Política en España

Los Verdes ante "la Unidad", las coaliciones y la política real

 


"La Unidad de Los Verdes" como victoria pírrica

 

La gran confusión de los votantes ante muchas siglas y papeletas verdes diferentes ha sido un constante durante las últimas dos décadas. Ha sido un factor en la no consolidación de Los Verdes.  El reino de taífas y la fragmentación  de los verdes obedecían tanto a la proliferación de partidos fantasmas como a distintas escisiones provocadas por el rechazo a  distintas coaliciones electorales (con IU o el PSOE), por el "entrismo" de grupos ajenos a los verdes o simplemente por depuraciones estalinistas dentro de los distintos partidos verdes. Juegan un papel especialmente negativo los partidos fantasmas que son unas pocas personas que tienen en su poder una legalidad y siglas verdes, sin organización ni acción o incidencia política y social de ningún tipo, y que cuando llega cada proceso electoral confeccionan listas y se autoproclaman así valedoras del partido verde auténtico e imprescindibles para establecer condiciones de cualquier potencial proceso de alianza o unificación entre las diferentes siglas y legalidades que bajo el paraguas verde están reconocidas como partidos en España.

 

Sin embargo, achacar la debilidad de los verdes en España principalmente a la falta de unidad  es buscar una explicación muy simplista. Es evidente que hay confusión cuando hay más de una lista verde pero si se invierte un gran esfuerzo en conseguir la presentación de una única lista verde por encima de otros objetivos es posible que se pierda de vista lo más importante: influir en la toma de decisiones políticas mediante la llegada a la sociedad con un mensaje convincente sobre la utilidad de votar a una opción verde. Pasar meses y años añorando "la unidad" con reuniones fraternales y escritos internos sin crear una corriente opinión en la sociedad, ni organización ni influencia, sirve de bien poco. Es posible que hay que mirar más a la sociedad y a personas nuevas que mantener un debate endogámico.

 

Orientar los objetivos a "la unidad" de unas siglas  cuyas único valor es que llevan el nombre "verde" puede ser perder el tiempo. Incluso al ver el nombre verde tan vampirizado y fagocitado quizás sería mejor lanzar una nueva marca para el movimiento verde.

 

Al margen del posible cambio de nombre solo falta que haya la mínima voluntad de unas docenas de personas serias  para fundar en España el referente de Partido Verde Europeo. Si no se ha hecho hasta ahora será por falta de masa crítica y de voluntad.

 

A pesar de todo la unidad es un valor importante que tiene que forjarse en la acción y las decisiones políticas: en la presentación a las elecciones europeas, en posiciones políticas comunes y decisiones sobre la estructura de la organización.


 

 

Coaliciones verdes a la carta

 

Durante la segunda mitad de los 90 y hasta el 2004 los distintos partidos verdes alcanzaron una serie de cargos de responsabilidad institucional y de gobierno gracias a distintos tipos de acuerdos pre-electorales y gracias al trabajo constante, diferenciado y visible de los distintos partidos verdes del Estado, en particular en Andalucía, Baleares, País Valenciano y Cataluña.

 

Hubo coaliciones a la carta, desde apuestas estratégicas, en algunos casos muy serias con IU o IC (que después solía quedarse con el nombre de "Los Verdes" para siempre) hasta "unidades temporales de empresas" como con el Bloc Nacionalista Valencià o el  PSM pasando por acuerdos de "pensión alimenticia" que solo posibilitaban a  algún asesor o cargo verde no-electo. Distintos acuerdos con IU en distintas épocas y con el PSOE en el 2004 permitía a Los Verdes ostentar cargos electos en parlamentos autonómicos, en Las Cortes, en el Parlamento Europeo y hasta poder participar en la gestión de gobiernos autonómicos. 

 

Las distintas coaliciones permitía influir en innovadoras legislaciones y regulaciones de las crisis socio-ecológicas y de tener una proyección política bastante visible. Los Verdes pasaron de ser meramente testimoniales a ser actores políticos dentro de algunos debates. Sin embargo, las coaliciones fomentaban una confusión de identidad entre la opinión pública (sobre todo con IU) y en general no ayudaban en la consolidación de organizaciones verdes a pesar de contar con más recursos de todo tipo.

 

En contraste, con listas verdes en solitario a nivel municipal en el 2003 se llegó a desarrollar una campaña municipal  importante y visible en centenares de ciudades y pueblos, entorno de la campaña de Mendiluce en Madrid.  A pesar de una proyección pública sin precedentes que dio a conocer a candidaturas verdes a millones de españoles por la primera vez, los resultados electorales fueron modestísimos en votos y apenas  permitían consolidar a unas pocas organizaciones verdes locales. Por el lado positivo eran estas campañas municipales que creaba el capital político verde para el pacto con el PSOE para las estatales y europeas en el 2004.

 

 En el 2007 también hubo unas docenas de buenas campañas verdes en municipios pequeños y medianos que dibujan un mapa de actividad verde real y muy modesta en la geografía española.  Lo que parece que ya ha pasado a la historia ha sido la posibilidad de ganar muchos votos solo con las siglas verdes y el girasol y sin un trabajo previo y una organización vertebrada. Pero tampoco garantiza un resultado electoral digno haber trabajado durante años en un municipio o territorio.

 

Con muy poco voto verde las leyes electorales hacen muy difícil o imposible entrar en solitario en los grandes ayuntamientos y menos en los parlamentos. A la mayoría de los votantes verdes les cansa tirar su voto durante años a listas que saben que no van a superar la criba del 5%.  Además sin caras de líderes visibles y conocidas (no al personalismo?!?) ni un programa claramente diferenciado es muy difícil atraer a un electorado educado. Al haber perdido gran parte del atractivo de "voto de protesta" el voto verde residual en España está por debajo del 1% y en campañas autonómicas, estatales o europeas difícilmente supera el testimonialismo.

 

La triste realidad es que en las recientes campañas autonómicas gallegas y vascas (o en las últimas generales) se ha visto como hay muy poca diferencia entre el voto popular conseguido por un partido verde que solo aparece pocos meses antes de las elecciones y el porcentaje ganado por un partido verde, como Berdeak, que ha llevado a cabo un trabajo público digno durante unos años.

 

La opción de la Izquierda Verde

 

 En las elecciones europeas del 1999 Los Verdes apostaron por una coalición con ICV, Cha y otros grupos, cosechando un resultado que rozaba el éxito ha faltar muy pocos votos para conseguir un eurodiputado.  Esta coalición convertida en La Federación Los Verdes - Izquierda Verde funcionó a nivel estatal hasta las elecciones municipales de 2003 después de las cuales fue abandonada por ICV que volvió a su alianza tradicional con IU y  Los Verdes-Izquierda Verde dejó de existir. Esta experiencia dio más consistencia política y relación institucional a Los Verdes pero también creó bastante confusión ideológica y organizativa.


La Pregunta del millón  

Es evidente que España necesita un partido fuerte para enfrentarse a los enormes retos socio-ecológicos que se nos vienen encima. Lo que también está claro es que las fórmulas de militancia verde española del pasado no funcionan.  Nos urge la creación de un grupo expedicionario de "sherpas", sin hipotecas y con tiempo,  que guian una difícil y seguramente larga travesía del desierto hacia una organización política verde convincente en nuestra sociedad. Quien está dispuesto/a a asumir el desafío?
 

 

 

¿Por qué no hay un partido verde fuerte en España como hay en algunos países del centro y norte de Europa?

 

 

Esta es una de las preguntas más frecuentes que me he encontrado durante mi trabajo político como europarlamentario verde. La repuesta no es fácil ni simple porque las causas de la inexistencia de un partido fuerte y claramente reconocible en España responden a una compleja interacción de factores que se retroalimentan conjuntamente, y con la triste consecuencia histórica de la débil presencia y la escasa visibilidad del espacio político verde en las percepciones sociales mayoritarias, y en las orientaciones de valor que orientan el voto ciudadano. También hay responsabilidades organizativas y de liderazgo.

 

 

El Contexto: La prioridad política y sociocultural del desarrollo

 

Perdura la hegemonía cultural desarrollista

 

El tener clara conciencia de nuestros males es el primer paso para poder buscar soluciones atinadas y curarlos. Pero para las cosmovisiones sociales mayoritarias y sus alegres recetas de más y más desarrollo, la barbarie de la destrucción ambiental se percibe desconectada, secundaria y marginal en relación a las prioridades y las temáticas centrales marcadas en el día a día del debate político en España. Cuando aparece el protagonismo de la problemática socioambiental en titulares de prensa o en la acción política y legal concreta, las respuestas al uso son las enlatadas ideologías y retóricas de tinte verde, que con un enfoque exclusivamente sectorial no integran las causas y las incertidumbres implicadas en los desastres ecológicos. La óptica intelectual o periodística ecológica prácticamente no existe en el debate diario de las grandes cuestiones del estado. Bajo el delirio colectivo de crecimiento como sea apenas puede aparecer una reflexión responsable sobre las causas que generan las masivas destrucciones ecológicas. No hay apenas secciones de medio ambiente permanentes en los principales diarios españoles y la afiliación a grupos ecologistas solo es un poco más de cien mil en toda España, muy por debajo del compromiso asociativo en otros países europeos.

 

Tampoco se pregunta en los sondeos de opinión pública por la prioridad ambiental en oposición a los axiomas centrales del desarrollo económico. Solo se suele percibir la radical contradicción entre los valores ambientales y las aspiraciones de riqueza material y bienestar prometidas por el desarrollo modernizador cuando un grupo local es afectado por un gran proyecto de desarrollo y hay una reacción "no en mi patio trasero".  Por ejemplo, la destrucción del urbanismo desbocado se suele achacar solo a la corrupción localizada y a la especulación y no a un modelo de crecimiento ilimitado.  Pero las luchas locales no superan el grado de resistencia de afectados para traducirse en una paradigma política.

 

 

Lo ambiental es marginal, focalizado y pasajero: asumido por todos y por nadie

 

Los políticos y gestores públicos no se preocupan por reconocer y sensibilizar públicamente sobre las profundas incompatibilidades entre la prioridad de la producción y el consumo mediante el crecimiento de la economía material, y la protección y reparación ecológica. Las políticas ambientales que se han instalado en ministerios y concejalías son raquíticas en presupuestos y están desconectadas del resto de prioridades políticas y económicas, tan solo adquieren cierto protagonismo y preocupación pública en momentos de excepcional coyuntura trágica: alrededor de fallos o de accidentes con contaminación y riesgos, o alrededor de los datos científicos aportados por informes de expertos sobre los daños ambientales generados y a menudo irreparables. Es decir, durante unos cortos periodos pasajeros en los medios de comunicación de masas, asoma la cabeza alguna catástrofe medioambiental no deseada en los asuntos políticos de actualidad, pero pronto se la borra del mapa mediático con una plumazo. Con suerte, pueden abrirse paso los discursos ambientales en boca de grupos ecologistas de denuncia, o por parte de alguna destacada opinión de científicos o de cualificados divulgadores conocedores del problema ecológico concreto que se trate, al modo de "Al Gore" en su campaña mundial de sensibilización para frenar el cambio climático. Hoy todo el mundo es un ecologista cosmético cuando toca.

 

La centralidad ecológica fuera del centro de debate político

 

 

Más allá de estas excepcionalidades y coyunturas, se mantiene un consenso férreo sobre el desarrollo y el actual modelo económico de producción y consumo. Esta inercia dominante se expresa en la prensa diaria y en los medios de comunicación españoles, que apenas dedican en sus reflexiones una minúscula fracción del espacio a las cuestiones "verdes" desde un mínimo realismo y responsabilidad. El debate ecológico está en un "gueto" sectorializado, en un contenedor aparte.  Las incompatibilidades entre la preservación ambiental y las prioridades economicistas de gobiernos y actores políticos y económicos de todo tipo y color no tienen presencia pública. No hay apenas sujetos y actores sociales que den prioridad, por encima de "lo social", el reconocimiento a la realidad biofísica amenazada que constituye a los seres humanos y sus sociedades, y que objetivamente actúa en cualquier acción y decisión política, cultural, social o institucional. Al contrario de muchos de nuestros homólogos europeos, la ecología está enormemente desaparecida y ausente en los debates públicos sobre la salud pública y calidad de vida en nuestros modos y estilos particulares de vivir. Cuando se da una preocupación ecológica extendida ligada a la coyuntura de las grandes amenazas ecológicas, o a los accidentes imprevistos que suceden, está enormemente alejada de las preocupaciones y prácticas públicas, culturales y políticas. Se percibe la política fuera de las condiciones particulares que afectan a nuestra vida cotidiana, como son la vivienda, los alimentos, la ciudad, el transporte, ..


"VERDE" NO ES LA PRIORIDAD A LA HORA DE VOTAR
 

Pocos votantes están dispuestos a priorizar electoralmente las respuestas atinadas a la crisis ecológica de supervivencia y defender con ello los valores de freno, autolimitación, respeto al mundo viviente, ahorro, reutilización, reciclado, y cuidado ambiental en general. Muy poca ciudadanía opta electoralmente por el compromiso ambiental por encima de otras preocupaciones sociales y económicas, y más allá del crecimiento económico a cualquier coste. Además, con las escasas posibilidades de conseguir representación con las leyes electorales actuales la inmensa mayoría de votantes simpatizantes de Los Verdes no quieren "tirar el voto" y optan por un "voto útil".

 

Hay que concluir que hoy por hoy no existe una demanda social de un partido verde al estilo de los partidos verdes europeos.

 

Los Verdes como éticos "Pepito Grillos" en lugar de legisladores

 

La mayoría de la población reconoce el espacio político verde como pertenecientes a un espacio cívico de alta responsabilidad moral, pero fuera de las problemáticas y prioridades de la política, las leyes y las instituciones. No consideran las propuestas y la agenda de cambio verde como una opción realista y práctica que ha de tener prioridad en la acción práctica. La ciudadanía mayoritaria establece sus opciones políticas en torno a unos valores diferentes a los ecológicos, y percibe estos como deseables pero utópicos en el presente, ya que no pueden aplicarse al cuestionar las prioridades del crecimiento y el desarrollo. Bajo estas percepciones mayoritarias lo verde, más que una posible opción política para gestionar y gobernar desde las instituciones y la ley, se ubica en cambio como perteneciente a un campo de deseabilidad ética dentro de la multidiversidad cultural y de valores propia de la época y sociedad en la que vivimos. Las redefiniciones críticas y las soluciones que surgen desde los movimientos y luchas sociales ambientalistas no se consideran como una opción política realizable y una práctica para la inmediatez del presente. Quieren que existamos los ecologistas variopintos a modo de "pepito grillos" que reclaman y recuerdan cosas importantes que se olvidan, pero no para ocupar prioridades en el espacio político y la gobernabilidad colectiva.

 

Los ecologistas o los verdes solo adquirimos protagonismo como denunciantes críticos que recuerdamos los deberes superiores pero alejados de las prioridades políticas reales y concretas. Esta débil identidad ambiental es construida socialmente como denuncia de los excesos, pero no como legisladora del presente y el futuro. Estos sistemas de creencias y opiniones a favor del medio ambiente colocan automáticamente a los actores ecológicos fuera de la misma realidad política, institucional y electoral.

 



¿Pero porque no hay al menos un pequeño verde vertebrado y reconocible?

 

No ha habido suficiente masa crítica ni bastante liderazgo cualificado

 

En otros países, importantes y reconocidos líderes ecologistas y ambientalistas decidieron dedicarse a la construcción de partidos verdes mientras en España, lamentablemente esto nunca ha ocurrido. Muchas de las personas destacadas de los grandes grupos ecologistas ni siquiera han considerado la posible doble opción estratégica de "diversicar" la lucha verde entre el movimiento cívico por un lado y la implicación política e institucional, por otro lado. Una de las peores consecuencias de esto es que a los partidos verdes en España siempre han arrastrado un enorme déficit del capital humano mínimo y necesario para conformar una organización política estable, grande y fuerte, tanto en cuadros cualificados como en militantes de base. Han sido pocas las personas con alta formación en el conocimiento y las problemáticas socioambientales las que han elegido dedicar una gran parte de sus vidas a la construcción de un partido verde en España. La ardua travesía del desierto no recluta muchas tropas.

 

Confusión ideológica con Izquierda Unida

 

Otro de los principales motivos de la debilidad política del espacio verde en España ha sido la confusión social y electoral de la opción política verde con la identidad política de izquierda comunista y post-comunista.  Durante los últimos quince  años, en gran parte de la geografía española el nombre y identidad política de "Los Verdes" han estado muy ligados a Izquierda Unida y a sus sucursales autonómicas, bien porque se concurría electoralmente en coaliciones con partidos de la izquierda comunista, o bien porque esta se ha presentado ante los electores en sus campañas mediáticas y electorales bajo los logos y siglas verdes intentando captar así el voto y la sensibilidad verde, y con ello favoreciendo la confusión en el momento de votar. Ha sido muy difícil que creciera la "hierba verde" en España bajo las banderas comunistas, ajenas a las soluciones ecológicas en su inexorable proceso de declive en sus apoyos sociales, y con un programa y agenda política productivista yanacrónico. Además, esta confusión y falta de visibilidad propia y singular de los proyectos y partidos políticos verdes, y que opera desde hace décadas en la geografía política en España, no responde solo de percepción social mayoritaria y a la falta de escrúpulos de la izquierda comunista, dispuesta a usurpar la retórica de la sostenibilidad y las identidades consolidadas del espacio verde, sino que también se apoya en una falta de claridad ideológica y estratégica por parte de los mismos militantes verdes y sus organizaciones políticas. No han sabido distinguir y diferenciar claramente su propio proyecto verde de otros.

 

Los Verdes: Fragamentación organizativa, confusión legal y lucha sectaria

 

También es fundamental considerar la experiencia de los partidos verdes que han existido y el paso de políticos verdes por cargos electos y de gobierno. Nunca ha existido en España un partido verde de carácter federal y único, y con solo una legalidad. La organización más importante y miembro del Partido Verde Europeo ha sido "La Confederación de Los Verdes", en la que se aglutinan una serie de partidos verdes autonómicos con sus propias legalidades. Esta fórmula confederal en la organización ha debilitado aún más a los muy pequeños partidos verdes al propiciar un sinfín de escisiones y rupturas ante cualquier convocatoria electoral, tanto a nivel estatal como europea, haciendo imposible la unidad de acción.  Además, el fraccionamiento y la lucha sectaria entre grupúsculos y partidillos sin apenas estructuras de organización están favorecidos por la existencia de docenas de políticamente ficticias pero legales siglas verdes que pasan por "partidos verdes" que solo asoman la cabeza pública durante la contiendas electorales y añaden así su propia dosis a  la ceremonia de confusión.

(Publicada en el diario El País, 3-4-09)


Sr. Presidente Zapatero,

 

 

  

 

Por la presente deseamos hacerle conocedor de nuestra decepción con relación a su apoyo al actual Presidente de la Comisión, José Manoel Durao Barroso, para que repita en el cargo por un nuevo mandato de cinco años.

 

A nuestro entender la gestión de Durao Barroso al frente de la Comisión ha estado claramente marcada por la gran condescendencia mostrada ante los grandes sectores económicos y lobbies industriales en detrimento de una Europa más social, democrática y transparente. Además, ha fracasado en conseguir las necesarias reformas institucionales de la Unión Europea.

 

La Comisión presidida por el Sr. Durao Barroso se ha caracterizado por responder debilmente y mal a las crisis económica y financiera, por fomentar la desregulación a costa de las políticas sociales, por fomentar la liberalización a costa de más solidaridad, por carecer de ambición frente las gravísimas consecuencias del calentamiento global y de la degradación ambiental, y por pasar de puntillas sobre la promoción de la democracia y los derechos humanos dentro y fuera de la UE.

 

Por todo ello entendemos que es necesaria una alternativa política más consistente para liderar la Comisión Europea, sin la cual será imposible ilusionar a la ciudadanía europea en las próximas elecciones europeas, y se hará mucho más difícil la construcción de la Europa unida y política que el mundo necesita.

 

Así pues, Sr. Presidente, quisieramos solicitarle que reconsidere su apoyo al Presidente Barroso y apueste por otro tipo de liderazgos más comprometidos con unas políticas ambiciosas en el campo social, ambiental y democrático.

 

En el caso de que así lo hiciere, Sr. Presidente, contará con todo nuestro apoyo para hacer avanzar Europa hacia el futuro que sus ciudadanos y ciudadanas, así com el resto del mundo, merecen.

 

 

Atentamente,

 

 

 

Monica Frassoni                                   David Hammerstein                  Raül Romeva


       ¿Qué son más importantes la procedencia los trajes de Camps o la salud ambiental, los parques naturales, los hábitat del oso pardo y las últimas playas vírgenes de costa? 

 


       Los casos más conocidos de destrucción del medio ambiente han puesto al PSOE en la picota con un creciente numero de sentencias judiciales y procedimientos europeos  en contra:  El masivo vertedero tóxico del polo químico de Huelva, la urbanización  del parque natural de Cabo de Gata (con el hotel Alagarrobico incluido), las minas de carbón a cielo abierto en León en singulares montañas protegidas, el descabellado proyecto de construir una humeante refinería de petróleo connectada con un oleoducto en Extremadura, los puertos industriales de Granadilla y de Pasaia,  las numerosas nuevas y innecesarias térmicas proyectadas, superfluas autovías por zonas protegidas y urbanizaciones especulativas por doquier. Todos estos proyectos que son absurdos ambiental y económicamente tienen el apoyo político y financiero del Gobierno de Zapatero. Huelga decir que el PP y los sindicatos también apoyan la mayoría de estos proyectos para entre todos crear un consenso irracional de hormigón y humo. 


     Mientras Obama planta un huerto ecológico en el jardín de la Casa Blanca y respalda con grandes inversiones las renovables, Zapatero "arranca" de la Unión Europea 180 millones de euros para el muy discutible e incierto experimento de "carbón limpio" para sus amigos empresarios mineros y recorta la ayuda para plantas solares en España. Mientras la ONU pregona un "nuevo trato verde" para salir de la crisis, Zapatero se empeña en una defensa numantina de la vieja y sucia economía. ¡Qué lástima!


      


A veces he coincidido en los aviones con algunos árbitros del fútbol profesional.  Suelen portarse con gran discreción y reserva cuando les he preguntado por las jugadas polémicas o por cualquier aspecto concreto de su quehacer en el campo. Para conservar su imparcialidad tanto los árbitros como los jueces de linea me explican que en las horas y días previos, y después de los partidos, tienen totalmente prohibido el tener algún contacto con directivos de clubs, jugadores, o aficionados.  De seguro que sería un gran escándalo en el mundo deportivo del Madrid si por ejemplo, en las vísperas de un derbi Real Madrid-Barça el árbitro titular del partido se fuera de copas con el presidente del Barça Joan Laporta. 

Este esfuerzo a favor de la imparcialidad y la evitación del contacto directo puede pensarse también aplicándolo al sistema judicial. Es una forma de sensatez mínima que debería ser una rutina profesional y una exigencia estricta en un estado moderno, con instituciones democráticas que separen claramente los poderes ejecutivos de los judiciales, y con jueces en condiciones de máxima autonomía y distancia de los poderes políticos del momento. Aunque sabemos que las cúpulas de la justicia en este país, quizás como en en casi todos, están demasiado mediatizadas por los poderes políticos y económicos, la amigable cacería del Juez Garzón con el Ministro de Justicia ha ultrapasado una linea roja. 
 

Este espectáculo mediático sobre la cacería del ministro y del juez destapa algo más profundo e hiriente que daña inefablemente la credibilidad y confianza pública sobre los jueces y los políticos. No es solo una cuestión de "amistades peligrosas" entre altos portavoces de los poderes del estado, ya que hay algo más inquietante y abyecto en el hobby de caza practicado por los amigos Garzón y Bermejo. Tengo grandes dudas sobre el sentido de la justicia que pueden tener unas personas que eligen como pasatiempo el matar cruelmente a animales indefensos en su medio natural.  Resulta incomprensible que un Ilustre Juez y todo un Ministro de Justicia prediquen públicamente con este ejemplo de comportamiento tan indigno con los seres vivos sintientes. Esta anquilosada y masculina insensibilidad hacia el sufrimiento animal innecesario, hoy parece que se ha convertido en elemento de status social y de afición de tiempo libre para muchos "progres" también encantados y dispuestos a disfrutar con los espectáculos taurinos.

La tarea de los jueces también ha de ser una enérgica persecución legal de todo caso de corrupción, y muy en particular con los escandalosos casos relacionados con la especulación urbanística y la destrucción ambiental, y que hoy padecemos por toda la geografía española. Pero los procedimientos y las formas de control y persecución legal tienen que ser muy claros y escrupulosos en el desarrollo de los valores de ecuanimidad e imparcialidad, si no se quiere convertir el arbitraje judicial en "tongo".
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El fragmentado voto verde ha sido más testimonial que nunca.  Incluso sumando las distintas opciones "verdes" no se llega al 0.7% de los votantes. Donde se ha acudido en coalición con IU o con otros aliados, los resultados no han sido mejor. Además, en las coaliciones de sopa de partidos y de siglas tampoco han sumado los votos de las partes participantes, como se ha dado en el caso de Valencia.  

 

No se puede achacar los malos resultados verdes solo al voto útil o a la división interna. Incluso si Los Verdes tuviéramos una potente estructura organizativa (de la que carecemos), no es probable que el voto verde fuera mucho mayor.  No quiere esto decir que no sea urgente la creación de un partido verde federal unitario con una estructura organizativa estable. Pero tan importante como los recursos físicos u organizativos son los recursos humanos y el capital político con el que se cuenta.

 

Desgraciadamente, es posible que el crecimiento verde sea lento como en una larga travesía por el desierto, y acompañando al crecimiento de las numerosas crisis socioambientales que se avecinan. A  fin de cuentas, la política verde es a menudo percibida como una política aguafiestas en una sociedad que vive aún en el delirio entusiasta del desarrollo y la era del petróleo. El camino está en tratar de construir desde abajo, a nivel municipal, y poco a poco para crear las condiciones de existencia de una masa crítica de personas capaces a explicar el realismo y la urgencia de una política verde y aplicable a todos los campos de actividad humana. Este recorrido desde abajo hay que ensayarlo ya en el día a día y en decenas de municipios. lastima-verde-copie-1.jpg

 

 

 

 

 

Para resistir la embestida del voto útil una fuerza política debe tener un valor añadido, un capital propio y diferenciado bien claro, y una organización fuerte capaz de comunicarlo.  IU parece que solo ofrece la “política del más” al afirmar que está más a la izquierda que el resto de partidos, al tiempo que olvida que la palabra izquierda representa un amplio contenedor que quiere decir cada vez menos fuera de los gestos culturales e identitarios. En definitiva, se trata de una opción con programa más socialdemócrata que el PSOE pero sin la imagen de modernidad y sin la imagen tecnocrática de gestión responsable y eficaz. Además, IU sufre la fuerza del lastre anacrónico que palpita en su interior con constantes sacudidas fraticidas: un partido comunista escasamente renovado que ya no tiene horizontes ni utopías políticas creíbles.  Sin embargo, solo una pequeña minoría sociológica de los españoles apoya el estatalismo, la antimonarquía, el antieuropeismo del NO a los tratados, el anticapitalismo, y la simpatía hacia Hugo Chávez y Fidel Castro cada vez es más escasa.  Muchos de sus dirigentes se dirigen a un país que ya apenas existe.

 

Los augurios para el futuro próximo de IU no parecen ser demasiado optimistas.  Los "duros" del PC harán una llamada a la vuelta a las esencias comunistas, a la "refundazione comunista" a la italiana, y esto ayudará a empeorar las relaciones de IU con Iniciativa por Cataluña y  con otros sectores "renovadores" de IU.  De otro lado, está la minoría que quiere refundar IU junto a IC como una "Izquierda Verde" con identificación con  Los Verdes Europeos. Larvada o públicamente la batalla está servida para las próximas elecciones europeas. En la tensa lucha interna entre los "retros" y "los rojiverdes", y dada la actual mayoría de IU más cercana a los "retros", es previsible que IU no quiera dar ni agua a IC. Nada de hacer coalición con IC para las próximas elecciones europeas y con ello "regalar" un eurodiputado a IC, como ya hicieron en el 2004. Estas divisiones internas y luchas por el control del partido también han tenido mucho que ver en la escisión que según afirma el mismo  PC ha costado a IU un diputado por Valencia.  En solitario IC necesita demasiados votos para llegar al parlamento europeo, no puede sacar un eurodiputado por sí misma con los 175.000 votos que tiene ya que un diputado europeo "cuesta" 400.000 votos.  Es muy difícil que volvamos a ver a Willy Meyer (IU-PC) compartiendo lista con Raúl Romeva (IC) en las elecciones del 2009. Con este panorama, parece que se auguran tiempos muy revueltos para la izquierda del PSOE que intenta sobrevivir.

 

 

 

 

 

Como ha dicho Rajoy lo más importante es “la economía, la economía, y la economía".  Pero claro, al no haber grandes diferencias en política económica  entre el PSOE y el PP, la oposición al gobierno solo podía orientar su crítica a los puntos más alejados del programa socialista: los derechos individuales, los derechos de minorías ,y la política territorial con los nacionalistas.

   

El PSOE ha ganado la "guerra cultural" que Rajoy ha querido lanzar "a la americana" porque la "mayoría moral"  que inventaba Reagan en los ochenta en EE.UU. no existe en España.  Sobre el terreno de los derechos y oportunidades para mujeres, inmigrantes, homosexuales y sobre la memoria histórica recuperada, hoy por hoy, no hay en España una mayoría social conservadora. El PP ha leído mal los valores de la tolerancia y de diversidad que han calado en la mayoría de la sociedad. No se puede codearse tantas veces con los obispos, defender la familia tradicional, atacar la educación cívica, y al mismo tiempo tener esperanzas de forjar una mayoría política.   Más bien parece que han asustado y con ello han movilizado sin quererlo a muchos votantes contrarios. Con el  evocar tanto el imaginario de las "dos Españas" no pueden acertar en la diana. Al desmarcarse de los moderados como Gallardón y Piqué, el PP ha dificultado la construcción de una mayoría alternativa.

 

También el discurso del PP en contra del nacionalismo catalán y vasco ha sido poco afortunado para el cómputo electoral, parece que ha obviado el enraizamiento social, en distintos grados de aceptación,  de los nacionalismos culturales y políticos en sus respectivos territorios. No se pueden ganar unas elecciones en contra de Cataluña con discursos poco creíbles para amplias capas sociales, y que insisten en persecuciones del castellano, el independentismo y la rotura de España.  El PSOE ha ganado las elecciones en Cataluña al provocar el mismo Rajoy un Tsunami socialista mucho más allá de sus votantes tradicionales.  También la exageración cansina y dolorosa  sobre ETA, y la “debilidad” de Zapatero han acabado debilitando más al propio acusador. A pesar de todo, un 40 % de los votantes apoyan al PP, lo que significa un bloque social muy mayoritario fuera de Catalunya y Andalucía.

 

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La agenda verde fuera de la campaña

 

Una triste observación sobre las recientes elecciones generales:  ni el cambio climático ni cualquier otro grave problema sobre la creciente destrucción de los ecosistemas terrestres han asomado la cabeza seriamente en los debates electorales. Las propuestas sobre el medio ambiente en general han estado ausentes en la campaña electoral.  No se ha dado a la opinión pública ni una sola propuesta socio-ecológica importante en campos como son la fiscalidad, la economía, el empleo, la energía, la vivienda o el transporte. Propuestas en cómo producir y consumir de forma más limpia no han formado parte del debate público y electoral. Todo lo contrario, en el calor de la campaña ha dominado un amplio consenso entre las diferentes formaciones políticas dominado por el discurso economicista, desarrollista y consumista, y compitiendo en fáusticas promesas benefactoras sobre más infraestructuras, más consumo, más subvenciones a las actividades industriales contaminantes, más devoluciones fiscales, más crecimiento, y todo a precios más bajos. Como si se tratara de la peste, los principales candidatos han huido de dar respuestas solventes, realistas y comprometidas ante el cambio climático.  

 

Nada de este encantamiento político sin límites físicos y sin ética planetaria parece casual.  En nuestras sociedades y en sus narraciones, valores e ideologías dominantes, de todo tipo y color, se sigue manteniendo como valor central el consenso cultural y político a favor del crecimiento sin límites. En general se suelen ver bien  los principios y la acción ecologista en abstracto, o bien se tratan como un asunto exclusivamente sectorial encerrado en el contenedor del “medio ambiente”, pero siempre a condición de mantener los problemas ambientales alejados de compromisos que nos atañan directamente en lo concreto. La opinión pública suele  apreciar las luchas de ONGs cuando defienden algún espacio natural amenazado, o cuando se trata de las denuncias de plataformas de afectados. Pero casi nadie decide su voto priorizando la salud de los ecosistemas que sustentan toda vida humana.

 

A pesar del claro avance cultural de la conciencia ambiental y la preocupación por la protección y el cuidado de la naturaleza, el llamado “medioambiente” sigue teniendo un lugar marginal en nuestras prioridades prácticas como ciudadanos, consumidores y productores.  En otras palabras, en términos socioculturales y en términos políticos, al tiempo que se mete por la puerta el “problema ambiental” también se saca por la ventana. No se debaten opciones contrastadas entre partidos para enfrentarnos con el cambio climático a pesar de ser considerado ya como un gravísimo problema de escala global y local. 

 

Pero cuando la Tierra necesita políticas verdes más que nunca, paradójicamente los partidos centran su discurso en la "mejora social" en radical desconexión con los sistemas vivientes. Se trata de una ideología socialmente muy exitosa que entiende que el bienestar general y particular se consigue a base de más y más consumo, más y más crecimiento. Son ya muchas y claras las señales de un próximo choque de trenes entre el consenso del sobre-consumo y los ecosistemas básicos. Hasta ahora, no hay instituciones ni cuerpos políticos en el escenario español para plantear un freno sustancial a esta feliz borrachera.

 

 

 

       No puedo tomar un café en ningún bar de mi barrio de Valencia sin respirar humo ajeno. Entre docenas y docenas de locales públicos solo hay 2 o 3 restaurantes sin humos. La confusa y ambigua ley anti-tabaco apenas se aplica lo que deja sin derechos a los no fumadores en la mayoría de los locales.   Si realmente se quiere defender la vida y la salud de las personas necesitamos una ley anti-humos como la de Francia o la de Italia donde de un plumazo se prohíbe fumar en todos los locales públicos, sean de 50 o  de 150 metros cuadrados. Si uno quiere fumar que salga a la calle. La idea de las zonas fumadoras dentro de un mismo local simplemente no funciona. El humo acaba permeando todo el bar o restaurante. Hay que cortar por lo sano.

 

        En medio de este debate la Agencia de Salud Pública de Barcelona y el Instituto Catalán de Oncología han publicado un estudio que asegura que la exposición al humo en casa y en el trabajo de los no-fumadores causa la muerte de 1228 personas al año en España.  Si incluimos a los bares, restaurantes y lugares de ocio la cifra se eleva a alrededor de 3000 muertos al año.  Estas estimaciones son muy conservadoras ya que solo han considerado a las muertes causadas por las enfermedades cardiovasculares y el cáncer de pulmón. 

 

       Ya ha llegado la hora para dar otra vuelta de tuerca en la legislación antitabaco.  

 

     

 

 

 

Por fin un país tiene un proyecto más o menos serio frente al cambio climático. Es una paradoja que tenía que ser un representante de la derecha el primer mandatario europeo en plantear un conjunto de medidas sensatas frente al cambio climático. Muchas de la propuestas consideradas por Sarkozy implican "un cambio de cultura" a causa de lo que el mismo denomina "un modelo de crecimiento que está condenado". Ya veremos finalmente como es de grande el trecho entre dicho y hecho. Pero el debate en sí supone un avance loable.

 

La gran mayoría de iniciativas serían consideradas en España como muy radicales. Por ejemplo, para el sector de la construcción se propone unas normas de consumo energético 50kw./m2 antes del 2012 en todos los edificios nuevos y en los públicos.

 

En el campo fiscal, propone una tasa contra el dumping ambiental de terceros países con un IVA reducido para productos propios para evitar, por ejemplo, la avalancha de productos especialmente sucios de la China. También apoya la idea de muchos economistas de la creación de un impuesto europeo o mundial sobre el CO2. Medidas fiscales a favor de los coches menos contaminantes. Respalda una ecotasa sobre el paso de camiones de mercancías y proyecta implantar peajes urbanos en los centros de las ciudades. En lo concreto, propone prohibir las lámparas incandescentes. Quiere primar el transporte público con una moratoria en la construcción de autovías y dar prioridad al ferrocarril. Incluso se prevé la reducción a la mitad del consumo de carburante aéreo de ahora al 2020. Propone gastar tanto en investigación de renovables como en la nuclear (ahora gana la nuclear 5 a 1). En cuanto a tóxicos propone la prohibición de sustancias muy peligrosas en la construcción y la decoración y declaración obligatoria de nanopartículas en productos de venta al público. También es de valor el reto de reducir el umbral permitido de partículas en suspensión en el aire. Apuesta por triplicar la superficie dedicada a la ecológica hasta alcanzar el 6% y quiere implantar una comida ecológica a la semana en cada comedor escolar. Osa  proponer la reducción a la mitad del uso de pesticidas en 10 años y apoya una moratoria del cultivo de transgénicos.

 

¿Para cuando unas propuestas parecidas en España? Las propuestas climáticas del gobierno de Zapatero son mucho más tímidas que las de Sarkozy. Esperemos que cunda el ejemplo de Sarkozy en cuanto al cambio climático con una salvedad importante: la obsesión francesa por la electricidad atómica.

David Hammerstein, eurodiputado de Los Verdes

IU busca las siglas verdes para parar su caída electoral y confundir así al electorado ecológicamente sensible, y ante la catástrofe ambiental concibe políticas ambientales similarmente a como lo hacen los demás partidos de izquierdas y derechas: sectoriales, erráticas, desconectadas del resto de prioridades económicas y sociales, e incapaces de cuestionar la fe economicista del crecimiento, la productividad y el empleo. A pesar de perseguir con desespero la marca verde IU no coloca la galopante destrucción ecológica en el centro de los debates y prácticas políticas, lo verde resulta ser más bien un adjetivo que añadir a otros, no un sustantivo. En cambio, los partidos verdes reconocen que los asalariados, los consumidores y el estado también participan en la destrucción de los sistemas vivos de cuya regeneración y salud dependemos. 

IU trata de tener las siglas verdes y airearlas al menos durante los cuatro años del ciclo electoral, o las añade sin más a su nombre propio, tal y como ya lo han hecho las IU de Andalucía, Euskadi, Mallorca, Aragón, IC. Este engaño a la ciudadanía también obstaculiza la conformación de un espacio político verde con unas señas de identidad claramente diferenciadas de las izquierdas, derechas y nacionalismos, y no subordinado ni satelizado por otros partidos. No es lo mismo un acuerdo electoral coyuntural entre fuerzas políticas diferenciadas y visibles, que la creación de una convergencia política que se apropia de la identidad verde al tiempo que en la práctica política no la coloca al centro de los debates y decisiones eludiendo con ello las implicaciones centrales del pensamiento verde.  

EUPV no se ha quedado atrás en este travestismo político. Últimamente, los verdes elegidos como fieles voceros para esta operación de marketing ambiental de la izquierda comunista han sido Carles Arnal y Joan Francesc Peris, ambos partícipes de las refriegas internas de EUPV y sus luchas de poder. Arnal se salió del partido de Els Verds una vez que consiguió ser diputado autonómico por l’Entesa de EUPV y cuando Los Verdes del territorio estatal decidieron ir a las generales y europeas del 2004 en alianza electoral con el PSOE, obteniendo con ello un diputado estatal: Francisco Garrido, y un eurodiputado del Grupo Verde en el Parlamento Europeo: David Hammerstein. Aunque Carles Arnal hoy parece haber caído en desgracia a ojos de la actual dirección de EUPV, sin embargo repite su dictado cuando desdibuja y oculta públicamente la identidad central de los partidos verdes al concebirlos como enlatados dentro de un estado de fusión y armonía sin fricciones con la “izquierda transformadora” (¡curiosamente con ello se deja fuera al 95% de los partidos verdes europeos!). El Sr. Peris es el “nuevo verde oficial” designado por EUPV, tiene en su haber una inquietante trayectoria política: de dirigente comunista a supuesto “líder verde”, pasando por diputado del PSOE en las Cortes Valencianas. En el 2004 lideró un entrismo en la organización de Els Verds del PV haciéndose con el control del partido, con expulsiones y decisiones estalinistas sobre los militantes históricos de Els Verds, y que ahora se concentran en Los Verdes de Europa.  

El maquillaje verde de la izquierda comunista oculta las contradicciones y antagonismos que aparecen cuando se ponen por delante las necesidades de los ecosistemas esquilmados, y que a la vez son intereses sociales y colectivos. Priorizan un anacrónico y erróneo concepto de “lo social” a menudo separado o enfrentado a lo ecológico. Por ejemplo, bajo la empalagosa y vacía retórica de la “sostenibilidad” que ya todo el mundo repite hasta la saciedad en un inmenso reino de confusión, IU defiende contradictoriamente las subvenciones públicas a actividades contaminantes de todo tipo en nombre de la prioridad del empleo o del salario. Se niega al cierre de las minas de carbón, a la reconversión ambiental de la industria química o de la agricultura intensiva. No quiere una fiscalidad ecológica directa e indirecta que ponga en práctica ecotasas que responsabilicen a empresas y a usuarios de la destrucción de bienes naturales comunes y básicos que generan. Se opone a que los precios reflejen e internalicen los daños ecológicos generados en los procesos de producción y consumo.  

En medio de este nominalismo político en versión verde, lleno de palabras pero de escasa acción práctica, de nada sirve el llamarse eco-socialista ni el hacer programas electorales con un apartado ambiental redactado por expertos ecologistas. Tampoco vale el hacer grandes exégesis y artificios de reinterpretación teórica para con ello pretender encontrar en los textos marxistas fundacionales un ecologismo avant la lettre. El llamado ecosocialismo es especulación ideológica sin realidad histórica concreta que lo legitime, ya que el “socialismo real” sabe muy poco de ecología (desde el soviético hasta el populista petrolero de Hugo Chávez que sí sabe mucho de la destrucción del clima con su “petróleo barato para los pobres”). En definitiva, se trata de algo parecido a lo que le ocurre al nefasto y temerario credo neoliberal. Ningún país europeo tiene un partido verde consolidado que propugne el “eco-socialismo” que IC y una parte de IU defienden cuando la experiencia real e histórica es de imposibilidad y contradicción interna entre ambos términos.  

En Europa los partidos verdes nacieron hace tres décadas con claras diferencias de otras fuerzas políticas de izquierdas, derechas, y nacionalistas. Hoy, la desbocada crisis de supervivencia civilizatoria convierte a las políticas verdes en imprescindibles. Al reconocer que no hay separación sino una radical continuidad entre la salud de los ecosistemas y la salud de las personas, los partidos verdes ponen por delante los valores de protección y cuidado de la vida planetaria como condición y eje del resto de políticas. A la Madre Tierra amenazada de muerte le da igual si las emisiones contaminantes vienen del mercado, del consumo individual o del estado, lo que urgentemente reclama es su freno, venga de donde venga el daño ecológico. Es absurdo pretender que el proyecto verde está atado en matrimonio indisoluble con la izquierda como si esta acreditara un trato limpio e inmaculado con los sistemas vivientes. La novedad de las políticas verdes está en que optan por exigentes normas sociales y ambientales de carácter local, nacional y supranacional afectando a toda la estructura social y económica. La agenda verde está muy alejada de los estrechos dogmas de las izquierdas muy a menudo encerradas en la defensa incondicional de lo público frente a lo privado cuando a menudo la iniciativa pública es un gran ejemplo de destrucción ecológica y maldesarrollo. La opción verde es europeísta, está muy lejos de las impotentes “políticas del no” que aplazan indefinidamente el dar alternativas prácticas viables, y que suelen caracterizar a las izquierdas radicales. Las utopías verdes son realistas, situadas, e inacabadas al dar prioridad práctica al presente ya que no esperan a la autopsia cuando las lesiones son temibles e irreversibles. Saben que los avances son siempre parciales e imperfectos en medio de condiciones y equilibrios de fuerzas desventajosos. No esperan a un futuro incierto para obtener logros porque es muy frágil y está enormemente amenazada nuestra humana condición física y biológica.

 MARA CABREJAS
Profesora de la Universitat de València

Lo que queremos Los Verdes:

 

Queremos construir un país más justo y creativo para vivir su valiosa diversidad ecológica y cultural. Deseamos convivir con sus campos y bosques, con su cultura y lengua singulares, con las piedras y calles de su Historia. Queremos una sociedad más equitativa y solidaria, más sana y habitable, más sabia y democrática. Nuestro concepto del mundo, pasa por proteger la calidad de la diversidad de vida y por construir un futuro basado en la cooperación y la solidaridad con bienestar ecológico y social para todas las persones y pueblos. Nuestra prioridad fundamental es tratar de transformar el actual crecimiento ilimitado del consumo y destrucción del mundo biofísico en una economía ecológica y socialmente sostenible, con una base ética de control colectivo basada en la conciencia realista sobre los límites y las restricciones impuestas por la red de la vida de la que les sociedades humanas son parte. Queremos capacitar a las personas para actuar sin dañarse a ellas mismas o al entorno, permitiendo el bienestar del resto del mundo y de las futuras generaciones. La política verde trata de tener lo suficiente y mejor substituyendo a las políticas de crecimiento. Trata de priorizar la calidad por encima de la cantidad, y eso va en contra de algunas de las premisas básicas de las actuales tendencias del desarrollo industrial que luchamos por cambiar. Los Verdes queremos construir una sociedad española, europea y mundial que respete los derechos fundamentales y la justicia ecológica: los derechos a una vivienda digna, a la salud, a la educación, a la cultura y a una alta calidad ambiental de la vida humana y de la vida de los ecosistemas naturales. Queremos incrementar la libertad y la igualdad dentro del mundo del trabajo, no sólo luchando contra el paro, sino, también mejorando las condiciones del mismo, disminuyendo la jornada de trabajo, evitando la precariedad laboral, ampliando las posibilidades de elección de la gente, liberando el potencial creativo humano dentro de una ocupación de utilidad social y ecológica... Queremos profundizar en la democracia a todos los niveles mediante la descentralización y la participación directa de las personas y grupos en las decisiones que les afectan y de interés colectivo. Somos Radicales, porque queremos ir a buscar las soluciones en la raíz de los problemas. Somos Realistas, porque los objetivos inmediatos han de ser realizables Somos Transformadores, porque queremos cambiar el actual modelo de sociedad aprovechando cada oportunidad que se ofrece para avanzar como parte de un proceso que se realiza paso a paso Somos Innovadores: para utilizar la inteligencia y la creatividad humana de cara a promover una sociedad que beneficie a todos sus miembros. Los Valores que defendemos Los Verdes son:

 

- Solidaridad: para promover e implementar la igualdad a nivel estatal, europeo y mundial,

 

 - Democracia Radical: para hacer realidad la participación de todas las personas en los procesos políticos defendiendo derechos económicos, sociales y ecológicos.

 

- Independencia: para mantenerse libres de las presiones de los intereses privados y de los lobbies

 

- No-violencia: Como forma de hacer cambiar la sociedad y como medio de resolver diferencias y conflictos

 

 - Justicia Social y Ecología: Porque los derechos de todas las personas y de la naturaleza están completamente relacionados.

 

 - Igualitarismo: Porque creemos en la igualdad de oportunidades para todas las personas y especialmente en la igualdad de género. Los Verdes estamos trabajando a favor de cambios profundos en la sociedad.

 

 -Reformas económicas y sociales para crear un contexto de sostenibilidad y continuidad tanto para las personas como para el mundo natural.

 

 -Un proceso democrático, a todos los niveles, que ligue el comercio, la seguridad, las cuestiones económicas y sociales a los derechos ecológicos y democráticos.

 

 -Altas normas y exigencias socioecológicas para asegurar la supervivencia y la calidad de vida ahora y en el futuro.

 -La solidaridad, los derechos humanos y la ciudadanía, para todas las personas, incluidas los inmigrantes.

 

-Una política exterior diseñada para resolver conflictos por medios pacíficos, en vez de por la fuerza militar y para promover una cooperación solidaria que fortalezca la autosuficiencia y la justicia social en todos los pueblos.

 

 -Mejorar las estructuras para la participación y decisión democrática en las decisiones políticas a favor de las ONGs, los sindicatos y la ciudadanía en general, con medidas para garantizar la participación paritaria de las mujeres. -La defensa de la diversidad cultural y lingüística y de la riqueza del patrimonio cultural y natural de todos los pueblos.

 

 -Unas ciudades y pueblos a escala humana en paz con sus entornos naturales y conservadores de sus singularidades culturales.

Los Verdes de hoy y mañana, de lo pequeño y lo grande. 

20 años después de salir elegido el primer concejal verde español en Villena, Alicante, podemos dar el paso importante de conseguir la primera hornada amplia de representantes verdes locales, la mayoría elegidos en solitario, como sustantivo verde, no como adjetivo añadido.  Valientes y con buen humor, a contracorriente de  la política municipal al uso, centenares de listas verdes aportan en lo personal y en lo político nueva sangre a sus comunidades. Frente al ladrillo, colocando a las políticas del clima al centro de su discurso y reivindicando la imaginación en todos sus actos, pronto podemos tener docenas  de nuevos grupos municipales verdes que sentarán la fundación del gran partido verde de mañana. 

He tenido el privilegio de visitar a lo largo de los últimos dos meses la mayoría de los “puntos verdes calientes”: unos 35 municipios de Maó en Menorca al Telde en Gran Canaria, de Getxo a Torremolinos. Todos merecen unos brillantes resultados. Son la flor y nata de Los Verdes. Dan la cara a nivel de calle y se enfrentan a la realidad cotidiana más allá de las grandes proclamas ideológicas. Si hay un futuro verde en este país son nuestros candidatos municipales.   

Siguen en la brecha. En Villena 20 años después de ser los primeros de tener un concejal verde, se ven carteles verdes por todo este municipio de 35 mil habitantes. Ya llevamos 4 años gobernando y queremos seguir en la mayoría aumentando nuestro número de concejales de 2 a 3 con la incorporación de grandes valores como los candidatos Kati, Patxi y Juan Angel que recogerán el testigo de Antonio Pastor y Paco Montilla.   

¡Alcaldesa! En Santa Brígida, Gran Canaria nuestra co-portavoz verde la concejala Amalia Bosch tiene muy buenas perspectivas de multiplicar por 3 o 4 nuestra representación con su lema “seguir trabajando” que se ve en las carretillas repartidas por este pueblo  de unos 25 mil habitantes. 

En el pueblo de al lado dos ecologistas históricos de la medianera montañosa  de Gran Canaria, Lidia y Ramón, defienden un proyecto cultural fuerte  basado en el patrimonio cultural y la oposición a la expansión urbana. en el precioso y histórica población de San Mateo, Gran Canaria. La sede  verde emerge entre vigas y patios centenarios con vistas a los picos más altos de la isla. 

En el punto opuesto Iñigo marca el camino a seguir en Euskadi en Mutriku por su campaña en defensa de su precioso pueblo amenazado por grandes puertos y carreteras. Es muy posible que sea el primer concejal verde de Euskadi elegido en una lista propia. 

Declaramos el bienestar universal. Donde rebosa la creatividad y domina el buen rollo es en Torremolinos donde nuestros primeros candidatos Ricardo y Karolina son enormemente entrañables y chisposos. Si añadimos una brigada de simpatizantes artistas, buenos chistes y mejor pescaitos, no hay duda de que el éxito está garantizado. De hecho, a pesar de los moles de hormigón,  los “malayos” y las Pantojas, de la Costa del Sol me queda en la retina el mar, la muy viva montaña y unas sonrisas enlatadas. 

En Estepona Convocatoria Los Verdes ha conseguido el movimiento perpetuo y frenético empujado por el incombustible empuje de Gerardo y el más pausado razonamiento de David. Se forja una coalición entre jóvenes radicales en bici, curtidos ambientalistas y británicos cabreados por los abusos urbanísticos. 

Unos  jóvenes activistas y cultos de Algete, Madrid liderados por Jonatan que había salido escaldado de IU con un programa claro en defensa del Jarama y en contra del ruido de Barajas. 

También en la Comunidad de Madrid hay candidaturas muy activas y con posibilidades en Tres Cantos (donde participé un animado mercadillo), Alcalá de Henares (donde se presenta nuestro candidato a la presidencia de la Comunidad, Juan Manuel Román), Getafe, Móstoles, entre otros.   

Pedro de Getxo, Vizcaya (80 mil habitantes), un curtido líder vecinal y cabeza de lista de Los Verdes lucha en contra de un macroproyecto de PNV y IU de 8 mil viviendas que destruirían un núcleo rural precioso de centenares de hectáreas con vacas y caballos a un paso de este municipio de 80 mil habitantes.  

 

La bandera verde defiende las últimas playas vírgenes. Inma en Nijar, Almería lucha con un grupo valiente de ecologistas contra la barbarie corrupta del ladrillo que acecha unos de los últimos espacios vírgenes del litoral del mágico Cabo de Gata. Por la primera vez y en unas condiciones muy duras de impunidad y desprecio institucional tendremos una lista verde en Níjar.   

Manolo Barrero lidera en Villablino una de las luchas socio-ecológicas más calientes del estado: en contra de las minas de cielo abierto que están lesionando la tierra y agua de valle de Laciana en el corazón de la zona minera de la cordillera cantábrica.   

En Navafría, Segovia, nuestros candidatos luchan en contra de una gran urbanización en las faldas de la sierra de Guadarrama. Tenemos candidaturas en 24 municipios de Segovia. En muchos de ellos conseguiremos concejales verdes.

Pepino es un pueblo hermoso  cerca de Talavera en Toledo donde tendremos concejales verdes con sentido común verde frente a las crecientes manchas de aceite urbanas sin servicios ni integración. Vanesa en campaña por Castilla-La Mancha. Un joven y activo valor de futuro. 

Posiblemente la ciudad grande donde más posibilidades tenemos es Las Palmas donde Rafa el incansable e imaginativo candidato come un coco ante la prensa bajo nuestro cartel que advierta “que no te coman el coco”. Los verdes Canariones han dejado la piel, la palabra y algo más en lo que da un gran ejemplo a seguir. Ya hay sondeos que colocan a Rafa en el ayuntamiento y a Domingo en el Cabildo, el gobierno de esta isla de más de un  millón de habitantes.  

¿Porqué la atomización y transversalidad de los verdes?

La ley electoral española permite a legalizar partidos y siglas verdes a diestro y siniestro, y con ello se ha creado una gran confusión entre el electorado sobre quienes son los partidos verdes en un reino de taifas en el que todos reclaman para sí mismos las políticas ambientales, se devalúa y atomiza así la identidad política “verde” haciéndola irreconocible dentro de la mercadotecnia electoral. Dado que las problemáticas ecológicas son cada vez mayores y son más percibidas social y culturalmente, los partidos de todo tipo y color buscan captar estas preocupaciones y votos añadiendo en su programas y discursos una defensa retórica de las llamadas políticas ambientales, pero siempre sin desplazar un milímetro las prioridades productivistas del crecimiento económico medido bajo los distorsionantes indicadores del PNB, un economicismo ramplón que oculta los peligros y las destrucciones reales que amenazan la salud de la Tierra y de nuestros cuerpos. Pero las soluciones verdes no son compatibles con la misma medicina que mata. Los Verdes ponemos por delante los valores de supervivencia y equidad como guías de orientación del resto de políticas, y por ello estamos radicalmente opuestos a los discursos verdes de supermercado que defienden algo sencillamente imposible en el mundo real: por un lado la compatibilidad entre la productividad y el crecimiento económico, y por otro lado la protección ambiental. ¿Qué futuro hay en el País Valenciano para estas opciones? En el ecologismo político del estado y del PV se da un “entrismo” por parte de personas y grupos de la vieja izquierda comunista y del nacionalismo radical con postulados muy distintos y a menudo antagónicos de la gran mayoría de los verdes europeos, pero que buscan la etiqueta verde como salvavidas electoral. IU tiene la estrategia de fagocitar y vampirizar las siglas verdes en todos los territorios pero sin un cambio real en sus acciones políticas, solo busca dar una imagen adaptada a las nuevas problemáticas y luchas sociales pero en realidad mantiene las anacrónicas y anti-verdes prioridades economicistas. La mayoría de veces que aparece la palabra “verdes” es puro simulacro electoral, como la de IU-Los Verdes, ya que detrás no hay políticas ni ideas verdes. Los Verdes no somos como las sandias: verdes por fuera y rojos por dentro, no somos un adjetivo de marketing para añadir a cualquier otro movimiento o partido con el fin de sumar votos mediante la confusión y el engaño con la marca verde. Los Verdes respondemos a las nuevas necesidades de supervivencia con una identidad y agenda políticas propias, y sabemos que la cacareada defensa "de la compatibilidad entre el crecimiento y la protección ambiental" en la práctica implica más de lo mismo: más destrucción de las propias fuentes de recursos y vida de nuestras sociedades. ¿Qué es ser verde en el siglo XXI? Es urgente una transición hacia formas de producción, consumo y estilos de vida más adaptados a las restricciones que imponen los metabolismos de la naturaleza, de lo contrario sencillamente no habrá continuidad ni futuro posible para nuestras sociedades humanas. La actual crisis medioambiental es estructural y profunda, y sus soluciones no están ni en las propuestas del neoliberalismo de la derecha ni en las del estatalismo de la izquierda, ya que las políticas verdes afectan a todos los órdenes de la existencia y se basan los principios de cuidado la biodiversidad frágil y esquilmada, la defensa de la vida, la paz, las libertades individuales, un fuerte europeísmo, y unas exigentes normas supranacionales ambientales y sociales para avanzar hacia una nueva alfabetización y ciudadanía que consiga reducir el sobreconsumo destructivo de energía y materiales que provienen del planeta vivo.

David Hammerstein, eurodiputado de Los Verdes

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