Crisis social y económica

"Salvemos los bancos. El planeta puede esperar."

La crisis económica del sobreconsumo y la misteriosa desaparición del cambio climático

         

El mundo al revés: Todos contra la crisis y todos contra el planeta. 

Cuando la economía española va bien, la vida de los ecosistemas pierde. Cuando, como ahora, el crecimiento del cemento y humo se frena, lo que beneficia generalmente al planeta, nos ponemos histéricos. Cuando el planeta se ahoga, la economía va bien. Pero si todos y todas somos parte de la suerte de la salud del planeta, ¿cómo podemos salir de este endiablado atolladero de autodestrucción y esquizofrenia?

Seguramente sería más sensato aprovechar y mantener el contexto de decrecimiento actual del consumo y adaptar las necesidades sociales y la economía a los límites finitos de unos sistemas naturales gravemente amenazados.
 
 

¿Por qué ya no habla casi nadie del cambio climático? ¿Por qué ya no posan los líderes mundiales con Al Gore y anuncian sus planes ecológicos? ¿Ha dejado de ser "el más importante desafío a que se enfrenta la humanidad"? ¿Cuando se consideran medidas billionarias contra la crisis financiera, por qué se olvidan totalmente de la crisis de supervivencia del planeta? Es evidente que cuando la economía entra por la puerta, el medio ambiente sale por la ventana.

   

Estamos entrando en un periodo de decrecimiento económico caótico, y la política dominante está pidiendo a gritos volver al modelo de crecimiento "de siempre" como sea. No importa cómo. Lo prioritario es recuperar cuanto antes la demanda de todo: petróleo, coches, cemento, tóxicos y apartamentos en la costa. Se añoran los días de antaño con el carro de la compra lleno y las grúas brotando como setas.  Con los gritos de "más madera contra la crisis", no parece quedar ni un ápice de conciencia de los límites de la naturaleza ni de la catástrofe climática que se nos viene encima. ¡Vaya caso más grave de amnesia colectiva!

   

Con esta crisis económica hemos constatado como la tan pregonada lucha contra el cambio climático ha caído en el agujero negro del cinismo y la hipocresía de casi todos los líderes políticos mundiales.  La máxima prioridad es salvar a los bancos. El planeta puede esperar.  Lo que más preocupa es la bajada de ventas de coches, y no la bajada de los indicadores de los ecosistemas que dan soporte a la vida.  Hay que reforzar el sector de la construcción como sea y no poner trabas ambientales a los "ladrillazos" por doquier. Las cementeras, las térmicas y los azulejeros, entre otros sectores, no pueden soportar más presiones para frenar las emisiones contaminantes y hay que olvidarse meter en la legalidad a los atropellos como el enorme vertedero químico de Huelva o como las minas a cielo abierto de carbón en León. Olvidemos de ajustar el precio de la electricidad ni el agua a la realidad del coste y ¡Qué alegría de que se desploma el precio de la gasolina! Sobretodo ¡Mantengamos a los niños contentos, sea como sea!.

 

Lo cierto es que el mismo modelo de sobreconsumo especulativo que ha provocado esta crisis es el que ha causado en los últimos 25 años la pérdida más rápida de habitabilidad y biodiversidad en la historia de la humanidad. Los préstamos basura han generado toneladas de basura bien real. Los bancos tóxicos han escupido unos tóxicos mortíferos por todas partes.  La frenética globalización económica ha despreciado olímpicamente el valor real de la producción de la Tierra al crear un boom financiero en el cual el dinero nacía de si mismo y sin apenas relación con el mundo material. Asi, todos cambiaban de tele, coche y ropa continuamente, mientras la renovación de la Tierra era muchísima más lenta.

 

Si el futuro realmente les importara a nuestros líderes podrían plantear la crisis como una oportunidad para reorientar y redimensionar  la economía hacía lo más importante: la defensa de la vida en la Tierra.  Se ajustaría las finanzas a la economía real, que es nada menos que la capacidad de carga del mundo biofisico que nos rodea.  Significaría una seria relocalización de la producción a favor de los productos locales y regionales. Significaría medidas fiscales contra la especulación financiera mundial, y contra la explotación de recursos escasos y contaminantes (sobretodo cuando caen sus precios), que se utilizarían para atender a la vez las necesidades básicas de los pobres del Sur y para luchar contra las múltiples crisis de supervivencia del planeta.  Se invertiría masivamente en la rehabilitación ecológica de viviendas, en el transporte público, en las energías renovables descentralizadas, en la innovación tecnológica y la investigación con fines sociales y ambientales, en aumentar el flujo de información, la transferencia tecnológica y la cultura a través de redes abiertas.

 

Lo que nadie pone sobre la mesa son cambios estructurales en el mundo financiero para favorecer fines sociales y ecológicos en beneficio de la futura salud el planeta. Nadie plantea que esta crisis ha sido causada por lo mismo que destruye nuestros ecosistemas de soporte de la vida: el sobreconsumo.  En cambio, se presupone que basta con devolver un poco de "estabilidad y seguridad" a los movimientos de capitales para animar a la economía mundial hacía otro ciclo de feliz crecimiento.  Sobre lo social y ecológico, hay casi un consenso de que funcionará "el goteo hacia abajo" de la prosperidad para tratar a la pobreza y a la crisis ambiental. Es decir, primero crecemos y después repartimos y limpiamos.

 

Si uno escucha los lamentos sobre la crisis financiera de nuestros líderes de todos los colores es como si añoraran la maravillosa situación económica de hace unos pocos años en medio del boom urbanístico y especulativo. 

 

No señores. No volvamos a las andadas de una economía casino y destructiva.  En cambio, debemos considerar esta crisis como una oportunidad para sentar las bases para otra economía que respeta la fundación natural de nuestras sociedades. Solo se puede conseguir si aprovechamos el contexto de "decrecimiento" actual para convertirlo en un decrecimiento sostenible, es decir un modelo económico que reduzca el consumo de los bienes del planeta y a la vez apuesta por los  bienes inmateriales de la información, la cultura y la imaginación para asegurar una vida feliz y larga para la gran mayoría de la población mundial.

 

 

Mi amigo Vicente de Valencia llama coloquialmente  "cascaos" a sus colegas de la "diversidad funcional". Habitualmente son socialmente más conocidos como los "discapacitados" o los "minusválidos". Después de haber disfrutado con ell@s en Madrid y en Valencia en la I y II  Marcha Por la Visibilidad de la Diversidad Funcional, he comenzado a apreciar la importancia y la enorme profundidad de las demandas de derechos y libertades básicas de los "cascaos". Desde la sabiduría de sus líderes "independentistas", como Patxi de Estepona, exigen el derecho a la dignidad de poder disfrutar de una autonomía y vida independiente.

Con humildad y mucho aprecio, expongo a continuación algunas de las lecciones que he aprendido:


1.  La visibilidad y reconocimiento de la diversidad funcional.   

La sociedad no suele permitir ni favorecer que las personas con una "diversidad funcional" disfruten y se relacionen con normalidad en los espacios públicos, tal y como lo hacen el resto de personas. ¡Un simple escalón se puede convertir en una tragedia que ayuda al encierro y aislamiento personal! 

Hoy se discrimina a estas las personas en numerosas facetas y relaciones cotidianas de la vida. Se las elimina de los espacios públicos y se las recluye espacios privados, al igual que en el pasado se ha discriminado a las mujeres o a otras minorías. Se convierten así en personas socialmente invisibles y devaluadas, al ser identificadas y reducidas a una anomalía o discapacidad. Tan solo adquieren algún protagonismo y visibilidad social cuando se las estigmatiza como un desafortunado grupo de personas carenciales o de enfermos, con necesidad de asistencia o de socorro caritativo.

Un primer paso para conseguir el respeto, el aprecio y la integración social de los "cascaos" es la ruptura con la marginalidad física, sociocultural y política que padecen. Tienen que tener oportunidades de romper las paredes de sus encierros involuntarios y con ello poder salir de sus guetos domésticos para ocupar todos los espacios públicos, los lugares de encuentro social y los lugares de tiempo libre y de trabajo. Hoy el avance político y social de los "cascaos" empieza en la calle, ahí se están dejando oír cuando están ocupan las calles y plazas, las aceras y los parques, y esto es vital para conseguir la visibilidad y la aceptación de las personas con diversidad funcional y su participación activa en sociedad.

2.  Accesibilidad, cercanía y ciudad verde. 

 Gran parte de lo que necesitan y demandan "los cascaos" coincide con el programa verde en el medio urbanizado de ciudades y pueblos: la eliminación de las barreras arquitectónicas en los barrios y zonas urbanas para favorecer cotidianamente la movilidad, el encuentro humano, y el acceso a comercios y servicios de todo tipo. 
 

La posibilidad de desplazarse exige también el fin de la dictadura caótica de los coches que llenan y bloquean las calles, las aceras, los parques y plazas, y que además de afear e imposibilitar el disfrute del paseo y del encuentro social entre calles, edificios y plazas, contaminan con decibelios insoportables y hacen insalubre el aire que respiramos. Es necesario un transporte público con medios específicos adaptados para estos "ciclistas", más zonas peatonales y más espacios verdes. También la calidad de la habitabilidad urbana y de la vida de los "cascaos" necesita mejorarse con más carriles bici ya que las personas que van en sillas de ruedas ¡también son ciclistas!. 

Muchas de las exigencias urbanísticas y sociales de accesibilidad y de proximidad en los intercambios ciudadanos son las mismas que exige la sostenibilidad urbana y la urgente lucha contra el cambio climático.

3.  ¡Dignidad, autonomía e independencia!  

Al igual que los demás seres humanos, "los cascaos" necesitan y exigen el poder tener unas vidas con la máxima autonomía posible para su disfrute, para convivir y relacionarse con los demás, para amar y ser amados, para crear. No quieren ser considerados solo como una carga para las familias o para las instituciones públicas o privadas. Por el contrario, quieren aportar vida, imaginación y trabajo a la sociedad. 


Sin embargo, las actuales leyes y políticas públicas tienden a perpetuar los estigmas socioculturales de rechazo y exclusión favoreciendo la dependencia completa de la familia, la extrema medicalización, y con ello la marginación y el aislamiento social. El tinte benéfico de las actuales políticas sociales de vivienda, de inserción laboral, o de enseñanza, son un claro obstáculo a la calidad de vida y a las posibilidades de una vida autónoma e independiente de las personas con diversidad funcional.

4.  La economía social del cuidado y la solidaridad.

Una reivindicación fundamental de "los cascaos" es la apuesta por una verdadera economía social basada en el cuidado recíproco y el reconocimiento de la singularidad y dignidad de las personas diferentes. Se trata en realidad de una moral práctica basada en la economía relacional y convivencial, por cierto, algo que históricamente han desarrollado masivamente las mujeres y las culturas femeninas de gratuidad, donación y cuidado de los otros cercanos. 

Esta ética convivencial y de lazos comunitarios es primigenia y fundante de las mismas sociedades de seres humanos, y desarrolla los valores de donación y los intercambios de bienes relacionales e inmateriales básicos para una vida digna de ser vivida. Es esta la ética que hoy la reivindican "los cascaos". Esta nueva cultura convivencial a su vez ayuda al fomento de las redes de solidaridad y cohesión social, es decir, el tejido humano tan amenazado por las nuevas formas de desigualdad y de individualismo insolidario y por la creciente descomposición de los lazos comunitarios. 

El dar prioridad al cuidado de las personas por encima de los fríos cálculos económicos pone en cuestión la lógica del simple beneficio económico privado. Pero tristemente, hoy parece que sí que hay mucho dinero público para salvar los apuros económicos de la banca, pero en cambio hay muy poco dinero para dignificar la vida de las personas con una necesidad social. 

5.  El derecho a una vida digna es antes que el derecho a una muerte digna.

Una ignominia y vergüenza pública más: recientemente la publicidad política ha dado un cierto protagonismo y visibilidad a los "cascaos", pero representándolos falsamente como personas que quieren dejar de vivir y desean suicidarse.  


Ríos de tinta se han vertido en el debate público sobre la eutanasía y el derecho a una "muerte digna". El mensaje subyacente puede ser bastante hiriente y asimilable a las peligrosas políticas eugenésicas de limpieza social cuando se trata de las personas con diversidad funcional, ya que sugiere que no merece la pena vivir cuando se padecen unas severas limitaciones físicas. En cambio, hay muy poco debate en los medios de comunicación sobre como conseguir una vida digna para estas mismas personas.  

Conviene recordar que los primeros valores éticos y derechos han de estar por la defensa de la vida, la dignidad y la salud. Tendremos por tanto que defender a la vez la vida de las personas y también del planeta entero, ya que es su salud y biodiversidad es la primera condición de nuestra propia vida y existencia. 

¡Primero vida digna, después muerte digna!

 

     

1. ¡Viva el libre mercado! ¿Porque sufren una repentina afonía el gran coro de  conservadores y liberales de todos los colores políticos que llevan años sermoneándonos sobre las bondades de la desregulación de la economía, la no intervención del estado y las maravillas del libre flujo de capitales?

 

2. ¡Salvemos los bancos! (¿y después el planeta?) ¿ Porque el gobierno de EE.UU. y casi todos los dirigentes europeos apoyan el Plan Bush para salvar con el dinero público las instituciones financieras irresponsables y corruptas en lugar de utilizar el dinero para ayudar a las personas que sufren las consecuencias de la crisis? ¿Porque la supervivencia de algunos bancos es más importante (en inversiones públicas) que la del planeta y de sus habitantes pobres?

 

3. La bolsa sube, la vida baja ¿Estábamos realmente en el mejor de los mundos posibles hace unos años en medio de los boom urbanísticos, la creación de empleo en las obras y la subida de la bolsa?

 

4. ¡Más madera!  ¿Hay que hacer lo que sea para acelerar y calentar la economía y el consumo, como dice casi toda la clase política y sindical? ¿Es la cura o la enfermedad? ¿Hay peligro de que el tren de la economía vaya demasiado lento o demasiado de prisa? ¿Quien gana? ¿Quien pierde? ¿Si no ahora, cuando?

 

5. ¡Crisis económica contra la crisis climática! ¿Si el resultado de la crisis es mucho menos destrucción ambiental es posible que hayamos encontrado por fin la forma de combatir el cambio climático y reducir las emisiones contaminantes?   O en otras palabras: ¿Si conseguimos que haya menos préstamos basura y menos bancos tóxicos, habrá menos basura y menos tóxicos?

 
Algunas muy breves respuestas (pronto haré un análisis más extenso):



 
1.  Regular para orientar el dinero hacía fines justos y ecológicos Hay que regular fuertemente a nivel mundial al sector financiero y al flujo de capitales para obligar unos mínimos objetivos sociales y ambientales y de la estabilidad financiera no especulativa. Es imprescindible controlar estrictamente la concesión de créditos y operaciones financieras de todo tipo. Hace falta tomar en serio de una vez el blanqueo de capitales, los paraísos fiscales y la evasión fiscal.

 

2. Los bancos que han creado la crisis no merecen ser salvados, la mayoría de sus clientes corrientes, sí.  El dinero público se necesita para luchar en contra del cambio climático y la desigualdad social, no para regalar a la banca. Es un escándalo que en España nuestros depósitos solo tienen un seguro hasta los 20 mil euros en caso de ulna quiebra bancaria mientras en EE.UU ahora será 10 veces más.  Hay que construir otro modelo sistema financiero sobre unas nuevas bases seguras y democráticas.


 
3. Volver a las andadas especulativas del boom inmobiliario sería volver al problema y no a la solución.  La burbuja urbanística y los créditos que la hinchaba han sido unos de los motivos de la actual crisis. No queremos volver a la época de beneficios espectaculares en la bolsa que poco tienen que ver con la economía real. Hay que redimensionar y relocalizar la economía, creando unas reglas claras en contra de operaciones financieras y constructivas desbocadas y alejadas de las necesidades reales.

 

4. Como con la comida y el amor, "slow is beautiful" (Lo lento es bello)   La temeraria actividad frenética de la globalización financiera  tiene efectos contradictorios y autodestructivos: da vértigo para seguir el ritmo mientras que da miedo para frenar y, quizás,  descarrillar. En cambio, hay que aceptar una economía más lenta y segura que también puede ser más justa y verde al no basarse en el crecer por crecer.


 
5. El crédito excesivo hipoteca el planeta. ¡Sí, el planeta gana con esta crisis!   Conforme la burbuja crediticia ha crecido, ha avanzado más de prisa la destrucción del medio ambiente por la locura de la sobreproducción y el sobreconsumo.   Los préstamos fáciles y de basura han posibilitado un consumo muy desmesurado y obsceno que ha sido mucho más allá de nuestras posibilidades económicas y ecológicas.  Por paradójica que parezca esta crisis favorece los ecosistemas que dan suporte a nuestras sociedades. Hay que "decrecer de forma sostenible" lo que quiere decir que la economía física de materiales de la naturaleza tiene que encogerse mientras la economía de las personas y su entorno puede prosperar si somos capaces de aplicar unos cambios políticos y culturales sabios que priorizan la vida, la salud y el futuro.

 

DE LA DEPENDENCIA A LA AUTONOMÍA PERSONAL, DE LA "MUERTE DIGNA" A LA VIDA DIGNA

      

Centenares de sillas de ruedas llenaban la calle Atocha de Madrid con música marchosa, un montón de energía positiva y muchas ganas de protestar por la vulneración de los derechos de personas con "diversidad funcional". Me quede impresionado y emocionado por conocer un liderazgo brillante y valiente,  una estrategia colectiva que busca aliados y presión ante la dejadez temeraria de todos los estamentos de la administración. Centenares de familiares y amigos se juntaban en la fiesta por la igualdad y la justicia.


Exigen el cumplimiento de las leyes,  reivindican la visibilidad ante la sociedad y rechazan que la diferencia física signifique marginación y discriminación. Hay una enorme brecha entre las medidas sociales pregonadas a los cuatro vientos (Ley de igualdad de oportunidades, Ley a favor de la accesibilidad y Ley de Dependencia),  y la realidad diaria de insensibilidad institucional y jurídica.  Critican la escasa aplicación de la "Ley de Dependencia", que apenas llega a una pequeña minoría, y con servicios que sólo llegan para levantar a una persona de la cama por la mañana y para acostarla por la noche, cuando muchas personas necesitan un asistente personal. Fulminan a los ayuntamientos que permiten la ilegalidad masiva de la inaccesibilidad de tiendas, instituciones y calles céntricas bloqueadas por coches.  Ponen el grito al cielo por la gran dificultad de poder viajar por las políticas de empresas como Renfe que solo reservan 1 o 2 plazas por cada tren para sillas de ruedas que no se pueden comprar por internet ni con descuento, de la escasez de taxis o autobuses a los cuales pueden subir. También es criticada la poca inserción en el mundo laboral. La lista de incumplimientos es interminable.


Pero sobretodo lo que piden muchos de los manifestantes, como mis amigos Patxi de Estepona y Vicente de Valencia, es la oportunidad de tener el máximo de autonomía personal para disfrutar de una vida digna.  Según ellos las prácticas institucionales existentes perpetúan la dependencia de las personas con otra capacidad física y refuerza el sacrificio de las familias. Para muchas de las personas que se desplazan en una silla de rueda lo que quieren es la "independencia" para vivir, amar y crear. Se consideran los verdaderos "independentistas". Tienen muchas ganas de vivir y les molesta que el debate público sobre la eutanasia o "la muerte digna" sea cuando más se habla de discapacitados en España.  Esta polémica contiene el mensaje subyacente hiriente y falso de que no merece la pena  vivir con una limitación física importante. En cambio, lo que mis amigos consideran más importante que la forma de morir, que por supuesto debe ser digna, es la posibilidad de primero disfrutar de "una vida digna".

  

Os animo a visitar la página web http://www.minusval2000.com/relaciones/vidaIndependiente/

 

 

        DE LA CRISIS ECONÓMICA A LA REVOLUCIÓN ECOLÓGICA

 

             ¿ No es más importante salvar el planeta y el empleo que salvar la banca? Centenares de miles de parados del sector de la construcción podrían estar trabajando en la rehabilitación ambiental de millones de edificios para mejorar su eficiencia energética y para la integración arquitectónica de la energía solar, tanto térmica como fotovoltaica.   Hacen falta muchos fontaneros para que se caliente el agua  de nuestras casas con el sol, la forma  más eficiente de la energia solar.  Una masa de electricistas, albañiles y carpinteros podrían  estar preparando ecológicamente el parque de viviendas y oficinas españoles para los grandes retos de la época solar y pos-petróleo que se avecinan.   Sí, la crisis puede convertirse en una oportunidad si se orienta la política hacia lo social y ecológica en lugar de solo mimar los sectores económicos dominantes y destructivos de siempre.

               Hace falta que la política dé un marco legal, unas ventajas fiscales y unas inversiones públicas bien encaminadas hacía miles de iniciativas descentralizadas y socialmente responsables. Actualmente no se está haciendo  porque nuestros gobernantes y grandes empresas siguen estando adictos a las pautas anacrónicas y autoritarias de los enormes proyectos centralizados de centrales eléctricas e de infraestructuras.  Es una cuestión del miedo a perder el control y  del asfixiante poder de las grandes empresas.  Es también una cuestión cultural de una sociedad que le cuesta romper con unos hábitos enrocados que nos están llevando al desastre ambiental y social. 
            Está claro que en esta crisis vamos a decrecer. ¡Seamos sensatos y                          
"descrezcamos ecológicamente"!

La Directiva de Retorno de la Unión Europea, para determinar las normas europeas para la devolución de inmigrantes irregulares, se discutió y se aprobó en el pleno del Parlamento Europeo el miércoles pasado en Estasburgo. Yo fuí uno de los 5 diputados europeos de los 54 españoles en el Parlamento Europeo que votamos en contra de esta normativa indigna.

 

 Es verdad que nos hace falta una política europea de inmigración pero esta propuesta es represiva e inhumana. No habla de organizar la inmigración o de la protección de los más débiles, solo de expulsar a millones de personas en tiempos de crisis económica. Es una propuesta de "usar y tirar" para los tiempos económicos de vacas flacas. 

 

 La Directiva debilitará la garantías legales de los inmigrantes en países como  España, que tienen actualmente un marco más garantista. Uno de los aspectos más criticables de la Directiva es la posibilidad legal de encerrar durante 18 meses a adultos o incluso a menores por el simple hecho de no poseer papeles

 

Además, es inaceptable  de prolongar la detención si el país de origen no coopera en mandar los papeles correctos. En la práctica esto significará que cuanto más dure la detención más difícil será el regreso del inmigrante.

 

Especialmente negativo es la propuesta de permitir la deportación de una persona inmigrada a su "país de tránsito".  Significará mandar desde España a muchas personas africanas subsaharianas a Marruecos donde pueden ser encarceladas o sufrir una situación muy precaria.


Es profundamente injusto e inhumano prohibir la entrada al UE durante 5 años a personas que simplemente han venido a Europa para visitar a un miembro de su familia. La regla no toma en cuenta las circunstancias familiares de cada individuo al prohibir la entrada a la UE.

 

 

Esta Directiva puede suponer una ligera mejoría en algunos países de la Unión pero en general impone el denominador común más bajo y elimina muchas garantías legales que todavia existen en países como España.

   

Crisis económica y crisis ecológica               por Manuel Barrero, oficina verde europea

El vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, Pedro Solbes, exige la moderación salarial por el “frenazo económico”. A penas tres meses después de haber negado la crisis, por fin reconoce que estamos ante un cambio de ciclo económico y que el “expansionismo” de los últimos años se ha acabado. Sin embargo, el Gobierno aún se resiste a utilizar el término crisis. Pues bien, mal que le pese al Gobierno que preside José Luís Rodríguez Zapatero, estamos ante una crisis cuya salida no depende ni de España ni siquiera de Europa, sino de países como China o India, que se están revelando como los verdaderos motores del crecimiento económico mundial.

Lo que ocurre, y esto es inédito, es que nuestro planeta se enfrenta con el agotamiento de los recursos naturales, confirmado por la continua subida de precios de las materias primas, ante el desequilibrio que se produce por la insuficiencia entre la oferta y la demanda. Y todo ello con el cambio climático como telón de fondo. Es decir, otra crisis de innegable envergadura, que como consecuencia del efecto invernadero ya está produciendo efectos en el sector agrícola. Esa disminución de rendimiento está provocando un alza de precios, agravada por la disminución de las superficies cultivables, a favor de la colonización urbana y de los agrocombustibles.

La inflación no se contiene con medidas compensatorias a determinados sectores como pretenden hacer algunos gobiernos y entre ellos el nuestro. Las revueltas, por ejemplo, en los continentes africano y asiático por las constantes subidas de precios de los alimentos básicos como el arroz, constituyen una muestra de que esta inflación no es monetaria. Y si no tiene un origen monetario tampoco puede ser combatida por medio de políticas monetarias como pretende el Banco Central Europeo. Hoy ya no es posible recurrir a la clásica técnica de reactivar el consumo para relanzar el crecimiento. Esencialmente, porque esta cultura depredadora de los recursos naturales provoca grandes tensiones en los mercados de materias primas y las amplifica en los mercados financieros.

La globalización de los modelos de producción y consumo, hacen que el crecimiento de algunos ya no pueda ser compensado por la explotación de otros. La huella ecológica demuestra que necesitaríamos tres planetas como el nuestro para generalizar un sistema de consumo equivalente al de los países desarrollados de la UE, como Alemania, Inglaterra o Francia.

Se necesita una política estructural a nivel mundial. Modificando, naturalmente, el modelo de producción para evitar la depredación de los recursos naturales. Y de ese modo, modificar también las relaciones sociales.

Al menos esa es la visión que tenemos de la crisis desde la ecología política. Hacemos una prioridad de la reforma política de transformación social y ecológica desde la perspectiva territorial. Es indispensable conseguir un riguroso respeto por nuestros ecosistemas. Necesitamos un nuevo compromiso social. Y sobre todo, abandonar esa lógica que tantos efectos perversos está produciendo, como es la economía “sólo de mercado”. Hoy, y todavía más en el futuro, ese compromiso social será necesario, por no decir indispensable, para garantizar a todos los damnificados por el cambio climático un mínimo vital. De ahí la necesidad de poner en práctica políticas de inversión selectiva. Es decir, Norte/Sur. Y es evidente, que todo esto no se podrá hacer mientras no haya una verdadera regulación financiera. Que es lo mismo que abandonar cuanto antes la lógica liberal que tantos efectos negativos está teniendo para los más pobres.

El ministro Pedro Solbes exige la moderación salarial, pero omite que cuando el barril de petróleo se encarece un dólar, compañías petroleras como Total realizan un beneficio de 150 millones de euros. Y algo parecido ocurre con el resto de las compañías petroleras. Esas mismas, que en buena medida son en parte responsables de esta crisis, están siendo al mismo tiempo las grandes beneficiarias. Y sin embargo, a los únicos que se les pide moderación y sacrificio es a los de siempre.

El presidente Zapatero acaba de ganar unas elecciones, porque fue capaz de convencer a la mayoría de los españoles de que no había motivos para preocuparse por la situación económica. Tres meses después se ha desplomado el sector de la construcción, el del transporte tiene medio paralizado el país, el pesquero ya no sale a faenar y el consumo en general está en caída libre. Y todo lo que se les ocurre a los ministros es la moderación salarial y medidas compensatorias para acallar a los sectores más revoltosos. Cuando en realidad estamos inmersos en una gran crisis económica y ecológica de gran envergadura. Consiguientemente, la solución no está en las políticas monetarias, como algunos pretenden. Ni tampoco podemos seguir creciendo en detrimento de los más pobres. Vamos, que estamos en el atolladero y la cosa va para largo.

 

 
Morir de hambre por el éxito de  la  globalización en la producción y el consumo

Probablemente, si las cosas siguen como hoy van, y si continúan las actuales tendencias mundiales en la producción y venta de cereales, dentro de unos pocos años decenas de millones de personas sufrirán grandes hambrunas a consecuencia de una combinación de factores como son la creciente demanda de arroz, el alza del precio de los combustibles, la degradación ambiental de sequía y desertificación que acompaña al cambio climático, y con todo ello, la gradual desaparición de las tierras fértiles, en particular los arrozales. Ya el precio del arroz y otros productos alimenticios de primera necesidad como son el trigo, soja y maíz se han disparado sus precios durante el último año.  En el caso del arroz, que ha subido casi un 80% en los últimos meses, la situación es especialmente crítica ya que tendrá dramáticas consecuencias sociales sobre centenares de millones de pobres en países como Bangladesh, Indonesia, la China y las Filipinas, que solo pueden asegurar una suficiencia alimentaria si hay un precio asequible de este alimento que es la base de su dieta diaria. 

Las tierras más fértiles se pierden ante el avance de la expansión urbana e industrial, y además, también los agricultores prefieren cultivar cosechas más orientadas hacia la exportación y las crecientes sequías hacen  que los arrozales sean inviables. Los principales países exportadores de arroz como son Vietnam y Tailandia, son cada vez menos capaces de satisfacer la demanda exterior de arroz por las pérdidas de decenas de miles de hectáreas de cultivo cada año. Como ha afirmado el Ministro de Agricultura Vietnamita Cao Duc Phat "En cinco años, la pérdida de arrozales equivaldrá el volumen actual de exportaciones,  lo que significará que no dispondremos de arroz extra para exportar y que la seguridad alimentaria estará amenazada." Este año Vietnam reducirá sus exportaciones de arroz en 20% comparado con el 2007, y esta medida tendrá un gran impacto social sobre países importadores como Filipinas o Indonesia. El responsable camboyano Kit Seng ha vaticinado que "pronto faltarán campos de cultivo y los precios de los alimentos básicos se convertirán en un lastre para el país."

   No hay buenos augurios para el futuro en el terreno de la alimentación humana en el planeta.  Aunque el precio del combustible ya supera los cien dólares el barril de petróleo, y ya muchos analistas proyectan que puede llegar hasta los 150 o incluso los 200 dólares, la China y otros países siguen asfaltando a gran parte de su rica agricultura periurbana que alimenta sus mercados locales. El cambio climático, los grandes proyectos hidráulicos, unos acuíferos diezmados y la contaminación industrial desbocada, están haciendo estragos en los cada vez más escasos recursos hídricos necesarios para la agricultura asiática.  

Pero las prioridades políticas de los gobiernos parecen estar ciegas y sordas a los déficits alimentarios que se avecinan, continúan apostando por un crecimiento económico basado en la industria, la construcción salvaje, y las exportaciones de cualquier cosa.  La productividad agrícola orientada hacia la seguridad alimentaria de la mayoría de las poblaciones simplemente no es lo más importante para los gobiernos asiáticos ni para sus socios europeos y americanos. Solo con importantes giros de rumbo de las insensibles pautas económicas mundiales y del modelo agrícola especulativo, y junto a una firme defensa de los ecosistemas locales y globales podríamos llegar a tiempo de frenar esta catástrofe ecológica y alimentaria que se avecina. El desgobierno irresponsable de la globalización económica amenaza con provocar lo que sería la primera gran hambruna del siglo XXI.  Pero esta vez, la causa no serán las guerras. Tampoco será consecuencia de una crisis económica más. Se trata más bien de lo contrario. Será el resultado terrible del propio "éxito" combinado de nuestro sistema de producción y consumo.

David Hammerstein
Eurodiputado de Los Verdes

 

 

La UE está considerando la integración de productos importados de fuera de la Unión Europea en el mecanismo de comercio de emisiones de CO2 en cumplimiento de los objetivos de Kyoto.   En esencia significaría aplicar a las importaciones las mismas reglas de la UE que ya  se somenten  las industrias europeas que son muy intensivas en su consumo de energía. Los bienes importados tendrían que comprar “créditos de emisiones” si superan los límites de emisiones que les serán asignados según sus niveles de comercio.  Sería una medida para penalizar a los países que no están actuando en contra del cambio climático y que no están englobados dentro del tratado de Kyoto.  Los productos fabricados bajo  condiciones ambientales muy contaminantes podrían, así, ser considerados como “competencia desleal”.  Si se confirma esta iniciativa de la Comisión Europea sería un pasito hacía la domesticación de la globalización y a favor de la protección del clima.

 

 

 

 

La tarta de la Tierra es finita. Cada vez somos más personas que queremos un trozo más grande de esta tarta. Sin embargo, hay una cantidad de harina justa y todas las habas del planeta están contadas. Para más fastidio, nuestra tarta no solo no crece sino se encoge por el envenenamiento de la levadura a causa de unos malos humos.

Frente a la sacrosanta mantra de “crecimiento” es muy difícil plantear políticamente nuestra crisis de sobreconsumo y la imperiosa necesidad de poner fin a la obscena glotonería de los países del Norte. Pero no es solo una cuestión de supervivencia ambiental sino también una exigencia de justicia social global. Es evidente que tenemos una deuda ecológica colosal co ntraída con el Sur.

 La segunda ley de la termodinámica, o ley de entropía, implica que la energía se degrada constante e irrevocablemente hacia un estado no disponible. En otras palabras, cuanto más avanza nuestro modelo de crecimiento económico depredador menos energía y sustento de vida permanece. Es un proceso irreversible ya que la flecha del tiempo solo va en una dirección y es imposible recomponer a los pedacitos ya centrifugados de nuestro entorno. Mientras la economía dineraria artificial crece sin cesar, la bioeconomía real de la tierra no deja de menguarse. Como concluye el gran economista natural Georgescu-Roegen: “la humanidad, al igual que cualquier otra forma de vida, se enfrenta a una dependencia absoluta de energía y materia que se degradan irrevocablemente. La segunda ley nos deja solamente una opción: reducir drásticamente nuestro consumo de energía y materia hasta respetar los límites de la biosfera“.

Desde la óptica radical-realista del “decrecimiento” el término “desarrollo sostenible” es una contradicción en términos y un engaño. La primera palabra desordena todo el mundo biofísico de forma irreversible frente a la segunda que intenta mantener el orden natural. Incluso afirma que el reciclaje más perfecto está lejos de salir “gratuito” para la tierra. Llega a polemizar a nivel teórico con el “comercio justo” o “verde”, apostando por una utópica relocalización de la economía.

Es muy difícil encontrar una eficaz traducción política de este importante movimiento pero la lectura del texto “Decrecimiento” es muy recomendable para establecer unas premisas muy útiles para los tiempos que avecinan. (Sección de Documentos, La Sostenibilidad en www.davidhammerstein.org). 

David Hammerstein, eurodiputado de Los Verdes

¡proteje la vida animal! 

 

La caza de focas en Canadá ha provocado un importante debate internacional en distintas organizaciones supranacionales, como son la Organización Mundial de Comercio y la Unión Europea.  Recientemente los parlamentos nacionales de Holanda y Bélgica han aprobado leyes que prohíben las importaciones de pieles y otros productos procedentes de focas que han sido objeto de una caza cruel, excluyendo la caza artesana de los pueblos indígenas.  Estas leyes proteccionistas contra el comercio y la importación de productos de focas se basan en el argumento de la defensa de la "moralidad pública", ya que según confirman los sondeos sociales la gran mayoría de la población belga y holandesa considera que la actividad de caza sangrienta de focas ofende principios morales básicos. 

       Los actuales términos legales del reglamento de la Organización Mundial de Comercio reconocen que la ofensa a la moral pública constituye uno de los pocos motivos que pueden justificar la creación de barreras al comercio. Esta excepción legal al libre comercio hoy puede resultar ser un excelente argumento y un gran apoyo a las luchas en defensa de la vida animal, aunque en su origen se estableció a petición de los países musulmanes que querían prohibir la entrada de productos alcohólicos y otros productos por considerarlos ofensivos y dañinos de la moralidad de sus habitantes. En el largo camino de avance en la defensa del bienestar animal y de su protección, el argumento legal basado en la moralidad podría llegar a ser una importante herramienta capaz de establecer un precedente que diera nueva fuerza al movimiento animalista y al movimiento ecologista en general. 

        El gobierno de Canadá ha contra atacado rápidamente poniendo una denuncia a Bélgica y Holanda ante la Organización Mundial de Comercio por poner trabas "injustificadas" al libre flujo de mercancías. Pero los gobiernos belga y holandés han negado las acusaciones con las propias reglas de la OMC en la mano, y han solicitado el amparo de la Unión Europea ante la OMC.  Los estados de la UE ahora deben decidir si apoyan o no a la prohibición de las importaciones de carne de foca y sus derivados. Algunos pocos países como Dinamarca, con ligazones históricas en Groenlandia, ha declarado su apoyo a Canadá, pero la gran mayoría de los estados europeos rechazan la caza cruel de focas y quisieran apoyar las medidas proteccionistas Bélgica y Holanda. Sin embargo, hay un cierto temor que flota en el aire ante los peligros de poner frenos al comercio global, y abrir con ello lo que podría ser una caja de Pandora en base a nuevas denuncias similares contra prácticas comerciales que son igualmente "ofensas a la moralidad pública". 

La paradoja está servida: la ley que protege el libre mercado puede servir a la vez para poner límites a las matanzas y el sufrimiento de animales, a la degradación del medio ambiente y la salud de las personas.  

David Hammerstein, eurodiputado de Los Verdes

Prioridades: ¿OPA A ENDESA O AL CAMBIO CLIMÁTICO?

¿Cuanto tiempo durante los últimos dos años ha dedicado el Ministro de Industria Joan Clos o su antecesor José Montilla a la cuestión de la OPA a Endesa, EON y a toda la cuestión de las fusiones en el sector energético? Cuantas docenas de reuniones ? Cuantos miles de titulares de prensa generados por inacabables declaraciones oficiales? Cuantas viajes a Bruselas para defender a una opción empresarial o a otra? Y lo mismo se puede preguntar a la oposición del PP sobre su actitud frente a esta cuestión. Dudo mucho que el melodrama de la OPA haya interesado realmente a la ciudadanía. Durante todo este debate de las altas esferas de los magnates y los ministros se ha hablado hasta la saciedad de carteles y de monopolios nacionales o europeos pero ha brillado por su ausencia cualquier consideración de los fines sociales o ambientales de estas grandes maniobras macroeconómicas. No se ha planteado nunca ni un tema de contenido energético real de cómo las fusiones afectarían a la producción de energía renovable, de cómo impactaría sobre la pobre eficiencia y gran despilfarro del sector, de cómo repercutiría en las escandalosas emisiones de contaminantes que están lejos de cumplir con Kioto, de cómo podría limitar o aumentar la burda manipulación de precios y la falta de transparencia energética que sufrimos los consumidores que no tenemos el derecho a elegir nuestra fuente de energía? En cambio, la importancia y el tiempo dedicados por el gobierno, la oposición y la prensa a políticas concretas frente al cambio climático, que en gran medida es una cuestión energética y bajo la misma competencia del Ministerio de Industria , ha sido solo una gota insignificante comparada al río de tinta y olas de presiones políticas dedicadas a las OPAs. Debe ser una cuestión de prioridades.

1. Inmigración necesaria y no traumática  

 

España tiene capacidad económica, ambiental y social para integrar a más personas inmigrantes y en mejores condiciones. Las migraciones son movimientos humanos que han tenido lugar durante toda la historia y por muchas diversas causas, no son fenómenos modernos ni aislados, y son hoy una realidad que hay que reconocer y ha de ser tratada con normalidad, sin miedo ni campanas sensacionalistas.  

 2. No hay una inmigración "buena" y otra "mala"   

 No podemos "seleccionar" o establecer rangos y preferencias dentro de los propios grupos de inmigrantes. No hay ningún fundamento que legitime las discriminaciones de los africanos a favor de los latinos en razón de la existencia de mayor cercanía cultural. No es ética ni políticamente aceptable el que haya un trato de discriminación basado en la raza, la religión y o lengua de las personas.  

 

3. Organizar la Inmigración es mejor que el tráfico ilegal de seres humanos  

 

Las migraciones irregulares a menudo causan muertos o son víctimas de mafias internacionales, generan sufrimiento y marginación social. Una forma de prevenirla y aliviarla con eficacia es posible mediante su ordenación legal. La migración circular que proporciona trabajo y visados temporales, beneficia tanto al país receptor como a los países de origen, donde revierten la experiencia ganada por los trabajadores y su salario. Para organizar inmigraciones la UE debe negociar tratados país a país, confeccionar nuevos cupos más generosos de visados, abrir oficinas específicas en África, y consultar a las patronales y sindicatos sobre sus necesidades de mano de obra. El reclutamiento ha de organizar cursos previos de formación y lenguas. Para desanimar a la inmigración irregular es mejor canalizarla desde los países de origen no de llegada mediante visados y cupos.  

 

4. Relaciones cívicas y democráticas entre la UE y África

 Hay que fomentar la cooperación entre sindicatos y organizaciones de emigrantes en Europa y en los países de origen. Debemos proporcionar más y mejor información sobre el proceso migratorio a las personas interesadas, a través de sus respectivos gobiernos y embajadas,  mediante la participación de la diversidad de actores de la sociedad civil. El fomento de una imagen más realista sobre el "paraíso europeo" actualmente existente en África, puede hacerse mediante  campañas informativas. Es imprescindible orientar nuestra política exterior para apoyar más activamente la lucha contra la corrupción y la violencia en las sociedades africanas, y favorecer gobiernos más democráticos mediante el apoyo directo a los grupos ciudadanos de la sociedad civil.  

 

 5.  Por una Política Agraria Europea que no lesione África   

Hay que modificar la política agraria europea para evitar el "dumping" de productos subvencionados que arruinan a mercados locales y regionales en África. El 60% de la población africana vive y trabaja en el campo. El dumping europeo y americano empujan al éxodo masivo a las ciudades donde tampoco hay trabajo ni servicios suficientes para el exceso poblacional, creando enormes cinturones de pobreza y marginación que se convierten en caldo de cultivo del "sueño europeo" para la migración a Europa. Sólo un desarrollo rural propio, con una soberanía alimentaria y unos precios justos para productos básicos pueden dar esperanza a millones de agricultores africanos abocados a la inmigración, la pobreza y el sufrimiento extremos. También sería es una forma de evitar que arriesguen la vida para venir al espejismo del "paraíso europeo". Pedimos el fin de las ayudas y subvenciones europeas a la exportación de sus productos agrícolas que arruinan con sus bajos precios la competitividad de las producciones de los países africanos, y se ha de dar una apertura europea escalonada para productos africanos de calidad.  

 

6.  Pesca Ilegal: Cayucos para pescar y no para inmigrar   

 

 

Los barcos pesqueros europeos y asiáticos esquilman los caladeros de pesca africanos, reducen sus tasas de renovación y destruyen los ecosistemas marinos que dan sustento de miles de pescadores artesanos y redes familiares. Urge un mayor control europeo e internacional de la pesca ilegal para evitar que pueda ser utilizar  los puertos españoles como vía de entrada a la Unión Europea. Además, es inaceptable que  mucha de la pesca "legal", acordada en los acuerdos de pesca de la UE, permita arrojar al mar muchas  toneladas de peces muertos por cada tonelada pescada en la práctica de "By-catch". No podemos permitir que África pierda más proteínas por el saqueo de su mar.  

 

7. Política económica y exterior coherente

 Europa tiene que comprometerse con los derechos y las reglas de democracia en África, tiene que dejar de participar en el negocio armamentístico que alimenta la espiral de conflictos armados. La seguridad y el arraigo se han de fomentar mediante gobiernos democráticos, la mediación en los conflictos, y la lucha contra la corrupción y la represión. Ni Europa ni España pueden utilizar la aceptación de convenios de devolución de inmigrantes irregulares como moneda de cambio para respaldar a nivel financiero a gobiernos despóticos.  Los países africanos deben poder proteger sus mercados incipientes del influjo masivo de productos baratos, y no han de estar obligados a aceptar las condiciones leoninas de comercio libre global que imponen un intercambio desigual entre las materias primas, los recursos naturales y los productos manufacturados.   

8. Más y mejor cooperación con  África  

 

Cooperar no significa sólo dedicar más del 0.7% del PIB y apoyar a la necesaria labor de solidaridad y cooperación desarrolladas por grupos ciudadanos como son las ONGs. La cooperación debe significar también la condonación de la deuda económica que arruina las economías locales, significa además el fomento acuerdos de comercio justo y de protección en lo social y en lo ambiental en el intercambio con nuestras sociedades europeas.  El freno de la fuga de personas cualificadas hacía Europa podría iniciarse con programas de reinserción laboral estable en África. La UE debe tomar la iniciativa con la creación de Los Cuerpos Civiles de la Paz, que podrían convertirse en un servicio voluntario a escala europea para la cooperación, y en esfuerzo solidario coordinado.  

 

9. Luchar a favor del medio ambiente es luchar contra la pobreza     

 

Las personas más pobres de África son las que más dependen de la renovación y salud de los ecosistemas: los bosques, ríos y tierras fértiles. Cada vez hay más migraciones ambientales fruto conjunto del daño social y ecológico infringido. La lucha contra la desertificación y la deforestación, la defensa de la biodiversidad, y la transferencia de tecnologías limpias y apropiadas deben estar al centro de la política europea y española hacia África. Las mujeres africanas deben ser las prioridades centrales de estas políticas de sustentabilidad socio-ambiental y de derechos básicos al sustento. Los objetivos del Milenio, y el acceso al agua potable y la electricidad básica solo pueden ser cubiertos con las energías renovables tan abundantes en África.  

 

10.  Derechos aquí y ahora  

 

Las personas inmigradas y residentes en nuestras ciudades europeas deben gozar de los mismos derechos de ciudadanía: políticos, sociales y culturales. Mantener durante mucho tiempo una situación de irregularidad ciudadana es una invitación a la sobreexplotación laboral y a la marginación.  Garantizar a los inmigrantes derechos como el voto. También son importantes los derechos individuales de las mujeres inmigradas, tanto dentro como fuera de sus familias, hábitos culturales y comunidades.  

 

David Hammerstein

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