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Los Verdes

22 février 2009 7 22 /02 /février /2009 16:44

A veces he coincidido en los aviones con algunos árbitros del fútbol profesional.  Suelen portarse con gran discreción y reserva cuando les he preguntado por las jugadas polémicas o por cualquier aspecto concreto de su quehacer en el campo. Para conservar su imparcialidad tanto los árbitros como los jueces de linea me explican que en las horas y días previos, y después de los partidos, tienen totalmente prohibido el tener algún contacto con directivos de clubs, jugadores, o aficionados.  De seguro que sería un gran escándalo en el mundo deportivo del Madrid si por ejemplo, en las vísperas de un derbi Real Madrid-Barça el árbitro titular del partido se fuera de copas con el presidente del Barça Joan Laporta. 

Este esfuerzo a favor de la imparcialidad y la evitación del contacto directo puede pensarse también aplicándolo al sistema judicial. Es una forma de sensatez mínima que debería ser una rutina profesional y una exigencia estricta en un estado moderno, con instituciones democráticas que separen claramente los poderes ejecutivos de los judiciales, y con jueces en condiciones de máxima autonomía y distancia de los poderes políticos del momento. Aunque sabemos que las cúpulas de la justicia en este país, quizás como en en casi todos, están demasiado mediatizadas por los poderes políticos y económicos, la amigable cacería del Juez Garzón con el Ministro de Justicia ha ultrapasado una linea roja. 
 

Este espectáculo mediático sobre la cacería del ministro y del juez destapa algo más profundo e hiriente que daña inefablemente la credibilidad y confianza pública sobre los jueces y los políticos. No es solo una cuestión de "amistades peligrosas" entre altos portavoces de los poderes del estado, ya que hay algo más inquietante y abyecto en el hobby de caza practicado por los amigos Garzón y Bermejo. Tengo grandes dudas sobre el sentido de la justicia que pueden tener unas personas que eligen como pasatiempo el matar cruelmente a animales indefensos en su medio natural.  Resulta incomprensible que un Ilustre Juez y todo un Ministro de Justicia prediquen públicamente con este ejemplo de comportamiento tan indigno con los seres vivos sintientes. Esta anquilosada y masculina insensibilidad hacia el sufrimiento animal innecesario, hoy parece que se ha convertido en elemento de status social y de afición de tiempo libre para muchos "progres" también encantados y dispuestos a disfrutar con los espectáculos taurinos.

La tarea de los jueces también ha de ser una enérgica persecución legal de todo caso de corrupción, y muy en particular con los escandalosos casos relacionados con la especulación urbanística y la destrucción ambiental, y que hoy padecemos por toda la geografía española. Pero los procedimientos y las formas de control y persecución legal tienen que ser muy claros y escrupulosos en el desarrollo de los valores de ecuanimidad e imparcialidad, si no se quiere convertir el arbitraje judicial en "tongo".

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Published by Europa en Verde - dans Política en España
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Alvaro 23/02/2009 08:36

Totalmente de acuerdo. La desgracia es que, en este pais, el exigir responsabilidad y coherencia con el puesto que ocupan a aquellos que se sienten protegidos por su cargo es harto difícil. No existe un clima en el que, ante casos así, y esta vez me refiero a los investigados, no se dilaten las cosas hasta que se olviden. Aun admitiendo que el encuentro en dicha cacería es una falta de visión total, ¿qué se puede esperar de una casta política en la que en lugar de depurar responsabilidades de inmediato se escudan en eso para defenderse de delitos mucho más graves?

Europa en Verde 23/02/2009 19:13


Gracias por tu comentario Alvaro. Menos mal: por lo menos Bermejo no ha tardado mucho en dimitir dando un ejemplo para otros como el PP. Tienes razón que los delitos de los invesstigados son
mucho más graves. Es una lástima como la justicia va perdiendo enteros ante la opinión pública precisamente por un sistema lentísimo, tortuoso y opaco.  Lo que pasa es que ni al PP ni al PSOE
le interesa destapar las miserias y trapicheos detrás del boom del ladrillo.  un abrazo, David