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Los Verdes

14 janvier 2026 3 14 /01 /janvier /2026 12:38
El agua y la revuelta iraní

El colapso hídrico ha sido una de las causas del fracaso del régimen iraní y uno de los motivos de la rebelión ciudadana.  Para muchos iraníes, la escasez de agua se ha convertido en la prueba más tangible de que el sistema no solo es corrupto sino fundamentalmente incapaz de gobernar y proveer servicios básicos. Irán cuenta con importantes recursos hídricos, pero la mala gestión, la sequía y el cambio climático han creado una escasez extrema. La constatación —de que su sufrimiento no es inevitable, sino consecuencia directa de las decisiones políticas del régimen— ha movilizado a quienes aún albergaban la esperanza de una reforma gradual.


La crisis del agua también es resultado de decisiones políticas, la culminación de décadas de mala gestión. El régimen ha priorizado regadío para proyectos agrícolas de alto consumo de agua y el desarrollo industrial en regiones con escasez hídrica con fines de clientelismo político, ha ignorado las advertencias de los científicos ambientales y no ha invertido en conservación ni reparado la deteriorada infraestructura hídrica.

 

 Irán ha sobreexplotado de forma sistemática sus acuíferos para alimentar un modelo de regadío para la agricultura intensiva y la expansión urbana donde las decisiones no han sido tomadas con criterios ambientales ni se han adaptado a una realidad global que nos afecta a todos: el cambio climático. Más del 60% de los acuíferos están agotados o en situación crítica.


A esta situación se suma un error estratégico de décadas: la construcción masiva de presas para retener agua en un territorio cada vez más seco. Muchos de esos embalses están hoy casi vacíos o llenos de sedimentos y han contribuido a la desaparición de ríos, humedales y ecosistemas enteros que conservan y limpian los recursos hídricos.

 

Incluso el régimen iraní ha planteado el traslado del capital Teheran a otro lugar del país por la escasez hídrica.

 

 El agua no sale del grifo durante  gran parte del día para millones de iraníes. Una parte importante de la población tiene que comprar agua o esperar en cola durante horas la llegada de un camión cisterna. Es un factor en la gran frustración del pueblo iraní.

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8 janvier 2026 4 08 /01 /janvier /2026 19:17
RESPUESTA/CARTA A GREENPEACE SOBRE LOS INCENDIOS FORESTALES:  “GESTION” FORESTAL EXTRACTIVISTA O GESTIÓN FORESTAL PARA LA CONSERVACIÓN

 

¿Qué es la gestión forestal para Greenpeace?

Greenpeace pide “gestionar” 286 mil hectáreas al año. Quisiera saber cuanta vida vegetal y madera será extraída cada año de estas zonas y con qué  maquinaria. Greenpeace exige un aumento significativo de la actividad extractiva de madera, biomasa, pastos, agua y  resina de nuestros bosques “para evitar incendios y fijar población rural”. Apuesta, además, por la tala de bosques en cabeceras de ríos para aumentar la infiltración de agua a los acuíferos(web Greenpeace). Parece que está conforme con las declaraciones del President de la Generalitat de que “hay demasiados bosques”. 


El conflicto entre la economía del fuego y la gestión para la conservación ecológica

 

Respecto a nuestro mundo de bosques y los incendios que los han asolado este verano, es muy intensivo el conflicto socioecológico existente entre la economía del fuego y la gestión orientada a la conservación y la restauración ecológica, y colectivamente nos incumbe mucho su desenlace.  

 

 Se trata del antagonismo entre la opción de reducir y eliminar los bosques para impulsar muchas nuevas actividades y negocios sobre sus suelos (forestales, agroganaderos, energéticos, mineros, urbanísticos, cinegéticos) frente a la protección y restauración de sus ecosistemas y biodiversidad. 

 

Es muy dramático este choque frontal de posiciones puesto que si gana el frente de la "gestión forestal" muy extractiva las consecuencias en pérdidas y destrucciones de bosques y especies silvestres serían en gran medida irreversibles, una tragedia colectiva sin paliativos.

 

 La fantasía metafísica de la "compatibilidad"

 

La idea de que puedan ganar ambos lados de la oposición es una retórica de "compatibilidad" muy cínica que suele emplear el bloque político-industrial. Esta apología de la "compatibilidad" es también una apelación ritual justificativa muy usual en la letra de las normativas y regulaciones legales.  

 

La gestión forestal del bloque político-industrial

 

A partir de la tragedia colectiva que suponen los incendios de este verano en los montes cantábricos, ha ganado fuerza el frente amplio y poderoso del bloque político-industrial, que entona la unísono la melodía ingenieril de un tipo nocivo de "gestión forestal". Sus mentalidades ingenieriles solo ven "recursos"  al servicio exclusivo de las utilidades economicistas para minorías sociales donde hay ecosistemas, especies únicas, vida multidiversa y tejido simbiótico bioproductivo de servicios naturales imprescindibles que favorecen el bien común de grandes mayorías sociales.

 

 La cabeza más visible del frente de la "gestión forestal" que se suma a la contrarreforma ambiental impulsada desde la Unión Europea es un bloque oportunista de negocios favorecidos por el fuego que desprecia la conservación y restauración ecológica para hacerse con el botín económico de la explotación y "aprovechamiento" forestal y los suelos de los bosques para proyectos especulativos que nada benefician a medio-largo plazo ni a las poblaciones locales ni  la población en general.

 

 Las metas inmediatas de este poderoso bloque político-industrial favorecido por las quemas de los montes están en capturar financiación y grandes inversiones públicas para abrir las puertas a otros suculentos negocios extractivistas. 

 

La agenda inmediata de planes forestales, subvenciones públicas, privatización, desregulación y derribo de normativas ambientales quiere hacerse con los suelos mediante talas, erradicación de arbolado y sotobosque, desbroces, maquinaria pesada, carreteras y caminos, vallados, clareos, mosaicos, "limpiezas", eliminación y reducción de "masa forestal", nuevos cultivos forestales, suelos para la "ganadería extensiva" y pastos, recalificaciones de los usos de suelos, suspensión de normativas limitativas, etc. Con la excusa de los incendios el frente del negocio del fuego emprende una gran ofensiva biocida contra la vida silvestre en todo el suelo peninsular. Trump propone hacer algo parecido en EE.UU. con la eliminación de la "Roadless Rule" para facilitar el acceso para intereses madereros, energéticos y ganaderos.

 

El frente conservacionista de la prevención y la gran reducción de los incendios forestales por causas humanas

 

El frente ecológico, en cambio, defiende la prevención mediante la evitación de la ignición y el freno inmediato del fuego en sus inicios, no sólo percibe el problema en la propagación de los fuegos. Para detener con eficacia la ignición son necesarios abundantes medios, equipos y plantillas estables de vigilancia local de proximidad para la actuación rápida, junto a campañas de información y concienciación social y la aplicación de la legislación ante los actos delictivos . El frente conservacionista señala la necesidad de acabar con la gran impunidad de la cultura local del fuego y los intereses que hay detrás  de las quemas intencionales en muchas zonas locales. En cambio, Greenpeace refiere a los incendios criminales intencionados por ganaderos como “intentos de gestión”. Esta criminalidad casi siempre queda impune por la falta de empeño político y policial. 

 

Ciertamente, la inmensa mayoría de las causas de las quemas tienen su origen en el factor humano y en los intereses económicos de la economía del fuego, no en el sobrecalentamiento climático (alta sequedad y altas temperaturas) que favorece la propagación de los fuegos cuando no se han evitado ni sofocado los conatos en sus inicios. Apenas habla Greenpeace de medidas y campañas contra la economía del fuego ni de proveer a las comunidades locales de más medios de vigilancia y de extinción para evitar los fuegos y  apagarlos en antes posible. No. Greenpeace considera la multiplicación de los grandes incendios en la España más húmeda como “inevitables” y se ha unido al consenso extractivista de “quitar combustible”. Pero ¿Cuanto “combustible” de sotobosque y árboles propone eliminar? ¿Cuantos nuevos caminos y accesos en el bosque propone construir? ¿Cuantos pastos de  ganaderos extensiva propone abrir? Cuantas maquinas pesadas entrarán al bosque? ¿Cuantas infraestructuras de regadío? ¿Cuanto fertilizante agrícola?

 

La prioritaria protección de los suelos: ecosistemas valiosos y frágiles

 

Hay un factor central que no hay que olvidar en cualquier contabilidad de los daños ecológicos: los suelos. 

 

 Los suelos son en sí mismos ecosistemas complejos que albergan biodiversidad y a su vez son parte y soporte vital de la biodversidad y los metabolismos de los bosques. 

 

Los usos del suelo con actividades humanas es un parámetro ambiental crucial por la sencilla razón de que cada hectárea que ocupamos es una hectárea inutilizada para sustentar ecosistemas silvestres y su biodiversidad.

 

La preservación ecológica de los ecosistemas de los suelos, sobretodo el sotobosque,  resulta decisiva y necesaria para la supervivencia de la mayoría de las especies de la Tierra, de los propios sistemas naturales, de los bosques y de los equilibrios benignos y biogenerativos del sistema-Tierra conjunto.

 

 Resulta central defender los hábitats de los suelos frente a las amenazas de simplificación, contaminación y erradicación.

 

Los suelos, su biodiversidad y metabolismos ofrecen múltiples beneficios ecológicos y constituyen la base ambiental fundamental de los bosques. Sin un sotoboque vivo no hay bosque.

 

El caballo de Troya de la "ganadería extensiva"

 

El suelo de los bosques es la presa más cotizada que persigue el bloque político-industrial de la economía del fuego, cuyo caballo de Troya es la "gestión forestal" y la expansión por doquier de la "ganadería extensiva". 

 

Es decir, incrementar esta "ganadería extensiva" compite de forma dramática con ecosistemas naturales y biodiversidad única y amenazada, que padecen intensivas presiones entrópicas destructivas por muchos usos y actividades humanas.

 

 

"Relatos" postmodernos y desterritorializados sobre los incendios forestales

 

Cada hectárea dedicada a una industria extractiva es un suelo que ya no puede albergar ecosistemas como son los bosques silvestres de las montañas cantábricas, ni las sabanas, ni los humedales, ni los pastizales naturales, ni otros ecosistemas cruciales de valor intrínseco. No obstante, ante el drama colectivo de la emergencia ecológica y climática la  conservación y restauración ecológica son el primer frente de lucha y mitigación del sobrecalentamiento climático y las destrucciones de las condiciones naturales y la biodiversidad que a su vez son la base de nuestra existencia y bienestar.

 

En términos teóricos la respuesta de Greenpeace habla del “relato” al usar un lenguaje relativista posmoderno de forma constante, que remite y está encerrado en el emisor del discurso no en la ontología de las realidades y hechos físiconaturales que padecen los incendios, a sus causas y a las confrontadas propuestas de gestión entre la conservación y restauración ecológica frente a la gestión forestal ingenieril. Huye de la concreción de volúmenes y hábitats al hablar de la “gestión” y de las actividades extractivas.

 

Silencios sobre las causas humanas mayoritarias de los incendios forestales

 

La respuesta de Greenpeace esquiva todo el tiempo la concreción de esta confrontación entre la agenda de la gestión forestal y la agenda de la conservación y restauración. Quiere decir, que ha de sacarse a la luz estas incompatibilidades entre dos opciones referidas a las propuesta forestales concretas sobre cantidades de Ha por año, de reducción de masa forestal, de sustitución, clareo, adehesamiento, talas, mosaicos, “limpiezas”, desbroces, vallados, nuevos caminos, ocupación de suelos, cambio de usos, urbanización, minería, desprotección, etc. Es irónico que apoya muchas de las actividades que suelen resultar en más incendios, más sequedad del suelo que favorece la ignición y una acelerado caída de la biodiversidad, sobretodo de mamíferos medianos y grandes.

 

Igniciones "inevitables"

 

Greenpeace ve a la ignición y la propagación de los incendios como inevitables. El factor humano causante de la mayoría de los incendios es desestimado e ignorado. Hay un silencio sepulcral sobre la prevención centrada en las causas humanas intencionales de la ignición mediante sistemas y medios de vilgilancia cercanos y rápidos (no sólo en la extinción de la propagación masiva de los incendios) sumados a la vigilancia, denuncia y persecución de los delitos dentro de una campaña social con incentivos económicos anti-incendios entre los municipios y la población local. Ahora coinciden con la orquestación del negocio del fuego y de los partidos, que en nombre del cambio climático renuncian a evitar la ignición del fuego con resignación,  hacer prevalecer la conservación ecológica y ponen la gestión en manos de las empresas subcontratadas en pujas a la baja.  Esta alianza desreguladora y privatizadora paradójicamente va a contracorriente de la severidad y aceleración de los daños y amenazas sobre la biodiversidad. Abandonan la defensa ecológica y el ecologismo cuando más se necesita a favor del extraccionismo de todo tipo.

 

 

¿Fijar población mediante actividades extractivistas que devastan los ecosistemas y la biodiversidad?

 

Calla Greenpeace sobre los intereses ganaderos locales, la cultura tradicional del fuego de algunos ganaderos y la impunidad y ley del silencio local, y en cambio proponen la inexistente "ganadería extensiva” que en gran parte  es intensiva e industrial con un gran consumo de piensos y agua y que está en guerra contra la biodiversidad local y es parte interesada de la economía del fuego y las quemas del monte. ¿Cree realmente Greenpeace que muchos más pastos y ganado es compatible con menos incendios y más protección del lobo, el oso y docenas de otros mamíferos protegidos cuando la realidad apunta a todo el contrario? De hecho, los lugares en España de más “ganadería extensiva” coinciden con el mapa de los grandes incendios de este verano.

 

Esta "ganadería extensiva" no suele ser "bombera" sino en parte muy incendiaria en las montañas cantábricas. No suele servir contra los incendios sino que a menudo provoca quemas para ganar pastos y lucha junto al sector cinegético para acabar con las "alimañas" silvestres,  fija poca población y no frena el éxodo rural de la "España vaciada". ¿Acaso Greenpeace propone más subvenciones públicas para esta actividad? ¿Quizás para cabras que carecen de cualquier viabilidad económica? 

 

Se habla de “fijar población” mediante actividades extractivas cuando es precisamente la conservación de la naturaleza que está fijando población en la montaña de la cordillera cantábrica. Por ejemplo, en Villablino, León los servicios relacionados con la actividad turística, nuevos residentes con trabajos remotos, la hostelería y actividades de producción alimentaria local que venden a los visitantes superan por creces los empleos en trabajos extractivos y todo depende de la conservación de hábitats. Una expansión de la “gestión forestal” extractiva podría tener un impacto negativo neto sobre el empleo local.

 


El lavado verde de los spots y lemas

 

Defiende Greenpeace la magia retórica de “apostar” (como si fuera posible y como si fuera un simple asunto de voluntad y de creencias) por una supuesta compatiblilidad entre la conservación y un gran aumento de la extracción forestal. Es como el antiguo mantra de “desarrollo sostenible” que acabó siendo mucho desarrollo y poco sostenible. Este encierro en las creencias en nombre de la compatibilidad es ajeno a al contexto real y los conflictos insalvables en el plano ontológico de las realidades biofísicas y sociales de los bosques (si gana la gestión forestal orientada a mucho más extracción pierde la conservación ecológica y viceversa, no pueden ganar y cumplirse ambas metas a la vez). Hay muchos ejemplos como los Pinares de Soria(presentados como un gran ejemplo), la grandes talas con maquinaria pesada en la cabecera del río Tajo en los Montes Universales de Forestalia  o diversos macroproyectos especulativos de renovables de red natura 2000 como el Cluster Maestrazgo(que Greenpeace sólo ha llegado a rechazar cuando ya estaba aprobado).  En las mismas montañas protegidas de León y Asturias hay proyectos manifiestamente ilegales de extracción de carbón disfrazados como la búsqueda de “tierras raras” y centrales de biomasa que Greenpeace se niega a criticar. 

 

 ¿Dónde están los conocimientos biólogicos sobre el funcionamiento y la conservación de los ecosistemas?

 

Defiende ahora Greenpeace un matrimonio feliz metafísico entre desarrollo desbocado subvencionado y la protección para ganar credibilidad política y legitimidad, que en el plano de los hechos significa el dominio de la explotación forestal y la progresiva sepultura de los bosques y la biodiversidad en un contexto en el cual su conservación es la mejor forma de amortiguar los embates climáticos a que nos enfentamos.

 

Greenpeace calla sobre las diferencias y abismos entre los conocimientos y estudios entre los ingenieros de la gestión forestal y el conocimiento de los ecosistemas de los biólogos de conservación. Es grave que una organización ambientalista relaciona, como hace la extrema derecha política,   la conservación biológica con una visión urbana enfrentada con el mundo rural y sus actividades económicas: "También creemos que puedes tener parte de razón cuando aludes a que el concepto “gestión forestal” está alejado del lenguaje de la biología de la conservación y la protección de los ecosistemas. Es cierto y lo sabemos, y además hemos detectado que esta gestión forestal es percibida como algo negativo por una parte de una mayoría de la población, la urbana.” También la apuesta por “actividades económicas que fijen población” confirma las sospechas infundadas de que ahora “no se puede tocar” los bosques protegidos para actividades económicas. tradicionales. Pero parece que Greenpeace quiere más extracción y explotación de las tierras protegidas por la Red Natura 2000 como es una gran parte de la Cordillera Cantábrica.

 

 Ni es asunto de creencia propia lo que es o no es la  nebulosa sin concretar de "gestión forestal", tal y como dan a entender con una intención clara de confusión.

 

Sin embargo quieren eliminar la roca dura biológica de estas identidades y realidades heredadas y sedimentadas para transmutarla arbitrariamente en una cuestión de opinión propia, de pluralidad de creencias y de interpretación. Greenpeace dice: "para nosotros la gestión forestal es…"

 

No explica Greenpeace el porqué no lideran su campaña forestal los profesionales que priorizan la conservación y restauración ecológica ni explica los conflictos de interés de los ingenieros de montes y su abrumadora cercanía a las empresas e intereses forestales madereros y ganaderos. No explica Greenpeace porque hace ruedas de prensa con personas con claros grandes intereses económicos en la “gestión” y la extinción de incendios que no son los intereses de comunidades locales ni el interés común.

 

La respuesta de Greenpeace es muy ambigua y metida en un relativismo extremo sin compromiso ni respeto alguno hacia las realidades de los ecosistemas de los bosques y la biodiversidad.

 

La "gestión forestal" la plantean como si fuera un asunto de opción y de interpretación por un enfoque o percepción, sin embargo no aclaran la coincidencia plena de su visión con la agenda de las industrias y los intereses económicos de las empresas forestales. Es algo más que una coincidencia casual esta alianza y toma de posición clara y diáfana que intentan disimular con la retórica del "para nosotros la gestión forestal significa…”.

 

Además la respuesta intenta borrar el muy probable antagonismo entre las metas de la conservación y las metas del negocio forestal. No quiere Greenpeace aparecer públicamente del lado de la agenda forestal y su historia negra de desastres ambientales y cultivos forestales pero en realidad se acerca bastante.

 

El abandono ecológico de Greenpeace

 

Pero a la vez explicita Greenpeace que los objetivos que hacen prevalecer no son los de la conservación ecológica sino principalmente los del desarrollo económico para el medio rural, en esto ni siquiera se esfuerzan en afirmar que no hay sacrificios ecológicos. Las excusas que emplean repiten los mantras ideológicos reaccionarios del "abandono rural" y la "España vaciada", como si fueran evidencias que ponen explícitamente el acento y la prioridad en estas metas ajenas a la conservación ecológica y máxima protección de los ecosistemas y biodiversidad. Precisamente debido al éxodo rural de los últimos 100 años España tiene una biodiversidad muy rica y muy valiosa en sus bosques. Estaría mucho peor sin ellos. Greenpeace desgraciadamente cae en el nefasto relato dominante que refuerza los discursos anti-ecologistas sobre un ficticio conflicto entre urbanitas con una visión romántica de la naturaleza y unos sabios(pero muy escasos) habitantes rurales que saben conservar a los bosques con sus actividades extractivas. 

 

Hay que recalcar que lamentablemente Greenpeace tiende a abandonar las metas  de protección ecológica cuando precisamente ocurre que los ecosistemas silvestres están en caída libre y necesitan más protección y cuidados que nunca en medio del caos climático.

 

 

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16 décembre 2025 2 16 /12 /décembre /2025 21:43
Las políticas climáticas del carbono contra la biodiversidad

 

La visión de la lucha climática reducida al CO2, a menudo con trampas contables y comerciales, al servicio de los intereses industriales choca frontalmente con las necesidades urgentes y complejas de los sistemas vivos y los servicios ecosistémicos vitales que proveen.

 

La reciente Cumbre Climática de Brasil del 2025 no aceptó las conclusiones de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) respecto a las medidas urgentes a tomar ante el acelerado declive de la biodiversidad y la necesidad de estrategias interseccionales complementarias entre el clima, la biodiversidad, el agua y los derechos humanos. Tampoco fueron asumidas las propuestas de cambios estructurales sociales y económicos para conservar la biodiversidad hechas por el Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico, Técnico y Tecnológico (SBSTTA) en su informe “Nexus”. Dicho informe científico Nexus confirma el diagnóstico sobre las crisis interconectadas que requieren acciones coordinadas intersectoriales: pérdida de biodiversidad, el sobrecalentamiento climático, la escasez de agua, la inseguridad alimentaria y las afecciones para la salud.

 

La Cumbre climática de Brasil ha supuesto una oportunidad histórica desaprovechada para que las Partes de la CDB (Convención de Diversidad Biológica firmada por 190 países) a la hora de abordar y desarrollar realmente un conjunto de actuaciones para abordar las causas subyacentes de la acelerada destrucción de la biodiversidad: el extraccionismo desbocado, los cambios de uso del suelo, la deforestación para la agroindustria de piensos para el ganado y la madera, el empleo de agrotóxicos en las prácticas agrícolas, la degradación y contaminación de los ecosistemas fluviales mediante presas y sobreexplotación, la urbanización, la minería, etc.

 

Muchos países del Norte global, en cambio, han apostado por una estrategia enfocada en algunas funciones específicas que reducen los ecosistemas a sumideros de CO2 en lugar de proteger los ecosistemas con alta integridad ecológica y múltiples servicios ambientales para personas, plantas, animales y metabolismos biogenerativos.  

 

Asimismo, puesto que de partida no se opta por la reducción sustancial de emisiones propias  de gases efecto invernadero se han expresado las profundas confrontaciones existentes entre actividades económicas estructurales y la biodiversidad entre los distintos países y la sociedad civil  en la CDB: entre la reducción de la contabilidad de las llamadas emisiones climáticas “netas” y la protección de la biodiversidad; entre las apelaciones a principios y medidas voluntarias y las exigencias de compromisos vinculantes y efectivos para la protección de la biodiversidad; entre los sumideros naturales de carbono y la integridad de los ecosistemas; entre la geoingeniería en la atmósfera y la conservación y restauración de la biodiversidad; entre la soberanía nacional de cada país y las agendas de armonización legislativa global; entre el Principio de Precaución y "la innovación" con una total libertad tecnológica.

 

Ante los peligros de consolidarse una visión reduccionista centrada en cómputos y mercados ficticios de emisiones de carbono que desprecian la conservación de la biodiversidad y los ecosistemas, en la próxima Cumbre climática del 2026 la imperiosa defensa de la biodiversidad ha de tener el protagonismo político. La conservación de la biodiversidad debe marcar los debates pendientes sobre las normas vinculantes para la protección efectiva de los ecosistemas dentro de las políticas de mitigación y adaptación al cambio climático. 

 

Sin que se alcancen medidas sólidas y vinculantes para la integridad de los ecosistemas y para los derechos humanos de las comunidades indígenas, así como una postura firme que priorice la biodiversidad dentro de la las políticas climáticas, la Convención sobre Diversidad Biológica corre el riesgo de pervertirse en reglas de gobernanza comercial y extractivista centradas en fantasiosas contabilidades de carbono que, en última instancia, estarán condenadas al fracaso tanto para el clima como para la biodiversidad. Además, existe un debate científico sobre las funciones reales de los ecosistemas como sumideros de CO2 aunque los países industrializados más responsables del sobrecalentamiento global prefieren “compensar”  sus emisiones fósiles mediante contabilidades engañosas en vez de reducir sustancialmente sus propias emisiones contaminantes.

 

La perspectiva que reduce la agenda climática a los mercados y contabilidades de carbono y desprecia la diversidad biológica concuerda con los intereses energéticos de grandes empresas multinacionales. En el mismo sentido, la industria forestal utiliza unos cálculos adulterados para justificar una gestión basada en la sobreexplotación y las talas de bosques maduros que ignora muchas de sus funciones como hábitats de biodiversidad, como parte de los ciclos del agua y otras regulaciones climáticas. También las explotaciones ganaderas de la llamada "ganadería extensiva" y la “ganadería regenerativa” se justifican mediante explicaciones de absorción de CO2 que suelen mutilar la complejidad ecológica y las vitales funciones de la biodiversidad.  

 

En la Cumbre Climática de Brasil el tejido cívico organizado y algunos países del Sur Global han exigido sin éxito información sobre los impactos y la eficacia de las compensaciones de emisiones de CO2 mediante los llamados créditos de biodiversidad. No obstante, los países industrializados, como la Unión Europea, han impuesto el aplazamiento de este debate a pesar de la proliferación de evidencias que cuestionan los sistemas de compensación de emisiones o “el comercio de CO2” a nivel mundial. Asimismo, han sido rechazadas las propuestas de la sociedad civil para reforzar un enfoque de cautela y freno ante los muchos peligros de la geoingeniería climática y la manipulación genética de árboles.

 

Los repetidos intentos de insertar relatos y conceptos centrados en la mitigación de gases del efecto invernadero mediante ecosistemas/sumideros supuestamente ricos en carbono, los mecanismos movidos por los intereses económicos comerciales y la adopción de medidas y cómputos “indirectos” sobre el carbono para la reducción de las emisiones fósiles a la atmósfera, incrementan las amenazas al mandato la Convención de Diversidad Biológica centrado en la conservación de la misma biodiversidad. 

 

En definitiva, la trágica sepultura de la defensa de la biodiversidad en la próxima Cumbre climática del 2026 puede ser el fruto envenenado de las actuales prioridades reducidas a cómputos de carbono y de unas medidas internacionales vigentes, voluntarias, erráticas, tímidas, ineficaces y profundamente cuestionadas por las comunidades científicas.

 

 

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5 octobre 2025 7 05 /10 /octobre /2025 11:58


Los principios de la Paz Perpetua de Kant escritos en el 1795 no se plasmaron en el derecho internacional de la ONU hasta después de la Segunda Guerra Mundial, en reconocimiento de las atrocidades del Holocausto, pero sus principios legales no se reducen a la prohibición de las matanzas en masa o de crímenes de guerra. Representa un punto de vista de derecho universal desde el cual cada individuo es un sujeto de derecho que se debe protegerse, no solo por su estado nacional sino también frente a él y incluso si carece de ciudadanía. Este derecho internacional tenía el propósito de no ser una proclama vacía sino la base de instituciones globales como el Tribunal Penal Internacional, el Consejo de Seguridad de la ONU y la OMS.  Como apunta el filósofo Omri Boehm:

“La comunidad internacional tiene la obligación legal de proteger a los seres humanos, una obligación que se justifica principalmente por un deber moral hacia la humanidad, no por los tratados internacionales o el consentimiento de los Estados. Se ha vuelto casi demasiado fácil olvidar cuán trascendental fue este logro; demasiado fácil pasar por alto que constituyó el intento más sustancial de inscribir «nunca más» en la existencia humana. El destino de este frágil logro está ahora en peligro en la guerra de Gaza. También pone a prueba la determinación de las democracias europeas de mantener el derecho internacional, en un momento en que la guerra en Ucrania está entrando en una nueva fase, el nacionalismo populista está en aumento y es probable que el cambio climático dé lugar a nuevos y violentos problemas globales.”

 
La invasión de Ucrania por Rusia(con el “apaciguamiento” y la partición territorial aceptada por Trump) y, muy especialmente, el actual genocidio llevado a cabo por Israel en Gaza han significado un gran retroceso en la aplicación de los derechos universales y de la acción internacional en contra de los crímenes de guerra. Esto ocurre en un contexto de creciente populismo nacionalista, xenofobia y conflictos comerciales agravados por la lucha por unos recursos naturales cada vez más escasos y deteriorados en un mundo golpeado por el declive ecológico y el caos climático.
 
Vivimos en un mundo con unos servicios ecosistémicos de todo tipo menguantes sin apenas regulación con unas demandas de consumo desbocadas nada realistas de unas poblaciones crecientes. La desigualdad entre y dentro de los países también crece en un contexto de un control ideológico digital feudal y capitalista acérrimo. El mensaje dominante que se impera es que solo hay bastante cosas para mantener cómodamente a una minoría afortunada, nacida en el país apropiado, de una familia con dinero y con la cultura étnica apropiada. La aporofobia, la fobia al pobre, y el racismo económico están al orden del día para justificar la defensa violenta de nuestro bote salvavidas en el Norte acomodado. Se empieza a despreciar abiertamente los valores del reparto y de la equidad y cada vez más la bondad y la maldad se juzgan por el aspecto  de la piel, la nacionalidad del pasaporte y sobretodo por el grosor de la cartera. En este contexto la empatía y la ambición de ensanchamiento moral se desprecian cada vez más.

 El mensaje nítido rupturista de Netanyahu, Trump y Putin es que la fuerza bruta y el chantaje comercial/energético mandan por encima de cualquier regulación internacional consensuada. Impera mucho más el “Might makes right”(el poder es el derecho). Ya no se priman unas salvaguardas mínimas e parciales de derecho internacional y ni siquiera se guardan las apariencias de “un orden basado en reglas”(como se ha visto también en la imposición por EE.UU. de normas comerciales a la Unión Europea). Incluso la acumulación ostentosa de capital eclipsa a cualquier mecanismo de fiscalidad progresiva,  legitimación social y regulación legal de la misma.

Con Gaza se ha abierto la veda y parece que nadie se opondrá con acciones contundentes al genocidio en curso.  El conflicto palestino-israelí junto con la invasión de Ucrania han roto el saco del orden político y legal salido de la segunda guerra mundial y también han volado los acuerdos de estabilidad pactados después del final de la guerra fría. 
 
La anteriormente más fuerte defensora de las normas legales internacionales de derechos humanos, la Unión Europea, ahora se bate en retirada en todos los frentes ante la presión externa y la presión interna del populismo nacionalista reaccionario de una ciudadanía europea descreída, que después de décadas de promesas de prosperidad incumplidas  se refugia en una imposible soberanía cultural xenófoba. La hipocresía entre la postura europea en defensa de Ucrania y su postura conformista sobre la catástrofe de Gaza también ha erosionado mucho la credibilidad europea, especialmente entre la juventud y en el Sur global.

Esta atmósfera es la tormenta perfecta para los designios autoritarios, expansionistas y xenófobas que están liderando Netanyahu con el apoyo de EE.UU. en el Oriente Próximo. Empujan a favor de una guerra muy física pero también a favor de una guerra cultural en contra de cualquier derecho cosmopolita de paz y de bienestar. En este ambiente tóxico el pueblo palestino ha sido la víctima perfecta en la cruzada contra la actual arquitectura internacional mientras que el fundamentalista Hamas ha sido el enemigo perfecto para justificarlo.

 Hay gente que no ha resistido la tentación de la deshumanización racista de los palestinos  y otra han respondido a esta con la deshumanización de los israelis o de “los sionistas”. La deshumanización permite no distinguir entre militares y civiles, entre grupos e individuos, entre gobiernos y la ciudadanía. Es hablar simplemente de sionistas o colonos de casi todos los Israelis y casi todos los judíos o de millones de palestinos como terroristas fundamentalistas. Esta deshumanización asumida tanto por partes de la derecha como por la izquierda radical “postcolonial” rechaza asumir los derechos universales y individuales como parte de la humanidad. En cambio, mientras para unos es asumible matar a todos los palestinos que directa o indirectamente apoyan a Hamas(es decir la gran mayoría según el Gobierno Israeli que lo hace) y para para otros de izquierdas, en cambio, es justificable atentar contra las personas israelíes por ser o haber sido “colonos” o “sionistas” (es decir más de 90% de los judíos israelí y gran parte de los judíos por el mundo). Así se defiende un creciente relativismo moral según las diferentes  posiciones étnicas, nacionales o ideológicas lo que es tanto causa como efecto del actual colapso del derecho internacional criminal, humanitario, sanitario, ambiental y comercial.



 La realidad y la estrategias suicidas/genocidas del poder israelí/palestino

La política es el arte de lo posible dentro de la realidad y dentro la relación de fuerzas en cualquier momento. . Hay que apuntar lejos pero con los pies en el suelo. La iluminación teórica no suele traer resultados concretos positivos. Las denuncias ideológicas por si solas sin tener el poder para respaldarlas suelen ser contraproducentes. Confundir las grandes palabras con la realidad política y la realidad biofísica concreta es un craso error.


Existe una realidad de un solo Estado que se llama Israel sobre el terreno, sin horizonte político ni presión internacional efectiva para aliviar este control israelí total sobre todos los aspectos de la vida palestina, desde el río hasta el mar. Esta realidad existente innegable de un solo Estado israelí, con un acceso muy diferente a los derechos económicos, humanos y civiles básicos entre judíos y palestinos(según donde viven). Esta realidad estructural se consolida a diario mediante la acción militar, la expansión de los asentamientos en Cisjordania por un régimen de apartheid físico y legal entre judíos israelíes y palestinos en los llamados “territorios ocupados” que Israel y Estados Unidos consideran “Judea y Samaria” como parte de Israel.
 
Cuando esta realidad existente de un solo Estado bajo control israelí ha perdurado durante casi 60 años,es imposible de considerarla como un arreglo temporal. Al margen o al mismo tiempo del debate sobre las fronteras nacionales del futuro(Israel no tiene fronteras oficiales!) es la hora de plantear la lucha por la igualdad de derechos de todos los habitantes bajo el total control de Israel. Esto es una tarea muy difícil pero es mejor y más efectivo intentar hacerlo sin violencia y sin discursos religiosos o esencialistas con la exigencia prioritaria de corregir primero el pecado original de la Nakba del 1948. También resta credibilidad al discurso palestino estar en contra de un regimen de apartheid en Cisjordania y al tiempo abogar por la total segregación política, religiosa y étnica . Los palestinos lo llaman “la no normalización” que está en contra de cualquier actividad con israelíes aunque sea contra la ocupación como el documental ganador del Oscar "No other land". .Actualmente entre la gran mayoría de palestinos(excluyendo a los árabes israelies) y de judíos israelis no hay ningún apetito para compartir un sólo estado a pesar del hecho de que ya lo comparten de manera enormemente desigual.  
 
Ya hay un estado único de facto nada democrático ni igualitario con el mismo suelo, la misma moneda, con el mismo agua, el mismo aire y el mismo mar. El gobierno de Israel que defiende una democracia étnica considera a toda la tierra de Cisjordania como parte de Israel pero considera a sólo una minoría de sus gentes como ciudadanos: los colonos judíos.  Separa el suelo de los derechos de sus habitantes. Y últimamente quieren culminar su sueño de limpieza étnica o “acabar el trabajo que empezó en el 48’”.

 Hamás ha sido de gran ayuda en conseguir Netanyahu sus objetivos de tierra arrasada y de expulsión palestina en Gaza y en Cisjordania.  En marzo de 2019, lo explicó con estas palabras a los diputados de su partido: “Cualquier persona que esté en contra de la existencia de un Estado palestino debe apoyar el refuerzo de Hamás, la transferencia de fondos a Hamás para mantener una separación entre la Autoridad Palestina en Cisjordana y Hamás en Gaza  para impedir la creación de un Estado palestino”. El integrismo mesiánico sionista y el fundamentalismo islámico son aliados objetivos. Ambos se oponen a una resolución pacífica y mínimamente justa del conflicto. Los mayoría sionista religiosa, racista y fascista niegan la existencia de un Estado palestino en lo que llaman la Tierra de Israel, que, según ellos, Dios ofreció al pueblo judío, mientras que Hamás combate cualquier existencia de un Estado judío en tierra del islam. Es una lucha de suma-cero donde siempre gana el más fuerte.


El levantamiento del gueto de Varsovia era heroico pero no salvó a más judíos y probablemente se salvaron aún menos a causa del levantamiento.. No todas las revueltas justas son prácticas, aconsejables y efectivas. Muchas son contraproducentes, sobretodo cuando la relación de fuerzas militares y políticas es muy desfavorable. Ser la parte oprimida en un conflicto como la palestina no es ninguna garantía de llevar una estrategia acertada o tener una ética más admirable. Que la parte fuerte, Israel,  haya cometido horribles crímenes de guerra a la vista del mundo no es en absoluto una victoria para la causa palestina ni acerca necesariamente la independencia palestina(los reconocimientos de más de 100 países de la solución de los dos estados-que Hamas rechaza- es más simbólico que real). “Pero hemos devuelto la cuestión palestina al debate mundial!” Que una Palestina destruida y desangrada haya estado en los telediarios durante 2 años seguidos no es un avance hacía una mejor vida para la población palestina sobre el terreno. Un genocidio nunca es un avance, una tierra inhabitable y docenas de miles de muertos no han aportado nada positivo. El martirio sin una estrategia política viable con  apoyos internacionales reales es sólo un martirio.

Pensar  como algunos pro-palestinos y algunos palestinos de que el colapso de Israel es inminente,  los israelíes van a volver a Europa o a los países árabes de donde proceden sus padres y abuelos y bisabuelos es un pensamiento mágico e iluminado que no favorece en nada la causa palestina. Gritar sobre “el colonialismo” no avanzará la causa palestina.  Plantear de que los millones de personas en la diaspora palestina van a volver a sus casas de antes del 1948 también es una fantasía autodestructiva para sus vidas vividas ahora estén donde estén.
 
Los sueños son  gratis pero la realidad y las relaciones de fuerzas son muy tozudas. Tel Aviv seguirá siendo Tel Aviv pero Gaza ya no existe. El tiempo tampoco pasa gratuitamente para la justicia “histórica”. (que miren a Chipre, al Sahara o a muchos otros conflictos enquistados con colonos que se convierten en habitantes fijos). Hay más o menos la misma cantidad de judíos como de Palestinos entre el río Jordano y el mar mediterráneo. Quien piensa que la otra mitad van a desaparecer o está haciendo una apuesta a favor de una guerra mesiánica interminable o a favor de un genocidio del otro pueblo. Viene a ser lo mismo.

La guerra a partir del 7 de octubre ha empeorado infinitamente la calidad de vida de los palestinos. El defectuoso pero prometedor proceso de paz de Oslo que buscaba establecer 2 estados en paz, derribado en gran parte por Netanyahu y Hamas,  era infinitamente mejor que la situación social y de seguridad actual.  Para el pueblo palestino todo ha empeorado por la deriva derechista israelí favorecida por la violencia de la segunda intifada armada contra civiles(no como la primera intifada que era sobre todo “de piedras”). Hoy la gran mayoría de los palestinos firmarían volver 30 años atrás al comienzo del proceso de Oslo.  La debilidad y la corrupción de la Autoridad Palestina tampoco no justifica de que “cualquier cosa es mejor” aunque sean unos fundamentalistas religiosos iluminados. La situación económica y ambiental en Gaza era bastante dura antes del 7 de octubre por el bloqueo israelí pero al menos se podía vivir. Ahora se ha acabado la habitabilidad de Gaza quizás para siempre o, como mínimo para muchos años. El movimiento pro-palestino en Europa hace un flaco favor a los palestinos y a la efectividad política del movimiento al dar su apoyo sin apenas críticas a la extrema derecha palestina que es Hamas que ha facilitado la destrucción de Palestina con la inestimable gran ayuda de su socio fascista Netanyahu, cuyo gobierno es el responsable del genocidio.

Hamás nunca ha sido una seria amenaza existencial a Israel como afirma la propaganda oficial israelí. En cambio, Israel ya ha destruido la existencia habitable de Gaza.

Colonialismo, imperialismo, sionismo, islamismo, nacionalismo,….
 
Al centrarse en “el sionismo” y la existencia de Israel (que nunca ha estado en peligro por su conflicto con Hamas) el movimiento pro palestino mundial ha entrado en el juego de Netanyahu al darle la razón de que esta era “una guerra existencial” en la cual era muy posible la destrucción de Israel. Muy estúpidamente se trasladaba el centro del debate a “la existencia de Israel” o el sionismo que es los mismo,  en lugar de “la existencia de Palestina” que no tiene ni siquiera la primera piedra o sobre el genocidio en Gaza. El movimiento pro-palestino prepara el camino ideológico para la destrucción de Palestina al nunca apoyar ninguna estrategia de co-existencia posible y afirmar la incompatibilidad total entre la existencia de Israel y la existencia de Palestina. No ofrece nada apetecible a los casi 8 millones de judíos israelíes que defienden a su estado, por étnico que sea. Confirman todas las sospechas de la extrema derecha israelí sobre la imposibilidad de cualquier compromiso territorial al defender el maximalismo de Hamas en contra de una paz negociada y a favor del derecho de retorno total de millones de palestinos de la diaspora a Palestina(cuando ya se había avanzado con distintos compromisos sobre el retorno con Arafat y con Abbas).  El movimiento “pro-palestino” no pierde ni un momento para hablar del pecado original del establecimiento de Israel pero apenas hablan sobre qué hacer ahora en el 2025, sobre como conseguir una gobernanza independiente eficiente de Palestina, como negociarlo y con quien y con qué apoyos dentro de Israel y el mundo, sobre quien representará a los palestinos y quien será reconocido como interlocutor internacionalmente y por Israel. Ha confiado todo a un milagroso “colapso del sionismo” y el poder omnipotente del “eje de la resistencia” liderado por Iran. Son pequeños detalles para quienes están anclados en la gran ideología en lugar de la política del posible, las alianzas necesarias y la realidad vivida sobre el terreno.


“Hay que acabar con la colonia”

Poco tiene que ver este conflicto con la lucha contra el apartheid en Sudáfrica y contra el colonialismo en Argelia. Reducir todo a un simple enfrentamiento entre coloniales y colonizados de forma maniquea no explica mucho. Israel es en gran parte un hecho colonial del siglo pasado pero no es la típica colonia que se fundó desde un metropolis que en un momento dado decide abandonar y conceder la independencia a las personas indígenas. Tampoco es el movimiento nacional palestino, sobretodo su parte religiosa como Hamas,  un movimiento comparable con otras luchas anticoloniales.  La lucha antiapartheid sudafricana era multi-racial, multi-étnica y multi religiosa reivindicaba un estado democrático nuevo para toda la ciudadanía. No es el caso en Palestina. al menos de la gran mayoría de sus grupos.  La lucha colonial argelina siempre apelaba a la opinión pública francesa, sobre todo a la izquierda. En cambio, Hamas en un ejemplo continuo de anti relaciones públicas que no ofrece más que brutalidad y maximalismo fundamentalista al público israelí y judío. Su campaña de bombas suicidas indiscriminadas contra civiles y autobuses en la segunda intifada 2000-4 desempeño un papel clave en la destrucción de la izquierda pacifista israelí que apoyaba “la solución de los dos estados”.  

80% de los habitantes de Israel dentro de sus fronteras de 1967 son judíos lo que no era el caso de ninguna colonia descolonizada en ninguna parte del mundo. La gran mayoría de los israelíes no tienen otra nacionalidad ni otro pasaporte lo que no era el caso en casi todas las experiencias coloniales. Es impensable de que los millones de israelíes que proceden de familias de países árabes o de Europa oriental vayan a “volver”. Alimentar la fantasía de retornar a la situación demográfica y internacional de antes del 1948 como ha hecho Hamas y sus apologistas es asegurar la derrota de las aspiraciones de incluso de una mínima soberanía palestina. Hamas no tiene una estrategia política anclada en la realidad vigente para construir un estado palestino ni mucho menos para conseguir apoyo internacional para ello.  Además, cree que lo puede hacerlo contra la opinión de casi toda la población judía israelí.

Sin caer en un relativismo equidistante sobre quienes son las víctimas palestinas y quienes son los opresores israelíes hay que admitir que ambos lados del conflicto tienen los peores y más extremistas liderazgos posibles que hasta cierto punto son complementarios y sus perspectivas maximalistas y mesiánicas. Netanyahu, y otros líderes antes de el, siempre han querido el máximo de territorio con el mínimo de palestinos mientras Hamas considera que el martirio masivo de la lucha armada es el camino hasta la victoria final. Uno justifica su genocidio con la estrategia suicida del otro. Hamas considera la destrucción de Gaza en sus declaraciones como una gran victoria y dice que puede que haga falta medio millón de muertos palestinos para permitir la vuelta  a la Palestina histórica. Los retóricos reconocimientos del estado palestino(que también piden la disolución militar de Hamas) por distintos países son victorias pírricas. La justicia de la causa palestina está fuera de toda duda pero los objetivos, las estrategias, las alianzas y las acciones que ha elegido Hamas, a pesar de la criminal represión israelí,  han sido totalmente contraproducentes. Peor nunca es mejor y todo siempre puede ir a peor. Ninguna atención mediática a la causa palestina y ninguna condena de la opinión pública mundial contra Israel compensan la destrucción total de Gaza y la progresiva destrucción de Cisjordania. La victoria moral post-mortem compensa poco.  El bloqueo del pacto Saudi-Israel tampoco lo justifica en nada.  Israel es el responsable de esta guerra genocida de tierra quemada que ha destruido Gaza pero la respuesta colosal de un gobierno israelí extremista y racista a los terribles ataques del 7 de octubre era más que previsible para cualquier observador de Oriente Próximo.  Hamas era consciente del coste humano histórico que iba a provocar su ataque. Las creencias religiosas mesiánicas suelen tener estas cosas. Israel también tiene sus muy exaltados mesiánicos dentro de su gobierno pero con mucho más poder que Hamas.

Entre los apologetas de la resistencia armada palestina nadie explica cuales son los pasos concretos diplomáticos, militares y políticos en los próximos años  para conseguir la “Palestina libre” que desean. Ni siquiera hay una estrategia política para parar la destrucción total de Palestina en curso. Del terrible martirio y de las pasiones no se construye una soberanía nacional nueva por fallidas que hayan sido las vías negociadas. Sólo ofrecen las justificaciones para más derrotas militares y la creación de más “hechos territoriales” coloniales sobre la tierra Palestina. Son hechos, no juicios morales ni argumentos históricos.

De hecho, la extrema derecha mesiánica israelí considera los ataques del 7 de octubre como “una gran oportunidad” para “terminar el trabajo” iniciado en el 1948 y 1967. Todo un regalo. Algunos políticos mesiánicos judíos dentro del Gobierno de Netanyahu incluso consideran al 7 de octubre como “un milagro” caído del cielo. Algunas teorías conspiranoicas piensan que el ataque del 7 de octubre fue conocido antes por la inteligencia hebrea y que Netanyahu quería que ocurriera. De poco importa. Nunca antes se ha avanzado tan deprisa en  el asesinato de palestinos,  en la expansión de asentamientos y en las expulsiones de palestinos de tierras en Cisjordania. Es otra “victoria” más para la “resistencia” armada de Hamás y para su gemelo Netanyahu. Se puede hablar de la humillación, la frustración y la desesperación para justificar la estrategia de Hamás pero no son argumentos racionales. “La resistencia” no ha protegido a nadie sino todo el contrario.

Israel no va a desaparecer en breve como promete Hamas continuamente en sus predicciones sobre el inminente “colapso del ente sionista” pero gran parte del movimiento pro-palestino global lo propone como la única solución dentro de una guerra interminable.   La mayoría israelí, desde una posición de relativa fuerza(echada su suerte con la pujanza derechista populista mundial), propone como la única solución la desaparición práctica del proyecto palestino sobre el terreno. Israel tiene el poder militar para hacerlo a pesar de suponer un tremendo coste moral, político y estratégico para Israel. En cambio, la apuesta de Hamas por “el eje de la resistencia” liderada por Irán, Hezbollah y la Siria de Assad  ha sido un enorme fracaso suicida que prácticamente ha dejado Hamás sin apoyos políticos en los estados árabes.  Casi todos los países árabes piden el desarme y la salida de Hamás de Gaza.

El contexto internacional no podía ser peor para la causa nacional palestina. Con Trump en la Casa Blanca y Netanyahu liderando Israel, con una Unión Europea muy debilitada y derechizada y con unas instituciones internacionales sin poder ni determinación, las perspectivas no son nada optimistas. La opción menos mala para Gaza ahora sería una intervención árabe e internacional liderado por el corrupto régimen egipcio con la instalación de un gobierno civil palestino tecnocrático hasta que haya elecciones palestinas para la renovación de la Autoridad Palestina. Pero esto exige un retirada total del ejército Israeli lo que no está en la agenda de Netanyahu quien necesita el apoyo de los partidos judíos mesiánicos para mantenerse en el poder a pesar de gozar la retirada de la tropas israelíes del apoyo de la opinión pública israelí, principalmente para recuperar a los rehenes y evitar más muertes en general.

Sin un horizonte de reconstrucción financiada principalmente por los países del golfo y la instalación de una administración palestina de Gaza para los gazaties (y no para los hoteles de Trump) se avanzarán los planes de Netanyahu y Trump para la expulsión de una parte sustancial de la población palestina.

Solo una minoría de los ciudadanos israelíes apoyan el establecimiento de un estado palestino en cisjordania y gaza a lado de Israel pero si es dentro de un acuerdo más amplio para relaciones diplomáticas con el el mundo árabe éste apoyo aumenta sustancialmente. El apoyo para un estado binacional o una confederación palestina-israelí tiene escaso apoyo entre palestinos e israelíes aunque esta última opción sea la más viable y deseable a medio-largo plazo.

La raquítica Autoridad Palestina no ha tenido elecciones desde hace casi 20 años y necesita una renovación profunda de su gestión de instituciones en Cisjordania. Su anciano presidente Abbas ha perdido gran parte de su credibilidad por una mala administración y por una estrecha cooperación represiva con Israel pero sigue negando una apertura democrática. A pesar de esto no hay en el escenario político palestino, salvo Hamás, una alternativa al liderazgo de los viejos de Fatah y la OLP.

En este cuadro sombrío sin normas internacionales que valen ni liderazgos políticos globales o locales valientes y realistas el Oriente Próximo se enfrenta a un futuro muy incierto y peligroso que afectará a todo el mundo.
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7 septembre 2025 7 07 /09 /septembre /2025 16:35
 
7 sep 2025 06:00

Las llamas que en pocas semanas han arrasado más de 400.000 hectáreas en el noroeste peninsular se han apagado. Lo que sigue vivo, lamenta David Hammerstein Mintz (Los Ángeles, Estados Unidos, 1955), sociólogo, activista y ex eurodiputado por Los Verdes (2004/2009), son los mantras y lugares comunes que técnicos e ingenieros forestales, con el aval mediático y político, han repetido respecto a por qué se queman los bosques y las medidas a adoptar para evitar que los próximos veranos sean igual de catastróficos.

 

Consignas como “abandono”, “limpieza”, “suciedad” y “desbroce” forman parte de la narrativa hegemónica que la “economía del fuego” —término que utiliza Hammerstein para referirse a los sectores empresariales que viven de la explotación de los entornos naturales y sacan tajada de la llamas— ha instalado en el imaginario colectivo de los españoles sobre cuál es el diagnóstico (mucho “combustible”) y cuáles son las soluciones (bosques “más limpios”).

 

Aclara que “nadie está en contra de desbrozar un camino, de mantener un acceso, de tener el perímetro de un pueblo despejado para que no se quemen las casas”, pero de ahí a “querer matar el bosque” para impedir los incendios “hay un abismo”. “Es evidente que en el actual contexto del cambio climático los incendios son cada vez más grandes y voraces. Pero, precisamente, los bosques buenos, los bosques con sotobosque, mantienen la humedad, aportan una infinidad de flora y fauna, son más resilientes y amortiguan los embates climáticos y el calor”, afirma.

 

Si la solución es la ganadería extensiva, ¿cómo se explica que la mayoría de los incendios estén provocados por el sector agroganadero?
 

Hammerstein, sociólogo por la Universidad de California radicado en España desde finales de la década de los años 70 del siglo pasado, rechaza la idea de que los incendios son “inevitables” —asegura que más del 80% son intencionales o por negligencia de la “economía del fuego”—, sostiene que el noroeste del país ha ardido porque ha habido “intereses económicos” que así lo han querido y pide “firmeza política” para controlar y vigilar los focos de ignición.

 

Además, alerta: en términos políticos, “la renuncia de la izquierda en el debate cultural sobre los incendios y la protección de los bosques da una victoria fácil a la derecha y a su agenda de contrarreforma y desregulación ambiental”.

 

Dices que en el debate sobre los incendios se ha puesto de relieve la casi total orfandad política y cultural del ecologismo en España. ¿Por qué afirmas esto?


Lo planteo porque las grandes organizaciones ambientalistas y ecologistas no han respondido al reto de dar una versión distinta a la demagógica de “limpiar” los bosques que han instalado la mayoría de los técnicos e ingenieros forestales, que sólo orientan el debate sobre la explotación y gestión económica de los entornos naturales. No ha habido una fuerte defensa de la conservación de la biodiversidad. La visión alternativa, que casi no se ha escuchado, ha salido únicamente de la boca de algunos biólogos, que han tenido que aclarar que lo que se llama “suciedad” o “broza” es biodiversidad, hábitats que sostienen flora y fauna, y sumideros de carbono.

¿Te ha sorprendido esta orfandad? ¿Pensabas que iba a ser más equilibrado el debate?


No mucho, por desgracia. En los últimos años se han retirado las voces que anteponen el bienestar ecosocial de la explotación y la extracción de la naturaleza. Cada vez hay más voces que ven los bosques como fuente de biomasa, de madera, de pastos. Es un discurso dominante que se impone al que pone el énfasis en los servicios ecosistémicos que provisionan los bosques, como por ejemplo los de la cordillera Cantábrica, que son muy biodiversos, tanto en sus variedades de vegetales como en su fauna muy variada y muy valiosa. Hablamos de bosques que dan servicios sobre el agua y el aire y que amortiguan los efectos del cambio climático. Por eso, hablar de estos bosques simplemente como combustible y como recursos forestales responde a intereses económicos, ocultos en el debate, que se aprovechan de la ignorancia ambiental que está extendida en España para sacar más tajada.

Se parte de la idea de que los incendios son inevitables. No es verdad. Es falso. Más del 80% son intencionales o por negligencia de un sector económico en concreto

¿Sientes que la supuesta “suciedad” de los bosques ha calado fuertemente en el imaginario colectivo tras estos incendios?


Lamentablemente, sí. Se llama suciedad a las partes más valiosas de los bosques. No. la suciedad es la contaminación, son los plásticos. El sotobosque no es suciedad en absoluto. También se ha creado otro imaginario: el de que los mejores bosques son los de pinares, como los de Soria y Burgos, muy explotados para hacer palets de biomasa o para sacar madera, cuando nada tienen que ver con bosques ricos en biodiversidad. Estamos haciendo mucha antipedagogía ambiental con estos discursos.

 

También discrepas con el “abandono rural” como causa de los incendios.


No deja de ser una apología muy grande de la ganadería que entrega varios mensajes equívocos. Por un lado, da la idea de que las personas que tienen economía en el mundo rural saben cómo mantener la biodiversidad. Sabemos de primera mano que hay gente que sí, pero hay muchos que no, cuyos intereses económicos, ya sea la madera, la ganadería o la agricultura, están enfrentados con los valores de bosques protegidos. Lo hemos visto con el lobo y el oso. Y después hay una gran contradicción: si la solución es la ganadería extensiva, ¿cómo se explica que la mayoría de los incendios estén provocados por el sector agroganadero? En Asturias, por ejemplo, el porcentaje es del 90%. En resumen, por un lado tenemos conflictos de intereses, y por el otro, mucha ignorancia. Y en el medio no quedan voces para defender la preciosa y necesaria diversidad biológica de los bosques.

 

¿Dónde hay que poner la lupa entonces? ¿Cómo evitamos que el próximo verano no tengamos otra oleada de incendios catastróficos?


En la ignición del fuego. Se parte de la idea de que los incendios son inevitables. No es verdad. Es falso. Más del 80% son intencionales o por negligencia de un sector económico en concreto. Hay una falta de voluntad política para poner mano dura y para evitar la ignición del bosque. Tampoco se ponen los medios físicos y humanos de extinción para que cuando haya un principio de incendio no se extienda con tanta facilidad. León y Asturias han cobrado más de 25.000 millones de subvenciones de las ex zonas mineras para la reindustrialización y no se ha gastado prácticamente nada en prevención y vigilancia y en medios para luchar contra los incendios.

La cordillera Cantábrica se ha quemado este verano no por ser la zona de España más seca y calurosa sino porque había intereses en que se queme

¿Alcanza sólo con señalar la ignición en un planeta cada vez más propicio a la combustión por el cambio climático?


Hay más cosas por hacer. Que quede claro que nadie está en contra de desbrozar un camino, de mantener un acceso, de tener el perímetro de un pueblo despejado para que no se quemen las casas. Esto tiene que quedar claro. Obviamente hay matices y nadie está en contra de unos desbroces básicos. Nadie está en contra de la ganadería tradicional que respeta el bosque. Estamos en contra de la economía del fuego. Un ejemplo: en estos momentos hay quienes están vendiendo troncos poco quemados a una empresa como Forestalia para producir biomasa. Esto es convertir los bosques en fábricas. Un bosque que es una fábrica no es un bosque con un ecosistema vivo, vital para la flora y la fauna y también para nosotros, los humanos, más aún en este contexto de emergencia climática. Esto está totalmente perdido en el debate sobre los incendios. Sólo escuchamos a técnicos e ingenieros forestales, con un desconocimiento profundo sobre lo que significan conservación y sostenibilidad, muchos de ellos afectados por conflicto de intereses. La economía del fuego no sólo responde a los intereses de la madera, la biomasa y la ganadería. También favorece los intereses de las empresas de gestión forestal subcontratadas por las autonomías que tienen un incentivo y que ganan mucho dinero con el fuego.

Pero que tenemos un clima mucho más propicio para los megaincendios, calor y sequedad extrema, no es un dato menor.
El otro día un titular rezaba “El cambio climático es el mayor pirómano”, en relación al primer estudio de atribución de los incendios. Es un error. En las próximas décadas, incluso con una improbable bajada drástica de emisiones, seguirán el aumento de las temperaturas y las sequías que crean un contexto favorable al fuego. En cambio, podemos reducir mucho los incendios con causa humana, más del 90%, aquí y ahora, a la vez que podemos aumentar mucho los medios para la vigilancia, prevención y extinción de los inicios de los fuegos para evitar los megaincendios. Repito: la cordillera Cantábrica se ha quemado este verano no por ser la zona de España más seca y calurosa sino porque había intereses en que se queme. Resignarse ante los grandes incendios por ser principalmente una cuestión climática sirve de excusa para intervenciones masivas destructivas y interesadas en los bosques para eliminar “combustible” cuando precisamente la biodiversidad forestal es lo que amortigua el clima hostil.

¿Hay manera de gestionar un bosque para prevenir incendios por fuera de esta lógica extractivista dominante?
Sí, claro. Hay bosques en España que están mucho más secos que los bosques que se han quemado en el norte este verano. Se han quemado porque se han prendido. No hay más incendios donde más fácil es que arda, sino donde más se prende. Salvo casos esporádicos de tormentas secas, anecdóticos en el cómputo global, el monte no arde solo, ni arde porque esté “sucio”. Arde cuando hay una colusión de intereses en que arda. Este verano se ha quemado el norte porque ha habido intereses económicos que querían que se quemara. Los incendios no han caído del cielo. La gran mayoría han salido de un mechero y el mechero se puede quitar de las manos. El problema es que hay una clara inhibición política de acabar con los incendios provocados.

Quitar una importante cantidad de sotobosque va a aumentar aún más la sequedad y no servirá para evitar los incendios

Incendios provocados por intereses económicos han existido siempre, pero nunca con esta voracidad, con esta destrucción. La sensación es que tu descripción obvia esto.
Para nada. Lo que decimos es que la solución de quitar una importante cantidad de sotobosque va a aumentar aún más la sequedad y que no servirá de nada para evitar los incendios. Se quiere matar el bosque para impedir los incendios. Es absurdo. Es como matar al paciente para que no muera de otra enfermedad. Matar al perro para acabar con la rabia. Es evidente que en el actual contexto del cambio climático los incendios son cada vez más grandes y voraces. Pero precisamente, los bosques buenos, los bosques con sotobosque, mantienen la humedad, aportan una infinidad de flora y fauna, son más resilientes y amortiguan los embates climáticos y el calor.

Has mencionado que la ganadería extensiva, defendida por muchos expertos y lugareños, tampoco es la solución. ¿Por qué?
Uno de los argumentos es que la ganadería extensiva, el pastoreo y la ganadería regenerativa son muy necesarias porque sustituyen a las macrogranjas industriales. Esto es falso. Es todo suma. Es como las renovables, que crecen al mismo tiempo que crecen las emisiones. Pasa lo mismo con la carne. España está produciendo más carne que nunca a nivel industrial y lo que hace la ganadería extensiva es sumar aún más producción. Y no es realmente extensiva, porque esa es otra mentira. El 99% de la carne que sale de la ganadería extensiva consume en los últimos meses de vida piensos importados de Sudamérica. Animales que solo coman hierba prácticamente no quedan.

¿Preocupa que esta visión de “limpieza” se traduzca en políticas concretas?
Ya está ocurriendo. En Catalunya, Salvador Illa ha pedido en estos días apostar por el decrecimiento de las masas boscosas. Ha dicho que hay “demasiados bosques” y que es necesario estimular aún más la actividad económica en estas zonas. Y el Gobierno de Extremadura ha pedido que se modifique la Ley de Montes para permitir el cambio de uso forestal tras un incendio. Es decir, contrarreforma ambiental y oportunismo empresarial a remolque de los incendios para desproteger a los bosques más valiosos. Lamentablemente, no sorprende. Es el resultado de un consenso mediático y político formado por las ideas biocidas sobre el “abandono”, “la gestión” y “la limpieza” de los “recursos forestales”. Lo cierto es que la renuncia de la izquierda en el debate cultural sobre los incendios y la protección de los bosques da una victoria fácil a la derecha y a su agenda de contrarreforma y desregulación ambiental.
 
 
 
 
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27 août 2025 3 27 /08 /août /2025 21:06
SOBRE LA ECONOMÍA DEL FUEGO Y SUS ARTIMAÑAS OPORTUNISTAS

SOBRE LA ECONOMÍA DEL FUEGO Y SUS ARTIMAÑAS OPORTUNISTAS


 

¡Pero cuanta estratagema emplean como artillería los defensores oportunistas de los negocios del fuego que quieren arrasar los bosques !


La economía del fuego es el entramado de empresas, de subcontratas públicas para la extinción de los incendios, la  gestión, la restauración y la explotacion de los bosques, más todas las empresas y actividades extractivistas que se aprovechan de las inversiones y ayudas públicas después de la catástrofe del fuego. 


 Todo estos negocios tienen mucho que ganar con el fuego y poco o nada con la conservación y restauración de los ecosistemas y la biodiversidad de los bosques .


Muchos portavoces de economía del fuego que quiere aprovechar las quemas de los montes para ampliar el negocio, disimulan  sus intereses mediante citas teóricas que manipulan descaradamente las aportaciones de autores muy reconocidos. 


Estas tretas que buscan ganar credibilidad esconden lo que es una defensa oportunista del "aprovechamiento" de los sectores de la economía del fuego: agroganaderos, forestales, energéticos, mineros, urbanísticos, cinegéticos, que quieren sacar tajada de los incendios a costa de la sepultura de los bosques y su biodiversidad.


 

EL FALSO DEBATE SOBRE LA INEXISTENCIA DE BOSQUES "NATURALES" 


La derecha y la extrema derecha en alianza con los intereses económicos cortoplacistas de la economía del fuego, hacen valer un falso debate sobre la supuesta inexistencia de bosques "naturales", solo hay "masas forestales" artificiales producto de la intervención humana, dicen. A su vez, inventan un adversario ficticio puesto que nadie considera que la naturaleza sea prístina, ni que los bosques sean primigenios e inmaculados, sin huellas humanas.

 

 Nadie defiende unos bosques maduros en fase de climax, tan sólo los bosques que existen en los montes, en su singularidad y variedad .


Estos falsos debates difundidos por los lobbystas del negocio de la guerra contra los bosques, insisten en crear un opositor fantasma para abatir a los que defienden que en la prevención de los incendios ha de prevalecer la conservación y restauración del bien común dañado y amenazado: los bosques. 

 Los incendios son una tragedia sin paliativos para el conjunto de la sociedad puesto que dañan el interés común y general: los bosques y las especies silvestres. 

¿Qué bosques hay que conservar y restaurar ? Los que existen, en su variedad y diversidad, los que aguantan las crecientes lesiones y amenazas antrópicas pero siguen en pie y son refugio para muchas especies silvestres prodigiosas.

Claro y fuerte: dejad ya de inventar este falso debate para derribar la conservación y protección de los bosques. Abandonad la férrea alianza oportunista con la economía de la guerra contra la naturaleza y el resto de formas de vida.

Si Lyn Margulis viviera se escandalizaría de que se utilizara su nombre para incrementar la guerra contra la biodiversidad silvestre que habita en las redes simbióticas de materiales, plantas y animales que son los bosques.


También Elinor Ostrom se enojaría al ver como está siendo citada por los portavoces que quieren aumentar los negocios de la economía del fuego .


Por cierto, los estudios de Elinor Ostrom sobre la gestión comunitaria son muy parciales y sus conclusiones también, no pretendió formular "leyes universales".


Sus investigaciones son estudios de casos particulares. Sus conclusiones tan sólo remiten a los casos concretos de gobernanza comunitaria exitosa sobre algunos bienes comunes. No estudió los innumerables casos de saqueo y destrucción de los bienes comunes, que también se dan y son fruto de prosesos y decisiones comunitarias.

 

Elinor Ostrom no estudió los conflictos socioecológicos . Estas son las confrontaciones sociales en torno a bienes comunes ecológicos. En estos antagonismos ecológico-sociales los defensores de la prevención y conservación ecológica se enfrentan a las actividades que implican explotación excesiva, contaminación y destrucción de las fuentes naturales de energía, materiales, servicios y biodiversidad, que constituyen el sostén de la existencia y el bienestar humano y de los demás seres vivos.

 

Ostrom no percibió lo que les caracteriza y singulariza: que además de ser bienes finitos, frágiles y vitales, su uso y consumo, incluso bienintencionado y sometido a reglas y acuerdos comunitarios, puede conducir a la tragedia colectiva de su sobre-explotación y destrucción irreversible. 

 

La tragedia colectiva del agotamiento de bienes y servicios ecológicos vitales, que son la base de la economía y nuestra existencia, puede ser causada por el acceso libre, el privado, el público o el comunitario .

 

Los acuerdos y reglas comunitarias locales de los interesados o afectados no son ninguna panacea , también pueden dar lugar a la sobreexplotación y la aniquilación de tales bienes ecológicos.

 

Es decir, la gestión comunitaria local no es garantía alguna de la conservación y los cuidados sobre los ecosistemas, la biodiversidad y los servicios ecosistémicos .

Ningún régimen de propiedad (pública del Estado, privada-pública, privada, comunitaria) es medicina infalible contra la devastación ecológica , por la sencilla razón que todos pueden optar por explotar, contaminar y saquear los bienes y servicios ecológicos en juego por encima de sus capacidades biogenerativas de recuperación. La historia humana lo evidencia.

 

LA ABUNDANCIA-DESTRUCTIVA: EL PRODUCTIVISMO

Lo central de la maquinaria histórica de devastación ecológica está en el productivismo.


Las políticas públicas y las comunidades locales, no sólo la economía capitalista dirigida por el egoísmo y el afán de lucro, pueden fomentar masivamente el productivismo y su destrucción de la naturaleza.

 

El factor cultural de las cosmovisiones y mentalidades antropocéntricas se suma al enquistado y terrible productivismo, ambas variables ensambladas son las causantes últimas de muchos de nuestros males socioecológicos.

 

La inmemorial enfermedad del productivismo, que maximiza la explotación de las fuentes ecológicas de biodiversidad, energía y materiales, está muy dentro del modelo económico capitalista, pero puede anidar en cualquier tipo de economía, también en la gestión comunitaria de los bienes ecológicos y sus fuentes naturales.

 

Cualquier tipo de economía, pública, privada capitalista, mixta, local y comunitaria, puede resultar un horror ecológico.

 

El productivismo junto al humanocentrismo, son las fuentes últimas de los desastres ecológicos. El productivismo es el DNA de las actuales políticas públicas, tambien del socialismo de Estado en la historia reciente. Está muy arraigado en nuestra historia humana, no sólo en el capitalismo industrial fosilista de los últimos siglos.

 

Dicho de otra manera, los orígenes últimos de los dramas ecológicos de supervivencia y continuidad en el tiempo están en el empleo de la abundancia o superávits de energía y materiales, de recursos y dinero, para degradar y arrasar los ecosistemas y la biodiversidad. Esto es el productivismo.

 

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16 décembre 2024 1 16 /12 /décembre /2024 08:34
Ante la orfandad política ecologista


La salud del planeta va mal. La salud del movimiento ecologista también. Los datos sobre la acelerada hecatombe de los ecosistemas de la Tierra, la biodiversidad, los ríos, el clima, el aire no invitan al optimismo.

 

La imagen de las luchas ecologistas se han trivializado y banalizado hasta tal punto que a menudo la agenda verde de cambios parece como una marca comercial para incentivar el consumismo mediante anuncios televisivos de lavado verde "greenwashing" por parte de grandes empresas. También se da la confusión, la división y cultura de cancelación que ha provocado la izquierda radical identitaria en algunas filas del ecologismo, que a menudo desvía el ecologismo de valores universales de la salud, la defensa de la naturaleza multidiversa y la ecojusticia. Injustamente acusado de “insensibilidad social” el ecologismo también se rebaja a reivindicaciones de extremo posibilismo social y económico, perdiendo su alma naturalista, radical y contra-cultural.

 

En paralelo a las numerosas contrarreformas legislativas anti-ambientales en marcha, sobretodo en el ámbito europeo, se da un abandono institucional español paulatino de la defensa política y cultural de lo que han sido embrionarios postulados ecologistas. La retirada de políticas ambientales europeas y españolas se viene ejecutando sin que haya resistencias por parte de los partidos de izquierda en sus diversas tonalidades. No se trata de repetir unas retóricas ambientales y repetidas una y otra vez por los gestores y partidos políticos de izquierdas y derechas. Estos cansinos mantras abstractos vacíos de toda evidencia y realidad empírica suplantan los debates plurales que estén abiertos a las posiciones ecológicas sobre las políticas institucionales concretas y afectando transversalmente a todos los sectores de actividad (agrícolas, hídricos, ganaderas, pesqueras, eléctricos, sanitarios, alimentación, transporte, industria, residuos, calidad del aire, etc.).

Sigue brillando por su ausencia la agenda verde diaria de los partidos y organizaciones de izquierda sobre múltiples realidades que nos incumben y son objeto de decisión y regulación normativa y legal. Ante el avance del negacionismo ecológico práctico de la derecha, lejos de dar la cara, la izquierda supuestamente “ecologista” se bate en retirada sin convencimiento ni determinación en el quehacer político y mediático diario. Triunfa el consenso sobre la sepultura de las necesidades y urgencias ecológicas de freno al consumo y la producción ecológicamente más tóxica y destructiva.


Lo más grave es que la guerra cultural anti-ambiental esta siendo ganada por goleada, sin ni siquiera la presentación de algún adversario, por una derecha pujante contra una izquierda sumisa que prioriza junto a la derecha y la extremas derecha por encima de todo el crecimiento material inacabable en un planeta finito y cada vez más empobrecido en sus capacidades bioproductivas. Triunfa la medicina común del “más desarrollo”, cualquier empleo y cualquier consumo de bienes materiales abundantes y a bajo precio económico, sin importar los incalculables y dantescos daños ambientales y sanitarios. Este contexto político favorecen la circulación perniciosos bulos, como el que afirma que "el ecologismo radical defiende los animales y las plantas antes de las personas”o que hay “una dictadura de los ecologistas de despacho”.

Esta creciente cultura política de negacionismo ecológico practicada por los partidos y las fuerzas sociales y sindicales allanan el camino para una brutal huida hacía adelante “libre” de la aceleración del caos climático en curso y de los progresivos colapsos de sistemas ecológicos vitales para las condiciones de habitabilidad y la vida en el planeta. Nadie habla de las causas del sobreconsumo/sobreextracción mientras la voz populista mercantil dominante dispara contra el débil mensajero ecologista. La creciente escasez y la carestía en un mundo con crecientes demandas de bienes materiales escasos y agotables sobre ecosistemas exhaustos acaban invisibilizadas cuando las culpas recaen en regulaciones legales ambientales sobre las emisiones, pesticidas o la protección de lobos o osos. “Vivíamos mejor antes!” pregona las voces de las redes y en los bares, a pesar de que el planeta de antes ya no existe.

 

La realidad palpable en el presente y la anunciada para el porvenir no parecen importar apenas a las narrativas culturales dominantes, atrapadas como están en la alegre fiesta del crecimiento y el consumismo. Sacan sistemáticamente fuera de los debates políticos y mediáticos los datos ambientales irrefutables, como son los que anuncian el empeoramiento y la caída libre de casi todos los indicadores ambientales de la salud planetaria, desde la biodiversidad hasta la contaminación tóxica, desde la esquilmación del agua dulce, de los fondos marinos y de los bosques hasta los estragos de la explosión minera o la mala calidad del aire urbano. Se ha convertido en tabú hablar de los hechos de la realidad biofísica castigada por la creciente economía extractiva y contaminante.

 

Un ejemplo reciente entre muchos otros, ha sido el derribo de una reciente propuesta de la Comisión europea para reducir la pesca de arrastre en el Mediterráneo a un mes al año. Ha sido total el entreguismo de la izquierda y de una gran parte del ecologismo a favor de la continuación de la masacre de los fondos marinos por la pesca de arrastre en el mediterráneo.

 


Una generación joven criada en el individualismo extremo, el consumismo y la irrealidad de las pantallas del movil se desconecta más fácilmente de las malas noticias de fuera que coartan la gratificación inmediata pasajera que se encuentra en la tienda de la esquina. El brillante futuro prometido por los influencers digitales no se ve en ninguna parte y es un secreto a voces que “no hay futuro” ni bienestar ni equidad posible en el horizonte cercano. Así la rabia y la angustia que palpitan en su rechazo a esta “estafa” se quedan en las manos de la manipulación de la extrema derecha.

 

En estas circunstancias estructurales y culturales muy difíciles hasta el mismo movimiento ecologista no ha estado a la altura de los cometidos y valores que le fundan. Sufre un constante entrismo de partidos, relatos y consignas provenientes de las agendas ideológicas e institucionales de la izquierda que rebajan, debilitan y fagocitan su actividades de denuncia y propuesta de cambio. Es verdad que hay un encendido debate ideológico minoritario en el ecologismo entre “los decrecentistas y colapsistas” y “crecentistas pactoverdistas” pero ni el ecologismo local más consecuente que suele ser “colapsista” ni el posibilisimo de algunos ajustes verdes en eficiencia y tecnologías eléctricas renovables defensores del “green new deal” europeo, ya vaciado de casi todo sus contenidos sectoriales, consiguen emerger y visibilizar un ecologismo político en el centro del debate político e institucional. De los pocos debates y críticas sociales que se hacen oír en alguna medida es relativa a los impactos ambientales de los proyectos de macrorenovables eléctricas y sobre el significado de una supuesta “transición energética”, que hasta ahora es mucho ruido y pocas nueces en evidencias sustancialesde sustitución y reducción de las energías fósiles contaminantes.

 


Lo que está servida es la confusión social mediante un lavado verde de una izquierda política que en el día a día muestra una y otra vez su negacionismo ecológico práctico del tipo cínico: “sí, pero no”. Esta izquierda en realidad nunca ha integrado como prioridad la agenda ecológica ni ha dado pasos claros para abandonar los asfixiantes objetivos desarrollistas y extractivistas.

 

Ante estas grandes dificultades y para una mejor defensa del mundo vivo es más necesario que nunca un movimiento ecologista más autónomo, plural y fuerte.

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6 novembre 2024 3 06 /11 /novembre /2024 10:41

 

La insistente apelación a las políticas en favor de “la sostenibilidad” ha acabado reduciéndolas a unos simples ajustes en un pequeño sub-sistema económico, como es el de producción eléctrica, en nombre de “la transición” energética y ecológica. Este reduccionismo ideológico tan aplaudido por parte de responsables públicos y empresas suplanta y abandona los cambios estructurales en el conjunto de la economía necesarios para una transición ecológica. Como por arte de magia detrás de la llamada “transición energética” se sepulta la imperiosa agenda ecológica.

Esta lamentable comprensión de “la transición energética” por parte de gobiernos, gestores públicos, partidos de todo color ideológico y empresas, da prioridad y máximo protagonismo al relativamente pequeño reducto energético de la promoción de las energías renovables para la producción eléctrica. Al tiempo las embrionarias exigencias ambientales se abandonan en la cuneta, en la agricultura, la ganadería, el agua, los tóxicos, la deforestación, el comercio internacional, la minería, la biodiversidad, el transporte, etc. Con ello se desprecian las necesarias estrategias de resiliencia y adaptación ante los inevitables y traumáticos embates climáticos y ecológicos en curso.

El “Green New Deal” ya es un proyecto vacío de todo contenido que implique cambios estructurales. Este concepto zombie ha sido políticamente decapitado por las mismas instituciones europeas que lo impulsaron. Este armazón retórico y vacío de agenda verde cumple la función principal de aportar falsos envoltorios de legitimidad ambiental a las prioridades políticas de expansión material y el productivismo de siempre en todos los sectores económicos.

Gestores y responsables públicos junto a empresas, sindicatos y partidos de izquierdas y derechas, participan al unísono y coinciden en esta perniciosa sepultura de la emergencia ecológica y climática en nombre de la engañosa “transición energética". Renuncian a la urgente agenda con giros de 180 grados en todos los campos de actividad para adaptarnos y mitigar en lo posible la devastación, contaminación y escasez crónica que afecta intesa y aceleradamente a procesos biogenerativos y a bienes y servicios ambientales vitales para la supervivencia y bienestar.

Casi todo el debate público y mediático de la tan pregonada “emergencia climática”, aparte de la lenta venta de coches eléctricos y placas solares, se viene concentrando exclusivamente en los nuevos macro-proyectos eólicos y fotovoltaicos para el incremento de la producción eléctrica. Contra ellos se han ido conformando plataformas ciudadanas locales de afectados por distintos lugares del territorio que hacen defensa de la conservación de sus entornos locales (espacios naturales protegidos, ecosistemas, biodiversidad, tierras fértiles, paisajes, etc). Se oponen al poderoso bloque de gobernantes, partidos, políticos, promotores, empresas eléctricas, grandes inversores especuladores. Incluso una parte del movimiento ecologista defiende a rajatabla la imperiosa necesidad de estos grandes proyectos eléctricos que son parte de la agenda económica desarrollista. Se suman con ello a las ensoñaciones del “desarrollo sostenible” destiladas por el frente crecentista: hacer mágicamente compatibles la economía del crecimiento material y la ecología, aludiendo a unas inciertas ganancias para el clima en el largo plazo, el empleo local y el nuevo vector tecnológico que hace valer la quimera del “hidrógeno verde” que suplantaría la producción fósil.  No hay un falso debate en las agrias discusiones entre los posibilistas (defensores del crecimiento material acompañado de pequeños ajustes para incrementar la producción eléctrica eólica y fotovoltaica) y los decrecentistas (maliciosamente etiquetados con el término de “colapsistas” por el frente crecentista adversario). No es un conflicto solamente semántico ni cultural. Es una expresión particular del dilema histórico fundamental y civilizatorio que afrontamos en torno a dos opciones en juego que son radicalmente antagónicas. Si ganan y siguen avanzando las fuerzas políticas y económicas del frente crecentista “posibilista”, se pierde el reducido abanico de oportunidades temporales para que el decrecimiento material pudiera ser en parte producto de decisiones conscientes y voluntarias, más benignas y equitativas, y relativamente menos traumáticas que el decrecimiento impuesto por el acelerado deterioro de los ecosistemas y la biodiversidad.


En términos históricos el decrecimiento material de nuestra organización social y economía ya no es una opción, será sí o sí una obligada consecuencia de la destrucción acelerada de numerosos bienes y servicios ecológicos que constituyen el dinámico sostén de las sociedades humanas y su orden social. Nuestro mundo siempre ha sido el sistema socionatural, nunca ha sido el ideado por las cosmologías de la modernidad: la sociedad humana separada y dominadora de la naturaleza del ahí afuera. Desde hace décadas los datos de las mejores ciencias disponibles nos alertan de que nuestra condición de abundancia fósil y crecimiento material solo puede ser muy efímera por haber traspasado muchos límites naturales críticos del sistema Tierra.

 

Muchos defensores de las macrorenovables ignoran el problema fundamental del “sobrepasamiento”: la realidad de que el consumo humano de bienes y metabolismos productivos materiales y biológicos ya ha superado los límites ecológicos del planeta. La proyección optimista de un futuro de energía renovable refleja una comprensión muy inadecuada del pasado y el presente. La idea de que las energías renovables pueden sostener un crecimiento económico continuado sin abordar el problema subyacente del uso excesivo y la degradación de los bienes y servicios ambientales es peligrosamente ingenua. Alargar los plazos de la expansión económica requiere algo más que energía más limpia: exige enormes insumos materiales finitos y escasos y rendimientos energéticos que las energías renovables, en su forma actual, no pueden proporcionar. Al centrarse en las contabilidades reduccionistas de la descarbonización, estas proyecciones pasan por alto el desafío más profundo: un sistema basado en el crecimiento incompatible con los límites planetarios.  Nada material puede crecer indefinidamente en un medio finito. Hasta que no se afronte y frene la adicción al crecimiento y el consumo material sin fin, las previsiones energéticas, por muy verdes que parezcan, seguirán basándose en ilusiones faústicas. Además, ignora el gran desfase temporal de décadas entre una reducción importante de emisiones y un freno al calentamiento global ya
 en marcha.

No es una cuestión del “cainismo” dentro del movimiento ecologista que se resuelva con una buena dosis de franciscanismo falsamente integrador de las posiciones en confrontación, sino que es un debate crucial sobre la elección entre dos caminos históricos enfrentados y muy distintos. Uno intenta poner límites al desarrollo y el crecimiento material de toda economía y actividad como eje central en un planeta cerrado en materiales y sometido a los incesantes y acelerados impactos humanos destructivos, y el otro apuesta por el sueño prometeico de la compatibilidad entre la sostenibilidad ecológica y el crecimiento material, o en otras palabras, hace defensa del imposible "desarrollo sostenible”, un término tan en boga y exitoso en el campo político desde la pasada década de los noventa.  

No se trata tampoco de un enfrentamiento entre narrativas culturales “posibilistas” y “colapsistas”, desconectadas de los actores políticos, económicos y sociales que las encarnan y apoyan y de sus agendas de actuación. Se trata de una confrontación muy tentacular por estar enraizada en el campo de la reflexión teórica y las evidencias aportadas por las ciencias, y también en las luchas y movilizaciones sociales opuestas a unas políticas crecentistas muy concretas que en nombre de la “transición energética” y en el largo plazo indeterminado apuestan por deteriorar más y más en el presente los ecosistemas locales. Sin embargo, estos son precisamente los que urge conservar y cuidar con esmero, en el aquí y ahora, si realmente se afronta el reto del sobrecalentamiento climático.

Estas resistencias se enfrentan a las promesas y quimeras salvadoras de pequeños ajustes tecnno-optimistas para un futuro mejor, muy indeterminado e incierto, y siempre postergado indefinidamente en el tiempo. Contrariamente, la mayoría de las plataformas locales de las macrorenovables toman en serio la conservación de la biodiversidad en el aquí y ahora, precisamente la mejor herramienta para amortiguar los estragos climáticos ya en marcha.

El poderoso bloque crecentista defensor de los macroproyectos eléctricos pregona los supuestos poderes mágicos de unas tecnologías que hoy resultan casi marginales (como el vector llamado “hidrógeno verde”) mientras menosprecian aún más pérdida de biodiversidad que ya se encuentra en una grave caída libre.

Las plataformas ciudadanas de afectados directos contra los grandes proyectos eólicos y fotovoltaicos son plurales en su composición y apoyos, y al tiempo esta diversidad de sus integrantes y motivaciones confluye en una unidad de acción en torno a las metas de preservación y freno de dichas instalaciones para la producción de electricidad. En los hechos prácticos, al margen de motivaciones diversas, se ponen del lado de la preservación ecológica de territorios locales. Lo que les une y cohesiona es un “no” a la pérdida de valores naturales, tradicionales y paisajísticos locales aquí y ahora. Paradójicamente los defensores comerciales y políticos de los grandes proyectos eléctricos apelan a la lucha contra el cambio climático globalmente a largo plazo para justificar el sacrificio ecológico y social local.

La transición ecológica y energética no podrán hacerse realidad en ningún caso si la agenda de cambios se mantiene encerrada en la producción eléctrica renovable y en la reducción de las emisiones fósiles de CO2, a la vez que se renuncia a lo que es el primer frente de lucha contra el sobrecalentamiento climático y la resiliencia ecosocial: la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad.

 

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29 juillet 2024 1 29 /07 /juillet /2024 21:55
El gato encerrado detrás de los países que usan un "100%" de energía renovable

Las estadísticas que hablan del aumento de las energías renovables se limitan a la electricidad y no computan el resto del 80% de energía consumida, proveniente de combustibles fósiles. Muchas veces esconden funestas consecuencias medioambientales.

 
Aerogeneradores en el parque eólico de Vilachá, a 15 de marzo de 2024. Carlos Castro / Europa Press
 
 

Albania, Bután, Islandia, Nepal, Etiopía, Paraguay y la República Democrática del Congo son los siete países del mundo que, según anunciaba el Foro Económico Mundial, funcionan con energía renovable al cien por cien desde 2023.

 

"Esta afirmación esconde una doble confusión", cuenta a Público David Hammerstein, sociólogo y activista medioambiental, eurodiputado del Parlamento Europeo adscrito a Los Verdes/ALE (2004-2009).

 

Para empezar, "cuando se habla de 100% renovable nos referimos solo a la electricidad que producen, que es una pequeña fracción de su consumo energético. Lo que no se está hablando es del 80% restante de energía que gastan, proveniente de combustibles fósiles", explica.

 

"Lo que compramos, lo que comemos, cómo nos movemos... todo eso es energía que se produce fuera de estos países", apunta, en relación a ese grueso porcentaje que permanece en la sombra.

El gato encerrado en las estadísticas

"China es la fábrica del mundo, que exporta la mayoría de los objetos de consumo (coches, electrodomésticos, material de construcción...) que se usan en todo el planeta. Para fabricarlos, no usa electricidad, sino energía fósil. De hecho, a pesar del aumento creciente de las renovables, estamos utilizando más carbón que nunca", denuncia.

Lo mismo ocurre con la industria alimentaria. "La agricultura es en un 90% combustibles fósiles", señala Hammerstein. Se emplean, sobre todo, para la fabricación de fertilizantes nitrogenados para los cultivos.

Hammerstein: "La agricultura es en un 90% combustibles fósiles"

"Estos países que se dice que usan 100% renovables, igual que los que no llegan a ese porcentaje, también utilizan combustibles fósiles en la producción de acero, industria pesada, fertilizantes, cemento, hierro. Todos ellos productos para que los que no hay una forma viable de fabricación con renovables hoy por hoy", recalca.

Tampoco se está hablando de cómo llegan los aviones y buques a sus fronteras, todos ellos propulsados con combustibles altamente contaminantes. El CO2 que emiten no se computa en las contabilidades climáticas nacionales.

Las energías renovables suman, no sustituyen a las fósiles

Asimismo, a pesar de que vivimos en una economía totalmente globalizada, los cómputos no incluyen lo que los países importan. Un sesgo que, según Hammerstein, "descoloca cualquier comprensión realista de las estadísticas".

Es lo que este experto llama "fuga de CO2", en relación a todos esos gases de efectos invernadero que están motivados por su economía pero se generan fuera de sus fronteras.

Ante este panorama, la cruda realidad es que las energías de fuentes renovables suman, no sustituyen a las de origen fósil. Quizá, como mucho, la sustituye en un 1%, dice Hammerstein.

La realidad es que estamos viviendo unos hitos históricos en el consumo de carbón y que cerca de un 86% del consumo energético en el mundo todavía viene de combustibles fósiles.

"Para emprender una verdadera transición energética hay que reducir el volumen total de consumo directo e indirecto de combustibles fósiles, no solo el porcentaje. Hoy esto no sucede. Hasta ahora, las renovables apenas han sustituido a los fósiles", observa.

Coste medioambiental y social

Por otra parte, llama la atención que los siete países "100% energía renovable" son, en su mayoría de ingresos medios a bajos, teniendo en cuenta la inversión enorme que supone transformar una economía hacia la transición energética. La explicación es que la electricidad de fuentes renovables que producen casi todos ellos está financiada por compañías extranjeras, lo que aumenta su deuda externa.

Es decir, no se trata de construir un mundo más sostenible, sino de exprimir todavía un poco más a países vulnerables. Salvo Islandia, que sigue un perfil diferente y emplea energía geotermal de origen volcánico, el resto se basa en energía hidroeléctrica.

Esto genera, en muchos casos, grandes problemáticas medioambientales, cuando la construcción de gigantescas presas es el origen de esa energía "sostenible". Es lo que ocurre en lugares con grandes ríos, como República Democrática del Congo (RDC) y Etiopía, o con ríos rápidos en zonas montañosas, como ocurre con Bután o Nepal.

"Hay que reducir el volumen total de consumo directo e indirecto de combustibles fósiles, no solo el porcentaje", recuerda el activista

Además de afectar a las especies acuáticas que lo habitaban, "cuando pones una barrera en un río, los pozos y acuíferos se quedan sin agua durante kilómetros. El caudal el río disminuye y, como no se renueva el agua, cada vez está más sucia", observa Hammerstein.

Un buen ejemplo es el río más grande del mundo, el Nilo, que padece en su delta una "contaminación irreversible y a gran escala con metales pesados causada por las presas y la reutilización de aguas residuales", tal y como denunciaba en 2023 un estudio de la Universidad del Sur de California (USC).

Bautizada como la Gran Presa del Renacimiento Etíope, es la planta hidroeléctrica más grande de África, junto con varias mega-represas más aguas arriba para generar electricidad que venden a sus vecinos y que han expulsado de sus territorios a las poblaciones indígenas que dependían del río para sus subsistencia.

Sus consecuencias también afectan a terceros, como es el caso de Kenia: la gran presa en el Nilo afecta al nivel del Lago Turkana y a las poblaciones adyacentes y a todo el ecosistema salvaje que alberga (cocodrilos, hipopótamos y aves acuáticas).

De igual manera, "en República Democrática del Congo, que tiene unos ríos enormes, tienen un proyecto hidroeléctrico para producir hidrógeno y exportarlo a toda Europa", apunta Hammerstein. Por supuesto, explotado por compañías extrajeras, en este caso, alemanas.

 

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9 juin 2024 7 09 /06 /juin /2024 16:55
SOBRE LA ORFANDAD POLÍTICA DEL ECOLOGISMO
Mara Cabrejas
ovejascabrejas@gmail.com
 
La "transición energética" contra la transición ecológica
 
Sobre el fracaso anunciado de la minúscula agenda verde de la izquierda: "la transición energética" renovable para la producción de electricidad y alcanzar la neutralidad climática” de las emisiones de CO2 en las próximas décadas.
 
Personas como Emilio Santiago, miembro destacado del partido Más Madrid, repiten un mensaje político que viene a decir que “la verdad ya no es revolucionaria”, cuando señalan que resulta "desmovilizadora" y “contraproducente” la difusión de informaciones de mayor rigor científico sobre nuestro mundo biofísico, relativas a la descomunal gravedad de los problemas ecosistémicos. Entienden que el "pesimismo" asociado a los datos sobre los crecientes daños medioambientales bloquea los potenciales horizontes políticos de la agenda verde, abiertos en la historia y no sometidos a un determinismo biofísico y material. 
 
Sin embargo, resulta muy dudosa y contrafáctica esta idea habitual de que la difusión de los datos alarmantes sobre la acelerada degradación medioambiental es desmovilizadora y paralizante, y por ello perjudicial para el avance de la agenda verde. Esta hipótesis responde más bien a contextos sociales particulares, en los que la difusión de los datos "negativos" no se acompaña de una agenda política propositiva creíble y con fuerte amparo institucional, que ponga en valor las metas concretas de los cambios verdes, viables y necesarios. La historia humana y nuestro psiquismo muestran una y otra vez la fuerza inmensa que tienen la tragedia, las pérdidas y el dolor a la hora de tejer resistencias y luchas motivadas por nuevas aspiraciones y metas de reconstrucción. Lo que a todas luces resulta paralizante y suicida es la actual alegría festiva en torno a las anacrónicas recetas de modernización tecnológica, que se han vuelto tan perniciosas y son el corazón del problema. La continuidad del imperio productivista y el crecimiento material reduce cada vez más las oportunidades para un plan B menos lúgubre, que quiera tejer las paces con el planeta.
 
Para estas posiciones de la izquierda política la prioridad está en formar mayorías y consolidar ideas hegemónicas sobre el denominador común más bajo (la llamada “transición energética”). Sin embargo, en realidad esta estrategia verde solo apuesta por el fomento de un mini sub-sistema energético: las renovables para la producción de electricidad. Es decir, la agenda climática de la izquierda, en sus diferentes tonalidades ideológicas, ignora los cambios que han de darse con urgencia respecto al resto de sistemas naturales que constituyen el soporte vital necesario para la organización social humana, no solo para la salud de los equilibrios ecológicos y climáticos. 
 
¿Pero cómo se pueden alcanzar unos amplios consensos hegemónicos sobre lo que solo es una minúscula agenda de cambio verde, si además se renuncia en la práctica, tal y como se evidencia día tras día, a una agencia política activa de denuncias, propuestas y debate público, cultural, político e institucional, sobre el resto de problemas estructurales ecosociales? Este atolladero convierte estas posiciones políticas en un abracadabra muy ideológico por su clamorosa falta de coherencia en el análisis y su gran inconsistencia empírica.
 
Entonces, ¿solo han de hacerse las políticas verdes cuando haya una mayoría política que las acepte? 
 
¿La izquierda que se dice verde ha de callar ante todas contrarreformas medioambientales en curso y ante los ataques negacionistas de la derecha y la extrema derecha, renunciando a la defensa pública y al debate sobre las políticas medioambientales concretas en el aquí y el ahora?
 
¿Dónde queda entonces la urgencia de afrontar las crisis entrelazadas de la biodiversidad, las pérdidas de las tierras fértiles, el agua, los tóxicos, la industria cárnica, la industria fosilista, el extractivismo en general, que demandan la reducción imperiosa de los consumos de materiales, algo que en nada resulta compatible con la estrategia política de priorizar el ganar mayorías políticas? ¿Quienes serán los portavoces de estas realidades, seres y condiciones biomateriales en acelerada caída cuesta abajo, a pesar de ser pilares inevitables de nuestro sustento, bienestar y porvenir?
 
Hasta hoy, tristemente los partidos de la izquierda confunden y suplantan la "transición ecológica” por la "transición energética eléctrica" de las renovables. Con ello se niegan a responder ante la gravedad de nuestro universo ecológico intensamente deteriorado. Alimentan la fantasía de que pueden darse unas condiciones "win-win”, en la que todos pueden ganar mediante la reducida agenda de renovables en favor del clima, a la vez que renuncian al cuestionamiento de la adictiva y fósil economía material y los estilos de vida mayoritarios enganchados al crecentismo y al consumismo.  
 
¿Pero acaso es posible hacer la nueva tortilla climática verde sin romper los huevos del sobreconsumo desaforado de bienes biológicos y materiales finitos, sometidos al extincionismo y crónicamente más escasos, esquilmados y contaminados? 
 
Este mágico abracadabra en manos de la izquierda que da prioridad a la crisis climática y a la pequeña agenda energética de las renovables, en lo más fundamental se desentiende de la escala, intensidad y aceleración temporal de la destrucción entrópica biofísica, en gran parte irreversible.
 
Mejor sería tomar buena nota sobre nuestra actual condición colectiva y sobre nuestras oportunidades y urgencias factibles, puesto que desde nuestro presente ya no podemos ni frenar ni invertir los grandes males climáticos desatados. En el mejor de los casos solo podríamos adaptarnos y mitigarlos en el largo plazo. Ya llegamos demasiado tarde en el tiempo para dar prioridad a esta agenda minimalista de mejora climática para las próximas décadas.
 
En cambio, desde el presente, sí podríamos llegar a tiempo para detener y aliviar muchos males ambientales mediante la puesta en marcha de un ambicioso programa de “conservar, conservar, conservar”, que a la vez estableciera direcciones prohibidas para la economía más tóxica y dañina. Más viable e imprescindible es frenar en las próximas décadas el rápido deterioro de los ecosistemas esenciales para la vida y su florecimiento, que priorizar la marginal e insuficiente “transición energética a las renovables” para reducir las emisiones de CO2 y alcanzar la engañosa meta contable de la “neutralidad climática" en el 2050. Conservar y renaturalizar es eje irrenunciable del gran giro hacia la sostenibilidad socioecológica, tal y como señalaba en la pasada década de los setenta el padre de la economía ecológica Georgescu Roegen.
 
Hablar de la gravedad de la policrisis ecológica con datos en mano es considerado "contraproducente" por nuestra izquierda política porque, dicen, que las respuestas acordes exigirían unas políticas decrecentistas para unos votantes nada preparados para aceptarlas. Esto es, como "las verdades incómodas son aguafiestas políticamente inconvenientes”, en consecuencia hay que esconderlas. Esta gran irresponsabilidad de los brazos caídos de la izquierda abandona y da por perdidos casi todos los debates culturales y políticos sobre muchísimas problemáticas socioecológicas que nos acechan (pesticidas, nitratos, plásticos, ríos, regadíos, agua, minería, carne, tóxicos, movilidad fósil, biodiversidad, y un largo etcétera), salvo en casos muy puntuales, acotados y excepcionales, en los que se sacan algunas banderas verdes, como ahora en Doñana o el Mar Menor.
 
De esta manera, la transición ecológica pendiente en boca de la izquierda política y en su agencia práctica institucional y parlamentaria, se reduce diariamente a los escuálidos objetivos de "la transición energética” de las renovables para la producción de electricidad, y a un más de lo mismo en la carrera de la modernización y el abismo. La meta de la proclamada “transición energética” tan solo es aumentar la pequeña cuota de la electricidad renovable dentro del mix eléctrico. Esta transición eléctrica supone menos del 10% de la producción de energía al tiempo que la realidad de la “descarbonización" apenas existe, y en modo alguno podrá existir por una vía política voluntaria si seguimos cómo vamos en las próximas décadas.  
 
En el 2022, la parte de la energía primaria global consumida correspondiente a la energía solar, nuclear, eólica, biomasa e hidroeléctrica, tan sólo representaba el 7%. La energía nuclear solo era el 1.6%, la solar era el 0.8% y la eólica el 1.2%. Y así seguimos. Hoy tan sólo el 9% del transporte global es eléctrico. En el 2050, según la Agencia Internacional de la Energía sólo será el 11% y el resto del 78% seguirán viniendo de la quema de los combustibles fósiles escasos y contaminantes (petróleo, gas y carbón). 
 
Es decir, las alegres promesas de la prosperidad “sostenible" mediante "la electrificación renovable" tienen los pies de barro. Se trata de ilusiones y consensos tecno-optimistas que, en el mejor de los casos, solo pueden ayudar a alargar algo más los plazos de la agónica economía cancerígena que vertebra el conjunto social. Esta tiene los días contados puesto que nos empuja cada vez más al desmoronamiento traumático del orden social de nuestras sociedades sobreconsumidoras, causado por el deterioro de los bienes ecológicos que necesitan para continuar y por la hecatombe de los ecosistemas y la biodiversidad.  
 
En suma, al renunciar al discurso político diario, transversal y concreto, que haga defensa de las aspiraciones del bienestar y la equidad ancladas en los giros radicales de la suficiencia (no en el imaginario crecentista de la abundancia, ya imposible en un planeta materialmente finito, saqueado y exhausto) no pueden darse respuestas mínimamente realistas y eficaces, ni climáticas, ni ecológicas, ni sociales. Con esta retirada de la batalla ecológica en el terreno político, legal, cultural e institucional, la izquierda política entrega una fácil victoria a las ofensivas anti-verdes y la contrarreforma medioambiental de la derecha y la extrema derecha.
 
Son muy desafortunados los ataques y las polarizaciones arbitrarias que etiquetan peyorativamente a una parte del ecologismo como “colapsistas” anti-políticos, a pesar de que hacen algo tan necesario como es la lucha cultural en verde contra las terribles consecuencias ecosociales del desarrollismo crecentista y sus destrozos sobre la biodiversidad, el territorio, el agua, el clima, la salud humana, etc. Además de carecer de sentido de realismo y oportunidad, las acusaciones a los “colapsistas" de reduccionismo y determinismo resultan más lamentables cuando, precisamente, se trata de aguerridos ecologistas que no renuncian a la crítica cultural y social fundada en la complejidad de nuestro mundo socionatural para escapar del anunciado naufragio y la catástrofe colectiva. Estos ecologistas “pesimistas” que no esconden los datos y la gravedad sobre los desastres socioecológicos nunca han abandonado las trincheras.
 
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