Hace tres años en el Parlamento Europeo, durante la discusión del reglamento REACH sobre el control químico, un científico francés llamado Dominique Belpomme explicaba a un hemiciclo repleto de diputados y sus asistentes que las sustancias químicas peligrosas ponían en peligro el futuro de la humanidad. La mitad de los presentes se rieron abiertamente al considerar que esta afirmación era una gran exageración. Poco después el reglamento REACH fue aprobado por el Parlamento con tantas rebajas, exenciones y complicaciones burocráticas que su eficacia para defender la salud quedaba muy debilitada.
Hoy se ha publicado un estudio científico que constata que el 57.8% de los hombres españoles presentan una calidad de semen inferior a lo que la Organización Mundial de Salud considera normal. Los redactores de esta solvente investigación achacan esta menguante capacidad de reproducción a sustancia químicas capaces de alterar el sistema hormonal, como las pesticidas, los disolventes y los desinfectantes, entre otras. Es verdad. Si la actual tendencia continua podríamos acabar como sucede en una película de Speilberg en que la humanidad había perdido la capacidad de reproducirse. Pero obviamente no se trata solo de la fertilidad perdida (en un mundo con superpoblación) sino de muchas y graves afecciones al metabolismo humano gracias a los cócteles químicos que nos rodea.
A pesar de todas malas noticias y peores augurios que nos da el mundo científico, gran parte de la clase política sigue sin reaccionar. Precisamente estos mismos días estoy preparando para la Comisión de Industria una opinión para la nueva ley europea de la seguridad de los juguetes en la cual pido una total prohibición de sustancias como el plomo, el cadmio, el mercurio y muchas otras claramente consideradas como cancerígenas, mutagénicas o disruptoras de sistema reproductor o del sistema endocrino. Para mi gran sorpresa, he sido asaltado por una avalancha de enmiendas a favor de aplazar durante años las prohibiciones, dosificar los venenos y establecer unos umbrales arbitrarios de los niveles de peligros para la salud en los juguetes de las personas más pequeñas.
Otro botón de muestra ha sido la sonora protesta de todos los sindicatos agrarios españoles en contra de la prohibición europea de algunas de las pesticidas más peligrosas para la salud. De hecho, han sido autonomías españolas con mucha agricultura intensiva y química como Valencia y Murcia con la calidad de esperma más pobre. La ciudad de Valencia, Murcia y otras cercanas están rodeadas por miles de hectáreas de cultivos de hortalizas y campos de naranjos que consumen toneladas de venenos diariamente.
Hablando de pesticidas el colmo de la negación inmoral y anti-vida es la reacción de los sindicatos y la clase política de Huelva ante el mortífero impacto de las 1200 hectáreas de vertedero tóxico de Fosfoyesos, lleno de metales pesados y hasta de radioactividad. Los onubenses que defienden la empresa de fitosanitarios y fertilizantes Fertiberia no quieren saber nada de las escandalosas tasas de cánceres de Huelva (en muchos casos 50% por
encima de la media) que solo son igualadas por el Campo de Gibraltar con su concentración energética e industrial.
¿Como salimos de este atolladero de tanta estupidez? ¿Merece la pena pagar el precio en sangre y años de vida perdida para unas compras más en el Corte Inglés, un coche más grande y un fin de semana en París? ¿No podríamos vivir mejor y más sanos con menos cosas pero con más calidad y respeto por la vida?







En su respuesta el Ministro Barnier justificaba la continuación de las actividades taurinas por "los costumbres y los hábitos culturales" lo que le ganó una sonora bronca del nutrido grupo de diputados y funcionarios presentes. Varios de los presentes gritamos "hont" (vergüenza) y después insistimos en la contradicción de las subvenciones europeas que recibían los toros de la Política Agraria Común como se fueran para la producción de carne. Michel Barnier afirmó que nunca había sido preguntado sobre las subvenciones taurinas y se comprometió a estudiar la cuestión y darnos una pronta respuesta al respeto. 
Después de las Olimpiadas y los Juegos Paralímpicos quizás debemos organizar "las olimpiadas de la hipocresía ambiental". Sobran tantos ejemplos de engaño y "márqueting verde" por doquier, pero seguramente a la cabeza del medallero estaría el Ayuntamiento de Valencia. Sus lemas oficiales pregonan la exclusiva responsabilidad individual como "ante el cambio climático, cambiemos de hábitos", no de políticas institucionales. 

7.

Centenares de sillas de ruedas llenaban la calle Atocha de Madrid con música marchosa, un montón de energía positiva y muchas ganas de protestar por la vulneración de los derechos de personas con "diversidad funcional". Me quede impresionado y emocionado por conocer un liderazgo brillante y valiente,
Pero sobretodo lo que piden muchos de los manifestantes, como mis amigos Patxi de Estepona y Vicente de Valencia, es la oportunidad de tener el máximo de autonomía personal para disfrutar de una vida digna.