(con referencia a unos artículos recientes en El País)

En el marco del debate sobre el cambio climático y ante la creciente campaña de legitimación de esta fuente energética cara y peligrosa que es la energía nuclear, se suele recurrir a Finlandia como un ejemplo a seguir por parte de los partidarios de la energía atómica.

Sin embargo, Finlandia no es en absoluto un buen ejemplo para la política energética europea. La construcción de una central nuclear en Finlandia –la única nueva en Europa- aparece de hecho como la excepción que confirma la regla del declive de la energía atómica y de su inviabilidad como arma contra el cambio climático.

La energía nuclear no es la fuente energética preferida de los finlandeses ni mucho menos. En un sondeo reciente más de 80% de los finlandeses optaban por la energía de biomasa, la energía eólica o la hidroelectricidad, mientras que sólo 40% de los finlandeses apostaban por aumentar la capacidad nuclear.

Por otra parte, y contrariamente a lo que se afirmaba en este periódico en la crónica del corresponsal en Finlandia el pasado 6 de febrero, la postura de Los Verdes en Finlandia está muy lejos de inhibirse. Por ejemplo, la decisión en mayo de 2002 de construir el reactor nuclear provocó la salida de Los Verdes del gobierno y la dimisión de la Ministra de Medio Ambiente. Los Verdes siguen denunciando el seguidismo gubernamental fuerte lobby nuclear apoyado por la industria papelera que ha perpetuado la dependencia en la electricidad para la calefacción en lugar de otras opciones sostenibles como la biomasa de madera y la mejora en la eficiencia.

Las obras de la planta llevan entre año y medio y dos años de retraso y han generado ya unas pérdidas de entre 400 y mil millones de euros para la compañía nuclear francesa Areva. Además, distintos estudios finlandeses han mostrado que con menos inversión que la que ha necesitado la central se podía haber garantizado el suministro energético y haber reducido las emisiones de CO si se hubiera apostado por la senda de renovables, la eficiencia y las medidas de ahorro.

La energía nuclear sigue siendo una fuente muy arriesgada tanto económicamente como ambientalmente. Además, solo aporta el 5.5% de la energía final consumida en Europa porque ni mueve coches ni suele calentar las casas. Así mismo, al tiempo que se construye una nueva central atómica en Finlandia están a punto de clausurarse más de una decena de plantas en Europa (7 se cerraron durante el pasado mes de enero). Aceptemos de una vez, pues, que las nucleares son del pasado y que el futuro pertenece a las energías seguras y limpias.

David Hammerstein, eurodiputado de Los Verdes, Satu Hassi, eurodiputada y exministra de medio ambiente de Los Verdes de Finlandia y Raül Romeva, eurodiputado de ICV. 

 Bruselas

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