Apuntes de la última reunión del Intergrupo de Bienestar Animal del Parlamento
Europeo
Reunión con la
ONG "Compasión en la agricultura mundial"
Nuestro planeta no aguantará muchos más glotones de
carne. En Europa, en los últimos 40 años ha aumentado el consumo de carne de 56kg. per capita por año hasta 89 kilos. En Japón el consumo de carne crece de 8 kilos a 43 kilos.
En América Latina y Asia también está aumentando radicalmente el consumo de carne de todo tipo. Se estima además, que con las tendencias actuales el consumo mundial de proteína animal se
doblará en los próximos 40 años. En términos de contabilidad ecológica implica una presión insoportable sobre los bosques, sobre el agua y sobre el clima de nuestro planeta. Además, es una de
las causas principales de la fuerte subida de precios de los alimentos.
En relación con el clima, si sumamos todas las
emisiones contaminantes a la atmósfera, directas e indirectas, junto a todo el ciclo de producción de carne, en su conjunto supone alrededor de 18% de la emisión de los gases de
invernadero. Una parte importante de la deforestación en el mundo es debida a las enormes y crecientes superficies dedicadas al cultivo de piensos animales, en particular la soya. En
los últimos 5 años el casi una quinta parte de la deforestación en las Amazonas es debido a la plantación de soya.
El hecho de que cada vez más los cultivos se
dirijan a la producción de piensos animales significa más hambre. El 80% de la cosecha mundial de soya es para alimentar a animales y más del 30% de los cereales en el mundo también son
para los piensos. Sin embargo, hacen falta unas 9 calorías derivadas de plantas para conseguir 1 caloría de carne roja, de ternera o cordero, lo que significa una gran pérdida de recursos
nutricionales y de alimento para el mundo pobre.
El 8% del agua dulce disponible en el mundo se
dedica a la producción cárnica. Para producir un kilo de ternera pueden hacer falta más de 100 mil litros de agua. Además, la ganadería intensiva es una de las principales causas de la
contaminación del agua en muchos países.
El creciente consumo de carne provoca mucho sufrimiento
animal. La mayoría de pollos para carne no viven más de 6 semanas en unas condiciones de artificialidad y barbarie para sus necesidades básicas, y no podrían vivir mucho más de cuatro meses por
los problemas coronarios y múltiples heridas causados por su crianza antinatural e híper
intensiva. Las vacas lecheras industriales no suelen vivir más de cinco años porque después de tres años de producción lechera intensiva muchas de ellas ya no pueden quedarse embarazadas o
sufren enfermedades como la mastitis y otras minusvalías, cuando contrariamente una vaca que pasta normalmente podría vivir más de veinte años.
La respuesta a tanta
destrucción, hambre y crueldad con seres vivos es una autolimitación personal y social del consumo de carne. Comiendo menos carne y lácteos que proceden de granjas industriales podremos hacer
mejor las paces con nuestros cuerpos, los animales y el planeta.
David Hammerstein
Eurodiputado de Los Verdes, vicepresidente del Intergrupo de Bienestar
Animal