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Los Verdes

24 mars 2014 1 24 /03 /mars /2014 02:12

PUEDES FIRMAR AQUÍ:

http://preview.smartfocusdigital.com/go.asp?%2F.2014.digitalmarketing.planetaryhealth.homepage%2FbELA001

humanos-evolucion-codigo-barras.jpg

Este manifiesto es una llamada en favor de la creación de un movimiento social que defienda apoyar la acción colectiva a favor de la salud pública en todos los ámbitos, personal, comunitario, regional, nacional, global y planetario. Nuestro objetivo es responder a las amenazas a las que nos enfrentamos haciendo defensa de la salud y el bienestar humano junto a la sostenibilidad ecológica de nuestra civilización, de los sistemas naturales y humanos que dan soporte a la vida. Reconocemos que el planeta alimenta y sostiene la diversidad de la vida, en la cual coexistimos y de la que dependemos. Nuestra meta es crear un movimiento a favor de la salud planetaria.

 


Nos dirigimos a la ciudadanía y a grupos como son los profesionales de la salud y de la salud pública, políticos, funcionarios internacionales de la ONU y de agencias del desarrollo, y académicos que trabajan en favor de las comunidades. Sobre todo, hacemos un llamamiento a cada persona que tiene un interés en su propia salud, en la salud de los seres humanos y la salud de las futuras generaciones.

 


La disciplina de salud pública es necesaria por sus valores de justicia y equidad social y por su orientación hacia las acciones de pueblos interdependientes y sus comunidades. Nuestros objetivos son proteger y promover la salud y el bienestar, evitar la enfermedad y la discapacidad, eliminar las condiciones sociales y ambientales que dañan la salud y el bienestar y fomentar las capacidades de resiliencia para la mejor adaptación, resistencia y flexibilidad. Para conseguir estos objetivos nuestras acciones deben responder a la fragilidad ecológica del planeta y partir de nuestra obligación para salvaguardar los entornos naturales y humanos en los cuales existimos.

 


La salud planetaria es un bien común y una actitud y filosofía hacia la vida. Se orienta hacia las personas en lugar de las enfermedades, hacia la equidad en lugar de las sociedades injustas. Intentamos minimizar las diferencias en salud por rentas, sexo, educación y lugar de nacimiento. Apoyamos el acceso al conocimiento como una fuente de transformación social y defendemos el derecho a realizar progresivamente el más alto nivel de salud y bienestar sin dañar los procesos biogenerativos del planeta.

 


Nuestros patrones de sobreconsumo pueden causar el colapso de nuestra civilización. Los múltiples daños que inflingen a nuestros sistemas planetarios ponen en peligro nuestro futuro como especie y el del resto de los sistemas vivos. Las ganancias en salud y bienestar de los últimos siglos no son irreversibles, se pueden perder fácilmente, esta es una lección que aún no hemos aprendido de otras civilizaciones que se colapsaron por sobrepasamiento de los límites ambientales. Hemos creado un injusto orden económico global que favorece a una pequeña y rica élite por encima de la gran mayoría.

 


La idea de crecimiento y progreso ilimitados en un planeta finito es una arriesgada ilusión humana y su éxito trae cada vez más amenazas y daños potencialmente peligrosos. También nuestra tolerancia del neoliberalismo y de las empresas multinacionales que persiguen fines muy ajenos a las necesidades de la mayoría, especialmente las personas más vulnerables y marginadas, aumenta los crecientes daños y peligros a los que nos enfrentamos. Vivimos en un mundo donde la confianza que tenemos en nuestros líderes y en nuestras instituciones ha caído a niveles incompatibles con sociedades justas y pacíficas. Con ello se contribuye a la creciente desilusión ciudadana hacia las instituciones de la democracia y los procesos políticos de regulación.

 


Nos urge una transformación tanto en nuestros valores como en nuestras prácticas, basada en el reconocimiento de la interdependencia y la conexión entre los riesgos sociales y ambientales a los que nos enfrentamos. Necesitamos una nueva visión democrática y cooperativa a todos los niveles de la sociedad además de un nuevo principio planetario de bienestar, ecológico y de todas las personas, un principio de supervivencia que afirma que debemos conservar y aumentar la capacidad de resistencia y recuperación de los sistemas naturales y de los sistemas humanos de los que nuestra salud depende. A menudo los gobiernos incumplen sus compromisos, por ello hace falta un control ciudadano independiente para la revisión y mejora de los mismos y para proponer medidas compensatorias.

 

 

Las voces de la salud pública y de la medicina junto a las voces de la conciencia en favor de la salud ambiental planetaria, pueden desempeñar un papel importante para impulsar este movimiento. Conjuntamente con la acción de las comunidades activas podemos enfrentarnos a intereses y fuerzas que hipotecan nuestro futuro. Un movimiento social potente puede defender la salud planetaria y al mismo tiempo apoyar la vía de un desarrollo humano acorde con las exigencias de la sostenibilidad.

 

gente-arbol.jpg

 

Richard Horton, Robert Beaglehole, Ruth Bonita, John Raeburn, Martin McKee, Stig Wall

The Lancet, London NW1 7BY, UK (RH);

University of Auckland, Auckland, New Zealand (RBe, RBo);

Department of Public Health, AUT University, Auckland, New Zealand (JR);

Department of Health Services Research and Policy, London School of Hygiene and Tropical Medicine, London, UK (MM);

Department of Public Health and Clinical Medicine, Umeå University, Umeå, Sweden (SW)

 

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17 février 2014 1 17 /02 /février /2014 18:16

 Moises-Mercado.jpg 

 

Un espectro acecha a Europa. A velocidad supersónica se están cociendo unas negociaciones que pueden acabar socavando hasta los mismos fundamentos democráticos de la Unión Europea sin que se esté dando un debate político ni un mínimo grado de transparencia ante la ciudadanía. Se trata de un nuevo tratado comercial que aspira a un masivo “blanqueo legislativo” que ponga patas arriba muchas leyes estatales y además lo haga de espaldas a los procesos democráticos de los parlamentos y gobiernos estatales. En medio de altas dosis de invisibilidad y oscurantismo político se anuncia el nacimiento del mayor acuerdo comercial de la historia entre EEUU y Europa, etiquetado bajo el nombre de “El Partneriado Transatlántico de Comercio y Inversiones” (Transatlantic Trade and Investment Partnership, TTIP).

 

En Washington y Bruselas se está negociando intensamente la gran madre de todos los acuerdos comerciales: entre la Unión Europea y los Estados Unidos. Se trata de un acuerdo comercial que bajo el eufemismo de “armonizar” mercados en realidad busca homogeneizar y unificar a la baja las normas legales ahora existentes en ambas orillas atlánticas. Frente a las diferentes legislaciones que hay a cada lado del Atlántico se quiere establecer un único criterio general común que establezca: que ante las diferencias entre las leyes, será la legislación más laxa y menos exigente la que finalmente regule el nuevo mercado único que se quiere impulsar, que incluye los alimentos que comemos, el aire que respiramos, los medicamentos con los que tratamos las enfermedades. Estamos ante un nuevo ataque comercial a gran escala para debilitar definitivamente los más apreciados valores y los derechos políticos europeos hasta ahora conquistados: sociales, ambientales, sanitarios, financieros y judiciales.


No sería sensato subestimar los peligros nuevos de este posible gran acuerdo. Significaría que se podrían vender una nueva variedad de productos en tiendas europeas que incumplirían las leyes europeas y estatales de seguridad, eficacia y durabilidad. Se perdería con ello la soberanía de los estados europeos y de la misma Unión Europea en su capacidad de autolegislarse, de controlar, hacer cumplir leyes y dictar sentencias judiciales firmes. Además, las grandes empresas podrían recurrir ante un organismo internacional de nueva creación y de carácter extra-judicial para derribar cualquier decisión legal o judicial que no fuera de su agrado comercial y entendieran que interfiere, pone frenos o amenaza el negocio y las ganancias esperadas en el futuro. Por la puerta trasera podrían entrar en Europa los alimentos manipulados genéticamente, unos trangénicos hoy prohibidos en Europa. La leche con hormonas o las peligrosas técnologías de extracción de gas“el fracking” podrían saltar también por encima de los muros de la legislación europea. Un sinfín de deseos empresariales engordan la lista de boda de este nuevo matrimonio comercial entre USA y UE. Este acuerdo comercial transatlántico que se cocina semiclandestinamente anuncia también que aumentaría la desprotección de nuestros datos personales digitales. Los ataques a la sanidad aumentarían al tener que pasar por la obligación de pagar precios más altos durante más tiempo para los medicamentos patentados bajo regímenes de propiedad privada.

 

Estamos ante una peligrosa jugada para dotar de mayor arrogancia y dominio al mercado, lo que conllevaría gigantescas consecuencias en daños y riesgos sociales, económicos y ecológicos. Las élites económicas y políticas que impulsan la negociación nos prometen con cantos de sirena un edulcorado futuro lleno de crecimiento económico, empleo abundante y grandes oportunidades comerciales. Pero lo cierto es que hay una endemoniada y fundamental condición en la base del nuevo acuerdo comercial: la que exige eliminar todas las “trabas y barreras al libre comercio”. Algo que afectaría de lleno numerosos ámbitos de nuestras vidas, empezando por las regulaciones legisladas por los parlamentos estatales para proteger bienes tan básicos como son nuestra salud, el medio ambiente, los derechos laborales, los derechos de libertad digital. Es decir, con el nuevo pacto comercial EU-EE.UU se proyecta un colosal canje faústico: a cambio de “desatar las fuerzas transatlánticas comerciales, industriales, energéticas y agrícolas con la finalidad de crear el area de libre comercio más grande del mundo”, a la vez se nos demanda desmantelar “de facto” algunas de nuestras más preciadas protecciones y derechos políticos, sociales y ambientales.

 

Solo es posible este nuevo imperio de libre mercado si la política democrática se rinde a los pies del dios del mercado globalizado. Se trata de facilitar y quitar todo obstáculo a las operaciones económicas de las empresas multinacionales más grandes para que no tengan que lidiar con “las complicaciones y restricciones que introducen docenas de leyes distintas y particulares que entorpecen el libre comercio”. Estamos a puertas de lo que podría convertirse en un nuevo marco global de regulación económica que condicionaría y socavaría gran parte de la acción política que hoy conocemos bajo el amparo de las instituciones estatales y europeas. Supondría todo un abismal retroceso histórico con estocadas de muerte contra las garantías mínimas de la política democrática que fundan las instituciones políticas modernas. Se trata de una camisa de fuerza para las instituciones democráticas del presente bajo la promesa de salvación de un futuro prometido repleto de cifras macro-económicas que se nos presentan como la panacea contra el paro y la falta de oportunidades económicas y sociales.

 

El engaño del “reconocimiento mutuo”

 

A pesar de las muchas evidencias de signo contrario, los negociadores de la Comisión Europea insisten en que un acuerdo con EE.UU no cambiará “sustancialmente” las leyes europeas. Esta estudiada retórica al servicio del engaño a la ciudadanía europea utiliza la idea del “reconocimiento mutuo” para disimular lo que llanamente es dar vía libre y facilitar el comercio transatlántico entre la Unión Europea y los EE.UU.

 

Es decir, lo que se pretende es anular automáticamente las diferencias entre las legislaciones estatales y europeas a partir de un reconocimiento mutuo y extra-legislativo de lo que llaman: “equivalencia” de sus leyes, normas y regulaciones de sus productos. Por ejemplo, aunque la UE no permite legalmente la carne con hormonas, ni los pollos tratados con un elemento tóxico como es el cloro, ni los piensos transgénicos, ni los cerdos criados en jaulas de hacinamiento en batería, la UE sí reconocerá globalmente la seguridad alimentaria de la carne estadounidense, que aunque incumpla las barreras legislativas europeas sí pueda tener un acceso libre al mercado europeo y llegar a sus tiendas y consumidores. De forma similar las normas legales más laxas sobre la cantidad de emisiones de CO2 de muchos de los coches norteamericanos también serían aceptables en el mercado europeo. El gas no-convencional procedente del “fracking” se podrá importar libremente de USA a la UE a pesar de violar el cumplimiento de las normas europeas en calidad y ciclo de vida de los combustibles.

 

 

Las empresas denunciantes extrajudiciales de leyes democráticas

 

Uno de los elementos más inquietantes del acuerdo comercial EU-EE.UU. son las llamadas “provisiones de disputas inversor-estado” o lo que se ha decir: “capítulo de protección de las inversiones”. Aquí se estipula que las empresas puedan desafiar cualquier decisión legislativa o judicial de un estado que entienden que les perjudica sus inversiones económicas y negocio. Esto significaría dar un nuevo derecho y poder a las multinacionales estadounidenses para denunciar ante un “tribunal comercial transatlántico” de nueva creación a cualquier ley o decisión judicial de carácter social, ambiental o sanitario. Cualquier estado miembro de la Unión Europea puede ser denunciado si las empresas consideran que pone en peligro sus beneficios esperados. Así, las empresas USA podrían obligar a unas compensaciones económicas masivas si el nuevo tribunal comercial transatlántico les da la razón en torno a que sus inversiones económicas pueden dañarse o no gozan de “suficiente seguridad.”

 

Actualmente ya se pueden rastrean precedentes de este nuevo modelo de acuerdo comercial. Mediante unos mecanismos supra-estatales y comerciales de “disputas entre inversor-estado”, la empresa tabacalera Phillip-Morris está denunciando leyes anti-tabaco de países soberanos como Uruguay y Australia por limitar el uso de sus marcas publicitarias. Otros casos pueden ilustrar con antelación el futuro del mercado único entre USA y UE. La empresa farmaceutica Lily exige compensaciones económicas a Canadá por las decisiones de tribunales canadienses por no aceptar el patentado de uno de sus medicamentos. Un gigante energético pide 191 millones de euros de pago a Canadá por la prohibición del “Fracking” en la región de Quebec.

 

Ahora, a puertas de las próximas elecciones europeas del mes de mayo es el momento de pedir cuentas a los responsables políticos europeos. Dentro de unos meses habrán elecciones europeas y hay que exigir a los candidatos y partidos que se posicionen claramente ante este explosivo tratado comercial que se nos anuncia. La fuerza de su ciclogénesis amenaza con cambiar las normas fundamentales de las reglas de juego de la soberanía política debilitando aún más las exigencias y garantías de la política democrática y reforzando el poder de unas pocas grandes empresas sobre nuestras vidas.

 

 

DAVID  HAMMERSTEIN

 

 

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9 février 2014 7 09 /02 /février /2014 21:19

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      En las próximas semanas el partido verde español EQUO deberá tomar una determinación decisiva sobre su futuro. Tendrá que decidir si acude a las elecciones europeas del próximo mes de mayo en una coalición liderada por un cabeza de lista de la coalición nacionalista valenciana Compromís, o por el contrario, si opta por acudir a los comicios en solitario por todo el Estado. En juego no solo está la posibilidad de conseguir representación parlamentaria europea, también están las posibilidades de avanzar en la implantación territorial de EQUO como fuerza política verde, autónoma, con valor añadido propio y distintivo, y capaz de obtener adhesiones y reconocimiento por parte de la percepción ciudadana.

1. De la “radicalidad democrática” y las primarias abiertas

a un cabeza de lista que “ha de ser valenciano”

Desde su fundación EQUO ha tenido en la apertura y democracia interna una de las piedras angulares de su construcción como partido. De hecho, la dirección de EQUO ha intentado distinguirse de otras fuerzas políticas de izquierdas por su programa de radical participación democrática, incluso primando éste importante aspecto procedimental por encima de buscar marcar claras diferencias de contenido político verde con otros partidos. Sin embargo, ahora esta estrategia choca frontalmente con las condiciones impuestas por sus coaligados electorales de Compromís ante las próximas elecciones europeas. Según la decisión ya tomada por Compromís: el cabeza de lista oficial para todo el Estado será un nacionalista valenciano designado por Compromís, y Equo ocupará el segundo lugar de la candidatura a las elecciones europeas.


Es decir, a partir de esta decisión unilateral de los nacionalistas valencianos de Compromís se hace imposible el cumplimiento de la exigencia democrática de hacer unas primarias abiertas por todo el Estado para decidir el cabeza de lista de la coalición. Esta ha sido la demanda de EQUO a Compromís, pero el partido de mayor peso político de Compromís: el Bloc Nacionalista Valencià, ya ha sentenciado públicamente que el primer candidato “ha de ser un valenciano” que “defienda los intereses valencianos”.

 

2. El único eurodiputado será un nacionalista valenciano

junto a una incierta promesa de dimitir y pasar el testigo a Equo.

Según todos los pronósticos y el cómputo de resultados electorales anteriores, es previsible que el máximo al que la coalición Compromís-EQUO puede aspirar es el conseguir un único eurodiputado, para lo que necesitará alrededor de 400.000 votos. La propuesta de Compromís es la de que el posible escaño europeo sea rotatorio y sea compartido durante un tiempo con EQUO en función de los votos conseguidos en cada territorio. Pero no hay que olvidar que las experiencias pasadas muestran que este tipo de arreglos a menudo no se llegan a cumplir nunca. De hecho, conviene recordar que recientemente la candidata “rotatoria” de La Confederación de Los Verdes, a pesar de las promesas y pactos previos, en realidad nunca entró a la eurocámara tal y como estaba estipulado en el acuerdo que hicieron con una coalición de nacionalistas en el 2009, en la que se encontraba el partido Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

 

El cumplimiento de este tipo de pactos en las coaliciones electorales está siempre sujeto a muchas incertidumbres y depende de la coyuntura política del momento y del juego de intereses políticos muy fluctuantes. En el caso de que Compromís decidiera romper su coalición con EQUO de cara a las próximas elecciones autonómicas y generales, no habría entonces ninguna razón política de calado que les empujara a cumplir con el acuerdo de cesión del escaño europeo a EQUO durante un periodo de legislatura. Incluso en el escenario mejor de que se le cediera a EQUO la posibilidad de ocupar un cierto tiempo el escaño de eurodiputado, en éste caso hipotético Equo accedería al escaño después del 2016 o en el 2017. Esto significa que antes y durante todo el ciclo electoral de las próximas elecciones autonómicas, municipales y generales, el escaño europeo estaría ocupado y aprovechado políticamente por un nacionalista de Compromís. Todo ello en su conjunto conllevaría una invisibilidad y una pérdida de presencia política para EQUO, algo más dañino si se tiene en cuenta que es un partido muy joven que se encuentra en un necesario proceso de consolidación política.

 

3. La doble vara de medir y la perversión democrática:

condiciones desiguales y asimétricas del “referendum” sobre la coalición

Una vez pactadas las condiciones electorales para concurrir a las elecciones europeas por parte de la coalición Compromís-EQUO, estas se van a someter a “referendum” para adoptar la decisión de aprobarlas o no definitivamente. Pero en este proceso se da una distopía preocupante que daña enormemente la autonomía y libertad de EQUO a la hora de decidir sobre su propio futuro electoral próximo. Lo que ocurrirá es así de sencillo: Compromís y su militancia tiene el derecho a participar y decidir sobre las condiciones de la coalición electoral en un “referendum” de EQUO, abierto a simpatizantes y militantes, pero en cambio EQUO en ningún momento ha tenido derecho a participar en la decisión unilateral tomada por Compromís sobre la persona “valenciana” que será la cabeza de la candidatura conjunta de la coalición Compromís-EQUO.

 

Conviene recordar aquí que precisamente este ejercicio de doble y triple militancia por parte de Compromís dentro del partido EQUO y la imposibilidad de crear una organización propia y autónoma de EQUO en territorio valenciano, es lo que en el 2011 llevó a la amputación de la posibilidad de una organización propia y autónoma de EQUO en todo el territorio Valenciano con la exclusión de centenares de socios de EQUO, entre ellos destacados líderes ecologistas y concejales verdes.

 

4. Un eurodiputado de la Alianza Libre Europea

no lo es del Partido Verde Europeo

A día de hoy, no hay seguridad de que se repita el actual pacto entre Los Verdes y ALE en el Parlamento Europeo. Hay muchos cambios y volatilidad en los pequeños grupos de la cámara europea. Pero hay que destacar que la Alianza Libre Europea (ALE) es el grupo europeo al que pertenece como miembro la fuerza mayoritaria de Compromís: el partido Bloc Nacionalista Valencià. 

 

Paradójicamente también ocurrirá que como Izquierda Unida se presentará a las europeas coaligada con IC-Verds, un partido integrado en el Partido Verde Europeo, esta coalición con IU que competirá electoralmente contra EQUO podrá poner en marcha una campaña electoral de confusión ante la ciudadanía haciendo bandera de un hecho bien cierto: que votando a IU y sus coaligados de IC-Verds hay mucha más seguridad de conseguir un eurodiputado verde (un candidato de IC-Verds con puesto de salida en la lista) que una vez elegido finalmente pertenezca al Grupo Verde del Parlamento Europeo. Algo similar a lo que ocurrió con la alianza electoral de Los Verdes con el PSOE en el 2004, con un pacto que se cumplió y que aseguraba: un puesto de salida para el candidato de Los Verdes dentro de la lista del PSOE, que el eurodiputado verde así conseguido no se sometería a disciplina del PSOE ni iría a parar al Grupo Socialista del Parlamento Europeo sino que con total autonomía en su trabajo y posiciones políticas iría al Grupo Verde del Parlamento Europeo.

 

Lamentablemente nada de esto podrá darse mediante la coalición de EQUO con Compromís, que de conseguir un escaño este iría a integrarse con el grupo nacionalista del Parlamento Europeo y no con el Grupo Verde. ALE es en todo caso una simple alianza táctica que se puede pactar o no al principio de cada legislatura, sus fines prioritarios son bien prácticos, como los de obtener más recursos europarlamentarios. El grupo ALE no mantiene una unidad ideológica fuerte ni una disciplina común en las posiciones políticas ni en las votaciones parlamentarias. Es decir, los Verdes/ALE no existe como fuerza política fuera de la vida organizativa de la cámara europea ni tampoco existe como grupo parlamentario estable. De hecho en casi toda Europa los partidos pertenecientes al grupo ALE compiten electoralmente contra Los Verdes.

 

5. Una gran confusión ideológica y de siglas:

los votantes verdes no son nada nacionalistas ni de la izquierda radical

 

En un análisis realista sobre los costes y beneficios políticos de la coalición de EQUO con los nacionalistas de Compromís se debería tener en cuenta al menos dos cosas centrales: que la gran mayoría de los votantes potenciales de EQUO no son nacionalistas y que la coalición puede dañar la capacidad electoral de EQUO en muchas partes del suelo español.

La gran mayoría los simpatizantes y votantes verdes tienen motivaciones que saltan las clásicos contenedores de la izquierda, como también ocurre en otros países europeos, por lo que no pueden encerrarse en el espacio y la base electoral de la izquierda radical. No toda coalición electoral suma los votos que potencialmente arrastran cada uno de los miembros de la misma. Ocurre incluso lo contrario: que algunas coaliciones vienen a ser “anti-naturales” porque restan votos y no obtienen una simple suma aritmética de los votantes de los partidos coaligados porque los potenciales votantes rechazan combinar “garbanzos con judías”. Típicamente ocurre esto en las coaliciones entre los partidos nacionalistas (guiados fundamentalmente por valores particularistas e identitarios) y los partidos verdes (guiados fundamentalmente por valores universalistas). Esta pérdida de votantes en una coalición con nacionalistas constituye un elemento a tener muy en cuenta porque sus consecuencias no se agotan solo en el presente. El proceso electoral europeo prepara y es parte de una trayectoria política más larga que llega a las próximas elecciones locales y autonómicas, donde se juega la progresiva consolidación social y electoral del proyecto de EQUO.


6. De “otra forma de hacer política”

al engaño en las papeletas para esconder el liderazgo nacionalista

Se ha publicitado la coalición bajo la idea de un compartido y equivalente “co-liderazgo” electoral entre Compromís y EQUO, y dando una falsa idea de simetría y equidad entre ambos. Pero lo cierto es que hasta los mismos procesos y condiciones de la negociación hablan bien claro: la coalición de Compromís-EQUO está fuertemente dominada por el polo nacionalista.

 

Además, en las papeletas electorales fuera de territorio valenciano el engaño a la ciudadanía sería mayúsculo, escasamente ético y poco acorde con los ideales de transparencia y radicalidad democrática tan proclamados por EQUO, puesto que en ellas se sustituiría con otros nombres la cabeza nacionalista de la candidatura Compromís-EQUO, la única candidatura real y oficial. A pesar de que pueda ser legal esta argucia de disimulo y ocultación según la ley electoral, podría ocurrir que los candidatos de EQUO aparecieran encabezando las papeletas electorales aunque el votante no se de cuenta de la trampa: que a quien está votando realmente es a un nacionalista valenciano. Pero también ocurriría que una ciudadanía mínimamente informada y altamente motivada por valores substantivos como los del potencial votante verde, no cae fácilmente presa de este engaño y acaba respondiendo con un “efecto rebote” de castigo y desafección electoral.

 

7. ¿Merece la ciudadanía una opción electoral verde, clara y sin complejos

en todo el suelo estatal como ocurre en otros países europeos? 

Hoy día las exigencias socio-ecológicas han de ponerse en el centro de toda política y actuación puesto que nos jugamos bienes tan básicos como son la tierra fértil, los alimentos, el aire limpio, el agua potable, la salud y el mismo futuro. Es prioritario salir del desdén institucionalizado que impulsa el sobrepasamiento de los límites físicos del planeta y la creciente degradación de bienes y servicios ambientales fundamentales para el bienestar. Los problemas ecológicos son sociales en sus causas y en sus consecuencias. Llegamos muy tarde porque muchos de ellos ya son irreversibles y carecen de soluciones adecuadas, lo que nos obliga a respuestas paliativas pero sin poder frenar sus nefastos daños. 

 

Hay que decirlo una y mil veces: las problemáticas ecológicas son en sí misma sociales y además son transversales, no tienen escapatoria por afectar a toda acción y proyecto humano. Es falsa la acusación de que el ecologismo político solo se preocupa por el medio ambiente y no por la sociedad. No hay separación entre lo social y lo ambiental. Las causas y las posibles soluciones a la crisis económica del empleo son también ecológicas. Pero contrariamente, la izquierda y la derecha están incapacitadas para comprender y dar respuestas eficaces ante los problemas socioambientales por están instaladas en la anacrónica ceguera de seguir creyendo que el medio ambiente constituye solo un tipo más de problemas sectoriales que han de ser tratados por separadoPor esta razón sufren gran marginalidad y silencio los grandes problemas ecológicos y se encuentran en orfandad política muchas de las luchas locales socioecológicas contra los daños y riesgos tóxicos que les afectan directamente. Por ello han emergido históricamente los partidos verdes en muchos países y por ello se hace necesaria la existencia del espacio verde en todo el territorio estatal y marcadamente distintivo. 

 

La posibilidad de presentarse en solitario a las elecciones europeas con la marca EQUO en todas las autonomías del Estado seria una valiente apuesta de construcción autónoma, nítida y supondría un empoderamiento de largo alcance. Esta posible opción estaría repleta de responsabilidad y coherencia al ponerse del lado de los problemas socio-ambientales que crecen sin control y que con urgencia necesitan salir de ostracismo para ser colocados en todos los debates y propuestas de cambio. Un camino propio, también duro y arriesgado, en respuesta a la imperiosa necesidad de construir  el singular espacio político de la ecología política con visibilidad y reconocimiento social y electoral.

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31 janvier 2014 5 31 /01 /janvier /2014 10:29

  canScience.jpg

 

 

En la editorial de El País publicada el día 19 de enero bajo el título: “Evaluar la ciencia”: 
http://elpais.com/elpais/2014/01/19/opinion/1390162302_081024.html, a partir del relevo del científico Juan Carlos Izpísua al frente del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona se asevera acertadamente “el imperativo de asegurar que los fondos dedicados a la ciencia se invierten adecuadamente y logran los objetivos que justifican su atribución”. También se apunta en dicho editorial que “precisamente en tiempos de crisis y recortes hay que evaluar con mayor rigor la investigación científica con dinero público”. Ciertamente, los tiempos de escasez son tiempos que obligan a reevaluar a detalle todas las prioridades para adaptarse a las nuevas restricciones contextualmente impuestas. Pero en dicha editorial, cuando se apunta la necesidad de asegurar los “retornos” obtenidos de la investigación biomédica se hace de una manera muy parcial y tendenciosa.  Exclusivamente se nombran dos parámetros para evaluar estos llamados “retornos”: la exigencia de atraer talentos de otros laboratorios y la de lograr financiación en concursos internacionales competitivos.

 

Pero estos dos únicos indicadores sobre las consecuencias exigibles en la investigación científica biomédica son muy problemáticos. Resultan muy insuficientes a la hora de calibrar el bien común fundamental que habría que preservar: que "el retorno" o los fines del quehacer científico en el campo médico se dirijan prioritariamente al conjunto de la sociedad y a las necesidades colectivas de mejora en tratamientos sanitarios. No puede creerse en estos tiempos en los que la invocación de la llamada "excelencia" se ha convertido en bandera, esta pueda ser una señal de mejora si en lo que realmente consiste es en encerrar con grandes cadenas el conocimiento generado con el dinero público de todos en silos estancos, herméticos, caros y sin visibilidad. 

Tampoco puede llamarse “excelente” a la política de privatizar el conocimiento financiado por la ciudadanía contribuyente mediante el patentado privado de los descubrimientos científicos o levantando altos muros de pago que favorecen solo a editores de revistas y publicaciones y a oligarquías académicas al tiempo que discriminan y obstaculizan el acceso libre a los resultados publicados, a los datos brutos de la investigación y a los procesos y pruebas metodológicas realizadas. 

Hay que decirlo bien alto y claro: romper las cadenas de la privatización del conocimiento y compartir los resultados científicos rentabiliza y redistribuye mucho más la inversión pública hecha, además de ser una medida de ahorro y eficiencia en tiempos de crisis y recortes. Entres otras cosas, se evita la duplicación de estudios y pruebas y con ello el despilfarro de recursos escasos. También se fiscalizan más los posibles fraudes o las exigencias de fiabilidad del proceso de investigación y producción de datos. Además, económicamente y socialmente resulta muy ventajoso el no poner patentados sobre los resultados científicos al permitir que puedan ser reutilizados libremente en otros proyectos investigadores, sin el muro selectivo y excluyente del pago de licencias puestas al servicio del lucro de multitud de actores económicos y no al servicio del avance en la salud colectiva.
 
¿Es acaso lícito que el mismo Estado que financia una investigación tenga que volver a pagar una segunda vez mediante unos precios altísimos unos productos biomédicos cuando el ciclo científico de vida  del producto ya contiene ingentes cantidades de dinero público invertido?. ¿Debemos los ciudadanos contribuyentes estar castigados a pagar dos o tres veces por el mismo medicamento o aparato médico producido por la inversión pública para asegurar primero el negocio particular de ciertas empresas?.

 

El Estado actúa entonces como un simple “capitalista de riesgo”. Invierte su dinero en investigaciones biomédicas inciertas y movidas por la curiosidad científica, pero paradójicamente ante posibles éxitos científicos estos le revierten en forma de más gastos públicos y más costes económicos añadidos, a lo que se añade además el secuestro y la pérdida del nuevo conocimiento generado con los recursos públicos. Parece más sensato desde la misma lógica económica que el Estado inversor también participe en los “retornos” o beneficios cuando una iniciativa científica obtiene cierto éxito y acaba consiguiendo avances y productos médicos. Resulta escandaloso en el plano político y moral que el imperativo de la defensa de los bienes públicos de conocimiento sea sistemáticamente ignorado por las instituciones políticas y universitarias, siendo que estas en cambio sí permiten otorgar licencias privatizadoras del conocimiento generado en dichas instituciones sin claras condicionantes sociales de "retorno", como son el acceso abierto y los precios asequibles.

 

Como vemos el problema de “los retornos” esperados a la sociedad de los productos del trabajo científico son bastantes más que la mera retórica de la “excelencia competitiva”. Esta pone las ambiciones competitivas del individualismo meritocrático tan extendido en la academia y el negocio privado, siempre por encima del interés común de la sanidad y la inversión pública en la misma. Pero contrariamente, lo que realmente habría que evaluar es si los objetivos, los procesos de investigación, los resultados y los usos posteriores de un proyecto científico biomédico han pasado por los exigentes filtros de interés común de la sociedad. Es claro que en la investigación científica en general, y en la experimentación biomédica especialmente, deben primar las necesidades de salud pública, algo bien alejado al orientarse simplemente a la caza de recursos financieros o, aún peor, a ir a remolque de los estrechos deseos comerciales de las industrias farmacéuticas.

 

Las actividades y "los retornos" de la ciencia deben ser evaluados y debatidos por una nueva cultura democrática que haga de la transparencia una virtud cívica irrenunciable, lo que requiere profundas reformas institucionales. Para recolocar el interés común y público en el centro de sus objetivos urge sacar el quehacer científico del oscurantismo de la caverna que lo pone al servicio del negocio privado y de las inercias de lucha competitiva por el prestigio o por la subida en el escalafón académico, pervirtiéndose con ello hasta los mismos ideales epistemológicos de producción del conocimiento científico. 
DAVID  HAMMERSTEIN

 

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21 janvier 2014 2 21 /01 /janvier /2014 08:56



PRESENTACIÓN DE UN NUEVO GRUPO DE EXPERTOS Y SOCIEDAD CIVIL:

“POR UNA RESPUESTA TRANSPARENTE, INNOVADORA Y JUSTA ANTE LA CRISIS DE  LA SANIDAD PÚBLICA”

El Grupo de Trabajo sobre Salud, Medicamentos e Innovación inicia hoy su andadura con vocación integradora y constructiva con recomendaciones en la evaluación del acceso a la salud, la transparencia, la gestión de los medicamentos caros patentados y el fomento de nuevos modelos de innovación a favor del bien común.

Madrid, 20 de enero de 2014. Hoy el Grupo de Trabajo sobre Salud, Medicamentos e Innovación (GTSMI), una iniciativa de un conjunto de organizaciones y expertos de diversos ámbitos, ha realizado su presentación pública en el evento “Acceso a medicamentos e innovación en tiempos de crisis” que ha tenido lugar en el Ateneo de Madrid. Esta misma mañana el Grupo se ha reunido previamente con los principales partidos políticos y algunas instituciones para presentarles su manifiesto fundacional y explicarles sus principales preocupaciones. Además, en el acto público han participado asociaciones científicas y profesionales, empresas del sector farmacéutico, ONG, representantes del área de innovación del Ministerio de Economía y Competitividad y de la Comunidad de Madrid y asociaciones de pacientes, entre otros.

Entre los miembros promotores del GTSMI se encuentran la Confederación Española de Consumidores y Usuarios, Médicos del Mundo, Salud por Derecho, Trans-Atlantic Consumer Dialogue, Farmacéuticos sin Fronteras, No Gracias, los expertos Joan Rovira, David del Campo, Judit Rius y Xavier Seuba; y se pretende que más entidades y particulares se sumen a la iniciativa en breve.

Vanessa López, directora de la Fundación Salud por Derecho, explica que “el grupo surge como respuesta ante una gestión injusta e ineficaz de la crisis, pero también por las debilidades estructurales y tradicionales del proceso de investigación, desarrollo, regulación y comercialización de los medicamentos, no sólo en España, si no a escala global”. El Grupo se propone contemplar el problema desde una perspectiva completa, pues como afirma López: “a la inequidad en el acceso a los medicamentos que siempre han sufrido los pacientes en los países empobrecidos y a la falta de investigación en las llamadas enfermedades olvidadas, se une ahora una preocupación creciente por la sostenibilidad del sistema en los países de altos ingresos y la calidad de la innovación”.

David Hammerstein, asesor de políticas de la organización de consumidores Transatlantic Consumer Dialogue declara que “una respuesta justa y participativa a la crisis exige mucha más transparencia sobre el  gasto de recursos públicos, sobre los precios pagados en la compra de medicamentos, sobre la evaluación rigurosa de su eficacia y seguridad y, en general, sobre los impactos reales sobre la salud de los recortes sanitarios”.

La falta de información en la mayor parte de los aspectos relacionados con el medicamento, especialmente los que hacen referencia a la investigación clínica, precios reales de transacción, relaciones entre la industria y los prescriptores, motivación de las decisiones de regulación, fijación de precio,  financiación pública, etc., es una de las áreas detectadas por el Grupo como un problema fundamental. Abel Novoa, presidente de No gracias afirma que “es imprescindible aportar luz a los procesos de generación, difusión y aplicación del conocimiento clínico, porque la transparencia en medicina salva vidas”, y añade: “la falta de transparencia va en contra de la salud de los ciudadanos, de la equidad social, de las obligaciones éticas profesionales y de la propia innovación"

También faltan estudios de impacto formales e independientes que evalúen el impacto de las medidas adoptadas por el gobierno, pero existe evidencia convincente de que se ha deteriorado sustancialmente el acceso de los colectivos más vulnerables. A este respecto Stefan Meyer, director adjunto de Médicos del Mundo, mantiene que “los copagos son injustos porque afectan mucho más a las personas con menos recursos y infligen un castigo adicional a las personas enfermas. Además, son ineficaces porque ni generan un ahorro ni inducen a un uso más racional de los fármacos.”


Desde la perspectiva integral que incorpora el GTSMI, el problema empieza en la investigación y desarrollo de los medicamentos. Joan Rovira, profesor emérito de teoría económica de la Universidad de Barcelona y experto en política del medicamento sostiene que “la I+D biomédica debe financiarse adecuadamente y es probable que requiera más recursos de los que se le está dedicando; pero hay que hacerlo con mecanismos e incentivos que aseguren que las innovaciones supongan un aportación real a la salud y el bienestar social y faciliten un acceso equitativo a las mismas”.

Algunas de las recomendaciones ya aportadas por el Grupo de trabajo son: 1. La evaluación independiente del impacto de los recortes sanitarios y la introducción de medidas correctivas 2. La  publicación de información clave relativa a los medicamentos,  tal como los precios pagados por las distintas administraciones.   3. Cambios en el modelo de innovación biomédica para orientarla más hacia las necesidades de salud y para evitar la privatización de conocimiento generado con inversión pública. 4 La creación de un organismo estatal transparente y participativo que evalúe la eficacia, seguridad y coste-beneficio de los productos farmacéuticos. 5. Considerar la posible utilización de las licencias obligatorias como potencial instrumento para asegurar el equilibrio entre los derechos del innovador/titular del derecho y los de la sociedad.







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Para más información, entrevistas y declaraciones:
Ramón Herrero –  Fundación Salud por Derecho
Tfno.: 91 429 93 87 / 672 23 59 74
HYPERLINK "mailto:Ramon.herrero@saludporderecho.org"Ramon.herrero@saludporderecho.org

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18 janvier 2014 6 18 /01 /janvier /2014 14:06

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Es una obviedad que el actual contexto social de la crisis se impone muy duramente e injustamente para muchas personas pero esto no explica en absoluto la sorprendente emergencia de una “rebelión vecinal” en la ciudad de Burgos. Seguramente hay aspectos del procedimiento y del contenido del proyecto de obras del bulevar que son muy discutibles y algunos modificables y mejorables. Sin embargo, tengo grandes dificultades para encontrar razones sensatas para dar mi apoyo a las movilizaciones vecinales de Burgos ante un proyecto de remodelación urbana de una avenida. Más bien tengo bastantes motivos sociales y ambientales para rechazarlas.

 

Según todas las informaciones de muy diversas fuentes, la motivación principal que enciende las protestas en Burgos en el barrio del Gamonal es la defensa numantina del mantenimiento de aparcamientos en superficie y gratuitos para los coches particulares de los vecinos frente a un proyecto de bulevar que sustrae espacio público ocupado por coches particulares. Aunque ciertamente otras explicaciones ajenas a estas causas que han prendido la mecha del conflicto han venido a sumarse aposteriori. En el intento de dotar de mayor legitimidad esta “rebelión vecinal” se han ido sumando más justificaciones intelectualizadas y politizadas aposteriori queriendo con ello vestir la lucha con más honorables motivaciones añadidas.

 

Unas inflamadas apelaciones populistas al actual contexto de la crisis económica y el azote del desempleo, a la especulación, al caciquismo o la corrupción de la clase política, a la falta de dotaciones de servicios básicos en el barrio, al poder del pueblo..., ciertamente señalan problemas estructurales de gran calado que exigen respuestas y cambios en los niveles estructurales donde se generan, pero ¿acaso se solucionarían frenando unas obras para remodelar una calle?. Unas metas tan pequeñas como son las de paralización de unas obras se han revestido de grandes banderas retóricas que han servido para disimular y justificar una de las causas profundas del gran malestar de los vecinos, que es bien concreta: la amenaza de perder el privilegio del libre y gratuito uso del espacio público para aparcar el vehículo particular.

 

En medio del reino de confusión informativa creada conviene decirlo claro: es de consenso mundial entre los urbanistas que la provisión de aparcamientos de forma gratuita es una política de transporte y urbanismo espantosa. La ciudad que gana espacio público eliminando tráfico rodado de particulares, aire contaminado y ruidos gana en salud, calidad de vida y bienestar colectivo. Además, hay que recordar que un proyecto del bulevar no pertenece ni afecta solo al barrio concreto donde se ejecuta sino al conjunto de la ciudad, por tanto la vecindad local carece de legitimidad para usurpar el poder de decidir sobre el mismo.

 

Entre tanto ruido y alboroto provocado por esta “rebelión vecinal” conviene concretar algunas de las virtudes y algunos costes de la obra rechazada por los vecinos: ampliaba sustancialmente el espacio público, reducía el tráfico de 4 a 2 carriles, establecía el acceso restringido al autobús y los residentes del barrio, creaba un carril bici, construía un aparcamiento subterráneo cuyas plazas costarán 19.600 euros para una concesión de 40 años. Conviene separar entonces el grano de la paja, distinguir elementos de avance colectivo y de retroceso para concretar soluciones posibles y mejoras del proyecto original.

 

También debería ser objeto de preocupación la gran ola de simpatía generada por unas demandas vecinales retrógradas que nos retrotraen a las ideas del desarrollismo urbano español de hace décadas. Con los ojos vendados una variopinta izquierda social y política ajena a las necesidades sociales en favor de avances en la ecología urbana ha apoyado alegremente a los vecinos de Gamonal. Estos nuevos héroes urbanos son convertidos a voz de pronto en un nuevo "sujeto revolucionario" a la vez que se ocultan y disimulan algunos de los dudosos intereses particularistas que les empujan.

 

Pero ahora que las resistencias vecinales han conseguido paralizar la obra del bulevar es previsible que los vecinos movilizados también se paralicen y decaigan dejando con el culo al aire a los grupos "solidarios" movilizados en otras ciudades. ¡Fueron tan fugaces las movilizaciones vecinales como cortas fueron sus metas reales!. 


Poca legitimidad puede tener la estrategia de luchar por luchar bajo la simple consigna de "nosotros podemos" planteando grandes exigencias pero sin atender a los contenidos y las metas concretas que se persiguen en el terreno práctico de una actuación. El separar la acción colectiva de la razón práctica concreta bajo la persecución de grandes ideales abstractos hace que nunca se consideren adecuados los cambios y avances aunque sean parciales, los únicos posibles mientras la revolución no llega. Esto solo puede generar monstruos y la historia está ahí para recordarlo. Cuando se trata de mejoras posibles en el terreno de la ecología urbana, como en este caso es la restricción del tráfico en favor de peatones, bicis y la mayor habitabilidad y salud urbana, se desechan y frenan al condicionarlas siempre a otros factores y metas sociales que se persiguen, y al final el saldo definitivo es la parálisis y "un más de lo mismo" dado que tampoco se consiguen las grandes metas sociales enarboladas. Este es el eterno problema de una izquierda que es incapaz de reconocer que los avances en protección y salud ambiental son un bien común, también de carácter social y cada vez más primordial ante la gravedad del deterioro creciente de los ecosistemas. Por ello, las mejoras ecológicas no han de supeditarse y colocarse siempre a la espera de otras exigencias sociales habitualmente inalcanzables. 


También la "democracia participativa" puede traer muchos peligros si se asume de partida que unos cuantos tienen el derecho a decidir sobre algo que afecta al conjunto de la ciudad y si además se establece que el fruto de tal decisión es bueno y adecuado por el simple hecho de emanar de la asamblea vecinal. ¿Acaso basta con que unos afectados por un proyecto de reforma urbana se opongan al mismo y pataleen fuerte aunque carezcan de reflexión sobre si el proyecto avanza o retrocede en el bien común?. Con grandes banderas como exigencias emancipatorias puestas como condición y freno para la mejora en el terreno de los hechos prácticos la izquierda se encuentra incapacitada ante las oportunidades de cambios, aunque estos sean pequeños e imperfectos. La izquierda pierde todo rumbo y brújula de orientación, como ocurre cuando degenera en una estrategia “foquista” que busca aumentar la tensión social sumándose a todo foco de lucha que se active, sin más.

 

DAVID HAMMERSTEIN

 

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16 janvier 2014 4 16 /01 /janvier /2014 09:00

 

      Las oscuras negociaciones para el

acuerdo de comercio UE-EE.UU.

 

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La Comisión Europea duda publicamente de la imparcialidad del Tribunal Europeo de Justicia para opinar sobre el acuerdo comercial UE-USA, declara “tener muy presente la lista de deseos de la industria farmacuética” y señala que las opiniones de los consumidores sobre el copyright y las patentes son “desagradables” y “deben preocupar a la industria”.

 

Mientras avanzan a velocidad de crucero las secretas negociaciones del pacto comercial más grande de la historia, el martes 14 de enero tuvo lugar en Bruselas una reunión informativa supuestamente dirigida a “la sociedad civil” y organizada por la Comisión Europea.

 

Desde el inicio resultan muy chocantes las condiciones de partida del proceso negociador por basarse en un gigantesco desequilibrio y un desigual trato dado a las grandes empresas multinacionales y a la ciudadanía. En el terreno informativo existe una total transparencia para las grandes empresas multinacionales que sí tienen acceso a los textos negociados en tiempo real (por cortesía del Gobierno USA). Pero contrariamente, a los grupos y ONGs defensores de los interes colectivos de la ciudadanía europea les está negado el acceso a dichos textos y por ello desconocen la letra de la negociación en curso, que para ellos es sencillamente secreta. Para la ciudadanía la opacidad informativa en cuanto a los contenidos es absoluta.

 

También conviene aclarar que en dicha reunión se dió una clamorosa ausencia de la “sociedad civil”, que era la supuestamente convocada, porque la realidad fue que más el 90% de las 200 personas presentes eran representantes de los intereses industriales y comerciales. Algunos rasgos inquietantes caracterizaron dicha reunión impulsada por la propia Comisión Europea: las respuestas de los negociadores europeos fueron en todo momento evasivas y ambigüas. La aportación de información sobre el detalle de las negociaciones brilló por su ausencia cuando fueron preguntados los negociadores sobre la contratación pública de servicios como la salud, los derechos laborales, el bienestar animal o el impacto ambiental.

 

Algunos de los presentes en dicha reunión preguntaron a los negociadores europeos sobre la posible condición de ilegalidad europea en la que se incurriría si se aplicara el mecanismo de “provisiones de disputas inversor-estado”(investor-state dispute mechanism). Es decir, un procedimiento que permitiría que las empresas puedan desafiar cualquier decisión legislativa o judicial de cualquier estado europeo si entienden que les perjudica sus intereses comerciales. Esto daría derecho a las multinacionales estadounidenses a denunciar cualquier ley o decisión judicial, de carácter social, ambiental o sanitario de cualquier estado miembro de la Unión Europea ante un organismo de nueva creación: el “Tribunal Comercial Transatlántico”. Es decir, cualquier legislación estatal podría incumplirse y convertirse en papel mojado si los intereses comerciales de empresas particulares entienden que se pone en peligro “la seguridad de sus inversiones” y sus beneficios económicos. 

 

La respuesta de la Comisión Europea fue cuanto menos sorprendente y surrealista ante la posibilidad de que se diera una opinión del Tribunal de Europeo de Justicia sobre la posible ilegalidad de crear de este mecanismo extrajudicial dotado de poderes capaces de saltar por encima de la legislación de los estados. El portavoz de la Comisión Europea afirmó que no sería legítima una intervención  del Tribunal Europeo de Justicia porque “no sería imparcial para una parte como es EE.UU porque los miembros del Tribunal Europeo de Justicia son designados por los estados miembros del la Unión Europea”. ¡Todo un radical y público cuestionamiento de esta honorable institución europea en boca de un alto representante de la Comisión Europea!. Es evidente el tremendo mensaje que quieren trasmitir los negociadores de la Comisión Europea: hacer inservibles las las instituciones políticas europeas como la de Tribunal Europeo de Justicia al supeditarlas a un "más justo e imparcial tribunal extrajudicial transatlántico", de carácter comercial y compuesto por expertos y peritos ligados a los intereses industriales.

 

Una reveladora anécdota más de la reunión se produjo cuando un representante de los consumidores (Diálogo Transatlantico de Consumidores) llamó la atención de la Comisión Europea sobre las palabras de uno de los negociadores europeos: Pedro Velasco. Ante un grupo de empresarios este negociador tachó de “desagradables” y “preocupantes” las opiniones de esta organización de consumidores que lucha contra los monopolios de la propiedad intelectual. El señor Velasco no solo se negó a disculparse sino que aprovechó la ocasión para dar una larga arenga en favor de un régimen duro de defensa de las rigidas normas para proteger las patentes y el copyright sobre el conocimiento.

 

También llama mucho la atención que en medio del reciente escándalo por el espionaje masivo de los EE.UU sobre los datos personales de millones de europeos, curiosamente la Comisión Europea solo fue capaz de decir que el flujo libre transatlántico de datos nada tiene que ver con la privacidad y la protección de datos”. No hubo ni una palabra sobre la dudosa viabilidad de unas negociaciones para un acuerdo comercial cuando una de las partes espía masivamente a la otra, ni tampoco se dijo nada de la necesidad de un acuerdo transatlántico para la protección de datos personales.

 

En conclusión, el horizonte que se nos anuncia con las actuales negociaciones del pacto comercial UE-USA es bien negro. De seguir el rumbo actual, no solo podrían cambiar muchas de la reglas del juego del comercico mundial, sino que se cuestionaría dramáticamente la capacidad soberana de autolegislarse que funda las instituciones políticas de los estados nacionales. Serían muy graves las consecuencias de retroceso y de pérdida de condiciones fundamentales para los poderes democráticos y el ejercicio de la política. Pero la ciudadanía europea de seguro que no quedará cruzada de brazos y hará oír con fuerza su voz para evitar este temible descarrilamiento colectivo. 

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27 décembre 2013 5 27 /12 /décembre /2013 22:54

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9 décembre 2013 1 09 /12 /décembre /2013 23:01

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Los policías antidisturbios rodearon el edificio del rectorado de la Universidad donde estábamos pertrechados. Unas horas antes alrededor de mil estudiantes lo habíamos ocupado. Ya nos habían dado el último aviso para abandonar nuestra “sentada” o para enfrentarnos al arresto como acusados por manifestación ilegal, allanamiento de morada y destrucción de la propiedad. Casi la mitad de los manifestantes decidieron abandonar el edificio, pero 401 de nosotros nos quedamos y fuimos detenidos. Fuimos formalmente imputados y encarcelados preventivamente hasta el día siguiente. La noticia corrió deprisa y la prensa la expandió por el mundo.


Todo esto ocurrió en mayo de 1977 en el campus de Santa Cruz de la Universidad de California. Allí estábamos como confiados universitarios de clase medias exigiendo la “des-inversión” de la propia Universidad pública en empresas multinacionales que tenían operaciones en Sud-África y que llegaban a valorarse en más de 2400 millones de dólares en acciones. Queríamos hacer un llamamiento al boicot económico del régimen de apartheid por El Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Esta campaña que arrancaba en el 1977 se hizo cada vez más amplia y culminó diez años después cuando la Universidad de California finalmente retiraba sus inversiones en todas las empresas que operaban en Sud África. Según Mandela y Desmond Tutu la presión económica ejercida por la retirada de inversiones fue un factor determinante en la apertura de negociaciones para la transición y la caída del régimen racista.

 

En los meses anteriores a la protesta organizamos numerosos actos sensibilizadores sobre la terrible situación en Sud-África, incluso trajimos para actuar en el campus a un muy conmovedor grupo de teatro y música del mismo Soweto. La plataforma organizadora: “Coalición contra el racismo”, juntaba sus reivindicaciones contra el apartheid con otras en contra de la discriminación racial en Estados Unidos.

 

Uno de los objetivos empresariales de nuestra ira estudiantil era IBM, la compañía de la época más puntera en informática y en alta tecnología. IBM suministraba al régimen racista de Pretoria los odiados “pases geográficos” que servían para impedir el libre movimiento de la mayoría negra de Sud África. Años antes la imagen de Nelson Mandela quemando públicamente su cartilla encendía el movimiento a favor de la igualdad racial en el mundo entero.

 

En las imágenes del anuario de la universidad del año 1978 casualmente aparezco yo junto a otros compañeros mientras bloqueábamos una puerta por donde acudían representantes de la IBM que reclutaban a futuros nuevos empleados entre los universitarios. En aquel entonces fuimos duramente criticados por intentar “limitar la libertad de expresión” de IBM y de los estudiantes interesados en su empresa. Asimismo nos acusaron de perjudicar económicamente a los mismo sudafricanos pobres que queríamos ayudar al oponernos a las inversiones de las multinacionales. Solo mucho más tarde, en 1987 IBM, cuando ya estaba en el ojo de críticas políticas feroces, decidió detener sus operaciones comerciales en Sudáfrica.

 

También hoy día en muchas universidades de EE.UU se siguen levantando denuncias y acciones contra la injusticia de problemas que dañan a cualquier mínima exigencia ética colectiva. En numerosas universidades se emprende la lucha para sacar las inversiones en las empresas de combustibles fósiles, del carbón, petróleo y gas, y con ello se quiere contribuir a frenar la catástrofe planetaria que continua en marcha imparable: el cambio climático.

 

Esta misma mañana en València he sacado mis ahorros de un fondo de pensiones al saber su destino final. Un plan de inversiones gestionado por una cooperativa de crédito a la que pertenezco (supuestamente muy progresista y valencianista), invierte en una cartera de empresas que incluye a petroleras y farmacéuticas de muy dudosa reputación social y ambiental. No se trata solo de señalar aquí unos sucesos problemáticos que hoy ocurren entre otros muchos. Se trata de problemas mundiales profundamente conectados en sus causas y en sus inmensas consecuencias.

 

¿Conocemos el destino de nuestros ahorros, de los planes de pensiones o inversiones?. ¿Tenemos idea del detalle y contenido de las contratas públicas de las escuelas, hospitales o universidades?. ¿Sabemos en qué condiciones sociales y ecológicas se fabrican los productos que compras y sus efectos en el presente y futuro?

 


 

Ante tanto maltrato a las personas y al planeta conviene romper con muchas inercias y comenzar a visibilizar cuanto antes los itinerarios de la trazabilidad monetaria.

Los humanos no podemos presumir de total coherencia o limpieza moral en torno a grandes ideales y principios. En realidad somos víctimas inocentes pero también responsables. Tenemos márgenes de acción en nuestras vidas cotidianas, profesionales e institucionales. Para un mundo un poco más habitable y justo podríamos comenzar por ocuparnos más del destino concreto de nuestro dinero, bien sea como ciudadanía contribuyente o bien como consumidores. Como lo han estado haciendo muchos estudiantes universitarios desde los tiempos de Nelson Mandela y su lucha contra el apartheid.

 

David Hammerstein

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4 décembre 2013 3 04 /12 /décembre /2013 21:27

 

 

La ciudad sustentable

 

Una Ciudad Justa es la que la justicia, el alimento, la vivienda, la educación, la salud y la esperanza estén distribuidas de manera justa.

 

Una Ciudad Bella, en la que el arte, la arquitectura y el paisaje prendan la imaginación y el espíritu.

 

Una Ciudad Creativa, en la que el pensamiento libre y la experimentación movilizan el potencial de sus recursos humanos al completo y permitan la respuesta rápida a los cambios.

 

Una Ciudad Ecológica, que minimice su impacto ecológico, en la que el paisaje y la forma construida estén en equilibrio, y en la que los edificios y las infraestructuras sean seguras y eficientes en el uso de recursos.

 

Una Ciudad de Fácil contacto y Movilidad, en la que se intercambie la información, tanto cara a cara como electrónicamente.

 

Una Ciudad Compacta y Policéntrica, que proteja el campo, para la que lo primordial sean les comunidades y su integración dentro de barrios y que maximice la proximidad.

 

Una Ciudad Diversa, en la que una amplia gama de actividades se solapan, crean animación, inspiración y fomentan una intensa vida pública.

 

H. Girardet 

 

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La ciudad como organismo vivo

De los flujos lineales a los ciclos circulares

 

La metáfora orgánica refleja mejor que la metáfora maquinística las condiciones reales de nuestra experiencia urbana. Los procesos y causalidades que concibe son holísticos y contextuales al reconocer la conectividad insalvable entre lo social y lo natural. La percepción organicista de la ciudad vincula el conjunto con las partes, el consumo de recursos con las excreciones y residuos, lo común con lo singular y propio, la estabilidad y continuidad con la contingencia y novedad, la salud con el peligro y la enfermedad, el conocimiento y la planificación con la incertidumbre y la ignorancia, lo visible y trascendente con lo inmanente y oculto.

 

Bajo la metáfora orgánica la materia no se concibe como inerte y libremente manipulable, sino complejamente organizada y con capacidades intrínsecas de sensibilidad e intelección. El mundo físico es visto como fundante y primordial a la vez que dotado de capacidades vivificadoras y creadoras. Desde estas concepciones los sistemas urbanos de vida pueden entenderse como organismos que para su continuidad dependen de la reproducción biológica, y se auto-organizan mediante procesos metabólicos complejos no reducibles a la simplificación ni a la parcelación mecánica y funcional. Bajo el modelo y la idea de organismo podemos identificar las dimensiones estructurales más explotativas de la ciudad moderna concebida estrechamente como una máquina o artefacto mecánico abierto a cualquier intención y libertad inventiva y manipuladora por parte de los humanos.

 

Una diferencia central entre los sistemas naturales y nuestras actuales megalópolis tecnológicas e industriales, es que estas dependen en gran medida de crecientes abastecimientos externos basados en numerosos flujos de recursos de todo tipo, un intenso tráfico de productos que atraviesan el sistema urbano y se destinan a sus poblaciones. Dada la gigantesca escala de la urbanización y sus tendencias colonizadoras y fagocitarias, desde una óptica organicista y verde las ciudades habrían de modelarse imitando la sabiduría y el funcionamiento de los sistemas naturales, como pueden ser los bosques, para mantener así una cierta estabilidad y viabilidad a largo término. 

 

La relación de las ciudades con la naturaleza puede comprenderse como una relación metabólica, siguiendo la analogía entre los asentamientos humanos y los organismos. Al igual que cualquier otro ser vivo, las comunidades urbanas sólo pueden subsistir y evolucionar en el tiempo si consiguen obtener suficiente energía y materiales útiles de su entorno o medio natural, y si además encuentran sumideros para re-absorber y eliminar con cierto éxito los residuos que producen. Al igual que les pasa a los organismos vivos, a medida que aumenten sus ordenes de organización y complejidad, los requerimientos materiales y energéticos del sistema urbano también aumentan. Hoy esta espiral creciente de demandas tiene rasgos autolesivos y cancerígenos.

 

El metabolismo de las ciudades comporta muchas entradas de recursos y servicios naturales a través del combustible, el oxigeno, el agua, los alimentos, la madera, los productos manufacturados, los minerales, etc. Estos materiales nos ofrecen muchos bienes y servicios vitales, y son procesados para reproducir y ampliar la población, los artefactos y el medio construido. Pero a la vez generan muchos tipos de residuos que se dispersan y acumulan colapsando las funciones digestivas de los ecosistemas (dióxido de carbono y otros gases dañinos, aguas fecales e industriales, basuras sólidas y detritos industriales, etc…).

Una de las características de les ciudades modernas es su insensata hipertrofia. Se muestra en el hecho de que sus metabolismos tienden a ser cada vez más grandes, más lineales y más omniabarcantes. Es decir, implican más y más presión y destrucción del territorio biofísico cercano y lejano. Irresponsablemente consumen más recursos naturales al tiempo que los residuos generados no se aprovechan y reutilizan de nuevo, violando con ello las pautas circulares propias de los ciclos de materiales presentes en la biosfera y en la vida en general.

 

Contrariamente, los ecosistemas vivos tienen un metabolismo circular y cíclico, lo que significa que cualquier emisión generada por un organismo se convierte en alimento y en un nuevo recurso que renueva y sostiene la continuidad reproductiva de todo el entorno viviente del que forma parte. Toda la red de la vida se mantiene así unida en un una delicada cadena de relaciones de cooperación y de beneficio mutuo mediante el constante flujo de nutrientes que pasa de un organismo a otro. Todo y todos se aprovechan creativamente. 

 

Pero el metabolismo de nuestras modernas ciudades es lineal e ilimitado. Se consumen, lesionan o agotan los recursos sin percibir ni tener en cuenta las afecciones que se generan en su origen y en su destino, ya que los residuos y las emisiones llevan consigo una enorme cantidad de productos y procesos biocidas que no pueden ser digeridos y eliminados por los ecosistemas.

 

En la gestión urbana de las ciudades en expansión ilimitada, los residuos y los recursos apenas se consideran conectados y en interdependencia holística. Les ciudades importan alimentos y productos que se consumen y se eliminan en forma de aguas residualesy basuras que van a parar a los ríos, al litoral, a las aguas subterráneas, a los ecosistemas y tierra de nadie. Es decir, las materias primas que vienen de la naturaleza y se combinan y procesan para a producir los productos de consumo, finalmente acaban degradadas y sin utilidad en forma de basuras dañinas que no pueden ser reabsorbidas por el mundo natural. Lo más habitual, es que los residuos acaben en algún vertedero que irradia por doquier lesiones socioambientales de todo tipo, y en el que los materiales orgánicos se mezclan indiscriminadamente con los metales, los plásticos, el vidrio y muchos residuos tóxicos. Este modelo lineal de consumo, de producción y de eliminación urbana socava la viabilidad ecológica general de nuestras ciudades porque tiende a romper los ciclos regenerativos y circulares de la naturaleza.

 

Mejorar el metabolismo urbano y reducir su huella ecológica obligará a cerrar los ciclos y los flujos. Los productos de desecho deberían de reconvertirse en nuevas materias primas valiosas para entrar en el sistema productivo mediante el reciclado cotidiano de materiales, como pueden ser el papel, los metales, el vidrio, el plástico. También será necesaria la conversión de la materia orgánica y de las aguas residuales en un compost que retorne los nutrientes de las plantas a las tierras de cultivo, y que a su vez alimentan las ciudades y a sus poblaciones humanas.

 

Por tanto, la gestión municipal y en coordinación con otras instituciones deberá hacer el tratamiento de los residuos urbanos dirigiéndose a las causas que los generan, a los procesos productivos y a los malos hábitos del sobre-consumo urbanita. Uno de los objetivos de la sustentabilidad general y de la ecología urbana en particular es evitar el bloqueo de la función asimiladora y de reabsorción que de formanatural está vitalmente presente en los ecosistemas. Es decir, que la cantidad, la cualidad y el ritmo de emisión y vertidos no lleguen a superar o colapsar la capacidad de los ecosistemas para absorberlos y metabolizarlos.

El mantenimiento de un máximo nivel de regeneración y de asimilación de los ecosistemas, es una buena guía para la transición hacia la sustentabilidad urbana. Ello exigirá un cambio radical de nuestras concepciones sobre los detritos urbanos, considerándolos como materias primas valiosas y no como a desechos inservibles.

 

Las ciudades de la actual era industrial y del petróleo generan una enorme y creciente huella ambiental que excede en mucho a su visibilidad directa, y a superficie de gestión y de administración. Sobrepasan los límites de su entorno inmediato mediante la obtención de recursos de lugares cada vez más alejados, hasta consumir y hacerse bulímicamente dependientes de los bienes y servicios naturales del conjunto del planeta.

 

La viabilidad o la sustentabilidad de nuestras ciudades podrá aumentarse si sus metabolismos se hacen circulares y si su huella ecológica destructiva se reduce. Por eso, es necesario y urgente que la cantidad de los recursos naturales consumidos se reduzca, y que nuestras necesidades y estilos de vida sean menos despilfarradores, más eficientes, y más circulares.

 

De la voracidad y desconexión ambiental

a la ecología urbana

 

Hoy día, nuestras alegres e irresponsables formas de vida urbana se acompañan con dormitivas y anacrónicas ideas sobre la naturaleza y la buena vida. Las representaciones sociales dominantes del mundo vivo pocas veces se ligan con nuestras realidades y experiencias cotidianas más inmediatas y palpables.

La urdimbre de vida que sustenta y convive con las sociedades humanas continúa siendo percibida socialmente como algo ajeno y alejado que no nos compromete directamente, aunque al mismo tiempo se reconozca su singularidad y valor. Desde estas mentalidades tan artificializadoras y trivializadoras como las nuestras, la naturaleza y sus frágiles procesos de interdependencia presentes hasta en nuestros propios cuerpos, se suelen invisibilizar, devaluar o reducir a lugares acotados, exteriores y desvinculados de las dinámicas e identidades sociales individuales y colectivas.

Nuestro estilo urbano de convivir, tiende a construir una extraña percepción sobre la naturaleza. Se concibe como algo exterior e independiente, o como rígidamente acotada y ajena. Pero paradójicamente también es vista como algo de gran de valor y estima. Este artificial extrañamiento para con la naturaleza se acompaña a la vez de cierto aprecio social.

Nuestras percepciones ambientales se apoyan en un doble nudo paradójico de devaluación y dignificación que está presente en las representaciones mayoritarias sobre un área rural, un bosque, una zona húmeda, un río singular o un parque natural.

Esta autocomplaciente desconexión con el mundo natural, desarrolla motivaciones y rutinas prácticas que realimentan el inmenso muro cultural y ideológico que separa y niega las relaciones y el constante diálogo entre nuestras actividades y los procesos naturales en nuestra experiencia cotidiana. Somos sordos habitantes de una misma casa compartida con innumerables criaturas y ecosistemas. Convivimos en la trama de la vida cómo urbanitas enraizados en una inmensidad de vida que palpita, aunque no se nos muestre fácilmente ni tengamos conciencia clara de ello.

Nuestra cultura y sentido común práctico tiende a invisibilizar las cualidades y necesidades de los sistemas naturales implicados en cualquier acción humana o en cualquier proyecto de desarrollo. Estas cegueras productivistas en sus versiones más neo-desarrollistas obvian que nuestras actividades urbano-industriales actúan como potentes agujeros negros destructores de todo tipo de recursos naturales valiosos que se consumen en el contexto de un planeta físicamente frágil y limitado. El gigantismo devorador de nuestras formas de vida urbana, aunque no tenga claros parámetros de contabilidad pública o institucional, está hoy en el origen de la mayoría de los problemas globales de supervivencia ecológica.

Las opiniones ambientales mayoritarias que declaran estar a favor del cuidado y de la protección ambiental tienen la peculiaridad de que participan de esta escisión fundamental, y esto señala un rasgo característico de las subjetividades modernas. Por un lado, valoran abstractamente la conservación de la riqueza natural y son capaces de concretar sus preferencias de cuidado ambiental sobre algún espacio natural cercano y reconocido por su flora, fauna o paisaje. Pero por otro lado, estas sensibilidades no acaban de concretarse en cambios prácticos y compromisos cotidianos. Desde este doble y auto-contradictorio sistema de valoración y normas: ambientalismo para los discursos y productivismo para las prácticas, las actitudes sociales mayoritarias acaban ignorando prácticamente o aceptando cómo víctimas pasivas las lesiones y peligros ambientales más destructivos.

Es decir, la gente desea la preservación general de un medio ambiente vivo y saludable, en algún lugar, de alguna forma abstracta e ideal como aspiración, pero no son tan firmes como para iniciar cambios y compromiso prácticos coherentes, individuales o colectivos. La conciencia ambiental mayoritaria está atrapada en este dilema que acaba siendo resuelto a favor de un productivismo práctico. Dada la imposibilidad de cumplir a la vez un doble mandato cultural y normativo con carácter antagónico e incompatible en el terreno práctico (conservar y consumir a la vez), como salida de esta paradoja optan por la inercia productivista y por la inhibición ambiental práctica.

Parece que las múltiples ofertas del mercado intercultural moderno y el fuerte apego a las necesidades del libre sobre-consumo refuerzan la construcción de subjetividades y de actitudes desconectadas del mundo vivo en nuestras experiencias cotidianas. Algo así como el querer defender a los animales y a las plantas junto a un entorno humano más íntegro, sano y conservado, pero a la vez sin querer moderar o renunciar al gran banquete diario de nuestras ricas ciudades del norte. Contrariamente, unas prácticas ambientalmente orientadas habrían de obligarnos a nuevos compromisos y eliminaciones de rutinas prácticas ecológicamente insensatas e inadaptadas.

Por tanto, la pasividad y la ambivalencia ecológica es la actitud social mayoritaria como salida dada a este dilema por parte de la sobre-consumidora ciudadanía rica mundial. Significará en lo práctico una opción biofísicamente autolesiva. Es decir, una insensatez pragmática que se guía principalmente por parámetros y motivaciones instrumentales y consumistas sobre el propio comportamiento, y sobre el bienestar, la mejora social y el futuro. 

 

¿Cómo podremos salir de este atolladero?...

 

La nueva política urbana

 

Supervivencia, suficiencia, equidad, diversidad, democracia

Seguramente, cualquier planteamiento futuro de cambio que busque compatibilizar la justicia y la sustentabilidad, tendrá que descansar sobre una nueva cultura y política verde de suficiencia que comporte una nueva actitud guía a favor de la convivencia con la vida.

Una cultura y moral práctica de preservación y cuidado de la Tierra tendrá que adoptar nuevos criterios de protección y respeto hacia los límites regenerativos y hacia la conectividad y el apoyo mutuo de los ecosistemas naturales. Una cultura ecológica basada en los principios de supervivencia, suficiencia, equidad, diversidad y cooperación, se enfrenta a la delirante desconexión que se da entre nuestra gran fiesta devoradora urbana y las mutaciones socio-ecológicas que hoy envenenan el aire, los suelos y los recursos vitales de la Tierra. Hoy la experiencia humana en el mundo abarca nuevos campos de peligros e incertidumbres fabricadas y desconocidos que amenazan la vida y bienestar de las gentes cercanas y lejanas.

En el origen de gran parte de los problemas ambientales que sufrimos está precisamente el voraz modelo de urbanismo, producción, consumo y excreción de nuestras ciudades, y sus tendencias de expansión y colonización ilimitadas. Sin embargo, la dominante y estrecha visión de la rentabilidad económica a corto plazo que habita bajo los motivos principales de todo tipo de proyectos de desarrollo, casi siempre arrincona estas cuestiones centrales que una verdadera opción por la habitabilidad urbana habría de tener en cuenta. La omnipresente obsesión por el crecimiento y la competitividad económica eclipsa constantemente el debate en torno a los fines, las consecuencias y peligros sociales y ambientales que acompañan a los proyectos de desarrollo urbano.

La mayoría de los municipios del territorio español han comenzado a desarrollar algo que podríamos llamar un ambientalismo desarrollista, aunque carecen de una estrategia global de carácter socioambiental quepueda afrontar con mínimo realismo la insostenibilidad crónica de nuestros pueblos y ciudades.

Ponen en práctica tímidas políticas ambientales que se caracterizan por ser testimoniales, sectoriales, desconexas y cosméticas, aunque puedan servir de retóricas legitimadoras ante la opinión pública y los votantes. Sobre todo, este embrionario ambientalismo público dista mucho de poder responder a las necesidades de las crisis ecológicas locales y globales que padecemos. Actualmente, las concejalías de medio ambiente no suelen ser ni las áreas más determinantes ni las mejores dotadas. Si alguna vez llegan a realizarse actuaciones de más peso ambiental, suelen ceñirse a problemáticas muy sectoriales, aisladas y contradictorias con el resto de la gestión pública.

Muchas de las adhesiones a la Carta de las Ciudades y Pueblos europeos a favor de la sostenibilidad se acompañan de una total falta de voluntad política por parte de los gobiernos municipales en redactar y poner en marcha las Agendas 21 locales. La experiencia de implantación de las Agendas 21 muestra, que aunque a veces se hayan constituido interesantes foros de concienciación y participación ciudadana, en lo principal, no han servido para reorientar o redirigir significativamente las tendencias destructivas globales y locales. Los consejos locales de medio ambiente carecen de las competencias y los medios de intervención en el territorio si se comparan con los recursos que tienen otras áreas, como pueden ser las comisiones de urbanismo que en lo real son las que diseñan la expansión urbanizadora indiscriminada. La planificación urbanística municipal marca actuaciones y políticas que suelen ser ignorantes y hostiles hacia los problemas socioambientales. Los discursos públicos de políticos y técnicos, y las políticas económicas o urbanísticas de nuestras ciudades, continúan obviando las agresiones a la sustentabilidad urbana local y sus contribuciones a las mutaciones ecológicas de carácter gaiano.

Urge ampliar estas estrechas políticas ambientales para transversalizar y problematizar ecológicamente las decisiones municipales de todo tipo bajo las exigencias de la condición ambiental y de la integración de los indicadores económicos, sociales y ambientales. En lo macro y en lo micro, en lo social, en lo cultural y en lo económico, han de hacerse presentes las exigencias ambientales de salud y habitabilidad. Como por ejemplo podría ser la apertura de un Centro comercial; el trazado de una calle; las normas de construcción y diseño urbano; el mobiliario, el diseño arquitectónico y la intendencia del consumo ordinario de todo tipo de centros e instituciones; la toxicidad y tipo de materiales utilizados en la construcción, el mantenimiento y el uso de edificios públicos; el tipo de alimentación que se suministra a instituciones como pueden ser los colegios y centros sanitarios; la urbanización y ajardinado de espacio público ciudadano; la densificación motorizada del transporte y la movilidad; la ordenación del tráfico y los aparcamientos; el comercio local y los mercados municipales; la política fiscal, etc.

A diferencia de otros países europeos en donde actores colectivos, la ciudadanía afectada o los partidos verdes más fuertes han ido colocando la sostenibilidad urbana en el corazón de los debates públicos, el escenario de la política municipal de nuestros pueblos y ciudades ha carecido en general de sujetos colectivos fuertes y visibles capaces de situar la centralidad de la ecología urbana entre las opciones posibles y deseables.

Lamentablemente, el actual sectorialismo ambiental está muy lejos de convertirse en un proyecto posible de sustentabilidad. Es decir, estamos aún lejos de la necesaria transición hacia la modernidad ecológica mediante nuevas guías políticas verdes capaces de enmarcarar y de condicionar al resto de prioridades, y al conjunto de la actuación municipal.

Aquello que se entiende como el medio ambiente sigue siendo percibido de manera muy superficial y trivializada. Es decir, se suele añadir como un simple tema más o como un problemas a añadir a una larga lista de actuaciones sectoriales que se adicionan y suman al tiempo, pero de forma apilada y sin coherencia intersectorial entre cada una de las políticas y áreas de intervención. Esta concepción de medio ambiente sectorial carece de posibilidades de alterar o cuestionar significativamente las prioridades del resto de políticas, que son definidas exclusivamente bajo parámetros alejados de los datos o indicadores de salud ambiental.

Desde nuestra sensibilidad y opción a verde a favor de la vida apostamos por una vida ciudadana en paz con el planeta. Por ello, las propuestas de la sustentabilidad urbana y global tienen que ganar terreno y salir del gueto en el que han sido secuestradas. Han de colocarse al centro del debate social y político. Las principales preocupaciones ecológicas tendrían que ampliarse y resituarse para impulsar cambios en nuestro entorno más inmediato y en nuestros hábitos más cotidianos. Fijémonos en la vivienda, la calle, el barrio, la comida de cada día, el mercado y el comercio cercano, los parques y huertos interiores, la agricultura periurbana, o los núcleos históricos engullidos. Fijémonos en nuestros movimientos y actividades de cada día. La ecología actúa en la cotidianidad y conecta nuestros espíritus, mentes y cuerpos.

De la “limpieza final de tubería” y la eficiencia a la suficiencia

La mayoría de las políticas urbanas que acaban definiendo y destruyendo irreparablemente las condiciones biofísicas del territorio aplican un sectorialismo ambiental que global y funcionalmente tiene consecuencias muy limitadas e insuficientes. Se limitan a combatir la contaminación destructiva sin acabar nunca con ella mediante un tipo de estrategias de “final de la tubería ”.

Este modelo parcelador y reduccionista afronta las consecuencias de la suciedad y destrucción originadas por las sociedades industriales, tan sólo mediante un poco de limpieza al final de los procesos de producción y consumo. No cuestiona los procesos, la escala ni las causas. No las ralentiza, disminuye o frena, debido a que no interviene en los orígenes y procesos globales que retroalimentan la degradación ambiental. Por tanto, apenas pueden incidir en la escala ni en la aceleración de la destrucción de los sistemas naturales con sus pérdidas cualitativas y cuantitativas de diversidad biológica y de servicios ambientales imprescindibles.

Con el paso del tiempo las limitaciones de éstas políticas se han hecho más que evidentes, ya que se muestran económicamente muy costosas y cada vez más ineficaces ante la creciente multitud de destrucciones y riesgos que se acumulan y amplían. Peor aún, ayudan a alimentar la ilusión del tecno-optimismo en la percepción y actitudes sociales mayoritarias: todo está bajo control y podemos seguir seguros con nuestra alegre vida de despreocupación y despilfarro.

Si realmente se optara por avanzar hacia la habitabilidad urbana sería preciso volver la atención desde el fin al comienzo, desde los vertidos y residuos a los procesos y los ciclos transformativos de la economía, la extracción, la producción, la distribución, la venta y el consumo. Tendríamos que enfocar nuestra mirada a las toneladas de energía, materiales y mundo vivo que continuamente se lesionan o se degradan a consecuencia de nuestro consumo y forma urbana de vida, y que además comportan huellas destructivas en otros lugares alejados. Hay que recordar que la mayoría de los problemas ambientales derivan de la mega-escala y del volumen total y creciente de recursos naturales consumidos. Lo que viene a ser una gigantesca máquina trituradora de cualidades y funciones vivas diversificadas que se debilitan, reducen o pierden a mucha velocidad en ciudades tan voraces como las nuestras.

Es decir, el ineficaz ambientalismo final de tubería se apoya en la ideología de la eficiencia tecnológica como panacea para dar soluciones y obtener credibilidad social. Según estas ideologías del optimismo tecnológico, todos los problemas se pueden resolver con el aumento de la mejora técnica o con la sustitución de los recursos ambientales por artefactos sustitutivos. Pero desgraciadamente, la mayoría de la mejora ambiental o del ahorro local de recursos naturales producido por éste modelo insuficiente de eco-eficiencia se elimina con creces debido al paralelo aumento global del consumo de los bienes biofísicos.

Hoy día, la posible viabilidad de las políticas ambientales ha de tener en cuenta las dimensiones y procesos implicados en el espacio y el tiempo singulares, sometidos a la aceleración y el gigantismo. De poco nos serviría hacer un coche más limpio, si el volumen total de motorización y los gases tóxicos de combustión se disparan. Estaría muy bien el instalar techos solares, pero si la demanda energética sigue creciendo tan rápidamente como ahora, poco o nada avanzamos frente al cambio climático. Eficiencia, sí. Pero, suficiencia, también.

La ecología no es una simple cuestión de ajuste técnico ni de limpieza higienista o jardinería de retoques, para que todo siga igual o peor globalmente. Es más bien una apuesta profunda y urgente de cambios locales y globales en todos los campos sociales.

De la ciudad global a los derechos de  la salud planetaria 

El modelo de ciudad global se apoya en su expansión inacabable e ilimitada territorialmente, con pautas de sobre-consumo fagocitario de recursos foráneos de todo tipo. La ciudad global funciona también como una potente y petrificada ideología a favor de las demandas de la globalización y desregulación económica. Este modelo de ciudad aumenta dramáticamente las presiones y la explotación sobre cada rincón físico y social del mundo.

La cada vez más pesada “huella ecológica” de nuestras ciudades constituye un yugo asfixiante sobre el capital natural del planeta y sobre las oportunidades humanas de futuro. Las inmensas demandas y sobre-consumo de recursos por parte de nuestras formas urbanas de vida provocan huellas sobre-explotadoras cada vez más profundas y anchas, ecológicas y sociales, cercanas y lejanas.

Uno de sus resultados históricos del sobre-consumo y estilos de vida urbana es la liquidación masiva de las sociedades agrarias tradicionales y su sustitución por megalópolis insaciables, y en constante crecimiento en muchos lugares del mundo. Parece que se cumple una regla de juego endemoniada: cuanto más parisitarias sean las ciudades, más estresadas y deterioradas estarán las zonas rurales y ecosistemas que se ocupan de satisfacer las necesidades primarias y la imprescindible regeneración de la vida urbana. Las modernas formas urbanas de ocupar y construir sobre el territorio están destripando montañas, secando ríos y esquilmando la biodiversidad a una escala y velocidad sin precedentes históricos.

Cada vez más se muestra como evidente la imposibilidad física de repetir con éxito la experiencia urbana del Norte a escala mundial. El actual modelo de ciudad actúa como un cáncer devorador al estar basado en el sobre-consumo y en la creciente separación y alargamiento de distancias entre los diferentes usos y actividades. Sus formas de intercambio dan prioridad a los ciclos abiertos y despilfarradores de materiales y energía en sus relaciones con los recursos y ecosistemas, y de los que extraen constantemente bienes y servicios que consumen. De seguir obviando las constricciones físicas infranqueables, el colapso de seguro estará garantizado en una Tierra limitada y frágil.

Una ciudad sólo puede ser llamada sustentable, democrática y justa, cuando las premisas en que se basa su comportamiento pueden ser copiadas y servir para la vida y continuidad de todas las ciudades del mundo. En cambio, el inmenso e inacabable consumo lineal de energía y recursos junto a la inflación de detritos producidos por parte de las ciudades de Norte, no se puede extender a todas las ciudades del mundo. Porque simplemente no hay recursos naturales suficientes para poder abastecer este desigual y lujoso despilfarro.

Hoy la defensa de derechos universales básicos ha de ser compatibilizada con los nuevos derechos a favor de la salud conjunta de nuestros cuerpos y el cuerpo del planeta, cuestionando con ello algunos de los supuestos centrales de la modernidad ilustrada e industrial. El mantenimiento de modelos urbanos de consumo ilimitado en el Norte imposibilita cualquier apuesta viable por la supervivencia y la igualdad de derechos universales de ciudadanía para el presente y para las futuras generaciones.

Esto debería sugerir que cualquier defensa de la supervivencia colectiva y de la justicia social y ambiental a escala planetaria, implicaría una seria transición hacia la moderación y la equidad.

En otras palabras: la actual globalización económica no es sólo criticable por ser injusta y desigual, sino que también es criticable porque es sencillamente imposible llevarla a término. Aunque hubiera un reparto social más equitativo de los frutos económicos que promete, igualmente nos llevaría a la humanidad hacia un callejón sin salida por su propio carácter radicalmente descontrolado, gigantesco y devorador del mundo físico planetario.

De la resistencia global a la localización

La inestabilidad y desigualdad generadas por la actual globalización económica ha parido a miles de resistentes ruidosos que insisten y repiten una y otra vez: “Otro mundo es posible”. No sólo es posible sino que ya se está haciendo.

Miles comunidades y grupos por todo el mundo están descubriendo alternativas propias para la revitalizar las economías locales que proporcionan más igualdad, más cohesión social, más democracia y más protección ambiental, algo que no pueden ofrecernos el reino de las multinacionales. Este enraizamiento en la proximidad de los flujos de dinero y los recursos para el tejido social y económico local, favorece el apego y enriquecimiento de los intercambios humanos adaptados a las necesidades propias, y al cuidado local de personas y naturaleza.

La localización significa cuestionar la hiper-competitividad y la lucha de todos contra todos. Supone optar contra la lógica del “mendigo tu vecino” y pasar a la lógica de “mejora tu vecino”, de forma tal que de preferencia a lo local y que a la vez fortalezca a las pequeñas empresas, la vida comunitaria, la naturaleza y las personas. Esta forma de indigenismo enraizado potencia las ideas del comercio justo y sustentable para promocionar una economía que integre los objetivos sociales y ambientales. Se trata de dar prioridad a la producción y venta local, fomentando su variedad y su diversificación. Favorece la creación de una nueva estima con lo propio y el lugar por parte de unos consumidores responsables que valoran la proximidad, la calidad ambiental, la diversidad y protección cultural como factores claves en sus decisiones de compra y estilos de vida.

De la aceleración a la parsimonia

Hoy las ciudades son templos de adoración de la velocidad. Una de las máximas incuestionables por parte de las políticas municipales es creer que es siempre deseable el incremento de la velocidad en cualquier forma de intercambio mediante el crecimiento imparable de las distancias y del espacio entre usos y actividades. Numerosas experiencias cotidianas son reguladas por ritmos urbanos que nos imponen una velocidad y rapidez extraña a nuestras necesidades básicas.

La tiranía de un único tiempo mecánico y productivo y de sus normas sociales de consumo atraviesa numerosas experiencias cotidianas, que van desde la autovía al fast food. La cultura consumista del usar y tirar acorta y acelera tiempo de vida de los objetos y nuestra relación anodina con ellos. Pero esta concepción uniformadora y homogénea del tiempo en la ciudad es realmente un abuso de poder al ser ciega e intolerante con los tiempos y ritmos pausados de nuestras experiencias y nuestros cuerpos. El imperialismo de los tiempos acelerados no se corresponde con los tiempos y ritmos plurales de la materia y la vida. El dominio de las prisas y de la rapidez ha reducido nuestras posibilidades de tener una conexión y comprensión visual, temporal, sensible, reflexiva y afectiva con los lugares y valores urbanos.

Así, es hoy difícil adquirir la experiencia y el aprendizaje parsimonioso que dan sentido e identidad a los espacios comunitarios e históricos de la ciudad. Con distancias más largas y velocidades más altas, prácticamente todo (la arquitectura, los edificios, los árboles, las plazas, las calles, la agricultura periurbana, los objetos de consumo) tiende a trivializarse y a padecer la desconexión natural y la insignificancia social. Todo el medio urbano parece estar llamado a convertirse en un no lugar y en un lugar de paso, efímero y mudo en sus posibilidades sociales de reconocimiento, estima y diversidad creativa.

Las zonas históricas y rurales de la ciudad que se mueven con otros significados y con pasos más lentos, son las que sin apenas capacidad de resistencia acaban siendo marginadas y deterioradas. La aceleración y las largas distancias fomentan un universo de insignificancia social lleno de extraños y de miedo. En cambio, la proximidad corporal y sensorial ayudan en la construcción del sentido y las subjetividades conectadas y responsables con la propia ciudad.

La parsimonia de los ritmos lentos y las distancias cortas reivindica otro modelo de ciudad. La velocidad más pausada, las distancias más reducidas, la alta conectividad, eliminan las crueldades y las insignificancias que caracterizan la vida cotidiana de muchas personas y colectivos.

Enraizar las relaciones sociales cotidianas en los ritmos propios del lugar, del barrio y el medio ambiente urbano local y cercano, nos puede ayudar a orientarnos. Algunos grupos sociales como pueden ser l@s niñ@s, los mayores, muchas mujeres con trabajo centrado en la vida doméstica reclaman e inventan otros tiempos más lentos acordes con la pacificación urbana, lo que conllevaría menos destrucción de la habitabilidad ambiental, menos peligros, más sociabilidad y enriquecimiento cultural, y un mayor bienestar y disfrute de la vida.

La necesidad de respeto y de tolerancia ecológica nos exige pasar del fast food al slow food como forma alternativa de vida ciudadana que incorpora otra valoración de los diversos tiempos de nuestra experiencia. 

De los “no-lugares” a la ciudad sentida y con sentido

Muchas ciudades se han lanzado a la competitividad y a la construcción inacabable de más y más “no-lugares” homogenizados y carentes del sentido para la apropiación identitaria de los urbanitas. Son ideados como emblemas de modernidad que convierten en arcaicos y desechables los lugares históricos, renegando de sus hábitos culturales y de su propia historia retratada en las piedras y trazados de la ciudad antigua. En el monocultivo uniformado de los espacios comerciales, residenciales o de ocio, difícilmente se puede crear identidades singulares y convivencia ciudadana cuando sobre todo se ofrecen experiencias de soledad y similitud anodina. Parece que desde la mentalidad de políticos y técnicos se proyecta la ciudad como si fuera una variación más de las terminales de los aeropuertos, de las estaciones de trenes o de los parques temáticos.

Las políticas del neo-desarrollismo urbanizador impulsan el edificio Prima-dona alimentando una continuada sustitución y eliminación de los lugares urbanos significativos y multi-funcionales que fomentan una variedad de usos sociales interconectados y de relaciones sinfónicas capaces de establecer continuidad e identidad en lo diverso: conectando las dos orillas incomunicadas de lo social y lo natural.

Hoy, este estilo monumental y heroico en sus dimensiones físicas y simbólicas constituye un lujo despótico propio de faraones. Carece de posibilidades para hacer puentes y reconocimiento entre las identidades sociales y el medio físico-natural. Actúan como pozos negros y heridas incisivas en la ciudad con muchas variedades en sus formas urbanas, que demandan todo tipo de recursos públicos. Este urbanismo de desprecio basado en la cirugía del edificio singular es incapaz de facilitar cosmovisiones de arraigo y aprecio con el conjunto de la ciudad. Su fuerza simbólica está en la desconexión y pérdida de contacto con la urdimbre material y social de la ciudad, y con las posibilidades creativas de bienestar que nos ofrece la vida urbana.

Las relaciones urbanas de encuentro, reconocimiento y memoria son sepultadas bajo la voracidad de los grandes espacios monofuncionales y de los bloques asépticos y monocromáticos. Hoy, por muchas ciudades grandes emergen idénticos engendros arquitectónicos de carácter 

autoritario que obvian y maltratan sus contextos sociales y naturales. El gigantismo de los centros comerciales acampa por las afueras urbanas expandiendo desiertos de aparcamientos y de densa movilidad motorizada. Es la repetición monocorde de los mismos carteles luminosos de las tiendas de franquicias, de las oficinas que escupen a sus usuarios intermitentemente a horas fijas y los dirigen a las idénticas carreteras, túneles y autopistas urbanas que empobrecen imperativamente nuestra experiencia y vida cotidiana.

La preservación del patrimonio urbano cultural y natural, la mezcla de actividades variadas y la delicada mejora, paso a paso, del tejido ambiental urbanístico existente (donde la gran mayoría de los edificios deberían ser dignos miembros del coro en lugar de tener un único protagonista o edificio de autor) son algunos requisitos para la cohesión social y la sustentabilidad. Los valores y servicios ambientales suelen ser perceptibles social y culturalmente cuando son contextualizados y localizados en un marco de relaciones con sentido y utilidad para sus habitantes. Las políticas a favor de la vida y la ciudadanía evitan los sobre-consumos destructivos y socialmente estratificadores, y van en detrimento de lo pesado, lo compartimentado y lo homogéneo como normas de diseño y ordenación urbana. Significará huir de los confinamientos de todo tipo construidos a base de cemento, asfalto y largas distancias. El urbanismo ha de rechazar el totalitarismo de lo económico. No sólo ha de ser funcional y contemplativo, también ha de posibilitar la expansión de las posibilidades de bienestar, memoria y religación social.

Los políticos y planificadores urbanos habrían de comprender que junto al diseño y la ordenación urbana se traman posibilidades socializadoras y de reapropiación subjetiva por parte de las personas y grupos. El suelo de una ciudad no es un papel en blanco donde se trazan unas líneas formales y espacios inertes, sino que en ella pervive una trama vital ciudadana que respira y es el hogar de múltiples culturas humanas complejas y sensibles.

De la invisibilidad de los procesos vivos al paisaje urbano complejo

Los problemas ecológicos suelen ser invisibles al ojo del urbanita. Cuando las patologías de salud ecológica suben a la superficie después de estar un tiempo inmanentes e incubadas, a menudo se llega tarde. Ante la amplitud e irreversibilidad de los daños resulta imposible hacerles frente de forma eficaz. Las ciudades con más “éxito” e incluso, las más “limpias y aseadas” pueden serlo sólo en apariencia, porque ocultan sus patios traseros. Externalizan sus indecentes residuos destructivos que vierten sobre Otros. Los pequeños pueblos, el mundo rural, otros países y ecosistemas próximos y lejanos son las víctimas de las políticas urbanas dominantes. Como consecuencia los peligros ecológicos siguen creciendo y acechando aunque no se vean, ni se huelan, ni se sientan inmediatamente.

En una vida urbana frenética orientada a aumentar las distancias se acaban invisibilizando los flujos y conectividades propias y singulares de los metabolismos vitales que nos unen al resto del mundo material. Se esconden los pausados ciclos de la naturaleza y su regeneración cíclica. ¿A donde va el agua y la basura ¿ ¿De donde provienes los vegetales y alimentos? ¿Qué hay debajo de la calle y del asfalto? ¿Qué efectos tienen los humos de los coches y sus miles de elementos químicos tóxicos?

Lo que no se ve directamente puede que sí exista. Esta máxima implica una sencilla sabiduría ambiental. Quizás necesitemos crear unas historias sociales y culturales para poder marcar con señales y ritos inteligibles el paso vivo del mundo biofísico que comparte nuestra casa urbana. Puede que tengamos que indagar y aprender relacionarnos con la huella vital invisible que palpita y se adhiere a nuestros intercambios cotidianos, a las mercancías y a nuestras compras, a los deshechos y al paisaje urbano, a las huertas y campos de las afueras urbanas, a los acuíferos que corren bajo nuestros pies, al aire que respiramos.

Necesitamos nuevas políticas culturales a favor de conexión ambiental y la sustentabilidad para dar forma y nombres con los que representar inteligible y plásticamente el continente de flujos naturales y de servicios valiosos que nos ofrecen.

Del monocultivo a la multiculturalidad ecológica

¿Cómo podrían ser las ciudades sustentables? … 

Quizás podríamos pensar en una ciudad que aceptara la reducción de uso de recursos naturales como el marco de toda acción, motivación y sentido.

¿Pero como se puede concretar esta propuesta? ¿Porqué van a querer las personas y grupos limitarse en su alegre fiesta devoradora de suelo, agua y otros recursos ambientales valiosos y escasos?

¿Cómo se puede crear una nueva cultura ciudadana basada en la eficiencia, la moderación y la suficiencia ecológicas?

Hay una multitud de respuestas posibles para crear culturas urbanas sostenibles en sociedades complejas y multi-estructuradas. En nuestras ciudades, al igual que ocurre en la condición humana y natural, la diversidad y la singularidad son una fuente de abundancia y de riqueza constituyente e inevitable. No existe un punto único con capacidad totalizadora para la observación y la acción desde el cual se pudiera ver o determinar a toda la sociedad en su conjunto. No hay ni es democráticamente deseable un único centro de control institucional desde donde se pueda programar e intensificar los cambios profundos que necesitamos.

La política verde carecerá de eficacia y de aceptación social si no conlleva un proyecto cultural de sentido alternativo que favorezca una diversidad de estrategias y la construcción de nuevas subjetividades de religación con nuestras posibilidades y nuestro lugar en la naturaleza y en el cosmos.

Las verdaderas transformaciones sociales son moleculares y suceden diversamente cuando muchas personas establecen distintas prioridades en sus relaciones y en los campos sociales grandes y pequeños en los que actúan, estableciendo así nuevas rutinas y pautas de acción a pesar de los conflictos y contratiempos que surjan.

El multiculturalismo sostenible de nuestras ciudades aunque embrionario, es emergente y proteico. Puede tomar auténtico cuerpo con la potenciación social e institucional de iniciativas variadas a favor de nuevas éticas y estéticas de suficiencia ecológica que desarrollen formas de cuidado y estima alternativas y antagónicas al monocultivo cultural del la ideología maquinística. Estas nuevas energías sociales ya están presentes como semillas vivificadoras en muchas y diversas iniciativas individuales y colectivas que como luciérnagas nos pueden iluminar el camino.

De las limitaciones ecológicas a las oportunidades de buena vida

Reconocemos que la tarea de soñar un estado de cuidado y renovación material óptimo es difícil y nos enfrenta a la no erradicable incertidumbre y complejidad de cualquier ideal político, urbanístico o tecnológico. Pero, la agenda verde y sus ideas pueden tener éxito y reconocimiento social aunque apuesten por la suficiencia y la moderación de la voracidad faústica de nuestras ciudades.

Las metas de la sustentabilidad asumen un saber más genuino sobre el mundo real y sobre nuestros campos sociales de experiencia. Sus ideas verdes son opuestas a la trivialidad y falsedad de los imperativos economicistas y de las nociones al uso de expertos y tecnócratas. Constituyen un saber más profundo y genuino sobre lo real, al tiempo que conforman nuevos campos culturales y se sentido que alumbran y comprenden mejor nuestra condición y experiencias. El pensamiento ecológico nos ayuda en la deliberación sobre el mejor camino y sobre las verdades útiles, pero sin olvidar nuestra inevitable participación en un orden cósmico y natural.

La ecología tiene la capacidad de revelación de nuestro lugar en el cosmos al recordar que la materia viva tiene un lugar central en nuestras formas de vida, y no es reducible a un mero recurso o producto a manipular o convertir en artefactos y objetos. No hay autonomía ni desconexión posible de las máquinas y objetos de consumo que fabricamos, por lo que nuestra responsabilidad y moral práctica habrá de tener en cuenta este gran continente vivo y negado, junto a las metáforas y discursos productivistas que lo impulsan. El fascinante modelo mecanicista de acción y ordenación de nuestras vidas y ciudades constituye una potente ideología que se autopropulsa, aunque carece de posibilidades da manifestar los rasgos centrales de nuestra condición humana en el mundo. Su poder de manipulación y engaño es tan grande como su poder de negación y obstrucción de posibilidades creativas y de otras formas de vida ciudadana.

Las aparentes limitaciones de la condición ambiental y la precaución que ha de incorporar toda política sustentable, son en realidad nuevas oportunidades para crear una mejor y sana vida. Es posible apostar por una ética ecológica junto a una estética a favor del placer y disfrute de la vida. Una estética que incorpore una manera nueva de organizar nuestras experiencias con el mundo construido de la ciudad alejándonos de las formas heroicas y guerreras. Una vida urbana realizada desde valores a favor de la vida y la búsqueda del bienestar, y basada en la convivencia y religación con el mundo sensible y con las necesidades de conexión emocional que habitan en nuestros cuerpos y en el cuerpo de la ciudad.

Los valores y prácticas ambientales pueden responder a valores sociales atractivos y buscados, como son los identificados con la salud y el disfrute, el placer, y la mejora social individual y colectiva. Buena vida y vida buena pueden ir juntas. La buena comida, la calle pacificada y sugerente, la conversación, el paseo, y el encuentro inesperado pueden guiarnos en esta búsqueda cotidiana. Los mercados pueden ofrecer una comida más variada, fresca y local, que además de ser más nutritiva y sana para los consumidores también es más justa con los productores. Unas calles más lentas, cómodas, seguras y sociables son más apreciadas por los urbanitas. Unos entornos urbanos esmeradamente cuidados y respetados en su singularidad y en sus valores rurales y ambientales pueden enganchar mejor con nuestras necesidades vitales.

Es posible hacer florecer una vida urbana vibrante y más enriquecida. Pero las cifras y las estadísticas sólo hasta cierto punto pueden ayudar al cambio. Los números no mueven corazones. No es muy probable que unos objetivos fundamentados exclusivamente en la reducción del consumo de recursos levanten mucho entusiasmo entre la gente. ¿Qué tipo de placer puede derivarse de los números y las estadísticas?

Numerosos aspectos sorprendentes de la naturaleza están en constante comunicación y diálogo con nuestras vidas, y no se dejan atrapar en cifras ni en datos objetivos. Son los sonidos, los colores, los olores, los sabores, los deseos se quedan fuera de los números y de los fríos datos producidos por los técnicos y economistas del maldesarrollo.

Además, sólo cuando las mutaciones ecológicas se comprenden como un proceso histórico y cultural que tiene que ver con nuestros deseos y necesidades más intimas, se puede comenzar a encontrar salidas para nuestras sociedades ahogadas en la crisis del sobre-consumo. Así, mediante el instrumento cultural podemos convertir las metas cuantitativas de la sustentabilidad en objetivos cualitativos deseables y buscados por la mayoría de las personas.

Porque sólo un movimiento social con alma y enraizado en cada lugar significativo incitará las mutaciones urbanas necesarias y urgentes. Hay que inventar nuevos cursos de acción verde y de cambio cultural en todos los sectores de la vida política, ciudadana, académica y económica. Es preciso comenzar a hablar de una nueva ética urbana pero también acompañada de una nueva estética del disfrute y la buena vida que pueda convivir con la suficiencia, precaución, responsabilidad, justicia, la protección y el cuidado.

También una estética a favor de la calidad local es necesariamente parte del desarrollo rural y urbano hacia la sustentabilidad. Nuevas experiencias basadas en una economía y bienestar verde, y enraizadas en el lugar, pueden apostar por la durabilidad regenerativa de objetos y territorios. Significaría optar por la preservación y el cuidado de ecosistemas y de variedades vegetales y animales locales, de los productos naturales y de las actividades artesanales, de una nueva economía y desarrollo local ajustado y respetuoso con la exigencia ambiental. Es posible avanzar hacia nuevas economías sociales y naturales basadas en la recuperación y la renovación mediante actividades culturales creativas que operen bajo los criterios prácticos verdes de reutilización y reparación.

 

Las personas se mueven por razones, pero también por gusto y goce. La sustentabilidad urbana debe motivar la mente y favorecer la autoreflexividad, pero también debe favorecer el flujo de nuestros sentidos y sensibilidad. Seguramente, con buenas dosis de imaginación podemos convertir la necesidad en valores apreciados, y convertir los limites en múltiples puertas a la buena vida común.

 

Una nueva urbanidad ecológica para nuestros pueblos y ciudades ha de cuestionar algunas de las premisas básicas de nuestro modelo urbano basado en la voracidad y la desconexión con el mundo natural y con el planeta interior que palpita en nuestras urbes. Es decir, algo que es tan compulsivamente seductor como insostenible. Esta necesaria ecología urbana nos sugiere las muchas posibilidades prácticas que darían un viraje profundo a nuestras culturas ciudadanas en la dirección de un futuro más vivo, verde y solidario.

 

David Hammerstein

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