Cambio Climático



Los límites ecológicos del desarrollo
 
Solo podemos sobrevivir dentro de los límites de la biosfera. Es imposible un crecimiento ilimitado de la economía material y del mercado en un mundo finito. La acción humana contra la naturaleza hoy llega hasta los límites terminales ya que está muy dañada la capacidad autogeneradora de los ecosistemas de la Tierra, y a consecuencia de las rápidas e incesantes demandas humanas que transforman los recursos naturales en desechos y contaminantes. El terrible legado de polución por combustibles fósiles trae consigo un presente y un futuro con caos climático junto a la destrucción de los últimos bosques, de la biodiversidad, y de las pequeñas economías agrícolas, y con todo ello se empobrecen, enferman y dejan sin alimentos a innumerables personas en el mundo, entre ellas las mujeres más pobres. 

La globalización económica intensifica la destrucción ambiental planetaria y la contaminación por CO2 al multiplicar la extracción, los desechos y el movimiento de recursos ambientales dirigidos a la producción y al consumo. A más integración en la economía globalizada mayor desarraigo ecológico, cultural, y existencial de los pueblos colonizados y de las sociedades del Norte. 

La actual crisis económica no es solo de mercado sino que es la crisis del anacrónico modelo de la segunda revolución industrial, que basado en una centralización de la electricidad, el automóvil y la cultura energética del petróleo, el gas y el carbón, desde hace décadas choca frontalmente contra los límites absolutos impuestos por las necesidades reproductivas de nuestra fundamental existencia física y ecosistémica. El decrecimiento y la relocalización de la economía material de forma que no privilegie el bienestar material destructor de la naturaleza es una respuesta obligada contra la amenaza global ecológica y climática. Sin embargo, llama la atención la masiva irresponsabilidad y la ceguera organizada presente en todo tipo de instituciones públicas y privadas, y en las mentalidades mayoritarias de nuestras sociedades modernizadas, empeñadas como están en alargar al máximo la prioridad del desarrollo y el mercado junto a los valores materiales de riqueza y bienestar, aunque ahora buscan nuevas justificaciones y legitimidades mediante las recetas y retóricas mágicas y autocontradictorias del "desarrollo sostenible".




Las mujeres y la crisis socioecológica 

Los habitantes del mundo desarrollado, tan solo 1/5 de la población mundial junto a las élites de las sociedades del Sur, malgastamos energía, aniquilamos los espacios bioproductivos del resto de especies y biodiversidad, y contaminamos con venenos el resto del planeta. Ante el rápido empeoramiento de la salud de la Tierra y de su atmósfera gaiana, estamos ante un desafío sin precedentes históricos conocidos puesto que la supervivencia colectiva está en juego a causa de nuestros humanos hábitos de abundancia y derroche, de nuestros errores de comprensión, de nuestra ciencia y tecnología autolesionante y sin orientación ética, y de nuestras ilusiones endiosadas. 

El drama del cambio climático es ya parte de nuestra existencia y futuro colectivo. Puesto que nadie puede defenderse individualmente y no existen soluciones solo locales, es urgente la acción colectiva coordinada, local y transnacional, y para ello no valen las respuestas sectoriales y desconectadas al uso: "dejádselo a los expertos"; "dejádselo a la gente"; dejádselo a la educación"; "dejádselo al mercado", "dejádselo a las leyes"; "dejádselo a los políticos"; "dejádselo al estado". Se trata de una situación de emergencia planetaria que afecta al conjunto de la humanidad, y ha de poder ocupar el centro y la prioridad en todos los ámbitos de acción, individuales y colectivos, públicos y privados. Por tanto, carece de sentido racional el intento de alargar por más tiempo las actuales pautas destructivas del desarrollo industrial, o el plantear algunos cambios de mejora ambiental, pero solo parciales, desconectados, y supeditados a la prioridad del mercado y la libre economía.

En las sociedades desarrolladas con liberales leyes igualitarias para mujeres y hombres, y a la vez centralmente organizadas bajo numerosas pautas sociales y culturales de discriminación y desigualdad sexual, las mujeres también participan activamente en la alegre fiesta destructiva del desarrollo a través de la producción, el consumo y los modos de vida. A la vez, ellas también son víctimas particulares puesto que sufren las amenazas y lesiones climáticas y ecológicas de forma singular en función de las posiciones sociales que ocupan y las actividades que desarrollan, y que a su vez reproducen y son consecuencia de numerosas formas de desigualdad y diferenciación sexual. 


Aunque los efectos sociales del calentamiento global son desastrosos para el conjunto de la humanidad, lo son sobre todo para las sociedades del Sur, puesto que se generará un creciente aumento de escasez de agua, comida, y tierras fértiles, lo que a su vez favorecerá las hambrunas, las enfermedades y muerte, con ello crecerán las tensiones y las desigualdades sociales junto al aumento de los conflictos violentos. La capacidad general de adaptación y mitigación de los hogares a los cambios del clima depende del acceso a recursos como son los derechos de propiedad sobre la tierra, el dinero, los créditos económicos, el nivel de autonomía, la buena salud, la movilidad personal, la propiedad de la vivienda y tierras, la seguridad alimentaria. 

Las mujeres constituyen el mayor porcentaje de las personas más pobres del mundo, con menos recursos y libertades, y por ello también son las más afectadas y en peligro. Las mujeres más pobres en países del Sur pierden el sustento básico de ellas y de sus familias cuando desaparecen los recursos ambientales locales de los que extraen los medios cotidianos de vida, como son el agua, la leña, el forraje, o el alimento, y se convierten así en primeras víctimas y refugiadas ambientales. La pérdida y degradación de los ecosistemas y la biodiversidad local que es la fuente de recursos para la subsistencia familiar y comunitaria amenaza directamente a las mujeres. Los riesgos climáticos son mayores con ellas al depender directamente de los recursos ambientales locales, y al ser además las responsables de familiares a su cuidado. Además, padecen la discriminación patriarcal de estar sometidas con frecuencia a costumbres y leyes discriminatorias que les deniegan los derechos otorgados a los hombres, lo que les dificulta más el acceso a ayudas económicas en créditos y servicios. 



La doble dominación de las mujeres y la naturaleza

La dominación patriarcal y la industrialización moderna tienen una misma raíz imaginaria y simbólica, ya que ambas parten de una mentalidad con ideas dogmáticas y reduccionistas que dicotomiza y simplifica la complejidad de un mundo que en realidad es dinámico, interconectado y multidimensional. La opresión de la naturaleza y la opresión de las mujeres comparten un mismo modo cultural dualista de percibir la realidad, basado en el establecimiento de una artificial y rígida frontera entre el mundo humano y el mundo natural, y entre el feminizado mundo doméstico y el individualista mundo masculinizado de los espacios públicos de la economía, el empleo y la política. Las dominaciones de las mujeres y de la naturaleza parten del falso supuesto de superioridad y de desconexión respecto a la parte dominada: las mujeres y la naturaleza. Estos dualismos son fundantes en la historia cultural de occidente (mente-cuerpo, cultura-naturaleza, hombre-mujer, razón-emoción...), y hoy constituyen un delirio cultural que empuja a un callejón sin salida al mundo entero. La emancipación de las mujeres y la protección ambiental exigen romper con estas mentalidades modernas tan simplificadas y jerarquizantes, como peligrosas. 

Este antropocentrismo y androcentrismo propio de la cultura occidental también se expresa en las cosmovisiones e ideologías políticas desarrolladas en la historia, como las del liberalismo y el socialismo, ya que ambas parten de la misma ilusión moderna sobre el progreso humano inacabable y ascendente, y del mundo viviente concebido como inerte, mecánico y sometido a los intereses humanos. Esta fe laica y sus utopías de salvación y felicidad colectiva para los seres humanos parte además de una faústica creencia cultural sobre nuestra capacidad de control y dominio de la parte declarada inferior y dominada: nuestra propia existencia física, el cosmos, la naturaleza, y el futuro. Se trata de un enraizado mito sobre la grandeza, las capacidades, y los poderes de los seres humanos, desarrollados mediante el uso de  la razón, la ciencia, la técnica, la economía, el estado, y las leyes, y prioritariamente adjudicados a un selecto y minoritario club mundial de humanos, y especialmente a sus elites masculinas. 

Las mujeres como la naturaleza 
son productoras y cuidadoras de vida

Para orientarnos en todos los campos prácticos de acción humana necesitamos nuevos principios y saberes en sintonía con las necesidades ecológicas del mundo, y para ello pueden ser de utilidad las formas de relación “feminizadas” más cooperativas y simbióticas con los otros humanos cercanos y singulares. Las culturas y valores femeninos pueden ayudarnos a reciclar las erróneas y abstractas creencias del progreso material humano indefinido y del individuo soberano, libre, y aislado. 

Contrariamente a los valores entronados por la modernidad europea, las culturas femeninas alimentan las micro-relaciones prácticas orientadas bajo principios y valores muy diferentes: la compasión, el sacrificio por el otro próximo, el amor, el reconocimiento y cuidado del otro concreto y cercano. Se trata de ideas y saberes prácticos, principios morales, y métodos intuitivos de resolución de problemas cotidianos. Son pautas propias del modelo femenino de relacionarse con el mundo, y son producto de la socialización diferencial de las mujeres. Son más holísticas, más participativas, más integradoras y concretas, y más relacionadas con las necesidades físicas de la vida individual y grupal, y de su satisfacción y renovación diaria. Estas microculturas femeninas hoy pueden servir de obstáculo y de resistencia contra el individualismo posesivo propio de las esferas públicas de acción, y que a su vez es causa de la crisis ecológica y las amenazas climáticas. 


Desde sus diferentes lugares sociales, las mujeres  desarrollan prácticas alternativas a las formas de interacción impersonal y jerárquica propias de las organizaciones y la burocracia presente en el mercado, el trabajo, y las instituciones. Estos aprendizajes prácticos podrían tener un alto valor estratégico si se extendieran e incorporaran en las tareas de gobierno, en la economía y en la ciencia, sin abandonar su enfoque integrado y material, y manteniendo su orientación hacia la satisfacción de las necesidades primordiales. Sus disposiciones cognitivas, morales y sensitivas impulsan relaciones de solidaridad y de apoyo mutuo en los entornos próximos de interacción. No buscan ni la objetividad ni la universalidad sino que desde sus fines prácticos resuelven desde lo concreto el vivir diario y las necesidades humanas básicas como son la regeneración, la nutrición, la higiene, el cuidado, el afecto, la seguridad o la protección. Además, estas formas de creación y donación gozan de la virtud de ser accesibles tanto a mujeres como a hombres. Se trata de aprendizajes con percepción contextual depurada de categorías conceptuales objetivadas y abstractas, ya que surgen del conocimiento práctico que mezcla la razón y la emoción, el cuerpo y la mente, la naturaleza y el ser humano. 


Las mujeres guardianas de la biodiversidad
en las economías rurales

La protección de la biodiversidad, los bosques y los árboles, son una importante línea de defensa contra él desastre climático. La marginación y desigualdad con las mujeres, la destrucción de la biodiversidad, y los dramáticos efectos naturales del calentamiento climático son procesos muy vinculados. El trabajo de las mujeres para generar medios de vida en las agriculturas de subsistencia se basa en el uso múltiple y la gestión inteligente y acoplada a los ritmos de los sistemas ecológicos, gestionando multifuncionalmente la biomasa para la obtención de forraje, abonos, alimentos y combustible. Se trata por tanto de actividades de gran importancia por su valor ecológico, económico y social. 

Las economías de muchas comunidades del Tercer Mundo amenazadas por la alteración climática dependen directamente de los recursos biológicos locales y cercanos para asegurar su sustento y bienestar, y dependen del uso sostenible y de la conservación de los recursos biológicos y su diversidad. Pero contrariamente, el dominio del mercado desplaza las tecnologías basadas en la biodiversidad y la destruyen junto a los medios de subsistencia de mujeres, familias y poblaciones. En el paradigma basado en la biodiversidad, ser desarrollado es ser capaz de dejar espacio ecológico para otras especies, para otros seres humanos y para las generaciones futuras. 

Cualquier estrategia de mejora de cosechas y alimentos debería apoyarse en el protagonismo, los conocimientos, y las habilidades de las mujeres, ya que en la mayoría de las culturas y grupos humanos ellas han sido las guardianas de la biodiversidad. Ellas la producen, reproducen, consumen y conservan en las prácticas, costumbres y saberes agrícolas, aunque esto se exprese bajo muy diferentes lenguajes y hábitos culturales en cada sociedad y momento histórico. Cuando se considera a la gente empobrecida del Tercer Mundo que obtienen sus medios de subsistencia directamente de la naturaleza cercana, se tiende erróneamente a verlos como destructores del medio natural, y no como lo que fundamentalmente son: productores y conservadores del mismo. 



 

Las mujeres de la clase consumidora mundial

La crisis ecológica que padecemos también responde a un reparto desigual mundial del consumo de los limitados bienes naturales del planeta y de los riesgos ambientales esparcidos a escala mundial, y las mujeres participan de forma singular y específica en esta forma global de desigualdad y de reparto de los daños y peligros ambientales. Puesto que el consumo de los países del Norte industrializado no puede mantenerse ni extenderse al resto del mundo sin que la biosfera se colapse, son inevitables los cambios a favor del ahorro, la simplicidad, la reutilización, y la reparación. También los países más empobrecidos han de abandonar los estándares imitativos y librarse de la dependencia y colonización mental, emocional, cultural, y económica, y para ello se necesitan estrategias no emulativas de transdesarrollo autocentrado.
 

Una minoría de la población humana planetaria constituye la clase alta consumidora y destructora, ya que sobreconsume los limitados bienes ecológicos planetarios y genera unas condiciones globales de intensa y creciente injusticia ambiental. Esta clase alta consumidora tiene un tamaño de 1/5 de la población mundial, y corresponde a la mayoría de las personas en sociedades industrializadas y a las clases medias del resto del mundo, que comen proteínas animales, beben aguas embotelladas y refrescos, se desplazan en vehículos privados con motores de combustión, y producen muchas basuras y contaminación. La clase media consumidora, corresponde a las 3/5 partes de la población mundial, es vegetariana, come grano suficiente y saludable, se mueve en bicicleta o autobús, y genera pocos desechos. El resto de población mundial 1/5, no come suficiente ni tiene acceso al agua potable en condiciones, se mueve a pie o en lomos de animales, y no genera basuras.

 

En las sociedades de la abundancia de los países desarrollados del Norte, las mujeres participan de manera diferenciada y singular en la clase alta consumidora y en la espiral del daño ecológico que fomentan. A más integradas en la producción, el consumo, y en los modos de vida opulentos, más huella de destrucción socioambiental generan. En general, los mayores consumos de recursos ambientales vienen de la mano de los grupos con más ingresos económicos, más urbanos, con mayores niveles educativos, y a su vez convertidos en modelo de referencia y aspiración para el resto, y esto afecta a mujeres y hombres. Las mujeres que ocupan las posiciones bajas de la estratificación socioeconómica y educativa no escapan al sobreconsumo destructivo de los bienes ambientales, ya que también participan activamente e irreflexivamente en la destrucción ecológica mediante su acceso al consumo. El mercado de consumo masivo oferta grandes series de productos industriales empaquetados, baratos, y estandarizados, y que con la globalización de la economía a menudo vienen de lugares muy remotos, incorporando en su producción, distribución y venta, una larga y oculta historia de contaminación y lesiones ambientales.
 

Además, numerosos parámetros económicos y culturales orientados por pautas sexistas de valor están también presentes en los mandatos publicitarios de productos y de marcas dirigidas específicamente a las mujeres. Este consumo feminizado incita a las mujeres a realizar compulsivas compras específicas sobre numerosos y variados productos: cosméticos, ropa, higiene, electrodomésticos, comida, salud, y todo bajo la inacabable y renovada espiral derrochadora del "usar y tirar", ignorando con ello el daño ecológico y las emisiones contaminantes de carbono. Las mujeres se integran diferencialmente como consumidoras individuales en los mercados económicos de productos, discursos, y publicidad, y dirigidos específicamente a ellas con la intención de movilizar y dirigir sus deseos y compras hacia el negocio privado y los mercados mundializados.

 

Pero las mujeres de la clase alta consumidora a escala mundial, también participan como víctimas ambientales ante infinidad de sustancias biocidas que sin control se expanden y acumulan sinérgicamente en sus cuerpos y en los ambientes cotidianos en los que están. Numerosos productos que las enferman, constituyen además una herencia tóxica que trasmiten y reproducen generacionalmente en sus hijos e hijas. Este nuevo ejército mortífero de sustancias fruto de la tecnoindustria están presentes en los alimentos, los materiales, los objetos y los artefactos con los que se relacionan, en la vida doméstica y en las esferas públicas del trabajo, y son parte cotidiana de los ambientes domésticos, laborales y urbanos cada vez más artificializados y peligrosos. 
 

A partir de la patriarcal separación de las esferas domésticas y públicas de relación pública presente en nuestras sociedades, y desde los roles domésticos tradicionales adjudicados a las mujeres, muy a menudo son ellas mismas las que gestionan las pautas prácticas de compra ordinaria y cotidiana de las economías familiares, y con ello a la vez reproducen activamente y sin apenas información y conciencia un consumo tóxico familiar. Esta posición de cierta autonomía sobre la administración del consumo familiar, también las coloca en una situación de empoderamiento y de potencial capacidad de decisión que hipotéticamente puede favorecer la conjunción entre las resistencias tradicionales y las ecológicas contra las invasiones tóxico-domésticas destructoras del mundo viviente. Las culturas tradicionales femeninas albergan valores opuestos al individualismo posesivo al poner en práctica la satisfacción de necesidades materiales y afectivas básicas desde valores y éticas de cuidado hacia el otro próximo, y por ello están más cerca de las necesidades de protección de los sistemas vivientes a los que la humanidad pertenece.

Muchas mujeres innovan e inventan soluciones prácticas enraizadas en sus aprendizajes culturales femeninos, y así establecen con su hábitos, y sin saberlo, nuevas pautas virtuosas de relación menos destructivas con los bienes ecológicos. Muchas mujeres se resisten a los alimentos industriales, envasados o congelados, porque prefieren la comida cocinada a fuego lento y con productos naturales, locales, y estacionales, que a su vez compran a diario en el pequeño comercio cercano o en el mercado del barrio, y con ello frenan la extensión de las nuevas pautas de compra semanal y motorizada en las grandes superficies; en el medio urbano muchas mujeres alimentan espirales virtuosas cuando se desplazan a pie o con transporte público, cuando sus trayectos son más cortos y cercanos, y cuando ocupan el espacio público sacándolo del anonimato y la anomia mediante el reconocimiento y el encuentro social, con ello además de ganar seguridad y vida social, se desplazan y reducen los coches particulares y los humos tóxicos del aire urbano. Estas pautas femeninas de relación, con menos contaminantes y con menos emisiones de carbono a la atmósfera, constituyen valiosos híbridos y semillas de innovación y resistencia  que abundan en ciudades y pueblos.

 

 

Las opiniones generales acerca de las problemáticas ambientales se distribuyen de manera homogénea más allá de diferencias socioeconómicas y de sexos. Las mujeres de las sociedades industrializadas, no destacan en sus opiniones favorables a la protección y el cuidado ambiental, y participan en el amplio consenso sociocultural a favor del medioambiente y a favor disposiciones para actuar a favor de la protección ambiental. Los estudios de opinión realizados en sociedades occidentales muestran que una amplia mayoría alrededor del 60% y sin diferencias significativas de posición socioeconómica o de sexo, está preocupada y es favorable a las medidas de cuidado ambiental. 

Lo singular de la construcción de estas opiniones a favor del medioambiente es su desconexión con de las opciones prácticas productivistas, son poco o nada coherentes en el terreno del compromiso y la acción práctica. Se da un conflicto y una radical separación entre los valores productivistas para la acción práctica, y los valores ambientalistas para los opiniones. Esta contradicción entre ideas y comportamientos es propia de la mentalidad pro-ambientalista mayoritaria, y no corresponde a conflictos entre grupos diferentes, sino que es interna en cada persona individual. Este imperante doble sistema cultural y valorativo: estar a la vez a a favor del desarrollo y a favor del medio ambiente, favorece unas percepciones sociales construidas con una singular característica esquizoide de división y contradicción interna: la prioridad dada a las creencias y los valores ambientalistas, y el comportamiento práctico guiado por los valores productivistas a favor del desarrollo. Mujeres y los hombres participan de este incoherente y frágil ambientalismo práctico propio de nuestra época.
 

Las investigaciones empíricas no detectan diferencias sustanciales entre hombres y mujeres en sus comportamientos prácticos declarados hacia el medio ambiente, salvo en que tienden a concretarse de forma desigual, los hombres más en esferas de relación pública y las mujeres en las esferas domésticas. Puesto que se requieren cambios a favor del compromiso ambiental en todos los campos de acción, tanto en los espacios públicos y como en los privados, la rígida y patriarcal frontera entre lo público y lo privado constituye un obstáculo al avance de la sostenibilidad. Cambiar la esfera pública o cambiar la vida privada constituye una falsa elección, ya que ni una ni otra de las alternativas por separado son posibles ante la crisis ecológica global y el calentamiento climático. 

 

 



Ecologizar y feminizar el mundo  

Una posible metamorfosis social fundada en las restricciones ecológicas y en el cuidado reparador hacia los otros seres humanos y no humanos en todos los contextos inmediatos de interacción constituye una tarea urgente y prioritaria. La deseable opción del transdesarrollo exigirá el decrecimiento y la relocalización material de la economía desde unos valores y prácticas antagónicas a la arrogancia individualista y mecanicista, desencarnada y negadora de nuestros vínculos medioambientales, y a menudo practicada contra las mujeres, la naturaleza, y los países del Sur. 



Serán necesarios importantes cambios estructurales de todo tipo y en todos los órdenes sociales en las sociedades sobreconsumidoras del Norte a favor de una tecnología y economía supeditada a los límites y la renovación ambiental. Las economías globales y locales han de someterse a los estrictos condicionantes de la biosfera internalizando y frenando las externalidades y los daños ecológicos, que hoy se disparan irradiándolo todo a lo largo del ciclo económico (desde la montaña y extracción al residuo y el vertedero). 


Las aspiraciones igualitarias de las mujeres pueden no limitarse a la conquista de derechos paritarios y a la competitiva igualdad de oportunidades en el reparto y acceso a los recursos de todo tipo, aceptando con ello los parámetros culturales y las instituciones masculinas de un desarrollo industrial que se mantiene a costa la creciente muerte del mundo viviente. Los ideales ilustrados de igualdad y de participación de las mujeres en las esferas públicas de la enseñanza, el empleo, el consumo, o la política, se problematizan y necesitan ser reconsiderados desde el reconocimiento de nuestra limitativa e inevitable condición ecológica.



Mara Cabrejas
mara.cabrejas@uv.es

 

Respuestas tóxicas del gobierno español contra la crisis económica

 

¡2000 euros de la ciudadanía
para comprar un coche privado!
 

Contraproducente para el empleo, 
socialmente desigual e injusto,
favorece a los que tienen más recursos económicos,
discrimina a las mujeres, 
contamina el clima terrestre,
incrementa la injusticia ambiental global,
contraproducente para la supervivencia colectiva.

 

Las ayudas públicas a la compra de coches anunciadas por el gobierno español constituyen una respuesta irracional y temeraria contra el planeta viviente, nuestra única casa común. Además de incitar al consumo y a la movilidad cancerígena con el clima, favorecen económicamente a los hombres y perpetúan el actual modelo individualizado y motorizado de transporte e infraestructuras. 
 

Atrás quedan las palabras de compromiso del gobierno contra el cambio climático y a favor de la reducción de las emisiones de carbono contaminantes a la atmósfera. Conviene recordar que las tecnologías anacrónicas basadas en la energía fósil del petróleo, como son los coches con motores de combustión de gasolina, son muy responsables de la creciente destrucción del planeta y el desquicie climático, ejercen una fuerte demanda sobre las infraestructuras viarias, y retroalimentan la espiral de muerte de la biosfera. 
 

Dar dinero público para comprar cualquier coche premia irresponsablemente al consumo individual ambientalmente irresponsable, favorece a un particular sector económico que no ha hecho sus deberes climáticos y ecológicos de fabricar coches limpios y de reducir las emisiones contaminantes mejorando a la vez la salud de las ciudades y personas. Esta temible respuesta a la crisis económica es además una medida socialmente injusta al fomentar al coche privado en detrimento del transporte público que utilizan las personas con menos recursos económicos. Es también una respuesta sexista que además de sacralizar el imaginario cultural masculino de la tecnología destructiva del coche, favorece más a los hombres porque las mujeres compran menos coches que los hombres y utilizan más el transporte público. 
 

Si se apuesta realmente por la sostenibilidad y la habitabilidad en el planeta, no se puede continuar con la dramática desconexión entre las políticas sociales y económicas y las políticas medioambientales. Las respuestas económicas a la crisis de empleo no deben contradecir los objetivos medioambientales y de igualdad social. La actual crisis económica debe convertirse en una oportunidad para crear un nuevo empleo verde capaz de hacer las paces con el planeta. El dinero publico puede crear mucho más empleo si se compatibiliza con la protección ecológica y climática. Se crearía el doble de puestos de trabajo por cada millón de euros de fondos públicos invertidos si se emplearan en subvencionar la rehabilitación energética de edificios y viviendas. Las obras de rehabilitación realizadas mediante técnicas y materiales bioclimáticos, la instalacion de energía solar térmica en los tejados de los edificios, las medidas de aislamiento y mejoras en la instalación eléctrica, los eléctrodomésticos de bajo consumo, el uso de materiales ecológicos junto al ahorro y la eficiencia energética, son entre otras algunas de las medidas urgentes que el gobierno debería favorecer, para generar tejido socioeconómico y afrontar a la vez el caos climático y la destrucción ecológica que acompaña a nuestras insensatas formas modernas de vivir.
 

Puesto que durante la crisis económica los costes de transporte castigan a los más pobres, la reactivación de la economía y el empleo deben optar por inversiones social y ambientalmente rentables, como son las dirigidas a la mejora y la ampliación del transporte público con complementarias medidas sociales de protección, como pueden ser el metro o bus gratis para parados, estudiantes y personas con pocos recursos económicos.

 


 

EL INFORME  EUROMED  PIDE  REACTIVACIÓN  SOLAR  ANTE  CRISIS

 

POR UN PLAN DE ESTÍMULO SOLAR EN EL MEDITERRÁNEO

  

   El pleno del la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea (el brazo parlamentario de la Unión por el Mediterráneo) ha aprobado hoy un informe elaborado por mi persona por unanimidad, en el que se solicitan medidas políticas e inversiones fuertes en el campo de la energía solar en el mediterráneo.


 

Este informe exige la construcción de redes eléctricas inteligentes y eficientes adaptadas a la energía solar para poder conectar el norte de África y Europa, y para servir a las redes eléctricas locales (smart and super clean grids). También pide que se construyan una serie de plantas de energía solar de alta temperatura en los países del norte de África y en el Oriente Próximo dentro del Plan Solar Euromed, e integrado en los planes de acción de la política de vecindad de la Unión Europea. En sus valoraciones anima a todos los países mediterráneos a establecer objetivos claros y ambiciosos de energías renovables para el año 2020. Además, se solicita un proyecto piloto para producir electricidad limpia y agua desalada para Gaza y la zona de Rafah.

 

En este informe Euromed aprobado se hace una llamada a favor de la financiación de proyectos solares en Euromed por parte del Banco Europeo de Inversiones, del Plan de Reactivación, y de los distintos mecanismos de financiación del acuerdo Kioto y del futro tratado de Copenhagen contra el cambio climático terrestre.






INFORME redactado por David Hammerstein,
Eurodiputado por Los Verdes,
 y Vicepresidente de la Comisión Ad-Hoc de Energía y Medio Ambiente de APEM


El Programa de Energía Solar de la Unión Europea  para la región Euromediterranea : incluye  "tarifas de enganche a la red" e intercambio de buenas prácticas en lo que se refiere a la extensión de los programas para electricidad solar en áreas remotas, teniendo en cuenta las propuestas de grandes proyectos de  energía solar de alta temperatura.

 

1. Afirma los grandes beneficios sociales y medioambientales de un mercado de energía interconectado en la región Euro-Mediterránea; en este sentido, cree que se debería promover una Smart-Grid que integre de forma inteligente y gestione la trasmisión a las redes locales y redes de distribución, la capacidad de almacenamiento y consumo, así como una Super-Grid que combine la trasmisión de electricidad a larga distancia con las tecnologías necesarias para descentralizar la carga y energía solar concentrada, y para unir Europa con el Norte de África y Oriente Medio en el suministro de energía eficiente y limpia; reconoce las perspectivas y posibilidades al tiempo que exige una mejor financiación a través del Plan de Recuperación Económica  de la Unión Europea, el Banco Europeo de Inversión, y las futuras perspectivas financiaras de la UE; recomienda integrar el Plan Solar Euromed en todos los Planes de Acción Nacional de la Política de Vecindad de la Unión Europea.   

 

2. En el informe se reconoce el gran potencial de la Energía Solar de alta temperatura y de la energía Fotovoltaica para satisfacer la demanda creciente en la región Euromed, y señala las posibilidades ofrecidas por la nueva Directiva de Renovables de la Unión Europea que permite a los países de la UE alcanzar parcialmente los objetivos vinculantes de energía renovable importando de países de fuera de la UE, y recomienda también que los compromisos sobre los mecanismos de desarrollo limpio del Tratado de Kyoto se orienten hacia proyectos de energía renovable, en particular a proyectos de energía solar en los países socios de Euromed, para promover así el bienestar social y medioambiental, y para asegurar la transferencia de tecnologías limpias y apropiadas.

 

3. Se solicita a la Unión por el Mediterráneo el  desarrollo del Plan Solar Euromed con los suficientes recursos y proyectos piloto concretos, y con un fuerte compromiso político; se reconoce en el informe el considerable potencial de la producción de energía solar en la región Euro-Mediterránea que podría jugar un papel clave en la lucha contra el cambio climático, a favor de la diversificación de fuentes de energía, del refuerzo de las economías regionales, de la promoción de un mercado de trabajadores cualificados, y de estructuras democráticas; también se señala que se trata de una problemática de interés regional y global que afecta a la estabilidad futura, a la seguridad y a la viabilidad social de todas nuestras sociedades, y que se afirma que constituye una razón clave el aumentar significativamente la inversión en energía renovable en la región Euro-Mediterránea para garantizar el acceso a agua limpia a través de la desalinización y el uso de fuentes de energía limpia para millones de personas que carecen de dichos servicios esenciales para cubrir necesidades básicas.    

 

4. En el informe se agradece la promoción de la energía solar y de otras fuentes renovables a través de los planes de apoyo y tarifas de alimentación en muchos países, tanto en Europa como en el Norte de África; se anima a todos los países del APEM a establecer unos ambiciosos objetivos de producción de energía renovable para asegurar que esta se convierta en una proporción significativa del consumo total de energía según las capacidades de cada país; también se solicita a la Comisión Europea, así como al sector privado,  que proporcionen ayuda técnica para unirse a los países en el reforzamiento de proyectos solares, tanto a pequeña como a gran escala.

 

5. Toma nota de la existencia del gran potencial de la energía solar térmica para agua caliente de uso doméstico, y para la calefacción y refrigeración en la región Euromed, que deberían ser controlados por amplios programas descentralizados; subraya en este sentido que en la región Euromed en particular, la demanda de sistemas de refrigeración está aumentando de forma significativa, y que en determinados países el pico de consumo eléctrico ya no tiene lugar en invierno, sino en verano; valora que el desarrollo del mercado de sistemas de refrigeración alimentados con energía renovable debe acelerarse; También hace hincapié en que este tipo de energía solar es muy eficiente, relativamente barata, y puede dar como resultado un ahorro eléctrico considerable. 

 

6. Pide a la Comisión Europea que en la cooperación con Egipto, las instituciones palestinas, y el sector privado, construya un proyecto piloto consistente en una planta de energía solar concentrada cerca de Rafah para suministrar energía a Gaza, y posiblemente proporcionaría energía para una planta de desalinización, como parte del Plan Solar Euromed y los planes de reconstrucción de Gaza.

 

7. Pide a la Comisión Europea y a los gobiernos mediterráneos que integren los proyectos de energía solar como una parte clave y central de los planes de estímulo económico que se están poniendo en marcha como respuesta contra la actual crisis económica.

 

 




 Falsas esperanzas y mucho dinero público quemado en la captura y secuestro de CO2


 

 



 

    "Son fábricas de muerte" según afirma el famoso científico de la NASA y gran luchador contra el cambio climático: James Hansen, al referirse a las centrales térmicas de carbón.

El carbón es la fuente que produce la mitad de la energía de los Estados Unidos, el 70% de la India, y el 80% de la China. Siguen operando numerosas centrales térmicas de cabrón en España que el actual Gobierno socialista no quiere cerrar. Aunque es la primera fuente de gases que provocan la inestabilidad y el cambio climático terrestre, en el mundo el carbón como fuente energética puede tener los días contados si sus lobbies y sus apologetas interesados en su negocio no encuentran una buena coartada para continuar con esta sucia y dañina actividad económica. Con el reciente invento solo teórico del llamado "carbón limpio", parece que tienen la excusa y la coartada para seguir con la misma destructiva minería de siempre y para la apertura de nuevas térmicas biocidas. 


     Pero la realidad es bastante más tozuda que las retóricas de políticos, científicos interesados, y empresarios sin escrúpulos medioambientales. No existe ni una prueba empírica de que la optimista empresa del "carbón limpio" pueda existir en realidad. No existe ninguna planta en el mundo que "capture y almacene" CO2. No existe ni una empresa privada que haya invertido ni un euro por iniciativa propia en esta nueva y incierta tecnología de supuesta salvación para la actividad carbonífera que destroza la montañas y la atmósfera. Muchas voces científicas y numerosos economistas sostienen que su viabilidad económica es más que discutible, y que difícilmente podría llegar a ser económicamente competitiva en comparación con otras formas de energía (como es la solar o la eólica) debido al inmenso coste económico que conllevarían y al alto coste energético del proceso. Otros expertos creen que toda la idea es sencillamente descabellada y delirante,  y que no podrá funcionar al implicar los peligros de muchos escapes continuos del CO2 una vez que estuviera enterrado en el suelo. Algunos estudios geológicos en EE.UU. apuntan hacía el gran riesgo de contaminación tóxica a causa del CO2 condensado cuando entre en contacto con el agua subterránea y con ciertos minerales del suelo.



 

   A pesar de todas las dudas e incertidumbres que acompañan al desarrollo tecnológico y puesta a punto de la captura y el almacenamiento de CO2, el Gobierno Español y la Unión Europea hacen oídos sordos y proyectan quemar miles de millones de euros de los contribuyentes europeos en proyectos pilotos para su desarrollo, bajo la presión de las empresas anacrónicas de la vieja y contaminante producción industrial y de los sindicatos mimados, todos unidos bajo las prioridades particulares de continuar siendo receptores de los grandes subsidios estatales. 


   La revista "The Economist", por cierto, muy poco sospechosa de tener tintes de ecologista radical, concluye esta semana con un comentario editorial que afirma rotundamente: "la captura y almacenamiento de CO2 no es solo una forma de desperdiciar el dinero. También crea una falsa sensación de seguridad sobre el cambio climático, privando de recursos económicos y de atención a otros métodos de reducir las emisiones potencialmente más económicos - todo en aras de satisfacer al lobby del carbón." 

  

 

    El sábado pasado visité una planta solar de alta temperatura en Sanlucar el Mayor, Sevilla.  En medio de una hermosa finca por donde ambulan cerdos ibéricos por montes de encinas, se vislumbra una torre de más de 100 metros en medio de la más grande planta de energía solar térmica funcionando en Europa que en breve crecerá con más modulos hasta poder suministrar casi toda la electricidad que necesita la ciudad de Sevilla. No se trata de un huerto de paneles solares foltovoltaícos sino de un bosque de espejos que orientan los reflejos de la radiación hacia un punto en lo alto de la torre donde el intenso calor resultante convierte agua en vapor y mueve una gran turbina. Existe otro modelo de térmosolar, también en Sanlucar, sin la torre que en cambio capta el calor solar mediante un liquido en el mismo espejo cilíndrico o parabólico. En suma, las plantas termosolares tienen muchos elementos en común con una térmica convencional salvo que en lugar de carbón o gas funciona con la luz del sol y, lo más importante: no produce emisiones ni partículas contaminantes.  Actualmente, se está experimentando con la utilización de sal para almacenar el calor durante 8-10 días para que las plantas pudieran funcionar 24 horas al días y sin necesidad de parar las turbinas los días nublados o lluviosos.

    Una planta termosolar, que hoy cuesta en construir el doble que el precio de una térmica contaminante, necesita una radiación solar muy fuerte y solo es viable en el sur de España y en lugares muy cálidos como el Norte de África o el Oriente Próximo. En el Parlamento Europeo y en el Plan Solar Euromed se estudia la idea de construir grandes plantas termosolares en el Sáhara como parte de unas "super red eléctirica límpia" (Clean Super Grid) que conectara a las dos riberas del mediterráneo y que fomentara la electrificación de zonas pobres y la transferencia de tecnología verde al Sur. 

      Dos empresas españolas, Abengoa y Acciona ya están construyendo grandes plantas termosolares en Marruecos, Argelia, Abu Dhabi y en Estados Unidos.

            Es verdad que Los Verdes preferimos la energía descentalizada y comunitaria pero al mismo tiempo estas plantas muestran que las renovables pueden ser la alternativa ya en una economía de escala para llegar a ser dentro de unos años muy competitivas en el mercado con las fuentes sucias.     

 

(Published in a cross party pamphlet along with MEPs from other parties, to be presented on February 4th in Strasbourg)

 

 

 

Introduction

 

To deal successfully with climate change and with the energy crunch at the same time we need some challenging economic, regulatory and fiscal changes.  This, however, is the challenge of our times.

 

Without overcoming the present, all-encompassing and superficial "green" thinking meeting that challenge will be impossible. Business as usual with just a few technical adjustments, some eco-marketing and an occasional solar panel is merely a recipe for further trouble.  But we must be clear that there is no pure technological fix: there is no magic wand nor single invention that will help us confront the twin headed energy-climate monster.  

 

In order to make progress we need to be prepared for serious social conflict and political controversy.

 

We need a complex mix of government policies, regulations, research funding and tax incentives, creating a system for innovating, generating, and deploying clean energy, efficiency, and productivity. Further, we desperately need an ethic of conservation and a new culture of sufficiency that calls into question many of the basic premises of our contemporary societies. We must learn that conservation is not necessarily the opposite of consumption. In order to consume more, we must conserve more.

 

 

 

 

The Economic Downturn: Eco-friend or Eco-foe?

 

To start with it would seem that the economic crisis has come to our rescue by sinking oil prices and reducing CO2 emissions. In 2008 world CO2 emissions will retreat by around 3%: the economic depression of the 30´s made emissions go down 35%.  By cutting energy demand, the present recession may mean that many countries therefore have an easier time in meeting their Kyoto targets. But of course this ignores much of the South (and part of the North) that suffers energy poverty and totally overlooks the need for structural changes in our way of producing and consuming energy – and we need to address these things in order to be prepared for the next economic upswing. What the energy crunch does tell us is that our climate crisis is intimately entwined with our insatiable consumption patterns, the very force that until now has been the cornerstone of economic growth. We urgently need a way out of this destructive logic and into a "sustainable physical de-growth" that is compatible with a vibrant economy.

 

According to some voices the fight against climate change should be set aside until our economy improves. This is totally mistaken and utterly counterproductive. On the contrary, at the centre of our very response to the economic crisis should be a "green new deal" that regulates and channels public and private funding into clean development and industrial reconversion. Millions of new jobs can come from the green restoration of homes, from the building of public transport, from the massive extension of intelligent electricity grids and the retrofitting of our dirty and inefficient industrial base.

 

Tackling our energy-climate crisis is also about injecting our economy with real innovation, goods and services. By contrast, today’s economy has plunged into crisis thanks, in part, to financial speculation while simultaneously over-heating the climate.  Junk loans have created literal junk by fuelling spending beyond real means, and toxic banks have funded toxic gases by promoting risky over-consumption that was not backed up by real spending power. Reorienting our economy to become carbon-conscious implies financial regulation that restricts irresponsible spending and fiscal policies that internalise hidden environmental costs.

 

A Carbon Tax: Funding the Affordable Alternative

 

In recent months many have been overjoyed at the news of oil prices plummeting in face of dwindling demand. Nevertheless, for renewable sources and energy efficiency measures to attract massive investment and really take off, we need a price floor on oil that will guarantee a degree of stability for investments in the alternatives. We cannot allow the price context for renewable energy to be constantly fluctuating on the unstable market price of oil.   When oil goes under a certain price – say $100 a barrel - a special floating climate tax, on an EU level, should be levied.  This would prevent the price of oil from falling further and provide badly needed public revenue for supporting economic recuperation for a post-carbon, and post-recession society in Europe.

 

This could also be a way of solving the EU´s lack of financial autonomy, providing no-strings-attached revenue and liberating it from the constant renegotiation of financial perspectives with member states. The proposal for a universal carbon tax has been supported by many of the world’s leading economists and the United Nations. It would be a way of helping the South make the jump to clean technologies and, additionally, it could provide financing for reaching agreed Millennium goals.

 

Beware of False “Friends”

 

We should also be cautious towards some possible false and bothersome "friends" of the climate-energy fix. Nuclear, agrofuels and carbon capture are three of them.

 

Nuclear: A massive switch to nuclear power would take all our investment and innovation power to build hundreds of new nuclear plants which would lead us to economic ruin and perpetuate a highly-centralised and dangerous source of energy that has simply too many problems and risks attached to merit our real consideration. The nuclear option is even less viable in the context of the economic recession due to their upfront costs and their capital-intensive, labour-poor nature when compared with other sources of energy.

 

Agrofuels for transport: This is the last resort to save the conventional internal combustion engine on the part of car manufacturers that are in deep trouble. Hybrid and electric cars hold out much more promise for reducing C02 emissions, taken alongside tax measures levied on high-carbon cars and the strong promotion of public transport.  According to most studies many agrofuels make little or no dent in reducing climate change gases but, at the same time, can have very negative impacts on forests, farmlands and food prices. 

 

Carbon capture and storage: Our present coal power plants must be modified to become much cleaner than they are at present.  However, the promise of the still immature CCS technology is being used as a catch-all marketing spin to fool people into more and more coal power plants and irrational mining operations.  Serious risks and technical problems remain.  CCS might work - both environmentally and financially - but it will be ten years at least before we know for sure.

 

Demand and Supply: a Smart and Efficient Grid, Smart and Efficient Homes

 

One of our biggest challenges is distributing our electricity in an efficient and intelligent manner. Most of our present regulators and power utility operators follow a perverse and inefficient system. Currently, the more energy they sell the better.  More power lines and power plants built means more clients signed up and more energy consumed. More investment is the result of greater consumption and there is little incentive for energy conservation. As the over-supply of energy mounts, so too do the profits.

 

For example, Spain produces around triple the amount of average energy consumed each year.  They produce to serve peak demand of consumers instead of orienting demand to the times of peak production. It is generally a lineal, one way process on the grid. There is practically no feed back: there is very little energy contribution from consumers and practically no information on the energy consumption patterns of the consumer flowing back to the regulators.  There are real advantages to saving, efficiency and renewable energy production, but maximising these is impossible when almost no economic dialogue exists between consumers and providers.   

 

We desperately need a "decoupling" of consumption from the profits of energy suppliers. Energy auditors under EU or national guidance could establish compensation funds for achieving efficiency and savings for consumers. They should subsidise change in appliances, climatisers and light fixtures.  It should be noted that the cost of generating each new kilowatt of electricity is more than five times that of saving one.  

 

Especially important is the great void that exists in the integration of information technology and our daily energy system. Information technology and electricity convergence could reduce energy consumption radically in the building sector, which represents 40% of our current electricity consumption. IT could match electricity needs with the time when the energy is available. Why shouldn’t a washing machine or other appliances be programmed to work at off-peak hours when there is surplus production and supply of electricity? And why can’t we make alter the supply and demand pattern of electricity by using IT to create a modulated pricing system?  Wouldn’t these ideas greatly reduce CO2 emissions and eliminate the need for hundreds of new power stations at a stroke?

 

Our homes can be the centre of our fight against climate change. The global production of cement produces around as much CO2 as all the passenger cars in the world. The standards for building homes (materials, energy efficiency, life-cycle analysis) should be as important as the CO2 emissions of cars. Too many of our buildings are enormous energy consumers when they could be net energy producers. This demands a clear tax structure to promote new bioclimatic designs, a new materials economy low in carbon, and an intelligent and informed exchange of electricity between homes and the grid.

 

The Firm Hand of the Law

 

Laws and regulations are primordial.  For example, each Californian produces half the emissions as his or her fellow American, but this is not due to the triumph of personal choices.  It is down to policies on CO2 emissions from cars, efficiency norms on appliances, and similar restrictions on machines.   This has meant billions in savings and has had a positive effect on the economy.

 

 

Closer to home the difficulties of pushing a rational climate policy is becoming evident. The tremendous campaign against stricter car emission standards in the EU – waged by car manufacturers and some member states - has been successful in markedly weakening the EU Directive. This sad development is simply a reflection of the lack of political will on the part European politicians to take the energy-climate crisis seriously. At the time of writing the EU Council has just backtracked and watered-down key elements of the whole EU climate-energy package that must guide us toward the 2020 objective of a 20-30% reduction in CO2 emissions.

 

Conclusion: Looking Inward and Outward

 

Both within Europe and outside it, there exists a myth that the path to progress requires the right to pollute: we need to end that idea and create a sustainable future. That means action in our own backyard, but coupled with strengthened ties to the South of us, especially within the Mediterranean region, and embarking on clean energy integration and technology transfer projects that create common purpose and economic viability. It is possible to save the economy and the planet at the same time if we have the courage to propose a reorientation of our economy towards crucial environmental and social objectives.  Determination, innovation, and legislation: we will need them all to make the progress that must be achieved.

 

David Hammerstein

Diputado Europeo

www.davidhammerstein.org

www.davidhammerstein.com  

 

      

   El Paquete clima/energía que hemos votado hoy en el Parlamento Europeo establece la política climática de la Unión Europea hasta el 2020 y marca la pauta  europea ante las negociaciones de un acuerdo mundial de la ONU en Copenhagen el año que viene para sustituir el Tratado de Kioto. Contiene cinco Directivas: Emisiones de coches, Captura de Carbón, Comercio de Emisiones, Esfuerzos para reducir emisiones y Energías Renovables. 


En una decisión poco democrática de la mesa del Parlamento no se permitió la votación de ninguna de las enmiendas y tuvimos que limitarnos a votar si o no.
Voy por partes para resumir el sentido del voto verde y algunos motivos (unas explicaciones detalladas están disponibles más abajo):

 

Energías Renovables: Hemos votado SI.  Es una directiva bastante positiva. Sienta las bases para la gran revolución de la energía verde: Establece objetivos vinculantes para los países en renovables. Un mínimo de 20% de la energía debe ser renovable y 35% de la electricidad y posiblemente a 50% entre el 2025 y 2030. Se aumentarán las inversiones en renovables por parte del Banco Europeo de Inversiones, se obliga a cada país presentar un plan de fomento y  se da prioridad al enganche de las renovables a la red.  Por el lado negativo se mantiene el objetivo de 10% de la energía de transporte de los "agrocombustibles" con algunas rebajas (coches eléctricos pueden sustituir) y algunas condiciones.

 

Emisiones de coches: Hemos votado NO.  Es una vergüenza de propuesta: no propone una bajada significativa de las emisiones de los coches. Con un sinfín de excepciones y trampas estadísticas se marca un camino que nada tiene que ver con el objetivo declarado de 130 gramos/KM para el año 2015 ni mucho menos con el objetivo orientativo de 95 gramos/KM para el 2020.  Según las exigencias de la Directiva aprobada en el 2015 tendremos unos coches solo un poco más limpios y eficientes que los actuales cuando la tecnología disponible podría conseguir unos coches el doble de eficientes y limpios que los de ahora. Simplemente a los fabricantes no les da la gana y los gobiernos de la UE no quieren obligarles.

 

Comercio de Emisiones: Hemos votado SI.  Obliga por la primera vez la subasta de todas las emisiones contaminantes del sector eléctrico de la Europa de los 15 y su progresiva incorporación a resto de países. Por el lado negativo excluye gran  parte de la industria manufacturera y crea excepciones para las empresas que puedes sufrir deslocalización o "fuga de CO2".  En cambio, estas exenciones que debilitan la propuesta podrían eliminarse si hay un acuerdo internacional en la Cumbre de la ONU sobre cambio climático el año que viene en Copenhagen.

 

Captura y Secuestro de CO2: Hemos votado NO.  Se apuesta a favor de esta tecnología todavía poco madura a nivel ambiental y económico que se está utilizando como excusa para construir más térmicas de carbón, mantener la explotaciones mineras y esquivar la obligación de optar por las renovables.  No se establece claras normas ambientales de protección del agua y del suelo. No se concreta el nivel inacceptable de fugas de seucestro de CO2 de los almacenes subterraneos. Se regala 500 millones de créditos de emisión por adelantado para el secuestro de carbón y incluso no excluye que se utilice el CO2 capturado para la extracción del petróleo bajo el mar. Todo una aventura legislativa para regalar dinero público a Shell y Total.

   

Esfuerzos para reducir emisiones: Hemos votado NO.  Tiene el mérito de exigir una reducción obligatoria en las emisiones de cada país del sector de transporte y otros sectores industriales no cubiertos por el comercio de emisiones. La gran debilidad y escándalo de esta propuesta es que permite que más de 80% del esfuerzo se haga fuera de la Unión Europea mediante programas de ayuda  para el desarrollo del Sur como el mecanismo de desarrollo limpio del Tratado de Kioto. Así el esfuerzo propio se abarata mientras el esfuerzo para reducir emisiones en el Sur es prácticamente imposible de controlar y fácilmente puede ser gastado en otros fines. Sin embargo, un acuerdo internacional el año que viene podría cambiar o mejorar las condiciones de esta propuesta de la Unión Europea.


 

David Hammerstein, eurodiputado de Los Verdes

      

    Hoy en España, en toda Europa y en Estados Unidos, ante la crisis económica hay voces que exigen un plan público de salvación para los fabricantes de automóviles. Una inaudita orquestación entre empresarios, sindicatos, y gobiernos centrales y de comunidades autónomas, demanda una infusión de miles de millones de euros de la ciudadanía contribuyente para subvencionar las bajadas de ventas de la grandes empresas fabricadoras de vehículos como son la Renault, la Ford, la Opel y otras marcas de coches que ya han restringido radicalmente la producción ante la rápida caída de las ventas de coches a efecto de la crisis económica. Están en juego muchos puestos de trabajo en grandes fábricas que han constituido los motores de las economías de ciudades como Valencia, Zaragoza y Valladolid.

    Pero quizás, para intentar ayudar a estas empresas con dinero público habría que responder previamente a algunas preguntas: ¿Realmente es de interés público el que los gobiernos socialicen las pérdidas automovilísticas? ¿Cuales son los objetivos sociales, económicos y ambientales que justifican tal "interés público"?  

   Hace unos 25 años se llevó a cabo en España una necesaria reconversión industrial de la siderurgia y de otros sectores productivos por considerarlos ineficientes y anacrónicos. Hoy día, ante el deterioro acelerado de la vida planetaria y los daños al clima estamos en una situación aún más urgente con la industria de fabricación de coches. Esta actividad terriblemente contaminante y destructora de la vida exige una reconversión industrial. Hoy resulta inadecuada, anacrónica y peligrosa el tipo de tecnología y el capital fijo invertidos para la fabricación de las grandes marcas de coches con motores de combustión de gasolina. Esta vieja tecnología ya no sirve para los retos energéticos y climáticos a que nos enfrentamos. No podemos seguir durante más tiempo el actual modelo dominante de un coche pesado con un alto consumo de gasolina y con grandes emisiones contaminantes a la atmósfera. El empeño en continuar ciegamente por el mismo camino energético y tecnológico del petróleo, además de aumentar nuestra dependencia energética exterior y poner en peligro nuestra salud y la del planeta, carece de una mínima racionalidad económica ante la subida del precio del petróleo cada vez más escaso y ante la creciente demanda social de coches más eficientes y menos contaminantes, 

    Amarrados a unas estructuras tecnológicas de producción desfasadas y dañinas, los fabricantes europeos de coches y sus poderosos lobbies de presión política han luchado con éxito durante los últimos meses en contra de la adopción de unas normas estrictas de la Unión Europea que obligaran a las industrias a una producción unos coches mucho más limpios. Estos empresarios irresponsables y de cortas miras han logrado que la limpieza de los coches europeos solo mejore a paso de caracol.  Tiene tintes dantescos este doble juego que practican: por un lado se muestran insensibles a las demandas sociales de coches más eficientes y ecológicos, y por otro lado ahora piden y lloriquean ante los gobiernos a favor de inversiones carísimas del erario público para mantener su anticuada producción de vehículos. Los rígidos y equivocados equipos de producción de nuestras grandes marcas llevan décadas ignorando los necesarios y muy viables cambios en el diseño, en el tipo de motores y en el consumo energético. 

  Por desgracia, la clase política ha seguido al pie de la letra esta rígida miopía tecnológica y económica de los fabricantes que solo parece obedecer a los beneficios a corto plazo. . La falta de reflejos sociales y ambientales de empresarios junto a la carencia de visión de las autoridades públicas son dos de los factores que están detrás de la grave crisis actual de un sector empeñado en no cambiar sus pautas tecnológicas.

     Para poder afrontar con mínimo éxito la actual crisis económica y social sería mejor dedicar los escasos recursos públicos disponibles a una reconversión ecológica del sector del transporte privado. ¿Porqué echar miles de millones de euros a un pozo sin fondo de unas empresas que se muestran inviables, mal gestionas y sin futuro?. ¿Porqué el gobierno no condiciona las ayudas públicas a unos nuevos modelos productivos que den prioridad a los coches eléctricos, a los coches híbridos y a una nueva red energética inteligente para la recarga de pilas de coches que utilizan fuentes renovables de energía ? ¿Porque no se afronta una reconversión del sector hacía una menor dependencia en el petróleo, y a favor de unas emisiones de contaminantes radicalmente más bajas? 

     Es posible buscar unas salidas dignas con ayudas públicas para garantizar el empleo de los trabajadores del sector automovilístico mediante nuevas iniciativas de reconversión en tecnología limpia, y también es posible regular legalmente las horas y el reparto del trabajo existente para intentar absorber parte de la fuerza de trabajo excedentaria. Resulta un lujo dejarnos llevar por la defensa numantina de unas maquinas humeantes que dependen de una técnica que desprecia los conocimientos y la sabiduría tecnológica alcanzados en el siglo XXI. Como ha dicho recientemente el periodista estadounidense Thomas Friedman: "Si desaprovechamos de la oportunidad de ganar la carrera del Coche 2.0 porque seguimos empeñándonos en salvar el Coche 1.0, no se podrá culpar a nadie más que los nuevos accionistas: nosotros, los contribuyentes."   

 

 

 

 

  Los gobiernos europeos utilizan cínicamente la crisis económica como excusa para destrozar la más coherente legislación climática propuesta por el Parlamento Europeo hasta ahora. En lugar de representar los intereses generales de toda la humanidad y de la población europea a favor de la habitabilidad y el clima terrestre, contrariamente cada gobierno defiende los intereses de sus particulares industrias caseras, incluidas las más contaminantes y destructivas de la salud planetaria. Tristemente, los gobiernos europeos no han hablado en nombre del sentir mayoritario de la ciudadanía europea sino en representación de los lobbies y actividades económicas más sucias del continente. El descafeinado acuerdo de mínimos alcanzado además manda un mensaje poco convincente al resto de países del Sur y a los Estados Unidos que deberían incorporarse con fuerza y ambición a la lucha contra la destrucción del clima en la próxima cumbre de la ONU que se celebrará en Copenhagen el año que viene. 


En realidad constituye un enorme escándalo moral y político el hecho de que se hayan creado generosas exenciones en la obligada compra del derecho a contaminar por parte de grandes sectores de la industria sucia y de parte de las eléctricas. Con la aceptación de la asignación gratuita de créditos o bonos de emisión a las industrias contaminadoras gran parte del mercado de comercio de emisiones significará un enorme engaño si a su vez estos créditos que han recibido gratuitamente de los gobiernos se venden para poder contaminar más. En definitiva, se trata de un regalo de miles de millones a las industrias contaminantes a cargo de los consumidores.

También, es muy preocupante que la Unión Europea haya aceptado el hecho de que hasta un tercio del esfuerzo de reducción de emisiones puede realizarse fuera del territorio europeo mediante la fórmula de comprar los derechos de contaminación atmosférica de los países del Sur. Estas nuevas medidas carecen de cualquier defensa moral y científica además de tener una dudosa e ineficaz aplicación. Resulta imposible saber si así se van a poder reducir las emisiones contaminantes o si es simplemente una forma barata de esquivar lo que es en realidad una prioritaria asignatura pendiente y una responsabilidad de primer orden: la reconversión de los modelos industriales contaminantes e insostenibles de cada país.

Contrariamente, el acuerdo de la UE sobre la promoción de las energías renovables puede ser valorado en general como un avance positivo ya que abre la posibilidad al fomento de unas inversiones masivas en las tecnologías limpias y la creación de hasta dos millones de nuevos empleos.

En todo caso, no parece que esté todo perdido en la lucha contra la destrucción del clima. En el contexto del futuro acuerdo internacional del año próximo, es previsible que la UE tenga que aumentar sus objetivos de reducción de emisiones y con ello verse obligada a fortalecer su sistema de comercio de emisiones contaminantes junto al reparto de los compromisos. Con los mecanismos adoptados esta semana la Unión Europea no podrá cumplir con el compromiso actual de reducción de un 20% de sus emisiones de CO2 para el año 2020, y mucho menos podrá cumplir con el 30%  al que probablemente obligará la firma de un nuevo acuerdo pos-Kioto de la ONU el año próximo. 

Como quedarán los Agrocombustibles en la Directiva Europea sobre energías renovables


1. Se mantiene el objetivo de 10%  para el 2020 de "energía renovable para transporte".



2. Habrá una revisión de los objetivos y de los impactos ambientales y sociales en el año 2014 pero sin cuestionar el objetivo vinculante de 10%.



3. Se reduce la demanda por agrocombustibles porque para alcanzar el objetivo del 10% se puede sustituir a los agrocombustibles por coches eléctricos o trenes que funcionan con energía renovable. Los coches eléctricos tendrán "doble crédito" para cumplir con el objetivo.



4. Habrán incentivos para premiar los agrocombustibles de "segunda generación" como  de celulosa y residuos de distintos tipos.



5. No habrá objetivos intermedios ni cambio en el objetivo del 10% para el 2020.



6. Los agrocombustibles deben mostrar un ahorro de CO2 de por lo menos 35% ahora y el 60% en el 2017 para plantas nuevas y 50% para los existentes. Se revisarán los objetivos en el 2014.



7. Antes del 2012 el PE y la CE establecerán las normas sobre "el uso indirecto de suelos agrícolas" (indirect land use change). Es importante para ver el impacto real sobre cambio climático y el medio ambiente.



8. Se permite la utilización de turberas y zonas húmedas (y su desecación) para el cultivo de cosechas como el aceite de palma, lo que provoca grandes emisiones de CO2. Sin embargo, tendrá que entrar el los cálculos de emisiones de CO2.



9. Se cuenta en la contabilidad de CO2 los cambios en bosques o sábana por la plantación de agrocombustibles. 



10.  Se prohíbe la plantación en bosques primarios.



11. No habrán criterios sociales en los criterios de sostenibilidad. Los productores no tendrán que dar información alguna sobre sus estándares sociales de producción.





 

 

(Texto escrito para una publicación británica sobre el clima y la crisis)
 

To deal successfully with climate change and with the energy crunch at the same time we need some challenging economic, regulatory and fiscal changes.

 

Without overcoming the present all encompassing superficial "green" thinking it will be impossible. First of all, we must insist that there is no pure technological fix. There is no magic wand nor one invention that will help us confront the twin headed energy-climate monster.   Confronting serious social conflict and political controversy will be unavoidable in order to proceed. Business as usual with just a few technical adjustments, some eco-marketing and an occasional solar panel are useless and only divert us from the real debate.

 

We need a complex system of government policies, regulations, research funding and tax incentives, creating a system for innovating, generating, and deploying clean energy, efficiency, and productivity. As well, we desperately need an ethic of conservation and a new culture of sufficiency that often questions many basic premises of our societies. We must learn that conservation is not necessarily the opposite of consumption. In order to consume more we must conserve more.

 

 

 To start with it would seem that the economic crisis has come to our rescue by sinking oil prices and reducing CO2 emissions. In 2008 world CO2 emissions will retreat around 3%. Indeed, the economic depression of the 30´s made emissions go down 35%.  Our present recession has indeed made energy demand sink and with it many countries might even have an easier time in meeting their Kyoto targets. But of course this ignores much of the South (and part of the North) that suffers energy poverty and totally overlooks the need for structural changes in our way of producing and consuming energy for us to be prepared for the next economic upswing. What the crisis does tell us is that our climate crisis is intimately entwined with our insatiable consumption patterns, the very force that until now has been the cornerstone of economic growth. We urgently need a way out of this destructive logic and into a "sustainable physical de-growth" that is compatible with a vibrant economy.

 

According to some voices the fight against climate change should be set aside until our economy improves. This is totally mistaken and counterproductive. On the contrary, at the centre of our very response to the economic crisis should be a "green new deal" that regulates and channels public and private funding into clean development and industrial reconversion. Millions of new jobs can come from the green restoration of homes, from the building of public transport, from the massive extension of intelligent electricity grids and the retroffiting of dirty and inefficient industrial base.

 

Tackling our energy-climate crisis is also about tuning  our economy into real innovation, goods and services. This is because the financial speculation behind our current crisis had over-heated the economy while over-heating the climate.  Junk loans created loads of literal junk by fueling spending beyond real means.  Toxic banks emitted toxic gases by promoting risky overconsumption that was not backed up by any reality. Orienting our economy to be carbon-conscious implies financial regulation that restricts irresponsible spending and fiscal policies that internalise hidden environmental costs.

 

Many have been overjoyed over the last few months as the price of oil has plummeted due to dwindling demand. Nevertheless, for renewable sources and energy efficiency measures to really take off by attracting massive investment we need a price floor on oil to guarantee a degree of stability for investments in alternatives. We cannot allow the price context for renewable energy to be constantly fluctuating on the unstable market price of oil.   When oil goes under  100 o 80 dollars a special floating climate tax on an EU level should be considered that prevents the price of oil from falling further and that provides badly needed public revenue for supporting economic recuperation for a post-carbon society across Europe. This could also be a way of solving the EU´s lack of no strings attached revenue and liberating itself from a constant renegotiation of financial perspectives with member states. The proposal for a universal carbon tax has been supported by many of the worlds leading economists and the United Nations. It would be a way of helping the South make to jump to clean technologies and, as well, could provide financing for Millineum goals.

 

We should also be cautious with some possible false and bothersome "friends" of the climate-energy fix. Nuclear, agrofuels and carbon capture are three of them.

 

Nuclear: A massive switch to nuclear power would take all our investment power and innovation power to build hundreds of new nuclear plants which would lead us to economic ruin and would perpetuate a highly centralised and dangerous source of energy that simply has too many problems and risks to be given much attention. The nuclear option is even less viable in the context on our economic recession due to their cost and their capital intensive-labour poor nature when compared with other sources of energy.

 

Agrofuels for transport: This is the last resort to save the conventional internal combustion engine on the part of car manufacturers in deep trouble. Hybrid and electric cars are much more promising in reducing C02 along with tax measures against high carbon cars and strong promotion of public transport.  According to most studies many agrofuels make little or no dent in reducing climate change gases but, at the same time, can have very negative impacts on forests, farmlands and foodprices.  

 

 Carbon capture and storage: Our present coal power plants must be much cleaner than at present but the promise of the still immature technology of CCS is being used as a catch-all marketing spin to fool people into more and more coal power plants and irrational mining operations.  Serious risks and technical problems remain and CCS might work environmentally and financially but we will not know for at least ten years.

 

One of our biggest challenges is distributing our electricity in an efficient and intelligent manner. Most of our present regulators and power utility operators follow a perverse and inefficient system. In our present system the more energy they sell the better.  The more power lines and power plants built mean more energy and more clients. More investment is the result of greater consumption and there is little incentive for energy conservation. The more over- supply of energy the more money they make. For example, Spain produces around triple the amount of average energy consumed each year.  They produce to serve peak demand of consumers instead of orienting demand to the times of when more production. It is generally a lineal, one way process on the grid. There is practically no feed back: very little energy contribution from consumers and practically no information is flowing on the energy consumption patterns of the consumer toward the regulators.  

 

Practically no useful economic dialogue exists between users and providers on the advantages of saving, efficiency and renewable production.    We desperately need a "decoupling" of consumption and the profits of energy suppliers. Energy auditors under a EU or national guidance could establish compensations for achieving efficiency and savings for consumers. They should subsidize change in appliances, climatisers and light fixtures.  It should be noted that the cost of generating each new kilowatt of electricity is more than five times that of saving one.   Especially important is the great void that exists in the integration of information technology and our daily energy system. An IT and electricity convergence could reduce energy consumption radically in the building sector that represents 40% of our electricity consumed. IT could match electricity needs with the time when the energy is available. Why can´t a washing machine or other appliances work when the electricity is available? Why can´t we make flexible an important part of energy supply and demand through IT and a modulated pricing system?  This would save a great deal of CO2 and eliminate the need for hundreds of new power stations.

 

Our homes can be the centre of our fight against climate change. The production of cement in the world produces around as much CO2 as all the passenger calls in the world. The standards for building homes (materials, energy efficiency, life-cycle analysis) should be as important as the CO2 emissions of cars. Many of our buildings can be net energy producers as opposed to great consumers as at present. This demands a clear tax structure to promote new bioclimatic designs, a new materials economy low in carbon, an intelligent and informed exchange of electricity between homes and the grid.

 

Laws and regulations are primordial.  For example, each Californian produces half the emissions as his or her fellow American.  This is not due to personal choice but to policies on CO2 emissions of cars, efficiency norms on appliances, machines...  This means billions in savings and has had a positive effect on the economy.

 

 

Closer to home the difficulties of pushing a rational climate policy is becoming evident. The tremendous campaign against stricter car emission standards in the EU on the part of some member states and car manufacturers has been successful in markedly weakening the future EU Directive. It is just the reflection of the lack of political will on the part European politician to take the energy-climate crisis seriously. As I write these lines the EU council is backtracking and watering-down key elements of the whole EU climate-energy package that should guide us toward the 2020 objective of 20 to 30% CO2 reductions.

 

We must break the strong myth in Europe and the world that the right to pollute is the right to progress. At the same time we should strengthen our ties with the South, especially the Mediterranean region, with clean energy integration and technology transfer projects that create common purpose and economic viability. It is possible to save the economy and the planet at the same time if we have the courgage to propose a reorientation of our economy toward crucial environmental and social objectivees.

 


 

 

 

 

Los Verdes hacemos lo que podemos pero sin un decrecimiento sostenible, no lo conseguiremos

 

    Los miembros del grupo verde en el Parlamento Europeo estamos luchando para conseguir un conjunto de medidas legislativas climáticas ambiciosas y vinculantes en lo referente a las energías renovables, el comercio de emisiones, las emisiones de los coches y el reparto del esfuerzo ambiental entre los países. No es nada fácil y somos una minoría que quiere medidas mucho más radicales que la mayoría política en el Parlamento.  Por ejemplo, sobre las emisiones de los coches parece que la mayoría en el pleno quiere, contra toda lógica,  aplazar la aplicación de objetivos reales de reducción hasta el 2015 en lugar del 2012. En cuanto de los nuevos objetivos estatales de reducción de CO2 hay una lucha encarnizada para evitar el objetivo de 30% reducción para el 2020 en la UE en los acuerdos pos-Kioto y muchos intentos de los países miembros de escurrir el bulto, no asumir metas ambiciosas y sustituir el esfuerzo real por "la ayuda al desarrollo del Sur", las masas forestales  y otros mecanismos "flexibles" difíciles de controlar. También hay debates sobre qué fecha debe ser de partida para calcular la reducción de CO2, el posible regalo del 100% de los derecho de emisión y las posibles "excepciones" para las "industrias intensivas en energía".  Si, conseguimos a duras penas unos compromisos mínimos sobre muchas cuestiones climáticas pero seguimos lejos de las medidas drásticas necesarias para defender la vida en el planeta.

 

   


Para tomar el cambio climático en serio hace falta cuestionar algunas de las premisas básicas de nuestra economía y cultura actuales. Lo podríamos llamar "el decrecimiento sostenible",  lo que quiere decir reducir fuertemente nuestro consumo material que viene de la naturaleza y a la vez mantener un mínimo bienestar y la cohesión social. No sería una tarea fácil.  Habría que cortar de raíz la especulación financiera que es la causa de la crisis actual y regular fuertemente la economía en todos los aspectos. Nos haría falta una reforma fiscal a todos los niveles para gravar el CO2 y todos los recursos escasos y contaminantes. Tendríamos que tomar medidas de acción positiva a favor de la producción local, la restricción radical del uso del coche y unos metabolismos comerciales mucho más circulares, por  mencionar algunas políticas. Al mismo tiempo haría falta fomentar el flujo de información y cultura electrónica, en suma todas las relaciones immateriales y relacionales, y reorientar la construcción hacia el retejer  y restaurar ecológicamente nuestras ciudades. Huelga decir  que el sector energético necesita una revolución hacia las renovables, la eficiencia y el ahorro.

 Bueno. No estoy soñando. Solo quiero daros una idea de que seguimos en la "prehistoria" de la lucha contra el cambio climático. No lo frenaremos con medidas a medias ni parches. No es una batallita sino una guerra en toda regla. Se nos acumula la faena.

Ayer celebré el día europeo sin coches pedaleando por la ciudad con diez mil valencianos más. Por un día, miles de personas en bici de todas las edades inundaban la calzada  con alegría y tranquilidad. El tráfico de motor tenía que esperar. Ya sé que era la excepción que confirmaba la regla, pero al mismo tiempo parecía una ficticia escenificación de un levantamiento contra la vigente dictadura del coche. Pero mi dulce sueño ecologista duró bien poco. 

 

Para mi gran asombro, me enteré que el hito de la vuelta ciclista "reivindicativa" iba a ser el recorrido del circuito de Fórmula Uno en el Puerto de Valencia.  El consistorio de Rita Barberá ha querido confundir la supuesta celebración de la bicicleta como medio de transporte urbano alternativo con la adoración del asfalto de las carreras veloces de vehículos humeantes y estruendosos. ¿Como se puede mezclar la lucha contra el cambio climático con la glorificación de los motores más contaminantes? En un ejercicio malsano de sadismo, la Alcaldesa ha aprovechado hasta del "día sin coches"  para echar sal (o sería alquitrán?) en las heridas de las personas que nos atrevemos imaginar unas formas más racionales y limpias de desplazarnos por la ciudad.

 

Después de las Olimpiadas y los Juegos Paralímpicos quizás debemos organizar "las olimpiadas de la hipocresía ambiental". Sobran tantos ejemplos de engaño y "márqueting verde" por doquier, pero seguramente a la cabeza del medallero estaría el Ayuntamiento de Valencia. Sus lemas oficiales pregonan la exclusiva responsabilidad individual como "ante el cambio climático, cambiemos de hábitos", no de políticas institucionales. 

 

Si el aire es irrespirable es porque Joan o Ana cogen el coche y no  porque las políticas urbanísticas, de transporte y de seguridad vial, crean una peligrosa jungla de asfalto donde impera la ley del más fuerte, donde los vulnerables peatones y  ciclistas siempre juegan con una enorme desventaja. Es increíble este mundo al revés. Los mandatarios nos exigen a los individuos un voluntarismo sacrificado para luchar contra el caos climático mientras la poderosa maquinaria municipal potencia con nuestros impuestos la velocidad y la congestión programada de todas la vías del municipio.  Según Barberá, si la ciudad de Valencia supera, como hace, las cotas máximas de contaminación atmosférica de la Unión Europea,  es solo por culpa de los individuos y no por la total ausencia de políticas para dar prioridad al transporte público, calmar el tráfico y  liberar el espacio para las personas que caminan y pedalean.

 

   

¡Viva el día sin coches y la Fórmula Uno!

[Foto Fuente: Greenpeace]

He recibido esta solicitud de opinión de terra.org sobre el cambio clilmático

Tras haberse informado en

www.timetolead.eu acerca de los debates actuales sobre el cambio climático, que se celebran en Parlamento Europeo, le plantearé una pregunta:

¿Mostrará el liderazgo en el cambio climático apoyando a las enmiendas realizadas a las normas europeas energéticas y climáticas que conllevarán el logro del objetivo de la UE relativo al mantenimiento del calentamiento climático por debajo de los 2ºC?

Atentamente,

Jordi Miralles <terra@terra.org

Y esta ha sido mi respuesta:



Estimado Jordi:

No creo que la mayoría del Parlamento Europeo está a la altura de las cirunstancias de la crisis climática. Por ejemplo, parece que la asfixiante presión de los fabricantes de automoviles sobre los eurodiputados acabará debilitando gravemente el intento de limitar las emisiones contaminantes de los coches, aplazando al 2015 la obligación de emitir menos de 120g/km y introduciendo además muchas exenciones, trampas contables y menos penalizaciones para los transgresores. También perderemos la batalla para desmontar el engaño de los agrocombustibles porque se mantendrá el objetivo obligatorio de 10% en la UE. En otras cuestiones, como las energías renovables o el comercio de emisiones se esperan resulatados algo más sensatos para el clima.

En general se valora más la competitividad de ciertos sectores económicos (coches, cemento, cerámica, electricas, carbón, agricultura..) que la protección del clima. No se siente la urgencia en los pasillos del Parlamento Europeo para un giro radical económico y social hacía la preservación del suporte básico de nuestras sociedades. Que los americanos o los chinos son aún peores, seguro, pero el peso de los grandes poderes económicos frenan una respuesta responsable al cambio climático en todas partes. En suma, hoy por hoy avanzamos demasiado poco y muy lentamente para mantener el calentamiento global por debajo de los 2°C. Todavía nos tocará aprender de la dura pedagogia de la catástrofe.

Salud,

David Hammerstein, eurodiputado de Los Verdes

 

 

 

COMPARTO MI BLOG CON EL ECONOMISTA JULIO LAGO DE LA UNIVERSIDAD DE LEÓN QUIEN APORTA UNOS DATOS FUNDAMENTALES PARA DESMONTAR ALGUNOS DE LOS MITOS DEL SISTEMA ELÉCTRICO ESPAÑOL. COINCIDIMOS EN UN ACTO EN LA MONTAÑA LEONESA EN CONTRA DE LA LINEA DE ALTA TENSIÓN ENTRE ASTURIAS Y LEÓN LLAMADA "SAMA-VELILLA".  LA INNECESARIA CONCENTRACIÓN DE LA PRODUCCIÓN DE ENERGÍA PARA TODA ESPAÑA EN EL NORTE ES IRRACIONAL A NIVEL AMBIENTAL, ECONÓMICO Y ENERGÉTICO.

 

SAMA-VELILLA

RAZONES DE UNA LÍNEA ELÉCTRICA INNECESARIA

 

 

 

1.  A 1 de enero de 2008, España dispone de una capacidad de generación (potencia instalada) de 85.698.000 Kw para atender su demanda eléctrica peninsular. El nivel máximo de consumo instantáneo (punta de demanda) nunca ha sobrepasado los 46.000.000 Kw. Existe, por tanto, margen de cobertura más que suficiente para asegurar la disposición de kilowatios a las empresas y hogares españoles aún sabiendo que la capacidad de generación nunca está operativa al 100% y que la electricidad no puede almacenarse. 

 

 

2. De hecho, el índice de cobertura elaborado por la empresa Red Eléctrica de España (REE) se encuentra por encima del mínimo deseable desde el año 2002. En consecuencia, la economía española cuenta con un sistema eléctrico peninsular con suficiente holgura para cubrir la demanda. Dispone de una reserva de potencia superior a los 39.000.000 Kw.

 

 

3. La tendencia de la demanda eléctrica sigue moderando sus ritmos de crecimiento. En 2007 aumentó en un 3,1%. En 2006 el crecimiento fue del 3%. Resulta evidente que el crecimiento del consumo de kilowatios prácticamente se ha estancado. Tomando como referencia los últimos cinco años, los aumentos interanuales siempre han sido decrecientes, no marcando máximos desde el año 2003.

 

 

4. La calidad del servicio eléctrico sigue ofreciendo niveles muy altos. Red Eléctrica de España (REE) así lo confirma en su último informe anual (año 2007) sobre el sistema eléctrico español (página 17).

 

 

5. Han sido numerosos los diagnósticos técnicos y profesionales que avalan la evidente sobrecapacidad de generación eléctrica existente en España. Por su relevancia merecen destacarse los dos siguientes:

 

 Noviembre de 2007: Honorato López Isla, Consejero Delegado de Unión Fenosa, tercera empresa eléctrica española, decide aplazar la instalación de nueva generación eléctrica porque el mercado español está entrando en un período de sobrecapacidad. López Isla estima que el sistema eléctrico español opera, de media, al 50% de su capacidad y que la tendencia se mantendrá en los próximos años. 

 

Abril de 2008: El Consejo Asesor de Expansión y Actualidad Económica, formado, entre otros, por directivos de Endesa, Unión Fenosa, Repsol y la Comisión Nacional de la Energía resalta, entre otras conclusiones, la sobrecapacidad de generación eléctrica en España.

6. Al margen de no existir razones objetivas para incorporar más capacidad de generación eléctrica, el proyecto de línea de alta tensión Sama-Velilla apuesta por seguir concentrando la producción de electricidad en regiones (Asturias y León) que ya son altamente excedentarias (Asturias envía el 33% de sus kilowatios a otras zonas de España y León el 80%) y que distan de manera muy notable de las grandes áreas de consumo con déficit eléctrico, caso de Madrid, Cataluña, Valencia y País Vasco. Por lógica económica sería más sensato reequilibrar los balances energéticos regionales instalando las centrales de generación más próximas a los puntos de consumo  Se evitaría la construcción de costosos tendidos eléctricos que llevan asociado un fuerte impacto ambiental.

 

 

7. Por otra parte, el proyecto de instalar una planta de regasificación en Gijón (Asturias) que suministraría gas natural a las centrales de producción eléctrica previstas carece de racionalidad económica cuando el norte del país ya dispone de dos plantas regasificadoras (Bilbao y La Coruña) que no funcionan a pleno rendimiento y que, llegado el caso, podrían ampliar sus instalaciones si resultara necesario. Ha de considerarse que estos equipamientos energéticos  originan fuertes inversiones cuya amortización se realiza con cargo a la tarifa eléctrica que pagan empresas y ciudadanos.

 

 

8.  Por las dimensiones de la línea de alta tensión Sama-Velilla, su impacto ambiental sería muy severo. La altura de la torre metálica (50 metros, equivalente a un edificio de 20 pisos), asentada cada 500 metros a lo largo de un trayecto de 120 kilómetros incidiría de manera brutal sobre el medio físico, creando a su paso un territorio muerto en zonas de la Cordillera Cantábrica que han sido declaradas por la UNESCO Reservas de la Biosfera.

 

 

9. Es un tendido eléctrico innecesario, de fuerte impacto ambiental, que contradice el discurso político de que es necesario conservar los paisajes, los espacios naturales, con el fin de favorecer el desarrollo rural y la fijación de población en las comarcas de montaña. 

Julio Lago, Universidad de León 

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