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Los Verdes

18 janvier 2014 6 18 /01 /janvier /2014 14:06

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Es una obviedad que el actual contexto social de la crisis se impone muy duramente e injustamente para muchas personas pero esto no explica en absoluto la sorprendente emergencia de una “rebelión vecinal” en la ciudad de Burgos. Seguramente hay aspectos del procedimiento y del contenido del proyecto de obras del bulevar que son muy discutibles y algunos modificables y mejorables. Sin embargo, tengo grandes dificultades para encontrar razones sensatas para dar mi apoyo a las movilizaciones vecinales de Burgos ante un proyecto de remodelación urbana de una avenida. Más bien tengo bastantes motivos sociales y ambientales para rechazarlas.

 

Según todas las informaciones de muy diversas fuentes, la motivación principal que enciende las protestas en Burgos en el barrio del Gamonal es la defensa numantina del mantenimiento de aparcamientos en superficie y gratuitos para los coches particulares de los vecinos frente a un proyecto de bulevar que sustrae espacio público ocupado por coches particulares. Aunque ciertamente otras explicaciones ajenas a estas causas que han prendido la mecha del conflicto han venido a sumarse aposteriori. En el intento de dotar de mayor legitimidad esta “rebelión vecinal” se han ido sumando más justificaciones intelectualizadas y politizadas aposteriori queriendo con ello vestir la lucha con más honorables motivaciones añadidas.

 

Unas inflamadas apelaciones populistas al actual contexto de la crisis económica y el azote del desempleo, a la especulación, al caciquismo o la corrupción de la clase política, a la falta de dotaciones de servicios básicos en el barrio, al poder del pueblo..., ciertamente señalan problemas estructurales de gran calado que exigen respuestas y cambios en los niveles estructurales donde se generan, pero ¿acaso se solucionarían frenando unas obras para remodelar una calle?. Unas metas tan pequeñas como son las de paralización de unas obras se han revestido de grandes banderas retóricas que han servido para disimular y justificar una de las causas profundas del gran malestar de los vecinos, que es bien concreta: la amenaza de perder el privilegio del libre y gratuito uso del espacio público para aparcar el vehículo particular.

 

En medio del reino de confusión informativa creada conviene decirlo claro: es de consenso mundial entre los urbanistas que la provisión de aparcamientos de forma gratuita es una política de transporte y urbanismo espantosa. La ciudad que gana espacio público eliminando tráfico rodado de particulares, aire contaminado y ruidos gana en salud, calidad de vida y bienestar colectivo. Además, hay que recordar que un proyecto del bulevar no pertenece ni afecta solo al barrio concreto donde se ejecuta sino al conjunto de la ciudad, por tanto la vecindad local carece de legitimidad para usurpar el poder de decidir sobre el mismo.

 

Entre tanto ruido y alboroto provocado por esta “rebelión vecinal” conviene concretar algunas de las virtudes y algunos costes de la obra rechazada por los vecinos: ampliaba sustancialmente el espacio público, reducía el tráfico de 4 a 2 carriles, establecía el acceso restringido al autobús y los residentes del barrio, creaba un carril bici, construía un aparcamiento subterráneo cuyas plazas costarán 19.600 euros para una concesión de 40 años. Conviene separar entonces el grano de la paja, distinguir elementos de avance colectivo y de retroceso para concretar soluciones posibles y mejoras del proyecto original.

 

También debería ser objeto de preocupación la gran ola de simpatía generada por unas demandas vecinales retrógradas que nos retrotraen a las ideas del desarrollismo urbano español de hace décadas. Con los ojos vendados una variopinta izquierda social y política ajena a las necesidades sociales en favor de avances en la ecología urbana ha apoyado alegremente a los vecinos de Gamonal. Estos nuevos héroes urbanos son convertidos a voz de pronto en un nuevo "sujeto revolucionario" a la vez que se ocultan y disimulan algunos de los dudosos intereses particularistas que les empujan.

 

Pero ahora que las resistencias vecinales han conseguido paralizar la obra del bulevar es previsible que los vecinos movilizados también se paralicen y decaigan dejando con el culo al aire a los grupos "solidarios" movilizados en otras ciudades. ¡Fueron tan fugaces las movilizaciones vecinales como cortas fueron sus metas reales!. 


Poca legitimidad puede tener la estrategia de luchar por luchar bajo la simple consigna de "nosotros podemos" planteando grandes exigencias pero sin atender a los contenidos y las metas concretas que se persiguen en el terreno práctico de una actuación. El separar la acción colectiva de la razón práctica concreta bajo la persecución de grandes ideales abstractos hace que nunca se consideren adecuados los cambios y avances aunque sean parciales, los únicos posibles mientras la revolución no llega. Esto solo puede generar monstruos y la historia está ahí para recordarlo. Cuando se trata de mejoras posibles en el terreno de la ecología urbana, como en este caso es la restricción del tráfico en favor de peatones, bicis y la mayor habitabilidad y salud urbana, se desechan y frenan al condicionarlas siempre a otros factores y metas sociales que se persiguen, y al final el saldo definitivo es la parálisis y "un más de lo mismo" dado que tampoco se consiguen las grandes metas sociales enarboladas. Este es el eterno problema de una izquierda que es incapaz de reconocer que los avances en protección y salud ambiental son un bien común, también de carácter social y cada vez más primordial ante la gravedad del deterioro creciente de los ecosistemas. Por ello, las mejoras ecológicas no han de supeditarse y colocarse siempre a la espera de otras exigencias sociales habitualmente inalcanzables. 


También la "democracia participativa" puede traer muchos peligros si se asume de partida que unos cuantos tienen el derecho a decidir sobre algo que afecta al conjunto de la ciudad y si además se establece que el fruto de tal decisión es bueno y adecuado por el simple hecho de emanar de la asamblea vecinal. ¿Acaso basta con que unos afectados por un proyecto de reforma urbana se opongan al mismo y pataleen fuerte aunque carezcan de reflexión sobre si el proyecto avanza o retrocede en el bien común?. Con grandes banderas como exigencias emancipatorias puestas como condición y freno para la mejora en el terreno de los hechos prácticos la izquierda se encuentra incapacitada ante las oportunidades de cambios, aunque estos sean pequeños e imperfectos. La izquierda pierde todo rumbo y brújula de orientación, como ocurre cuando degenera en una estrategia “foquista” que busca aumentar la tensión social sumándose a todo foco de lucha que se active, sin más.

 

DAVID HAMMERSTEIN

 

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Published by Europa en Verde - dans Crisis social y económica
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