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Los Verdes

27 janvier 2020 1 27 /01 /janvier /2020 12:09
El engaño de la "transición ecológica justa"

Por Mara Cabrejas y David Hammerstein

 

La "transición ecológica justa" es el nuevo término usado por el gobierno, los sindicatos, los sectores empresariales, los partidos políticos y algunos grupos ecologistas, que refiere a los cambios que han de darse a favor de las políticas de protección ecológica y al abandono de las ayudas públicas estatales y europeas que siguen recibiendo las actividades y sectores económicos ecológicamente más destructivos.

 

Pero el mantra de la "transición ecológica justa" se utiliza en realidad para todo lo contrario de lo que en apariencia parece querer decir. La denominada transición justa es un discurso muy cínico empleado con los fines prácticos de bloquear cualquier avance de la responsabilidad pública ante la tragedia climática y ecológica que ha llegado para quedarse. Además, poco o nada tiene que ver con la justicia social el seguir apuntalando con el dinero ciudadano a grandes empresas anacrónicas y sucias.

 

En realidad la idea de transición justa persigue seguir alargando los plazos temporales y las subvenciones masivas a los sectores industriales de la economía fósil más contaminante que destruye aceleradamente los equilibrios climáticos de la Tierra, los ecosistemas, la biodiversidad y muchos de los recursos naturales y servicios vitales para el bienestar, la supervivencia y la habitabilidad de la Tierra, para los seres humanos y el resto de vida multidiversa no humana.

 

Condicionar la sostenibilidad ecológica a la supuesta justicia para los sectores económicos contaminantes afectados, en realidad significa renunciar a actuar ecológicamente en el presente para continuar apostando por los sectores económicos centralizados, injustos y muy intensivos en capital financiero. La "transición justa" sirve entonces para postergar las políticas de emergencia climática a un futuro incierto e indeterminado.

 

La idea de justicia es tomada aquí como condición previa para que puedan emerger las políticas acordes a nuestra temible situación colectiva de translimitación ecológica. Esta formulación de la justicia como principio general sin concreción alguna, opera para impedir que en el presente puedan darse cambios estructurales en favor del interés común de acabar con la economía tóxica de sectores que nos están empujando sin frenos de emergencia a la ruina social y ecológica planetaria. Debajo de la llamada transición justa se oculta la apuesta por más y más economía neoliberal del crecimiento económico y consumo material inacabable, en un planeta finito y cerrado en materiales y cada vez más esquilmado y enfermo.

 

Este término tan engañoso es parte de toda una disimulada estrategia cultural y política disimulada para la continuidad de la economía ecológicamente más lesiva. La bandera de la transición justa y el que "no se deje nadie atrás" es el nuevo lenguaje para el trato privilegiado que reciben las empresas y sectores económicos más contaminantes, mientras que otros sectores de actividad económica no disfrutan de inyecciones públicas para mantener sus negocios y ventas.

En realidad el término conlleva su propia negación, vendría a decir "transición ecológica sí, pero no ahora". Es decir, las necesarias respuestas de ajuste verde se desestiman indefinidamente sin abrirse paso en el presente para no perjudicar a las empresas y beneficios economicos de la economía tóxica y el empleo privilegiado de la misma.

 

Además, la transición justa también sugiere la falsa idea de que ya se ha puesto en marcha dicha "transición" y que los cambios estructurales asociados a la misma son socialmente "injustos" comparados con la situación actual. Sin embargo, una nueva economía ecológica que fuera decentralizada, localizada y comunitaria, crearía mucho más empleo y más estable, por exigir más mano de obra intensiva al estar participada por la ciudadanía y no por los riesgos del vaivén de la economía globalizada.

 

La estrategia oculta perseguida por esta nueva retórica para el lavado verde es la continuidad indefinida de la economía más tóxica. Las declaraciones en cadena de emergencia climática por toda institución y gobierno se acompañan a la vez del discurso neoliberal de la transición justa. Es todo un ropaje que encubre la negativa a adoptar las políticas acordes con tales declaraciones de emergencia, en nombre de evitar que importantes empresas e intereses económicos dominantes se vieran dañados "injustamente" por las regulaciones ambientales restrictivas y prohibitivas.

 

Por ejemplo, la Ministra de Exteriores Arancha González del nuevo gobierno de Pedro Sánchez que ha declarado recientemente la emergencia climática, en Bruselas y ante la Comisión Europea y el Consejo Europeo, al dictado de la industria y las grandes empresas defiende en nombre de "la transición justa" el mantenimiento de las ingentes subvenciones públicas de los estados miembros de la UE a los sectores de economía más cancerígena contra el clima y la Tierra.

 

La Ministra Arancha, en nombre del gobierno español de PSOE y PODEMOS tira dardos envenenados en las reuniones en Bruselas contra las tímidas reformas y el paquete de medidas del New Green Deal, contra la eliminación de subvenciones a actividades ecológicamente más destructivas. La Ministra dice que el "Green New Deal" europeo (https://ec.europa.eu/info/strategy/priorities-2019-2024/european-green-deal_es) es "muy verde pero poco justo". Estas embrionarias intenciones de reforma en políticas y leyes afectarían entre otros, a sectores como el  transporte aéreo y el marítimo de mercancías, la pesca, la ganadería intensiva, la producción agrícola intensiva en agrotóxicos contra la biodiversidad, la salud, las aguas y las tierras fértiles. El recién estrenado gobierno español se opone a una reforma profunda de la Política Agraria Común para reducir drásticamente las subvenciones a la producción industrial, concentrar las ayudas en la mano de obra profesional y obligar una reducción en el 50% del uso de agrotóxicos como son los pesticidas, entre otras medidas de responsabilidad socioambiental. También se opone a quitar las subvencones a los grandes barcos de pesca que esquilman la biodiversidad marina (aquí las posiciones "justas" del Gobierno frente al Pacto Verde Europeo https://www.politico.eu/article/timmermans-spanish-socialists-democrats/).

 

En suma, el término "transición ecológica justa", usado ya por los poderes políticos de gobiernos y los poderes económicos, también por algunos movimientos sociales, en realidad es un bote de humo que sirve de coartada para la no acción en el presente, nada menos que bajo la exigencia del principio de "justicia" para unas grandes  empresas nada justas y para la economía productivista más contaminante. El discurso de la transición justa paradójicamente busca impedir el avance de regulaciones y políticas ambiciosas (como las propuestas del Grupo Verde en el Parlamento Europeo https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/B-9-2020-0040_ES.html), que en tiempos de emergencia climática pusieran restricciones y prohibiciones a la economía ecológicamente  más necrófita y suicida.

 

Pero si nos atenemos a lo que exigiría la justicia en nuestra época de emergencia climática y ecológica, lo socialmente más justo y equitativo globalmente es adoptar regulaciones y políticas públicas ecosociales profundas, que defiendan la conservación y protección de las condiciones de habitabilidad del planeta para la vida multidiversa, humana y no humana, y el futuro.

Lo que realmente necesitamos con urgencia es la "adaptación ecológica profunda", tal y como la ha llamado el reconocido pensador ecológico Antonio Turiel. Como apunta Turiel:

"La Adaptación Profunda implica mirar al problema del Cambio Climático de manera adulta, aceptando que los sacrificios son inevitables .......no es la Adaptación Profunda un discurso amable y edulcorado, para todos los públicos, con final feliz; pero es lo que hay. Quien pretenda hacer creer que podemos hacer otra cosa está engañando a los demás o engañándose a sí mismo". http://crashoil.blogspot.com/2020/01/temporal-y-permanente.html

 

Esta adaptación ecológica profunda comportaría en sí misma la exigencia de más justicia y equidad social a la hora de afrontar con realismo y ciertas garantías de resiliencia el inevitable colapso ecológico en curso. 

 

 

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