David Hammerstein
Foto David Hammerstein de Europarl.Europa.EU

Presentación
del libro:
"Europa verde de la A a la Z.
Apuntes de un ecologista en el Parlamento Europeo"
Autor: David Hammerstein
Las reflexiones, comentarios y propuestas de David Hammerstein acerca de los asuntos que le han ocupado en sus años como diputado de Los Verdes en el Parlamento Europeo configuran un documento político muy interesante. Muy interesante, en primer lugar, por la diversidad de los temas abordados. Desde la denuncia de los estragos causados por la minería a cielo abierto y por los abusos urbanísticos en España hasta la desesperación de las gentes de paz en Israel y en Palestina o la defensa del software libre. De todo esto y de mucho más va a encontrar materia el lector o lectora de este libro.
Hammerstein se ha tomado en serio su trabajo en Estrasburgo, en Bruselas y en cien sitios más y ha estado en el tajo las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana. No ha sido un diputado de brazo de madera, de esos cuya actividad se limita a votar en los días de sesiones siguiendo estrictamente las instrucciones del aparato de su grupo parlamentario y sin preguntarse ni un microsegundo sobre el sentido de las mismas. Para bien y para mal, eso se nota mucho en las notas que ahora ha mandado a la imprenta. En todas ellas hay convicción y compromiso auténtico y, por tanto, matices o elementos originales. No han sido elaboradas por equipos de expertos y por asesores en la sombra, sino pensadas y escritas como una contribución adicional de un político que, a pesar de su hiperactividad, ha intentado reflexionar sobre lo que estaba haciendo. No son el resultado de un debate colectivo prolongado en una organización (lo que, probablemente, habría matizado algunas posiciones, en materia energética o de bienestar animal, por ejemplo), sino más bien la expresión de convicciones y compromisos muy personales, contrastada, todo lo más, con un reducido grupo de colaboradores. Como consecuencia de eso, de los márgenes de libertad con que han sido escritas, hay en estas notas algunos elementos que son útiles para el pensamiento verde en general, no sólo desde un punto de vista estrictamente político, sino también filosófico o sociológico.
Podría decirse, en conexión con todo lo anterior, que las notas de Hammerstein no son sólo personales, sino también personalistas. Es verdad, y difícilmente podría haber sido de otra
manera, dadas las condiciones en que se ha desarrollado su actividad parlamentaria. Llegó al grupo europarlamentario verde como un candidato en la lista del PSOE. Seguramente conviene aclarar que
no hubo en ello transfuguismo alguno, sino sólo la aplicación de un acuerdo explícito entre verdes y socialistas, visible y público tanto antes como después de las elecciones. Un acuerdo que dio
a la lista socialista un toque de verdor que entonces interesaba al PSOE y que ofreció a Los Verdes españoles la oportunidad de evitar una legislatura más en el ostracismo extraparlamentario. El
problema, más bien, es que esa trayectoria originaria convirtió a Hammerstein en rehén de las múltiples y enormes contradicciones y limitaciones que, desde hace demasiados años, vienen afectando
a los experimentos de entrismo llevados a cabo por los partidos verdes peninsulares. Diputados sin electores (o, al menos, sin electores reconocibles). Parlamentarios sin partido o agriamente
enfrentados a las endebles y precarias estructuras que hacen las veces de partido en la minigalaxia verde ibérica. Representantes de una ideología que resulta simpática a casi todo el mundo pero
con la que casi nadie se compromete de verdad. Portavoces ocasionales y de oportunidad, pero raramente orgánicos, para movimientos sociales e iniciativas ciudadanas huérfanas de apoyos concretos
en el universo de la política realmente existente (un universo que, sin embargo, suele recuperar plenamente su peso cuando llegan las votaciones)... ¡Demasiados lastres para resolverlos entre
cuatro gatos y a golpes de improvisación!
De todos modos, no señalo lo anterior para hurgar aún más en las frustraciones inacabables y en las heridas abiertas de la política verde en España. Ni tampoco para restar valor al trabajo ni a las ideas de Hammerstein. Al contrario, dadas las condiciones en que han sido elaboradas, tanto el nivel de maduración de las propuestas contenidas en este libro como la coherencia y la consistencia de las mismas tienen mérito. Hay en ellas el núcleo reconocible de un programa político, de una perspectiva irreductible a las visiones de la derecha y de la izquierda, tanto da si tradicionales o "renovadas". Es decir, el embrión de la política verde que cada día hace más falta, en medio de la profunda crisis económica, ecológica y social en que está inmerso el mundo.
Hammerstein lo tenía más bien crudo cuando llegó a Estrasburgo. Europeísta convencido en un país en que la política europea es bastante menos que secundaria, firme partidario de la
autonomía política de los verdes en un país donde abundan sobre todo quienes creen que lo verde debe ser como mucho un ligero toque de color para la izquierda, tenía todos los números para
convertirse en un bicho raro. Que, pese a todo, no se haya dejado llevar por la indolencia, que haya intentado hasta el último minuto obtener resultados, atender a quienes solicitaban su
intervención, son cosas que pueden decirse en su favor. Fue un diputado que creyó en lo que hacía, podría decirse de él (y que cada quien valore si eso es poco o es bastante).
La publicación de estas notas es, en cierto sentido, la demostración de una de las afirmaciones que hace Hammerstein en su texto de despedida como diputado europeo. La relativa a su voluntad de continuar presente en los procesos y conflictos del movimiento ecológico-social y de la política verde en España y en Europa. Es de esperar que sea así, porque la extrema fugacidad de los actores es otra de las lacras del elenco verde por estos pagos. Gente tenaz en la presencia, independiente en las ideas y dispuesta a entenderse con otros es lo que hace falta. ¡Que no abandonen el escenario, por tanto, quienes aportan algo, poco o mucho, de todo ello!
Ernest Garcia
Catedrático de Sociología Ecológica
de la Universitat de València
Valencia, julio del 2009
POSDATA: NO ME VOY A NINGUNA PARTE Y SIGO EN LA BRECHA
A mii despedida como europarlamentario le sigue mi renacimiento como ecolgista. Mi blog sigue funcionando, y mi web también, y mantengo el diálogo y todas las líneas abiertas con los contactos y correos que me llegan. ¡Que no haya malentendidos!. No, no voy a decepcionar a mis amigos y amigas. Tampoco voy a dar una gran alegría a mis enemigos. El final de mi mandato como eurodiputado no significa en absoluto el abandono de mi actividad y activismo en defensa de principios y objetivos verdes. Continuaré apoyando a las plataformas sociales en pie de guerra contra los proyectos destructivos de maldesarrollo, tramitando en las instituciones europeas preguntas y quejas, analizando el quehacer europeo y mundial, y haciendo redes con actores sociales colectivos ante el Parlamento Europeo y ante otras instituciones. Por tanto, esto no es una despedida como ecologista, sino que solo es un "hasta luego" como eurodiputado. Se trata de un final y también de un nuevo comienzo de actividad desde otros lugares y papeles. Las hibridaciones verdes pueden tener muchas caras, y ahora estoy en proceso de mutación para poder adaptarme a un nuevo contexto.
Sigo creyendo que es posible y viable una opción nueva verde en España, y al margen de las viejas formaciones de izquierda o nacionalistas que suelen coincidir en el productivismo que esquilma nuestra casa planetaria. Por supuesto, estaré al servicio y prestaré mi ayuda a cualquier "big bang" verde serio e integrador que pudiera resurgir. Pero hay que tener cuidado con el peligro de reducir la necesaria y urgente integración y renovación del espacio verde en España con las ofertas de retiros espirituales para hablar en abstracto del programa y la ideología verde, y nunca de la acción política concreta a tomar.
En el terreno de la llamada unidad y renovación verde puede aparecer por ahí mucha charlatanería malintencionada y con indecente agenda oculta. Porque en política funciona una ley newtoniana irrebatible: las buenas ideas a favor de la unidad pero sin piernas, no sirven. No andan ni llevan a ninguna parte, y solo nos hacen perder un tiempo precioso, y además refuerzan la crónica parálisis política y el inmovilismo que hoy atrapa al espacio verde.
Los falsos "renacimientos desde las cenizas y desde las ideas", pero con escaso capital humano y sin estrategia concreta de actuacción, y basados en ingenuas "tabulas rasas desde cero", solo pueden significar un humo retórico que se niega a separar el polvo de la paja. Nada puede construirse así de forma creíble, con solo las ideas y los principios verdes, ya que en política además han de acompañarse de personas y de organización con legalidad, con capacidad y credibilidad pública, lo que obliga a rentabilizar y aprovechar al máximo los pocos recursos construidos a lo largo de nuestra historia verde. El capital político del que se parte es central para cualquier organización, y también en política ocurre esto, y la simple idea de arrasar con todo lo antiguo es simplemente peligrosa, irrealista, o infantil, cuando lo cierto es que no somos masa ni ejército.
También sería inútil volver a la supuesta unidad de una flora y fauna de siglas verdes y legalidades, con un reino de taifas ya ensayado en el actual modelo organizativo de la confederal de Los Verdes, y donde cada parte ejerce al máximo sus particulares poderes de veto y de demanda al conjunto, y bajo la amenaza de irse, y llevarse bajo el brazo la propia legalidad verde con la que se incrementa más el fraccionamiento electoral, y con ello la confusión ciudadana. Este camino sería como volver a coger un viejo tren que no tiene estación de llegada y que históricamente ya se ha cogido y malogrado. Esta tentación de vuelta regresiva hacia atrás crearía más problemas que ventajas para avanzar pasos en la consolidación del espacio verde en España, y la repetida unidad sería solo un simple esperpento retórico para encubrir el inmovilismo actual.
Claro que hay que trabajar con buen rollo y sumando con tranquilidad, pero sin una ingenuidad fácilmente manipulable (Take it easy, but take it). Donde yo de seguro que no estaré, es con grupos o personas que no tengan claro lo que es el espacio verde ni tengan el interés de crear un fuerte actor político, propio y diferenciado de fuerzas anacrónicas que poco tienen que ver con el proyecto verde europeo.
Phillipe Lamberts, miembro de la dirección del Partido Verde Europeo, ha manifestado recientemente que es equivocada la estrategia de alianzas con la extrema
izquierda practicada por Los Verdes en España y en Italia. También José Maria Mendiluce, cuando se presentó como cabeza de lista de Los Verdes a la alcaldía de Madrid, fue también muy crítico con
la política de alianzas con partidos como Izquierda Unida, y contrariamente, apostaba por Los Verdes con una clara y netamente diferenciada identidad propia. Su idea de crear una "tercera
izquierda" tal y como titulaba un pequeño libro escrito con Daniel Cohn-Bendit, apuesta por una tercera vía que marque equidistancia con la izquierda tradicional de tinte comunista (estatalista,
economicista y productivista) y la izquierda socialdemocrata (economicista y productivista).
La singularidad antiproductivista
Conviene recordar que el espacio verde, desde su emergencia histórica, no obedece a los parámetros tradicionales de la izquierda. Su identidad política es nueva y
singular, y no puede ser entendida exclusivamente bajo las ideas que separan y caracterizan a la izquierda y la derecha. Izquierdas y derechas, con actores y políticas reales e históricas, ambas
parten de un mismo y común consenso productivista a favor del crecimiento ilimitado de la economía, de la producción, y del consumo, y basado en la creciente extracción y destrucción de los
recursos biofísicos, y el desprecio hacia los ecosistemas, la biodiversidad, las especies, y los animales no humanos.
Es decir, la filosofía política común de la izquierda y la derecha defiende una peligrosa y anticientífica idea sobre el bienestar y sobre la riqueza y la mejora humana, ya que parte de la
desconexión y el dominio humano sobre el conjunto de los sistemas vivos y la biosfera terrestre. No protegen con políticas prácticas los valiosos bienes y servicios ambientales, ni reconocen la
condición de escasez y fragilidad de la naturaleza, ni las necesidades absolutas para su salud, regeneración y continuidad. Pero sin embargo, la preservación de la integridad de los bienes y
servicios ambientales es esencial para la salud y la supervivencia de la humanidad, y también es condición previa para cualquier forma de reparto y justicia social. Contrariamente, el espacio
verde y su agenda de cambio parte de un radical cuestionamiento de este insensato consenso productivista practicado al unísono por la izquierda y la derecha, que niega el valor central e
inevitable de los sistemas vivientes del planeta.
El espacio verde no está encerrado en la botella de la izquierda
El abuso de autodefiniciones de izquierda
En definitiva, no tiene demasiada sensatez el abuso de las autodefiniciones "de izquierdas" si a la vez no se marcan claramente las enormes diferencias que nos distancian "en verde" del resto de
las izquierdas. Lo cierto y real, hoy día y en términos históricos, es que las políticas y programas de la izquierda parten de los supuestos desarrollistas que aceleradamente esquilman el mundo
viviente por cada rincón del planeta. Y por tanto, el definirse centralmente como de izquierdas no debería constituirse en el parametro central que de identidad al espacio verde, ya que además de
desanimar al votante verde, no aclara en nada la orientación que ha de tomar la política y la agenda verde en lo concreto.
El declararse de izquierdas, aunque sí puede ser la ideologia y la marca de identidad central de nuestros coyunturales aliados electorales, en cambio no ha de ser
la bandera pública central de los partidos verdes. La idea es sencilla: los partidos verdes no deberían encerrarse en las categorías tradicionales y a menudo muy zombis de la izquierda
productivista realmente existente, ya que esto va contra la propia realidad y acción estratégica de la política verde. Y también resulta contraproducente por la confusión social y los errores de
análisis que se crean, al hacer pensar que el espacio verde es solo un subconjunto de la izquierda, y que en consecuencia, sus mensajes solo se han de dirigir a movilizar a los votantes de
izquierdas.
Los variopintos votantes verdes
Además, en términos de racionalidad estratégica y electoral, conviene no encasillarse en una parte del espectro ideológico de la izquierda. Para poder despegar y crecer social y electoralmente no
tiene sentido copiar los discursos dirigidos a los votantes "de izquierdas", ya que esto significa no reconocer que la dimensión transversal e interclasista de las opiniones a favor de
medioambiente tiene la potencialidad de atraer votantes de un amplio abánico ideológico. Es decir, mucho mejor es llamarse verde "a secas", sin más adjetivos que encojan el potencial de apoyos
que pueden recibir las propuestas verdes. Para defender como verdes los derechos humanos, la justicia distributiva y la justicia de reconocimiento cultural, no es necesario llamarse de
izquierdas, y con ello pedir a la vez e implícitamente el voto a otras fuerzas políticas también percibidas como de izquierdas.
Esto no quiere decir que las coaliciones con otras fuerzas políticas llamadas de izquierdas carezcan de sentido, claro que lo tienen, sobre todo si el mercado de
los potenciales aliados electorales es escaso, y "las habas" de posibilidades de llegar a acuerdos están muy contadas. Lo que resulta políticamente insensato es hacer alianzas sin diferenciación
del resto de los aliados de izquierdas, o repitir los lemas y los tics tradicionales de la izquierda (o de los nacionalistas), puesto que el coste político es la invisibilidad y la pérdida de las
señas de identidad propia como verdes. Es verdad que las posibilidades de elegir aliados son a menudo muy limitadas en España, y que para poder influir en la política real, el ir en solitario a
las elecciones puede garantizar la marginalidad o la total exclusión política. Nuestra fundamental identidad verde no ha de excluir un pragmatismo táctico abierto a plurales alianzas
electorales.
¿Es Izquierda Unida un partido de "extrema izquierda"?
Volviendo al comentario hecho por Phillipe Lamberts. Las alianzas con la "extrema izquierda" a las que hace referencia responde al peligro de la confusión e
indistinción electoral a ojos de la ciudadanía y la percepción social mayoritaria. Lamberts, con este comentario no está definiendo de forma analítica y descriptiva a partidos como Izquierda
Unida ni a los comunistas italianos, ya que está claro que sus programas no son propios de una izquierda radical, sino que son socialdemócratas, y escasamente revolucionarios.
Entre el electorado español, IU suele ser percibida como el partido parlamentario que está más a la izquierda. El PSOE es socialmente percibido como de "izquierdas" moderada, y a su
izquierda está IU, que socialmente es vista como "izquierda" radical. Pero la percepción social, a menudo poco o nada tiene que ver con las posiciones y actuaciones políticas reales.
Fuera del campo de as percepciones sociales, la verdad es que en todo caso, los verdaderos "radicales" somos los verdes, puesto que priorizamos el desafío al férreo consenso del productivismo y
sus proyectos de desarrollo impulsados alegremente por la izquierda y la derecha, por actores públicos y privados. Es decir, el espacio verde no se circuscribe solo a los términos clásicos del
eje Izquierda-Derecha ya que su singularidad está en la posición ambientalista que ocupa en el eje Productivismo-Supervivencia.
El doble eje: Izquierda-Derecha y Productivismo-Supervivencia
El simple hecho de declararse de izquierdas (dentro del eje Izquierda-Derecha), es insuficiente puesto que no aclara en nada cual es la posición adoptada en el intercambio con los sistemas vivientes amenazados (dentro del eje Productivismo-Supervivencia). El lugar adoptado en las dos escalas de posicionamiento político: Izquierda-Derecha y Productivismo-Supervivencia, es necesario para delimitar la identidad política en la que se está. El que los partidos verdes se situen a "la izquierda", responde más bien a una realidad de hecho en su práctica política y programática, y creada por la misma acción política verde que incorpora la preocupación igualitaria y solidaria junto a su compromiso ambiental, y por ello no responde a una identidad esencial y totalizadora, ni a simples proclamas retóricas realizadas desde principios absolutos y aprioris esencialistas. La autodefinición de ser de izquierdas, tampoco debe circunscribirse a discusiones ideológicas puramente teóricas, tan queridas en países como Francia.
El declararse ser muy de izquierdas (o ser de derechas), hoy apenas aclara nada sobre el terreno y los problemas concretos a los que nos enfrentamos, y tampoco da
pistas sobre cuales han de ser las soluciones que se necesitan y por las que optan. Por ejemplo, el afirmar que se es muy de izquierdas, no quiere decir que se esté en contra de la minería
extractiva de carbón a cielo abierto que destroza montañas y biodiversidad; tampoco aclara nada sobre que hacer con una peligrosa y contaminante fábrica química, o con una planta térmica. Ser de
izquierdas, tampoco quiere decir que se defiendan unas medidas fiscales que penalicen y desanimen la producción sucia y contaminante; y tampoco significa que se esté a favor de unas ecotasas
aplicadas al consumo individual destructor del planeta, y puesto en práctica por los estilos de vida de la gran mayoría de la población de nuestros países "ricos y desarrollados".
En definitiva, el viejo debate izquierda-derecha confunde socialmente y aclara muy poco sobre el que hacer en el terreno práctico. Interesa cada vez menos a nuestro
electorado potencial, y dice poco o nada sobre el central conflicto entre productivismo y sostenibilidad, entre el desarrollo y la supervivencia, es decir, sobre las opciones y retos
fundamentales que hoy atraviesan a las sociedades del Norte y del Sur, y que cuestionan radicalmente a toda la civilización industrial y tecnológica. Por tanto, lo que interesa y urge es aclarar
quien es quien, pero no sobre nominalismos retóricos y lenguajes identitarios zombis, anticuados, y ciegos con el presente, sino sobre opciones y propuestas concretas de acción política (sobre la
creación del empleo, sobre la renovación económica, sobre el modelo de agricultura y urbanismo, sobre la defensa de un tejido social cohesionado a partir de necesidades y derechos básicos,
sobre la lucha contra el poder de los lobbies industrilales y los monopolios...). Lo que ya no interesa son las grandes proclamas contra el capitalismo, o a favor de la lucha de clases, o las
nacionalizaciones estatales.
Hoy en EU Observer
"El co-presidente del Patido Verde Europeo, Phillipe Lamberts ha culpado la derrota de Los Verdes en Italia y en España a sus alianzas con grupos de la extrema izquierda y afirma que para que el partido avance en toda Europa debe abandonar estos aliados tradicionales y atraer a nuevos votantes de la izquierda moderada, el centro y el centro-derecha."
EU Observer 8-06-09
The co-leader of the Greens, Philippe Lamberts has blamed its defeat in Italy and in Spain however on its alliance with far left groups and says that if the party is to advance across Europe, it must abandon these old allies and attract voters from the mainstream left, the centre and the centre-right.
Primera lectura Verde sobre los resultados de las elecciones europeas:
Avance verde en Europa, y menos relevancia verde en España
Un comentario previo de carácter general: Está caduco y es suicida para el proyecto de construcción europea el actual sistema de elecciones europeas por estar
basado en listas y candidatos nacionales, que eliminan la posibilidad de elegir directamente a los auténticos líderes políticos de la Unión Europea. Si no se cambia este sistema electoral hacia una mayor participación y trasparencia, y si además continúa la no
visibilidad y la ausencia de debate público sobre el día a día de la política europea, el desencanto euroescéptico de la calle aumentará e irá cada vez a peor.
Los Verdes Europeos avanzan
En Europa: Los Verdes han fortalecido su voto y el número de escaños obtenidos, de forma espectacular en Francia (más del 16% de los
votantes, casi igualando a los socialistas), pero también se dan avances en Bélgica, Gran Bretaña, Holanda, Suecia, y por primera vez en Grecia. El Grupo Verde del Parlamento Europeo tendrá durante los
próximos cinco años más de 50 diputados en una cámara más pequeña que la actual. Los Verdes en el
Parlamento Europeo podrán tener un mayor peso relativo en esta legislatura, y en un contexto general en el cual los socialistas, los liberales y la Izquierda Unitaria han perdido
bastantes diputados.
Menos relevancia de Los Verdes en España
y el fracaso de las coaliciones
Resulta ser un éxito para los Verdes europeos que Raül Romeva haya renovado por un escaso margen su escaño de europarlamentario. Sin embargo, hay que decir que su pertenencia al Grupo Verde y su identidad verde en general ha sido uno de los secretos mejor guardados de la campaña electoral en todo el estado español, una curiosa invisibilidad mediática que seguramente es consecuencia de una decisión establecida desde la misma dirección de Izquierda Unida. En gran parte del suelo español sólo se ha hablado de los dos diputados de IU. La baja participación y el reparto final de votos de las fuerzas minoritarias y de los restos de votos según la normativa D´Hondt han permitido finalmente su elección.
En cambio han sido casi insignificantes los votos cosechados por Los Verdes (actualmente
reconocidos oficialmente por el Partido Verde Europeo) dentro de la coalición Europa de Los Pueblos. De nuevo ha fracasado la crónica estrategia de la "pensión alimenticia" practicada por la
Confederación de Los Verdes, esta vez como invitada de piedra dentro de la coalición con Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y otros nacionalistas. Por ejemplo, en el País Valenciano, la comunidad de donde procede la primera candidata verde Pura Peris (situada en el
cuarto lugar de la lista), esta coalición Europa de Los Pueblos - Verdes ganó un 50% menos votos que hace 5 años cuando ERC se presentó en solitario. Los resultados eran ridículos (menos del
0.5%) en los territorios donde el nombre de "Los Verdes" iba por delante al no haber una implantación nacionalista entre la ciudadanía de dichas zonas. En definitiva, con una escasa
visibilidad y con mucha confusión esta coalición de verdes junto a nacionalistas independentistas apenas ha aportado nada positivo al avance del espacio verde en España.
La verdad es que el último debate electoral europeo de anoche por TV, tenía cierta novedad con algunos elementos más inteligibles y europeos que los anteriores. Quizás haya sido porque no estaban las primeras espadas de cada candidatura. Aunque también escuchamos la repetición de algunas de las tonterías ajenas al debate europeo con temas de confrontación presentes en el debate político a escala estatal, como: "vivíamos mejor con Aznar", "esto es como Franco", "yo hablo castellano perfectamente", "la Unión Europea debe reconocer el derecho de autodeterminación", o "hay que nacionalizar las fábricas y sectores de actividad productiva". Aunque la mitad del tiempo se hablaba mirando los problemas que solo pueden afrontarse desde el escenario de las competencias estatales, también se dieron algunas curiosidades en el marketing político y en las posiciones y discursos sobre la Unión Europea.
A pesar de mostrarse muy suelto y aparentemente confiado en su expresión, Ramón Jauregui, el representante del PSOE, tiraba balones fuera y se negaba a responder a las preguntas insistentes y directas que hacía el candidato de ERC Jonqueras sobre el apoyo del PSOE a Barroso como Presidente de la Comisión Europea; a la Directiva de la Vergüenza sobre la inmigración; o a otras numerosas votaciones donde votaba junto al PP. Tampoco tenía respuesta a la pregunta de por qué España ha incumplido estrepitosamente su compromisos contra el Cambio Climático y el Tratado de Kioto, o por qué la UE hacía la vista gorda ante la dictadura en China. El otro nacionalista de CiU acertaba cuando achacaba la actual parálisis de la UE a los gobiernos de los estados miembros que no quieren soltar más soberanía. Todos estaban de acuerdo de que Europa era un gigante económico pero un enano político en el escenario mundial y con poco peso en los grandes conflictos internacionales.
El candidato del IU Meyer lanzaba críticas a las políticas neoliberales y hacía guiños demagógicos a favor de medidas de intervención pública dirigidas a sectores sociales concretos, pero sin preocuparse si para los problemas que señalaba había competencia y legalidad europea o no: los deshauciados de sus viviendas ante el impago de hipotecas; los parados por el cierre de fábricas como la OPEL y que el Gobierno debe comprar; los obreros de la siderurgia; la aplicación de reforma universitaria privatizadora y neoliberal del Plan Bolonia; o la necesidad de nacionalizar la banca.
El más didáctico y claro fue el candidato nacionalista Jonqueras, que con un tono sobrio y moderado apuntaba su pertenencia al grupo de "Los Verdes en el Parlamento Europeo", algo que mencionó hasta tres veces, apostando por compatibilizar su programa nacionalista y desarrollista con el "Green new deal" (Nuevo trato verde) para salir de la crisis. Es muy curioso que el candidato de ERC, que no es verde sino que pertenece a un grupo de nacionalistas aliado con Los Verdes en el Parlamento Europeo y llamado ALE (Alianza Libre Europea), en el debate televisado haya llevado la bandera verde en sus reivindicaciones, y mucho más que Willy Meyer, quien en ningún momento del debate reveló que el segundo candidato en su lista es Raül Romeva de IC, actual eurodiputado miembro del Grupo Verde en el parlamento Europeo. Es evidente que Meyer, que apenas dijo nada sobre la crisis ecológica, y más allá de su monocolor identidad comunista, no quería dar protagonismo ni visibilidad a sus aliados electorales de ICV.
Los compromisos contra el Cambio Climático no entraron en el debate. Tampoco aparecieron los grandes debates europeos sobre la regulación de las telecomunicaciones o de la energía. Resulta curioso ver como el candidato Jauregui atacaba al candidato De Grande del PP por ser defensores de la energía atómica, cuando hoy el gobierno del PSOE opta por alargar y extender la vida de la vieja e insegura central atómica de Garoña.
Es lo que hay. Con este panorama, no será fácil saber a quien votar el domingo.
María Badia, cabeza de lista catalana del PSC-PSOE en "El País"
"Ir más despacio con las renovables (solo podemos alcanzar el 8%), subvencionar a los coches más contaminantes porque son catalanes y apostar con dinero público por las nucleares de última generación."
P. El PSC incorpora elementos del discurso ecologista y cuenta con
aliarse con Los Verdes en Europa, como en Cataluña con Iniciativa-Verds, pero cuando gobiernan pasa lo que acaba de pasar: que los socialistas apoyan en el Gobierno catalán la inclusión de los
coches más caros y más contaminantes entre los subvencionables por la Administración e insiste en construir grandes autopistas en zonas muy urbanas.
R. No, no es eso. Si aplicamos el baremo de contaminación que fija
el plan de ayuda al sector del automóvil del Ministerio de Industria, queda fuera una buena parte de los modelos que se fabrican en Cataluña. La cuestión es: ¿Hay que ayudar o no al sector del
automóvil, que es uno de los castigados por la crisis? A mí me parece bien que en estos momentos el Gobierno ponga por delante ayudas que mantienen la ocupación en este sector frente a las
consideraciones ecologistas.
P. Entonces es cierto que ustedes se declaran decididos a combatir
el cambio climático, pero a la hora de la verdad su prioridad es otra.
R. Nuestra prioridad es intentar converger. Por ejemplo, en la
cuestión de la energía. Los ecologistas dicen: nos comprometemos a que en el año tal, no haya ya centrales nucleares y toda la energía provenga de fuentes renovables. Pues va a ser que no. Por
que de las fuentes renovables podemos obtener sólo el 8% de la que necesitamos. Eso no significa que tengamos la posición del PP, que apoya invertir en nuevas centrales nucleares. Estamos en una
vía intermedia: hay una demanda de energía que hay que atender, aunque eso implique ir más despacio en la renovación del modelo.
P. ¿Cual es su posición en el debate sobre la energía
nuclear?
R. Hay que invertir en investigación para que en el futuro toda la
energía sea renovable, pero también en nucleares de nueva generación, por una doble razón. Porque las de nueva generación serán las que se alimentan de residuos radiactivos y por que así damos
salida al problema de los residuos acumulados por las actuales. Esa es la posición que está en marcha en Europa y la del Gobierno.
El gran saqueo
TRIBUNA: RAFAEL ARGULLOL 12/05/2009
Como comprenderán fácilmente, no tengo la costumbre de leer informes del Parlamento Europeo ni de ningún otro Parlamento; sin embargo, a instancias de un amigo jurista, he leído un documento que les recomiendo si les gusta la literatura de terror: se trata del informe elaborado por la diputada danesa Marguete Auken sobre "el impacto de la urbanización extensiva en España en los derechos individuales de los ciudadanos europeos, el medio ambiente y la aplicación del Derecho comunitario". Es un texto de 30 páginas que se puede leer tanto como un relato espeluznante cuanto como un pequeño tratado acerca de las peores conductas en materia política y moral.
De hecho, yo introduciría el informe de la señora Auken como lectura obligatoria en escuelas y universidades, y además, exigiría su conocimiento detallado previo a todo candidato a ocupar un cargo público. Ustedes se preguntarán por qué muestro tanto entusiasmo por ese documento redactado con la falta de gracia que caracteriza a este tipo de escritos, y la respuesta es que puede considerarse un espejo contundente que refleja, sin florituras ni hipocresías, la abyección incrustada sórdidamente en nuestra vida pública.
Lo que de entrada llama más poderosamente la atención es la conspiración del silencio que rodea al asunto y que se explica por la vergonzosa alianza de los eurodiputados socialistas y populares españoles en el momento de rechazar el informe de Auken que, no obstante, fue aprobado por el Pleno del Parlamento Europeo a finales del pasado mes de marzo por 349 votos contra 110, con 114 abstenciones. Una arrolladora mayoría a la que se opusieron hasta el final populares y socialistas, tan lamentablemente estos últimos que, según informaron los periódicos al día siguiente de la votación, Michael Cashman, socialista también él y autor de un informe previo sobre el tema, acabó votando a favor de la resolución.
Leído el escrito no extraña en absoluto aquella conspiración de silencio, pues son tantos quienes quedan retratados que apenas es comprensible que un escándalo de tales dimensiones haya podido oscurecerse con permanente disimulo durante décadas. Fíjense, además, que, condenada España severamente por la impunidad que ha rodeado a la corrupción, tampoco con posterioridad nuestros foros parlamentarios se han hecho eco de la resolución europea y, cómplices entre sí los diversos partidos, ha continuado la alegre política de poner la cabeza bajo el ala.
Personalmente, la sensación más desagradable que me ha quedado tras la lectura del informe Auken es que el gran saqueo, la devastación sistemáticadel litoral español, y no sólo del litoral -una devastación que afectará a varias generaciones, las cuales señalarán a la nuestra como culpable-, es algo acaecido durante la democracia y no antes, en el franquismo. Los destrozos heredados de éste se han multiplicado, en las décadas democráticas, hasta límites insoportables. La conclusión no es difícil: nuestra democracia ha sido tan débil y tan poco vigilante que ha aupado una auténtica antidemocracia que pone en cuestión, como actualmente se está comprobando, muchos de nuestros supuestos avances.
Esta idea inquietante se desarrolla exhaustivamente en el informe con una relación minuciosa de hechos igualmente inquietantes cuyos protagonistas tienen en común la codicia, una concepción mafiosa de la política y un sentimiento de impunidad que resulta tanto más irritante por el descaro con que se manifiesta. De hacer caso a Auken, y al Pleno del Parlamento Europeo, la responsabilidad del desastre se propaga por todos los círculos del Estado español, desde el más general al más local. En este peculiar relato de terror se cita con la misma dureza a la Generalitat valenciana en manos de los populares que a la socialista Junta de Andalucía, tuteladora de diversos pillajes en Almería y sustentadora, por acción u omisión, de esa peculiar joya de la corona de la corrupción que ha sido Marbella. Al igual que sucede con todo buen relato de terror hay también en el texto pasajes cómicos, como las trampas que diversos funcionarios tienden a las comisiones de investigación enviadas desde Bruselas o las aireadas protestas de castizos alcaldes quejosos con la intromisión de las narices nórdicas en las suculentas recalificaciones de los terrones mediterráneos.
A estas alturas, y con murallas de hormigón por todos lados, sabemos perfectamente que sólo a la sombra de políticos ventajistas ha podido tejerse la telaraña de especulación y codicia de la que ahora parecemos lamentarnos. Sin embargo, lo grave es que ya lo sabíamos. Estos años de destrucción del territorio del patrimonio han transcurrido a la vista de todos. Bastaba coger el Euromed para comprobar lo que ocurría en la costa castellonense o alicantina; bastaba atender al vértigo de los precios de las viviendas, presentado a menudo como signo de nuestro progreso colectivo, para percibir que algo nauseabundo se cocinaba a nuestro alrededor.
¿A nuestro alrededor? Con su crudeza estilística Marguete Auken pone el dedo en la llaga al describir la corresponsabilidad de los ciudadanos en la callada aceptación del delito. Es cierto que a la cabeza del cortejo de la corrupción han marchado políticos vendidos, especuladores o avariciosos y prestamistas fraudulentos, pero ¿y tras ellos? Conchabados promotores inmobiliarios, concejales e instituciones financieras, ¿qué hacían los jueces? Según Auken, poco, y lo poco que hacían lo hacían tan lentamente que es como si no hicieran nada. La policía iba en consonancia con los jueces. Pero tampoco los otros estamentos ciudadanos ofrecieron resistencia. Los medios de comunicación han reaccionado tarde y los ciudadanos han acabado horrorizándose como consumidores más que como ciudadanos.
Hasta aquí el relato de terror con que la señora Auken ha descrito vivamente, con ingenuidad nórdica y con toda la razón del mundo, el gran saqueo de lo que pertenecía al futuro por parte de nuestros modernos depredadores. Casi nada más se puede añadir al cuadro trazado que, en buena medida, explica las dramáticas percepciones sobre la actual crisis económica.
ELVIRA LINDO 03/06/2009
Ellos están en su mundo, el de la escenificación de un desacuerdo irreconciliable. El desacuerdo casero, pequeño y estéril. Imagino que ya saben de quiénes hablo. De ellos, los que andan en campaña. Aparentan estar muy enfadados y, con esa vehemencia, tratan de ocultar el enojo ciudadano; nuestro gran cabreo, por utilizar el término exacto. Se podría pensar que con unas elecciones europeas levantaríamos el vuelo, pero seguimos al ras del lodazal: hablan de Falcones, de Franco (¡de Franco!), de la gripe, de trajes y corbatas, de la niña de Chaves, de la de Rajoy. Echan mano de eslóganes ingeniosísimos, como, "hace falta menos ceja y más Mayor Oreja", o intentan asustarnos como a niños chicos con un vídeo anti PP que es en sí mismo una negación de Europa, puesto que otorga el poder a la derecha española de devolver a las cavernas a todo un continente. Y a nosotros todo esto nos suena tan mascado, tan manido, que estamos como sufriendo una campaña electoral interminable desde hace cinco años, en la que sólo cabe sacar la lengua al adversario.
Por fortuna, siempre hay motivos para la esperanza, escasos pero significativos puntos de encuentro entre nuestros dos grandes partidos. El otro día se publicaba (si no lo leyeron, búsquenlo, se llamaba El gran saqueo) un artículo de Rafael Argullol sobre un informe aterrador que presentó una diputada danesa en el Parlamento Europeo acerca del impacto brutal que ha tenido la especulación inmobiliaria en las costas españolas. ¿Quién dice que los caminos de estos políticos enfrentados no pueden encontrarse? El informe se aprobó, a pesar de que populares y socialistas (a quienes el informe dejaba a caer de un burro) votaron en contra. Mucho Franco y mucha ceja, pero cuánto se parecen algunos a la hora de no querer asumir responsabilidades. Esto sí que daría para un debate.
Hay grandes problemáticas y retos urgentes que están siendo ignorados en esta cacofónica campaña electoral, y si que son competencia europea. Entre ellas, algunas de las importantes son:
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David Hammerstein
Foto David Hammerstein de Europarl.Europa.EU
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