Si la experiencia de Finlandia puede servir de guía, el “renacimiento nuclear” promocionado por el lobby atómico es un sonado fracaso.  Lo que sus apologetas afirmaban era una alternativa económicamente viable al gas y al carbón apenas está  ofreciendo más progreso que hace 20 años cuando se paralizó la construcción de centrales atómicas a causa de continuos retrasos y astronómicos costes que espantaban a los inversores y a los contribuyentes.  Mientras muchas centrales viejas ya cierran este mismo año y otras muchas están a punto de cumplir con sus vidas útiles, las pocas centrales en el mundo actualmente proyectadas o bajo construcción se encuentran en serios apuros económicos y con retrasos técnicos.

 

Olkiluoto 3, en Finlandia, es la primera central nuclear en construcción en Europa desde el desastre de Chernobyl en 1986 y está defraudando las expectativas depositadas en ella por la industria nuclear global.  Fallos graves en las soldaduras, tuberías de refrigeración inutilizables y una cimentación sospechosa, han aplazado el fin de las obras en más de dos años.  El presupuesto inicial 3000 millones ya se superado en más de 1100 millones de euros y sigue creciendo.

 

Pero la planta finlandesa no es la única planta en construcción con problemas. La central china de Tianwan lleva un retraso de más de dos año

s y el proyecto Lungmen en Taiwán ya acumula retrasos de más de cinco años.  Otros proyectos en Asia, como en Indonesia, están siendo replanteados por estar situados en zonas sísmicas, después del cierre de reactor más grande de Japón a causa de una terremoto.

 

 El coste de la construcción de una central atómica es entre 30 y 50% más caro que la de una central de gas natural y más caro que fuentes renovables. El gasto se dispara para cumplir con normas de seguridad cada vez más exigentes y un control de calidad más minucioso.

 

 Los adeptos nucleares insisten en que la electricidad atómica es más barata que si provienen de otras fuentes. Sin embargo, la propia Agencia Estadounidense de Energía estima que la energía de una planta USA en 2015 será 15% más cara que la de una planta de gas natural (no las compara con las fuentes renovables). Además, la energía nuclear ni mueve coches ni suele calentar casas de forma eficiente.

 

Si añadimos a estos claros problemas económicos las amenazas por doquier de la proliferación de armas nucleares, el terrorismo, la falta de una solución para los residuos radiactivos y el gran rechazo popular a la energía nuclear le quedan pocos amigos y muy poco futuro. Su declive en inexorable y el debate nuclear nos desvía la atención de los verdaderos desafíos energéticos.

 

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