y que ahora denunciamos, en el futuro próximo serán del todo intratables e inevitablemente todos seremos víctimas. Nada nos autoriza a no actuar en el presente y a continuar descontando las oportunidades y el bienestar de los seres humanos y no humanos, presentes y futuros, si seguimos recorriendo las mismas rutas sin salida hasta que no haya posibles remedios.

 

16. Redes y circuitos cortos y cerrados de intercambio de materiales, energía y residuos entre la huerta y la ciudad.

 

La agricultura agroquímica convencional de la huerta no es producción local ni de circuitos cortos y cercanos si se tiene en cuenta el origen y las largas distancias recorridas por sus componentes materiales, energéticos, sociales, económicos y biológicos. Las políticas de inversión del dinero público para favorecer la rentabilidad económica de los productores de la agricultura agroquímica convencional no deben revertir a la ciudadanía bajo la forma de incremento de los males y peligros agroalimentarios y ecológicos para la gente y la Tierra. La pequeña agricultura en los espacios intersticiales y en los espacios urbanos interiores de la ciudad de Valencia, el urbanismo de nuestras ciudades y pueblos, sus formas arquitectónicas, tienen la imperiosa obligación de integrar las exigencias del paradigma ecológico. Para ello han de dotarse de indicadores físicos, biofísicos y energéticos, con compromisos concretos y vinculantes de acortamiento, reducción y cierre de los abundantes y alargados flujos, abiertos y lineales de energía y materiales de origen agroindustrial. Existen experiencias ejemplares que pueden orientarnos en las periferias de Paris: r-urban.net, http://r-urban.net/blog/projects/agrocite/

 

17. Cuando se trata de la agricultura convencional intensiva en agrotóxicos no hay que confundir ni disimular con discursos y conceptos como "la agricultura sostenible", "los alimentos sostenibles","la agroecología" o la "soberanía alimentaria".

 

El gobierno autonómico y los gobiernos municipales deben priorizar las necesidades colectivas y urgentes de salud y ecología. Es una gran manipulación denominar a la producción convencional como "producción sostenible" o "alimentos sostenibles" cuando en realidad se trata de producción intensiva con agrotóxicos. Los alargados y lineales circuitos de intercambio, tan propios de la agricultura agroquímica convencional en la huerta, nada tienen que ver con los ciclos cerrados y los canales cortos de producción, distribución y consumo. Ha de reconocerse nítidamente esta verdad por parte de nuestros gobernantes y de las administraciones públicas, por parte de los técnicos planificadores y de los movimientos sociales y luchas ciudadanas por la huerta. El modelo cancerígeno de producción con agrotóxicos fitosanitarios y el consumo de sus productos alimenticios, aunque puedan ser experiencias económicamente exitosas para las pequeñas explotaciones agrícolas, en ningún caso puede llamarse "sostenible" y es radicalmente incompatible con los principios y prácticas de la agricultura ecológica, la sostenibilidad ecológica, la agroecología, la soberanía alimentaria y la calidad de vida.

 

18. Lo "local y la calidad" exige la eco-condicionalidad y se vacía de valor cuando se trata de producción convencional con agrotóxicos.

 

Los criterios de calidad que quieran informar realmente sobre el valor de los productos agrícolas para la gente y la Tierra han de tener en cuenta los componentes en nutrientes y la ausencia de agrotóxicos. Es rotundamente falso que la calidad de los productos de la huerta solamente se asegure mediante los criterios de producción con canales cortos de proximidad. La valoración de la calidad y el valor añadido de los productos alimenticios de la huerta no puede quedarse sólo en las características parciales de ser productos frescos de temporada y de producción cercana que acortan los circuitos de distribución entre los pequeños productores y los consumidores. Esto significa ocultar la realidad de que son bien largos y abiertos los trayectos recorridos por los insumos energéticos y los tratamientos con productos químico-industriales. La calidad no puede quedar reducida a la disminución de intermediarios y distancias entre productores y consumidores y con ello al menor poder de las grandes corporaciones de la industria agroalimentaria en las cadenas de distribución que dejan desprotejidos a los pequeños productores agrícolas. No hay calidad posible ni sostenibilidad con los agrotóxicos de la agricultura convencional. No puede seguir ocultándose que la calidad solo puede estar en los alimentos de la producción ecológica, porque sus ingredientes orgánicos libres de residuos agrotóxicos son más nutritivos y saludables para las personas y los ecosistemas. Con circuitos cortos y circulares de materiales, residuos y energía la producción ecológica local siempre tiene infinita menor huella de destrucción ambiental que los largos trayectos abiertos implicados en la huerta convencional agroquímica.

 

19. No hay sostenibilidad posible en la alimentación con productos locales que vengan de la pequeña agricultura con agrotóxicos.

 

Las ideas de "sostenibilidad" y de "productos locales" en las prácticas agrícolas y en la alimentación y la comida no pueden utilizarse como cortina de humo para defender el imperante modelo de producción con agrotóxicos fitosanitarios. Este camino es el del engaño y la manipulación social premeditada. Si realmente se quieren llevar las exigencias de la sostenibilidad ecológica a la comida en los comedores de los centros educativos y en otras instituciones ha de tenerse en cuenta todo el ciclo de producción, distribución y consumo: de la tierra al plato.

 

20. No nos valen los argumentos utilizados en favor de la continuidad de la agricultura convencional con agrotóxicos en nombre de que "todo está contaminado".

 

Aunque es cierto que vivimos en un mundo cada vez más contaminado y ecológicamente degradado por numerosas formas de actuación humana y sin que existan fronteras absolutas de protección, esta trágica realidad de hoy día no puede ser una razón para defender la pasividad y la negación de la necesidad urgente de la agricultura ecológica en la huerta. La afirmación de que "la agricultura ecológica también contamina" es falsa porque ignora las enormes diferencias de grado existentes en los daños, la contaminación y destrucción ambiental. Que la producción ecológica no sea inmaculada ni esté purificada de peligros no quiere decir que sea equivalente a la agroquímica convencional. Igual que no es lo mismo uno que 100, 1.000 o 10.000 no es verdad que sean similares la agricultura ecológica y la convencional.

 

21. La lucha por la huerta ecológica de Valencia se hace aquí y ahora con objetivos, políticas e indicadores concretos, vinculantes y evaluables.

 

Es moralmente inaceptable y ecológicamente inviable el sacrificio de la huerta ecológica que necesitamos para la futura viabilidad colectiva a cambio de obtener rentabilidad económica inmediata para unos pocos productores de la agricultura química convencional con agrotóxicos. No aceptamos las razones de desaprovechar las oportunidades actuales de hacer la huerta ecológica. No nos resignamos a este incierto porvenir bajo coartadas retóricas y falsas promesas que afirman que el cambio hacia la producción ecológica se dará en todo caso poco a poco en un futuro indeterminado, sin plazos ni inversiones. Retrasar por más tiempo los cambios hacia la producción ecológica para ubicarlos en un futuro sin concreción bajo la excusa de que se darán como fruto "de un proceso" espontáneo, esconde en realidad la dramática verdad de que se opta por la continuidad del dominio neoliberal de la rentabilidad económica y la agricultura con agrotóxicos. Deben girarse las prioridades de las políticas públicas y las subvenciones agrarias, directas e indirectas, que dirigen sus inversiones a la agricultura convencional agroquímica y son activamente responsables de poner frenos a la expansión de la agricultura ecológica en la huerta de Valencia. La regulación pública, la financiación institucional y la legislación han de ponerse al servicio de los intereses colectivos y generales de la salud agroalimentaria y de la ecología.

 

22. Es prioritaria la recuperación de las tierras de la huerta del término municipal de la ciudad de Valencia con el abandono de la agricultura químico-industrial.

 

La agricultura ecológica en las tierras fértiles de la ciudad de Valencia incorpora una valiosa diversidad de funciones sociales, ecológicas, económicas, culturales y urbanísticas. Ha de ser un primer paso en la preservación supra-municipal del conjunto de la huerta. Valencia debe establecer nuevas relaciones entre las actividades orientadas al mercado mundial y la relocalización de algunos procesos productivos básicos. La recuperación y protección pública y jurídica de las tierras fértiles del conjunto de la huerta metropolitana debe ser un avance decidido en esa vía. La huerta ecológica de la ciudad de Valencia puede convertirse en un vivero de innovación social, ecológica, cultural y económica. La producción local de alimentos ecológicos tiene innumerables valores añadidos de salud alimentaria, ecológicos, económicos, sociales, urbanísticos, paisajísticos y culturales. No nos conformamos con la expansión del Puerto (ZAL) y de sus actividades industriales y comerciales sobre las tierras de La Punta. No aceptamos la amputación de este valioso trozo de tierras y exigimos la recuperación de las tierras fértiles de La Punta para la ciudad de Valencia y su ciudadanía mediante su recalificación y protección legal por parte del Ayuntamiento de Valencia.

 

23. La rentabilidad económica de la huerta ecológica y su fomento exige infraestructuras específicas.

 

La pequeña producción ecológica no puede competir con la gran industria agroalimentaria y su producción en masa de productos alimenticios, artificializados, llenos de residuos tóxicos y muy baratos. Necesita estructuras de escala adecuadas de conocimiento y capacitación, de tierras, de riegos y de aguas con calidad y saneadas de tóxicos mediante sistemas de depuración orgánicos fruto de la colaboración con la vegetación, los microorganismos y la fauna autóctona y silvestre. La rentabilidad económica también demanda estructuras locales destinadas al almacenamiento, a la pequeña transformación artesanal y a la promoción de canales cortos y circuitos cerrados de intercambio y reciclado de componentes orgánicos, materiales y energía en la distribución y comercialización de los productos ecológicos (Mercavalencia, mercados municipales, mercados en la calle, tiendas, redes de venta directa, compras institucionales y servicios públicos de comedores, restaurantes, cafeterías).

 

24. Una nueva economía circular entre la ciudad y la huerta exige la recogida selectiva de materia orgánica y la creación de compostaje ecológico.

 

Una nueva relación simbiótica entre la huerta y la ciudad podría tejerse con la recogida selectiva de la biomasa de los residuos agrícolas. Tendría consecuencias ventajosas de reducción del volumen de desechos y de fomento de una nueva economía local con la creación de empleos dedicados a la producción de fertilizantes verdes y de materiales para la bioconstrucción.

 

25. La agricultura ecológica con etiquetado propio aporta valores añadidos y favorece la rentabilidad económica de la huerta, el cambio de mentalidades y el consumo local de los alimentos ecológicos.

 

Las pequeñas parcelas del regadío minifundista de agricultura convencional existente en la huerta periurbana y en la huerta en terreno municipal de Valencia carecen de una economía de escala suficiente para poder ser un éxito en viabilidad económica sin necesitar continuadas inyecciones de apuntalamiento con dinero público. La viabilidad económica de estas singulares explotaciones agrarias puede conseguirse si ganan ventajas comparativas mediante los valores añadidos de la agricultura ecológica. La marca ecológica y el reconocimiento claro y distintivo de la producción orgánica de la huerta junto a políticas públicas de apoyo y fomento potenciaría mercados locales de consumo y cambios en los valores y patrones de compra de los consumidores. No se puede continuar con el sacrificio de la producción ecológica en la huerta mediante su reducción a unas cuantas parcelas y productores empresarios que así obtienen altos precios de sus productos en los mercados de exportación. Esta situación significa poner altos muros que impiden la extensión social del consumo ecológico y la creación de nuevos mercados locales para los productos ecológicos.

 

 

 

26. Cero de dinero público para la agricultura con agrotóxicos en la huerta de Valencia.

 

El dinero público no debe continuar favoreciendo la competitividad y los beneficios particulares de los productores-empresarios de la agricultura con agrotóxicos que envenena nuestra salud y la de los ecosistemas. Las políticas públicas no han de seguir subvencionando las agresiones a nuestra salud y la del planeta. Contrariamente, las subvenciones en la agricultura y la alimentación deben revertir en el bien colectivo de la agricultura ecológica, la única que compatibiliza la preservación conjunta de la salud ciudadana y del mundo viviente. Los nuevos gobiernos del PSOE, Compromís y Podemos deben romper este circlulo endemoniado de gastar los menguantes recursos públicos en aquello que nos roba la salud y mata los ecosistemas de los que dependemos. La producción convencional no es producción local, sus componentes de inputs agroindustriales no son orgánicos ni naturales, y sus procesos abiertos tienen detrás muchos largas distancias y una crónica dependencia de los mercados globalizados y de los monopolios de grandes empresas agroquímicas. Las políticas y subvenciones agrícolas convencionales a la productividad y a la cantidad de kilos deben girarse radicalmente y dirigirse al sector de la agricultura ecológica. ¡Basta de subvenciones directas o indirectas a la producción agrícola con insumos agrotóxicos que se dispersan sinérgicamente por los ecosistemas, la biodiversidad, los productos agrícolas, los menús y nuestros cuerpos y vidas!. Necesitamos nuevas y ambiciosas políticas con actuaciones de acción positiva para la producción y el consumo ecológico por parte de las diferentes instituciones públicas. Las políticas públicas han de visibilizar, dar publicidad y favorecer los valores y el consumo de alimentos ecológicos mediante iniciativas y proyectos de información, sensibilización, promoción, producción, transformación, almacenamiento, distribución y comercialización. La ejemplaridad pública con la producción agroecológica y su activo apoyo por parte de las instituciones valencianas debe concretarse en el caso de la huerta y en el terreno municipal de la ciudad de Valencia.

 

27. No al glifosato y otros herbicidas peligrosos en la huerta de Valencia.

 

El Ayuntamiento de Valencia, siguiendo el camino emprendido por otras ciudades españolas, ha de prohibir el uso de herbicidas como el glifosato en la huerta, los espacios verdes y jardines públicos. Existen fundadas sospechas de alta toxicidad del glofosato y otros herbicidas. Es posible la eliminación del uso público de este principio activo presente en diversos productos comerciales y sustituirlo por alternativas orgánicas respetuosas con la salud de las personas y el medio ambiente. El glifosato es un herbicida no selectivo que se infiltra en el suelo, es muy soluble en el agua y persistente. Se utiliza para matar hierbas y arbustos, pero también contamina los acuíferos y es tóxico para la fauna acuática, los animales domésticos y de granja. Hay muchos beneficios para la biodiversidad, la salud pública y la calidad del medio urbano en la transformación de las agresivas técnicas agrícolas de "tierras desnudas" dejando crecer las hierbas y el manto vegetal. El glifosato ha sido clasificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como cancerígeno para los seres humanos. La prohibición municipal de glifosato ha de ser parte de la necesaria transición hacia una jardinería ecológica gestionada públicamente con criterios orgánicos y de sostenibilidad, que evite  visión higienista y ornamental implicada en el uso de agrotóxicos, las podas excesivas, las especiesla errónea ambientalmente no adaptadas o con necesidades hídricas excesivas. Son necesarias campañas públicas de información y concienciación bajo los imperativos de salud pública y de evitación del uso de estos productos perjudiciales también en los jardines privados, en los viveros de plantas y zonas verdes que no sean de responsabilidad municipal.

 

28. La huerta de la ciudad de Valencia puede convertirse en un santuario de innovación y experimentación social, comunitaria y económica para la regeneración ecológica.

 

Las inversiones institucionales han de revertir en la ciudadanía y deben dirigirse a la regeneración de la huerta para hacer ella un nuevo espacio ecológico, económico, social, comunitario y cultural. La opción por armonizar creativamente los intereses de la Tierra y de la gente en el caso de la huerta de la ciudad de Valencia pasa por la preservación y rehabilitación de sus tierras, de su patrimonio agrícola, arquitectónico, ecológico y paisajístico, para ello se hacen necesarias nuevas iniciativas legales, económicas y sociales que aseguren prioritariamente la productividad biogenerativa de las tierras de la huerta para la ciudad y sus habitantes urbanitas.

 

 

 

 

 

29. Bajo el asfalto y el cemento está la huerta.

 

Ante las muchas incertidumbres y amenazas socio-ambientales que padecemos la agricultura ecológica en las tierras metropolitanas de la huerta es un colchón de cierta seguridad. También han de serlo los espacios fronterizos, intersticiales e interiores de la ciudad de Valencia. Los solares y los techos de los edificios pueden acoger huertos agrícolas y mucha variedad de experiencias individuales y comunitarias de producción de alimentos ecológicos de calidad. Necesitamos nueva legislación para que toda nueva edificación tenga placas solares y techos verdes.

 

30. Plan integral de agricultura ecológica del Ayuntamiento de Valencia.

 

La ciudad de Valencia necesita un plan de preservación y regeneración del la huerta dotado de concreciones y metas temporales, con indicadores evaluables de carácter territorial y urbano; físico, biofísico, hidrológico y energético; económico, social y agronómico; cultural y arquitectónico. La defensa y promoción pública de la huerta ecológica no puede ser solo sectorial y economicista, y exige normas vinculantes por parte de las diversas administraciones que han de intervenir transversalmente, garantizar y hacer cumplir las exigencias de producción local sin agrotóxicos y con ciclos cerrados y cortos de materiales y energía. Deben establecerse condiciones estrictas en las políticas de compras públicas para la adquisición de los alimentos ecológicos, explicitadas en las subcontrataciones con empresas hosteleras y suministradoras de alimentos, en los servicios de máquinas expendedoras de alimentos y en los servicios de restaurantes, cafeterías, bares y comedores. Los menús ecológicos deben estar presentes en los centros públicos de trabajo, en los centros sanitarios, en las escuelas y universidades. También se ha de favorecer la comercialización de los productos ecológicos de la huerta con su presencia en los mercados públicos municipales. Deben instituirse y normalizarse periódicamente los mercados de calle especializados en los productos ecológicos locales, frescos y transformados, tal y como ya se está haciendo en numerosas ciudades europeas.

 

 

 

ECOLOGISTES EN ACCIÓ DE VALÈNCIA

 

 

 

 

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