¿Qué es la gestión forestal para Greenpeace?
Greenpeace pide “gestionar” 286 mil hectáreas al año. Quisiera saber cuanta vida vegetal y madera será extraída cada año de estas zonas y con qué maquinaria. Greenpeace exige un aumento significativo de la actividad extractiva de madera, biomasa, pastos, agua y resina de nuestros bosques “para evitar incendios y fijar población rural”. Apuesta, además, por la tala de bosques en cabeceras de ríos para aumentar la infiltración de agua a los acuíferos(web Greenpeace). Parece que está conforme con las declaraciones del President de la Generalitat de que “hay demasiados bosques”.
El conflicto entre la economía del fuego y la gestión para la conservación ecológica
Respecto a nuestro mundo de bosques y los incendios que los han asolado este verano, es muy intensivo el conflicto socioecológico existente entre la economía del fuego y la gestión orientada a la conservación y la restauración ecológica, y colectivamente nos incumbe mucho su desenlace.
Se trata del antagonismo entre la opción de reducir y eliminar los bosques para impulsar muchas nuevas actividades y negocios sobre sus suelos (forestales, agroganaderos, energéticos, mineros, urbanísticos, cinegéticos) frente a la protección y restauración de sus ecosistemas y biodiversidad.
Es muy dramático este choque frontal de posiciones puesto que si gana el frente de la "gestión forestal" muy extractiva las consecuencias en pérdidas y destrucciones de bosques y especies silvestres serían en gran medida irreversibles, una tragedia colectiva sin paliativos.
La fantasía metafísica de la "compatibilidad"
La idea de que puedan ganar ambos lados de la oposición es una retórica de "compatibilidad" muy cínica que suele emplear el bloque político-industrial. Esta apología de la "compatibilidad" es también una apelación ritual justificativa muy usual en la letra de las normativas y regulaciones legales.
La gestión forestal del bloque político-industrial
A partir de la tragedia colectiva que suponen los incendios de este verano en los montes cantábricos, ha ganado fuerza el frente amplio y poderoso del bloque político-industrial, que entona la unísono la melodía ingenieril de un tipo nocivo de "gestión forestal". Sus mentalidades ingenieriles solo ven "recursos" al servicio exclusivo de las utilidades economicistas para minorías sociales donde hay ecosistemas, especies únicas, vida multidiversa y tejido simbiótico bioproductivo de servicios naturales imprescindibles que favorecen el bien común de grandes mayorías sociales.
La cabeza más visible del frente de la "gestión forestal" que se suma a la contrarreforma ambiental impulsada desde la Unión Europea es un bloque oportunista de negocios favorecidos por el fuego que desprecia la conservación y restauración ecológica para hacerse con el botín económico de la explotación y "aprovechamiento" forestal y los suelos de los bosques para proyectos especulativos que nada benefician a medio-largo plazo ni a las poblaciones locales ni la población en general.
Las metas inmediatas de este poderoso bloque político-industrial favorecido por las quemas de los montes están en capturar financiación y grandes inversiones públicas para abrir las puertas a otros suculentos negocios extractivistas.
La agenda inmediata de planes forestales, subvenciones públicas, privatización, desregulación y derribo de normativas ambientales quiere hacerse con los suelos mediante talas, erradicación de arbolado y sotobosque, desbroces, maquinaria pesada, carreteras y caminos, vallados, clareos, mosaicos, "limpiezas", eliminación y reducción de "masa forestal", nuevos cultivos forestales, suelos para la "ganadería extensiva" y pastos, recalificaciones de los usos de suelos, suspensión de normativas limitativas, etc. Con la excusa de los incendios el frente del negocio del fuego emprende una gran ofensiva biocida contra la vida silvestre en todo el suelo peninsular. Trump propone hacer algo parecido en EE.UU. con la eliminación de la "Roadless Rule" para facilitar el acceso para intereses madereros, energéticos y ganaderos.
El frente conservacionista de la prevención y la gran reducción de los incendios forestales por causas humanas
El frente ecológico, en cambio, defiende la prevención mediante la evitación de la ignición y el freno inmediato del fuego en sus inicios, no sólo percibe el problema en la propagación de los fuegos. Para detener con eficacia la ignición son necesarios abundantes medios, equipos y plantillas estables de vigilancia local de proximidad para la actuación rápida, junto a campañas de información y concienciación social y la aplicación de la legislación ante los actos delictivos . El frente conservacionista señala la necesidad de acabar con la gran impunidad de la cultura local del fuego y los intereses que hay detrás de las quemas intencionales en muchas zonas locales. En cambio, Greenpeace refiere a los incendios criminales intencionados por ganaderos como “intentos de gestión”. Esta criminalidad casi siempre queda impune por la falta de empeño político y policial.
Ciertamente, la inmensa mayoría de las causas de las quemas tienen su origen en el factor humano y en los intereses económicos de la economía del fuego, no en el sobrecalentamiento climático (alta sequedad y altas temperaturas) que favorece la propagación de los fuegos cuando no se han evitado ni sofocado los conatos en sus inicios. Apenas habla Greenpeace de medidas y campañas contra la economía del fuego ni de proveer a las comunidades locales de más medios de vigilancia y de extinción para evitar los fuegos y apagarlos en antes posible. No. Greenpeace considera la multiplicación de los grandes incendios en la España más húmeda como “inevitables” y se ha unido al consenso extractivista de “quitar combustible”. Pero ¿Cuanto “combustible” de sotobosque y árboles propone eliminar? ¿Cuantos nuevos caminos y accesos en el bosque propone construir? ¿Cuantos pastos de ganaderos extensiva propone abrir? Cuantas maquinas pesadas entrarán al bosque? ¿Cuantas infraestructuras de regadío? ¿Cuanto fertilizante agrícola?
La prioritaria protección de los suelos: ecosistemas valiosos y frágiles
Hay un factor central que no hay que olvidar en cualquier contabilidad de los daños ecológicos: los suelos.
Los suelos son en sí mismos ecosistemas complejos que albergan biodiversidad y a su vez son parte y soporte vital de la biodversidad y los metabolismos de los bosques.
Los usos del suelo con actividades humanas es un parámetro ambiental crucial por la sencilla razón de que cada hectárea que ocupamos es una hectárea inutilizada para sustentar ecosistemas silvestres y su biodiversidad.
La preservación ecológica de los ecosistemas de los suelos, sobretodo el sotobosque, resulta decisiva y necesaria para la supervivencia de la mayoría de las especies de la Tierra, de los propios sistemas naturales, de los bosques y de los equilibrios benignos y biogenerativos del sistema-Tierra conjunto.
Resulta central defender los hábitats de los suelos frente a las amenazas de simplificación, contaminación y erradicación.
Los suelos, su biodiversidad y metabolismos ofrecen múltiples beneficios ecológicos y constituyen la base ambiental fundamental de los bosques. Sin un sotoboque vivo no hay bosque.
El caballo de Troya de la "ganadería extensiva"
El suelo de los bosques es la presa más cotizada que persigue el bloque político-industrial de la economía del fuego, cuyo caballo de Troya es la "gestión forestal" y la expansión por doquier de la "ganadería extensiva".
Es decir, incrementar esta "ganadería extensiva" compite de forma dramática con ecosistemas naturales y biodiversidad única y amenazada, que padecen intensivas presiones entrópicas destructivas por muchos usos y actividades humanas.
"Relatos" postmodernos y desterritorializados sobre los incendios forestales
Cada hectárea dedicada a una industria extractiva es un suelo que ya no puede albergar ecosistemas como son los bosques silvestres de las montañas cantábricas, ni las sabanas, ni los humedales, ni los pastizales naturales, ni otros ecosistemas cruciales de valor intrínseco. No obstante, ante el drama colectivo de la emergencia ecológica y climática la conservación y restauración ecológica son el primer frente de lucha y mitigación del sobrecalentamiento climático y las destrucciones de las condiciones naturales y la biodiversidad que a su vez son la base de nuestra existencia y bienestar.
En términos teóricos la respuesta de Greenpeace habla del “relato” al usar un lenguaje relativista posmoderno de forma constante, que remite y está encerrado en el emisor del discurso no en la ontología de las realidades y hechos físiconaturales que padecen los incendios, a sus causas y a las confrontadas propuestas de gestión entre la conservación y restauración ecológica frente a la gestión forestal ingenieril. Huye de la concreción de volúmenes y hábitats al hablar de la “gestión” y de las actividades extractivas.
Silencios sobre las causas humanas mayoritarias de los incendios forestales
La respuesta de Greenpeace esquiva todo el tiempo la concreción de esta confrontación entre la agenda de la gestión forestal y la agenda de la conservación y restauración. Quiere decir, que ha de sacarse a la luz estas incompatibilidades entre dos opciones referidas a las propuesta forestales concretas sobre cantidades de Ha por año, de reducción de masa forestal, de sustitución, clareo, adehesamiento, talas, mosaicos, “limpiezas”, desbroces, vallados, nuevos caminos, ocupación de suelos, cambio de usos, urbanización, minería, desprotección, etc. Es irónico que apoya muchas de las actividades que suelen resultar en más incendios, más sequedad del suelo que favorece la ignición y una acelerado caída de la biodiversidad, sobretodo de mamíferos medianos y grandes.
Igniciones "inevitables"
Greenpeace ve a la ignición y la propagación de los incendios como inevitables. El factor humano causante de la mayoría de los incendios es desestimado e ignorado. Hay un silencio sepulcral sobre la prevención centrada en las causas humanas intencionales de la ignición mediante sistemas y medios de vilgilancia cercanos y rápidos (no sólo en la extinción de la propagación masiva de los incendios) sumados a la vigilancia, denuncia y persecución de los delitos dentro de una campaña social con incentivos económicos anti-incendios entre los municipios y la población local. Ahora coinciden con la orquestación del negocio del fuego y de los partidos, que en nombre del cambio climático renuncian a evitar la ignición del fuego con resignación, hacer prevalecer la conservación ecológica y ponen la gestión en manos de las empresas subcontratadas en pujas a la baja. Esta alianza desreguladora y privatizadora paradójicamente va a contracorriente de la severidad y aceleración de los daños y amenazas sobre la biodiversidad. Abandonan la defensa ecológica y el ecologismo cuando más se necesita a favor del extraccionismo de todo tipo.
¿Fijar población mediante actividades extractivistas que devastan los ecosistemas y la biodiversidad?
Calla Greenpeace sobre los intereses ganaderos locales, la cultura tradicional del fuego de algunos ganaderos y la impunidad y ley del silencio local, y en cambio proponen la inexistente "ganadería extensiva” que en gran parte es intensiva e industrial con un gran consumo de piensos y agua y que está en guerra contra la biodiversidad local y es parte interesada de la economía del fuego y las quemas del monte. ¿Cree realmente Greenpeace que muchos más pastos y ganado es compatible con menos incendios y más protección del lobo, el oso y docenas de otros mamíferos protegidos cuando la realidad apunta a todo el contrario? De hecho, los lugares en España de más “ganadería extensiva” coinciden con el mapa de los grandes incendios de este verano.
Esta "ganadería extensiva" no suele ser "bombera" sino en parte muy incendiaria en las montañas cantábricas. No suele servir contra los incendios sino que a menudo provoca quemas para ganar pastos y lucha junto al sector cinegético para acabar con las "alimañas" silvestres, fija poca población y no frena el éxodo rural de la "España vaciada". ¿Acaso Greenpeace propone más subvenciones públicas para esta actividad? ¿Quizás para cabras que carecen de cualquier viabilidad económica?
Se habla de “fijar población” mediante actividades extractivas cuando es precisamente la conservación de la naturaleza que está fijando población en la montaña de la cordillera cantábrica. Por ejemplo, en Villablino, León los servicios relacionados con la actividad turística, nuevos residentes con trabajos remotos, la hostelería y actividades de producción alimentaria local que venden a los visitantes superan por creces los empleos en trabajos extractivos y todo depende de la conservación de hábitats. Una expansión de la “gestión forestal” extractiva podría tener un impacto negativo neto sobre el empleo local.
El lavado verde de los spots y lemas
Defiende Greenpeace la magia retórica de “apostar” (como si fuera posible y como si fuera un simple asunto de voluntad y de creencias) por una supuesta compatiblilidad entre la conservación y un gran aumento de la extracción forestal. Es como el antiguo mantra de “desarrollo sostenible” que acabó siendo mucho desarrollo y poco sostenible. Este encierro en las creencias en nombre de la compatibilidad es ajeno a al contexto real y los conflictos insalvables en el plano ontológico de las realidades biofísicas y sociales de los bosques (si gana la gestión forestal orientada a mucho más extracción pierde la conservación ecológica y viceversa, no pueden ganar y cumplirse ambas metas a la vez). Hay muchos ejemplos como los Pinares de Soria(presentados como un gran ejemplo), la grandes talas con maquinaria pesada en la cabecera del río Tajo en los Montes Universales de Forestalia o diversos macroproyectos especulativos de renovables de red natura 2000 como el Cluster Maestrazgo(que Greenpeace sólo ha llegado a rechazar cuando ya estaba aprobado). En las mismas montañas protegidas de León y Asturias hay proyectos manifiestamente ilegales de extracción de carbón disfrazados como la búsqueda de “tierras raras” y centrales de biomasa que Greenpeace se niega a criticar.
¿Dónde están los conocimientos biólogicos sobre el funcionamiento y la conservación de los ecosistemas?
Defiende ahora Greenpeace un matrimonio feliz metafísico entre desarrollo desbocado subvencionado y la protección para ganar credibilidad política y legitimidad, que en el plano de los hechos significa el dominio de la explotación forestal y la progresiva sepultura de los bosques y la biodiversidad en un contexto en el cual su conservación es la mejor forma de amortiguar los embates climáticos a que nos enfentamos.
Greenpeace calla sobre las diferencias y abismos entre los conocimientos y estudios entre los ingenieros de la gestión forestal y el conocimiento de los ecosistemas de los biólogos de conservación. Es grave que una organización ambientalista relaciona, como hace la extrema derecha política, la conservación biológica con una visión urbana enfrentada con el mundo rural y sus actividades económicas: "También creemos que puedes tener parte de razón cuando aludes a que el concepto “gestión forestal” está alejado del lenguaje de la biología de la conservación y la protección de los ecosistemas. Es cierto y lo sabemos, y además hemos detectado que esta gestión forestal es percibida como algo negativo por una parte de una mayoría de la población, la urbana.” También la apuesta por “actividades económicas que fijen población” confirma las sospechas infundadas de que ahora “no se puede tocar” los bosques protegidos para actividades económicas. tradicionales. Pero parece que Greenpeace quiere más extracción y explotación de las tierras protegidas por la Red Natura 2000 como es una gran parte de la Cordillera Cantábrica.
Ni es asunto de creencia propia lo que es o no es la nebulosa sin concretar de "gestión forestal", tal y como dan a entender con una intención clara de confusión.
Sin embargo quieren eliminar la roca dura biológica de estas identidades y realidades heredadas y sedimentadas para transmutarla arbitrariamente en una cuestión de opinión propia, de pluralidad de creencias y de interpretación. Greenpeace dice: "para nosotros la gestión forestal es…"
No explica Greenpeace el porqué no lideran su campaña forestal los profesionales que priorizan la conservación y restauración ecológica ni explica los conflictos de interés de los ingenieros de montes y su abrumadora cercanía a las empresas e intereses forestales madereros y ganaderos. No explica Greenpeace porque hace ruedas de prensa con personas con claros grandes intereses económicos en la “gestión” y la extinción de incendios que no son los intereses de comunidades locales ni el interés común.
La respuesta de Greenpeace es muy ambigua y metida en un relativismo extremo sin compromiso ni respeto alguno hacia las realidades de los ecosistemas de los bosques y la biodiversidad.
La "gestión forestal" la plantean como si fuera un asunto de opción y de interpretación por un enfoque o percepción, sin embargo no aclaran la coincidencia plena de su visión con la agenda de las industrias y los intereses económicos de las empresas forestales. Es algo más que una coincidencia casual esta alianza y toma de posición clara y diáfana que intentan disimular con la retórica del "para nosotros la gestión forestal significa…”.
Además la respuesta intenta borrar el muy probable antagonismo entre las metas de la conservación y las metas del negocio forestal. No quiere Greenpeace aparecer públicamente del lado de la agenda forestal y su historia negra de desastres ambientales y cultivos forestales pero en realidad se acerca bastante.
El abandono ecológico de Greenpeace
Pero a la vez explicita Greenpeace que los objetivos que hacen prevalecer no son los de la conservación ecológica sino principalmente los del desarrollo económico para el medio rural, en esto ni siquiera se esfuerzan en afirmar que no hay sacrificios ecológicos. Las excusas que emplean repiten los mantras ideológicos reaccionarios del "abandono rural" y la "España vaciada", como si fueran evidencias que ponen explícitamente el acento y la prioridad en estas metas ajenas a la conservación ecológica y máxima protección de los ecosistemas y biodiversidad. Precisamente debido al éxodo rural de los últimos 100 años España tiene una biodiversidad muy rica y muy valiosa en sus bosques. Estaría mucho peor sin ellos. Greenpeace desgraciadamente cae en el nefasto relato dominante que refuerza los discursos anti-ecologistas sobre un ficticio conflicto entre urbanitas con una visión romántica de la naturaleza y unos sabios(pero muy escasos) habitantes rurales que saben conservar a los bosques con sus actividades extractivas.
Hay que recalcar que lamentablemente Greenpeace tiende a abandonar las metas de protección ecológica cuando precisamente ocurre que los ecosistemas silvestres están en caída libre y necesitan más protección y cuidados que nunca en medio del caos climático.