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Los Verdes

30 juin 2009 2 30 /06 /juin /2009 17:22
       

      
He sido un eurodiputado singular y molesto por muchas razones. Nunca un eurodiputado español se ha comprometido tan activamente desde el trabajo parlamentario con numerosas causas y luchas ciudadanas, ni ha contrariado tanto las inercias y los hábitos políticos del resto de los europarlamentarios españoles. También me he mantenido muy alejado de "ping-pong" de la habitual retórica política practicada entre los políticos del PP y el PSOE.
 
En la historia política del Parlamento Europeo, nunca un eurodiputado español ha dado una prioridad sin hipotecas a las exigencias de la crisis ecológica y a la protección de la biodiversidad, y por encima de cualquier otro tipo de intereses, bien sean los de partido, bien sean los del sacrosanto "interés económico", o cualquier otro tipo de intereses ligados al gobierno del propio estado y al país de pertenencia.  
 
He representado y me he hecho portavoz en el Parlamento Europeo de centenares de peticiones de la ciudadanía europea ante los incumplimientos legislativos de muchos proyectos de maldesarrollo: urbanizaciones, puertos, carreteras, minas, fábricas humeantes. Desde este papel de aguafiestas del neodesarrollismo desbocado, he puesto toda la carne en el asador para cortar y reducir la llegada de fondos europeos para proyectos socioambientalmente nocivos, y me he personado con denuncias "políticamente incorrectas" en procesos judiciales penales que continúan abiertos. Por la amplia geografía española he asistido y dado todo mi apoyo a incontables asambleas populares en centenares de municipios. 

Una cosa es utilizar un conflicto ambiental circunscrito a la lucha ideológica y al desgaste del adversario, y usar así el argumento ambiental de forma instrumental, como una simple herramienta para otros fines ajenos y no declarados, y como un arma arrojadiza para dañar y debilitar al adversario en la contienda, y otra cosa muy distinta, es el luchar quijotescamente con todos los recursos institucionales en mi mano, para poder llevar hasta sus últimas consecuencias la defensa del derecho comunitario y el cumplimiento estricto de la legislación ambiental europea.

Para muchos de mis colegas españoles en el Parlamento Europeo, es un principio incuestionable el que desde Bruselas siempre se ha de sacar tajada financiera para España, y para ello hacen imperativa la defensa férrea de los intereses económicos de las grandes empresas españolas, y así también buscan la obtención de unos pocos beneficios políticos en la contienda y el desgaste contra los partidos adversarios. De hecho, en realidad entienden la política europea como una simple lucha para la obtención comparativamente ventajosa de los recursos europeos en juego. Europa es así considerada como una fuente de recursos supeditada a los intereses del estado nacional, y el trabajo de los europolíticos se hace bajo la prioridad de favorecer como sea el desarrollo y el crecimiento económico de las empresas afincadas en el suelo patrio.
 
A pesar de la inflamada retórica europeista utilizada por los presidentes de gobierno y los líderes políticos, este consenso práctico, de tinte economicista, desarrollista, y propio de un anacrónico nacionalismo estatal, hoy corroe y obstaculiza gravemente el avance integrador y la fuerza de las instituciones europeas. La inmensa mayoría de europarlamentari@s cierran filas como soldados serviles ante las prioridades particulares del propio estado, y en una perversa dinámica de efectos en cadena se convierten así en simples lectores de discursos preparados y acartonados, y en orquestados brazos de madera ante cada votación parlamentaria.
 
La defensa de las posiciones europeístas y el cumplimiento de la ley comunitaria por encima de los particulares intereses puramente nacionales, ha sido la excepción en la eurocámara, y no la regla. Mi permanente ruptura con este consenso que reduce la Unión Europea a una simple competencia entre un selecto club de estados, me ha colocado a menudo en un lugar muy incómodo y de rechazo, lleno de piedras y contratiempos políticos.

Ha sido insólito el hecho de que un eurodiputado español dedicara tiempo a problemas tan alejados de las mentalidades y prioridades políticas al uso, como son la defensa del bienestar animal en un país donde la fiesta taurina es emblema nacional, y para unos eurodiputados que ven en la crueldad y la muerte ritualizada de un grandioso animal sintiente un simple espectáculo popular y festivo, y además, buscan el apoyo y la comprensión europea bajo el ignominioso argumento de que la fiesta taurina debe protegerse y subvencionarse por ser tan solo una alta y singular expresión de la cultura del propio país.
 
Con la defensa sin fisuras de la libertad digital me he rodeado de muchas incomprensiones y tensiones políticas, y he tenido que enfrentarme a los muchos  acólitos de Microsoft y de la Sociedad General de Autores de España (SGAE) para hacer defensa de los intereses de los consumidores en un país como España, donde el cuasi-monopolio de Telefónica es considerado por los europolíticos españoles con orgullo: la empresa ejemplar y "campeona nacional".

La defensa de una ciencia crítica y encarnada en objetivos sociales y ambientales, también ha sido otra anomalía política que he llevado adelante en el terreno de las políticas europeas de inversiones científicas, donde bajo el amparo de la ideología cientifista de neutralidad metodológica, nadie entra a mirar lo que ocurre, para que fines, y a donde van a parar realmente los fondos económicos destinados a laboratorios y universidades.
 
Ha resultado muy incómodo el posicionarse en contra de una política agraria productivista empeñada en la producción de más y más kilos, con más y más subvenciones públicas, y con más y más peligrosos herbicidas, pesticidas y plaguicidas de origen industrial, además, viniendo yo como vengo, de un país donde existe un fuerte consenso a favor de los subsidios agrarios europeos a la producción químico-intensiva mediante el actual sistema de Política Agraria Europea (PAC).
 
También he molestado por posicionarme en contra de la sobre-explotación pesquera que perjudica la seguridad y suficiencia alimentaria de las sociedades del Sur, y al tiempo arruina los ecosistemas marinos. Entre casi todos los eurodiputados españoles, tampoco es habitual el adoptar posiciones de oposición contra las subvenciones a las cosechas de tabaco, o el votar en contra de los acuerdos pesqueros con Marruecos o Madagascar.
 
Tampoco ha sido nada fácil la defensa de la reducción de las horas y condiciones de transporte de los animales de crianza industrial intensiva, y dirigidos al consumo humano de carne, en medio de mentalidades antropocéntricas con radical desconexión del resto de seres vivos. Nada sencillo ha sido el estar en contra de la investigación y promoción de la producción atómica de fusión y de fisión, y en medio del actual renacimiento pronuclear, cuyos intereses se apoyan en los falaces argumentos de favorecer la lucha contra el cambio climático. 

Desde la defensa de opciones éticas de carácter universalista, el intento de llevar esta coherencia a la defensa política de los derechos humanos, tampoco ha sido un camino de rosas, como tampoco lo ha sido el apostar por las energías renovables en el mundo árabe, o el protestar por la violación de los derechos humanos en China durante las pasadas olimpiadas. Asistir en directo y denunciar los bombardeos israelís sobre Gaza, puede resultar ser tan arriesgado como el caminar por los campos de minas en el Líbano, ...


   Finalmente, he sido un diputado solitario, ya que apenas he tenido el respaldo de un partido y de una organización real, más allá del nominalismo de las siglas y el logo. Sin apenas estructura organizativa ni capital humano, y con una escasa o nula racionalidad política y estratégica, Los Verdes en España son un terreno abonado para las patologías que amenazan a cualquier vida asociativa organizada: la fragmentación, el sectarismo, el estalinismo, el cainismo. Tristemente, estas son características que hoy describen el embrionario y multifraccionado espacio político verde en España.

  Al mismo tiempo he apoyado con todas mis fuerzas a docenas de magníficos grupos locales de Los Verdes, tanto en campañas electorales como en  conferencias y luchas de todo tipo.  El trabajar con ellos en positivo sí que merecía la pena.  

Pero el que haya trabajado a tumba abierta, sin distinciones de sectores, colores, organizaciones, o personas, también ha sido uno de mis principales activos políticos, lo que a su vez ha hecho posible mi acercamiento y apoyo a las numerosas resistencias y luchas ciudadanas en defensa del mundo viviente al que pertenecemos.

David Hammerstein

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Published by Europa en Verde - dans Política en España
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